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Análisis Noticiosos

Venezuela sin la magia de Chávez

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PoJuan Bolívar Díaz

Venezuela no será la misma sin su carisma y conexión popular

3E972480-34D3-42A7-BADE-24ECB8EFCF68.jpg__209__400__CROPz0x209y400Sin el carisma y la conexión popular de Hugo Chávez Venezuela no será la misma y sus líderes tendrán que transar para contener el desbordamiento de pasiones y odios, garantizar la gobernabilidad de una sociedad que ha quedado profundamente escindida como consecuencia del estrecho resultado de las elecciones del pasado domingo, y enfrentar el deterioro de los indicadores económicos.

La juramentación de Nicolás Maduro como nuevo presidente es un hecho casi imposible de revertir por más que se empeñe la oposición, a menos que aboquen a esa nación a una ruptura institucional con el desconocimiento del veredicto electoral, lo que implicaría graves riesgos de violencia, además de retroceso a una etapa superada.

La elección del domingo arrojó un balance más estrecho de lo esperado, pero no se han aportado las mínimas pruebas de que estuvieran viciadas por los fraudes del pasado. El sistema instituido, mediante el voto electrónico, permitió una computación automática, y se cumplió con la normativa de auditar el 54 por ciento de las urnas, sin que encontraran indicios de fraude. A pesar de ello el Consejo Nacional Electoral tuvo el acierto de disponer la auditoría del total, atendiendo una demanda que el candidato opositor Henrique Capriles había convertido en fundamental para aceptar el veredicto.

Si no encontraron fraude en el 54 por ciento parece lógico esperar que tampoco aparecerá en el 46. Todas las encuestas y las expectativas apuntaban a la elección de Maduro, como el último triunfo electoral de Chávez, su voluntad final que es casi imposible que pueda repetirse. Si los comicios hubiesen sido dos o tres meses después, a lo mejor Capriles sería el presidente. En los seis meses que mediaron entre la reelección de Chávez en octubre y la votación del día 14,  el partido gobernante perdió 615 mil votos, pasando del 55.07 al 50.78 por ciento, es decir 4.29 por ciento menos.

La prolongada agonía del líder de la revolución bolivariana, con la incertidumbre a que se sometió a los venezolanos por la poca transparencia, contribuyó a deteriorar la economía, con una devaluación de más del 40 por ciento, factores que deben haber influido la reducción del margen de victoria. La maquinaria política  gubernamental no pudo tener la misma dinámica, faltándole el líder que ganó unas siete votaciones con amplísimos márgenes. Claro que ayudados  por los usos y abusos del poder, que no son exclusivos del chavismo ni de los venezolanos, como aquí, para no ir más lejos. No hay dudas de que son expresión de una democracia adolescente.

La diferencia de casi dos puntos entre los contendores divide a Venezuela en casi dos mitades y multiplica las pasiones y confrontaciones. Pero es cuatro veces el 0.5 por ciento con que Felipe Calderón superó a López Obrador en México en el 2006, allí también con la ayuda del poder político y una grosera manipulación televisiva y empresarial. Y se le reconoció y gobernó seis años.

Queda claro que Venezuela no será la misma sin la magia de Chávez, quien le ganaba elecciones con diferencia de dos dígitos, a un frente único de oposición política, junto a los poderes tradicionales: empresariado, Iglesia, casi todos los medios de comunicación, Estados Unidos y hasta el sindicalismo.

No se debe subestimar a Maduro porque no tenga títulos universitarios, pues tampoco los tuvo Lula da Silva, y concluyó con altísimo éxito y aprobación. Pero hereda una situación política, económica y social sumamente complicada. Está obligado a transar, ojalá que sin revertir los aportes redistributivos del chavismo. Como siempre, detrás de un caudillo fuerte viene una dispersión. Y en lo inmediato la situación económica apremia.

Por aquí deberemos prepararnos para vivir sin el financiamiento de Petrocaribe que al concluir 2012 acumulaba más de tres mil millones de dólares, sin contar los 650 millones de dólares adicionales incluidos en el presupuesto nacional de este año, alrededor del 15 por ciento del déficit de la cuenta corriente de nuestra balanza de pagos del año pasado. Maduro tendrá que recortar gastos y erogaciones, y seguramente comenzará por donde menos le duela a los venezolanos.

Artículo publicado originalmente en el periódico HOY.

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Análisis Noticiosos

La Pérdida de la Cultura del Trabajo

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Por José Cabral

Un fenómeno muy preocupante que se produce en la República Dominicana tiene que ver con la pérdida de la cultura del trabajo.

Aparentemente hay un relativo cumplimiento con las obligaciones laborales cuando se trata de una empresa con altos niveles de organización y supervisión.

La pérdida de la cultura del trabajo puede ser demoledora para la micro, pequeña y mediana empresa, en las que no hay forma de que se respete el contrato laboral entre empleados y empleadores.

La desaparición de la cultura del trabajo en el país representa una crisis muy profunda debido a la precariedad laboral, la informalidad y la pérdida de incentivos para el esfuerzo formal.

La pérdida de la cultura del trabajo está asociada a una serie de factores como los bajos salarios y que un empleo no garantiza la salida de la pobreza, según los estudios económicos al respecto.

Sin embargo, la razón principal, siempre de acuerdo a lo que puedo observar, obedece a la crisis de valores que impacta a la sociedad dominicana.

Hay una tendencia muy acentuada a no cumplir con la responsabilidad asumida, es decir, que se observa una negación de la gente a asumir sus obligaciones.

Inclinarse por la vida fácil es una percepción ciudadana que tiene que ver con la crisis de valores que procura la búsqueda de ingresos sin hacer ningún esfuerzo, cuyo ejemplo más contundente es la famosa “botella” a nivel estatal, la cual es estimulada por el clientelismo que promueven los partidos políticos.

Lo otro que explica el fenómeno es que la gente ha aprendido a reclamar sus derechos sin cumplir con sus deberes.

Es una percepción generalizada, la cual va de lo pequeño a lo grande y lo contrario, pero no parece que haya una respuesta a la vista por tratarse de una realidad en la que el Estado no hace ningún esfuerzo planificado para combatirla.

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Análisis Noticiosos

La burocracia vuelve a representar la comedia triste de la entrega.

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Por Nelson Valdez
Asistimos, con el alma acongojada pero erguida en el patriotismo más puro, al espectáculo de unos ministros que celebran como proeza histórica el servilismo diplomático.
Han acudido presurosos a firmar el despojo de la entraña nacional, ofreciendo en bandeja de plata las riquezas del subsuelo patrio a la insaciable voracidad del coloso del norte.
Aquellos minerales que la Providencia depositó en la tierra dominicana para sustentar el porvenir de la República son hoy entregados con pasmosa ligereza, a cambio del aplauso efímero de una legación extranjera.
Nos dicen, con el descaro propio de la retórica oficialista, que este marco de cooperación protegerá nuestros «intereses nacionales». ¡Qué colosal impostura! La historia enseña con claridad meridiana que los imperios no reconocen socios, sino vasallos.
Mientras la diplomacia norteamericana asegura su hegemonía tecnológica y la seguridad de sus cadenas de suministro sin arriesgar un solo ápice de su suelo, la patria de Duarte y Luperón aporta la materia prima, asume las heridas ambientales y se conforma con el papel humillante de proveedora subordinada.
Se firma a espaldas de la soberanía popular un pacto que hipoteca el patrimonio de las futuras generaciones bajo la excusa de alineamientos geopolíticos que en nada benefician al campesino ni al obrero dominicano.
El suelo que pisamos no es una simple mercancía en la mesa de negociación de los poderosos. Las tierras raras del sur no pertenecen a una administración ni a una casta de diplomáticos encumbrados; pertenecen a la historia, al honor y al destino de la nación dominicana.
Ceder la llave de nuestras riquezas estratégicas a una potencia imperial bajo la vestidura de un «acuerdo de confianza» no es diplomacia activa: es una capitulación moral, un acto de indignidad que profana la memoria de los libertadores y reduce la soberanía nacional a una simple nota al pie en la agenda de Washington.

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Análisis Noticiosos

El orgullo de ser dominicano bien valorado, da seguridad y confianza.

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Por José Cabral

Hace ya muchos años fuí testigo de varios anécdotas que deben servir para algo a cualquier persona, no importa de que país sea.

En un lugar en Nueva York llamado Merchant, donde se vende vinos y cigarros y se toca Jaz, compartía con unos amigos, entre ellos había varias muchachas colombianas y una de ellas me pregunta que si soy dominicano y le responde que sí.

Y de inmediato me narra que su hermana más joven, quien se encontraba también en el lugar, tenía un noviazgo con un joven dominicano, pero que esa relación le había traído muchos problemas a la familia, porque su papá entendía que la misma no debía existir.

Me decía la joven que su papá siempre decía que lo menos que él debía hacer era estrangular a su hija por mantener una relación que podía terminar en procreación con una persona de una baja procedencia.

Pero la historia se repite unos años después en la calle 50 y la quinta avenida de la ciudad de Nueva York cuando me decía otro señor que conoció una muchacha tan hermosa y educada de apellido Trujillo que nadie podía pensar que fuera dominicana.

Evidentemente que ambas narraciones tenían su explicación en que la mayor parte de la inmigración dominicana hacia los Estados Unidos, que es el escenario analizado, procedia en ese momento del campo y cuya formación académica y cultural es muy pobre.

Además, por un asunto cultural, la mayoría de los dominicanos radicados en Nueva York proceden de barrios muy pobres o del campo de la región del Cibao, cuyas características y acento es, podría decirse, la representación de un regionalismo que se expresa a través del uso de la i para hablar.

Naturalmente, las razones que tienen que ver con que mucha de nuestra gente no haya tenido la oportunidad de cursar estudios universitarios y de tener una buena formacion cultural son parte de las deficiencias que se observa en el Estado dominicano.

De cualquier manera, la imagen de cualquier gentilicio se complica o deteriora cuando una buena parte del grupo étnico de que se trate se ve involucrado en actividades que nadie quiere para su familia, aunque, naturalmente, ese no sea el caso de lo planteado en este comentario.

Hay que decir que los propios colombianos se vieron en una situación indeseable cuando la época de Pablo Escobar que un pasaporte de ese país era prácticamente una ofensa a nivel internacional.

La enseñanza que quiero dejar con estas narraciones es que el orgullo de ser dominicano es algo que no se negocia, pero el mismo está determinado por la imagen que se venda en la comunidad internacional.

Y para sentirse orgulloso de la dominicanidad hay que partir, principalmente, de que sea un país en el que la dignidad humana sobresalga sobre la mayoría de los derechos, pero además que quien la representa sea gente con la decencia y un comportamiento acorde con los tiempos de las sociedades civilizadas.

Ciertamente que las democracias han fallado, sobre todo por el comportamiento de los partidos políticos y si bien hay que combatir ese mal y buscar la sustitución ahora y para siempre de esos actores de la vida nacional, pero cualquier solución al respecto no puede ser peor que lo que existe y sobre la base de lesionar el orgullo de ser dominicano.

Con esto quiero decir que en aras de preservar el orgullo nacional, se debe procurar llevar a la direccion del Estado a personas que, no sólo sean éticas y defensoras del interés nacional, sino también que coloquen en la cima, si es posible, la imagen del gentilicio por tener una conducta en el contexto de una sociedad civilizada.

Hay una expresión popular que dice que es muy importante guardar bien las apariencias, lo cual es aplicable en estos momentos en la República Dominicana, pero que ello no sea una causa para dejar de gestionar la salida del poder de los que han dañado gravemente la democracia, aunque, naturalmente,  sin apoyarnos en ciudadanos que, aunque tienen el derecho constitucional de elegir y ser elegido, pero que  su comportamiento lo descalifica para representar a todos los que tenemos un criterio muy claro del orgullo de ser dominicano y lo que ello implica para la economia y toda la vida nacional.

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