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Opinión

Liderazgos, Cargos, Revolución y Reelección

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Por Narciso Isa Conde

(Publicado por primera vez en el 2007 y reeditado oportunamente en este inicio del 2013)

El paso de lo espontáneo a lo conducido, a lo organizado y a lo dirigido, trae consigo los liderazgos sociales, políticos, culturales, artísticos, religiosos, deportivos…

En los fenómeno de masas el paso de la inconciente a lo conciente, casi siempre se ve acompañado de la creación de líderes y liderezas en sus respectivos conglomerados.

Las grandes corrientes teóricas, político-teóricas o simplemente políticas o político–sociales, están acompañadas de grandes liderazgos.

Pasa así con las revoluciones.

Pasa con las contrarrevoluciones.

Con los procesos de reformas y contrarreformas.

Pensamiento y acción, palabras y hechos, son inseparables de esas dinámicas de formación de liderazgos, porque con ellos(as) se impacta la subjetividad, la conciencia, los sentimientos, los deseos y anhelos colectivos.

  • Las personalidades en la historia.

Ambos vertientes, pensamiento y acción–mutuamente influenciables entre sí-cuentan en el caso de los grandes combates de clase y del compromiso por la liberación de los pueblos con actores (as), con protagonistas, más o menos destacados, más o menos sobresalientes.

Sobresalientes por su valor y firmeza a la hora de actuar.

Por su capacidad para escoger el momento oportuno de la acción.

Por su sintonía con el sentir de la colectividad donde actúan.

Por su talento.

Por sus conocimientos apropiados.

Por su verbo.

Por su atractivo personal.

Por su “carisma”.

Por su sinceridad.

Por su bondad.

Por su capacidad para educar o formar.

Por su intuición para acertar o predecir, o por su genialidad para ver lo que otros (as) no logran captar.

Por su agudo olfato clasista.

Por la confluencia de todos, una parte o algunos de estos atributos.

Esto toca de lleno el tema de lo individual y lo colectivo, de la personalidad en los procesos y en la historia, en los acontecimientos sociales, políticos y culturales que mueven comunidades, sectores y/o multitudes.

Esos acontecimientos estimulan esas personalidades y contribuyen en forma decisiva a crear esos liderazgos, muy sólidos cuando interpretan los anhelos de cambios de las clases y sectores explotados, oprimidos, excluidos.

Los líderes no nacen.

Lo líderes se hacen en esa relación dinámica entre lo individual y lo social, lo personal y lo colectivo; siempre compelida su gestación por la necesidad de acciones, de ideas, de conciencia, de movilización y organización.

  • Liderazgos, cargos y funciones institucionales.

Esas necesidades y esos momentos no solo colocan al frente de corrientes teóricas-políticas, movimientos sociales, fuerzas políticas y militares, procesos culturales… a esas personalidades, sino que muchas veces la catapultan al ejercicio de funciones en partidos, organizaciones populares, entidades de la sociedad civil, instituciones civiles y militares del Estado y organismos nacionales e internacionales.

Y es común que ese salto de lo informal a lo formal, de lo general a lo institucional, tenga grados y jerarquías en función de la fuerza y el nivel del cada liderazgo.

Así los (as) llamados liderazgos “naturales” en diversos campos de actividad, pasan a ser secretarios (as) generales, presidentes (as), primeros (as) ministros (as), jefes (as), coordinadores (as)… de tal o cual entidad política, Estado, gobiernos- administraciones, organización social o cultural.

La principalía en liderazgo es traslada a la principalía del cargo o de la función institucional.

Así los liderazgos de los procesos emancipatorios tienen toda la posibilidad de ocupar las más altas posiciones de Estado, de partidos, de gobierno y de frentes nacionales.

La función institucional, organizativa, y/o directiva-ejecutiva, el cargo en sí, generalmente existe antes de crearse el liderazgo; y el liderazgo es generalmente independientemente del cargo (aunque a veces se le crea el cargo al liderazgo). Y esta realidad determina que no se sea líder o lidereza por el cargo que se ocupa o la función que se desempeña, sino por la autoridad, el prestigio y la influencia previamente conquistadas.

Ambas cosas se puede hacer coincidir por conveniencia, necesidad temporal, situaciones y exigencias específicas. Y se pueden alimentar o debilitar mutuamente.

Hay veces que al liderazgo se le hace coincidir con varios cargos y funciones relevantes, incluso de naturaleza diferente: estatal, gubernamental, político- partidista, social… Y eso trae consigo otro problema: la centralización y concentración, a veces extrema, de funciones y la superposición de variados y diferenciados roles institucionales y no institucionales.

Tales superposiciones temporalmente pueden ser o no ser necesarias, convenientes o inconvenientes, aunque a la larga perjudican y restan democracia.

El liderazgo es algo muy auténtico, imposible de reemplazar o de obviar mecánicamente. El desempeño de cargos no, porque tiene mucha flexibilidad aprovechable. Y su asunción depende de necesidades y situaciones bien concretas.

El cargo y la función pueden tener diferentes actores (as), que a su vez pueden ser o no ser líderes; esto es, sus incumbentes pueden o no tener liderazgos, pero si ser personas aptas para desempeñarlos al margen de tener o no sus condiciones especiales para liderar grandes masas y pueblos.

El ejercicio de cargos públicos o institucionales y el ejercicio del liderazgo social o político tienen características distintas, muchas veces bien diferenciadas. Además hay muy buenos (as) dirigentes (as) y buenos (as) funcionarios (as) que no son líderes o liderezas.

Los roles de los Estados, gobiernos y ciertas instituciones oficiales o para-oficiales son diferentes entre sí y diferentes a los de los partidos y movimientos políticos. También los papeles de estos dos últimos, aunque más relacionados, son distintos entre sí, como también los roles de los movimientos culturales y el de los órganos de base del poder popular: consejos comunales, consejos de trabajadores (as) y de estudiantes y profesionales.

Desconocer esas diferencias y características funcionales, suplantar roles, superponer innecesariamente y prolongadamente sus dinámicas…tarde o temprano crea graves problemas y serios males.

Perpetuar líderes en cargos y funciones, tiene riesgos y puede generar deformaciones evitables, aunque en los mejores casos su brillantez y genialidad presione en esa dirección. Y aunque reelegirlos por determinados periodos pueda ser una necesidad política, dados otros factores imperiosos.

Sin embargo, no superponer por tiempo indefinido cargos y liderazgos…no concentrar los liderazgos en cargos y en entidades con roles diferentes…no reelegirlos (as), seleccionarlos (as) o nombrarlos (as) de manera indefinida para esas funciones…no va de por si en contra del liderazgo, no lo afecta ni lo erosiona. Y si puede favorecer las grandes virtudes derivadas de la separación de poderes en el Estado, el gobierno, en la sociedad civil y en las esferas de lo político y lo social; como también contribuir a las enormes ventajas de la dirección colectiva y de la descentralización de la toma de posiciones.

  • El liderazgo va más allá del cargo.

Se puede ser líder de una organización x sin ser su presidente (a) o secretario (a) general.

Se puede ser líder de un pueblo sin ser su Jefe de Estado.

Se puede ser líder o lidereza ejerciendo o no esos cargos.

El liderazgo ni lo hace ni lo deshace el cargo en sí; esto es, la jerarquía institucional en sí no es condición obligada del liderazgo. El liderazgo, desde el cargo o fuera del cargo, depende de una autoridad bien ganada en x proceso, de la conducta que se adopte, de las cualidades que se desplieguen antes, durante o después del mismo.

Ambas cosas pueden asumirse a discreción y a conveniencia del colectivo, una vez la comunidad o el pueblo se hayan convertidos en poder.

  • La reelección, los grandes liderazgos y las funciones de Estado.

Las grandes revoluciones políticas y sociales generalmente tienen grandes líderes o liderezas.

Ellos, ellas, por lo que han significado y significan dentro de esos acontecimientos históricos para las clases y sectores explotado y excluidos (as), tienen un profundo calado, son muy queridos(as) y respetados(as) y son, en consecuencia, sumamente necesarios(as). Y mientras más se profundiza el cambio social, político y cultural, enfrentado a poderosísimas fuerzas enemigas, y más consecuentes son con los anhelos de la sociedad, más necesarios(as) se tornan y más se entiende la necesidad de su permanencia en cargo relevantes.

Es formidable contar en tales procesos con líderes brillantes, audaces, visionarios (as).

A ellos, a ellas, hay que preservarlos, ayudarlos, acompañarlos (as) y respaldarlos (as) desinteresadamente.

Sin embargo no creo- a la luz de la experiencia histórica- que sea beneficioso para ellos (as), para los pueblos y los procesos que lideran, cargarlos de funciones, asignarles roles diferentes y superpuestos, y auspiciar que se reelijan de por vida en la más altas funciones de Estado; a veces, por demás, acompañadas de las más altas funciones del partido o del movimiento político.

Y esto es todavía más improcedente cuando no existen mecanismos para revocarlos al margen de las elecciones ordinarias y cuando las competencias electorales pueden ser vulnerables a métodos antidemocráticos.

Pienso que no es malo, sino bueno, que un líder pueda ser hoy presidente de la República y mañana primer ministro.

Hoy presidentes y mañana solo secretario general o dirigente del partido.

Hoy alto funcionario del Estado o del gobierno central y mañana no.

Hoy principal funcionario del partido y mañana no.

Si es líder de verdad siempre lo será, sobretodo si no comete errores graves que lo hagan perder su influencia bien ganada.

Ellos, ellas- independientemente de las funciones temporales que ejerzan (partidistas, sociales o gubernamentales…)- tienen la virtud de influir y de crear hegemonías. Y pueden hacerlo en función de otras personas, de otros (as) candidatos cuando presentan condiciones para lograrlo.

Ellos y ellas pueden ser mejores si se rotan en las funciones y contribuyen a la creación de reales direcciones colectivas, a pesar de su enorme e indiscutida gravitación política y social.

  • Reelecciones indefinidas, sucesivas y otros riesgos mayores.

Las reelecciones sucesivas e indefinidas no son las únicas fuentes del caudillismo y de la anti-democracia, pero pueden favorecer tendencias negativas; además dar la apariencia de lo imprescindible y de crear resistencia, voluntaria o no, a la rotación en las funciones públicas más importantes y a la participación colectiva en las decisiones.

La fusión del partido con el Estado es todavía peor, independientemente de que coexista o no con la reelección presidencial indefinida o las reelecciones sucesivas en otras funciones públicas.

El estatismo burocrático integral (político, económico, ideológico, comunicacional…) por igual es altamente perjudicial, puesto que genera un alto grado de uniformización de los medios de comunicación; un alto grado de censura y autocensura que afecta sensiblemente la libre discusión, el debate democrático y la auto-superación del proceso.

Y esto sin ponerme ahora a analizar la gran perversidad encubierta de la llamada democracia representativa, porque en este trabajo me he propuesto reflexionar fundamentalmente sobre los problemas históricos y actuales que pueden deformar los procesos revolucionarios; sin entrar en el examen y la denuncia del carácter antidemocrático de la hegemonía de las oligarquías capitalistas y del gran capital transnacional, del despotismo neoliberal y la dictadura mediática, con o sin pluralismo partidocrático.

Pienso-sin obviar ese combate decisivo contra el despotismo capitalista- que la luz de lo acontecido debemos extraer también las experiencias negativas de lo que ha significado sustituir la esclavitud respecto al gran capital, a sus instituciones y medios, por la absoluta subordinación a un Súper- Estado propietario de todo y controlador de todo, supuestamente actuando- y en algunos casos realmente o medianamente- en representación de la mayoría de la sociedad.

No soy de los que sataniza la reelección ni de los que exalta e idealiza la no reelección como panacea de democracia, no soy ni reeleccionista ni anti-reelecciones por principio. Creo que las re-postulaciones y las reelecciones deben de ser ponderadas en función de situaciones y periodos específicos, de necesidades o impertinencias concretas.

Pero creo también firmemente que a la nueva democracia que procuramos crear y al tránsito al verdadero socialismo que nos proponemos desarrollar, le conviene mucho no atar eternamente los liderazgos a los cargos públicos ni a lo cargos partidarios.

Le conviene muchísimo no fundir permanentemente el liderazgo nacional con la presidencia de la República.

Y esto le ayuda muchísimo tanto en cuanto a imagen como en cuanto a contenido.

Le conviene sobremanera, además, no fundir Estado y partido, ni crear partido desde el Estado o con los métodos del Estado y le ayuda mucho crearlo y desarrollarlo independientemente de los intereses y las dinámicas específicas de Estados y Gobiernos!

Le conviene remozar y separar constantemente las funciones sin dejar de fortalecer el liderazgo nacional y los liderazgos locales o sectoriales o nacionales.

Le conviene la diversificación de los medios de comunicación (sean gubernamentales, estatales, partidistas, de movimientos sociales, de fuerzas independientes de Estado, Gobierno, partidos, movimientos culturales, minorías…).

Le conviene una prensa diversa de calidad, abierta y crítica, porque ella facilita las mejores condiciones para el crecimiento, la diversificación y el relevo o reemplazo individual y/o colectivo de los liderazgos creados existentes.

  • Un ejemplo reciente proyectable.

Los cargos y las funciones no hacen los líderes ni la concentración de poderes son consustanciales a ellos (as).

Y si desean un ejemplo reciente, muy aleccionador por cierto, veamos lo que ha pasado recientemente en Cuba.

Fidel no es presidente y sigue siendo el líder.

Raúl es presidente y no por ello sustituye el liderazgo de Fidel.

¿Por qué no haber hecho eso antes de la enfermedad de Fidel en relación a esa y otras funciones, con esa y otras fórmulas?

¿Cuál es el temor?

¿Por qué no aprender de las malas y de las buenas experiencias?

¿Por qué no pensar seriamente estos problemas y debatir con franqueza esta cosa cara a otros procesos de cambios en marcha en nuestra América?

Es hora ya de pensar en voz alta éstas y otras cuestiones importantes.

Es hora de enterrar definitivamente la autocensura.

“La verdad –decía Lenin- es siempre es revolucionaria”

  • La reelección en Venezuela.

El caso de Venezuela presenta particularidades a tener bien en cuenta.

En Venezuela el gobierno de Chávez vivió inicialmente un periodo crucial de aguda confrontación con las derechas y con EE.UU., de alta inestabilidad. Más que gobernar resistía y peleaba gallardamente la permanencia y continuidad del proceso.

La consolidación, aun con aguda y perdurable confrontación, tardó bastante; hasta el punto que solo recientemente el presidente Chávez ha comenzado a gobernar, después de someterse muchas pruebas de popularidad y capacidad confrontativa.

En Venezuela existen elecciones democráticas no adulterables sustancialmente desde el gobierno. Pocos sistemas electorales en el mundo son tan libres y tan invulnerables al fraude.

Pero además en Venezuela existe la figura constitucional del referéndum revocatorio.

En ese país incluso consagrar constitucionalmente la reelección indefinida y sucesiva no es sinónimo ni garantía de su imposición por factores ventajosos de poder.

La consagración constitucional de tal posibilidad parece estar sobretodo motivada por la necesidad de asegurar la sucesiva derrota electoral de las derechas e impedir en próximas coyunturas electorales la victoria contrarrevolucionaria desde el gran poder competitivo del liderazgo del comandante Chávez.

Esto así porque al parecer existe la inseguridad o el temor de que si no es con Chávez candidato, no se gana o es mucho más difícil ganar. Y perder la presidencia del país en trance de revolución es perder demasiado.

Esta es sin duda una razón fuerte, porque el proceso de cambios debe de estar por encima del factor que analizamos a pesar de toda su validez.

De ser así esta debe considerarse como una de las debilidades del proceso que amerita ser pensada y superada, buscando a futuro próximo soluciones que eliminen o minimicen el riesgo.

De todas maneras es muy importante no convertir la necesidad temporal en ley del proceso, más cuando a todo proceso revolucionario desatado le conviene no depender permanentemente del gran liderazgo individual que lo ha encarnado.

Mas allá de lo requerimiento tácticos, realmente necesarios e imposible de ignorar, está la necesidad estratégica de procurar su constante auto-superación, su fortalecimiento institucional, su posibilidad de reciclamiento mas allá del liderazgo de histórico-original.

Y esto precisa crear conciencia y condiciones para superar en el menor tiempo posible la obligada dependencia de la candidatura presidencial con perspectivas de victoria al liderazgo principal y a los déficit en cuanto a capacidad de conquista de hegemonía en el seno del pueblo otras candidaturas confluentes con el liderazgo de la revolución.

Esto nos remite al tema de la vanguardia, al tema del poder popular y muy especialmente al tema de las transformaciones estructurales socializantes capaces de erosionarle totalmente las bases internas de sustentación a la burguesía dependiente y al capital transnacional en la sociedad venezolana y de terminar de quitarle el respaldo electoral que le queda a sus instrumentos políticos en sectores populares y en una parte de las capas medias.

No se trata, claro está, del camino más fácil; pero si posiblemente del más fructífero y el de mayor calidad para el proceso.

  • Avanzar sin rigidez

El tema es agudo y complejo, pero toca la madre de un problema real no debidamente solucionado desde las izquierdas y desde las revoluciones populares.

No me anima dar recetas inconmovibles al respecto, mucho menos entrar en la lógica hipócrita de las alternancias sustentadas por las derechas seudo-liberales y liberales.

Planteo el problema- mis inquietudes, consideraciones y sugerencias- sin formular esquemas rígidos, aunque si previsores, respecto a las re-postulaciones y reelecciones en el contexto de una nueva democracia revolucionaria (a sus tiempos, pertinencias, restricciones, oportunidades y circunstancias).

Si soy categórico en cuanto a la necesidad de superar por vía revolucionaria la falsa democracia representativa capitalista y a la necesidad de proponer una alternativa que supere radicalmente la fracasada fórmula del estatismo-burocrático con fusión partido–Estado-movimientos sociales y sin autogestión popular, control social y democracia participativa, directa e integral(económica, social, intercultural, de género..).

El tránsito al socialismo debe ofertar mucho más democracia y libertad en todos los órdenes y en todas las vertientes de la vida en sociedad que todas las experiencias históricas del liberalismo capitalista; y, por tanto, debe ser totalmente ajeno y adverso a todas las variantes que tiendan a subordinar a la sociedad y sus movimientos populares al Estado y siempre procurar el máximo de libertad, emulación y felicidad.

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Opinión

La  rehabilitación en el Estatuto de Roma

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Por Rommel Santos Diaz

Adicionalmente, el Estatuto de Roma prevé la posibilidad de la rehabilitación. Según el artículo 110, la Corte deberá  revisar todas las condenas de prisión cuando el recluso  haya cumplido las dos terceras partes  de la pena o 25 años de prisión en caso de cadena perpetua para determinar si esta puede reducirse.

En el punto anterior la CPI  considera estos aspectos como si la persona hubiese asistido  a la Corte con la localización de cualquier bien objeto de una multa, decomiso u órdenes de reparación que pudiesen beneficiar a la víctima.

La CPI también podrá tomar en consideración  ¨otros factores indicados en las Reglas de Procedimientos y Prueba, que permitan determinar un cambio en las circunstancias suficientemente claro  e importante como para justificar la reducción de la pena¨

Por consiguiente una cadena perpetua  podría reducirse  a 25 años de prisión en algunos casos. Si la CPI decide no reducir la sentencia de la persona después de la primera revisión, volverá a examinar la cuestión con la periodicidad y con arreglo  a los criterios indicados en las Reglas de Procedimientos y Prueba.

Durante las negociaciones sobre las penas de la CPI, muchos Estados estuvieron a favor de la aplicación de la pena de muerte en los casos extremos. El numero de Estados con pena de muerte  es poco menor que el de aquellos que no tienen pena de muerte.

No existe la oportunidad  para rehabilitación alguna cuando se impone la pena de muerte. Por ende la cadena perpetua con la posibilidad de reducirla a 25 años, es un compromiso  razonable entre la pena de muerte y la prisión máxima de 30 años.

Los Estados deberán recordar que el artículo 80 del Estatuto de Roma expresamente establece que el Estatuto no afecta la aplicación por parte de los Estados de aquellas penas prescritas por su propio derecho interno , ni afecta la ley de aquellos Estados  que no impongan las penas prescritas en el Estatuto de Roma.

Los Estados Partes no deben imponer las mismas penas por los mismos delitos en su jurisdicción, ni deberán aplicar las condenas de prisión  a no ser que voluntariamente lo quieran hacer. En este caso, los Estados podrán también especificar las condiciones bajo las cuales  aceptarían a las personas condenadas, inclusive la condición de no aplicar la cadena perpetua.

Por consiguiente, los Estados Partes que cuenten con las disposiciones constitucionales que prohíban la imposición de la cadena perpetua  solo necesitaran permitir la excepción de entregar a la persona a la CPI, pese a que tal persona pueda ser condenada a cadena perpetua.

Los Estados Partes del Estatuto de Roma deberán entregar a la persona acusada a la CPI cuando ésta así lo solicite, aún si existe la posibilidad de que dicha persona sea condenada a cadena perpetua.

En el caso de muchos Estados, la potestad de la CPI para imponer la cadena perpetua no necesitará la aplicación de medidas legislativas particulares. Sin embargo, en algunos Estados la constitución explícitamente prohíbe la extradición de una persona a un Estado  donde se aplica esta pena , o que declara la cadena perpetua como un castigo cruel. Estos Estados cuentan con dos opciones:

  1. a) Establecer claramente, en la norma que implemente el Estatuto, la distinción entre la extradición de una persona a otro Estado y la  entrega de una persona a la Corte Penal Internacional.

Algunos Estados podrán realizar esta distinción en su legislación, lo cual les permitiría entregar personas a la CPI aunque exista una restricción  a la ¨extradicion¨de personas a tribunales que impongan la pena de cadena perpetua. Esto les permitiría mantenerla prohibición de extraditar a una persona a un tribunal extranjero, sin interferir con la habilidad de cooperar plenamente con la CPI.

  1. b) La reforma a la Constitución podría ser mínima, dirigida solo a la introducción de una excepción al principio. Podría especificarse que la cadena perpetua impuesta por la CPI de conformidad con el Estatuto de Roma para algunos de los crímenes allí enumerados no viola la Constitución.

Debería también mencionarse  que el Estado puede entregar a la persona acusada a la CPI a pesar de que exista la posibilidad de la cadena perpetua. La enmienda constitucional  podría también mencionar que la CPI puede reducir la condena  después de 25 años, existiendo así la posibilidad de la rehabilitación.

Finalmente, la ventaja de una  reforma constitucional que elimina cualquier posibilidad de un conflicto normativo, garantiza que los tribunales nacionales dicten sus fallos de conformidad con sus obligaciones legales establecidas en el Estatuto de Roma.

Rommelsntosdiaz@gmail.com

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Opinión

La P.N. y los miedos de Abinader

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Luis Abinader enfrenta críticas por su incapacidad para frenar las ejecuciones extrajudiciales de la Policía Nacional, reflejando un temor a su poder.

  • El texto denuncia ocho muertes de un tirón y 40 en un mes.
  • Se acusa al presidente de conminar entregas, avalando de hecho ejecuciones extrajudiciales.
  • La supuesta reforma policial es calificada de farsa para entretener y engañar.

Por Narciso Isa Conde

Ahora las ejecuciones judiciales o asesinatos policiales son por paquetes o ramilletes: ocho de un tirón… 40 en un mes y unos días.

El nuevo jefe, o da la orden, o la banda criminal interna tiene luz verde para tirar los cadáveres en las narices de los pobladores donde acribillan a los condenados ilegalmente a pena de muerte.

Abinader los conmina a entregarse para evitar que le vaya peor, autorizando en los hechos su ejecución.

Dicen, con razón, que Luis Abinader le tiene miedo a todo.

A Donald Trump, a Marco Rubio, a la CIA, a la DEA, a Netanyahu, al Mossad, al Comando Sur…

A los Vicini, los Rainieri, los Risek… a los bancos y las bancas, a sus ARS y AFP, y a todos los oligarcas más ricos que él…

A los granceros… a los magnates depredadores y explotadores y a los influencers de diferentes calibres y calañas…

A los López Pilarte y Miguel Gutiérrez.

 A Hipólito, a Leonel y hasta el semi-acosado Danilo.

En este delicado tema de la perversión de la P.N. de sus matanzas, de sus prácticas y asociaciones mafiosas recurrentes… su estructura criminal y sus asesores israelí, estadounidense, chilenos, colombianos y españoles saben muy bien que Abinader le tiene miedo, y que la reforma es una farsa para entretener y un cuento para engañar.

En verdad, no le temen a ese allante.

Por ese miedo, Abinader es incapaz de dar una orden para cerrar categóricamente el tenebroso capítulo de las ejecuciones extrajudiciales.

 Es incapaz de dar un zapatazo, de emplazar a los jefes policiales, de amenazarlos con castigos severos, para que detengan su horrible carrera delictiva. Carece de energía y valor para ponerlos en su sitio, aunque sea solo en ese punto.

 Por el contrario, perdió autoridad y continúa apoyando y modernizando un cuerpo policial criminal, integrado por bandas especializadas en todos los delitos; dotándolo de nuevos equipos que mal usan, deterioran o se roban.

Esa cobardía permisiva y su ideología convierten al mandatario en cómplice de una institución cuyas entrañas están podridas.

El mal es estructural, sistémico, crónico. No cede con cirugía extirpadora de tumores. Desde hace décadas hizo metástasis.

Luis Abinader lo sabe y alimenta sus tumores y metástasis. Cada cambio de jefatura y cada reforma y cada plan de seguridad ciudadana, es eso.

La cultura despótica, criminal, delictiva… resiste “depuraciones” parciales. Ella se recompone fácilmente y se retroalimenta, siempre asociada a otras variantes de la corrupción de Estado, ya sea política, empresarial o narco-criminal.

En el interior de la Policía Nacional se recicla también la ideología autoritaria-neoliberal rodeada de un Estado y una sociedad civil en los que domina el criterio de que la gente vale por lo que consume, por las banalidades que disfruta y el dinero que posee.

Rebrota fácilmente en su seno el viejo caudillismo (Trujillo, Balaguer…), reencarnado y estimulado por los presidentes más recientes: Leonel Fernández, Hipólito Mejía, Danilo Medina y el propio Luis Abinader, el actual.

La P.N.es un cuerpo militar y se auto-protege con el manto del autoritarismo y el secretismo castrense.

Un cuerpo acostumbrado al abuso, la crueldad y el robo.

Más que interrogar, tortura; física y mentalmente.

Los mayores ingresos personales a nivel de alta oficialidad provienen de lo ilícito, sin que nadie los fiscalice: extorsión, soborno empresarial, complicidad con bandas civiles, protección de delincuentes de todas las calañas, narco-corrupción.

La policía no previene ni persuade, sino que mete miedo y reprime, y hasta le hace la guerra al pueblo, maltratando a civiles.

Atemoriza a presidentes cobardes y a congresistas perversos que la exhortan a ser más duros y más criminales.

Importantes sectores de la P.N. son insaciablemente adictos a esas inconductas inducidas por sus jefes y estimuladas por el modelo de actuación de la clase dominante-gobernante.

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Opinión

Experiencias con 14 presidentes (2 de 2)

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Por Oscar López Reyes

En su fuero eminentemente profesional, el periodista labora para empresas periodísticas, instituciones estatales y organizaciones de otras índoles, con la ética “como el zumbido al moscardón” y la dignidad sobre la mesa. En cualesquiera de esas órbitas, diáfanamente ha de mantener su compromiso con la libertad, la democracia y el bien común, sin manipular la verdad ni inquirir ventajas personales; sin erosionar confianzas ni confabularse con pestañas tenebrosas del poder político-económico.

Con unos y otros presidentes de la República he interactuado en 50 años, ya en entrevistas, tertulias y otros encuentros periodísticos y en quehaceres oficiales. Incumbentes de todos los gobiernos han requerido los servicios profesionales independientes de quien escribe, sin condicionamientos políticos en un clima de respeto. En todos he aceptado las propuestas de trabajo, menos en una regencia de ocho años.

7.- JOAQUÍN BALAGUER RICARDO (1 de septiembre de 1906, Bisonó, Santiago-14 de julio de 2002, Santo Domingo). Mandatos presidenciales: 1960-1962, 1966-1978 y 1986-1996. Durante su administración 1966-1978, varios periodistas cayeron abatidos a balazos, y para abordarlo había que aprovechar circunstancias especiales, como su llegada al salón de Embajadores del Palacio Nacional para encabezar las reuniones de cada miércoles de la Comisión Nacional de Desarrollo, y al término tanto de las misas dominicales de la capilla de la Casa de Gobierno como en las inauguraciones de obras públicas.

En 1973 decidió presidir una rueda de prensa, en la mañana de cada jueves, y por lo general se exigía que, con antelación, presentaran las preguntas a ser formuladas que eran punzantes y con frecuencia respondía exaltado. Singularizó por la anarquía, por cuyas razones fue suspendida sin retorno. En su nuevo gobierno de 10 años (1986-1996), Joaquín Balaguer se mostró más receptivo con los periodistas. Por lo menos una vez a la semana yo lo entrevistaba durante sus caminatas, a las 6 de la tarde, por el parque Mirador Sur. Me entregó el Premio de los Jayces ‘72 como joven sobresaliente de 1992, en un acto en el Palacio Nacional, y en ese período laboré como encargado de relaciones públicas del Instituto para el Desarrollo del Suroeste (Indesur), con sede en Azua.

8.- ANTONIO GUZMÁN FERNÁNDEZ (12 de febrero de 1911, La Vega- 4 de julio de 1982, Santo Domingo). Administración gubernamental: 16 de agosto de 1978 – 4 de julio de 1982. A este modelo de accionar democrático y cambios, había que sacarle los datos con preguntas directas, durante inauguraciones y otras actividades, y sus informaciones más relevantes provenían de sus discursos.

Guzmán Fernández respondía con un lenguaje campechano, y se coronó con la gloria de que en su gestión se instalaron y desarrollaron las principales unidades de relaciones públicas gubernamentales. En el citado cuatrienio, conversé con él cuando yo fungía como encargado de relaciones públicas del Instituto Nacional de Recursos Hidráulicos (INDRHI). Y en El Nuevo Diario profundicé en un análisis sobre las razones de su suicidio en su despacho del Palacio Nacional, el 4 de julio de 1982, entre la medianoche y la madrugada.

9.- JACOBO MAJLUTA AZAR (9 de octubre de 1934, Santo Domingo-2 de marzo de 1996, Tampa, Florida, Estados Unidos. Jefe de Estado en funciones: 4 de julio de 1982-16 de agosto de 1982, 43 días. Como vicepresidente constitucional, el 4 de julio de 1982 asumió la presidencia de la República tras el fallecimiento del presidente Antonio Guzmán Fernández, ambos electos para el período 1978-1982.

Platicamos periodísticamente en encuentros en su vieja residencia de la avenida Independencia número 555 (entre las calles Benito Monción y Socorro Sánchez) y su nueva residencia de Arroyo Hondo, con el auxilio y la compañía de Rafael Gamundi Cordero. Sobresalió por su afectividad y franqueza con los periodistas.

10.- SALVADOR JORGE BLANCO (5 de julio de 1926 -Santiago-26 de diciembre de 2010, Santo Domingo). Ciclo de su autoridad presidencial: 16 de agosto de 1982 y 16 de agosto de 1986. Este tercer presidente de la República del PRD tomaba asiento en su despacho del Palacio Nacional a las 7 de la mañana, a la misma hora en que este servidor comenzaba a laborar como periodista del Departamento de Prensa de la sede presidencial. En esa condición asiduamente tomaba notas de declaraciones oficiales en actos a los que no tenían acceso los periodistas que cubrían la fuente palaciega. Luego me designaron director de relaciones públicas de los ministerios de Relaciones Exteriores e Industria y Comercio.

Jorge Blanco contestaba preguntas de los reporteros en actos especiales, como en la presentación de credenciales de diplomáticos y encuentros sociales. Cada jueves conversaba con ellos al término de las Audiencias Populares, organizadas en el hoy salón Hermanas Mirabal de la primera planta del Palacio Nacional y en gobernaciones de distintos pueblos. Dos veces lo visité cuando estuvo recluido –en un ambiente cuasi solitario- en la desaparecida cárcel preventiva del ensanche La Fe y publiqué crónicas sobre su internamiento en la clínica Gómez Patiño y su salida del país con fines de salud.

11.- LEONEL FERNÁNDEZ REYNA (26 de diciembre de 1953, Santo Domingo). Lapsos como regente del Poder Ejecutivo: 1996-2000 y 2004-2012. Catedrático y filosófico de la comunicación en las aulas universitarias y en el diario existir, resaltaba que no se peleaba con sacerdotes ni periodistas. En esa línea, confraternizó y ayudó a una legión de estos últimos.

Compañeros en la escuela de comunicación social de la Universidad Dominicana O&M y los encuentros con el teórico Jimmy Sierra, solidarios en los avatares del Colegio Dominicano de Periodistas (CDP) y cercanos de oficinas en la calle El Conde, Fernández Reyna me llamó como asesor de comunicación de los consejos consultivos de los dominicanos en el exterior, con asiento en el Palacio Nacional, y luego como secretario del consejo de administración de Certv/RTVD, honoríficamente durante tres años, cuando presenté renuncia.

12.- HIPÓLITO MEJÍA DOMÍNGUEZ (22 de febrero de 1941, Gurabo, Santiago). Mandato presidencial: 2000-2004. Hablaba con franqueza y sin contención con los periodistas hasta tres veces en un solo día. Responsable y valiente, se caracterizó por ser locuaz y jocoso, y espontáneamente me otorgó -el 5 de abril de 2003- la condecoración de la Medalla Presidencial al Mérito Civil, en una ceremonia celebrada en el Palacio Nacional.

Tras ser designados por Hipólito Mejía, Manuel (Chiqui) Troncoso Cuesta, presidente y gerente general, y Luis Martínez como subgerente del Banco Nacional de la Vivienda (BNV), me encargaron de las relaciones públicas de esa institución, en el 2001.

13.- DANILO MEDINA SÁNCHEZ (10 de noviembre de 1951, Arroyo Cano, San Juan). Mandato presidencial: 2012-2020. Ha sido el más huidizo, apagado e insulso de los presidentes de la República, y apenas abrió los brazos para hacer buenas migas e intimar con una camada de buenos allegados redactores élites y comentaristas. Mis relaciones en la gobernanza de Medina Sánchez no pasaron de un simple saludo y una mirada furtiva.

Cinco viejos camaradas del Partido Comunista de la República Dominicana (Pacoredo), entre ellos dos sometidos actualmente a la Justicia por corrupción, no pudieron convencerme para que junto a ellos me integrara a la campaña electoral de Medina Sánchez, y no acepté trabajar en el gobierno durante su mandato de ocho años. ¡Presidente, la afectividad, presidente!, encabezaban los artículos publicados en el vespertino El Nacional, como advertencia.

14.- LUIS ABINADER CORONA (12 de julio de 1967, en Santo Domingo). Mandatos presidenciales: 2020-2024 y 2024-2028. En el 2020 innovó con un nuevo estilo de suministrar informaciones: el Twitter, ahora X. Prosiguió, desde el 28 de agosto de 2023, con LA Semanal con la Prensa, en el salón de las Cariátides del Palacio Nacional, transmitida en vivo por la plataforma de streaming YouTube. Se enquistó en el espacio de diálogo gubernamental más innovador, abierto entre formalidades protocolares y bromas, así como dinámico en la generación de noticias preeminentes.

Con Abinader Corona he mantenido nexos académicos y familiares por cuatro décadas, y en estos 6 años de su gobierno he sido director de comunicación de la Dirección General de Contabilidad Gubernamental (Digecog) y la Contraloría General de la República, para sumar 42 años de servicios a instituciones del Estado.

Sinopsis. En el Palacio Nacional (dos veces) y en un palacio judicial, en la Cancillería, un banco estatal, Radiotelevisión Dominicana, Industria y Comercio, en la Contraloría, el Indrhi, el Consejo Nacional de Fronteras, Indesur y Digecog conocí y platiqué con jefes de Estado y estas instituciones me obsequiaron múltiples ofrendas: vida, participación en eventos históricos, tener acceso a informaciones privilegiadas, aprendizajes y experiencias para el crecimiento personal, amistades, honores y agasajos. Y me abrieron pétalos para escribir sobre políticas públicas, transformaciones en el Estado y memoriales históricos.

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El autor: Periodista, mercadólogo, catedrático y escritor.

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