Es impresionante ver cómo crece la cantidad de partidos políticos y de actores que se mueven en este entorno que constituye una verdadera escuela del engaño, la demagogia y la mentira y cuyos discursos sólo varían en función de la posición en que se encuentren.
Los que tienen reales posibilidades de llegar al poder tienen unas propuestas, aunque no siempre, que parecen la solución de los grandes problemas nacionales, pero cuando logran controlar el Estado entonces el mismo se vuelve exactamente todo lo contrario.
Pero mientras esto ocurre la pobreza, las precariedades en sentido general de los dominicanos, se vuelven más dramáticas.
Son décadas por el mismo camino, pero cada vez que se acercan los tiempos de proselitismos políticos cualquiera piensa que han llegado buenas nuevas, pero al final todo se esfuma porque los políticos son más fieles con sus intereses personales que con cualquier otra cosa.
El asunto no luce tan sencillo porque los que tienen el control de prácticamente todos los partidos políticos son expertos en doble moral y saben tanto que cada día se renuevan frente a una población que luce muy alienada y gravemente enferma.
Si una cosa anda mal, la otra ni se diga, es decir, que tanto los aspirantes a dirigir el Estado como la gente que los escoge han seleccionado el mismo camino, el cual consiste en buscarse lo suyo sin mirar para otro lado.
Lo más preocupante del problema es que la razón de ese comportamiento tiene profundas raíces culturales, es decir, que no se trata de cualquier cosa, ya que no es por otra causa que lo colectivo ya no existe en el país, sino lo individual.
Sin embargo, son muchos que a pesar de que no tienen dientes y andan en chancletas piensan que hacen su gran fiesta con las migajas que reciben para resolver la comida de un día y tal vez resulta tan poquito que tengan que completar.
Esa también es otra cultura, pero la de la miseria, en la que no hay forma de que se entienda que esa no es la salida, pero como bien dice una expresión no se le puede peras al olmo.
Lo inverosímil del drama es que cuando a las víctimas se les habla claro al respecto ellas creen que el estafador es el preocupado por el problema y probablemente se le vea como a un loco que no sabe lo que habla.
En la República Dominicana tiene un gran peso el refrán que dice crea fama y echaste a dormir, cuyos mejores exponentes al respecto son los principales actores de los partidos políticos, quienes a pesar de sus inconductas se sobreponen a los demás.
Son en realidad personas de éxitos, no importa que para el logro de sus propósitos hayan tenido que cortarle la cabeza a su vecino, pero si tiene una buena apariencia y los recursos satisfacen al otro no hay ningún tipo de problemas.
En conclusión, el drama de la República Dominicana no parece que tenga solución hasta tanto no cambie la actitud de la gente, porque de los protagonistas de los mismos la verdad es que no se puede esperar nada, lo cual indica que la crisis en vez de disminuir, se profundizará.