Conecta con nosotros

Opinión

Más sobre la masacre de sucumbíos-campamento FARC-EP

Published

on

Por Narciso Isa Conde

Al cumplirse diez años del bombardeo y asalto al campamento de las FARC-EP comandado por Raúl Reyes (2008) -acontecimiento conocido como la masacre de Sucumbíos por la denominación del lugar en la frontera colombo-ecuatoriana donde tuvo ubicada esa unidad guerrillera- me siguen asaltando recuerdos que ya es posible develar.

• El cariño potenció el dolor y la indignación.

La cercanía, la relación personal, la amistad, el cariño que forja el quehacer revolucionaria en torno a causas tan justas, agrava el dolor que provocan esas tragedias inducidas por los cultores de los genocidios de Estado.

Los antecedentes permiten entender mejor el por qué de lo desgarrador impacto recibido enterarme de ese hecho sangriento horas durante una de mi estadías en Ecuador.

Me encontré por primera vez con Raúl Reyes y Rodrigo Granda en 1996 en el VI Encuentro del Foro de Sao Paolo en San Salvador, y juntos -con participación destacada del camarada Shafick Handal- tuvimos que enfrentar inaceptables hostilidades contra las FARC-EP e insistentes tendencias a la exclusión del Comandante Chávez, recién salido de la cárcel.

Actitudes conservadoras dentro del Foro -encabezadas por el PRD de México, sectores hegemónicos en el PT de Brasil y la facción moderada del Frente Amplio de Uruguay- actuaban en ambas direcciones: contra las FARC-EP y contra Chávez.

• Nuevos encuentros con Raúl y otros.

En enero del 2000 me reencontré con el comandante Raúl Reyes a raíz de los Diálogos de Paz en el Caguán y tuvo lugar mi primer encuentro con Manuel Marulanda Vélez, comandante de comandantes.

Estuve varios días en su Campamento Internacionalista junto a un grupo de queridos camaradas de Nuestra América: Patricio Echegaray (PC Argentina), Octavio Acosta (FMLN), Salvador Sánchez Cerén (FMLN), Marina Arismendy (PC Uruguay)….

Allí concertamos su visita a nuestra República Dominicana, donde -iniciándose el siglo- XXI compartimos durante una semana intensos intercambios con diversos sectores del país dando a conocer ese esfuerzo de paz.

Unos años después -ya de vuelta Raúl a las montañas de Colombia y establecido el Campamento en Sucumbíos- lo visitamos para darle continuidad a los intercambios que procuraban avanzar en la coordinación de las fuerzas comunistas y revolucionarias del Continente. Previamente habíamos visitado clandestinamente varias veces el Bloque Caribe de las FARC-EP, dirigido por los comandantes Iván Márquez y Jesús Santrich.

Recuerdo aquel viaje al Ecuador, aquella delicada travesía, en la que Amílcar Figueroa, Patricio y Octavio y yo transitamos por los deteriorados y militarizados caminos que conducen a la zona del PUTUMAYO, luego en lancha por el portentoso río Putumayo y después en canoas por accidentados hermosos riachuelos que nos llevaron selva adentro hasta Campamento de Raúl.

Días conviviendo en la selva, intercambiando, conspirando, construyendo amistad y afectos con él y sus camaradas de guerrilla.
Raúl entró así al campo de mi aprecio y viceversa.

Raúl, como un componente relevante de un colectivo admirable, fue uno de los dirigentes de las FARC-EP más cercano a nuestra organización comunista, caamañista, revolucionaria, internacionalista.

• En México y más allá con los estudiantes mexicanos.

Pasó igual en México, Venezuela y Ecuador con el grupo de jóvenes mexicanos abatidos en Sucumbíos.

En cada visita a ese hermano país y en cada encuentro de la Coordinadora Continental Bolivariana (CCB) en Venezuela compartíamos, nos acercábamos, nos uníamos; muchas veces con la incorporación de camaradas de la Juventud Comunista y del joven y talentoso secretario general del PC mexicano, Pável Blanco.

Recuerdo las reuniones en México, las visitas a librerías y museos. Conservo todavía los libros gráficos que junto a dos de ellos compre para usarlos en el programa de TV Tiro al Blanco, todavía de pie.

Es imposible olvidar todo aquello.

Las bajas en la lucha –repito- en la cercanía personal, vinculadas a grandes afectos, se sienten más y se recuerdan más, junto a sus circunstancias y sus entornos.

Me pasa con el Raúl del Caguán, El Salvador, Dominicana, Sucumbíos…. Con Raúl y sus camaradas de insurgencia.
Me pasa con los jóvenes mexicanos de México, Venezuela, Ecuador y Sucumbíos…

• Reconocimiento eterno y clamor de justicia.

A las/os sobrevivientes pude abrazarlos después y a quienes trascendieron para acusar desde el más allá a sus verdugos los llevo en el corazón.
He sentido no volver a México y no compartir más directamente con sus familiares, ejemplo de amor y persistencia por la presencia permanente en nuestras luchas de sus seres queridos. Algo muy encomiable.

Me apena no haber podido acompañarlos físicamente en los recientes homenajes del décimo aniversario y más aun no poder conversar directamente con los padres y madres y camaradas de las víctimas, algo de mutuo interés, porque ni la palabra escrita, ni la imagen digital, ni el mensaje de voz, logran incluir –menos remplazar- el poder maravilloso del calor y la presencia humana.

Pero es que por todos estos densos y riesgosos trajines comunes arrastro penalidades infames, restricciones, impedimentos de viaje, ficha de INTERPOL… que no ha logrado tumbar una “paz” colombiana que no es tal; más cuando me he opuesto al desarme unilateral de las FARC-EP, que cada vez se torna más trágico y parece reeditar en esa legalidad insegura el “síndrome de la Unión Patriótica”.

Sin embargo hay que decir que ningún sacrificio en el ejercicio de la firmeza puede ser en vano y no lo es la muy costosa masacre de Sucumbíos en todas sus vertientes.

Ese y otros sacrificios parecidos se transforman en motivos de orgullo, en causas heroicas, a lo que se agrega el extraordinario esfuerzo para que los autores de esa masacre premeditada y alevosa sean sancionados.

• Nuevas preocupaciones.

Me preocupa sí la presente crónica de nuevas muertes anunciadas, resultado de un cambio en la correlación de fuerza militar provocada por una controversial y accidentada negociación que ha dejado casi intacto el Estado Terrorista, el paramilitarismo y la plataforma militar de EEUU en Colombia, incluidas las 7 bases militares gringas.

Rechazo con firmeza la impunidad de los autores materiales e intelectuales de la masacre de Sucumbíos y otras más, y me comprometo a participar en esa pelea por la justicia.

¿Paz sin soberanía?

¿Paz con paramilitares y militarismo guerreristas?

Hay que respetar el sacrificio, la creación heroica, el combate librado y la sangre derramada.

Hay que continuar clamando justicia contra los masacradores.

• Concesiones costosas y retoma de la ruta revolucionaria.

Creo firmemente que lo acumulado daba para mucho más de lo que se exhibe como logros de una paz “chueca”, “chimba”, cuasi ilusoria, que no logra impedir la recia contra-ofensiva del enemigo en Colombia (¡Sí, enemigo!), que se siente victorioso frente al forzado repliegue temporal de una insurgencia que le quitaba el sueño.

La transición a una paz temporalmente armada, el cese al fuego sin desarme unilateral de las FARC, era la garantía del cumplimiento de los acuerdos hoy incumplidos por el Estado terrorista.

La retirada de las bases militares estadounidenses era y es un componente vital de la soberanía y de la paz a construir.

El proceso Constituyente resultaba imprescindible para crear una Colombia democrática.

A esas metas jamás debió renunciar la dirección hegemónica de las FARC-EP y sé que no pocos sectores, aun dispersos no lo quieren hacer.

El costo político de esas concesiones no se ha hecho esperar: pérdida de autoridad de quienes impusieron esa ruta hacia una frágil legalidad y construyeron esa ruta de repliegue e inserción en el sistema.

Dispersión, debilitamiento acelerado de la otrora potente insurgencia y de sus implantaciones sociales y políticos, burdo incumplimiento de lo acordado con el gobierno, repunte de la extrema derecha, reedición de cacería de revolucionarios/as y activistas sociales y pésimos resultados electorales.

Por eso hay que rescatar el valor del sacrificio histórico (remoto y reciente) pleno de firmezas y echar a un lado cualquier modalidad de rendición o retroceso político; reconociendo sus costos negativos y disponiéndonos a vencerlas; procurando convertir, nueva vez, los reveses tácticos en victorias estratégicas.

Porque la hora de los hornos está en pleno despliegue, dejando lecciones que indican que el reformismo y las viejas herramientas socialdemócratas no dan para vencer la empecinada y brutal contra-ofensiva imperial (reforzada por la Administración Trump) en el contexto de una dominación violenta y decadente del gran capital gansterizado y pentagonizado.

Vale retomar la reconstrucción y renovación revolucionaria persistentemente.

Vale desechar el posibilismo infecundo, rearmar las utopías en tanto pensamiento y acción fundidos en armas contra las injusticias y la opresión.

Click to comment

Leave a Reply

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *

Opinión

Investigación  y  enjuiciamiento de la Corte Penal Internacional

Published

on

Por Rommel Santos Diaz

El Fiscal, después de evaluar la información de que disponga, iniciará una  investigación  a menos  que determine que no existe fundamento razonable para proceder a  ella  con arreglo en cuenta las  siguientes  circunstancias:

  1. a)La información de que dispone constituye  fundamento razonable para creer que se ha cometido  o se está  cometiendo un crimen de la competencia de la Corte Penal Internacional;
  2. b)La causa es o sería admisible de conformidad con el artículo 17 del Estatuto de Roma;
  3. c)Existen razones sustanciales para creer que, aun teniendo en cuenta la gravedad del crimen y los intereses de las víctimas, una investigación no redundaría en interés de la justicia.

El Fiscal, si determinare que no hay fundamento razonable para proceder a la investigación y la determinación se basará únicamente en lo señalado anteriormente, lo comunicará a la Sala de Cuestiones Preliminares.

Si, tras la investigación, el Fiscal llega a la conclusión de que no hay fundamento suficiente para el enjuiciamiento ya que:

  1. a)No existe una base suficiente de hecho o de derecho para pedir una orden de detención o de comparecencia de conformidad con el artículo 58 del Estatuto de Roma;
  2. b)La causa es inadmisible de conformidad con el artículo 17 del Estatuto de Roma ; o
  3. c)El enjuiciamiento no redundaría  en interés de la justicia, teniendo en cuenta todas las circunstancias, entre ellas la gravedad del crimen, los intereses de las víctimas y la edad o enfermedad del presunto autor y su participación en el presunto crimen, notificará su conclusión  motivada a la Sala de Cuestiones Preliminares y al Estado que haya remitido el asunto de conformidad  con el artículo 14 del Estatuto  o al Consejo de Seguridad si se trata de un caso previsto  en el artículo 13 del Estatuto de Roma.

Por otro lado, a petición  del Estado que haya remitido el asunto con arreglo al artículo 14 del Estatuto de Roma o del Consejo de Seguridad de conformidad con el artículo 13, la Sala de Cuestiones Preliminares podrá examinar  la decisión  del Fiscal de no proceder a la investigación de conformidad con  este mismo artículo  y pedir al Fiscal que reconsidere esa decisión.

Además la Sala de Cuestiones Preliminares  podrá, de oficio, revisar una decisión del Fiscal de no proceder a la investigación  si dicha decisión se basará únicamente en el párrafo 1 c) o  2 c)  del artículo 13 del Estatuto de Roma. En este caso, la decisión del Fiscal únicamente surtirá efecto si es confirmada por la Sala de Cuestiones Preliminares.

Finalmente, el Fiscal podrá reconsiderar en cualquier momento su decisión de iniciar una investigación o enjuiciamiento sobre la base de nuevos hechos o nuevas informaciones.

rommelsantosdiaz@gmail.com

Continue Reading

Opinión

El país que crece mientras se despoja

Published

on

Por Isaías Ramos

Mil doscientos millones de pesos para señalización turística. A la vez, se denuncian escuelas de jornada extendida con carencias de agua, baños, aulas, comedores y espacios adecuados.

No son partidas presupuestarias jurídicamente intercambiables. Pero sí revelan algo más profundo: qué problemas reciben recursos y urgencia del Estado, y cuáles continúan esperando.

La pregunta es inevitable:

¿Para quién está funcionando nuestro crecimiento?

La República Dominicana ha crecido. Negarlo sería absurdo. Han aumentado el turismo, la inversión extranjera, las exportaciones y el PIB. Pero durante más de tres décadas hemos confundido crecimiento con desarrollo, como si una cifra macroeconómica pudiera sustituir el bienestar de una familia.

Nuestra Constitución establece otra jerarquía. El artículo 8 dispone que la función esencial del Estado es proteger los derechos de la persona, respetar su dignidad y procurar su desarrollo dentro de un marco de justicia social y bienestar general. El artículo 217 ordena orientar el régimen económico hacia el desarrollo humano.

La Constitución no coloca al ciudadano al servicio de la economía. Coloca la economía al servicio del ciudadano.

El crecimiento es un medio, no el fin de la República. Podemos exhibir excelentes indicadores mientras demasiados dominicanos compran agua, pagan de su bolsillo educación y salud y viven en comunidades donde el progreso parece pasar de largo.

El modelo ha consolidado rasgos de rentismo, extractivismo y exclusión. Extraemos minerales, pero también obtenemos rentas del agua, las costas, el suelo y el paisaje. Facilitamos inversiones, concedemos incentivos y construimos infraestructura pública. Eso puede ser legítimo y necesario. La pregunta es qué recibe la nación a cambio.

Las playas muestran esa contradicción con claridad. El artículo 15 de la Constitución las reconoce como bienes de dominio público y de libre acceso. Sin embargo, en distintos lugares el ciudadano encuentra dificultades para acceder a costas rodeadas por proyectos que monetizan aquello que pertenece a todos.

La empresa construyó el hotel.

Pero no construyó el mar.

No creó la playa.

No produjo el paisaje.

Cuando un bien natural colectivo se convierte de hecho en atributo de exclusividad comercial, debemos preguntar quién captura la renta, quién asume los costos y qué pierde la nación.

El turismo no es enemigo del país. La empresa privada tampoco. Necesitamos inversión que genere empleos dignos, fortalezca proveedores nacionales, contribuya fiscalmente, transfiera conocimientos, respete el medioambiente y deje comunidades más prósperas.

No queremos menos crecimiento. Queremos crecimiento que produzca desarrollo.

No queremos menos inversión. Queremos inversión que fortalezca a la nación que la hace posible.

No todo incremento del PIB equivale a mayor bienestar ni necesariamente a mayor riqueza nacional neta. Si al crecer agotamos acuíferos, degradamos costas, acumulamos pasivos ambientales o convertimos privilegios temporales en derechos permanentes, podemos contabilizar como progreso la pérdida de nuestro patrimonio. Ninguna nación puede llamar desarrollo a aquello que mejora las cuentas de esta generación a costa de la siguiente.

El Estado no está ausente. Está selectivamente presente.

Construye carreteras, facilita inversiones, protege propiedades, concede incentivos y promueve destinos. Y debe hacerlo. El problema es que demasiadas veces no muestra la misma eficacia y urgencia para garantizar agua potable, educación, salud, seguridad, saneamiento y servicios públicos dignos.

Ese desequilibrio erosiona la esencia del Estado social y democrático de derecho.

No necesitamos escoger entre empresa y pueblo, ni entre inversión y justicia social. Esa es una falsa disyuntiva. Debemos medir el éxito nacional no solo por cuánto crece la economía, sino por cómo crece, quién recibe sus beneficios, quién asume sus costos y qué deja en el país.

Eso exige proteger el acceso público a los bienes comunes; condicionar los incentivos fiscales a resultados verificables; incorporar los costos ambientales; promover empleo formal, encadenamientos productivos y contribución fiscal; y someter las grandes decisiones al interés general.

Pero la transformación no corresponde únicamente al Estado. Requiere ciudadanos dispuestos a vigilar, participar, exigir cuentas y defender aquello que pertenece a todos.

La República Dominicana necesita más que corregir políticas aisladas. Necesita un proyecto de nación capaz de unificar esfuerzos, ordenar prioridades y fijar metas para saldar una deuda social acumulada durante décadas: un proyecto que convierta crecimiento en desarrollo, desarrollo en derechos y derechos en oportunidades reales.

Ese proyecto no supone renunciar al turismo, al capital ni a empresas prósperas. Supone ponerlos al servicio de algo superior: una economía al servicio de una nación.

Debemos reconocer una verdad incómoda: hemos sido mucho más persistentes construyendo crecimiento que construyendo desarrollo.

Es tiempo de recuperar la jerarquía constitucional:

Primero la persona.

Primero su dignidad.

Primero el bien común.

Y entonces el mercado, la inversión y el crecimiento como instrumentos para alcanzarlos.

Al final, la historia no nos preguntará cuánto creció la economía. Nos preguntará qué país dejamos.

Entonces tendremos que responder:

¿De qué sirvió crecer si, mientras crecíamos, fuimos perdiendo aquello que pertenecía a todos?

Ante esa pregunta, la indiferencia no debe ser una opción.

Continue Reading

Opinión

Ganaba 100 pesos mensuales (1973-76) y me sobraba dinero

Published

on

Por Oscar López Reyes

En 1976, en Barahona yo ganaba 100 pesos mensuales en dos trabajos –en el gobierno y en un medio de comunicación- cubría holgadamente los gastos de mi recién formada familia de cuatro miembros, y me sobraba dinero. Caminaba las calles del pueblo como un privilegiado, sin deudas ni estrés. Dormía como un lirón por el estilo de vida sobrio y albergaba una gran esperanza en el futuro.

Como en la mayoría de las casas, en la mía no había televisión, teléfono, nevera, aire acondicionado y mucho menos un vehículo de motor. Tampoco estufa, licuadora, inversor ni botellones de agua, porque por una tubería llegaba sin pagar un solo centavo, igual que la basura, y se pagaban chelitos por el consumo de luz. En el liceo no se cobraba.

En los patios de las dos casas alquiladas donde vivía, en las céntricas calles Colón casi esquina Duvergé y Jaime Mota casi esquina José María Cabral, había frondosos árboles de mangos y limoncillos (quenepas), y en la última anafres (hornillos para cocinar con carbón) y una letrina surtida con periódicos y fundas de papel –provenientes de colmados- para el aseo defecatorio.

Esos pliegos sanitarios representaban una muestra de progreso, porque en las afueras de la ciudad y en las lomas, como Chene, en Enriquillo, para la limpieza tras las necesidades fisiológicas se acudía, en los montes, a piedras, hojas verdes, tusas de maíz y troncos leñosos -en forma giratoria- que se ramificaban desde el suelo.

Entre 1973-1976 en colmados y almacenes –no existían supermercados- se compraban menos de 20 productos hogareños, con precios establecidos por la Dirección General de Control de Precios. Una libra de arroz costaba 8 centavos, una libra de habichuelas 7 centavos, una libra de azúcar 4 cheles, una libra de carne 10 cheles y una botella de aceite comestible valía 30 centavos.

A primera hora de la mañana y en la tardecita se vendía a 8 y 10 cheles una botella o litro de leche de vaca, bien pura, acabada de llegar en bidones desde fincas ganaderas de Amador Pons, Sarita Báez, Buchinche Pérez Espinosa, los hermanos Milongo y Napó (Napoleón) Pérez, los hermanos Dámaso y Zulema López (mis tíos) y otros.

Los gastos eran restringidos, y los regalos escasos, porque muy pocos celebraban cumpleaños o visitaban restaurantes. Predominaba el consumo de helados, principalmente los domingos, antes y después de las retretas del Parque Central.

Esos precios son recordados por mercaderes y amas de casa de la época, debido a que no existían estadísticas de la canasta básica de consumo en pesos dominicanos, en virtud de que, justamente en 1976, el Banco Central fue cuando inició la Encuesta Nacional de Gastos e Ingresos de los Hogares (ENGIH).

A la postre, la compra alimenticia mensual para ocho personas –porque había que separar manjares para los vecinos más cercanos y los padres de los esposos- ascendía a menos de 20 pesos mensuales. Otros gastos: Un par de zapatos de la fábrica gubernamental Fac Doc costaba 4 pesos, y cuando al prestamista “Viste Encuero”, muy conocido en el mercado público y los predios judiciales de Barahona, los días 25 –fecha de pago en el gobierno- le avanzaban 50 centavos de un crédito de 7 pesos, los aceptaba gustosamente.

En esos años, el peso dominicano tenía una paridad con el dólar estadounidense, o sea, uno por uno. Para las transacciones cotidianas, junto a las monedas de 5, 10, 25 y 50 centavos, la de un centavo circuló hasta 1987, con la efigie de Caonabo, cuyo poder adquisitivo fue anulado por la inflación, aunque no se conoce la emisión de una resolución definitiva del Banco Central que la despoje de su poder liberatorio.

Aquellos conmemorados, bien recordados y limpiecitos 100 pesos mensuales: 60 de la Corte de Apelación (no se registraba ninguna deducción de impuestos sobre la renta ni de seguridad social) y 40 pesos de Radio Barahona equivalen, a junio de 2026, a 125 mil 898 pesos con 56 centavos nominales, calculando el Índice de Precios al Consumidor, año por año, el valor del capital y el efecto inflacionario. A este último salario, la Dirección General de Impuestos Internos le reduce a 98 mil 400 pesos con 44 centavos, porque se le aplica un descuento de 27 mil 498 pesos con 12 por aportes de la Tesorería de la Seguridad Social (TSS) y el Impuesto sobre la Renta (ISR).

¡Ah, consumismo y lujos!

¡Uy, prima del dólar!

¡Guau, globalización!

Entre 1973 y 1976 yo andaba despacio, a pie, relax y divertido, de un sitio a otro por las calles de Barahona como un afortunado, porque en la Corte de Apelación (juicios penales y civiles) me desempeñaba como mecanógrafo y mensajero ocasional, ya que estaba responsabilizado de buscar, el 25 de cada mes en las oficinas de Correo, los cheques de los jueces Federico Neftalio Cuello López (Nene), Doro Buenaventura Vásquez, Máximo Deñó, Rafael Dotel Recio y David Vicente Vidal Matos, y el procurador general de ese tribunal, Secundino Gómez Pérez (Jumito), máximas autoridades judiciales de la provincia.

El día 25, los magistrados arribaban a la Corte más temprano que nunca, caminando desde sus casas, sin parafernalias. Recuerdo cuando los secretarios de la Corte, Rafael Alfredo Pérez Rocha (Fellito Tinina), y la Procuraduría, Alejandro Rocha Peña (Mingolito), les entregaban a los jueces los emolumentos que devengaban: unos 250 pesos. Fungían como alguaciles Rafael Matos (Alito), Ignacio Mota y Luis Marino Arias. De unos 20 empleados de ese tribunal, solo sobreviven este último, hoy notario público; el extogado David Vidal, la entonces escribiente Teresa Peña y este servidor.

Yo era el menor de edad y el de más bajo salario: 60 pesos mensuales, el mínimo estatal, y cumplía el horario de 7:30 a.m. a 1:30 p. m. En la segunda jornada laboraba, desde las 3 de la tarde hasta las 7 de la noche, como secretario auxiliar de Rodolfo Z. Lama Jaar, propietario de Radio Barahona, Radio Pedernales, Radio Jimaní y Radio Neyba. Redactaba cartas, anuncios y notas luctuosas, nutrido por mis primeras prácticas escriturales en los clubes culturales y en los murales de la Juventud Comunista (Pacoredo) del liceo secundario Federico Henríquez y Carvajal.

El 11 de febrero de 2026 -justo 50 años después, porque ingresé en el citado mes- volví a las oficinas de la Corte de Apelación de Barahona y la nostalgia me envolvió con los cambios experimentados: existía uno que otro escritorio de caoba, pero ni en sombra las máquinas mecánicas Olympia, Olivetti y Remington, y prácticamente todos los jueces y empleados de 1973-1976 viajaron a un espacio inhóspito. El salario mínimo es de 20 mil 500 pesos y los titulares de Corte de Apelación ganan desde 260 mil 859 hasta más de 362 mil 304 pesos.

Albricias: Aparecieron los datos de mi ingreso al Poder Judicial, y me expidieron la certificación pertinente. El juez presidente de la Cámara Penal de la Corte y juez coordinador del Departamento Judicial (Barahona, Pedernales, Bahoruco e Independencia), Joselín Moreta Carrasco, me dispensó la más esplendorosa atención. Lo que no dijo el texto fue que fui cancelado -el más próspero premio de mi vida, porque tuve que emigrar forzosamente a Santo Domingo- por negarme a ingresar al Partido Reformista del gobernante presidente Joaquín Balaguer. ¡Qué vida Balaguer!

……………………………………

El autor: Periodista, mercadólogo, catedrático, escritor y comentarista de medios escritos, televisivos y digitales.

Continue Reading

Edificio La República: Restauración No. 138, cuarta planta, Santiago, República Dominicana. Teléfono: 809-247-3606. Fax: 809-581-0030.
www.larepublicaonline.com  / Email: periodico@larepublicaonline.com
Copyright © 2021 Blue National Group