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Azote del transfuguismo, hijo legítimo de la partidocracia, cuyas organizaciones que la conforman son un partido único.
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3 años agoon
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LA REDACCIÓNLa campaña electoral ya está al doblar la esquina, como muy bien dice una expresión popular, pero este acontecimiento que muchos consideran como una fiesta de la democracia, cada día toma un perfil más nauseabundo y desagradable, principalmente para que los que anhelan una sociedad sin tantas falencias y debilidades institucionales.
No hay ley que valga ante una realidad que es tal vez la principal causa de que la democracia haya perdido prácticamente toda su credibilidad, ya que en esta época de campaña electoral a destiempo y peor aun cuando llega el momento que la misma queda formalmente abierta, los miembros de los partidos se venden y se compran como si fueran ganados.
Es en realidad un momento de cosecha de los que no tienen otra razón para entrar al partidarismo que buscar migajas o fortunas sobre la base de cualquier principio moral y ético, porque en este escenario el único lenguaje que se entiende es el del dinero.
El panorama luce poco esperanzador porque los que no piensan de esa manera, que no son pragmáticos, para usar un término del entorno político tradicional, es anticuado, desfasado o cuando menos pendejo, lo cual es un retrato que refleja la realidad del criterio que prevalece en los que proclaman que quieren cambiar el país.
Ahora mismo está de moda que el que es peledeista se convierte en perremedista de la noche a la mañana, naturalmente porque este partido es el que ostenta el poder en los actuales momentos y puede comprar a aquel que busca al mejor postor, pero si fuera lo contrario, es decir, que fueran los morados los que tuvieran en el poder, las crápulas políticas corrieran hacia su interior.
Pero todo ello indica de forma muy clara que el país está ante partidos que todos representan lo mismo, sólo que se proyectan con colores diferentes y sus dirigentes tienen la misma visión de aprovecharse del patrimonio público para comprar grandes yipetas y mansiones y entonces ajustarse a un entorno social donde lo que predomina es la cultura de la apariencia.
En pocas palabras ha llegado la hora de la cosecha, así como cuando un productor coge una buena siembra y lo peor de todo que esas crápulas son las que tienen la facultad de crear las leyes que van a sancionar o penalizar los delitos del transfuguismo y la corrupción en general en sus diferentes variantes.
El pelafustán que ayer era peledeísta, perredeísta, reformista o perremeísta cuando pasa a cualquiera otra organización de las tantas que interactúan en el escenario electoral, sencillamente lo que ha ocurrido es que se ha movido de un color a otro sin que ello implique un cambio de su conducta, lo cual quiere decir que seguirá dispuesto a llevarse todo lo material que se encuentre en su camino.
En estos casos no importa que atollado esté el que se va de un partido a otro, sino que lo más importante es sumar, porque en este tipo de organizaciones políticas lo que importa es lo cuantitativo, no lo cualitativo, es decir, la clave es sumar, aunque sea basura.
En los actuales momentos se repite que cada día el que horas antes era peledeísta, que cosechó por 20 años y cuya mayoría de los dirigentes de esta partido salió con grandes fortunas del Estado, ahora busca repetir la misma historia, pero a través de una organización con sólo un color diferente, pero no de visión en lo que respecta al manejo de los recursos públicos.
Esta agenda común de la partidocracia representa en realidad una desgracia nacional, porque ese comportamiento no augura nada nuevo para contrarrestar los flagelos que hoy prácticamente impiden que los dominicanos logren un estadio de progreso y bienestar.
Cada cuatro años se repite la misma historia y mientras los vividores de la política se llenan los bolsillos sobre la base de la miseria de las grandes mayorías nacionales, los que menos tienen se apoyan en la bandera de los partidos para a través del clientelismo buscar dotarse de un techo donde vivir y de generar el pan de cada día.
El drama generado por la partidocracia se agiganta y los más pobres continúan con su apuesta de promover a su propio verdugo y en el proceso si algo avanza es su destruida dentadura o el desgaste de su zapato porque la mayor parte, por no decir todas, de sus promesas nunca se cumplen y en ese contexto sólo son beneficiados los que son parte de una complicidad que no hay forma de dejarlo fuera.
De lo que sí todo el mundo puede estar seguro es que los que provienen del bajo mundo tienen su participación garantizada y con un rol de primer orden en el pantano donde sobreviven los que tienen mayor descaro y menos escrúpulos.
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Posición de R.D. sobre Venezuela es acomodamiento a su condición de sometida a nuevos requerimientos de Trump.
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1 día agoon
enero 8, 2026
Lo planteado por el Gobierno de Luis Abinader de que no comparte la elección de Delcy Rodríguez como presidenta transitoria de Venezuela tras el apresamiento de Nicolás Maduro, revela que República Dominicana quiere incluso superar lo impuesto por Estados Unidos, pero siempre ajustada a los intereses de la potencia del norte.
La realidad es que la pregunta que se impone es y hasta dónde y quién ha dicho que el país tiene la facultad de objetar a una mandataria provisional escogida por el órgano competente y supuestamente sugerida por la Agencia Central de Inteligencia (CIA), aunque el restablecimiento de relaciones comerciales y diplomáticas conlleve algunos requerimientos democráticos.
Sin embargo, la posición dominicana implica la violación del derecho internacional, entre los que se encuentran el de soberanía y autodeterminación de los pueblos, así como la Carta de la ONU.
Evidentemente que el ingrediente introducido por el Gobierno dominicano resulta gracioso para los intereses foráneos que convergen en Venezuela, máxime los que están asociados a los Estados Unidos.
La contradicción dominicana con lo planteado en la Organización de Estados Americanos (OEA) y su práctica en política exterior, ya que el presente Gobierno siempre se inclina por la intromisión en los asuntos internos de otros países, no deja la naci0n buen parada en la comunidad internacional.
Resulta poco entendible que la República Dominicana no haya apoyado abiertamente la incursión ilegal de Estados Unidos en Venezuela, pero que preste su territorio para el apoyo logístico de la acción.
Es una especie de doble moral, pese a que en su lugar debió mantener una posición aparentemente neutral, aunque de cualquiera manera ya estaba involucrada en una intervención armada que viola los principios fundamentales del derecho internacional
De lo que no queda ninguna duda es que el crédito internacional en política exterior del país ha quedado seriamente comprometido con una causa de la que ha sido una víctima en una diversidad de ocasiones como en el 1916 y el 1965.
La verdad que pretender una conducta diferente de la nación frente a la irracionalidad de Trump sería mucho pedir, sobre todo cuando otros países pertenecientes a la Unión Europea y otras superpotencias como Rusia y China también son tolerantes con la agresividad e intromisión del principal imperio del mundo.
No obstante, desde cualquier perspectiva que sea vea el asunto la conclusión no puede ser otra que en la situación pesa más el miedo que la vergüenza y la dignidad del pueblo dominicano.
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La República Dominicana inhabilitada en política exterior en el nuevo escenario imperial de Trump
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3 días agoon
enero 6, 2026
La República Dominicana con una ocupación militar parcial de Estados Unidos, se proyecta como una presa sin libertad para expresarse libremente en política exterior.
La ocupación militar, aunque sólo se observa en el Aeropuerto Internacional de las Américas, abarca otros entornos que no son necesariamente visibles.
Pero la agresividad o poco disimulada intervención, deja el país y de igual modo a prácticamente toda Latinoamérica, a merced del capricho y la voluntad de los intereses de la nueva cara del imperio.
La República Dominicana ni por asomo se atreve a pronunciarse libremente sobre política exterior sin que esté a tono con la linea trazada o impuesto por la administración Trump.
La pregunta que subyace es si ese nuevo cuadro no implica también un trastorno del régimen legal, porque se podría estar en un escenario en el que los derechos fundamentales pasen a un segundo plano en el que el Estado Social Democrático de Derecho sea una expresión vacía y sin sentido.
Por razones geopolíticas y factores muy particulares, el país se asoma a un resquebrajamiento del proceso de constitucionalización del derecho a nivel interno y retroceder la nación a épocas ya superadas.
La pregunta que se impone es si prevalecerá en el mundo el pregonado derecho internacional cuando las instituciones que lo enarbolan pierden autoridad moral frente a las violaciones provenientes de potencias como los Estados Unidos que ya ni siquiera guarda las apariencias
El problema, que tiene una dimensión mundial, pero impacta más severamente a los países del tercer mundo y que propicia la posibilidad del surgimiento de regímenes de fuerza, aunque con simulaciones democráticas.
La preocupación tiene que ver con el hecho de graves violaciones del derecho internacional en una época en que éste forma parte consustancial del derecho interno y entonces qué se puede esperar como resultado.
El retroceso de la línea trazada por Donald Trump representa una amenaza mundial contra los logros del derecho contemporáneo, no sólo en favor de las personas físicas, sino también de los Estados más pequeños y débiles.
Hay precedentes en esta materia cuando predominaba en el mundo el llamado constitucionalismo clásico, que dio paso a dictaduras como las Adolfo Hitler en Alemania y la de Benito Mussoline en Italia, cuyos resultados fueron realmente catastróficos para la humanidad.
La interrogante que permanece en el nuevo panorama mundial es si va a pesar más el miedo que la vergüenza y la dignidad de los pueblos del mundo.
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Donald Trump cumple su sueño de ser dictador aunque sea por un día.
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6 días agoon
enero 3, 2026Por Elba García
El presidente de Estados Unidos, Donald Trump, cumple su sueño de ser dictador hemisférico, aunque sea por un día.
La vocación dictatorial de Trump se ha expresado con mayor contundencia tras la entrada ilegal en territorio venezolano y apresar al jefe de Estado de ese país Nicolás Maduro y su esposa Cilia Flores.
Tras este acontecimiento en momentos que se habla de la época del derecho constitucional, el cual incluye el derecho internacional, Trump ha anunciado su pretensión de convertir a Venezuela en una nueva colonia del imperio norteamericano.
El gobernante de los Estados Unidos ha adelantado que busca manejar la riqueza petrolera de Venezuela, una de las principales del mundo.
Pero la violación de Trump llega todavía más lejos al advertir a los demás países latinoamericanos a verse en el espejo de Venezuela.
Tromp hizo una alusión directa contra el presidente de Colombia, Gustavo Petro, quien dice podría correr la misma suerte de Maduro.
Anteriormente lo hizo con Brasil a propósito de la condena por conspiración del expresidente Bolsonoro.
Pero de igual modo se ha comportado con Honduras, donde en sus recientes elecciones presidenciales auspició uno de los candidatos y presionó con advertencias de actuar duramente contra los que estén en contra de sus designios.
Al fin impuso su voluntad, sin que haya reacción fuerte de rechazo a la vocación imperial del presidente de Estados Unidos.
No sé entiende por qué los países latinoamericanos no se unen en un bloque para rechazar la política de dominación y dictatorial de Donald Trump.
Incluso en el rechazo a la violación del derecho internacional por parte de los Estados Unidos pueden incluirse los países de la Unión Europea, que son permanentemente asediados y amenazados de imponerles aranceles y otros castigos como parte de la vocación dictatorial del mandatario norteamericano.
El chantaje de los Estados Unidos incluye también el otorgamiento de visados para ingresar al territorio de la potencia del norte.
La conducta de Trump es como si su administración haya borrado del mapa la supuesta clase gobernante que existe allí.
El problema se torna tan grave que la violación de derechos no solo se produce en Estados Unidos, sino en todo el mundo que parece haber retornado el derecho constitucional clásico, que fue sustituido por el derecho constitucional moderno en que los Estados grandes aplastan a los pequeños.
La época Trump prácticamente ha borrado el legado establecido por Estados Unidos a través del derecho constitucional difuso y sobre el equilibrio de los poderes.
Lo sorprendente de la era Tromp es que hasta la Suprema Corte de Justicia de los Estados Unidos luce sometida a una cierta tolerancia del jefe de Estado de la potencia del norte.
Si la mayoría de los países no reaccionan a la política represiva y de dominación de Trump difícilmente pueda sobrevivir el sistema democrático, lo que puede crear serias tensiones y confrontaciones sociales y políticas en todo el planeta.
