Opinión
Sin Ánimo de Criticar a Nadie
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14 años agoon
Me parece muy bien que el excelentísimo señor presidente de la república, doctor Leonel Fernández y Reyna, haya tomado la iniciativa de pensionar a 57 personas del mundo del arte y de la cultura nacional, la misma ha sido una gran decisión del primer mandatario de la nación, pero más inteligente hubiese sido si en vez de pensionar a personas que nunca han aportado un solo centavo a la caja de pensiones, con esa misma diligencia con que lo hizo, debió haber pensionado a los trabajadores cañeros, que claman por sus derechos, algunos de ellos con más de 49 años al servicio de la industria azucarera, el cual se hace más que suficiente para ser merecedores.
Leonel Fernández, actúa con mucha ligereza cuando se trata de hacerse el gracioso en busca de adeptos y alabadores de su política errada, sin embargo no actúa con justeza a la hora de que se deben tomar muy en cuenta a los sectores más necesitados de la sociedad nacional, pues los trabajadores cañeros ya están aniquilados por la edad y enfermos por el trabajo pesado que realizaron durante décadas de labores, hoy al parecer no tienen o mejor decir se le niegan los derechos de continuar con una vida digna.
No quiero ser la respondona de la nación ni la persona que todo lo critica, pero me rompe el alma cuando veo que estas gente que han dejado lo más importante de sus vidas como los son la juventud, la salud y muchos de ellos hasta su patria para servirle en cierto sentido al gobierno dominicano, aunque muchos de los ingenios azucareros pertenezcan al sector privado, pero sus cotizaciones se han hecho atreves de la caja de pensiones del Estado Dominicano y eso es lo que vale.
Gran parte de los trabajadores cañeros son de nacionalidad o descendencia haitiana, ya que son pocos los dominicanos que se dedican a esas labores dado el caso de lo difícil que es y además con pocas remuneraciones económicas, eso no lo podrá regatear ningún ser humano por más ciego que éste sea.
La muerte a destiempo de la gran luchadora Doña Sonia Pierre, dejó un gran vacío entre la clase trabajadora de descendencia haitiana, pues ella fue una gran mujer que supo defender los intereses de su gente, inclusive a nivel internacional porque sabía que estos eran explotados en un país que dicen llamarte consiste en un Estado de Derecho, cuando en realidad lo que hacen es violarle los derechos inescrupulosamente a los trabajadores cañeros en todo el país.
Sé que Leonel Fernández y Reyna, aún se encuentra cimentado su plataforma política del futuro, ¿pero porqué abusar de la clase más marginada del país?
Entiendo que para mucha gente, aquellas que gracias a Dios y a la suerte se han encumbrados en la Alta Sociedad, la clase pobre no vale nada y le da igual si mal viven o se mueren porque en definitiva “tú no perteneces a nuestro nivel”.
Es por ello y como buena cristiana que soy, espero en Dios y el día que tenga que pensionarse al igual a toso sus funcionarios, estas les sean negadas o mejor dicho los pongan en la misma situación que como ellos han puestos a los trabajadores cañeros y a otros que también han laborados toda una vida, pero que por razones quizás ideológicas o quien sabe porqué están condenados a morir en la indigencia.
Sabemos de la existencia de una gran crisis económica internacional, aunque según los que dirigen los asuntos financieros dominicanos, mientras las grandes potencias tienen problemas de liquidez, República Dominicana se encuentra en la bonanza.
Europa pasa actualmente por situaciones difíciles lo que ha motivado que muchos dominicanos retornen al país, quienes también no han sido ajenos a los abusos de algunos Estados, pues estos regresan con las manos vacías, luego de perder sus puestos de trabajos para ganarse el sustento familiar, pero tampoco han recibido alguna ayuda de los gobiernos y mucho menos sus prestaciones laborales para con ellas allí comenzar a erigir una nueva vida en su tierra natal.
En España por ejemplo se están obligando a los extranjeros que se quedan sin trabajos laborales a que retornen a sus respectivos países de origen porque entienden que estos se convierten sólo en una carga para la seguridad social nacional, olvidando con ello a que una gran mayoría llevan toda una vida aportando sus esfuerzos y conocimientos al bienestar y al desarrollo nacional, hoy solo se encuentran parados en un limbo económico.
Esperamos que con la entrada del nuevo gobierno de Danilo Medina, este desarrolle algún programa de incentivo económico o laboral para todo aquel que con motivo de la precariedad internacional haya tenido que regresar a la República Dominicana y así puedan continuar con una vida digna como lo merecen todos los seres humanos.
Se está acercando la hora de la salida de Leonel Fernández y Reyna del poder, pero sabemos que Danilo Medina, va hacer lo que nunca se hizo y a corregir lo que está mal porque fueron sus promesas. Va a resolver el problema de los trabajadores cañeros y a clarificar el asunto de la inmigración haitiana y así no habrá ninguna necesidad en la República Dominicana de que resurja una segunda Sonia Pierre para la defender los derechos humanos de su gente, porque él va a continuar lo que está bien hecho para que nadie tenga que criticarle ni encararle asuntos prioritarios que deben ser tomado en cuenta en cualquieras de los gobiernos, sin importar cual partido político se encuentre el poder.
Opinión
Un Estado puede ganar un enfrentamiento y, al mismo tiempo, estar perdiendo la batalla contra el crimen.
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2 horas agoon
octubre 8, 2026Por Isaías Ramos
En las últimas semanas, decenas de personas han muerto durante actuaciones policiales calificadas como “intercambios de disparos”. El debate se ha concentrado, comprensiblemente, en determinar si esas actuaciones fueron legítimas, si hubo proporcionalidad en el uso de la fuerza y qué mecanismos pueden establecer con credibilidad lo ocurrido.
Son preguntas indispensables.
Pero hay otra que estamos formulando mucho menos:
¿Estamos desmontando el sistema que produce al delincuente o solamente neutralizando una de sus manifestaciones?
Esta controversia me recuerda una enseñanza que quedó especialmente presente en mí desde que tuve la oportunidad de participar en el Diplomado Internacional Transformación Social y Educativa, vinculado al pensamiento del filósofo francés Edgar Morin.
Morin advertía sobre la “inteligencia ciega”: aquella que fragmenta la realidad, separa sus componentes y termina confundiendo el conocimiento de una parte con la comprensión del todo.
La criminalidad castiga severamente ese pensamiento simplificador.
El hombre armado que aparece en una esquina es apenas la expresión visible de un sistema mucho más amplio. Detrás pueden coexistir tráfico de armas, narcotráfico, microtráfico, lavado de activos, corrupción, financiamiento ilegal, reincidencia, abandono escolar, exclusión social, debilidades penitenciarias y territorios donde las instituciones han perdido capacidad preventiva.
Reducir semejante entramado al último individuo de la cadena constituye un error estratégico.
Porque si hoy cae un delincuente y mañana otro ocupa exactamente su lugar, no hemos desmontado el crimen.
Solamente hemos reemplazado una pieza.
Y mientras celebramos que una pieza cayó, la maquinaria que la incorporó, la utilizó y puede sustituirla sigue funcionando intacta.
Durante aproximadamente tres décadas, distintos gobiernos han administrado una sociedad que ha experimentado crecimiento económico y avances sociales, pero donde persisten brechas educativas, sociales, territoriales e institucionales.
El problema no es solamente cuánto se ha invertido en cada área, sino cuánto hemos sido capaces de articularlas.
Educación, protección social, seguridad, justicia, sistema penitenciario y prevención continúan funcionando demasiadas veces como compartimentos separados.
Ahí reaparece la advertencia de Morin: conocemos las partes, financiamos las partes y administramos las partes, pero perdemos de vista las relaciones que producen el fenómeno completo.
Entonces surge una contradicción preocupante: toleramos durante años condiciones que favorecen exclusión, violencia, economías ilícitas y ausencia de oportunidades y, cuando algunas de sus consecuencias finalmente aparecen armadas en nuestras calles, pretendemos enfrentarlas principalmente mediante fuerza policial.
La seguridad comienza mucho antes de que un policía tenga que sacar su arma.
Existe, además, una diferencia fundamental entre letalidad operativa y eficacia estratégica.
Una intervención policial puede neutralizar una amenaza inmediata y ser tácticamente exitosa. Pero la eficacia estratégica exige una pregunta mucho más importante:
¿Qué poder criminal perdió la sociedad después del operativo?
Un presunto delincuente capturado con vida puede convertirse, dentro del debido proceso, en una fuente de inteligencia criminal: identificar quién suministra las armas, quién financia, quién distribuye, quién recibe el dinero, quién protege la estructura y quién dirige niveles superiores.
Por eso no basta preguntar quién cayó.
Debemos preguntar:
¿Qué estructura descubrimos?
¿Qué red desmantelamos?
¿Qué información obtuvimos para impedir al próximo?
Un Estado verdaderamente fuerte no es aquel que solamente puede enfrentar a un hombre armado.
Es aquel capaz de investigar, capturar, obtener información conforme a la ley, seguir el dinero, rastrear las armas, identificar conexiones, judicializar responsables y reducir efectivamente el poder de las organizaciones criminales.
Nada de esto significa negar a los agentes policiales su derecho a defenderse ante una agresión real.
Tampoco significa asumir que toda muerte ocurrida durante una intervención policial constituye automáticamente una ejecución.
Precisamente por eso, cuando una persona muere por actuación de agentes del Estado, debe existir un procedimiento independiente y creíble capaz de establecer qué ocurrió.
Eso protege al ciudadano.
Y también protege al policía que actuó legítimamente.
Pero una política moderna de seguridad debe avanzar más.
Necesitamos inteligencia criminal integrada, capaz de conectar armas, personas, territorios, comunicaciones y organizaciones.
Necesitamos persecución financiera y judicial, porque una estructura criminal pierde verdadero poder cuando pierde su dinero, sus armas, su protección y sus mandos.
Y necesitamos prevención focalizada allí donde las redes criminales encuentran las condiciones para reclutar o sustituir continuamente a sus integrantes.
Por eso tampoco deberíamos medir la seguridad únicamente por muertos, detenidos u operativos realizados.
Debemos medirla por redes criminales desarticuladas, armas rastreadas, dinero ilícito intervenido, mandos identificados, funcionarios corruptos sometidos, reincidencia reducida y territorios recuperados.
El verdadero dilema nunca debió ser seguridad contra derechos.
Esa falsa dicotomía es, en sí misma, otra expresión de inteligencia ciega.
La República Dominicana necesita autoridad.
Necesita una Policía capaz de enfrentar el crimen.
Necesita justicia capaz de investigar y sancionar.
Necesita inteligencia capaz de anticipar las redes.
Necesita prevención capaz de reducir el reclutamiento.
Pero, sobre todo, necesita un Estado capaz de comprender que todas esas piezas forman parte del mismo sistema.
Porque neutralizar al delincuente puede resolver la amenaza de hoy.
Desmantelar las redes que reclutan y sustituyen al próximo es comenzar a resolver el problema del país.
Los evangelizadores de la Inteligencia Artificial (IA) cabalgan sin pausas ni paradas, a toda mecha como un lince o un cohete, confiados en sus maravillosos proyectos de inversiones financieras. Y el ritmo rasguea en una constante que no presiente ni anticipa límites ni la potencial burbuja/fin de esta expansionista tecnología, la IA, otra estafa, otra doble estafa universal.Opinión
La Relación de la Corte Penal Internacional y los Estados
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2 horas agoon
octubre 8, 2026Por Rommel Santos Diaz
El Estatuto de Roma estipula que la Corte Penal Internacional entrará en vigor el primer día del mes siguiente al sexagésimo día a partir de la fecha en que se deposite en poder del Secretario General de las Naciones Unidas el sexagésimo instrumento de ¨ratificación, aceptación, aprobación o adhesión¨.
La firma del Estatuto de Roma estuvo abierta hasta el 31 de diciembre del año 2000, tal y como lo estipula el referido Estatuto. Para que un Estado devenga parte , este deberá ratificar, aceptar, aprobar o adherirse al tratado.
El término ¨adhesion¨normalmente significa adherirse al Tratado una vez que este haya entrado en vigor, pero también podrá referirse a un proceso específico de un Estado.
Para el Estado que ratifique, acepte, o apruebe el Estatuto posteriormente al depósito del sexagésimo instrumento, la entrada en vigor del Estatuto para dicho Estado será el primer día del mes siguiente al sexagésimo día a partir de la fecha en que haya depositado su instrumento de ratificación, aceptación, aprobación o adhesión al Estatuto de Roma.
Según el Estatuto de Roma los Estados los Estados no podrán hacer reservas al Estatuto. Los Estados Partes deberán aceptar el Estatuto tal y como fue adoptado en la Conferencia de Roma.
No obstante, el Estatuto de Roma dispone que el Estado podrá declarar que ¨ durante un periodo de siete años contados a partir de la fecha en que el Estatuto entre en vigor a su respecto , no aceptará la competencia de la CPI sobre la categoría de crímenes a que se hace referencia en el artículo 8 cuando se denuncie la comisión de uno de esos crímenes por sus nacionales o en su territorio¨.
El objetivo de la disposición indicada anteriormente es brindar a los Estados Partes tiempo suficiente para capacitar a todo su personal militar sobre los requisitos del Estatuto con respecto a los crímenes de guerra, ya que algunas de las disposiciones del Estatuto de Roma podrían ser contrarias a las obligaciones nacionales existentes.
