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Análisis Noticiosos

Viene de excrementos de ave brasileña uno de los cafés más caros del mundo.

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El jacu, a priori visto como una plaga, revolucionó un cafetal en Brasil y dio una lección sobre agricultura sostenible. El kilo de este grano se vende en los exclusivos almacenes Harrods de Londres a 1.700 dólares

Río de Janeiro.-Un café hecho a base de los granos encontrados en los excrementos de un pájaro que en Europa se vende a precio de oro. Es el peculiar tesoro que una hacienda brasileña maneja desde hace años, gracias a la aparición sorpresa de un pájaro parecido a un faisán. Nadie lo podía intuir, pero el jacuaçu o pava oscura, con su discreto plumaje negro y sus potentes gritos, tiene un sistema digestivo que es una maravilla. Los granos de café que deja en sus heces son como pepitas de oro. El primer sorprendido fue el dueño de la Hacienda Camocim, Henrique Sloper, que regentaba un cafetal familiar cuando vio aparecer lo que en su momento definió como “una plaga”. No sabía que al poco tiempo el animal se convertiría en su mejor aliado, un socio preferente en el negocio.

Un jacu en un árbol en la Hacienda Camecim.
FAZENDA CAMOCIM

En el camino descubrieron varias cosas, como que el tránsito por el aparato digestivo del animal hace que esos granos de café no necesiten fermentación, o que el proceso elimina casi toda la cafeína. Los granos salen en las heces perfectamente enteros. También es decisivo el buen gusto del pájaro, que sólo come los granos de café cuando están maduros. Para que el café sea considerado especial en los certificados de venta el fruto tiene que cosecharse maduro, así que los hábitos alimentarios del ‘jacu’ son una garantía de que el café será de alta calidad. Tras la particular cosecha de excrementos, los granos se secan, se limpian y se congelan entre dos y tres meses, quedando listos para iniciar el proceso cuando haya un pedido. Se trata de un café tan especial que sólo se produce bajo demanda. El sabor es afrutado y más ácido que en otras variedades.

Productores recogen semillas de café en Brasil.
FAZENDA CAMOCIM

La producción del café de jacu empezó hace más de una década, y rápidamente se convirtió en uno de los más caros del mundo. Se vende en los exclusivos almacenes Harrods de Londres a 1.400 libras el kilo (1.700 dólares, 1.600 euros). Francia y Japón, mercados donde hay bastante interés por los productos exóticos, también están entre los países que más importan, comenta Sloper. El interés no sólo tiene que ver con la excentricidad de saborear un café que proviene de las heces de un pájaro, sino también con toda la filosofía que contempla esta hacienda.

Antes de que el jacu hiciera su aparición estelar, este cafetal ya apostó por la agricultura orgánica (adiós pesticidas) y por el sistema de agrofloresta, una alternativa sostenible para el manejo de los bosques tropicales que pregona la convivencia con la vegetación nativa. Aquí no hay infinitas plantaciones de monocultivo; las plantas del café se mezclan con otros árboles y arbustos. Se pueden encontrar plátanos, pitangas, jabuticabas y frutos rojos de todo tipo, con los que se hacen sabrosas mermeladas. La biodiversidad equilibrada del ambiente ayuda a prevenir la aparición de hongos y crea un sustrato de hojarasca que hace que el café crezca con más vigor. Si la media de producción de café por hectárea en Brasil ronda los 26-28 sacos, en este tipo de plantación llegan a cosecharse 35, asegura Sloper, convertido en ferviente defensor del sistema. “Antes eras ingeniero agrónomo y te enseñaban a colocar veneno en el suelo. Pero ya no hay vuelta atrás, ahora el mercado demanda otra cosa, la gente no quiere comer cosas con glisofato y todas esas cosas que colocamos durante tanto tiempo. Es una presión del propio consumidor”, resume.

Árbol de café en Brasil.
FAZENDA CAMOCIM

Aunque en Brasil aún predominan los enormes latifundios de monocultivo dedicados a la exportación de commodities, las agroflorestas se abren paso poco a poco. La Alianza por la Restauración de la Amazonía, por ejemplo, identificó más de 1.600 iniciativas de este tipo únicamente en la región amazónica. El cultivo en sistema de agrofloresta también sirve de dique de contención ante los fenómenos climáticos extremos, cada vez más frecuentes. Sequías, inundaciones o heladas son más llevaderas con todo un conjunto de flora y fauna protegiéndose mutuamente. En este hábitat que hizo suyo, el jacu, además de cosechar el café, también tiene otras funciones, apunta el orgulloso propietario: “Reforesta la selva, porque es un gran diseminador de semillas. Hay café creciendo en medio del bosque”, dice, y remarca que la convivencia con el pájaro es muy respetuosa. Se mantiene siempre en libertad (al contrario de lo que ocurre con el café de civeta de Indonesia, cada vez más cuestionado por mantener los animales enjaulados) y se controla dónde se encuentran sus nidos para no dañarlos durante la recolección de otras variedades de café que también se producen en esta hacienda. Lo que empezó con un tremendo susto se convirtió en una alianza entre el hombre y la naturaleza que parece tener un futuro prometedor por delante. “No es un pájaro que come y se va. Se queda aquí. Ya hay varias generaciones que han nacido en estas tierras”, dice Sloper.

elpais.com

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Análisis Noticiosos

El mensaje equivocado de la elección presidencial en Latinoamérica.

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Por José Cabral

La elección presidencial en los países latinoamericanos envía un mensaje preocupante, el cual consiste en que mientras más vínculos con el bajo mundo se tenga, mayores son las posibilidades de salir triunfante.

Este meta mensaje lo hemos vivido en Colombia, Honduras, Perú, Panamá y ahora en Brasil, lo cual quiere decir que para ser un buen candidato presidencial hay que tener vínculos con el bajo mundo, porque parece que la conducta ética no es apreciada por el votante latinoamericano.

Flavio Bonsonaro es buen ejemplo de la tendencia en este sentido, quien en las elecciones celebradas este domingo 4 de octubre en Brasil ha logrado quedar en primer lugar con una votación que llega casi al 50 por ciento.

Sin embargo, será el próximo 25 del presente mes cuando se celebre la segunda vuelta de los referidos comicios, en los que una serie de pequeños partidos han obtenido algo más del siete por ciento de la votación general, lo que de alguna manera representa lo que podría darle el triunfo a Bolsonaro, un hombre de derecha e imputado de una serie de irregularidades,

En Brasil se ha repetido la misma historia de otros lugares de Latinoamérica, donde el apoyo de Donald Trump a gente vinculada al bajo mundo logran imponerse en las elecciones presidenciales.

Este cuadro plantea si lo que ocurre en Latinoamérica significa que la lucha en contra del crimen transnacional carece de sinceridad y que se valora más al que anda en ese mundo que al hombre serio.

Son muchos los discursos en contra del crimen transnacional, pero todo parece indicar que esa narrativa no luce que sea sincera.

En consecuencia, me parece que el real mensaje que se envía es que meterse al lavado de activo y negocios ilícitos es la mejor vía para hacer política.

El triunfo de Bolsonaro y de otros elegidos en Latinoamérica no deja dudas de que el bajo mundo ha ganado la batalla e incluso entre los que dicen combatirlo.

Parece que no tiene sentido escoger el camino de la ética en la política, porque si bien hay quienes dicen combatir el problema del no respeto de la ley, pero en la práctica hacen todo lo contrario y el votante al final de la jornada también se inclina por esta tendencia.

Todo anda al revés de como lo plantea gente que busca cambios profundos en los países latinoamericanos, donde la ética parece importar muy poco.

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Análisis Noticiosos

CARTA ABIERTA A LA CLASE POLÍTICA DOMINICANA

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Por Nelson Valdez
Les hablo desde la responsabilidad ciudadana, no desde la trinchera partidaria. Les hablo porque la democracia dominicana atraviesa un umbral peligroso y pretender que todo sigue igual es una irresponsabilidad histórica.
Cuando una minoría decide en las urnas el destino de la mayoría, el sistema pierde su legitimidad moral. Una sociedad donde más de la mitad del país prefiere el silencio y la ausencia no es una sociedad apática: es una sociedad frustrada, desconectada y al borde de la ruptura. Gobernar o hacer oposición sobre la base de un electorado menguante es un espejismo de poder.
El verdadero peligro no es solo el diagnóstico de hoy —la desconfianza profunda y la falta de fe en el voto—, sino a dónde nos lleva este camino mañana: al extremismo, al colapso institucional y a la fractura irrecuperable de la paz social. Ninguna victoria electoral es sólida si se edifica sobre las ruinas de la apatía popular.
No podemos construir un país sostenible si marginamos la fuerza activa de nuestra juventud ni si mantenemos a la diáspora dominicana como una simple fuente de remesas sin voz ni participación real.
Hoy asumo el compromiso y levanto la voz de alerta para decirles que hay otra vía:
Reconciliación real con el ciudadano: Superar la división y el pragmatismo hueco para edificar un proyecto donde la mayoría vuelva a sentirse representada.
Compromisos alcanzables, no promesas vacías: Erradicar definitivamente los males estructurales que sí tienen solución mediante metas claras, medibles y sin demagogia.
Voluntad genuina de cambio: Mostrar con hechos que la política puede ser una herramienta de servicio y no de beneficio corporativo.
Para esta tarea de reencantar a nuestra juventud, de integrar a la diáspora y de devolverle la dignidad a la participación ciudadana, cuentan conmigo. Pero para que esa voz tenga eco, ustedes —oficialismo y oposición— deben demostrar que están a la altura del momento histórico.
Aún estamos a tiempo de evitar el abismo. Reconstruyamos la confianza antes de que el silencio de la mayoría se convierta en una tormenta incontrolable.

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Análisis Noticiosos

La República Dominicana entre las estadísticas y la realidad de la delincuencia en el pais.

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Las cifras oficiales presentan una supuesta tendencia descendente en los homicidios durante 2026, pero los robos, los hechos violentos de alto impacto y el temor ciudadano son el pan de cada día.

Por la redacción

La delincuencia sigue ocupando un espacio central en la conversación pública dominicana, pese a que las estadísticas oficiales hablan de avances en algunos indicadores, especialmente en la reducción de los homicidios, pero los hechos y  la percepción de inseguridad continúa presente en la mayoria de la población.

Al 11 de septiembre de 2026, la Fuerza de Tarea Conjunta reportó una tasa acumulada de 7.41 homicidios por cada 100,000 habitantes, inferior a los registros de 2025, 2024, 2023 y 2022. Además, pero lo que se se observa no parece corresponderse con esas estadisticas.

Ese dato muestra una aparente tendencia favorable en materia de violencia homicida. Sin embargo, por sí solo no permite concluir que la inseguridad haya dejado de ser un problema de primer orden en la preocupacion de la gente.

En el reporte correspondiente al corte del 31 de agosto, las autoridades contabilizaron 4,402 robos, junto con 91 homicidios y 183 personas heridas. Esto evidencia que la criminalidad no puede analizarse únicamente a través de las muertes violentas.

Una cosa es la estadística y otra la experiencia cotidiana

El ciudadano no mide la seguridad solamente por la tasa nacional de homicidios.

La mide cuando sale de su casa, cuando utiliza su teléfono en la calle, cuando deja un vehículo estacionado, cuando abre un negocio o cuando un familiar regresa tarde de trabajar.

Por eso, puede existir una aparente reducción  de algunos delitos y, al mismo tiempo, mantenerse una percepción elevada de inseguridad.

El problema se vuelve aún más visible cuando ocurren hechos violentos de gran repercusión mediática. Casos de homicidios, atracos, ataques dentro de viviendas o enfrentamientos armados generan un impacto social que va más allá de las estadísticas.

En septiembre, por ejemplo, la Policía ha informado sobre varios operativos vinculados a robos, atracos y homicidios, incluyendo casos en Boca Chica y Santo Domingo Norte.

Los robos siguen siendo parte importante del problema

Uno de los puntos que merece mayor atención es el comportamiento de los delitos contra la propiedad.

En apenas una semana, con corte al 4 de septiembre, el reporte policial registró 563 robos.

Aunque ese número necesita ser interpretado dentro del total nacional y comparado con períodos equivalentes, refleja que miles de ciudadanos continúan enfrentándose a situaciones relacionadas con sustracción de bienes, atracos y otros delitos patrimoniales.

Las propias autoridades han informado que, durante el primer semestre de 2026, los robos mostraban una reducción interanual de alrededor de 27 % frente a igual período de 2025.

La conclusión, por tanto, no es que los robos estén aumentando necesariamente, sino que siguen siendo numerosos y visibles, aun dentro de una tendencia oficial de esgrimir una narrativa de reducción del fenómeno..

El reto no es solo detener, sino prevenir

Otro elemento central del debate es la estrategia de seguridad.

La Policía ha intensificado patrullajes, operativos, allanamientos y ejecución de órdenes de arresto. A junio de 2026, las autoridades reportaban más de 1.7 millones de acciones preventivas, 3,220 órdenes de arresto ejecutadas y 845 allanamientos.

Pero una política de seguridad pública sostenible necesita ir más allá de la reacción policial.

Debe incluir prevención comunitaria, inteligencia criminal, control de armas ilegales, investigación de redes delictivas, persecución financiera del crimen organizado y fortalecimiento de la justicia.

También requiere atender factores sociales que, sin ser una causa automática de la delincuencia, pueden crear contextos de mayor vulnerabilidad: abandono escolar, falta de oportunidades laborales, consumo problemático de drogas, violencia familiar y presencia de estructuras criminales en determinados sectores.

La confianza ciudadana es parte de la seguridad

Existe otro desafío menos visible: la confianza en las instituciones.

Cuando una víctima no denuncia porque considera que “no vale la pena”, cuando teme represalias o cuando piensa que el expediente no avanzará, el sistema de seguridad pierde información esencial.

La lucha contra la delincuencia también depende de que el ciudadano confíe en la Policía, el Ministerio Público y los tribunales.

Una investigación bien realizada, un proceso judicial transparente y una sanción conforme al debido proceso pueden tener un efecto preventivo tan importante como el patrullaje.

Una realidad con dos caras

Los datos actuales permiten identificar una realidad compleja.

Por un lado, la tasa de homicidios presenta una tendencia supuestamente descendente: pasó de niveles superiores a 13 por cada 100,000 habitantes en 2022 a alrededor de 7.4 en septiembre de 2026, según las estadísticas oficiales, pero en la práctica no parece ser esa la realidad.

Por otro, los robos, los delitos violentos de alto impacto y la constante difusión de hechos criminales mantienen viva la preocupación social.

La cuestion es que eso explica por qué puede existir una diferencia entre lo que muestran las cifras y lo que siente la gente.

El desafío: que la mejoría estadística llegue a las calles

La verdadera prueba para cualquier política de seguridad no será únicamente reducir una tasa.

Será conseguir que esa reducción se traduzca en una experiencia cotidiana diferente.

Que el comerciante pueda cerrar su negocio con menos temor.

Que una persona pueda caminar por su comunidad sin sentirse permanentemente vulnerable.

Que una familia pueda confiar en que, si ocurre un delito, habrá una investigación seria y una respuesta institucional.

La República Dominicana muestra, de acuerdo a los informes oficiales, supuestos avances  en algunos indicadores, particularmente en homicidios, pero  el desafío de la seguridad ciudadana continúa siendo mucho más amplio: reducir el delito, fortalecer la justicia y lograr que la población también perciba esa mejoría en su vida diaria.

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