Este domingo 27 prácticamente todos los partidos, pequeños y grandes, escogieron sus candidatos a los principales cargos electivos sin que se vislumbre, excepto algunas excepciones, la posibilidad del surgimiento de propuestas electorales que auguren un cambio en el escenario político nacional.
Las elecciones que se aproximan traen consigo el fraccionamiento interno entre los dos grupos que habían simulado por muy bien sus diferencias en el Partido de la Liberación Dominicana (PLD).
Ahora el panorama luce complicado y difícil para predecir que podría ocurrir en el 2020, pero lo que sí se puede asegurar es que ninguna de las corrientes, la de Danilo Medina y la de Leonel Fernández, tengan algo bueno que ofrecerle al pueblo dominicano.
Las dos tendencias se parecen mucho, dado que no se rigen por una ideología, por la ética y por un programa, sino que representan a grupos económicos que desde el Gobierno lo han prostituido todo, llevándose de paro los escrúpulos que prevalecían en el país cuando hizo entrada al territorio nacional el llamado neoliberalismo salvaje.
A partir de ese momento la política se maneja como un mercado cualquiera en el que sólo importa el dinero, no los valores ni las condiciones que pueda tener un candidato y ambas corrientes en estos momentos representan eso, donde convergen personas que han acumulado grandes fortunas que las ponen al servicio de la politiquería.
La pregunta predominante en el entorno nacional es si existe alguna posibilidad de que surja una propuesta sincera y creíble en la República Dominicana, pero lamentablemente la respuesta es no, porque aún aquellos partidos llamados alternativos no representan más que una opción antidemocrática y viciada.
Los pequeños partidos sin bien podría ser que algunos no sean partes de la corruptela que hoy arropa a la sociedad dominicana, los mismos se sustentan en principios y valores antidemocráticos y que en consecuencia no encarnan la aspiración de amplios sectores de la vida nacional que demandan un comportamiento diferente para evitar el colapso total de la nación.
A partir de esa realidad habría que decir que la escogencia de los candidatos a los diferentes cargos electivos concluye sin que sea vea la más mínima posibilidad de que pueda surgir una tercera fuerza electoral que compita verdaderamente para tomar el control del Estado.
Lo peor de todo es que se observa que las dos corrientes que operaban dentro del Partido de la Liberación Dominicana (PLD) mantienen un protagonismo que genera una polarización que hasta el día de los comicios pesará en la decisión del voto en favor de una u otra opción, sobre todo por ambas poseer grandes recursos económicos sacados de las arcas nacionales, lo cual permite que tengan grandes posibilidades de manipular a la población votante.
Sin embargo, la oposición, que se ha nucleado alrededor del Partido Revolucionario Moderno (PRM), parece constituir una opción de una gran importancia para sacar del poder al PLD, sólo que se apoya en un discurso muy frívolo y carente de lo ideológico, lo programático y lo ético, cuyas carencias generan una gran preocupación en la gente, dado que si bien es un instrumento con las condiciones cuantitativas para producir un cambio, lo ciento es que no constituye una garantía cualitativa para encaminar el país por un nuevo rumbo.
De manera, que el proceso electoral prácticamente entra en su recta final, pero con el dominio del escenario de los mismos actores de la desgracia nacional.
Solo falta darle solución a una serie de asuntos que entran en el ámbito de cuestiones legales, como determinar si Leonel puede o no aspirar a la presidencia de la República luego de su participación en las primarias peledeístas, cuyo desenlace impactará decisivamente las elecciones, pero no en lo que respecta a lo fundamental, a lo sustancial, que es en lo que descansa la demanda de la gente más pensante, lo cual quiere decir que se entra en una contienda en la que podría ocurrir cualquier cosa, menos que sea programática, ética e ideológica.