Análisis Noticiosos
Si ahorcasen a todos los violadores
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14 años agoon
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LA REDACCIÓNPor Nazanín Armanian
El Gobierno indio, siguiendo la voluntad temeraria de sus conmocionados ciudadanos, aplicará la pena de muerte a los cinco acusados de violar y asesinar a la joven Amanat. ¿Cuántos hombres serían ejecutados si este castigo se llevase a cabo en todo el mundo contra los que han agredido sexualmente a niñas, niños y mujeres?
Sólo una hipótesis escalofriante pero reveladora de nuestro sórdido mundo: serían las decenas de millones de hombres que tienen en sus lechos a niñas–esposas de edades entre 6 o 12 años como esclavas sexuales, además de los pederastas que hacen lo mismo, pero fuera de la ley; casi la mitad [siendo optimista] de todos los hombres del planeta que, en calidad de maridos, agreden a sus mujeres reclamándoles el “débito matrimonial”; los millones de cuidadores, vigilantes de los campos de refugiados, celadores de residencias de ancianos, discapacitados físicos y psíquicos, sacerdotes, padres, hermanos, tíos y abuelos que han convertido en terror la vida de no se sabe cuántos millones de niños y niñas o los soldados y los civiles que han torturado sexualmente a miles de mujeres como “botín de la guerra” [expresión utilizada también por los libros sagrados de las religiones abrahámicas] en Afganistán, Congo, Somalia, Sudan, Libia, Yugoslavia o Irak.
Así fue la masacre de Mahmudiyah, en 2006, en la que varios marines violaron a una niña de 11 años, la mataron junto a su familia e incendiaron la casa simulando un ataque insurgente. Los militares misóginos no distinguen entre mujeres “del enemigo” y “compañeras soldados”. Lavena Jonson es una de los cientos de mujeres violadas dentro del ejército de EEUU. Tras ser agredida por varios colegas, fue mutilada y asesinada en Irak en 2005.
Toda los casos narrados previamente formarían parte de los violadores “no convencionales”, una categoría en la que entrarían, por ejemplo, los delincuentes sexuales convertidos en mandatarios en Ciudad Juárez.
Ejecutar o castrar a los violadores, además de ser inhumano y bárbaro, es una cortina de humo que utilizan las autoridades para cubrir su misoginia, su incompetencia política y su voluntad de ocultar su responsabilidad. Sancionan a los chivos expiatorios y desligan este tipo de barbaries de la estructura social, económica, política y religiosa del país. Tampoco acertó en su método Phoolan Devi, la Reina Bandida, quien en la década de los noventa, tras ser violada en varias ocasiones por grupos de hombres, creó bandas organizadas de mujeres agredidas para eliminar a los depredadores sexuales. Mataron a una veintena de jóvenes, todos de castas superiores. Tras 11 años en prisión –sin ser juzgada–, la heroína de los pobres y los discriminados, fue elegida diputada. En 2001 fue asesinada a balazos por defensores de la supremacía masculina, esos que consideran a la mujer un ser creado para satisfacer las necesidades de los hijos varones de Adán.
En este país capitalista, hundido en la miseria y en injusticias de todo índole, apodado absurdamente “la mayor democracia del mundo”, con casi la mitad de la población analfabeta, cada seis horas una joven es quemada viva, golpeada hasta la muerte u obligada a quitarse la vida. Aquí, ser niña es peligroso incluso cuando se está en el vientre de la madre. Cada día se producen 2.000 abortos de fetos de sexo femenino y un numero parecido de niñas nacidad son asesinadas, no sólo por parte de padres incultos y desalmados, sino también por médicos cultos que actúan con el beneplácito de las autoridades del país. Uno de los principales motivos del feticidio e infanticidio femenino en la India es la costosa dote que los padres deben entregar al futuro marido de sus hijas. Progenitores que, en vez de eliminar la dote, eliminan a la niña. La estupidez humana, sin duda, no tiene límite.
Los políticos, preocupados por el desequilibrio poblacional en cuanto al género –sólo hay 866 niñas por cada 1.000 niños– quieren que haya muchas mujeres, aunque tengan un estatus infrahumano. Muchos de los hombres honorables que se manifestaban a favor del castigo capital para los violadores de Amanat lo hicieron porque consideran el cuerpo de sus mujeres el habitáculo de su propio honor. Una agresión muestra, por tanto, falta de hombría y capacidad para proteger su honra y su propiedad. Poco o nada importa lo que sufren las Amanat.
El crimen sexual es la forma más extrema de una mirada mercantilista y patriarcal que cosifica a la mujer y desprecia sus capacidades. Otro ejemplo es la observación que hizo un contertulio de televisión en España sobre la forense que cometió un error en su diagnóstico sobre los restos de los niños desaparecidos en Córdoba: ¡Qué vaya a trabajar en una mercería!, dijo. Ninguno de los componentes de la mesa de “análisis”, esos todólogos, reaccionó. Tampoco la presentadora.
Además de leyes que garanticen la seguridad de las mujeres y los menores y de prohibir tradiciones que les humillan y matan, es necesario poner en marcha planes integrales que incluyan programas educativos para toda la población encaminados a crear un cambio de mentalidad. La India emerge. Sus nuevos mil millonarios se siguen forrando gracias al obsceno subdesarrollo de un país con bomba atómica [ilegal] y uno de los principales almacenes de armas del mundo. Mientras, sus mujeres y hombres, se bañan junto a los cadáveres en las sagradas y turbias aguas del Ganges.
Análisis Noticiosos
El mensaje equivocado de la elección presidencial en Latinoamérica.
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1 semana agoon
octubre 5, 2026Por José Cabral
La elección presidencial en los países latinoamericanos envía un mensaje preocupante, el cual consiste en que mientras más vínculos con el bajo mundo se tenga, mayores son las posibilidades de salir triunfante.
Este meta mensaje lo hemos vivido en Colombia, Honduras, Perú, Panamá y ahora en Brasil, lo cual quiere decir que para ser un buen candidato presidencial hay que tener vínculos con el bajo mundo, porque parece que la conducta ética no es apreciada por el votante latinoamericano.
Flavio Bonsonaro es buen ejemplo de la tendencia en este sentido, quien en las elecciones celebradas este domingo 4 de octubre en Brasil ha logrado quedar en primer lugar con una votación que llega casi al 50 por ciento.
Sin embargo, será el próximo 25 del presente mes cuando se celebre la segunda vuelta de los referidos comicios, en los que una serie de pequeños partidos han obtenido algo más del siete por ciento de la votación general, lo que de alguna manera representa lo que podría darle el triunfo a Bolsonaro, un hombre de derecha e imputado de una serie de irregularidades,
En Brasil se ha repetido la misma historia de otros lugares de Latinoamérica, donde el apoyo de Donald Trump a gente vinculada al bajo mundo logran imponerse en las elecciones presidenciales.
Este cuadro plantea si lo que ocurre en Latinoamérica significa que la lucha en contra del crimen transnacional carece de sinceridad y que se valora más al que anda en ese mundo que al hombre serio.
Son muchos los discursos en contra del crimen transnacional, pero todo parece indicar que esa narrativa no luce que sea sincera.
En consecuencia, me parece que el real mensaje que se envía es que meterse al lavado de activo y negocios ilícitos es la mejor vía para hacer política.
El triunfo de Bolsonaro y de otros elegidos en Latinoamérica no deja dudas de que el bajo mundo ha ganado la batalla e incluso entre los que dicen combatirlo.
Parece que no tiene sentido escoger el camino de la ética en la política, porque si bien hay quienes dicen combatir el problema del no respeto de la ley, pero en la práctica hacen todo lo contrario y el votante al final de la jornada también se inclina por esta tendencia.
Todo anda al revés de como lo plantea gente que busca cambios profundos en los países latinoamericanos, donde la ética parece importar muy poco.
Análisis Noticiosos
CARTA ABIERTA A LA CLASE POLÍTICA DOMINICANA
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2 semanas agoon
septiembre 27, 2026
Les hablo desde la responsabilidad ciudadana, no desde la trinchera partidaria. Les hablo porque la democracia dominicana atraviesa un umbral peligroso y pretender que todo sigue igual es una irresponsabilidad histórica.Análisis Noticiosos
La República Dominicana entre las estadísticas y la realidad de la delincuencia en el pais.
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3 semanas agoon
septiembre 23, 2026Las cifras oficiales presentan una supuesta tendencia descendente en los homicidios durante 2026, pero los robos, los hechos violentos de alto impacto y el temor ciudadano son el pan de cada día.
Por la redacción
La delincuencia sigue ocupando un espacio central en la conversación pública dominicana, pese a que las estadísticas oficiales hablan de avances en algunos indicadores, especialmente en la reducción de los homicidios, pero los hechos y la percepción de inseguridad continúa presente en la mayoria de la población.
Al 11 de septiembre de 2026, la Fuerza de Tarea Conjunta reportó una tasa acumulada de 7.41 homicidios por cada 100,000 habitantes, inferior a los registros de 2025, 2024, 2023 y 2022. Además, pero lo que se se observa no parece corresponderse con esas estadisticas.
Ese dato muestra una aparente tendencia favorable en materia de violencia homicida. Sin embargo, por sí solo no permite concluir que la inseguridad haya dejado de ser un problema de primer orden en la preocupacion de la gente.
En el reporte correspondiente al corte del 31 de agosto, las autoridades contabilizaron 4,402 robos, junto con 91 homicidios y 183 personas heridas. Esto evidencia que la criminalidad no puede analizarse únicamente a través de las muertes violentas.
Una cosa es la estadística y otra la experiencia cotidiana
El ciudadano no mide la seguridad solamente por la tasa nacional de homicidios.
La mide cuando sale de su casa, cuando utiliza su teléfono en la calle, cuando deja un vehículo estacionado, cuando abre un negocio o cuando un familiar regresa tarde de trabajar.
Por eso, puede existir una aparente reducción de algunos delitos y, al mismo tiempo, mantenerse una percepción elevada de inseguridad.
El problema se vuelve aún más visible cuando ocurren hechos violentos de gran repercusión mediática. Casos de homicidios, atracos, ataques dentro de viviendas o enfrentamientos armados generan un impacto social que va más allá de las estadísticas.
En septiembre, por ejemplo, la Policía ha informado sobre varios operativos vinculados a robos, atracos y homicidios, incluyendo casos en Boca Chica y Santo Domingo Norte.
Los robos siguen siendo parte importante del problema
Uno de los puntos que merece mayor atención es el comportamiento de los delitos contra la propiedad.
En apenas una semana, con corte al 4 de septiembre, el reporte policial registró 563 robos.
Aunque ese número necesita ser interpretado dentro del total nacional y comparado con períodos equivalentes, refleja que miles de ciudadanos continúan enfrentándose a situaciones relacionadas con sustracción de bienes, atracos y otros delitos patrimoniales.
Las propias autoridades han informado que, durante el primer semestre de 2026, los robos mostraban una reducción interanual de alrededor de 27 % frente a igual período de 2025.
La conclusión, por tanto, no es que los robos estén aumentando necesariamente, sino que siguen siendo numerosos y visibles, aun dentro de una tendencia oficial de esgrimir una narrativa de reducción del fenómeno..
El reto no es solo detener, sino prevenir
Otro elemento central del debate es la estrategia de seguridad.
La Policía ha intensificado patrullajes, operativos, allanamientos y ejecución de órdenes de arresto. A junio de 2026, las autoridades reportaban más de 1.7 millones de acciones preventivas, 3,220 órdenes de arresto ejecutadas y 845 allanamientos.
Pero una política de seguridad pública sostenible necesita ir más allá de la reacción policial.
Debe incluir prevención comunitaria, inteligencia criminal, control de armas ilegales, investigación de redes delictivas, persecución financiera del crimen organizado y fortalecimiento de la justicia.
También requiere atender factores sociales que, sin ser una causa automática de la delincuencia, pueden crear contextos de mayor vulnerabilidad: abandono escolar, falta de oportunidades laborales, consumo problemático de drogas, violencia familiar y presencia de estructuras criminales en determinados sectores.
La confianza ciudadana es parte de la seguridad
Existe otro desafío menos visible: la confianza en las instituciones.
Cuando una víctima no denuncia porque considera que “no vale la pena”, cuando teme represalias o cuando piensa que el expediente no avanzará, el sistema de seguridad pierde información esencial.
La lucha contra la delincuencia también depende de que el ciudadano confíe en la Policía, el Ministerio Público y los tribunales.
Una investigación bien realizada, un proceso judicial transparente y una sanción conforme al debido proceso pueden tener un efecto preventivo tan importante como el patrullaje.
Una realidad con dos caras
Los datos actuales permiten identificar una realidad compleja.
Por un lado, la tasa de homicidios presenta una tendencia supuestamente descendente: pasó de niveles superiores a 13 por cada 100,000 habitantes en 2022 a alrededor de 7.4 en septiembre de 2026, según las estadísticas oficiales, pero en la práctica no parece ser esa la realidad.
Por otro, los robos, los delitos violentos de alto impacto y la constante difusión de hechos criminales mantienen viva la preocupación social.
La cuestion es que eso explica por qué puede existir una diferencia entre lo que muestran las cifras y lo que siente la gente.
El desafío: que la mejoría estadística llegue a las calles
La verdadera prueba para cualquier política de seguridad no será únicamente reducir una tasa.
Será conseguir que esa reducción se traduzca en una experiencia cotidiana diferente.
Que el comerciante pueda cerrar su negocio con menos temor.
Que una persona pueda caminar por su comunidad sin sentirse permanentemente vulnerable.
Que una familia pueda confiar en que, si ocurre un delito, habrá una investigación seria y una respuesta institucional.
La República Dominicana muestra, de acuerdo a los informes oficiales, supuestos avances en algunos indicadores, particularmente en homicidios, pero el desafío de la seguridad ciudadana continúa siendo mucho más amplio: reducir el delito, fortalecer la justicia y lograr que la población también perciba esa mejoría en su vida diaria.
