Opinión
Venezuela y las confesiones premiables del comando sur y departamento de estado USA
Published
7 años agoon
Por Narciso Isa Conde
…“el que no esté con nosotros debe pasar por los más dolorosas privaciones, las más terribles inseguridades, las más penosas necesidades de todo aquello que durante tanto tiempo disfrutó teniéndonos por aliado…” ELLIOT ABRAHAM.
Hay confesiones premiables que el coro mundial dominante contra Venezuela bolivariana, auspiciado por el poderío mediático del imperialismo occidental, se encarga de ocultar y /o subvalorar en cuanto a evidencias de delitos de Estado, violaciones a derechos humanos y agresiones a la autodeterminación de pueblos.
Hablo de confesiones descaradas, que implican crímenes de lesa humanidad a cargo de instituciones y personeros estadounidenses con capacidad de provocar genocidios, en tantos voceros de su Gobierno y de sus Fuerzas Armadas.
-Revisen estas declaraciones de factura militar:
“Intensificar el derrocamiento definitivo del chavismo y la expulsión de su representante, socavar el apoyo popular….alentar la insatisfacción popular aumentando el proceso de desestabilización y desabastecimiento…
Incrementar la inestabilidad interna a niveles críticos, intensificando la descapitalización del país, la fuga de capital extranjero y el deterioro de la moneda nacional, mediante la aplicación de nuevas medidas inflacionarias que incrementen ese deterioro…obstruir todas las importaciones y al mismo tiempo desmotivar a los posibles inversores foráneos”.
(KURT TIDD, Jefe del Comando Sur de Estados Unidos, tomado del documento “El Golpe Maestro de EEUU contra Venezuela”, 9-05-2018. Citado por Stella Caloni en artículo publicado en la Red Voltaire)
-Pero observen además con atención estos párrafos del informe político presentado por el halcón Elliot Abraham a la Comisión de Relaciones Exteriores de la Cámara de Representantes de EEUU:
¿Entonces vamos acaso a permitir que en Venezuela sea exitoso el socialismo, señores Representantes? ¿Pueden ustedes creer lo que eso provocaría en toda la región de América Latina?, ¿Ustedes pueden imaginarse lo que representa construir tres millones de viviendas sin la participación de la empresa privada? ¿Cuál sería el destino de nuestro modelo si no intervenimos allí en los proyecto de salud o educación, en la formación de sus militares y en la adquisición de los elementos para su defensa?, ¿Vamos entonces a permitir que en ese país triunfe el socialismo, un sistema al que le hemos venido declarando la guerra desde que nos constituimos en democracia líder del libre mercado? Por lo tanto, el que no esté con nosotros debe pasar por los más dolorosas privaciones, las más terribles inseguridades, las más penosas necesidades de todo aquello que durante tanto tiempo disfrutó teniéndonos por aliado y por el sostén de sus costumbres, de sus hábitos y entretenimientos más preciados…”.
- LA VERDAD AL DESNUDO.
Estas confesiones dejan claro que la crisis que afecta a Venezuela ha sido provocada por la cúpula del poder estadounidense, que el deterioro de la economía en los niveles actuales, los desabastecimientos, la híper-inflación y la devaluación gigantesca de la moneda nacional, las “privaciones” y “necesidades penosas”, los intentos de golpes de Estado y de desestabilización, la violencia, inseguridad, obstrucción de las importaciones y fuga de divisas y capitales…han sido consecuencias de un plan fríamente programado y ejecutado por el Departamento de Estado y el Pentágono de EEUU. Y ahora resucitan el TIAR, fuerza de intervención militar continental “a pedido de Guaidó”.
Esto es, que lo que se le atribuye al Gobierno de Nicolás Maduro y al chavismo, lo que se le endilga sistemáticamente y en volúmenes sin precedentes para desacreditarlos, satanizarlos y derrocarlos ha sido fundamentalmente obra del imperialismo estadounidense y sus socios continentales y mundiales.
Estas dos confesiones, fruto del descaro que emana de una prepotencia y una soberbia imperial sin límites, deberían ser premiadas como pruebas de la perversidad que acompañan sus propósitos de recolonización de Venezuela y de Nuestra América; es decir, los intentos de desconocer el derecho de autodeterminación, aplastando esa y todas las soberanías.
Ambas confesiones destilan un odio que va más allá de la rapacidad de un imperialismo decadente que procura apropiarse por la fuerza de nuestras riquezas (petróleo, oro, litio, “tierras raras”, biodiversidad, tierras fértiles, fuentes de agua…) y devela su ira contra todo lo que atente contra su coloniaje, su afán de aplastar nuestras identidades culturales, la supremacía blanca, su racismo proverbial y su indecente desprecio por estas sociedades mestizas, mulatas, negras y sus pueblos originarios.
Pero lo peor de todo es como la mentira -pasándole por encima a confesiones de este calibre y gravedad- se ha convertido en matriz de medios, cadenas informativas, noticieros, analistas, periodistas, políticos, empresarios, pastores, militares…que en todos nuestros países han conformado impresionantes redes de reproductores en gran escala de esta trágica inversión de la realidad.
Inconducta que se podría entender inocente, resultado de la alienación masiva, en personas confundidas, desinformadas o ignorantes de lo que realmente acontece en Venezuela y en el mundo; pero no en los casos de gobernantes, profesionales de la política y la economía, periodistas y comunicadores, representantes de las ciencias sociales, la cultura, iglesias y universidades, la diplomacia, la tecnocracia, la farándula, el deporte profesional y el quehacer militar y policial.
Eso se llama optar conscientemente por intereses espurios y versiones reñidas con verdades conocidas y comprobables, aunque poco difundidas.
Optar por la defensa de privilegios y acomodamientos personales, atropellando la verdad y hasta obviando confesiones como las anotadas.
Disposición a difundir mentiras y medias verdades por temor a las represalias, por falta de valor.
Evadir responsabilidades en desmedro de la ética profesional.
Y, en el mejor de los casos, erigir el liberalismo, el neoliberalismo y el conservadurismo de factura europea y estadounidense en dogmas convenientes, o negarse a reflexionar o investigar antes de hablar o escribir para montarse en la corriente de opinión dominante.
Entre esa camada no faltan bocinas bien pagadas y además pericos y cotarras repetidoras de infundios reaccionarios “made in usa”.
Gracias Almirante o Mariscal Tidd, gracias Mr Abraham por ponerlos en evidencia con estas confesiones y/o “delaciones” premiables. ¡Aplaudo a su pérfida sinceridad!
Los gobiernos de ultraderecha podrán expulsar inmigrantes, quitar derechos y mandar las mujeres a cocinar y fregar, pero no ofrecerán solución a lo que realmente está causando malestar a muchas personas: la discrepancia entre el bienestar prometido y deseado, y las precariedades económicas existentes.
Por Rosario Espinal
A pesar del triunfo de Lula en Brasil, es evidente el avance de la ultraderecha en el mundo. Las causas son diversas, pero hay elementos en común: el hartazgo de muchas personas con lo existente y la búsqueda de chivos expiatorios para distraer la atención de los problemas de fondo.
Los chivos expiatorios permiten culpar a alguien (usualmente a un grupo vulnerable) de los males sentidos; males que muchos no comprenden y que unos pocos explican a su conveniencia para consumo masivo. De ahí que la ultraderecha se sustente en culpar a los inmigrantes, los gais, los trans, las mujeres, los ambientalistas, etc.
Ellos, según la agitación constante de la ultraderecha, son culpables del desempleo, del gasto en servicios públicos, de la delincuencia, de la pérdida de valores, del colapso de la familia tradicional, etc.
¿Qué hay realmente en el trasfondo? Sociedades que no han podido ofrecer el bienestar prometido a amplios segmentos de la ciudadanía.
En regímenes autoritarios no hay que inventar muchos cuentos porque las fuerzas represivas impiden o sofocan los brotes de insatisfacción. En sociedades con ciertas libertades públicas hay que identificar culpables para el desquite. De ahí que el auge de la ultraderecha se exprese actualmente en democracias longevas.
En el caso específico de las sociedades capitalistas hay un mal de fondo: la promesa de prosperidad que cundió por el mundo desde la década de 1980, bajo las premisas del neoliberalismo y la globalización, desencadenaron expectativas de bienestar para una gran parte de la población mundial que no se han concretado.
Tres factores claves lo han impedido:
Primero, el neoliberalismo con sus políticas de bajos impuestos al capital y la desregulación empresarial ha producido una gran desigualdad en la distribución de la riqueza: los que más tienen, tienen muchísimo más que los demás.
Segundo, la dificultad para desmontar servicios públicos establecidos después de la Gran Depresión. Si eliminan servicios hay más desigualdad y descontento. Si los mantienen, los gobiernos enfrentan mayores déficits fiscales porque han bajado los impuestos a los ricos o les perdonan la evasión.
Tercero, la inflación pospandémica, agravada por la guerra contra Ucrania y contra Irán aumenta los costos de la energía, devastador en el mundo.
Las protestas que proliferan actualmente, sea por la vivienda, el deterioro de la educación, el costo de la vida, o la corrupción reflejan el descontento. Ahí prolifera la ultraderecha con su recetario de chivos expiatorios (simples y claros) que mucha gente asume como explicación de sus males. El sistema en su último cuplé.
Los gobiernos de ultraderecha podrán expulsar inmigrantes, quitar derechos y mandar las mujeres a cocinar y fregar, pero no ofrecerán solución a lo que realmente está causando malestar a muchas personas: la discrepancia entre el bienestar prometido y deseado, y las precariedades económicas existentes. Esta discrepancia se presenta a través del mundo.
Cuando los gobiernos de ultraderecha arrasen con muchas de las conquistas de los últimos 70 años, dejarán detrás sociedades más desiguales y convulsas, sobre las que habrá que forjar valores de solidaridad y justicia, si es que la humanidad no ha sido vencida por los humanoides de la inteligencia artificial.
Por Miguel Guerrero
El problema eléctrico sólo se resuelve tomando al toro por los cuernos. Lo primero es reconocer que la presencia del Estado en el negocio es el principal escollo en la búsqueda de una solución a la crisis energética y su grave impacto en la economía nacional, el sosiego familiar, la estabilidad de los negocios, grandes, medianos y pequeños, y todo cuanto anhelamos con proyección al futuro.
Sin ánimo de enjuiciar la labor del actual gobierno, lo cierto es que la CDEEE es parte del problema. Para esta fecha se suponía que su papel habría dejado de ser determinante y que el Gobierno aceptaría su rol de regulador, fortaleciendo las instituciones públicas llamadas por ley a pautar las reglas del negocio. En lugar de afianzar esta irrenunciable y fundamental responsabilidad, la corporación estatal ha continuado asumiendo funciones propias de una rectoría del sector que no le corresponde.
En la medida en que ese papel se incrementa desciende el de la superintendencia y de la Comisión de Energía, supuesta esta última a pautar las políticas del sector. En un sistema bien estructurado, la CDEEE sería apenas otro agente del sector, no el ostentador de un liderazgo que no es suyo. Por esa distorsión, el sistema no funciona adecuadamente y la mejor demostración de ello son los apagones y el alza de las tarifas, que tienen al garete a la población y estrangulado a los sectores productivos.
Los gobiernos han evidenciado, además, su incapacidad para liderar el sector, se vieron obligados a recurrir a organismos internacionales en la búsqueda de una salida, después de interminables promesas de solución con plantas que nadie ha visto. Admito que es una decisión difícil para un Gobierno, pero a menos que no se delimiten claramente los roles, el sector eléctrico seguirá dando tumbos.
Por Rommel Santos Diaz
El Estatuto de Roma establece que la Secretaría de la Corte Penal Internacional , sin perjuicio de las funciones y atribuciones del Fiscal de conformidad con lo dispuesto en el artículo 42 del estatuto de referencia, estará encargada de los aspectos no judiciales de la administración de la Corte Penal Internacional y de prestarle servicios.
De conformidad con el Estatuto de la Corte Penal Internacional la Secretaría será dirigida por el Secretario, que será el principal funcionario administrativo de la Corte. El Secretario ejercerá sus funciones bajo la autoridad del Presidente de la CPI.
El Estatuto de la Corte Penal Internacional señala, además, que el Secretario y el Secretario Adjunto deberán ser personas que gocen de consideración moral y tener un alto nivel de competencia y un excelente conocimiento y dominio de al menos uno de los idiomas de trabajo de la Corte.
El Estatuto de Roma también establece que los magistrados elegirán al Secretario de la Corte Penal Internacional en votación secreta por mayoría absoluta y teniendo en cuenta las recomendaciones de la Asamblea de los Estados Partes. De ser necesario elegirán por recomendación del Secretario y con arreglo al mismo procedimiento, un Secretario Adjunto.
En cuanto al procedimiento de elección del Secretario de la Corte Penal Internacional, el Estatuto de Roma establece que el mismo será elegido por un periodo de cinco años en régimen de de dejación exclusiva y podrá ser reelegido una sola vez. El Secretario Adjunto será elegido por un periodo de cinco años, o por uno más breve, si así lo deciden los magistrados por mayoría absoluta en el entendimiento de que prestara sus servicios según será necesario.
Finalmente, el Secretario establecerá una Dependencia de Víctimas y Testigos dentro de la Secretaria. Esta Dependencia, en consulta con la Fiscalía, adoptará medidas de protección y dispositivos de seguridad y prestará asesoramiento y otro tipo de asistencia a testigos y víctimas que comparezcan ante la CPI, y a otras personas que estén peligro en razón del testimonio prestado . La Dependencia contara con personal especializado para atender a las víctimas de traumas, incluidos los relacionados con delitos de violencia sexual.
Rommelsantosdiaz@gmailcom
