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Periodismo Interpretativo

Patología del poder

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¿Existe realmente una patología del poder?

Existen personas cuyo deshacerse del arte de mandar los aniquila y los “disuelve” como entidades antes “monumentales” y posteriormente como seres decididamente infelices y propensos al derrumbe?

¿Hay dirigentes cuya enfermedad consiste en dirigir perversa o sutilmente factores de dispersión y de aglutinación?

Hay indudablemente seres cuya ostentación del más alto cargo se mimetiza en ellos, se hace simbiótico, se les superpone como un ente orgánico, un “aliens” particular incrustado en su intimidad, en todo su organismo.

Abandonar una fenomenología de tal naturaleza duele en el mismo tuétano.

La psicología y la neurociencia, con sus recursos científicos de última generación, tienen mucho por indagar respecto a la especie Homo politicus.

Esta es la que muestra con la mayor vehemencia esos vínculos extremos.

Visto de manera convencional, sin el instrumental riguroso de la investigación profunda, se pueden tener atisbos de esa realidad cuando se nota la proclividad de enfermar incluso físicamente a los dirigentes echados del poder. Los ejemplos abundan y a lo mejor no haya ni siquiera que delatarlos por sus nombres.

El primer acoso que los precipita al abismo es una depresión infame que los lleva a arrastrarse literalmente.

Se contraen sobre sí, devienen sombra y murmullo a lo mejor poblados de una nostalgia pertinaz que los hace derivar en autistas inesperados.

De ahí a la tumba la distancia se va acercando decididamente hacia el camposanto.

Es evidente y comprensible-más no justificable-que no quieran desprenderse ni siquiera de un hilo de la espesa telaraña que los ata a los factores de dirección permanente de millones de almas.

Sin embargo, hay un momento en que los pueblos trazan una línea de separación entre ellos y esos dirigentes obstinados apegados a lo que no puede jamás permanecer para siempre.

Aquello que de acuerdo a un iluminado que la humanidad conoce como el buda es en el trasfondo, la causa esencial de todo sufrimiento.

De ahí que enquistarse en la posición cimera sea la face cenital de su vida.

Resignarla es para esas criaturas que se consideraron en algún momento un instrumento de fuerzas superiores universales, una traición de sí mismos.

No se echarán a un lado para darle paso a nadie, no se les verá anunciando renuncias, no podrán apartarse ni por un segundo de las pompas cotidianas y de la simbología del mando supremo.

Creen haber sido escogidos por Alguien para una misión trascendente y no entienden que si no son ellos alguien, cualquier otro, los sustituirá en el trabajo de la toma de decisiones que opera como poderoso un mecanismo ancestral de la tribu.

Hay ciertamente una generalizada jerarquización en muchas especies.

Ella obliga a que alguien ocupe la primera línea de mando y mantenga la coherencia del grupo.

Ser el jefe es ser reconocido y auto reconocerse con atributos especializados,  fuera de serie, estar dotados para tomar iniciativas que en ocasiones son fundamentales para la preservación propia y de otros.

Esa incuestionable atribución forma parte de los mecanismos regenerativos, de seguridad y del cumplimiento de factores de aglutinamiento que se hallan incluidos en la llamada herencia genética y que fueron enunciados asimismo por Charles Darwin como parte del instrumental con que la naturaleza dota a cada quien y colectivamente para la pervivencia ante los peligros y los desafíos subyacentes en el territorio.

Entre los humanos, cuando esa conciencia de la aglutinación de factores de cohesión se atrofia y el gran jefe actúa contra los suyos recibe el escasamente elegante nombre de tiranía.

Lamentablemente, esa desviación de los cauces originales trazados por fuerzas naturales impulsivas, sólo ocurre entre los humanos.

No se sabe de ninguna otra especie que ataque a los suyos en masa.

Ocurren peleas desafiantes, incluso con saldos muy graves, entre individualidades que luchan por hembras, por nichos espaciales que tienen recursos vitales, y por posiciones jerárquicas principales.

Pero la opresión contra el grupo a manera de dictadura implacable, vergonzosamente sólo se muestra como fenómeno en esta línea, la del  “homo sapiens”, designación ostentosa que se presta a revisión futura ya que tampoco a los animales “inferiores” les ha pasado por la cabeza levantar arsenales inmensos a fin de destruir, por un conflicto insuperable por otros medios, armas de destrucción masiva capaces de convertir en ceniza un entristecido planeta que no heredaron ni les vendieron ni les arrendaron siquiera.

Se trata de un  globo térreo acuoso que se encuentra orbitando, ajeno a los conflictos humanos pero sufriéndolos, en condición de préstamo nomás. Cuando los jefes enferman de puro poder el peligro no es menor que cuando al grupo lo ataca el enemigo depredador.

 

 

 

 

 

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Periodismo Interpretativo

Los altos niveles de la espiritualidad se constituyen en un dique de contención de la vocación delincuencial.

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Por Elba García

La sociedad dominicana es amenazada por una descomposición social y ético moral que pone en peligro su integridad  en todos los aspectos, principalmente porque el Estado no está en capacidad de preconizar y promover valores, sino anti-valores.

La posibilidad de contrarrestar en mayor medida el fenómeno de la descomposición social y moral descansa, principalmente, en el Estado porque cuenta con las herramientas para imponer un régimen de consecuencia y de hacer la inversión económica requerida para crear las oportunidades de empleos y disminuir la desigualdad, lo cual ataca una de las razones que más genera, por ejemplo, la delincuencia, como lo es la exclusión social.

Sin embargo, frente a la incapacidad del Estado para diseñar políticas públicas que priorice la inversión social, el papel protagónico para enfrentar el fenómeno recae en las organizaciones que trabajan y conectan con la gente, sobre todo en las comunidades más carenciadas del país, donde tiene nacimiento la vocación delincuencial.

El trabajo, por ejemplo, de las iglesias, tanto católica como protestante, juega un papel decisivo en muchos jóvenes para no caer en las garras de las bandas o de la vocación de una conducta al margen de la ley, porque proporcionan fortaleza espiritual que sin dudas se convierte en un dique de contención para impedir que entre a sus vidas  una inclinación delincuencial.

Está más que demostrado que aquellas comunidades donde hay una mayor  integración a las  labores de las iglesias, sobresale una conducta apegada al respeto de la ley y de mejor convivencia social, donde ésta juega un papel  importante en la formación que se adquiere a través de estas instancias.

La iglesia católica acaba de comprobar en un estudio que la Sierra es uno de los lugares donde menos delincuencia se produce, pero todo el mundo sabe que esos pueblos tienen un fuerte apegamiento a valores cristianos desde los tiempos coloniales, pese a que los niveles de pobreza y analfabetismo son muy altos, aunque no tan críticos como los de otras zonas del territorio nacional.

Sin embargo, otra razón para que tal vez la delincuencia no haya impactado tanto a los pueblos de la Sierra se debe a las remesas que reciben del exterior, principalmente de los Estados Unidos, lo cual se convierte en una válvula de escape para que no se desarrollo la vocación delincuencial.

Pero la revelación al respecto confirma que se hace más que necesario que el trabajo de las iglesias vaya más allá de los templos y toque el corazón de aquellos jóvenes excluidos y golpeados por el desempleo y el hambre y que en consecuencia no escojan el camino equivocado.

La mejor dosis que pueden recibir los jóvenes desorientados y con el solo camino de la delincuencia, el tráfico y consumo de drogas es la espiritual, la cual necesariamente tiene que estar  revestida de un componente profundamente humano.

Esta sería una respuesta que siempre será necesaria y vital para el mejoramiento social, pero hará falta la refundación del Estado que para el restablecimiento de valores también cuente con la fuerza institucional pública y de ese modo incorporar otros elementos importantes como los medios de comunicación y el sistema educativo nacional, a fin de que el esfuerzo sea tan integral como el mal que nos aqueja.

Se impone una gran jornada nacional, pueblos por pueblos, para trabajar por una transformación total de aquel que ve la vida sólo desde la perspectiva del dinero, pero que ojalá se puedan incorporarse recursos a través del Estado para además crear empleos y mejorar las condiciones de vida de la gente.

Sólo de esa manera podría producirse  una verdadera transformación social y convertir a la República Dominicana en una sociedad más habitable y humana, donde la delincuencia y la degeneración sea un fenómeno aislado y no general como pasa actualmente.

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Periodismo Interpretativo

Será la frontera la excepción en corrupción en la República Dominicana?

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Por Elba García

La emigración haitiana, con implicaciones socio-económicas como prácticamente todas en el mundo de hoy, continuará aunque el Gobierno haya anunciado una serie de medidas en la frontera para evitar la entrada ilegal desde el vecino país.

La llegada masiva de haitianos ha creado una verdadera alarma nacional, sobre todo porque en opinión de muchos esta inmigración implica un aumento de la delincuencia y la promoción de una serie de enfermedades que son consustanciales a la pobreza y que afectan a pueblos como el haitiano.

El presidente de la República anunció un aumento de los militares que vigilan la zona fronteriza e incluso la medida habla de la incorporación de drones para monitoreal al haitiano hambriento que tiene como norte establecerse en el país.

La migración haitiana tiene un componente que forma parte de una cultura como la corrupción, ya que la entrada de éstos está determinada porque hay de por medio el pago de un peaje a los responsables de vigilar la frontera.

El hecho de que haya un elemento prácticamente cultural en el pueblo dominicano que motiva esa inmigración haitiana, permite colegir que es un problema no tan fácil, aunque no imposible, de detener.

Lo primero que habría que analizar es si el presidente de la República Dominicana, licenciado Danilo Medina, tiene moral para exigirles a sus subalternos lo que él y su Gobierno no pueden dar.

La pregunta que se impone es si podrán los militares de la frontera parar el cobro del peaje a los haitianos ilegales si quien se lo pide anda en lo mismo en otras instancias de la administración pública?

Realmente tiene moral un presidente involucrado en el caso Odebrecht y en otros escándalos para pedir que la frontera y los encargados de vigilarla sean éticos y decentes?

Podría el Gobierno pedir un cambio en la actitud de los militares que cuidan la frontera, mientras el presidente nombra como cónsul a un traficante con haitianos ilegales?

Se trata de un mensaje dual, porque con palabras se expresa preocupación por el fenómeno, pero con los hechos se promueve.

Es una doble moral que su fin no será otro que el fracaso.

El otro elemento es que la inmigración, incluida la haitiana, está motivada en el hambre y la pobreza y no hay muro que la detenga, no importa que sea físico, institucional o de cualquier otra índole.

Mientras los funcionarios hacen fiesta con los recursos públicos, los militares de la frontera harán lo mismo para permitir la entrada no sólo de haitianos ilegales, sino de todo lo demás, como drogas y el contrabando de mercancías.

Que nadie se llame a engaños con las palabras huecas del presidente Danilo Medina, experto en la simulación y la mentira.

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Periodismo Interpretativo

Líderes de las izquierdas que usan como herramienta las armas de la derecha.

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Por Elba García

Son varios los líderes latinoamericanos que luego de llegar al poder se convirtieron en híbridos, porque a pesar de que se vendían como una cosa en realidad eran otra.

El mejor ejemplo es Ignacio Lula da Silva, quien cuenta con dos condenas judiciales y está al borde de terminar en la cárcel por corrupción como consecuencia de aliarse a la derecha y promover un neoliberalismo desde el poder que no encajaba con su proyecto político original.

Lula da Silva fue rechazado por el ala más radical de su Partido de los Trabajadores (PT), ya que ese sector no le perdonaba su coqueteo con grupos económicos que apoyan su crecimiento en la corrupción y en las malas artes para depredar patrimonios públicos.

 

Elías Antonio Saca

El proyecto político de Lula da Silva  a pesar de sus logros en el gobierno, porque sin dudas los hubo, se desnaturalizó a tal punto que hoy éste es un ejemplo a tomar en cuenta como protagonista de una corrupción que lo marcó para siempre y que le quita moral para criticar el flagelo que ha sumergido en la miseria a los pueblos latinoamericanos, como lo es la corrupción administrativa.

Sin embargo, las izquierdas latinoamericanas se resisten a ver los pecados de uno de los suyos y en cambio recurren a la acusación de que se trata de una persecución de la derecha.

 

 

Jorge Glas

Lula da Silva sólo depende para hacer su entrada a la cárcel de solicitar la no ejecución de la sentencia mediante una figura que consiste en una explicación de la misma y de interponer un recurso de amparo ante la Suprema, cuyos especialistas observan muy pocas posibilidades de éxitos del otrora obrero metalúrgico.

 

 

 

Francisco Flores

Ese triste cuadro no exclusivo de la izquierda brasileña, sino que igual descrédito se ha producido con la de El Salvador, donde el primer presidente de izquierda, Mauricio Funes, está en el exilio por acusaciones de la comisión de actos de corrupción mediante la apropiación de recursos públicos, igualándose a ex presidentes de la derecha como Francisco Flores y Elías Antonio Saca.

 

 

 

Lenin Moreno

Lo propio ha ocurrido en el izquierdista Alianza País de Ecuador de Rafael Correa y del actual presidente Lenín Moreno, ya que por lo menos este último  se ha aliado a la derecha para promover las ideas neoliberales que preconizan los grupos económicos.

 

 

 

 

Otros líderes que llegaron al poder a través de un partido de izquierda, como el de la Liberación Dominicana, que han sido promotores y defensores del neoliberalismo son Leonel Fernández y Danilo Medina, cuyos gobiernos están muy manchados por la corrupción y son abiertamente neoliberales, pasando en la práctica de la izquierda a la derecha, tanto así que su perfil es más conservador que el más radical de esta corriente.

El cuadro que presentan las izquierdas latinoamericanas es definitivamente desconcertante.

Tanto es así, que el propio gobierno chavista aunque promovía y practicaba el anti-neoliberalismo nunca ha tenido una crítica en contra de un híbrido y camaleón como Leonel Fernández, que sabía presentarse como un no alineado en una cumbre en Cuba y luego aterrizaba en Washington como un defensor del neoliberalismo y la derecha internacional.

Todo este panorama ha erosionado la credibilidad de las izquierdas latinoamericanas, cuyas consecuencias no han sido peores porque algunos pueblos están gravemente enfermos fruto de la promoción de una serie de anti-valores que han dejado como secuela el corrompimiento de la gente, que le da más valor a un peso que al aspecto humano de la vida, lo cual se traduce en un problema político porque hemos pasado de una política ideológica a una clientelar y asistencialista.

Las izquierdas ahora no tienen como justificarse, porque además la gran mayoría de los llamados partidos alternativos, que siempre son más de izquierda que derecha, están seriamente comprometidos con la micro-corrupción promovida por la derecha, por lo menos en lo que tiene que ver con la República Dominicana

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