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Rumbo a la insostenibilidad fiscal con 10 dólares prestados por día

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Por Juan Bolívar Díaz
Atrapado por la creciente crispación social derivada de los escándalos de corrupción y su correlativa impunidad, el Gobierno se refugia en la persistencia de un alto crecimiento económico, fundamentado en un endeudamiento que ya supera el 50 por ciento del PIB y preocupa a los organismos internacionales, economistas y empresarios dominicanos.
En las estadísticas oficiales la deuda nacional creció el año pasado 288 millones de dólares por mes, casi 10 millones por día, lo que implica que cada dominicano, hasta los indigentes, se endeudó en un dólar diario, hasta deber unos 3 mil 400 dólares ó 161 mil pesos, mientras el Gobierno ignora las advertencias y elude enfrentar el derrotero.
Preocupación en incremento. Crece la preocupación entre los economistas, sectores empresariales y hasta en los organismos internacionales por el persistente rumbo a la insostenibilidad fiscal que registra la economía nacional sin que las autoridades acepten la necesidad de buscar un pacto fiscal, que ante la galopante crispación por la corrupción y la impunidad ya algunos amplían a un nuevo contrato social para restablecer la confianza en las instituciones.
Ya en marzo el directorio del Fondo Monetario Internacional cuantificó la deuda nacional al 2016 en 49.7 por ciento del PIB, con múltiples recomendaciones reiterativas de la necesidad de un reajuste o pacto fiscal, precedido de un pacto eléctrico, para contener el deterioro de las finanzas, ampliar la base tributaria, elevar la eficiencia del gasto público, con responsabilidad y disciplina fiscal y “con graduación de la asistencia social”.
La publicación del Banco Central dando cuenta de un persistente alto crecimiento, del 5.2 por ciento, en el primer trimestre del año, con bajísima inflación, tasa de desocupación de 5.9 por ciento y crecimiento del empleo superior al mundo desarrollado, alienta la ilusión de que la nación va viento en popa y se pueden seguir aplazando los correctivos, que implicarían necesariamente contención del dispendio, la corrupción, y el clientelismo en que el partido gobernante ha fundado una amplia dominación.
Esta semana la representante en RD del Banco Interamericano de Desarrollo, Flora Montealegre, al responder cuestionamientos sobre las advertencias del FMI, expresó que el país no debe seguirse endeudando para pagar intereses y debería “asegurarse de que la deuda que se coja a partir de ahora sea para aportar a los niveles de inversión enfocada en el desarrollo”.
Coinciden 5 economistas. Las preocupaciones por el rumbo de la economía nacional son tan generalizadas que cinco economistas de posiciones diversas, que ellos mismos reconocieron, coincidieron la semana pasada en advertir la necesidad de cambios económicos fundamentales, al participar en el Almuerzo del Grupo de Comunicaciones Corripio, donde advirtieron los riegos de los persistentes déficits fiscales, financiados con endeudamiento, de una economía cuyo crecimiento se centra en pocos sectores, donde se promueve más el consumo que la producción y la exportación, con problemas de competitividad. Un cuadro anexo indica que los créditos a la producción cayeron del 26.7% en el 2000, al 11.5 por ciento en el 2016, mientras los destinados al consumo, en el mismo período, se triplicaron de 13 a 40 por ciento.
Jacqueline Mora, Pedro Silverio, Miguel Ceara Hatton, José Luis de Ramón y Ernesto Selman coincidieron con las recomendaciones del FMI y en la necesidad de poner límites a la carrera de endeudamiento, concluyendo el pacto eléctrico en discusión desde hace más de dos años, para abordar un pacto fiscal que provea los recursos que el Estado requiere para atender las necesidades del desarrollo nacional.
Advirtieron que hasta el ministro de Economía, Isidoro Santana, coincidía con ellos, ya que dos días antes había planteado que el endeudamiento amenaza la sostenibilidad fiscal, y obliga a un pacto fiscal. Ya lo había reconocido meses atrás, como su antecesor y ahora ministro de Industria y Comercio, Temístocles Montás, quien en el mismo escenario del Grupo Corripio, sostuvo el 6 de noviembre del 2013 que “el Gobierno se dio cuenta que el endeudamiento público está muy alto y comenzará a sembrar las bases para reducirlo a partir del 2015”, aunque desde entonces aumentó su velocidad. Otros, como el ministro de Hacienda Donald Guerrero, estiman que el nivel de la deuda es manejable por el gobierno.
Los cinco economistas coincidieron también en advertir pérdida de confianza en las instituciones y en la capacidad del sistema político para responder las demandas, por lo que Silverio llegó a reclamar “un nuevo contrato social fundado en la ética y la transparencia”.
Deuda sobre 50% del PIB. En abril pasado el Ministerio de Hacienda y el Banco Central publicaron la deuda consolidada del Estado 2000-16, cuantificándola en 34 mil 102.7 millones de dólares. Resalta que se multiplicó casi 8 veces en el período, 2.5 veces entre 2000-04, bajó a 1.4 veces en el cuatrienio 2004-08 y subió 1.6 veces entre 2008 y 12.
Según el informe oficial, durante los tres primeros años de gobierno del presidente Danilo Medina, (2013-15) la deuda creció en 2 mil 375.4 millones de dólares, promediando 791.8 millones por año, pero en el cuarto, del 2015 al 16, se aceleró en 3 mil 459.7 millones de dólares, lo que implica que el promedio anual se incrementó casi cuatro veces en relación a los tres primeros. El último año el endeudamiento tomó un ritmo de 288.3 millones por mes y casi 10 dólares por día.
Para el Gobierno, la deuda consolidada del Estado representa el 47.6 por ciento del PIB, con una subestimación de 2.1 con relación al último informe del FMI que la estimó en 49.7 por ciento. El incremento del endeudamiento guarda proporción con los déficits fiscales sostenidos de los últimos 9 años, ascendentes a 665 mil 765 millones de pesos, con promedio anual de 73 mil 973 millones. En el período 2000-07, los déficits solo sumaron 32 mil 315 millones de pesos, con promedio anual de 4 mil 39 pesos. El mayor fue 8 mil 86 millones en el 2004, consecuencia de la crisis bancaria. En cuadros anexos, elaborados en base a informaciones del Ministerio de Hacienda, se puede observar la evolución histórica de los ingresos fiscales, del gasto y del déficit.
Cálculos peores de la deuda. Los datos oficiales indican que cada dominicano, aun los más desposeídos, tiene una deuda aproximada de 3 mil 400 dólares, que a la tasa de 47.4 pesos implicaría más de 161 mil pesos. La cuenta sería mayor atendiendo al cálculo de economistas, que elevan la deuda consolidada hasta más de 38 mil millones de dólares.
Existe una deuda flotante, no registrada, que incluye normalmente varios cientos de millones de dólares a los generadores de electricidad y otros tantos adelantados a contratistas mediante garantías de préstamos, y la mayoría de los organismos del Estado acumulan deudas con suplidores, contratistas, seguridad social y otros renglones. Esta semana el director nacional de Salud reveló que los hospitales tienen deudas acumuladas de casi 3 mil 900 millones de pesos. Cientos de contratistas asociados en un “Comité Codiano” reclaman pagos atrasados por 3 mil 500 millones de pesos. El director del Instituto de la Vivienda estimó en 760 millones de pesos su deuda a febrero pasado.
El mayor endeudamiento lo calcula el Centro Regional de Estrategias Económicas Sostenibles (CREES), dirigido por Ernesto Selman, a quien no se puede acusar de opositor interesado, puesto que confiesa su membresía en el Comité Central del partido gobernante, lo que no le ha mellado la profesionalidad. Según cuadro anexo, la deuda consolidada sería de 38.6 mil millones de dólares, 54 por ciento del PIB.
El experto fiscal José Rijo, quien sigue rigurosamente la fiscalidad nacional también está convencido de que la deuda total es superior a la reconocida oficialmente, si se le adicionan las “cuentas por pagar” de los organismos estatales, y que podría alcanzar el 53 por ciento del PIB. Mientras el economista Eduardo Tejera la cuantifica a marzo pasado en 36 mil 994 millones de dólares y 52 por ciento del PIB.
En cualquier caso solo el pago de los intereses obliga al Estado a destinar entre 23 y 25 por ciento de los ingresos fiscales, que si bien se multiplicaron más de diez veces desde el 2000, se han quedado muy por debajo del crecimiento del gasto que creció más de 13 veces, y de la empleomanía estatal, que pasó de 361 mil a 603 mil con crecimiento del 67 por ciento.
Nuevos factores externos en el juego, como el alza de las tasas de intereses y las incertidumbres internacionales explican el incremento de la preocupación por la sostenibilidad en el corto y mediano plazo de una economía demasiado dependiente del exterior.

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Análisis Noticiosos

El mensaje equivocado de la elección presidencial en Latinoamérica.

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Por José Cabral

La elección presidencial en los países latinoamericanos envía un mensaje preocupante, el cual consiste en que mientras más vínculos con el bajo mundo se tenga, mayores son las posibilidades de salir triunfante.

Este meta mensaje lo hemos vivido en Colombia, Honduras, Perú, Panamá y ahora en Brasil, lo cual quiere decir que para ser un buen candidato presidencial hay que tener vínculos con el bajo mundo, porque parece que la conducta ética no es apreciada por el votante latinoamericano.

Flavio Bonsonaro es buen ejemplo de la tendencia en este sentido, quien en las elecciones celebradas este domingo 4 de octubre en Brasil ha logrado quedar en primer lugar con una votación que llega casi al 50 por ciento.

Sin embargo, será el próximo 25 del presente mes cuando se celebre la segunda vuelta de los referidos comicios, en los que una serie de pequeños partidos han obtenido algo más del siete por ciento de la votación general, lo que de alguna manera representa lo que podría darle el triunfo a Bolsonaro, un hombre de derecha e imputado de una serie de irregularidades,

En Brasil se ha repetido la misma historia de otros lugares de Latinoamérica, donde el apoyo de Donald Trump a gente vinculada al bajo mundo logran imponerse en las elecciones presidenciales.

Este cuadro plantea si lo que ocurre en Latinoamérica significa que la lucha en contra del crimen transnacional carece de sinceridad y que se valora más al que anda en ese mundo que al hombre serio.

Son muchos los discursos en contra del crimen transnacional, pero todo parece indicar que esa narrativa no luce que sea sincera.

En consecuencia, me parece que el real mensaje que se envía es que meterse al lavado de activo y negocios ilícitos es la mejor vía para hacer política.

El triunfo de Bolsonaro y de otros elegidos en Latinoamérica no deja dudas de que el bajo mundo ha ganado la batalla e incluso entre los que dicen combatirlo.

Parece que no tiene sentido escoger el camino de la ética en la política, porque si bien hay quienes dicen combatir el problema del no respeto de la ley, pero en la práctica hacen todo lo contrario y el votante al final de la jornada también se inclina por esta tendencia.

Todo anda al revés de como lo plantea gente que busca cambios profundos en los países latinoamericanos, donde la ética parece importar muy poco.

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Análisis Noticiosos

CARTA ABIERTA A LA CLASE POLÍTICA DOMINICANA

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Por Nelson Valdez
Les hablo desde la responsabilidad ciudadana, no desde la trinchera partidaria. Les hablo porque la democracia dominicana atraviesa un umbral peligroso y pretender que todo sigue igual es una irresponsabilidad histórica.
Cuando una minoría decide en las urnas el destino de la mayoría, el sistema pierde su legitimidad moral. Una sociedad donde más de la mitad del país prefiere el silencio y la ausencia no es una sociedad apática: es una sociedad frustrada, desconectada y al borde de la ruptura. Gobernar o hacer oposición sobre la base de un electorado menguante es un espejismo de poder.
El verdadero peligro no es solo el diagnóstico de hoy —la desconfianza profunda y la falta de fe en el voto—, sino a dónde nos lleva este camino mañana: al extremismo, al colapso institucional y a la fractura irrecuperable de la paz social. Ninguna victoria electoral es sólida si se edifica sobre las ruinas de la apatía popular.
No podemos construir un país sostenible si marginamos la fuerza activa de nuestra juventud ni si mantenemos a la diáspora dominicana como una simple fuente de remesas sin voz ni participación real.
Hoy asumo el compromiso y levanto la voz de alerta para decirles que hay otra vía:
Reconciliación real con el ciudadano: Superar la división y el pragmatismo hueco para edificar un proyecto donde la mayoría vuelva a sentirse representada.
Compromisos alcanzables, no promesas vacías: Erradicar definitivamente los males estructurales que sí tienen solución mediante metas claras, medibles y sin demagogia.
Voluntad genuina de cambio: Mostrar con hechos que la política puede ser una herramienta de servicio y no de beneficio corporativo.
Para esta tarea de reencantar a nuestra juventud, de integrar a la diáspora y de devolverle la dignidad a la participación ciudadana, cuentan conmigo. Pero para que esa voz tenga eco, ustedes —oficialismo y oposición— deben demostrar que están a la altura del momento histórico.
Aún estamos a tiempo de evitar el abismo. Reconstruyamos la confianza antes de que el silencio de la mayoría se convierta en una tormenta incontrolable.

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Análisis Noticiosos

La República Dominicana entre las estadísticas y la realidad de la delincuencia en el pais.

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Las cifras oficiales presentan una supuesta tendencia descendente en los homicidios durante 2026, pero los robos, los hechos violentos de alto impacto y el temor ciudadano son el pan de cada día.

Por la redacción

La delincuencia sigue ocupando un espacio central en la conversación pública dominicana, pese a que las estadísticas oficiales hablan de avances en algunos indicadores, especialmente en la reducción de los homicidios, pero los hechos y  la percepción de inseguridad continúa presente en la mayoria de la población.

Al 11 de septiembre de 2026, la Fuerza de Tarea Conjunta reportó una tasa acumulada de 7.41 homicidios por cada 100,000 habitantes, inferior a los registros de 2025, 2024, 2023 y 2022. Además, pero lo que se se observa no parece corresponderse con esas estadisticas.

Ese dato muestra una aparente tendencia favorable en materia de violencia homicida. Sin embargo, por sí solo no permite concluir que la inseguridad haya dejado de ser un problema de primer orden en la preocupacion de la gente.

En el reporte correspondiente al corte del 31 de agosto, las autoridades contabilizaron 4,402 robos, junto con 91 homicidios y 183 personas heridas. Esto evidencia que la criminalidad no puede analizarse únicamente a través de las muertes violentas.

Una cosa es la estadística y otra la experiencia cotidiana

El ciudadano no mide la seguridad solamente por la tasa nacional de homicidios.

La mide cuando sale de su casa, cuando utiliza su teléfono en la calle, cuando deja un vehículo estacionado, cuando abre un negocio o cuando un familiar regresa tarde de trabajar.

Por eso, puede existir una aparente reducción  de algunos delitos y, al mismo tiempo, mantenerse una percepción elevada de inseguridad.

El problema se vuelve aún más visible cuando ocurren hechos violentos de gran repercusión mediática. Casos de homicidios, atracos, ataques dentro de viviendas o enfrentamientos armados generan un impacto social que va más allá de las estadísticas.

En septiembre, por ejemplo, la Policía ha informado sobre varios operativos vinculados a robos, atracos y homicidios, incluyendo casos en Boca Chica y Santo Domingo Norte.

Los robos siguen siendo parte importante del problema

Uno de los puntos que merece mayor atención es el comportamiento de los delitos contra la propiedad.

En apenas una semana, con corte al 4 de septiembre, el reporte policial registró 563 robos.

Aunque ese número necesita ser interpretado dentro del total nacional y comparado con períodos equivalentes, refleja que miles de ciudadanos continúan enfrentándose a situaciones relacionadas con sustracción de bienes, atracos y otros delitos patrimoniales.

Las propias autoridades han informado que, durante el primer semestre de 2026, los robos mostraban una reducción interanual de alrededor de 27 % frente a igual período de 2025.

La conclusión, por tanto, no es que los robos estén aumentando necesariamente, sino que siguen siendo numerosos y visibles, aun dentro de una tendencia oficial de esgrimir una narrativa de reducción del fenómeno..

El reto no es solo detener, sino prevenir

Otro elemento central del debate es la estrategia de seguridad.

La Policía ha intensificado patrullajes, operativos, allanamientos y ejecución de órdenes de arresto. A junio de 2026, las autoridades reportaban más de 1.7 millones de acciones preventivas, 3,220 órdenes de arresto ejecutadas y 845 allanamientos.

Pero una política de seguridad pública sostenible necesita ir más allá de la reacción policial.

Debe incluir prevención comunitaria, inteligencia criminal, control de armas ilegales, investigación de redes delictivas, persecución financiera del crimen organizado y fortalecimiento de la justicia.

También requiere atender factores sociales que, sin ser una causa automática de la delincuencia, pueden crear contextos de mayor vulnerabilidad: abandono escolar, falta de oportunidades laborales, consumo problemático de drogas, violencia familiar y presencia de estructuras criminales en determinados sectores.

La confianza ciudadana es parte de la seguridad

Existe otro desafío menos visible: la confianza en las instituciones.

Cuando una víctima no denuncia porque considera que “no vale la pena”, cuando teme represalias o cuando piensa que el expediente no avanzará, el sistema de seguridad pierde información esencial.

La lucha contra la delincuencia también depende de que el ciudadano confíe en la Policía, el Ministerio Público y los tribunales.

Una investigación bien realizada, un proceso judicial transparente y una sanción conforme al debido proceso pueden tener un efecto preventivo tan importante como el patrullaje.

Una realidad con dos caras

Los datos actuales permiten identificar una realidad compleja.

Por un lado, la tasa de homicidios presenta una tendencia supuestamente descendente: pasó de niveles superiores a 13 por cada 100,000 habitantes en 2022 a alrededor de 7.4 en septiembre de 2026, según las estadísticas oficiales, pero en la práctica no parece ser esa la realidad.

Por otro, los robos, los delitos violentos de alto impacto y la constante difusión de hechos criminales mantienen viva la preocupación social.

La cuestion es que eso explica por qué puede existir una diferencia entre lo que muestran las cifras y lo que siente la gente.

El desafío: que la mejoría estadística llegue a las calles

La verdadera prueba para cualquier política de seguridad no será únicamente reducir una tasa.

Será conseguir que esa reducción se traduzca en una experiencia cotidiana diferente.

Que el comerciante pueda cerrar su negocio con menos temor.

Que una persona pueda caminar por su comunidad sin sentirse permanentemente vulnerable.

Que una familia pueda confiar en que, si ocurre un delito, habrá una investigación seria y una respuesta institucional.

La República Dominicana muestra, de acuerdo a los informes oficiales, supuestos avances  en algunos indicadores, particularmente en homicidios, pero  el desafío de la seguridad ciudadana continúa siendo mucho más amplio: reducir el delito, fortalecer la justicia y lograr que la población también perciba esa mejoría en su vida diaria.

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