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Análisis Noticiosos

Shalom, Shalom (1/2)

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Por Miguel Guerrero

Israel, contrario a lo que se vende, no es el resultado de una imposición imperialista en el Medio Oriente. Más bien nació y creció contra la voluntad de los grandes intereses petroleros de Estados Unidos y otras potencias coloniales. Inglaterra era entonces el gran poder colonial en el Levante. La Unión Soviética defendió el derecho de los judíos de formar una nación y vivir en paz dentro de fronteras seguras, porque  entendía que la creación de un Estado sionista constituiría un factor de deterioro de la influencia británica en la región, pues ya los judíos habían combatido el poder colonial de Londres. Estaba además la desconfianza que los señores feudales y jeques petroleros árabes infundían en el mundo comunista.

Las naciones árabes, especialmente Egipto y Siria, habían colaborado estrechamente con la Alemania nazi. Stalin y otros líderes de la Europa oriental, que apenas comenzaba emerger de las ruinas de la guerra, tenían fresca en su memoria el hecho de que comandos musulmanes habían luchado dentro del ejército alemán en el Este de Europa.

Los largos meses del juicio de Nuremberg habían sacado a relucir las atrocidades que muchos de esos comandos habían cometido en los campos de exterminio de la locura hitleriana.  Está hartamente comprobado que la máxima autoridad islamista de la región, el gran Mufti de Jerusalén, que encabezaba la oposición árabe en Palestina a la formación de un Estado judío como lo había aprobado las Naciones Unidas en su histórica resolución de noviembre de 1947, había encontrado refugio en el Berlín nazi, burlando la justicia británica. Desde las emisoras nazis, el líder religioso árabe exhortaba al mundo islámico a la rebelión contra los aliados. Sus llamamientos habían encontrado buena acogida en Irak,Siria y Egipto, donde Hitler halló complacientes colaboradores y focos de resistencia contra Inglaterra.

Como decíamos en la entrega de ayer, las grandes compañías petroleras del Reino Unido, Estados Unidos, Holanda y otras naciones industrializadas, no respaldaron la creación del Estado judío. Por el contrario, se  le opusieron fervientemente. Los gigantes consorcios petroleros, bien asentados en Arabia Saudita, Libia y los Emiratos Arabes, abrigaban temores de que la materialización del sueño sionista promoviera sentimientos nacionalistas en el vasto mundo islámico que a la postre afectaría sus intereses y fabulosas ganancias.

Con la complacencia de ambiciosos y corruptos jequezuelos, las compañías petroleras habían logrado excelentes condiciones en contratos de explotación de crudo en casi todas las naciones árabes y la terquedad de los judíos de convertirse en una nación soberana amenazaba entonces su posición en el Medio Oriente.

Existen infinidad de documentos, libros, memorandos y otros testimonios que prueban la conspiración de los grandes consorcios y compañías petroleras para frustrar la partición de Palestina y la creación allí de dos estados independientes, el que se ha convertido en el moderno Israel y el que hubiera podido ser un estado árabe palestino, tal y como establecía la resolución de Naciones Unidas.

Cuando desde cinco naciones árabes hordas de fanáticos musulmanes se volcaron sobre Israel, al día siguiente de la partida del último soldado británico el 14 de mayo de 1948, tras la declaración de independencia que marcó el resurgimiento de la nación judía, estaban entre ellos las bien adiestradas tropas de la Legión Arabe, financiadas, apertrechadas y dirigidas por ingleses, por órdenes de la Corona. El que todavía los palestinos luchen por el derecho que le asiste de tener también un estado propio, significa que el radicalismo fundamentalista islámico le ha negado a ese pueblo 64 años de paz e independencia.

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Análisis Noticiosos

Abinader, defensor o violador de la Constitución.

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Por José Cabral

El presidente Luis Abinader estuvo en estos días en Praga en el Forum 2000, donde pronunció un discurso que no tiene nada que ver con la realidad nacional.

Habló, entre otras cosas, de la supuesta fortaleza de la democracia dominicana, cuya narrativa sólo se la cree él mismo, el PRM y los funcionarios de su gobierno.

Cualquiera se queda estupefacto, porque el presidente ha vendido la idea allí de que él ha sido el protagonista de la prohibición de la reelección presidencial, pese a que cuando el mandatario llegó al puesto la misma ya estaba consignada en la carta magna.

Pero eso no fue lo peor de Abinader, sino que ha querido dejar sentado en la comunidad internacional que él es un defensor y protector de la Constitución cuando su práctica ha sido todo lo contrario.

Han sido incontables los decretos promulgados por el presidente en franca violación de leyes orgánicas y de la jurisprudencia constitucional en violación de la Constitución de la República.

Cualquiera podría preguntarse si esas travesuras de Abinader es porque tiene la vocación de violar la ley y la Constitución o sencillamente se trata de un problema de ignorancia.

Cualquiera que sea la causa habla muy mal de un hombre que ha ido al Palacio Nacional ha reproducir todos los vicios de que adolecen los partidos políticos, incluido el suyo, el Revolucionario Moderno.

Nunca pensé que Abinader tuviera tanta capacidad para mentir o para distorsionar la realidad que sufre la democracia dominicana.

Independientemente de que el presidente luce como una persona bonachona, pero el pueblo dominicano está frente a un político en el que no se puede saber con exactitud si es más mentiroso que inepto.

Aunque estos defectos nadie puede negar que lo caracterizan, cuyo peso de esa distorsión lo llevará, en algún momento, a entrar en conflicto con conciencia.

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Análisis Noticiosos

El mensaje equivocado de la elección presidencial en Latinoamérica.

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Por José Cabral

La elección presidencial en los países latinoamericanos envía un mensaje preocupante, el cual consiste en que mientras más vínculos con el bajo mundo se tenga, mayores son las posibilidades de salir triunfante.

Este meta mensaje lo hemos vivido en Colombia, Honduras, Perú, Panamá y ahora en Brasil, lo cual quiere decir que para ser un buen candidato presidencial hay que tener vínculos con el bajo mundo, porque parece que la conducta ética no es apreciada por el votante latinoamericano.

Flavio Bonsonaro es buen ejemplo de la tendencia en este sentido, quien en las elecciones celebradas este domingo 4 de octubre en Brasil ha logrado quedar en primer lugar con una votación que llega casi al 50 por ciento.

Sin embargo, será el próximo 25 del presente mes cuando se celebre la segunda vuelta de los referidos comicios, en los que una serie de pequeños partidos han obtenido algo más del siete por ciento de la votación general, lo que de alguna manera representa lo que podría darle el triunfo a Bolsonaro, un hombre de derecha e imputado de una serie de irregularidades,

En Brasil se ha repetido la misma historia de otros lugares de Latinoamérica, donde el apoyo de Donald Trump a gente vinculada al bajo mundo logran imponerse en las elecciones presidenciales.

Este cuadro plantea si lo que ocurre en Latinoamérica significa que la lucha en contra del crimen transnacional carece de sinceridad y que se valora más al que anda en ese mundo que al hombre serio.

Son muchos los discursos en contra del crimen transnacional, pero todo parece indicar que esa narrativa no luce que sea sincera.

En consecuencia, me parece que el real mensaje que se envía es que meterse al lavado de activo y negocios ilícitos es la mejor vía para hacer política.

El triunfo de Bolsonaro y de otros elegidos en Latinoamérica no deja dudas de que el bajo mundo ha ganado la batalla e incluso entre los que dicen combatirlo.

Parece que no tiene sentido escoger el camino de la ética en la política, porque si bien hay quienes dicen combatir el problema del no respeto de la ley, pero en la práctica hacen todo lo contrario y el votante al final de la jornada también se inclina por esta tendencia.

Todo anda al revés de como lo plantea gente que busca cambios profundos en los países latinoamericanos, donde la ética parece importar muy poco.

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Análisis Noticiosos

CARTA ABIERTA A LA CLASE POLÍTICA DOMINICANA

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Por Nelson Valdez
Les hablo desde la responsabilidad ciudadana, no desde la trinchera partidaria. Les hablo porque la democracia dominicana atraviesa un umbral peligroso y pretender que todo sigue igual es una irresponsabilidad histórica.
Cuando una minoría decide en las urnas el destino de la mayoría, el sistema pierde su legitimidad moral. Una sociedad donde más de la mitad del país prefiere el silencio y la ausencia no es una sociedad apática: es una sociedad frustrada, desconectada y al borde de la ruptura. Gobernar o hacer oposición sobre la base de un electorado menguante es un espejismo de poder.
El verdadero peligro no es solo el diagnóstico de hoy —la desconfianza profunda y la falta de fe en el voto—, sino a dónde nos lleva este camino mañana: al extremismo, al colapso institucional y a la fractura irrecuperable de la paz social. Ninguna victoria electoral es sólida si se edifica sobre las ruinas de la apatía popular.
No podemos construir un país sostenible si marginamos la fuerza activa de nuestra juventud ni si mantenemos a la diáspora dominicana como una simple fuente de remesas sin voz ni participación real.
Hoy asumo el compromiso y levanto la voz de alerta para decirles que hay otra vía:
Reconciliación real con el ciudadano: Superar la división y el pragmatismo hueco para edificar un proyecto donde la mayoría vuelva a sentirse representada.
Compromisos alcanzables, no promesas vacías: Erradicar definitivamente los males estructurales que sí tienen solución mediante metas claras, medibles y sin demagogia.
Voluntad genuina de cambio: Mostrar con hechos que la política puede ser una herramienta de servicio y no de beneficio corporativo.
Para esta tarea de reencantar a nuestra juventud, de integrar a la diáspora y de devolverle la dignidad a la participación ciudadana, cuentan conmigo. Pero para que esa voz tenga eco, ustedes —oficialismo y oposición— deben demostrar que están a la altura del momento histórico.
Aún estamos a tiempo de evitar el abismo. Reconstruyamos la confianza antes de que el silencio de la mayoría se convierta en una tormenta incontrolable.

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