Conecta con nosotros

Opinión

El Mundo que quedó atrás

Published

on

Por Miguel Guerrero

A manera de introducción

La lectura de esta obra pudiera dar la falsa impresión que he  intentado incursionar en el género autobiográfico. Si bien la mayoría de los relatos iniciales son el resultado de vivencias y recuerdos personales de épocas difíciles, el propósito no ha sido, por supuesto, reseñar mi propia historia. Las ideas y episodios narrados en este espacio son  frutos de experiencias del quehacer periodístico contados ya de la misma u otra manera en oportunidades anteriores y por distintos medios, tanto orales como escritos.

Pasajes  enteros se refieren a situaciones conmovedoras y dramáticas que me tocó observar o experimentar en carne propia. Al recrearlas, aspiro a alentar sentimientos parecidos en el lector. Con toda probabilidad, las historias aquí contadas habrán sido vividas de igual manera y con idéntica intensidad por muchos otros. De modo que nada extraño sería que alguien experimentara la misma dulce sensación que se adueñó de mí al recrearlas para un libro.

CAPÍTULO I

En los duros años de escasez familiar, durante mi adolescencia, de los que a pesar de todo perduran en mí gratos recuerdos de escenas filiales, desordenadamente incrustadas en un apartado escondrijo de la memoria, surgió en aquella pequeña casa de la Fabio Fiallo la necesidad de racionarlo todo. Eran tiempos, sin embargo, en que las cosas parecían más fáciles.

Las complejidades del progreso y los avances de la ciencia, no ofrecían las comodidades de la televisión por cable ni las facilidades de las llamadas internacionales por discado directo. A pesar de ello, la vida poseía sus encantos.

El racionamiento comenzaba en casa con el atuendo para la escuela y terminaba en la noche con la cena, en la que  pocos pesos bastaban entonces para los alimentos comprados en el colmado de Nando, en la esquina, suficientes para papá, mamá, mis cinco hermanos y yo.

Tilo, apodo del que después se hizo médico y ejercíó en Estados Unidos, y segundo en edad, sentía ya para esa época la necesidad de hacerse sentir entre sus compañeros. Era la vanidad propia del muchacho de una familia de clase media que de una relativa y cómoda prosperidad, por un golpe adverso del destino, con la fuerza de un disparo, había sido sumida en la precariedad, rodeada de escasez y dignidad.

La mayor parte de las pequeñas riñas familiares sobrevenían cuando ese hermano, que solía ponerse las camisas de mi padre, negaba a Luis, el mayor, el derecho a usar las suyas. De esa época difícil me quedó la inclinación de reparar los trajes, cuando unas cuantas libras de menos o más llegan a hacerlos inútiles en el guardarropas.

Tan  peculiar costumbre pareció transmitirse a otra generación familiar.Tan pronto como el convencimiento de la pubertad hizo a mi hija Lara ruborizarse de sus propias dotes, le nació la fascinación por parecerse a su madre. Fue el período en que adquirió la inclinación a ponerse los vestidos de ésta, sólo por la mera satisfacción de hacerlo.

Yo podía ver, en medio del pequeño gesto de protesta e indignación de la madre un profundo brillo de alegría en su expresión, como si nada le enorgulleciera tanto como el que su hija le despojara temporalmente de una prenda. Expresión que pude ver en los ojos de mi hijo, días después cuando al prepararse para el colegio, Miguel que entonces cumplía ya 15 años, decidió ponerse un polo-shirt mío sin ningún rasgo de rubor. Nunca me pareció tan cerca y al estrechar su mano grande y fuerte de adolescente sentí como si el correr de su sangre fluyera realmente por mis venas.

Y como el día en que su madre descubrió con un grito, mezcla de asombro y alegría, su primer pelo de barba sobre el mentón, encontré de nuevo tema ese día para un artículo.

–0—

Después de dedicarme a escribir una columna diaria durante más de diez años, de pronto me llegó en 1987, el momento de un receso. Al pasar a ocupar la Dirección General de la Corporación Dominicana de Empresa Estatales (CORDE) decidí que en un momento dado mis opiniones podrían carecer de la ecuanimidad y total independencia de criterio con que las había mantenido, con mucho esfuerzo, resistiendo a las presiones más diversas.

De todos los artículos que había escrito en mi vida, ese día me encontré ante el más difícil. Temía que algunos de mis lectores .a fuerza de escribir a diario uno llega a gozar del privilegio de tenerlos. creyeran que intentaba una despedida. Lo condenadamente difícil de esa última columna, en esa fase temporal de mi vida profesional de periodista, era lo malo que siempre he sido para decir hasta luego. Lo que trataba de explicar, por obligación elemental ante quienes se concedían la molestia de detenerse periódicamente ante ese espacio, era que de todos modos un día estaría de nuevo de vuelta.

¿Qué se siente al tomar una decisión de esta naturaleza? Entre muchas otras sensaciones, un profundo vacío intelectual, que en el fondo sólo muestra la vanidad oculta en cada gesto o acción humana. Ese tremendo defecto personal, común a todos los hombres y penosamente pronunciado en nuestro medio periodístico, lo he combatido internamente pidiendo siempre a Dios fuerzas para resistir la lisonja y vencer la soberbia o cualquier asomo de prepotencia.

Cuando salí del despacho presidencial luego de juramentarme como director general de la Corporación Dominicana de Empresas Estatales (CORDE), en un gesto mecánico introduje mi mano derecha en un bolsillo de la chaqueta y saqué un grueso fajo de tarjetas y papelitos, de peticiones que me habían hecho en el corto tramo comprendido entre la entrada de Palacio y el antedespacho del mandatario. El consorcio poseía 24 empresas. Yo necesitaba de por lo menos otras 75 para complacer las solicitudes para puestos de administradores que me habían hecho en ese trayecto.

En INAZUCAR no me visitaba tanta gente. La causa era, naturalmente, que allí no podía nombrar a casi nadie ni otorgar contratos. En los dos meses que ocupé la dirección de CORDE me enteré de que tenía por lo menos ciento cuatro primos y tíos de los que nunca había oído hablar. Una tarde fue a verme, aduciendo una emergencia personal muy grande, un .amigo de infancia.. Le dijo a mi secretaria que habíamos sido los mejores camaradas en una época y estudiado juntos en la misma escuela. Yo salía en esos momentos de mi despacho y escuché esa parte de la conversación. El hombre tenía no menos de sesenta años y a mis cuarenta era difícil que hubiéramos estudiado juntos.

La historia del tío que me quería .inmensamente. fue todavía más aleccionadora, cuando le saludé como a cualquier visitante y preguntó a mi secretaria quién yo era. Hubo otro que tuvo la cachaza de .recordarme. una experiencia común vivida en Montecristi en la campaña de 1978, lugar donde nunca había estado y menos en labores proselitistas.

Un secretario muy influyente de Palacio me enviaba siempre papelitos con recomendaciones de empleo. Los primeros días tendía a prestar atención pero cuando vi que excedían mi capacidad para situarlos, le llamé para preguntarle cuáles de ellos tenían prioridad, dadas las presiones de empleo que entonces se ejercían sobre el gobierno, para tratar de encontrar alguna solución. Me respondió que ninguno, que no les hiciera caso. Pero a muchos de esos papelitos sí había que hacerles caso.Cuando los identifiqué cambié de táctica y los echaba todos al cesto. A partir de ahí comencé a tener problemas.

A un administrador .figura política de cierto prestigio que había sido congresista. le cambié de posición poniéndole en una empresa más importante en atención entre otras cosas a sus méritos partidarios. Me convertí en una especie de benefactor para él. Daba gusto verle en mi despacho, a donde iba regularmente con lisonjas de todo tipo. En una ocasión no pudo contenerse y me abrazó con tanta fuerza que la emoción apenas alcanzó a dejar oír su voz, trémula como próxima al llanto: .Nunca olvidaré lo que has hecho por mí.. Yo pensaba que su nueva posición no merecía tanto y llegué a implorar a Dios por la oportunidad de poder dar a ese hombre el premio que merecía.

La noche que se publicó, pocos días después, mi renuncia irrevocable al cargo, mis compañeros le vieron borracho celebrando la noticia en un club de ejecutivos, en compañía de otros. .Brindo para que no se arrepienta., dijo alzando la copa.

Un señor en Palacio, que parecía muy amigo de un influyente funcionario, me llamó a un rincón y me entregó un papelito recomendándose él mismo para un puesto. Había escrito su dirección y teléfono en el reverso de una carta obscena que pensaba dirigir a una mujer que parecía, por el texto, la secretaria de un amigo. Casi en su presencia, lleno de vergüenza cuando leí el texto, rompí el papel y tuve que aceptar estoicamente una andanada de insultos en los que me recordaba que no era más que un desconsiderado que me había envanecido con la posición, y a quien el Presidente bajaría pronto los humos.

Si había aprendido algo a lo largo de mi carrera profesional, la que me sirvió en mi breve experiencia como servidor público, era aquilatar en toda su dimensión, la importancia de la humildad. Nunca me he sentido más fuerte y preparado para la lucha, cualquiera que ésta sea, como cuando siento la certidumbre, todavía años después, de que la humildad domina en mí, sobre todo otro sentimiento o flaqueza humana.

Cuando mi padre murió, aquella triste y plomiza tarde de mayo, lo que proporcionó el valor necesario para soportar la tragedia enorme que se abatía sobre nosotros, no fue más que la inmensa sensación de pequeñez que de mí mismo y de mis hermanos, reflejó su muerte. La verdadera grandeza de su existencia estaba no en sus muchos logros personales, de su vida una extraña conjugación de éxitos y fracasos que terminaron por abatirle cuando ya le faltaban fuerzas físicas para enfrentar las tempestades, sino en la sencillez de su corazón y en su increíble percepción para captar la esencia pura de la existencia humana en la más intrascendente de las escenas cotidianas.

Tras su expresión adusta y severa flotaba un corazón tan dulce y transparente como la miel. Había luchado contra viento y marea y confrontado las peores vicisitudes en la forjación de la más grande y exitosa de sus empresas personales, que era su familia, y sin embargo había logrado proteger las fibras esenciales de su corazón, al punto de poder encenderse interiormente ante el esplendor de una naciente flor o las lágrimas de un niño hambriento. Era allí donde residía su verdadera naturaleza y de donde yo extraje, desgraciadamente en la etapa final de su vida, los elementos fundamentales del amor y la admiración que la muerte y el tiempo no han logrado

De todas sus virtudes, la que más apreciaba en cualquiera de nosotros, sus hijos, era la de la sencillez y la humildad. Las demás carecían del valor esencial de éstas, porque sabía que el talento, la riqueza y la belleza física, eran después de todo temporales como la vida misma y enanas ante la grandeza de Dios. Como en el caso de los hombres, creía que las grandes naciones, habían llegado a serlo sólo por la comprensión absoluta de sus limitaciones y posibilidades.

El punto decisivo de mi carrera profesional se remonta al momento en que comprendí, en toda su intensidad, el poder real de la palabra escrita. El conocimiento de cuán destructivo o constructivo pudiera ser finalmente un artículo periodístico, me hizo ser prudente; desarrollar un instinto natural de protección no contra mí, sino contra la honra y la seguridad ajenas.

Había ejercido el periodismo desde un prisma completamente crítico. Pero lo había hecho a sabiendas de mis responsabilidades y limitaciones y con absoluta y plena libertad de conciencia. Sólo cuando estuviera profunda y cabalmente convencido de que podría actuar de nuevo en esas condiciones estaría de vuelta.

Click to comment

Leave a Reply

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *

Opinión

La  rehabilitación en el Estatuto de Roma

Published

on

Por Rommel Santos Diaz

Adicionalmente, el Estatuto de Roma prevé la posibilidad de la rehabilitación. Según el artículo 110, la Corte deberá  revisar todas las condenas de prisión cuando el recluso  haya cumplido las dos terceras partes  de la pena o 25 años de prisión en caso de cadena perpetua para determinar si esta puede reducirse.

En el punto anterior la CPI  considera estos aspectos como si la persona hubiese asistido  a la Corte con la localización de cualquier bien objeto de una multa, decomiso u órdenes de reparación que pudiesen beneficiar a la víctima.

La CPI también podrá tomar en consideración  ¨otros factores indicados en las Reglas de Procedimientos y Prueba, que permitan determinar un cambio en las circunstancias suficientemente claro  e importante como para justificar la reducción de la pena¨

Por consiguiente una cadena perpetua  podría reducirse  a 25 años de prisión en algunos casos. Si la CPI decide no reducir la sentencia de la persona después de la primera revisión, volverá a examinar la cuestión con la periodicidad y con arreglo  a los criterios indicados en las Reglas de Procedimientos y Prueba.

Durante las negociaciones sobre las penas de la CPI, muchos Estados estuvieron a favor de la aplicación de la pena de muerte en los casos extremos. El numero de Estados con pena de muerte  es poco menor que el de aquellos que no tienen pena de muerte.

No existe la oportunidad  para rehabilitación alguna cuando se impone la pena de muerte. Por ende la cadena perpetua con la posibilidad de reducirla a 25 años, es un compromiso  razonable entre la pena de muerte y la prisión máxima de 30 años.

Los Estados deberán recordar que el artículo 80 del Estatuto de Roma expresamente establece que el Estatuto no afecta la aplicación por parte de los Estados de aquellas penas prescritas por su propio derecho interno , ni afecta la ley de aquellos Estados  que no impongan las penas prescritas en el Estatuto de Roma.

Los Estados Partes no deben imponer las mismas penas por los mismos delitos en su jurisdicción, ni deberán aplicar las condenas de prisión  a no ser que voluntariamente lo quieran hacer. En este caso, los Estados podrán también especificar las condiciones bajo las cuales  aceptarían a las personas condenadas, inclusive la condición de no aplicar la cadena perpetua.

Por consiguiente, los Estados Partes que cuenten con las disposiciones constitucionales que prohíban la imposición de la cadena perpetua  solo necesitaran permitir la excepción de entregar a la persona a la CPI, pese a que tal persona pueda ser condenada a cadena perpetua.

Los Estados Partes del Estatuto de Roma deberán entregar a la persona acusada a la CPI cuando ésta así lo solicite, aún si existe la posibilidad de que dicha persona sea condenada a cadena perpetua.

En el caso de muchos Estados, la potestad de la CPI para imponer la cadena perpetua no necesitará la aplicación de medidas legislativas particulares. Sin embargo, en algunos Estados la constitución explícitamente prohíbe la extradición de una persona a un Estado  donde se aplica esta pena , o que declara la cadena perpetua como un castigo cruel. Estos Estados cuentan con dos opciones:

  1. a) Establecer claramente, en la norma que implemente el Estatuto, la distinción entre la extradición de una persona a otro Estado y la  entrega de una persona a la Corte Penal Internacional.

Algunos Estados podrán realizar esta distinción en su legislación, lo cual les permitiría entregar personas a la CPI aunque exista una restricción  a la ¨extradicion¨de personas a tribunales que impongan la pena de cadena perpetua. Esto les permitiría mantenerla prohibición de extraditar a una persona a un tribunal extranjero, sin interferir con la habilidad de cooperar plenamente con la CPI.

  1. b) La reforma a la Constitución podría ser mínima, dirigida solo a la introducción de una excepción al principio. Podría especificarse que la cadena perpetua impuesta por la CPI de conformidad con el Estatuto de Roma para algunos de los crímenes allí enumerados no viola la Constitución.

Debería también mencionarse  que el Estado puede entregar a la persona acusada a la CPI a pesar de que exista la posibilidad de la cadena perpetua. La enmienda constitucional  podría también mencionar que la CPI puede reducir la condena  después de 25 años, existiendo así la posibilidad de la rehabilitación.

Finalmente, la ventaja de una  reforma constitucional que elimina cualquier posibilidad de un conflicto normativo, garantiza que los tribunales nacionales dicten sus fallos de conformidad con sus obligaciones legales establecidas en el Estatuto de Roma.

Rommelsntosdiaz@gmail.com

Continue Reading

Opinión

La P.N. y los miedos de Abinader

Published

on

Luis Abinader enfrenta críticas por su incapacidad para frenar las ejecuciones extrajudiciales de la Policía Nacional, reflejando un temor a su poder.

  • El texto denuncia ocho muertes de un tirón y 40 en un mes.
  • Se acusa al presidente de conminar entregas, avalando de hecho ejecuciones extrajudiciales.
  • La supuesta reforma policial es calificada de farsa para entretener y engañar.

Por Narciso Isa Conde

Ahora las ejecuciones judiciales o asesinatos policiales son por paquetes o ramilletes: ocho de un tirón… 40 en un mes y unos días.

El nuevo jefe, o da la orden, o la banda criminal interna tiene luz verde para tirar los cadáveres en las narices de los pobladores donde acribillan a los condenados ilegalmente a pena de muerte.

Abinader los conmina a entregarse para evitar que le vaya peor, autorizando en los hechos su ejecución.

Dicen, con razón, que Luis Abinader le tiene miedo a todo.

A Donald Trump, a Marco Rubio, a la CIA, a la DEA, a Netanyahu, al Mossad, al Comando Sur…

A los Vicini, los Rainieri, los Risek… a los bancos y las bancas, a sus ARS y AFP, y a todos los oligarcas más ricos que él…

A los granceros… a los magnates depredadores y explotadores y a los influencers de diferentes calibres y calañas…

A los López Pilarte y Miguel Gutiérrez.

 A Hipólito, a Leonel y hasta el semi-acosado Danilo.

En este delicado tema de la perversión de la P.N. de sus matanzas, de sus prácticas y asociaciones mafiosas recurrentes… su estructura criminal y sus asesores israelí, estadounidense, chilenos, colombianos y españoles saben muy bien que Abinader le tiene miedo, y que la reforma es una farsa para entretener y un cuento para engañar.

En verdad, no le temen a ese allante.

Por ese miedo, Abinader es incapaz de dar una orden para cerrar categóricamente el tenebroso capítulo de las ejecuciones extrajudiciales.

 Es incapaz de dar un zapatazo, de emplazar a los jefes policiales, de amenazarlos con castigos severos, para que detengan su horrible carrera delictiva. Carece de energía y valor para ponerlos en su sitio, aunque sea solo en ese punto.

 Por el contrario, perdió autoridad y continúa apoyando y modernizando un cuerpo policial criminal, integrado por bandas especializadas en todos los delitos; dotándolo de nuevos equipos que mal usan, deterioran o se roban.

Esa cobardía permisiva y su ideología convierten al mandatario en cómplice de una institución cuyas entrañas están podridas.

El mal es estructural, sistémico, crónico. No cede con cirugía extirpadora de tumores. Desde hace décadas hizo metástasis.

Luis Abinader lo sabe y alimenta sus tumores y metástasis. Cada cambio de jefatura y cada reforma y cada plan de seguridad ciudadana, es eso.

La cultura despótica, criminal, delictiva… resiste “depuraciones” parciales. Ella se recompone fácilmente y se retroalimenta, siempre asociada a otras variantes de la corrupción de Estado, ya sea política, empresarial o narco-criminal.

En el interior de la Policía Nacional se recicla también la ideología autoritaria-neoliberal rodeada de un Estado y una sociedad civil en los que domina el criterio de que la gente vale por lo que consume, por las banalidades que disfruta y el dinero que posee.

Rebrota fácilmente en su seno el viejo caudillismo (Trujillo, Balaguer…), reencarnado y estimulado por los presidentes más recientes: Leonel Fernández, Hipólito Mejía, Danilo Medina y el propio Luis Abinader, el actual.

La P.N.es un cuerpo militar y se auto-protege con el manto del autoritarismo y el secretismo castrense.

Un cuerpo acostumbrado al abuso, la crueldad y el robo.

Más que interrogar, tortura; física y mentalmente.

Los mayores ingresos personales a nivel de alta oficialidad provienen de lo ilícito, sin que nadie los fiscalice: extorsión, soborno empresarial, complicidad con bandas civiles, protección de delincuentes de todas las calañas, narco-corrupción.

La policía no previene ni persuade, sino que mete miedo y reprime, y hasta le hace la guerra al pueblo, maltratando a civiles.

Atemoriza a presidentes cobardes y a congresistas perversos que la exhortan a ser más duros y más criminales.

Importantes sectores de la P.N. son insaciablemente adictos a esas inconductas inducidas por sus jefes y estimuladas por el modelo de actuación de la clase dominante-gobernante.

Continue Reading

Opinión

Experiencias con 14 presidentes (2 de 2)

Published

on

Por Oscar López Reyes

En su fuero eminentemente profesional, el periodista labora para empresas periodísticas, instituciones estatales y organizaciones de otras índoles, con la ética “como el zumbido al moscardón” y la dignidad sobre la mesa. En cualesquiera de esas órbitas, diáfanamente ha de mantener su compromiso con la libertad, la democracia y el bien común, sin manipular la verdad ni inquirir ventajas personales; sin erosionar confianzas ni confabularse con pestañas tenebrosas del poder político-económico.

Con unos y otros presidentes de la República he interactuado en 50 años, ya en entrevistas, tertulias y otros encuentros periodísticos y en quehaceres oficiales. Incumbentes de todos los gobiernos han requerido los servicios profesionales independientes de quien escribe, sin condicionamientos políticos en un clima de respeto. En todos he aceptado las propuestas de trabajo, menos en una regencia de ocho años.

7.- JOAQUÍN BALAGUER RICARDO (1 de septiembre de 1906, Bisonó, Santiago-14 de julio de 2002, Santo Domingo). Mandatos presidenciales: 1960-1962, 1966-1978 y 1986-1996. Durante su administración 1966-1978, varios periodistas cayeron abatidos a balazos, y para abordarlo había que aprovechar circunstancias especiales, como su llegada al salón de Embajadores del Palacio Nacional para encabezar las reuniones de cada miércoles de la Comisión Nacional de Desarrollo, y al término tanto de las misas dominicales de la capilla de la Casa de Gobierno como en las inauguraciones de obras públicas.

En 1973 decidió presidir una rueda de prensa, en la mañana de cada jueves, y por lo general se exigía que, con antelación, presentaran las preguntas a ser formuladas que eran punzantes y con frecuencia respondía exaltado. Singularizó por la anarquía, por cuyas razones fue suspendida sin retorno. En su nuevo gobierno de 10 años (1986-1996), Joaquín Balaguer se mostró más receptivo con los periodistas. Por lo menos una vez a la semana yo lo entrevistaba durante sus caminatas, a las 6 de la tarde, por el parque Mirador Sur. Me entregó el Premio de los Jayces ‘72 como joven sobresaliente de 1992, en un acto en el Palacio Nacional, y en ese período laboré como encargado de relaciones públicas del Instituto para el Desarrollo del Suroeste (Indesur), con sede en Azua.

8.- ANTONIO GUZMÁN FERNÁNDEZ (12 de febrero de 1911, La Vega- 4 de julio de 1982, Santo Domingo). Administración gubernamental: 16 de agosto de 1978 – 4 de julio de 1982. A este modelo de accionar democrático y cambios, había que sacarle los datos con preguntas directas, durante inauguraciones y otras actividades, y sus informaciones más relevantes provenían de sus discursos.

Guzmán Fernández respondía con un lenguaje campechano, y se coronó con la gloria de que en su gestión se instalaron y desarrollaron las principales unidades de relaciones públicas gubernamentales. En el citado cuatrienio, conversé con él cuando yo fungía como encargado de relaciones públicas del Instituto Nacional de Recursos Hidráulicos (INDRHI). Y en El Nuevo Diario profundicé en un análisis sobre las razones de su suicidio en su despacho del Palacio Nacional, el 4 de julio de 1982, entre la medianoche y la madrugada.

9.- JACOBO MAJLUTA AZAR (9 de octubre de 1934, Santo Domingo-2 de marzo de 1996, Tampa, Florida, Estados Unidos. Jefe de Estado en funciones: 4 de julio de 1982-16 de agosto de 1982, 43 días. Como vicepresidente constitucional, el 4 de julio de 1982 asumió la presidencia de la República tras el fallecimiento del presidente Antonio Guzmán Fernández, ambos electos para el período 1978-1982.

Platicamos periodísticamente en encuentros en su vieja residencia de la avenida Independencia número 555 (entre las calles Benito Monción y Socorro Sánchez) y su nueva residencia de Arroyo Hondo, con el auxilio y la compañía de Rafael Gamundi Cordero. Sobresalió por su afectividad y franqueza con los periodistas.

10.- SALVADOR JORGE BLANCO (5 de julio de 1926 -Santiago-26 de diciembre de 2010, Santo Domingo). Ciclo de su autoridad presidencial: 16 de agosto de 1982 y 16 de agosto de 1986. Este tercer presidente de la República del PRD tomaba asiento en su despacho del Palacio Nacional a las 7 de la mañana, a la misma hora en que este servidor comenzaba a laborar como periodista del Departamento de Prensa de la sede presidencial. En esa condición asiduamente tomaba notas de declaraciones oficiales en actos a los que no tenían acceso los periodistas que cubrían la fuente palaciega. Luego me designaron director de relaciones públicas de los ministerios de Relaciones Exteriores e Industria y Comercio.

Jorge Blanco contestaba preguntas de los reporteros en actos especiales, como en la presentación de credenciales de diplomáticos y encuentros sociales. Cada jueves conversaba con ellos al término de las Audiencias Populares, organizadas en el hoy salón Hermanas Mirabal de la primera planta del Palacio Nacional y en gobernaciones de distintos pueblos. Dos veces lo visité cuando estuvo recluido –en un ambiente cuasi solitario- en la desaparecida cárcel preventiva del ensanche La Fe y publiqué crónicas sobre su internamiento en la clínica Gómez Patiño y su salida del país con fines de salud.

11.- LEONEL FERNÁNDEZ REYNA (26 de diciembre de 1953, Santo Domingo). Lapsos como regente del Poder Ejecutivo: 1996-2000 y 2004-2012. Catedrático y filosófico de la comunicación en las aulas universitarias y en el diario existir, resaltaba que no se peleaba con sacerdotes ni periodistas. En esa línea, confraternizó y ayudó a una legión de estos últimos.

Compañeros en la escuela de comunicación social de la Universidad Dominicana O&M y los encuentros con el teórico Jimmy Sierra, solidarios en los avatares del Colegio Dominicano de Periodistas (CDP) y cercanos de oficinas en la calle El Conde, Fernández Reyna me llamó como asesor de comunicación de los consejos consultivos de los dominicanos en el exterior, con asiento en el Palacio Nacional, y luego como secretario del consejo de administración de Certv/RTVD, honoríficamente durante tres años, cuando presenté renuncia.

12.- HIPÓLITO MEJÍA DOMÍNGUEZ (22 de febrero de 1941, Gurabo, Santiago). Mandato presidencial: 2000-2004. Hablaba con franqueza y sin contención con los periodistas hasta tres veces en un solo día. Responsable y valiente, se caracterizó por ser locuaz y jocoso, y espontáneamente me otorgó -el 5 de abril de 2003- la condecoración de la Medalla Presidencial al Mérito Civil, en una ceremonia celebrada en el Palacio Nacional.

Tras ser designados por Hipólito Mejía, Manuel (Chiqui) Troncoso Cuesta, presidente y gerente general, y Luis Martínez como subgerente del Banco Nacional de la Vivienda (BNV), me encargaron de las relaciones públicas de esa institución, en el 2001.

13.- DANILO MEDINA SÁNCHEZ (10 de noviembre de 1951, Arroyo Cano, San Juan). Mandato presidencial: 2012-2020. Ha sido el más huidizo, apagado e insulso de los presidentes de la República, y apenas abrió los brazos para hacer buenas migas e intimar con una camada de buenos allegados redactores élites y comentaristas. Mis relaciones en la gobernanza de Medina Sánchez no pasaron de un simple saludo y una mirada furtiva.

Cinco viejos camaradas del Partido Comunista de la República Dominicana (Pacoredo), entre ellos dos sometidos actualmente a la Justicia por corrupción, no pudieron convencerme para que junto a ellos me integrara a la campaña electoral de Medina Sánchez, y no acepté trabajar en el gobierno durante su mandato de ocho años. ¡Presidente, la afectividad, presidente!, encabezaban los artículos publicados en el vespertino El Nacional, como advertencia.

14.- LUIS ABINADER CORONA (12 de julio de 1967, en Santo Domingo). Mandatos presidenciales: 2020-2024 y 2024-2028. En el 2020 innovó con un nuevo estilo de suministrar informaciones: el Twitter, ahora X. Prosiguió, desde el 28 de agosto de 2023, con LA Semanal con la Prensa, en el salón de las Cariátides del Palacio Nacional, transmitida en vivo por la plataforma de streaming YouTube. Se enquistó en el espacio de diálogo gubernamental más innovador, abierto entre formalidades protocolares y bromas, así como dinámico en la generación de noticias preeminentes.

Con Abinader Corona he mantenido nexos académicos y familiares por cuatro décadas, y en estos 6 años de su gobierno he sido director de comunicación de la Dirección General de Contabilidad Gubernamental (Digecog) y la Contraloría General de la República, para sumar 42 años de servicios a instituciones del Estado.

Sinopsis. En el Palacio Nacional (dos veces) y en un palacio judicial, en la Cancillería, un banco estatal, Radiotelevisión Dominicana, Industria y Comercio, en la Contraloría, el Indrhi, el Consejo Nacional de Fronteras, Indesur y Digecog conocí y platiqué con jefes de Estado y estas instituciones me obsequiaron múltiples ofrendas: vida, participación en eventos históricos, tener acceso a informaciones privilegiadas, aprendizajes y experiencias para el crecimiento personal, amistades, honores y agasajos. Y me abrieron pétalos para escribir sobre políticas públicas, transformaciones en el Estado y memoriales históricos.

……………………………………………

El autor: Periodista, mercadólogo, catedrático y escritor.

………………………………………….

Continue Reading

Edificio La República: Restauración No. 138, cuarta planta, Santiago, República Dominicana. Teléfono: 809-247-3606. Fax: 809-581-0030.
www.larepublicaonline.com  / Email: periodico@larepublicaonline.com
Copyright © 2021 Blue National Group