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Pontificación, doble moral y simulación dominan escenario y con politiquería como regla del juego en el liderazgo nacional.
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3 años agoon
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LA REDACCIÓNPontificación, doble moral, antivalores y acciones reprochables de la clase política dominicana cuyos actores pasan de la noche a la mañana de corruptos a la enarbolación de principios éticos y de izquierda que no representa su verdadera identidad.
Este miércoles el expresidente de la Camara de Diputados y quien fuera senador por el Partido de la Liberacion Dominicana (PLD) presentó su renuncia a esa organización política y para cuya decisión esgrime una serie de argumentos que nadie le puede creer.
Este político es quizás y sin quizás uno de los actores del escenario nacional que representa muy fielmente los antivalores, la doble moral y la simulación, lo que en consecuencia no parece tener cabida para justificar su salida de un partido que nadie niega que ha llegado al peor de los corrompimientos ético-morales.
Sin embargo, Valentín, que es una expresión de los bajos niveles que hoy arropa la política dominicana, porque aparte de que no es verdad que exhiba alguna condición para considerarse presidenciable como algunos comentaristas han dicho, debía ser un buen candidato no a un cargo público, sino a ser llevado al banquillo de los acusados.
Valentín, que fue uno de los encartados en el caso Odebrecht, quien fue librado de un juicio muy comprometedor precisamente por los que hoy él critica por haber abandonado los postulados boschistas, pero que además verlo exponer por la televisión da la impresión de que se está frente a un personaje propio de cualquier otro escenario, pero menos de una buena política.
Valentín no tiene ni siquiera la naturalidad que debe adornar a cualquier político que pretenda enarbolar las ideas que él dice pregonar, porque este expresidente de la Cámara de Diputados, que simula tener posiciones de izquierda, es uno de los ejemplos que deja claro hasta donde los antivalores han ganado terreno en la sociedad dominicana.
En Santiago todo el mundo sabe cual es la procedencia social y económica de este exlegislador, pero en realidad su mayor logro es precisamente una fortuna que no puede justificar y que incluso para evadir la justicia cuando fue encartado por Odebrecht atribuyó el dinero que tiene a una herencia de su esposa.
Valentín es una negación de la buena política que reclama la sociedad para llevar al país a otros niveles de institucionalidad y de decencia nacional, pero como en el país todo se vale este personaje se puede dar el lujo de desdoblarse y presentarse como un abanderado de ideas de izquierda tal vez para ponerse a tono con lo que ocurre en muchos países latinoamericanos.
Dos ejemplos a tomar en cuenta en la gran desviación que ha sufrido la sociedad dominicana en lo que respecta a la doble moral y la pontificación, Julio Cesar Valentín y el ahora candidato presidencial del PLD, Abel Martínez.
Naturalmente, que la mejor escogencia que pudo hacer el PLD para las elecciones del 2024 fue Abel Martínez, ya que lo representa muy bien porque es otro personaje que vive de la simulación y el engaño, quien debe explicar a la sociedad de dónde proviene su fortuna, aunque la gente entiende que está asociada a sus andanzas en la política vernácula en sociedad con otra figura de la noche como Félix Bautista, a quienes los une un gran vínculo de agradecimiento.
Cualquiera siente asco cuando una figura con tantas deudas económicas y sociales con el pueblo dominicano como Julio Cesar Valentín ahora pontifique después de haberse enriquecido con los dineros del erario nacional y que es uno de los ejemplos más convincentes de que los políticos dominicanos primera buscan enriquecerse con el patrimonio publico y entonces presentan en el Congreso Nacional un proyecto de ley anticorrupción, lo cual siguió al pie de la letra este personaje de la política nacional.
Valentín tiene una cara tan dura que luego del PLD haberlo salvado de ser procesado por su conducta pro-corrupción, ahora resulta que él quiere salirse de ese festival de malas acciones a partir de un inculpamiento de sus propios compañeros, no sólo de partido, sino de visión de cómo se debe hacer jugar con los recursos del pueblo dominicano.
Ahora este político de grandes poses habla de moral y ética e incluso hasta de formar un nuevo partido político de izquierda cuando lo que debía hacer es coger un adiestramiento para respetar lo que no es suyo y por lo menos guardar fidelidad a sus iguales, ya que es la segunda vez que se desdobla y pasa de una corriente a otra como cuando dejó solo a Leonel Fernández luego de su salida de la presidencia de la República para aliarse a Danilo Medina, quien en el momento se había sentado en la llamada silla de alfileres.
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Posición de R.D. sobre Venezuela es acomodamiento a su condición de sometida a nuevos requerimientos de Trump.
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1 día agoon
enero 8, 2026
Lo planteado por el Gobierno de Luis Abinader de que no comparte la elección de Delcy Rodríguez como presidenta transitoria de Venezuela tras el apresamiento de Nicolás Maduro, revela que República Dominicana quiere incluso superar lo impuesto por Estados Unidos, pero siempre ajustada a los intereses de la potencia del norte.
La realidad es que la pregunta que se impone es y hasta dónde y quién ha dicho que el país tiene la facultad de objetar a una mandataria provisional escogida por el órgano competente y supuestamente sugerida por la Agencia Central de Inteligencia (CIA), aunque el restablecimiento de relaciones comerciales y diplomáticas conlleve algunos requerimientos democráticos.
Sin embargo, la posición dominicana implica la violación del derecho internacional, entre los que se encuentran el de soberanía y autodeterminación de los pueblos, así como la Carta de la ONU.
Evidentemente que el ingrediente introducido por el Gobierno dominicano resulta gracioso para los intereses foráneos que convergen en Venezuela, máxime los que están asociados a los Estados Unidos.
La contradicción dominicana con lo planteado en la Organización de Estados Americanos (OEA) y su práctica en política exterior, ya que el presente Gobierno siempre se inclina por la intromisión en los asuntos internos de otros países, no deja la naci0n buen parada en la comunidad internacional.
Resulta poco entendible que la República Dominicana no haya apoyado abiertamente la incursión ilegal de Estados Unidos en Venezuela, pero que preste su territorio para el apoyo logístico de la acción.
Es una especie de doble moral, pese a que en su lugar debió mantener una posición aparentemente neutral, aunque de cualquiera manera ya estaba involucrada en una intervención armada que viola los principios fundamentales del derecho internacional
De lo que no queda ninguna duda es que el crédito internacional en política exterior del país ha quedado seriamente comprometido con una causa de la que ha sido una víctima en una diversidad de ocasiones como en el 1916 y el 1965.
La verdad que pretender una conducta diferente de la nación frente a la irracionalidad de Trump sería mucho pedir, sobre todo cuando otros países pertenecientes a la Unión Europea y otras superpotencias como Rusia y China también son tolerantes con la agresividad e intromisión del principal imperio del mundo.
No obstante, desde cualquier perspectiva que sea vea el asunto la conclusión no puede ser otra que en la situación pesa más el miedo que la vergüenza y la dignidad del pueblo dominicano.
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La República Dominicana inhabilitada en política exterior en el nuevo escenario imperial de Trump
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3 días agoon
enero 6, 2026
La República Dominicana con una ocupación militar parcial de Estados Unidos, se proyecta como una presa sin libertad para expresarse libremente en política exterior.
La ocupación militar, aunque sólo se observa en el Aeropuerto Internacional de las Américas, abarca otros entornos que no son necesariamente visibles.
Pero la agresividad o poco disimulada intervención, deja el país y de igual modo a prácticamente toda Latinoamérica, a merced del capricho y la voluntad de los intereses de la nueva cara del imperio.
La República Dominicana ni por asomo se atreve a pronunciarse libremente sobre política exterior sin que esté a tono con la linea trazada o impuesto por la administración Trump.
La pregunta que subyace es si ese nuevo cuadro no implica también un trastorno del régimen legal, porque se podría estar en un escenario en el que los derechos fundamentales pasen a un segundo plano en el que el Estado Social Democrático de Derecho sea una expresión vacía y sin sentido.
Por razones geopolíticas y factores muy particulares, el país se asoma a un resquebrajamiento del proceso de constitucionalización del derecho a nivel interno y retroceder la nación a épocas ya superadas.
La pregunta que se impone es si prevalecerá en el mundo el pregonado derecho internacional cuando las instituciones que lo enarbolan pierden autoridad moral frente a las violaciones provenientes de potencias como los Estados Unidos que ya ni siquiera guarda las apariencias
El problema, que tiene una dimensión mundial, pero impacta más severamente a los países del tercer mundo y que propicia la posibilidad del surgimiento de regímenes de fuerza, aunque con simulaciones democráticas.
La preocupación tiene que ver con el hecho de graves violaciones del derecho internacional en una época en que éste forma parte consustancial del derecho interno y entonces qué se puede esperar como resultado.
El retroceso de la línea trazada por Donald Trump representa una amenaza mundial contra los logros del derecho contemporáneo, no sólo en favor de las personas físicas, sino también de los Estados más pequeños y débiles.
Hay precedentes en esta materia cuando predominaba en el mundo el llamado constitucionalismo clásico, que dio paso a dictaduras como las Adolfo Hitler en Alemania y la de Benito Mussoline en Italia, cuyos resultados fueron realmente catastróficos para la humanidad.
La interrogante que permanece en el nuevo panorama mundial es si va a pesar más el miedo que la vergüenza y la dignidad de los pueblos del mundo.
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Donald Trump cumple su sueño de ser dictador aunque sea por un día.
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6 días agoon
enero 3, 2026Por Elba García
El presidente de Estados Unidos, Donald Trump, cumple su sueño de ser dictador hemisférico, aunque sea por un día.
La vocación dictatorial de Trump se ha expresado con mayor contundencia tras la entrada ilegal en territorio venezolano y apresar al jefe de Estado de ese país Nicolás Maduro y su esposa Cilia Flores.
Tras este acontecimiento en momentos que se habla de la época del derecho constitucional, el cual incluye el derecho internacional, Trump ha anunciado su pretensión de convertir a Venezuela en una nueva colonia del imperio norteamericano.
El gobernante de los Estados Unidos ha adelantado que busca manejar la riqueza petrolera de Venezuela, una de las principales del mundo.
Pero la violación de Trump llega todavía más lejos al advertir a los demás países latinoamericanos a verse en el espejo de Venezuela.
Tromp hizo una alusión directa contra el presidente de Colombia, Gustavo Petro, quien dice podría correr la misma suerte de Maduro.
Anteriormente lo hizo con Brasil a propósito de la condena por conspiración del expresidente Bolsonoro.
Pero de igual modo se ha comportado con Honduras, donde en sus recientes elecciones presidenciales auspició uno de los candidatos y presionó con advertencias de actuar duramente contra los que estén en contra de sus designios.
Al fin impuso su voluntad, sin que haya reacción fuerte de rechazo a la vocación imperial del presidente de Estados Unidos.
No sé entiende por qué los países latinoamericanos no se unen en un bloque para rechazar la política de dominación y dictatorial de Donald Trump.
Incluso en el rechazo a la violación del derecho internacional por parte de los Estados Unidos pueden incluirse los países de la Unión Europea, que son permanentemente asediados y amenazados de imponerles aranceles y otros castigos como parte de la vocación dictatorial del mandatario norteamericano.
El chantaje de los Estados Unidos incluye también el otorgamiento de visados para ingresar al territorio de la potencia del norte.
La conducta de Trump es como si su administración haya borrado del mapa la supuesta clase gobernante que existe allí.
El problema se torna tan grave que la violación de derechos no solo se produce en Estados Unidos, sino en todo el mundo que parece haber retornado el derecho constitucional clásico, que fue sustituido por el derecho constitucional moderno en que los Estados grandes aplastan a los pequeños.
La época Trump prácticamente ha borrado el legado establecido por Estados Unidos a través del derecho constitucional difuso y sobre el equilibrio de los poderes.
Lo sorprendente de la era Tromp es que hasta la Suprema Corte de Justicia de los Estados Unidos luce sometida a una cierta tolerancia del jefe de Estado de la potencia del norte.
Si la mayoría de los países no reaccionan a la política represiva y de dominación de Trump difícilmente pueda sobrevivir el sistema democrático, lo que puede crear serias tensiones y confrontaciones sociales y políticas en todo el planeta.
