Opinión
El Mundo que quedó atrás
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4 años agoon
Por Miguel Guerrero
A manera de introducción
La lectura de esta obra pudiera dar la falsa impresión que he intentado incursionar en el género autobiográfico. Si bien la mayoría de los relatos iniciales son el resultado de vivencias y recuerdos personales de épocas difíciles, el propósito no ha sido, por supuesto, reseñar mi propia historia. Las ideas y episodios narrados en este espacio son frutos de experiencias del quehacer periodístico contados ya de la misma u otra manera en oportunidades anteriores y por distintos medios, tanto orales como escritos.
Pasajes enteros se refieren a situaciones conmovedoras y dramáticas que me tocó observar o experimentar en carne propia. Al recrearlas, aspiro a alentar sentimientos parecidos en el lector. Con toda probabilidad, las historias aquí contadas habrán sido vividas de igual manera y con idéntica intensidad por muchos otros. De modo que nada extraño sería que alguien experimentara la misma dulce sensación que se adueñó de mí al recrearlas para un libro.
CAPÍTULO I
En los duros años de escasez familiar, durante mi adolescencia, de los que a pesar de todo perduran en mí gratos recuerdos de escenas filiales, desordenadamente incrustadas en un apartado escondrijo de la memoria, surgió en aquella pequeña casa de la Fabio Fiallo la necesidad de racionarlo todo. Eran tiempos, sin embargo, en que las cosas parecían más fáciles.
Las complejidades del progreso y los avances de la ciencia, no ofrecían las comodidades de la televisión por cable ni las facilidades de las llamadas internacionales por discado directo. A pesar de ello, la vida poseía sus encantos.
El racionamiento comenzaba en casa con el atuendo para la escuela y terminaba en la noche con la cena, en la que pocos pesos bastaban entonces para los alimentos comprados en el colmado de Nando, en la esquina, suficientes para papá, mamá, mis cinco hermanos y yo.
Tilo, apodo del que después se hizo médico y ejercíó en Estados Unidos, y segundo en edad, sentía ya para esa época la necesidad de hacerse sentir entre sus compañeros. Era la vanidad propia del muchacho de una familia de clase media que de una relativa y cómoda prosperidad, por un golpe adverso del destino, con la fuerza de un disparo, había sido sumida en la precariedad, rodeada de escasez y dignidad.
La mayor parte de las pequeñas riñas familiares sobrevenían cuando ese hermano, que solía ponerse las camisas de mi padre, negaba a Luis, el mayor, el derecho a usar las suyas. De esa época difícil me quedó la inclinación de reparar los trajes, cuando unas cuantas libras de menos o más llegan a hacerlos inútiles en el guardarropas.
Tan peculiar costumbre pareció transmitirse a otra generación familiar.Tan pronto como el convencimiento de la pubertad hizo a mi hija Lara ruborizarse de sus propias dotes, le nació la fascinación por parecerse a su madre. Fue el período en que adquirió la inclinación a ponerse los vestidos de ésta, sólo por la mera satisfacción de hacerlo.
Yo podía ver, en medio del pequeño gesto de protesta e indignación de la madre un profundo brillo de alegría en su expresión, como si nada le enorgulleciera tanto como el que su hija le despojara temporalmente de una prenda. Expresión que pude ver en los ojos de mi hijo, días después cuando al prepararse para el colegio, Miguel que entonces cumplía ya 15 años, decidió ponerse un polo-shirt mío sin ningún rasgo de rubor. Nunca me pareció tan cerca y al estrechar su mano grande y fuerte de adolescente sentí como si el correr de su sangre fluyera realmente por mis venas.
Y como el día en que su madre descubrió con un grito, mezcla de asombro y alegría, su primer pelo de barba sobre el mentón, encontré de nuevo tema ese día para un artículo.
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Después de dedicarme a escribir una columna diaria durante más de diez años, de pronto me llegó en 1987, el momento de un receso. Al pasar a ocupar la Dirección General de la Corporación Dominicana de Empresa Estatales (CORDE) decidí que en un momento dado mis opiniones podrían carecer de la ecuanimidad y total independencia de criterio con que las había mantenido, con mucho esfuerzo, resistiendo a las presiones más diversas.
De todos los artículos que había escrito en mi vida, ese día me encontré ante el más difícil. Temía que algunos de mis lectores .a fuerza de escribir a diario uno llega a gozar del privilegio de tenerlos. creyeran que intentaba una despedida. Lo condenadamente difícil de esa última columna, en esa fase temporal de mi vida profesional de periodista, era lo malo que siempre he sido para decir hasta luego. Lo que trataba de explicar, por obligación elemental ante quienes se concedían la molestia de detenerse periódicamente ante ese espacio, era que de todos modos un día estaría de nuevo de vuelta.
¿Qué se siente al tomar una decisión de esta naturaleza? Entre muchas otras sensaciones, un profundo vacío intelectual, que en el fondo sólo muestra la vanidad oculta en cada gesto o acción humana. Ese tremendo defecto personal, común a todos los hombres y penosamente pronunciado en nuestro medio periodístico, lo he combatido internamente pidiendo siempre a Dios fuerzas para resistir la lisonja y vencer la soberbia o cualquier asomo de prepotencia.
Cuando salí del despacho presidencial luego de juramentarme como director general de la Corporación Dominicana de Empresas Estatales (CORDE), en un gesto mecánico introduje mi mano derecha en un bolsillo de la chaqueta y saqué un grueso fajo de tarjetas y papelitos, de peticiones que me habían hecho en el corto tramo comprendido entre la entrada de Palacio y el antedespacho del mandatario. El consorcio poseía 24 empresas. Yo necesitaba de por lo menos otras 75 para complacer las solicitudes para puestos de administradores que me habían hecho en ese trayecto.
En INAZUCAR no me visitaba tanta gente. La causa era, naturalmente, que allí no podía nombrar a casi nadie ni otorgar contratos. En los dos meses que ocupé la dirección de CORDE me enteré de que tenía por lo menos ciento cuatro primos y tíos de los que nunca había oído hablar. Una tarde fue a verme, aduciendo una emergencia personal muy grande, un .amigo de infancia.. Le dijo a mi secretaria que habíamos sido los mejores camaradas en una época y estudiado juntos en la misma escuela. Yo salía en esos momentos de mi despacho y escuché esa parte de la conversación. El hombre tenía no menos de sesenta años y a mis cuarenta era difícil que hubiéramos estudiado juntos.
La historia del tío que me quería .inmensamente. fue todavía más aleccionadora, cuando le saludé como a cualquier visitante y preguntó a mi secretaria quién yo era. Hubo otro que tuvo la cachaza de .recordarme. una experiencia común vivida en Montecristi en la campaña de 1978, lugar donde nunca había estado y menos en labores proselitistas.
Un secretario muy influyente de Palacio me enviaba siempre papelitos con recomendaciones de empleo. Los primeros días tendía a prestar atención pero cuando vi que excedían mi capacidad para situarlos, le llamé para preguntarle cuáles de ellos tenían prioridad, dadas las presiones de empleo que entonces se ejercían sobre el gobierno, para tratar de encontrar alguna solución. Me respondió que ninguno, que no les hiciera caso. Pero a muchos de esos papelitos sí había que hacerles caso.Cuando los identifiqué cambié de táctica y los echaba todos al cesto. A partir de ahí comencé a tener problemas.
A un administrador .figura política de cierto prestigio que había sido congresista. le cambié de posición poniéndole en una empresa más importante en atención entre otras cosas a sus méritos partidarios. Me convertí en una especie de benefactor para él. Daba gusto verle en mi despacho, a donde iba regularmente con lisonjas de todo tipo. En una ocasión no pudo contenerse y me abrazó con tanta fuerza que la emoción apenas alcanzó a dejar oír su voz, trémula como próxima al llanto: .Nunca olvidaré lo que has hecho por mí.. Yo pensaba que su nueva posición no merecía tanto y llegué a implorar a Dios por la oportunidad de poder dar a ese hombre el premio que merecía.
La noche que se publicó, pocos días después, mi renuncia irrevocable al cargo, mis compañeros le vieron borracho celebrando la noticia en un club de ejecutivos, en compañía de otros. .Brindo para que no se arrepienta., dijo alzando la copa.
Un señor en Palacio, que parecía muy amigo de un influyente funcionario, me llamó a un rincón y me entregó un papelito recomendándose él mismo para un puesto. Había escrito su dirección y teléfono en el reverso de una carta obscena que pensaba dirigir a una mujer que parecía, por el texto, la secretaria de un amigo. Casi en su presencia, lleno de vergüenza cuando leí el texto, rompí el papel y tuve que aceptar estoicamente una andanada de insultos en los que me recordaba que no era más que un desconsiderado que me había envanecido con la posición, y a quien el Presidente bajaría pronto los humos.
Si había aprendido algo a lo largo de mi carrera profesional, la que me sirvió en mi breve experiencia como servidor público, era aquilatar en toda su dimensión, la importancia de la humildad. Nunca me he sentido más fuerte y preparado para la lucha, cualquiera que ésta sea, como cuando siento la certidumbre, todavía años después, de que la humildad domina en mí, sobre todo otro sentimiento o flaqueza humana.
Cuando mi padre murió, aquella triste y plomiza tarde de mayo, lo que proporcionó el valor necesario para soportar la tragedia enorme que se abatía sobre nosotros, no fue más que la inmensa sensación de pequeñez que de mí mismo y de mis hermanos, reflejó su muerte. La verdadera grandeza de su existencia estaba no en sus muchos logros personales, de su vida una extraña conjugación de éxitos y fracasos que terminaron por abatirle cuando ya le faltaban fuerzas físicas para enfrentar las tempestades, sino en la sencillez de su corazón y en su increíble percepción para captar la esencia pura de la existencia humana en la más intrascendente de las escenas cotidianas.
Tras su expresión adusta y severa flotaba un corazón tan dulce y transparente como la miel. Había luchado contra viento y marea y confrontado las peores vicisitudes en la forjación de la más grande y exitosa de sus empresas personales, que era su familia, y sin embargo había logrado proteger las fibras esenciales de su corazón, al punto de poder encenderse interiormente ante el esplendor de una naciente flor o las lágrimas de un niño hambriento. Era allí donde residía su verdadera naturaleza y de donde yo extraje, desgraciadamente en la etapa final de su vida, los elementos fundamentales del amor y la admiración que la muerte y el tiempo no han logrado
De todas sus virtudes, la que más apreciaba en cualquiera de nosotros, sus hijos, era la de la sencillez y la humildad. Las demás carecían del valor esencial de éstas, porque sabía que el talento, la riqueza y la belleza física, eran después de todo temporales como la vida misma y enanas ante la grandeza de Dios. Como en el caso de los hombres, creía que las grandes naciones, habían llegado a serlo sólo por la comprensión absoluta de sus limitaciones y posibilidades.
El punto decisivo de mi carrera profesional se remonta al momento en que comprendí, en toda su intensidad, el poder real de la palabra escrita. El conocimiento de cuán destructivo o constructivo pudiera ser finalmente un artículo periodístico, me hizo ser prudente; desarrollar un instinto natural de protección no contra mí, sino contra la honra y la seguridad ajenas.
Había ejercido el periodismo desde un prisma completamente crítico. Pero lo había hecho a sabiendas de mis responsabilidades y limitaciones y con absoluta y plena libertad de conciencia. Sólo cuando estuviera profunda y cabalmente convencido de que podría actuar de nuevo en esas condiciones estaría de vuelta.
Opinión
La crisis de confianza y la urgencia de una Revolución Cívica
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21 horas agoon
agosto 19, 2026Por Isaías Ramos
La crisis más profunda que enfrenta hoy la República Dominicana no cabe en una estadística. Es una crisis de confianza y, en el fondo, una crisis de valores y principios. La confianza constituye una infraestructura invisible: permite que la palabra conserve valor, que las instituciones resulten creíbles y que los ciudadanos cooperen más allá de sus intereses inmediatos. Cuando se erosiona, toda la convivencia se encarece y se debilita.
Esa erosión se manifiesta cuando el mérito cede ante el privilegio, cuando la ley parece distinta según a quién se aplique y cuando justificamos en los nuestros aquello mismo que condenamos en el adversario. En ese punto, la ética deja de ser una brújula y se convierte en una coartada.
El problema no reside únicamente en las decisiones individuales. También importa el ecosistema institucional y cultural que premia, tolera, excusa o sanciona determinadas conductas. Una nación educa tanto por lo que enseña como por lo que recompensa.
Pero ése no es todo nuestro país.
La República se sostiene diariamente sobre una reserva moral que rara vez ocupa titulares: padres que cumplen, maestros que enseñan, trabajadores que honran su palabra, empresarios que progresan sin corromper, servidores públicos que cuidan lo que pertenece a todos y ciudadanos que hacen lo correcto aun cuando nadie los mira.
Sobre esos dominicanos debemos construir.
Refundar la patria no significa destruir lo existente, fundar otra República ni idealizar el pasado. No es nostalgia ni ruptura del orden constitucional. Es una renovación moral, cívica e institucional que recupera los fundamentos necesarios para avanzar: Dios, como reconocimiento de una dignidad humana superior a cualquier poder; Patria, como herencia y responsabilidad compartida; Libertad, inseparable de la responsabilidad; Constitución, como límite de la autoridad; y Deber, como puente entre principios y conducta.
La Constitución define a la República Dominicana como un Estado Social y Democrático de Derecho. Esa definición no debe permanecer como una fórmula solemne. Es una promesa pendiente de plena realización: un Estado al servicio de la dignidad humana, con orden bajo la ley, justicia para todos, límites efectivos al poder e igualdad real de oportunidades.
Hacerla realidad exige instituciones capaces, pero también ciudadanos dispuestos a defenderlas, fiscalizarlas y exigir que funcionen.
A ocho años de su fundación, el Frente Cívico y Social sostiene que es urgente impulsar en la República Dominicana una Revolución Cívica: pacífica, democrática y constitucional. Una transformación que comience en la conciencia del ciudadano, se exprese en su conducta, se organice en las comunidades y contribuya a hacer efectivas las promesas de nuestra Constitución.
No una revolución contra personas, sino contra las prácticas que han normalizado la arbitrariedad, el clientelismo, la indiferencia y la doble moral.
No busca enemigos; busca responsabilidades.
No promete un salvador, porque ningún hombre puede sustituir la responsabilidad de una nación.
La cultura del deber ocupa aquí un lugar decisivo. Los derechos fundamentales no dependen de que primero cumplamos un deber; nacen de nuestra dignidad y deben ser garantizados. Pero una sociedad necesita responsabilidades compartidas para hacer efectivos y sostenibles esos derechos.
El derecho limita al poder; el deber exige que quien lo ejerce actúe con honestidad. El derecho nos permite participar; el deber nos recuerda que la indiferencia también produce consecuencias.
La pregunta central no es únicamente qué nos deben o qué debe hacer el Gobierno. También debemos preguntarnos:
¿Qué me corresponde hacer a mí desde el lugar que ocupo y con las capacidades que tengo?
La respuesta comienza en cinco verbos: formarse, organizarse, servir, proponer y participar.
Participar significa intervenir todos los días en la vida pública. También implica defender el derecho constitucional a elegir y ser elegido, y prepararnos para llevar democráticamente nuestras propuestas a las instituciones cuando la ciudadanía lo decida y la vía jurídica lo permita.
La democracia no comienza el día de las elecciones, pero tampoco termina antes de llegar a las urnas.
Una persona puede iniciar una conversación. Una comunidad puede convertirla en acción. Y una nación puede cambiar cuando suficientes ciudadanos asumen la parte de responsabilidad que les corresponde.
La transformación que necesitamos no será obra de un libro, de un hombre ni de una organización.
Será obra de ciudadanos.
Opinión
Jimmy Sierra: El inolvidable hacedor de cultura popular
Published
21 horas agoon
agosto 19, 2026Por Oscar López Reyes
A seis años -18 de agosto de 2020- del cese irremisible de las funciones biológicas vitales de Jimmy Sierra, su voz y su alma perviven en la conciencia colectiva y su legado repercute desde lenguajes audiovisuales y escritos en una legión de discípulos que, espontáneamente, reconocen el provecho de sus enseñanzas, su solemne compromiso con la cultura popular y su coherente e irrenunciable empeño por el cambio democrático de la sociedad dominicana.
Orientador sin avaricia, desprendido, solidario y altruista en su extendida calidad humana. Abogado en el talento de su humildad, sólo ejerció su profesión para defender a presos políticos y sindicatos en la era de Balaguer, y no aceptó administrar ningún organismo gubernamental por su temor a cometer iniquidades y ser pasto del escarnio público. Haciendo acopio del renombrado verso de Antonio Machado, prefirió «hacer camino al andar» como cineasta, catedrático universitario, productor mediático y escritor.
Genuino en la inspiración filosófica, potencializada en los corredizos de su inteligencia superior, Julio Samuel (Jimmy) Sierra -16 de diciembre de 1944, Najayo, San Cristóbal- desarrolló, en la búsqueda de la verdad y la libertad, el pensamiento lógico y crítico. Se sumergió en la reflexión intelectual trascendente, sin acoger a prima facie argumentos fuera de contexto, explicaciones simplistas ni trastadas dogmáticas.
Sus planteamientos y opiniones se articularon en el conocimiento, la ciencia y el arte, precedidos de indagatorias curiosas y evaluaciones racionales y rigurosas. Y, por sus enfoques analíticos conceptuales, sus allegados lo bautizaron con la categoría socio-lingüística de El Teórico.
Los mencionados atributos y su estructura relacional se fundaron y agigantaron en el eje giratorio del tiempo cronológico, desde la infancia (a los 14 años), cuando constituyó un grupo de mozalbetes para rechazar la tiranía de Rafael Leónidas Trujillo, y en la adolescencia (en 1960) en el liceo Eugenio María de Hostos imprimió el periódico “El crítico del Primero E”. Y, dos años después (1962) en Villa Juana, Santo Domingo, formalizó el Club Estudiantil de Jóvenes Amantes de la Cultura (Cejac), la primera entidad de esta naturaleza de República Dominicana.
En su juventud (1965), en la Zona Constitucionalista de la capital instaló una escuela para alfabetizar a combatientes en armas contra la segunda intervención norteamericana a la República Dominicana. En 1966 condujo el Movimiento Cultural Universitario (MCU), que auspició el Primer Festival de la Cultura Popular y la Primera Exposición de Artes Plásticas en Plena Calle.
1.- EL ABOGADO. Titulado de doctor en derecho en la Universidad Autónoma de Santo Domingo (UASD), en 1970, fungió como asesor del Sindicato de Trabajadores de la Fábrica de Clavos y de los Astilleros Navales de Santo Domingo, anclado en su militancia de izquierda. También, como relacionista público de la Asociación de Dominicana de Abogados (ADOMA).
2.- PRENSA ESCRITA. En 1966 insertó en El Caribe el cuento “El Niño”, y más tarde en El Nacional y la revista Ahora. En 1979 publicó los reportajes «Los que no pudieron ver al Papa» y luego, en el Sol «Arenga», la serie de 22 artículos sobre los mensajes televisivos en la R.D., con el seudónimo de Sebastián De Lorena. Igualmente, en 1986 publicó, en El Sol, «La guerra de la propaganda”, con el seudónimo de Esmeraldo Paz, y «Yo estaba allí”, una serie de 235 artículos.
3.- LA RADIO. Entre 1970 y 1975 produjo los programas radiales “La Nueva Voz”, vocero del Movimiento Cultural Universitario (MCU), por Radio Comercial; “Contacto en FA” y “Contacto en Re”.
4.- EL CINE Y EL TEATRO. En 1973 fundó el Instituto Nacional de Estudios Cinematográficos (CENEC) y en 1975 redactó el primer proyecto de Ley de Cine del país, implementado mediante la Ley No. 108-10 para el Fomento de la Actividad Cinematográfica, que creó la Dirección General de Cine. Con la aprobación y ejecución de esta iniciativa, el entonces presidente de la República Leonel Fernández escuchó a Sierra, su amigo de infancia y mentor, a quien mostró fidelidad y solidaridad, que se traduce en un modelo de sincera y respetada amistad. El Teórico produjo y difundió diez obras de cine, seis de teatro y nueve videos.
5.- LA TELEVISIÓN. Desde 1979 hasta 2015 difundió los espacios “Contacto-Imagen”, por Color Visión; “La historia se escribió así”, cápsulas sobre efemérides, durante 12 años por RTVD y Color Visión; «Santo Domingo Vive», por Supercanal, «Dominican View, en Estados Unidos, y “Memorias del padre José Miguel”.
6.- DOCUMENTALES Y PELÍCULAS. Desarrolló una extensa variedad de documentales, películas y cápsulas televisivas, conjuntamente con su didáctico curso audiovisual “Viaje al centro de la historia”. En el 2002 en unos 50 pueblos produjo igual número de documentales de un minuto de duración, los cuales subió a la página “Arribasantodomingo.com”.
7.- HISTORIA AUDIOVISUAL. Entre 1982 y 2013 realizó una decena de documentales sobre “Pintura y Escultura en Santo Domingo”, “Historia del Teatro Dominicano”, “Los medios de comunicación la R.D.”, “Historia de la Literatura Dominicana” (cinco partes), “Hostos el Sembrador”, «Un actor en busca de un personaje», «Los árabes en la Hispaniola», «Ulises Hereaux (Lilis): sangre, papeletas y cartas de amor”; “Cuando llegaron los americanos” y “Ahora que vuelvo, Ton”.
8.- MAESTRO Y CATEDRÁTICO. En 1964 fue cofundador de la Academia La Trinitaria, en el ensanche La Fe, y en la adultez primaria -1976- se desempeñó como profesor de los departamentos de Ciencias Políticas y Artes de la UASD y la Universidad Dominicana OyM.
9.- OBRAS LITERARIAS: Publicó 11 obras sobre cuentos, novelas y ensayos: Bordeando el río, Estudio sobre la incidencia de la publicidad en los mass media en la R.D, Mester de la ironía, Cine 011, Trujillo y las Mirabal, El Paquito de la Revolución, Ciudad de los Fantasmas de Chocolate, Cuentos de Papá Leche, Cuentos de Papá Leche Dos, Yo Estaba Allí, Diccionario Cultural Dominicano e Idolatría.
10.- CANCIONES DE SU AUTORÍA: Grabadas por Julio Sabala, Elenita Santos, Adalgisa Pantaleón, Claudio Cohén, José Antonio Rodríguez, Luis (Terror) Díaz, Ramón Orlando, E. Suazo, Shire, Eduardo Ramos (Sandino), Bonnie Baher, Lucy Méndez y Hendry Zarzuela.
11.- DIPLOMÁTICO INVESTIGADOR. En 1999 fue nombrado ministro consejero de la embajada dominicana en Francia, y en el 2000 se trasladó a Barcelona, España, para realizar la película La Joya del Inmigrante.
12.- LOS RECONOCIMIENTOS. Decenas fueron sus premios y reconocimientos, desde el Primer Festival de Teatro de la secretaría de Estado de Educación, El Dorado y Casandra, hasta México, Panamá y Suiza.
13.- LA TERTULIA. En la adultez secundaria, la Tertulia del Teórico congregó, cada sábado, a periodistas, intelectuales y amigos de distintos litorales políticos y creencias, en la que improvisadamente abordaban temas de la realidad nacional e internacional. Después del Covid-19, se efectúa por Zoom y difunde por YouTube.
Redondeando, el más efusivo y revelador tributo a su memoria, en acreditación a sus méritos por su interminable obra, aprecio y gratitud, las huellas que legó se redimensionaron el miércoles 18 de agosto de 2021, en la Biblioteca Nacional, en el primer aniversario de su partida física, con la puesta en circulación del libro de 158 páginas «¡Jimmy Sierra, inolvidable!». Rebosante de asistentes estaba la Sala Aida Cartagena Portalatín. ¡Fantástico!
El libro compila artículos, testimonios, reflexiones, poesías y otros textos difundidos en diarios, televisión, redes sociales e Internet por unos 40 intelectuales de vanguardia, profesionales y periodistas que conocieron su desvelo por la democracia y la cultura nacional durante más de 60 años. Yo estuve en ese acto –junto a su viuda Albania Gómez y su hijo Samuel- de enaltecimiento a las virtudes de este aclamado intelectual, como la integridad y el coraje en la sencillez. Jimmy, un abrazo, con respeto y admiración, por tu grandeza humana.
……………………………
El autor: Periodista, mercadólogo, catedrático, escritor y comentarista de medios escritos, televisivos y digitales.
Por Narciso Isa Conde
Haití enfrenta una crisis profunda tras múltiples intervenciones militares. Bandas armadas, conectadas con la CIA, controlan zonas estratégicas, agravando el caos.
- El balance reporta 20 mil muertos y más de un millón de refugiados.
- Las bandas controlan 5% del territorio, incluyendo zonas estratégicas y accesos a Puerto Príncipe
- Haití tiene 9 mil policías para 12 millones de habitantes, según el texto.
Las bandas terroristas, tomadas como pretexto para intervenir militarmente, siguen actuando y creciendo conectadas con CIA y los PARACOS, armadas desde Florida y desde Colombia»
· Después de la Doceava (12) invasión en los últimos 30 años, con el pretexto de eliminar las bandas patrocinadas por EEUU, integrada por militares y policías de países aliados al imperio invasor y por unidades especiales del Comando Sur, la situación de Haití sigue igual o peor.
· A las fuerzas regulares invasoras le sumaron tropas mercenarias comandadas por ex oficial de tropa especial trumpista, llamado Eric Prince que, entre otras cosas, operan las aduanas como negocio. El negocio de Trump y de Prince.
· Los tres, más tarde, fueron impugnados por el trumpismo, la oligarquía, las derechas y ultraderechas; y, finalmente, esas fuerzas reaccionarias lograron disolver ese Consejo e imponer el actual Primer Ministro como Jefe de Estado: un empresario de extrema derecha metido a político, a lo Abinader.
· Las bandas terroristas, tomadas como pretexto para intervenir militarmente, siguen actuando y creciendo conectadas con CIA y los PARACOS, armadas desde Florida y desde Colombia.
El balance actualizado de esa combinación de factores peca de funesto:
· 20 mil muertos.
· Más de un millón de refugiados,
· Las bandas terroristas controlan el 5% del territorio nacional, pero ese espacio incluye dos zonas estratégicas y una autopista de entrada a la Capital: gran parte de Puerto Príncipe y una importante zona arrocera en el Artibonite.
· Tal ocupación ha implicado un descenso creciente de la producción arrocera nacional hasta el cuadro actual: el 85 % del arroz que se consume es importado.
· La expansión de las Bandas ha sido contenida en zonas específicas por la autodefensa popular, escenificando experiencias muy valiosas, dignas de estudio,
· 9 mil policías para 12 millones habitantes, lo demás es bandas y tropas extranjeras manipuladas por EEUU.
· Las costas haitianas, sin ninguna protección, favorecen el tráfico de armas, drogas, seres humanos y mercancías diversas.
· El caos controlado se mantiene con la bendición EEUU., Israel, Francia y Canadá.
· Profunda crisis ambiental y de agua, fuertes movimientos ambientalistas, combates contra la expansión de la minería del oro y las depredaciones de bosques y ríos.
· Reducción sensible de las empresas de zona franca de 80 mil a 10 mil empleos
· Nuevo Decreto Minero para liberalizar concesiones de exploración y explotación…
· Esto, combinado con la ley minera colonial de RD y el propósito de reformarla para peor, atenta contra la vida de la isla.
· Mafias civiles, empresariales y militares (dominicanas y haitianas) controlan el tráfico ilegal fronterizo en las narices del Comando Sur y de la inteligencia de EEUU e Israel. Eso forma parte de las fuentes del caos controlado por EEUU.
· El Pentágono entiende la isla como un escenario militar único… y al RD le asigna el papel de plataforma logística de la actual ocupación de Haití, incluidos suministros de equipo militares por la vía terrestre y por los aeropuertos de San Isidro y Barahona.
· Significativa desmovilización y desarticulación de las coordinaciones político-sociales. Uso de las bandas con esos fines e impacto negativo de la desarticulación del Grupo Montana y la dispersión del frente democrático-popular.
· Permanencia de una amplia conciencia democrática, patriótica, anti-intervencionista y presencia activa de movimientos sociales y organizaciones populares, junto a una parte de las izquierdas coordinadas.
· Elecciones inciertas, sin bases organizativas, con escasas posibilidades de concurrencia, con presencia de las agresiones de las bandas terroristas.
· Si logran realizar este año esos comicios, lo más posible es que no pasaría de ser un recurso diseñado para imponer un “muñeco” del agrado de EEUU.
La solidaridad insular de doble vía es urgente.
Enfrentar el racismo anti-haitiano aquí y las reacciones anti dominicanas allá, colaborar en todo lo que favorezca soberanía, ambiente sano y conquistas de derechos fundamentales en ambos territorios, es un deber insoslayable.
Asumir las propuestas de la Federación insular de dos estados soberanos y la Confederación Antillana de Caribe insular como componente de la Patria Grande liberada, tiene un valor estratégico antiimperialista, invaluable.
