Análisis Noticiosos
Solo un 4% de los estudios sobre la covid considera las diferencias entre hombres y mujeres
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5 años agoon
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LA REDACCIÓNLa variable del sexo apenas se incluye en las investigaciones sobre el virus, a pesar de que la enfermedad suele ser más grave y mortífera en los varones
Casi desde los inicios de la pandemia de covid-19 se sabe que esta enfermedad afecta más a hombres que a mujeres. Si bien la edad, el estilo de vida y el pasado médico de la persona influyen en cómo impacta la enfermedad en un paciente, hay un factor que es clave: el sexo biológico. Ellos, por ejemplo, desarrollan neumonías en un 64% de los casos, frente al 44% de ellas. Las mujeres, por su parte, suelen tener vómitos, mareos y pérdidas del olfato y el gusto más frecuentemente. A pesar de esto, una inmensa mayoría de las investigaciones científicas que se realizan en torno a la covid-19 no tienen en cuenta el sexo como una de las variables principales. Solo un 4% hacían mención explícita a la inclusión del sexo y/o el género como variables a utilizar, según un estudio publicado este martes en Nature Communications.
Ni siquiera el paso del tiempo y las certezas sobre las diferencias en el efecto del sexo sobre la enfermedad consiguieron enderezar el rumbo de estos estudios. En los primeros seis meses de 2020 se presentaron 2.475 trabajos, de los cuales solo el 4,1% incluía el sexo como variable. Durante los siguientes seis meses de ese año, 76 de los 1.945 informes presentados tenían en cuenta este factor, un 3,9% del total. “Nuestra investigación demuestra muy claramente que, incluso con el consenso general del impacto del sexo y género en una enfermedad, las dinámicas de investigación no cambian automáticamente”, dice Sabine Oertelt-Prigione, una de las autoras del estudio. “Necesitamos que las agencias regulatorias den un paso al frente y pidan más transparencia, y necesitamos que los medios científicos apliquen reglas más estrictas a la hora de informar”, considera la investigadora.
La mayoría de estudios que profundizaban en los efectos de la covid en la mujer lo hacían para ver cómo afectaba al embarazo
Los autores piden tomar sus resultados con ciertas cautelas, principalmente por tres razones. La primera es que el tamaño de los ensayos condiciona la inclusión del sexo como una variable, ya que segregar los datos puede hacer que las estadísticas pierdan fuerza. “Sin embargo”, dice el informe, “la falta de consideración de estas variables puede socavar la reproducibilidad y generalización de los resultados”. En segundo lugar, la trayectoria de los investigadores. Aquellos que se dedican a estudios observacionales (los estadísticos, en el que el experto no interviene) sí acostumbran a incluir variables sociales como la pobreza, mientras que los investigadores experimentales no suelen priorizar estos factores. Por último, el factor nacional también desempeña un papel importante. La base de datos de la que se nutren tiene unos requerimientos específicos a la hora de registrar los estudios que pueden no ser más (o menos) restrictivos que en otros países. “Centrándonos en ClinicialTrials.gov, podemos habernos perdido una larga proporción de estudios realizados fuera de EE UU, lo que limita el valor global de nuestras conclusiones”, reconocen los investigadores.
Excluir el sexo de los ensayos clínicos y no diferenciar los resultados puede derivar en que un fármaco tenga menos eficacia o más efectos adversos en un sexo que en otro, o que una enfermedad se infradiagnostique en uno de ellos. Es el caso de los problemas de corazón en las mujeres o la osteoporosis en hombres. “Muchos colegas investigadores simplemente no creen que tenga la suficiente importancia como para dedicarle tiempo”, dice Oertelt-Prigione sobre por qué los estudios actuales no incluyen esta perspectiva de género. Carme Valls Llobet, del Centro de Análisis y Programas Sanitarios y autora del libro Mujeres invisibles para la medicina (Capitán Swing, 2020), cuenta su experiencia en este asunto: “Los epidemiólogos me dicen que es un trabajo más separar por sexo y que para lo que va a servir… Bueno, no sabéis para qué va a servir. Diferenciad por sexo y yo ya estudiaré para qué sirve. Pero, si no lo diferenciáis, no lo puedo estudiar”.
“Necesitamos que las agencias regulatorias den un paso al frente y pidan más transparencia, y necesitamos que los medios científicos apliquen reglas más estrictas a la hora de informarSABINE OERTELT-PRIGIONE, AUTORA DEL ESTUDIO
Para la autora del estudio, la falta de datos segregados puede haber enturbiado la conversación sobre las vacunas. “Posiblemente podríamos haber tenido discusiones más informadas sobre cómo asignar las vacunas, basadas en el riesgo de determinados efectos secundarios y podríamos haber sabido mejor qué esperar. Esto nos habría permitido informar mejor a los usuarios y generar mayor confianza”, considera esta experta. María Teresa Ruiz-Cantero, catedrática de Medicina Preventiva y Salud Pública de la Universidad de Alicante, coincide y cree que contar con datos desagregados por sexo podría haber ayudado a señalar grupos de riesgo para según qué vacunas, como es el caso de las mujeres fértiles con la vacuna de AstraZeneca. “Sé que han estado haciendo estudios desde Europa, que han evidenciado que hay una serie de efectos secundarios en mujeres jóvenes. También en algunos hombres, pero sobre todo son mujeres”, dice la catedrática. Según esta misma investigadora, AstraZeneca utilizó una muestra mayor de mujeres que de hombres en los ensayos (la mayoría de voluntarios fueron personal médico, donde suele haber más mujeres), pero no segregó los resultados por sexo.
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Análisis Noticiosos
La Pérdida de la Cultura del Trabajo
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6 días agoon
septiembre 17, 2026Por José Cabral
Un fenómeno muy preocupante que se produce en la República Dominicana tiene que ver con la pérdida de la cultura del trabajo.
Aparentemente hay un relativo cumplimiento con las obligaciones laborales cuando se trata de una empresa con altos niveles de organización y supervisión.
La pérdida de la cultura del trabajo puede ser demoledora para la micro, pequeña y mediana empresa, en las que no hay forma de que se respete el contrato laboral entre empleados y empleadores.
La desaparición de la cultura del trabajo en el país representa una crisis muy profunda debido a la precariedad laboral, la informalidad y la pérdida de incentivos para el esfuerzo formal.
La pérdida de la cultura del trabajo está asociada a una serie de factores como los bajos salarios y que un empleo no garantiza la salida de la pobreza, según los estudios económicos al respecto.
Sin embargo, la razón principal, siempre de acuerdo a lo que puedo observar, obedece a la crisis de valores que impacta a la sociedad dominicana.
Hay una tendencia muy acentuada a no cumplir con la responsabilidad asumida, es decir, que se observa una negación de la gente a asumir sus obligaciones.
Inclinarse por la vida fácil es una percepción ciudadana que tiene que ver con la crisis de valores que procura la búsqueda de ingresos sin hacer ningún esfuerzo, cuyo ejemplo más contundente es la famosa “botella” a nivel estatal, la cual es estimulada por el clientelismo que promueven los partidos políticos.
Lo otro que explica el fenómeno es que la gente ha aprendido a reclamar sus derechos sin cumplir con sus deberes.
Es una percepción generalizada, la cual va de lo pequeño a lo grande y lo contrario, pero no parece que haya una respuesta a la vista por tratarse de una realidad en la que el Estado no hace ningún esfuerzo planificado para combatirla.
Análisis Noticiosos
La burocracia vuelve a representar la comedia triste de la entrega.
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2 semanas agoon
septiembre 11, 2026
Asistimos, con el alma acongojada pero erguida en el patriotismo más puro, al espectáculo de unos ministros que celebran como proeza histórica el servilismo diplomático.Análisis Noticiosos
El orgullo de ser dominicano bien valorado, da seguridad y confianza.
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3 semanas agoon
septiembre 5, 2026Por José Cabral
Hace ya muchos años fuí testigo de varios anécdotas que deben servir para algo a cualquier persona, no importa de que país sea.
En un lugar en Nueva York llamado Merchant, donde se vende vinos y cigarros y se toca Jaz, compartía con unos amigos, entre ellos había varias muchachas colombianas y una de ellas me pregunta que si soy dominicano y le responde que sí.
Y de inmediato me narra que su hermana más joven, quien se encontraba también en el lugar, tenía un noviazgo con un joven dominicano, pero que esa relación le había traído muchos problemas a la familia, porque su papá entendía que la misma no debía existir.
Me decía la joven que su papá siempre decía que lo menos que él debía hacer era estrangular a su hija por mantener una relación que podía terminar en procreación con una persona de una baja procedencia.
Pero la historia se repite unos años después en la calle 50 y la quinta avenida de la ciudad de Nueva York cuando me decía otro señor que conoció una muchacha tan hermosa y educada de apellido Trujillo que nadie podía pensar que fuera dominicana.
Evidentemente que ambas narraciones tenían su explicación en que la mayor parte de la inmigración dominicana hacia los Estados Unidos, que es el escenario analizado, procedia en ese momento del campo y cuya formación académica y cultural es muy pobre.
Además, por un asunto cultural, la mayoría de los dominicanos radicados en Nueva York proceden de barrios muy pobres o del campo de la región del Cibao, cuyas características y acento es, podría decirse, la representación de un regionalismo que se expresa a través del uso de la i para hablar.
Naturalmente, las razones que tienen que ver con que mucha de nuestra gente no haya tenido la oportunidad de cursar estudios universitarios y de tener una buena formacion cultural son parte de las deficiencias que se observa en el Estado dominicano.
De cualquier manera, la imagen de cualquier gentilicio se complica o deteriora cuando una buena parte del grupo étnico de que se trate se ve involucrado en actividades que nadie quiere para su familia, aunque, naturalmente, ese no sea el caso de lo planteado en este comentario.
Hay que decir que los propios colombianos se vieron en una situación indeseable cuando la época de Pablo Escobar que un pasaporte de ese país era prácticamente una ofensa a nivel internacional.
La enseñanza que quiero dejar con estas narraciones es que el orgullo de ser dominicano es algo que no se negocia, pero el mismo está determinado por la imagen que se venda en la comunidad internacional.
Y para sentirse orgulloso de la dominicanidad hay que partir, principalmente, de que sea un país en el que la dignidad humana sobresalga sobre la mayoría de los derechos, pero además que quien la representa sea gente con la decencia y un comportamiento acorde con los tiempos de las sociedades civilizadas.
Ciertamente que las democracias han fallado, sobre todo por el comportamiento de los partidos políticos y si bien hay que combatir ese mal y buscar la sustitución ahora y para siempre de esos actores de la vida nacional, pero cualquier solución al respecto no puede ser peor que lo que existe y sobre la base de lesionar el orgullo de ser dominicano.
Con esto quiero decir que en aras de preservar el orgullo nacional, se debe procurar llevar a la direccion del Estado a personas que, no sólo sean éticas y defensoras del interés nacional, sino también que coloquen en la cima, si es posible, la imagen del gentilicio por tener una conducta en el contexto de una sociedad civilizada.
Hay una expresión popular que dice que es muy importante guardar bien las apariencias, lo cual es aplicable en estos momentos en la República Dominicana, pero que ello no sea una causa para dejar de gestionar la salida del poder de los que han dañado gravemente la democracia, aunque, naturalmente, sin apoyarnos en ciudadanos que, aunque tienen el derecho constitucional de elegir y ser elegido, pero que su comportamiento lo descalifica para representar a todos los que tenemos un criterio muy claro del orgullo de ser dominicano y lo que ello implica para la economia y toda la vida nacional.
