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Opinión

El coronavirus: Una prueba y un reto para todos y todas

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Por José Cabral

Los dominicanos hemos sido personas muy alegres y solidarias,  que reciprocamos cuando alguien nos da la mano y también siempre nos sobreponemos a los momentos difíciles, porque hemos aprendido a sufrir y a llorar y al propio tiempo  preocuparnos por el dolor ajeno.

Hoy atravesamos por una situación que no es sólo nuestra, sino que el golpe lo sufren todos los pueblos del mundo que han sido impactados por el COVID 19, una pandemia que ha venido a quitarnos la poca o mucha  tranquilidad que nos otorga la existencia, porque si bien es cierto que esta enfermedad es muy severa y dolorosa, también tenemos que reconocer que hemos padecido virus, aunque de otra naturaleza,  de tanta potencia para quitar vidas  como éste y mucha más.

Hoy es un día para reflexionar sobre el porvenir  y en torno a  los retos que tenemos para cambiar el cuadro que hoy padece el mundo, cuyas consecuencias son más dañinas para algunas naciones por su falta de visión, planificación y disciplina, por lo que estamos compelidos a iniciar una vida en la que la mirada hacia el futuro tiene que ocupar un lugar preponderante.

El coronavirus en algún momento tendrá que perecer ante nuestra resistencia y disposición para combatirlo, en cuya trayectoria será mucho el dolor dejado en el camino, pero con la certeza de que no hay nada ni nadie que pueda más que una profunda convicción y decisión de cambiar todo lo que nos golpea sin remordimientos y sin la posibilidad de alargarse en la vida para hacerse eterno, dentro de cuyo contexto hay que incluir necesariamente a esta pandemia.

En la medida en que trabajemos sin descanso para construir un país que se caracterice por la prevención podremos tener una mejor y eficiente respuesta, no sólo a los fenómenos cíclicos de la economía o de la  naturaleza, sino también  a enfermedades como el coronavirus y a todo aquello que constituya un flagelo y un dique de contención a nuestro crecimiento y desarrollo.

El coronavirus es sólo un capítulo de la historia de sufrimientos de la raza humana, pero estamos plenamente seguros que también nos esperan grandes triunfos en las batallas que tendremos que librar para nuestra supervivencia.

La gallardía probada de nuestra gente no permitirá que el poder de quitar vidas de un virus, que aún se está por ver su origen,  arruine la sonrisa y la alegría que caracteriza a la raza humana y muy particularmente a aquellos seres que no han tenido la suerte de gozar de un país donde las cosas se manejen con un mínimo de sentido común, entrega y abnegación por los demás.

Definitivamente vendrán tiempos mejores y  con el poder del Todopoderoso seremos el mejor punto de referencia de nuestro entorno por nuestra inteligencia y sensibilidad ante el dolor de los que no tienen en qué refugiarse o defenderse de los embates de una enfermedad mortífera, que amenaza todo el sistema sanitario de la mayoría de los países del mundo.

La pandemia toma cuerpo y los contagios y muertes se vuelven como el pan de cada día, pero de lo que nadie debe dudar es de que se trata de una grave amenaza que los países, por no decir el mundo,  no están totalmente preparados para evitar el gran daño ya causado.

Tranquilidad y paciencia en estos tiempos de grandes amenazas y turbulencias políticas, económicas, sociales y biológicas y que la sabiduría nos acompañe para actuar con prudencia, sensatez, ecuanimidad y respeto por la naturaleza y los derechos de los demás.

El coronavirus es sólo un pasaje de una historia de vida llena de momentos agridulces, de rosas y espinas y de grandes éxitos y fracasos, cuya principal enseñanza es no perder el amor por los demás y desechar la ambición desmedida por el poder y las riquezas económicas, porque ambas no son una garantía de una felicidad plena.

El coronavirus golpea a todos por igual, a ricos y pobres, pero en el momento de la gran emergencia sólo pedimos la compasión y la solidaridad del vecino o de quien sea, no importa su pobreza, lo cual nos dice que la preocupación tiene que ser por cuestiones profundamente humanas.

 

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Opinión

La democracia no es sólo electoral.

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Por José Cabral

Lo dicho por el presidente de la Junta Central Electoral (JCE), Román Jáquez, en el sentido de que tras el cierre definitivo del proceso electoral, el país puede exhibir cada vez más el fortalecimiento del sistema democrático como una referencia regional.

Esta expresión del presidente del órgano comicial se inscribe en lo que siempre se pregona, pero que no pasa de ser un enunciado que en realidad no se corresponde con la verdad.

La JCE todavía es un verdadero desastre, aunque en asuntos puntuales parece haber cumplido con algunas formalidades, como, por ejemplo, unas votaciones relativamente ordenadas, lo cual es un logro de hace ya muchos años.

Pero hablar de avances democráticos evidentemente que es una cuestión relativa, porque este sistema luce muy rezagado y para hacer un análisis realista de la democracia habría que tomar en cuenta muchas otras aristas.

La verdad es que la democracia dominicana es todavía muy de papel, la cual entraña una serie de falencias que muy difícilmente con el comportamiento que tienen los actores políticos se pueda llegar a un punto en el que se acabe la frase más común en el país de que el modelo político avanza y se fortalece.

Escuchar afirmaciones como las de Román Jáquez confirma de que el país sólo sabe manejarse con la creación de una percepción que representa un verdadero engaño, una mentira.

Hay que ser muy atrevido para hablar de un proceso electoral enteramente democrático, transparente e íntegro, cuando todo el mundo sabe que el mismo está lleno de trampas, de compra de votos y de todo tipo de fraudes.

La Junta Central Electoral (JCE) está llena de tantas deficiencias que tal vez sea una de las peores instancias de la débil democracia nacional.

Ahí es muy poco el control que existe, tanto es así que su funcionamiento representa una vergüenza nacional, donde no hay control de nada, absolutamente de nada, a menos que no sea de la organización puntual de unas elecciones llenas de problemas.

Hay que parar que se digan cosas que cuando se ven en los medios de comunicación no deja otra impresión de que el dominicano nada en la mentira y la manipulación.

Cuando la JCE examine y proceda en contra de los que más dañan el sistema electoral y toda la democracia, entonces se podrá usar el lenguaje de que el país camine hacia una forma más creíble y fortalecimiento institucional.

De otra manera se trata de una verdadera vacuencia, que nadie cree y que los resultados son el mejor desmentido de una democracia que sólo existe en el papel, no en los hechos.

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Opinión

República Dominicana: Por ahora… un país a la deriva

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Por Isaías Ramos

Durante las últimas décadas, la República Dominicana ha disfrutado de un supuesto crecimiento económico notable, impulsado por las remesas de los dominicanos en el exterior, un endeudamiento preocupante, una economía de vitrina, el auge del turismo y las zonas francas. Sin embargo, este «progreso» no ha sido suficiente para superar las vulnerabilidades estructurales de una economía extremadamente dependiente del entorno internacional.

La industria nacional, incapaz de convertirse en competitiva a nivel internacional o de satisfacer la demanda interna, sufre debido a un suministro eléctrico caro e ineficaz, leyes laborales que parecen reliquias del pasado y un sistema de seguridad social ajeno al bienestar colectivo. Esto refleja la falta de voluntad política para buscar un desarrollo económico y social que beneficie a la mayoría del pueblo dominicano. Un claro ejemplo de esto es la Ley de Educación (66-97), que, aunque virtuosa y creadora de grandes expectativas, finalmente solo ha dejado decepción y frustración en la población.

No obstante, es en la Ley 1-12, la Estrategia Nacional de Desarrollo, donde se plasma la visión de país que aspiramos construir antes del año 2030: “República Dominicana es un país próspero, donde las personas viven dignamente, apegadas a valores éticos y en el marco de una democracia participativa que garantiza el Estado Social y Democrático de Derecho, y promueve la equidad, la igualdad de oportunidades y la justicia social, gestionando y aprovechando sus recursos para desarrollarse de forma innovadora, sostenible y territorialmente equilibrada e integrada, y se inserta competitivamente en la economía global”.

Esta estrategia de desarrollo, elaborada desde el 2008 y convertida en ley en el 2012, a pesar de estar sustentada en el espíritu de un Estado Social y Democrático de Derecho, permite abrir ventanas a un neoliberalismo que ha logrado imponerse, bloqueando toda posibilidad de promover e implementar la equidad, la igualdad de oportunidades y la justicia social.

A esto se suma un alarmante endeudamiento, una educación que ha dado la espalda a la formación en principios cívicos y valores morales, exacerbada por métodos de perversión, una inseguridad ciudadana desbordada y un sistema de impunidad que perpetúa la corrupción a niveles alarmantes, debilitando la confianza en las instituciones.

Ante este panorama, el gobierno actual ha propuesto 12 reformas, la mayoría ya contempladas en dicha ley. Es imperativo para el gobierno, antes de llevar a cabo la mayoría de estas reformas, restaurar la credibilidad del Estado y ganar la confianza de los ciudadanos con medidas y reformas reales hacia el bienestar colectivo.

Reformas como el código laboral, la seguridad social y del sector eléctrico para adecuarlas al Estado Social y Democrático de Derecho son impostergables con el objetivo de evitar continuar profundizando la miseria y el endeudamiento económico y social al que este modelo neoliberal ha sometido a la población.

Desde el Frente Cívico y Social entendemos que un Estado Social y Democrático de Derecho no es compatible con un modelo económico neoliberal; por lo tanto, las reformas contempladas en la Ley 1-12 deben realizarse acorde a ese espíritu constitucional y a esa visión del país que todos soñamos vivir, y así encaminar a la nación hacia un futuro próspero y equitativo. ¡Es el momento de demostrar que podemos construir ese país que no solo «crezca», sino que también mejore la calidad de vida de cada uno de sus ciudadanos!

¡Despierta, RD!

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Opinión

Los Derechos del Acusado ante la Corte Penal Internacional

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Por Rommel Santos Díaz

El desarrollo de una norma internacional de derecho esta obviamente centrado en el  enjuiciamiento de los supuestos criminales de guerra, el cual se traduce en el apoyo  a un proceso  penal fuerte e independiente.

La implementación de una norma de derecho esta igualmente fundamentada, sin embargo , en la manera en que las personas acusadas  son llevadas ante la Corte Penal Internacional. El proceso  para alcanzar el objetivo  incluye la garantía de un  debido proceso  para todas las personas acusadas.

Es por esta razón que es necesario crear un proceso de defensa  fuerte e independiente. La garantía de los derechos del imputado  es esencial para el establecimiento de un  proceso de defensa  fuerte, y los Estados  Partes podrían necesitar adaptar ciertos aspectos de sus sistemas de justicia penal en el futuro, para asegurar  que sus prácticas referentes a los imputados  tomen en cuenta la jurisprudencia de la CPI en esta área. Delo contrario podrían amenazar la integridad del proceso y perjudicar el trabajo futuro de la CPI.

Uno de los objetivos del sistema  internacional de justicia penal es apoyar la reconciliación entre las personas  y evitar los actos de retribución  colectiva. Para que esto suceda ,  los procedimientos de juicio  deberán respetar los derechos  del acusado, garantizando el empleo de todos los medios de defensa de los cuales tienen derecho  de hacer uso.

Deberá haber un debido proceso , o los miembros del grupo de la persona  acusada se percibirán  ultrajados por un sistema de justicia que no es más que un frente de venganza organizada.

Los artículos 55 y 67 del Estatuto de Roma enumeran los derechos generales de las personas acusadas, y  estos derechos afectan  los procedimientos de competencia del Estado de detención  o custodia.

Los derechos y las obligaciones  que se mencionara están estipulados en la Declaración Universal de Derechos Humanos,y particularmente garantizados por el Pacto Internacional de Derechos Civiles y Políticos, los cuales son obligatorios para la mayoría de los Estados  Miembros de las Naciones Unidas.

El artículo 67 del Estatuto de Roma establece claramente que deberá existir plena igualdad entre la defensa y la Fiscalía en cualquier proceso ante la Corte Penal Internacional. Por ende, el Estatuto de Roma enfatiza el principio de igualdad de poderes.

A la luz de los derechos del sospechoso establecidos tanto en el artículo 55 como en el artículo 67 del Estatuto de Roma, es esencial para llevar a cabo un procedimiento justo  y efectivo que se garanticen y protejan  estos derechos a lo largo de todo el proceso.

Es recomendable que al arrestar o detener a  una persona el Estado respete todos los derechos estipulados en el artículo 55 para que se garantice el debido proceso, y se evite agravar el proceso en el caso de una revisión  judicial.

El artículo 54 del Estatuto de Roma establece que el Fiscal deberá respetar plenamente los derechos de las personas dispuestos por el Estatuto. Esto significa que las autoridades locales deberán cooperar plenamente con la Fiscalía durante las investigaciones en el lugar de los hechos, y cumplir con cualquier requisito que permita que la investigación descubra tanto prueba vinculante como exculparte para presentar ante la CPI.

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