Opinión
Años atrás fue anunciado el “deterioro irreversible del capitalismo”
Published
6 años agoon
Por Narciso isa Conde
No es simplemente que llegó el COVID 19 a China y de allí se expandió hacia otros países, incluyendo el nuestro, generando de paso una crisis de salud “temporal” a la que se le suma un desplome “episódico” de la economía global que podría ser reparada por los gestores del sistema o sus relevos.
No, no hay peor sordo-ciego que quien no quiso escuchar ni leer.
Esta crisis, en verdad, viene de años atrás y lo que acontece en estos días en las entrañas podridas del capitalismo fue vaticinado con bastante antelación y mucha agudeza.
Miren, por ejemplo, esta cita de una de las obras del inolvidable camarada y pensador argentino, Jorge Beinstein, con quien compartimos militancia común en el Movimiento Continental Bolivariano-MCB.
Beinstein, militante marxista, académico de alto vuelo, estudioso de la cadena de crisis del sistema capitalista y experto en prospectiva (que equivale a emplear el arsenal científico disponible para ver más allá de la curva, para vislumbrar el futuro de un sistema en decadencia), efectivamente captó anticipadamente lo que hoy es mucho más evidente.
¡Miren!:
“La “crisis global” (todavía se la sigue llamando así) sigue su curso, se va profundizando con el correr de los años, deteriora las instituciones de las potencias centrales, quiebra las tramas económicas y culturales que cohesionaban a esas sociedades, queda al descubierto como decadencia; es decir, como proceso de deterioro general irreversible. También va llegando a los denominados “países emergentes” derrumbando el mito del rejuvenecimiento capitalista desde la periferia, de la superación burguesa del neoliberalismo occidental gracias a la intervención del estado.
…….“La despolarización no instaura una suerte de capitalismo global democratizado, con menos imperialismo, con más autonomías nacionales o regionales articuladas expandiendo sus fuerzas productivas, la ilusión de la despolarización progresista no es menos irreal que la de la multipolaridad ordenada. La realidad presenta al sistema marchando hacia convulsiones cada vez mayores, hacia la generalización del desorden, la autodestrucción ambiental, la reproducción ampliada de la economía tendiendo a cero y anunciando convertirse en negativa. Es el capitalismo en vía de agotamiento que al despolarizarse se desarticula presentando horizontes futuros de barbarie pero también de insurgencias portadoras de utopías liberadoras.”
(Annus horribilis (mirabilis) 2013: punto de inflexión en la larga decadencia occidental .COMUNISMO O NADA, Editorial Trinchera, Caracas, marzo 2014).
La crisis no es el COVID 19. El capitalismo es la crisis- Los virus, como los huracanes y terremotos son solo un elemento catalizador de sus lacras acumuladas Y si no lo creen pregúntenselo a Puerto Rico que ha sufrido recientemente estas tres injerencias.
GRAN DEPRESIÓN EN TIEMPO DE DECADENCIA
Ahora estamos en el vórtice de una convulsión mayor que la del 2008 y 2013, camino a una Gran Depresión, superior a la iniciada en 1929, y a los compases de la decadencia progresiva de todo el sistema.
La crisis se profundiza provocando el desplome de economías capitalistas otroras poderosas, “altamente desarrolladas” y aparentemente inexpugnables; entrando en la ruta de la tragedia social y humana más grave en la historia del capitalismo.
Esta caída brutal del imperialismo occidental es consecuencia de un dominio que persistentemente súper-enriquece al 1% de la población y empobrece dramáticamente la naturaleza humana y no humana en gran parte del planeta y en sus propios predios.
Las instituciones de las potencias centrales se deterioran.
Ni hablar las de los países periféricos.
Impera la tendencia al caos como señal de decadencia, sobre todo cuando su “meta-control” desde el Pentágono, la OTAN, el FMI, el Banco Mundial, el Banco Europeo, las Cumbres del Capital…se evidencia como una gran ilusión. Así lo sentenció J.Beinstein:
“ El gigante imperial busca beneficiarse del caos en su priferia, pero termina por introducir el caos entre sus propias filas, la destrucción deseada de la periferia no es otra cosa que la auto-destrucción del capitalismo como sistema global, su pérdida veloz de racionalidad”. (La Ilusión del Meta-control del Caos”.- Jorge Beinstein, Editorial Trinchera, Caracas 2013)
Al perder el capitalismo su propia racionalidad sistémica respecto a la realidad, producto de su enfermedad senil y su miedo a una decadencia inevitable, tiende a degradarse y “alocarse”; y también no solo a ser más brutal, sino también a “ponerse bruto” y embrutecer a sus mandamases.
La culebra imperialista occidental comenzó comiéndose la cola y siguió subiendo en su rapacidad hasta tender a lo imposible: comerse su cabeza. Y esto es cosa de una “locura sistémica” muy especial, determinada por “una descomposición irreversible”, puesta al desnudo más crudamente por el impacto de un nuevo corona virus.
CRISIS TRAS CRISIS, VIRUS TRAS VIRUS EN MEDIO DE LA PANDEMIA CAPITALISTA
Una crisis sigue a la otra, cada vez más profunda y más global la siguiente; superando todas las anteriores, al adoptar la modalidad de multi-mega-crisis crónica y entrar el sistema en una estremecedora fase de descomposición.
Una pandemia sustituye a la otra, cada vez más contagiosa y mortal.
Pero ninguna es tan destructiva como la “pandemia capitalista”, con su usura expoliadora, su deuda eterna, sus burbujas explosivas empobrecedoras, sus híper-bombas financieras, su gansterización, sus nuevas guerras de conquistas, sus depredaciones y sobre-explotación, sus saqueos, sus golpes duros y “blandos”, sus neo-fascismos e invasiones.
La respuesta del gran capital en la nueva fase de su decadencia inevitable, en el mundo y aquí, no será otra que intentar por cualquier medio concentrar más poder y riquezas por la fuerza, cargando los enormes costos de este desastre sobre las espaldas de los pueblos, de las fuerzas del trabajo y la cultura, de los y las excluidos/as y las capas medias en vía de un empobrecimiento significativo.
Y si se derrumba la economía virtual, irreal –como está aconteciendo- y algunas de la facciones del gran capital optan por volver o poner más énfasis a la economía real, a la producción, será para practicar un guerrerismo, una sobre-explotación humana y un saqueo de la naturaleza no humana (suelo y subsuelo, ríos y mares, como nunca antes se había visto.
Pero nada de eso detendrá la tendencia a la quiebra y declive del sistema.
Sus partidocracias corruptas y corruptoras, cada vez más fundidas o asociadas al capital privado, tampoco tienen posibilidad de salirse de ese carril.
La sordera y la ceguera de los responsables de este cuadro estremecedor a escala nacional, continental y mundial, no debe sorprendernos: son propias de quienes sabiendo que su sistema se hunde, siguen aferrados a él y a su disfrute, y les importa hundir al planeta y a la humanidad.
Tal contubernio no les permite a sus mandatarios admitir la gravedad de lo que acontece para el mundo y para ellos mismos.
Es una falsa ceguera y una falsa sordera, mientras su “locura” no alcanza para inducirlo a comerse su cabeza.
No pueden. No le conviene. Se “pusieron brutos”, pero no tanto como para suicidarse.
El capitalismo imperialista va a defender su cabeza, donde se concentra todo lo robado y saqueado, casi toda la plusvalía, la corrupción y las riquezas acumuladas en su dinámica explotadora y expoliadora.
Va a resistir dando zarpazos a diestra y siniestra.
INSURGENCIA GLOBAL TRANSFORMADORA O PROLONGACIÓN DEL CAOS
A esa culebra venenosa hay que aplastarle la cabeza y eso solo puede hacerlo la insurgencia global de los pueblos.
Quiero insistir: el capitalismo, su sistema imperialista, son como el caimito: no caen solos, no importa lo podrido o seco que estén. Hay que tumbarlos desplegando una fuerza multitudinaria muy superior a la suya.
Mientras eso no se produzca, el capitalismo puede sobrevivir en el curso de una crisis tras otra y cada una peor que la anterior. Puede seguir viviendo incluso en medio de un caos incontrolable, si se lo permitimos.
Que el capitalismo y sus portavoces no admitan su crisis de decadencia y nieguen la necesidad y posibilidad de nuevas revoluciones, nuevas democracias y nuevos socialismos; la necesidad, en fin, de una urgente retoma y reactualización del proyecto de sociedad comunista y sus correspondientes fuerzas de vanguardias, es propio de su naturaleza.
Su renovada y singular brutalidad no llega a admitir que para la salvar a la humanidad y al planeta es preciso poner a volar por los aires su poderosa cabeza.
Cretinismo y tontería política difíciles de entender por muchos/as, son las que exhiben políticos que se asumen de izquierda y hasta se consideran socialistas y comunistas, y se niegan a ver lo que está la vista, conmocionando por demás el Planeta Tierra.
Pertenecen a los que en política, por buscar ventajas dentro de la moda “progresista”, piensan y actúan empecinadamente como factores asociados a facciones sostenedoras de un sistema en franca e irreversible descomposición, proponiendo a la vez, para colmar su degradación, una “unidad nacional “ anti-COVID 19, que incluye al gobierno y a todo el bloque social y político dominante, a todos causantes de la crisis.
La verdad es que realmente no son izquierdistas ni nada de eso y más bien se han abrazado, para detentar cuotas institucionales y acomodamientos, a fomentar la falsa idea de que es posible reformar, despojar de “salvajismo” y “humanizar”, un sistema capitalista que ha entrado en una prolongada y peligrosa agonía.
Al parecer ellos/as tienen sus razones “no tan santas” para no ayudar a los pueblos vejados, y cada vez más indignados, a tumbar el caimito.
En sentido inverso a esa línea conciliadora y conservadora, siempre compartí con Beinstein las siguientes apreciaciones:
- Que esta decadencia general del sistema, el comienzo del fin de su hegemonía cultural,” abre un gigantesco espacio a la creatividad de los oprimidos…La insurgencia es históricamente posible, la compleja articulación global del sistema se deteriora no solo en su periferia sino también en su espacio central, el Primer Mundo”. (COMUNISMO DEL SIGLO XXI.- Herencias y posibilidades, Editorial Trinchera COMUNISMO O NADA Pag 110-117. Caracas 2013)
- Que el sujeto universal del anti-capitalismo “podría ser pensado como un sujeto plural que recupera memorias populares de forma de convivencia igualitarias, solidarias, de resistencia (incorporamos nosotras) al patriarcado y toda forma de discriminación, apoyado en la construcción de una economía socialista desde lo comunitario, respetuosa de los derechos de la Madre Tierra y ofreciéndole al Universo una nueva forma de vivir, de vivir bien, el buen vivir. COMUNISMO DEL SIGLO XXI.- Herencias y posibilidades, Editorial Trinchera COMUNISMO O NADA Pag 110-117. Caracas 2013)
- Que ahora se trata “de afirmar en la construcción de la nueva sociedad la lucha por todas las libertades colectivas o individuales no opresivas: de religión, de género, de comunidad, de etnia, de rechazo a la regimentación capitalista y burocrática”. COMUNISMO DEL SIGLO XXI.- Herencias y posibilidades, Editorial Trinchera COMUNISMO O NADA Pag 110-117. Caracas 2013).
A nuestro entender no hay de otra en medio de esta mega-crisis, si en verdad se opta por un cambio que arranque de raíz las causas de la crisis capitalista y su uso contra la vida del planeta y de la humanidad.
Opinión
Crímenes de lesa humanidad y los daños al medio ambiente (2 de 2)
Published
4 días agoon
abril 1, 2026
Por Rommel Santos Díaz
El artículo 7 del Estatuto de Roma también tipifica como crimen la persecución de un grupo o colectividad con identidad propia fundada en motivos políticos, raciales, nacionales, étnicos, culturales, religiosos, de género definido en el párrafo 3, u otros motivos universalmente reconocidos como inaceptables con arreglo al derecho internacional, en conexión con cualquier acto mencionado en el referido párrafo o con cualquier crimen de la competencia de la Corte Penal Internacional.
El acto de persecución se define como ¨la privación intencional y grave de derechos fundamentales en contravención del derecho internacional en razón de la identidad del grupo o de la colectividad¨.
Un grupo o colectividad puede verse potencialmente privado de diversos derechos fundamentales como consecuencia de daños ambientales, la explotación ilegal de recursos naturales y la confiscación ilegal de tierras, entre ellos el derecho a la vida, el derecho a un medio ambiente limpio, saludable y sostenible, el derecho a la integridad física, el derecho a la salud física y mental, el derecho a un suministro adecuado de alimentos y agua, entre otros derechos fundamentales.
Reviste especial importancia adoptar un enfoque interseccionales en materia de persecución en el contexto ambiental, pues pueda que se cometa un acto de persecución por medio de daños ambientales o que resulte en dichos daños por razones múltiples o interseccionales, entre ellas razones de género, políticas , raciales, étnicas, culturales, religiosas o de otro tipo que se consideran universalmente inadmisibles de conformidad con el derecho internacional.
A diferencia de otros crímenes de lesa humanidad, la persecución exige algún tipo de prueba de intención de discriminación. El autor hace daño a la víctima porque considera que pertenece a un determinado grupo o colectividad.
La intención puede inferirse del comportamiento general del autor, asi como de las circunstancias en las que se cometió el crimen. En ese sentido verter productos químicos tóxicos en un río del que dependía un determinado Pueblo Indígena para obtener alimentos y agua no constituirá un crimen de lesa humanidad consistente en persecución.
Sin embargo, el acto de contaminación señalado anteriormente constituye persecución si el autor hubiera optado por contaminar ese río concreto con intención de privar a ese Pueblo Indígena en particular de sus derechos fundamentales.
Cabe destacar que el artículo 7, párrafo 1 K) del Estatuto de Roma tipifica como crímenes otros actos inhumanos de carácter similar que causen intencionalmente grandes sufrimientos o atenten gravemente contra la integridad física o la salud mental o física.
En vista del lugar central que ocupa el medio ambiente en la vida social, cultural, religiosa y espiritual de muchas personas, en particular de los miembros de Pueblos Indígenas, los daños ambientales, la explotación ilegal de de recursos naturales y la confiscación ilegal de tierras pueden a menudo ser fuente de gran sufrimiento físico o mental, incluso cuando no constituyen uno de los demás crímenes de lesa humanidad enumerados en el artículo 7 del Estatuto de Roma.
Finalmente, mientras el causante del sufrimiento fuera consciente de que en el curso normal de los acontecimientos tendría lugar ese daño, tales actos podrían calificarse de crímenes de lesa humanidad o actos inhumanos de otro tipo.
Ni autoelogio oficial ni amnesia opositora
Por Isaías Ramos
Esta Semana Santa encuentra al país en medio de una incertidumbre internacional real y de una incertidumbre interna todavía más vieja: la de una clase política que, cuando el pueblo necesita verdad, vuelve a ofrecer relato. Luis Abinader habló de cambiar la “cultura de corrupción” por una de transparencia. Leonel Fernández dijo que los precios venían subiendo por la ineficiencia del PRM. Danilo Medina exigió un plan frente a la crisis derivada de la guerra con Irán y reclamó austeridad porque al pueblo no se le puede pedir todo el sacrificio mientras el Gobierno no se sacrifica en nada.
Los tres quieren ocupar la tribuna moral del momento. Pero, vistos con serenidad, los tres revelan el mismo problema: el oficialismo quiere absolverse y la oposición tradicional quiere amnistiarse.
Uno habla de transparencia desde el poder. Los otros hablan de crisis como si no hubieran dejado, durante años, buena parte del endeudamiento, del privilegio y de la fragilidad estructural que hoy vuelve tan vulnerable a la República Dominicana. No estamos viendo una disputa entre verdad y mentira. Estamos viendo, demasiadas veces, una competencia entre autoelogio y amnesia. Y el pueblo ya no debería seguir dejándose encerrar en esa falsa alternativa.
Por eso hay que decirlo sin rodeos: la corrupción no se apaga con palabras. No se derrota con congresos partidarios sobre ética. No se derrota con discursos de transparencia. No se derrota con opositores que descubren el dolor popular solo cuando no gobiernan.
La corrupción empieza a retroceder cuando un país instala educación, concientización y disciplina, de manera coherente, persistente y consistente; y, por último, consecuencias reales para quien viola la ley y el orden. Sin esa secuencia, todo discurso moral corre el riesgo de convertirse en propaganda. Y cuando la mora judicial en casos de presunta corrupción supera el 80%, la prédica ética sin consecuencia se parece demasiado a una cultura de favoritos protegidos y de impunidad administrada.
La verdad completa empieza por las finanzas públicas. Según el Presupuesto Consolidado del SPNF 2026, la Administración Central proyecta RD$1,342,258.2 millones en ingresos, RD$324,257.1 millones en intereses de la deuda y RD$121,192.6 millones en aplicaciones financieras. Traducido al lenguaje del ciudadano: entre 32.8 y 33.2 pesos de cada 100 que ingresan al Estado ya están comprometidos por intereses y amortización/aplicaciones de deuda. Esa no es una opinión. Es una señal de alarma fiscal. Y esa carga no cayó del cielo.
Es el resultado acumulado de años de endeudamiento bajo las administraciones de las mismas fuerzas políticas que hoy se disputan el relato nacional, sin haber explicado con el debido detalle y con la debida seriedad en qué se invirtió cada peso tomado a nombre del pueblo dominicano, qué problema resolvió y qué resultado concreto dejó para el país.
Con una carga así, la austeridad que demandan las circunstancias no debe empezar por el bolsillo exhausto del ciudadano común. Debe empezar por el privilegio enquistado del poder: gasto público innecesario, subsidios no auditables, gastos tributarios injustificados, recursos blindados a partidos, salarios estatales desproporcionados y rentas protegidas por décadas de un Estado complaciente. Solo después de esa cirugía arriba puede pedírsele al país un sacrificio adicional con autoridad moral. Lo contrario no es disciplina: es crueldad administrativa.
Y hay una coincidencia todavía más grave entre oficialismo y oposición tradicional: cuando se trató de cerrar el sistema político para protegerse entre sí, convergieron. La Constitución reconoce, en su artículo 22, el derecho de ciudadanía a elegir y ser elegible. Sin embargo, tras la sentencia TC/0788/24, el Congreso no reguló las candidaturas independientes: optó por suprimirlas. Diario Libre reportó que legisladores del PRM, PLD, Fuerza del Pueblo, PRSC y otras fuerzas se pusieron inusualmente de acuerdo para aprobar esa eliminación. Ahí no hubo rivalidad real. Hubo defensa corporativa del sistema cerrado.
Eso debe entenderlo bien el pueblo dominicano. No se trata solo de una discusión técnica. Se trata de si el ciudadano conserva o pierde espacios reales para competir fuera del oligopolio partidario. Se trata de si las grandes maquinarias pueden seguir repartiéndose la cancha mientras le dicen al país que su libertad política consiste en escoger siempre entre los mismos administradores del mismo sistema. Esa es la lógica que el pueblo ya no debería aceptar: el viejo libreto del dominicano súbdito. Pedagogía moral para abajo, comodidad política para arriba; sacrificio para el ciudadano, excepción para el privilegiado; deber para el pueblo, impunidad para el poder.
Esta Semana Santa debería servir para discernir el bien del mal en la vida pública. El bien no está en el gobernante que se felicita mientras preserva demasiadas excepciones. El bien no está en el opositor que denuncia el presente como si no hubiese pasado años incubando parte de lo que ahora critica. El bien político, en esta hora, está en algo mucho más exigente: verdad fiscal, austeridad arriba, protección de los más vulnerables, defensa de la Constitución y un régimen de consecuencias real.
La República Dominicana sí puede soportar tiempos duros. Lo que ya no debería seguir soportando es la incoherencia de quienes le piden deber mientras administran privilegio, opacidad e impunidad selectiva. Si de verdad vienen sacrificios, el primer recorte debe hacerse arriba. Y la primera disciplina debe imponerse al poder.
Solo entonces el esfuerzo nacional dejará de parecer abuso
y podrá empezar a parecerse a un pacto republicano.
Por Oscar López Reyes
Con sus resabios personales en la creencia de ser el rey de la selva, Donald Trump, presidente de Estados Unidos, ha roto el pecho de la humanidad, a la que mantiene en ascuas y causándole una dolencia inconmensurable. Perpetra una hecatombe en el salvajismo a guisa de la confrontación con las supremas instancias institucionales de su país y de su poder de veto en el Consejo de Seguridad de las Naciones Unidas junto a Rusia, China, Francia y Reino Unido. ¡Caray …!
Detrás del apoderamiento geoestratégico del Golfo Pérsico, que concentra el más gigantesco volumen de petróleo y gas del globo terráqueo, y el control del estrecho de Ormuz, Estados Unidos está apelando a su corpulencia convencional y tecnológica, desestabilizando, como un tobogán, la economía, los ecosistemas y la salud humana universal.
Las tormentas de fuego son parecidas a un Armagedón y cumplen una profecía bíblica. En el empeño imperialista/hegemónico de la superpotencia de Norteamérica y expansionista territorial del sionismo de Israel, se han intensificado los bombardeos aéreos en Irán y el Golfo Pérsico, destrozado edificios, hospitales, escuelas, cuarteles y bases castrenses, centrales nucleares y otras infraestructuras militares, industriales y urbanísticas.
El saldo ha sido de miles de muertos y heridos, hambrunas y desplazamientos poblacionales, que tiemblan en el ensordecedor zumbido de las cargas explosivas. Aunque cuentan con armas nucleares, Estados Unidos e Israel también matan persiguiendo detener el proyecto de bombas atómicas emprendido por Irán.
Por esta conflagración bélica ha sido apretado el botón de pánico energético, acelerado la volatilidad económico-financiera internacional -con la consiguiente avalancha inflacionaria-, los daños medioambientales y el estrés postraumático crónico, cocidos por el mal olor cadavérico, el calor de los escombros en llamas y la diseminación en la atmósfera de fardos de pólvoras y sustancias nocivas.
En anclas parecidas, el influyente humorista gráfico de diarios de España Antonio Fraguas de Pablo (Forges, 1942-2018) tiró un alarido expresivo: “No hay guerras justas y guerras injustas: solo hay malditas guerras”, apropiado para ser repetido en esta época.
¡Oh guerras! De veras, estas han sido gestadas por desarmonías espirituales individuales, el ensanchamiento de negocios en la codicia económica, las rivalidades por apoderarse de recursos naturales, franjas fronterizas y por geoestrategias en la desconfianza, las demandas de seguridad ante amenazas y los fracasos diplomáticos.
En la escalada guerrera de Estados Unidos e Israel contra Irán (iniciada el 28-2-2026), el primer complejo militar fabricante y exportador de armas está de pláceme, cual festines carnívoros de perros y gatos, alacranes y buitres, y ratas y leones. Los cielos, mares y tierras retumban saturados de drones suicidas y sistemas anti-drones, misiles balísticos de largo alcance y aviones bombarderos ultramodernos, con toques de sirenas para huir despavoridamente hacia los refugios.
En este escenario de acometidas, el presidente Donald Trump (Taco) y el primer ministro de Israel, Benjamín Netanyahu (Bibi) traen a la memoria las atrocidades del nazi autoritario de Alemania Adolfo Hitler, por aquello de “El veneno de la sangre”, y la crueldad.
Y, en ese hábitat, han detonado esos dos osados que, con vértebras que flechan lutos, se engullen un elefante africano sin obedecer las normas jurídicas, éticas y de salubridad; sin arrojar gases del estómago ni dar señales de sonrojo. La catástrofe de Trump desde la Casa Blanca y Netanyahu desde Beit HaNassi (Casa del Presidente), convoca a glosar las odas del poeta español Vicente Aleixandre (1898-1984), ganador del Premio Nobel de Literatura en 1977:
“…Suena en las calles /Todas las casas gritan/… y de esa ventana rota sale un grito de muerte/Seguís. De ese hueco sin puerta/sale una sangre y grita/ Las ventanas, las puertas, las torres, los tejados/gritan. Son niños que murieron/Por la ciudad gritando/…un río pasa: un río clamoroso de dolor que no acaba/No lo miréis: sentido/Pequeños corazones, pechos difuntos, caritas destrozadas/”.
Incontestablemente, la guerra del 2026 está engordando el mercantilismo de las herramientas de muerte, en el batir de récords de ventas de las compañías armamentistas enclavadas en una nación que pregona defender la vida y los derechos humanos. El Pentágono está pidiendo cuadruplicar la producción de esos artefactos para reponer los arsenales y sustentar los enfrentamientos, en tanto que Lockheed Martin, RTX (Raytheon), Northrop Grumman, General Dynamics y Boeing han suscrito contratos sin precedentes, con encapié en la tecnología aeroespacial, como los misiles de precisión.
La carrera belicista se acrecienta colosalmente, sin contención de naciones capitalistas ni socialistas. En 2025, el gasto militar mundial ascendió a unos 2,63 billones de dólares, que equivale a un incremento del 2,5%, comparado con el año anterior. Ese presupuesto está liderado por Estados Unidos, China, Rusia, Alemania, Reino Unido, India, Arabia Saudita, Japón, Ucrania, Francia, Israel, India, Pakistán y Corea del Norte.
A riendas sueltas, las superpotencias acumulan un arsenal nuclear que cifra 9,745 ojivas, conforme con el último monitoreo de la Prohibición de Armas Nucleares. Ellas son un riesgo a gran escala por su utilización ante una situación de presión, un error de cálculo o un accidente, con lo cual serían aniquiladas más de 5 mil millones de personas, especies animales y vegetales. Ese cataclismo radioactivo destruiría la civilización humana.
En contraste con la prosperidad en la venta de armas de fuego, se disparan los precios del petróleo y el gas, los mercados financieros sobrellevan una recia perturbación, particularmente con la caída de las cotizaciones bursátiles, y los ciudadanos estadounidenses se ven compelidos a pagar un costo calculado en más de 890 millones de dólares diarios.
Esa tirantez marcial causa estragos financieros, y revive la teoría de los conflictos sociales y políticos, expuesta por el filósofo y revolucionario alemán Carlos Marx (1818-1883) en su obra «Contribución a la crítica de la economía política» (1859), cuando aún no proliferaban instalaciones atómicas.
El fundador del socialismo científico postula que los conflictos sociopolíticos no son casuales, sino que nacen de la infraestructura económica (relaciones de producción) que, a su vez, cimienta y levanta la superestructura jurídica y política. Plantea que, por la pugna en torno a recursos limitados, la sociedad está inmersa en una discrepancia perpetua (pobreza, discriminación, violencia doméstica, guerras y revoluciones), y que el orden social se sustenta en la dominación y el poder, y no en el consenso y la conformidad.
En esa coordenada, opinamos, el armamentismo alimenta el planteamiento marxista-leninista de que la lucha armada encarna el medio esencial para conquistar y mantener el poder político. La anterior premisa de Carlos Marx se complementa con la famosa frase acuñada, el 7 de agosto de 1927 y reafirmada en 1938, por el líder de la revolución (1949) y presidente de la República Popular China (1949-1976), Mao Tse Tung: «El poder político nace del cañón de un arma», o sea, «del fusil».
La inversión monetaria para la defensa y para neutralizar capacidades militares luce que seguirá en marcha, para que por calles y avenidas veamos transitar, lentamente, más carros fúnebres con seres humanos devorados, sin bombas y con flores; más guirnaldas sin arder en mañanas, tardes ni noches de hogueras, pero sin pólvora, y llevados hasta cementerios, sin fuego ni sangre y dejados en tumbas frías.
En su cancionero y romancero de ausencias, el poeta y dramaturgo Miguel Hernández (1910-1942), comprometido con la Guerra Civil Española, esparció su lírica contra las hostilidades en la hoguera: “Tristes guerras/si no es amor la empresa/Tristes, tristes/Tristes armas/si no son las palabras/Tristes, tristes/Tristes hombres/si no mueren de amores/Tristes, tristes”.
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El autor: Periodista, escritor y catedrático.
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