Opinión
¿Un homenaje superior a esta formidable avalancha mundial?
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13 años agoon
Tal avalancha de admiración y cariño en tierra venezolana y a escala mundial no tiene precedente en la historia conocida.
La “aldea mundial” de que nos habla el discurso neoliberal ha sido conmovida por la muerte física de Chávez. Desde Venezuela como epicentro, se expandieron de las ondas que ahora estremecen la conciencia colectiva de la sociedad humana.
Hay razones que explican este extraordinario fenómeno, además del extraordinario avance de las comunicaciones, bajo y fuera del control imperial.
Chávez encabezó la rebeldía más contundente contra el capitalismo neoliberal, el proceso transformador que inicio la ola de cambios continentales a finales del siglo XX y principio del XXI, y así se convirtió en figura emblemática del cambio más radical registrado después de contrarrevolución conservadora desplegada a partir del derrumbe de la URSS y de los regímenes similares del Este europeo.
Esto no es cualquier cosa.
Pueblos e incluso sectores medios y medianamente altos de la sociedad mundial agobiadas por la crisis sistémica del capitalismo y las inmundicias de su era neoliberal, se han volcado a aplaudir esa rebeldía radical estigmatizada por las elites imperialista y sus subordinados.
Magnífica señal sobre lo que late en las entrañas de los/as pobladores de este mundo capitalista plagado de injusticias, abusos, crueldades y desigualdades provocadas desde arriba sin rubor.
Reconocimiento a una original subversión contra los reyes del “azufre”.
Homenaje a una gran irreverencia frente al gran capital, apuntando –no sin fuertes tropiezos, grandes limitaciones e indefiniciones, e incluso inconsecuencias- hacia una lenta y contradictoria recreación y actualización del proyecto socialista, a tono con las experiencias vividas y las imperiosas exigencias de esta multi-crisis cuasi terminal de la civilización burguesa.
- Rostros conturbados ante una señal muy clara…
Habrá que ver como deben sentirse los Bush, Aznar, Uribe, Santos, Capriles, Fox, Alan García…
Incluso Obama e Hilary Clinton.
También los derechistas hipócritas que descaradamente se suben a la espuma de la ola sin compartir sus aguas turbulentamente libertarias.
Ni hablar como habrán de tener sus cabezas los ejecutivos de FEDECAMARAS y tantas otras PATRONALES del mundo.
La señal es muy clara incluso para las izquierdas blandengues y el progresismo conciliador. Más aun para los renegados, oportunistas y traidores, empeñados en poses teatrales. Oportunistas curtidos en simulaciones y expertos en desdoblarse, al extremo de ejercer desde sus gobiernos, Estados y partidos, políticas de derecha e incluso neoliberales al tiempo de producir ocasionales desplazamientos hacia la izquierda para nutrirse del prestigio de las admirables rebeldías que tienen lugar fuera las fronteras.
- Valen los homenajes y procede una alerta.
Todos los homenajes son pocos en el contexto de esta maravillosa revolución de los sentimientos provocada por la admiración que ha provocado la intrepidez antiimperialista del comandante Chávez en el escenario nacional e internacional.
Cuidémonos sí de aquellos/as que puedan sentirse tentados a cosificar ese fenómeno, a convertirlo en culto banal permanente, reducido a una veneración distante de la continuidad de su obra y de su ejemplo. En la historia de los desenlace de nuestra primer independencia abundan esas manipulaciones.
Cuidémonos, porque una cosa es la explosión espontánea del mito revolucionario reciente y las grandes e intensas emociones que desata, y otra el culto insustancial al pasado heroico, desconectado de los legados y actitudes de sus protagonistas estelares y de los nuevos desafíos que obligan a continuar y radicalizar el proceso emprendido por ellos.
- El mayor de los homenajes.
Por eso es clave insistir en que el mayor homenaje a Chávez, luego de estos días de derroche de afectos y reconocimientos merecidos…sería ponerle mucha atención a sus últimos reflexiones y pautas respecto al presente y al porvenir del proceso bolivariano pro-socialista que él encabezaba, agregándole la mayor dosis posible de crítica y autocrítica revolucionaria, y de creatividad sin límites. No hubo desperdicios en sus valoraciones y recomendaciones para seguir adelante con el segundo Plan Socialista correspondiente a este periodo constitucional.
Así hubo de expresarse hablando desde las ciencias sociales con el corazón:
“No nos llamemos a engaño: la formación socioeconómica que todavía prevalece en Venezuela es de carácter capitalista y rentista. Ciertamente, el socialismo apenas ha comenzado a implantar su propio dinamismo interno entre nosotros. Éste es un programa precisamente para afianzarlo y profundizarlo; direccionado hacia una radical supresión de la lógica del capital que debe irse cumpliendo paso a paso,pero sin aminorar el ritmo de avance hacia el socialismo.
…..
“Este es un programa que busca traspasar “la barrera del no retorno”.
Para explicarlo con Antonio Gramsci, lo viejo debe terminar de morir definitivamente, para que el nacimiento de lo nuevo se manifieste en toda su plenitud.
La coherencia de este Programa de Gobierno responde a una línea de fuerza del todo decisiva:nosotros estamos obligados a traspasar la barrera del no retorno, a hacer irreversible el tránsito hacia el socialismo…”
…..
“Para avanzar hacia el socialismo, necesitamos de un poder popular capaz de desarticular las tramas de opresión, explotación y dominación que subsisten en la sociedad venezolana, capaz de configurar una nueva socialidad desde la vida cotidiana donde la fraternidad y la solidaridad corran parejas con la emergencia permanente de nuevos modos de planificar y producir la vida Material de nuestro pueblo.Esto pasa por pulverizar completamente la forma de Estado burguesa que heredamos, la que aún se reproduce a través de sus viejas y nefastas prácticas, y darle continuidad a la invención de nuevas formas de gestión política.”
Ahí, en esas ideas, esta la clave, la piedra de toque de la lealtad a sus inconmensurables aportes y a sus anhelos inconclusos. Asumir ese plan, que implica transferir a plenitud el poder de la buro-partidocracia a la sociedad y socializar la gran propiedad, la economía y la gestión política, con lo que se reduciría al mínimo la fuerza electoral y social de las derechas…tiene un valor mil veces superior a cualquier homenaje retórico despojado de compromisos y hechos que sigan forjado revolución, profundizándola, aboliendo capitalismo, sembrando socialismo…
Ese necesario e impostergable “golpe de timón” –fundamental para darle vitalidad al proceso y contrarrestar el seguro arreciamiento de los planes agresivos y desestabilizadores de la derecha capitalista endógena y de EE.UU.- habrá de tener que enfrentar no pocas resistencias burocráticas y de contar a su favor con el pueblo chavista radicalizado y las fuerzas más consecuentes del socialismo bolivariano, decididas a perecer antes que tolerar el retroceso abierto o encubierto. Así lo previó el Comandante y ahora con más razón para tenerlo en cuenta a la luz de su ausencia física.
Opinión
La Corte Penal Internacional y la Justicia Internacional (3 de 3)
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6 días agoon
enero 4, 2026Por Rommel Santos Diaz
Se tiene reportado el uso de 250,000 niños soldados en cerca de 50 países. Para completar el panorama, se estima que 20 millones de niños han sido desplazados como consecuencias de las diversas guerras y catástrofes humanitarias, mientras que entre 8,000 y 10,000 niños mueren cada año como consecuencia de utilización de minas antipersonales.
Existen indicios de que la trata de niños en zonas de conflicto es una tendencia que va en aumento y esta vinculada a redes de delincuencia transnacional organizada.
La Corte Penal Internacional es el primer tribunal internacional cuyo Estatuto y Reglas de Procedimiento y Prueba brindan a las víctimas la posibilidad de participar en todas las etapas del proceso.
A diferencia de las actuaciones de las víctimas en otros tribunales internacionales, limitadas a reforzar los argumentos de la defensa o el Fiscal, la Corte Penal Internacional les reconoce derechos que les corresponden por ser quienes han sufrido la grave vulneración de sus derechos humanos y tienen la mayor expectativa de que se haga justicia.
El principal reto de la Corte Penal Internacional será demostrar que sus investigaciones y decisiones no están guiadas por móviles políticos o intereses ajenos a la justicia y la represión de crímenes internacionales.
Finalmente, en la medida en que este sistema se vaya consolidando, siguiendo los parámetros legales del Estatuto de Roma y de las Reglas de Procedimiento y Prueba, es posible que países hoy reticentes hacia la Corte Penal Internacional modifiquen su postura hacia una de ayuda y cooperación. Con esto se lograría tener un sistema penal internacional plenamente universal como complemento a las iniciativas locales por sancionar crímenes de genocidio, lesa humanida, guerra y agresión.
rommelsantosdiaz@gmail.com
Por Nelson Encarnación
El reciente escándalo de corrupción detectado en el Seguro Nacional de Salud (Senasa) ha acentuado la percepción o el convencimiento en algunos de que los políticos acceden a los cargos públicos con la intención de apropiarse de los recursos que manejan.
Ya en otras oportunidades se ha esparcido el mismo convencimiento, en ocasión de hechos judicializados que aún cursan en los tribunales sin sentencias firmes.
Estos y casos anteriores han servido de fundamento a quienes entienden que las formaciones políticas son nidos de bandidos con una amplia vocación hacia la depredación de los recursos públicos, dando lugar, al mismo tiempo, a la prédica contra los políticos y los partidos.
Sin embargo, existen argumentos y evidencias suficientes para desmontar la mala fama contra los políticos. Podemos afirmar, de manera categórica, que los políticos profesionales no roban.
Para remontarnos a los hechos más sonados de persecución a la corrupción, podemos referir el que ha sido, probablemente, el más sonoro de todos, es decir, el procesamiento judicial del expresidente Salvador Jorge Blanco (1982-1986), quien fue condenado a 20 años de prisión por hechos que, evidentemente, no cometió.
Jorge Blanco, que antes de ser político ya era un abogado prestigioso, murió en medio de precariedades materiales, una situación que no concuerda con quien supuestamente fue un corrupto.
Los hechos por los que se condenó al exmandatario no fueron cometidos por él ni por ninguno de sus seguidores con formación y compromiso político, sino por allegados que nada tenían que ver con el Partido Revolucionario Dominicano.
En el caso de los expedientes que todavía se ventilan en la justicia relacionados con hechos registrados—conforme las imputaciones del Ministerio Público—vinculan en primer plano a personeros relacionados al expresidente Danilo Medina, no a dirigentes conocidos del Partido de la Liberación Dominicana.
Y en el más reciente que ocupa la atención del país, es decir, el expediente Senasa, una simple identificación de los encartados permite concluir en que se repite el mismo patrón: los principales señalados no son políticos de militancia.
En consecuencia, si miramos los hechos con un sentido lógico y alejado de la intención de dañar a los partidos y sus dirigentes, podemos proclamar que los políticos profesionales, con formación en el servicio a la sociedad, con compromiso, no roban los fondos del erario. Ahí está la historia.
Por Isaías Ramos
Al despedir 2025 y abrir 2026, es fácil refugiarse en lo cómodo: deseos repetidos, frases bonitas, la ilusión de que todo cambiará solo porque cambia el calendario. Pero la República Dominicana no necesita otro brindis vacío. Necesita una sacudida de conciencia y un cambio de rumbo. Ese rumbo comienza cuando dejamos de mirar la política como un espectáculo ajeno y asumimos que la república —la casa de todos— se sostiene o se cae con la conducta diaria de su gente.
Durante más de tres décadas, una clase política dominante, reciclada en siglas, alianzas y narrativas, ha contribuido a degradar la vida pública. Se normalizó el privilegio. Se hizo costumbre la trampa. El clientelismo dejó de ser excepción y se volvió método. La impunidad dejó de ser temor y se volvió expectativa. El Estado, demasiadas veces, dejó de ser instrumento del bien común para convertirse en botín, refugio o escalera personal. Cuando lo público se vuelve mercancía, el daño deja de ser un asunto de élites y se convierte en una fractura moral, social y espiritual.
No se trata de negar que existan servidores públicos honestos ni ciudadanos decentes. Precisamente por ellos —y por los jóvenes que merecen un país digno— no podemos resignarnos. Los datos aportan contexto a una percepción extendida: el Índice de Percepción de la Corrupción 2024 asigna a la República Dominicana 36/100 y la ubica en la posición 104 de 180 países. El Rule of Law Index 2025 del World Justice Project sitúa al país en el puesto 76 de 143, y en el factor “Ausencia de Corrupción”, en 90 de 143.
La experiencia cotidiana confirma esa brecha. El trámite que solo “camina” por la vía indebida. El contrato opaco. El expediente que duerme. La sanción que nunca llega. Ese desgaste produce algo peor que el enojo: produce resignación. Y cuando una sociedad se resigna, la corrupción no se frena; se perfecciona. Así es como una república se vacía por dentro, aunque conserve su nombre y sus símbolos.
La historia política lo ha advertido con claridad: cuando los ciudadanos se repliegan en el interés personal y abandonan la vida pública, el Estado se debilita y queda a merced de los peores. Cuando un pueblo ama su país, respeta las leyes y vive con sobriedad cívica, es posible avanzar hacia el bienestar compartido. Cuando se instala la indiferencia, el interés particular aísla y la república se convierte en un cascarón.
Si 2026 será un año de esperanza, esa esperanza no puede ser pasiva. Tiene que ser esperanza disciplinada: la que mira el abismo, lo nombra y aun así decide construir un puente. Ese puente se llama Constitución. No como símbolo ceremonial, sino como norma viva. El artículo 6 establece su supremacía y declara nulos los actos contrarios a ella. El artículo 7 nos define como Estado Social y Democrático de Derecho. El artículo 8 fija como función esencial del Estado proteger los derechos de la persona y respetar su dignidad.
Honrar la Constitución no es citarla: es vivirla. Es aceptar que no puede haber Estado de derecho con corrupción estructural; que no puede haber democracia con clientelismo; que no puede haber justicia con privilegios. Honrar la Constitución es convertir el servicio público en honor y no en negocio; proteger el dinero del pueblo como sagrado; poner el mérito por encima del padrino; transparentar compras, obras y nombramientos; y asegurar consecuencias reales a quien robe lo común. Esa es la frontera entre república y fachada.
Por eso, en 2026, el Foro y Frente Cívico y Social debe reforzar en todo el territorio nacional un despertar de conciencia sostenido y pacífico que convierta indignación en organización y esperanza en disciplina. No se trata de incendiar el país; se trata de iluminarlo. No de sustituir instituciones, sino de obligarlas a cumplir su rol constitucional con presión cívica legítima.
La ruta es concreta y verificable: formación cívica territorial, veeduría social continua y defensa constitucional práctica, acompañando denuncias, dando seguimiento público a los casos y exigiendo consecuencias sin selectividad.
Nada de esto se logra solo con organizaciones. Se logra con el ciudadano común. En esta semana de cambio de año, vale la pena asumir un pacto sencillo: renunciar a pagar sobornos, a pedir favores indebidos y a justificar privilegios; comprometerse a informarse antes de opinar, a exigir rendición de cuentas en lo local y a participar más allá del voto. Un país cambia cuando cambia lo que su gente considera “normal”.
Imaginemos, con realismo, la nación que podemos construir si ese giro comienza: una donde no se necesita padrino para un servicio; donde un contrato público no es lotería para unos pocos, sino obligación transparente; donde el funcionario teme más a la justicia y a la vergüenza pública que a la pérdida del cargo; donde el joven respeta al competente y no admira al tramposo. Que Dios —y la conciencia despierta de cada dominicano— nos guíe y nos exija verdad, justicia y rectitud; que el amor a la patria sea conducta diaria; y que la defensa de la libertad sea nuestro sentir y nuestro hacer.
Cerramos 2025 con una verdad incómoda: hemos permitido demasiado. Abrimos 2026 con una verdad poderosa: todavía estamos a tiempo. Honrar la Constitución o perder la República: esa es la elección de nuestro tiempo. Salvemos la patria.
¡Despierta RD!
