De portada
Bolivia en estado de ingobernabilidad y con serias posibilidades de una confrontación étnica.
Published
6 años agoon
By
LA REDACCIÓN
La renuncia de Evo Morales en Bolivia presenta un panorama muy preocupante en el que se destacan los ataques físicos y en contra de los símbolos de los aborígenes, que constituyen la mayoría de la población de ese país suramericano, un 62.2 por ciento, y al propio tiempo personaje como Danald Trump que habla de libertad cuando eso es lo que menos él representa.
Al día de hoy Bolivia no tiene autoridades principales, como presidente ni vicepresidente de la República, con un congreso nacional que responde más al partido que controla Evo y que no parece estar dispuesto a nombrar un sucesor como manda la carta magna de esa nación, lo cual complica mucho más el panorama.
Lo que ha podido verse hasta ahora es la intervención de varios legisladores de los Estados Unidos que no tienen por qué meter sus narices en una país que se supone que es libre e independiente, pero peor todavía y sumamente bochornoso escuchar a Trump decir que el próximo será Nicolas Maduro de Venezuela y que esa ola conspiradora se extenderá hasta Nicaragua con el derrocamiento de Daniel Ortega.
Esa intromisión grosera de intereses externos constituye un bochorno a la comunidad internacional de un hombre como Trump cuyo comportamiento y conducta es para que estuviera en la cárcel de su país, principalmente por su vocación delincuencial y sus acciones al margen de la ley.
Esta situación es lamentable que ocurriera por la torpeza y la irracionalidad de Evo Morales que tenía pretensiones continuistas, lo cual propició que se pierdan todos los logros de este primer presidente aborigen de Bolivia y de todo el mundo, quien no puede ser señalado como corrupto ni como ineficiente, porque demostró que desde la jefatura del Estado de Bolivia se puede hacer mucho por su país.
Si Evo hubiera actuado en función de la alternabilidad en el poder, lo que también debía ocurrir en Venezuela y Nicaragua, para no darles motivos a los que no respetan el derecho a la autodeterminación de los pueblos latinoamericanos y de cualquier parte del mundo, la historia de Bolivia talvez fuera diferente
Este presidente aborigen dejó huellas imborrables en el manejo del Estado con inversiones sociales que por mucho que se quieran destruir, será imposible y por esa razón Evo se queda para siempre en el corazón de su gente, sólo que se equivocó con su aspiración de perpetuarse en el poder.
Lo que puede verse hasta ahora es que va a ser difícil la pacificación de Bolivia, cuya responsabilidad, en alguna medida, recae sobre la Organización de Estados Americanos (OEA), la cual ha sido tradicionalmente para servirle a los intereses de países como los Estados Unidos y de prestarse a promover golpes de Estado.
Ya Evo Morales se acogió a un asilo político aprobado y ofertado por México, donde se dirige en los actuales momentos y ahí queda huérfano un país que necesita tanto de la justicia social y que se le respeten sus derechos como nación con derecho a la autodeterminación y a decidir su propio destino.
Sin embargo, lo cierto es que el derrocamiento de Evo Morales, porque no se puede ver de otra manera, ha dejado una lección que ojalá se aprenda y es que no se puede buscar la perpetuación de un presidente no importa que bien lo haya hecho.
Evo dentro o fuera del Gobierno de Bolivia será un referente importante para los que menos tienen y que son víctimas de la discriminación y la desigualdad, como por ejemplo la inmensa mayoría de los aborígenes bolivianos.
A partir de una declaración de Evo Morales cuando dijo: “Mi único pecado es ser indígena y amar a mi pueblo”, lo cual no deja ninguna duda al respecto, porque convirtió a Bolivia de ser el país más pobre de América a tener el mayor crecimiento del hemisferio, ya que su Producto Interno Bruto alcanzó un 400 por ciento, eliminó 8 bases militares de Estados Unidos establecida en esa nación y sacó de su país a la DEA y la Agencia Central de Inteligencia (CIA).
De igual modo, nacionalizo el agua y el gas, que habían sido privatizados, creó 12 fábricas de litio, tres de cemento, dos de automóviles, 28 de textiles y 12,694 cooperativas, pero además propició que el 50 por ciento de los cargos públicos fueran ocupados por mujeres, cuyo 68 por ciento son aborígenes.
Asimismo, el salario mínimo aumentó en un mil por ciento, Bolivia lanzó su primer satélite, promovió el respeto al medio ambiente, estimuló la cultura y el arte, se construyeron 25 mil kilómetros de carreteras, 134 hospitales y mil cien escuelas y un sin número de cosas más.
Todo esto habla por sí solo y confirma lo dicho por Evo Morales, pero su grave error fue querer permanecer por tiempo indefinido en la presidencia de la República cuando pudo promover el ascenso al poder de otro de los suyos.
De portada
Posición de R.D. sobre Venezuela es acomodamiento a su condición de sometida a nuevos requerimientos de Trump.
Published
2 días agoon
enero 8, 2026
Lo planteado por el Gobierno de Luis Abinader de que no comparte la elección de Delcy Rodríguez como presidenta transitoria de Venezuela tras el apresamiento de Nicolás Maduro, revela que República Dominicana quiere incluso superar lo impuesto por Estados Unidos, pero siempre ajustada a los intereses de la potencia del norte.
La realidad es que la pregunta que se impone es y hasta dónde y quién ha dicho que el país tiene la facultad de objetar a una mandataria provisional escogida por el órgano competente y supuestamente sugerida por la Agencia Central de Inteligencia (CIA), aunque el restablecimiento de relaciones comerciales y diplomáticas conlleve algunos requerimientos democráticos.
Sin embargo, la posición dominicana implica la violación del derecho internacional, entre los que se encuentran el de soberanía y autodeterminación de los pueblos, así como la Carta de la ONU.
Evidentemente que el ingrediente introducido por el Gobierno dominicano resulta gracioso para los intereses foráneos que convergen en Venezuela, máxime los que están asociados a los Estados Unidos.
La contradicción dominicana con lo planteado en la Organización de Estados Americanos (OEA) y su práctica en política exterior, ya que el presente Gobierno siempre se inclina por la intromisión en los asuntos internos de otros países, no deja la naci0n buen parada en la comunidad internacional.
Resulta poco entendible que la República Dominicana no haya apoyado abiertamente la incursión ilegal de Estados Unidos en Venezuela, pero que preste su territorio para el apoyo logístico de la acción.
Es una especie de doble moral, pese a que en su lugar debió mantener una posición aparentemente neutral, aunque de cualquiera manera ya estaba involucrada en una intervención armada que viola los principios fundamentales del derecho internacional
De lo que no queda ninguna duda es que el crédito internacional en política exterior del país ha quedado seriamente comprometido con una causa de la que ha sido una víctima en una diversidad de ocasiones como en el 1916 y el 1965.
La verdad que pretender una conducta diferente de la nación frente a la irracionalidad de Trump sería mucho pedir, sobre todo cuando otros países pertenecientes a la Unión Europea y otras superpotencias como Rusia y China también son tolerantes con la agresividad e intromisión del principal imperio del mundo.
No obstante, desde cualquier perspectiva que sea vea el asunto la conclusión no puede ser otra que en la situación pesa más el miedo que la vergüenza y la dignidad del pueblo dominicano.
De portada
La República Dominicana inhabilitada en política exterior en el nuevo escenario imperial de Trump
Published
4 días agoon
enero 6, 2026
La República Dominicana con una ocupación militar parcial de Estados Unidos, se proyecta como una presa sin libertad para expresarse libremente en política exterior.
La ocupación militar, aunque sólo se observa en el Aeropuerto Internacional de las Américas, abarca otros entornos que no son necesariamente visibles.
Pero la agresividad o poco disimulada intervención, deja el país y de igual modo a prácticamente toda Latinoamérica, a merced del capricho y la voluntad de los intereses de la nueva cara del imperio.
La República Dominicana ni por asomo se atreve a pronunciarse libremente sobre política exterior sin que esté a tono con la linea trazada o impuesto por la administración Trump.
La pregunta que subyace es si ese nuevo cuadro no implica también un trastorno del régimen legal, porque se podría estar en un escenario en el que los derechos fundamentales pasen a un segundo plano en el que el Estado Social Democrático de Derecho sea una expresión vacía y sin sentido.
Por razones geopolíticas y factores muy particulares, el país se asoma a un resquebrajamiento del proceso de constitucionalización del derecho a nivel interno y retroceder la nación a épocas ya superadas.
La pregunta que se impone es si prevalecerá en el mundo el pregonado derecho internacional cuando las instituciones que lo enarbolan pierden autoridad moral frente a las violaciones provenientes de potencias como los Estados Unidos que ya ni siquiera guarda las apariencias
El problema, que tiene una dimensión mundial, pero impacta más severamente a los países del tercer mundo y que propicia la posibilidad del surgimiento de regímenes de fuerza, aunque con simulaciones democráticas.
La preocupación tiene que ver con el hecho de graves violaciones del derecho internacional en una época en que éste forma parte consustancial del derecho interno y entonces qué se puede esperar como resultado.
El retroceso de la línea trazada por Donald Trump representa una amenaza mundial contra los logros del derecho contemporáneo, no sólo en favor de las personas físicas, sino también de los Estados más pequeños y débiles.
Hay precedentes en esta materia cuando predominaba en el mundo el llamado constitucionalismo clásico, que dio paso a dictaduras como las Adolfo Hitler en Alemania y la de Benito Mussoline en Italia, cuyos resultados fueron realmente catastróficos para la humanidad.
La interrogante que permanece en el nuevo panorama mundial es si va a pesar más el miedo que la vergüenza y la dignidad de los pueblos del mundo.
De portada
Donald Trump cumple su sueño de ser dictador aunque sea por un día.
Published
7 días agoon
enero 3, 2026Por Elba García
El presidente de Estados Unidos, Donald Trump, cumple su sueño de ser dictador hemisférico, aunque sea por un día.
La vocación dictatorial de Trump se ha expresado con mayor contundencia tras la entrada ilegal en territorio venezolano y apresar al jefe de Estado de ese país Nicolás Maduro y su esposa Cilia Flores.
Tras este acontecimiento en momentos que se habla de la época del derecho constitucional, el cual incluye el derecho internacional, Trump ha anunciado su pretensión de convertir a Venezuela en una nueva colonia del imperio norteamericano.
El gobernante de los Estados Unidos ha adelantado que busca manejar la riqueza petrolera de Venezuela, una de las principales del mundo.
Pero la violación de Trump llega todavía más lejos al advertir a los demás países latinoamericanos a verse en el espejo de Venezuela.
Tromp hizo una alusión directa contra el presidente de Colombia, Gustavo Petro, quien dice podría correr la misma suerte de Maduro.
Anteriormente lo hizo con Brasil a propósito de la condena por conspiración del expresidente Bolsonoro.
Pero de igual modo se ha comportado con Honduras, donde en sus recientes elecciones presidenciales auspició uno de los candidatos y presionó con advertencias de actuar duramente contra los que estén en contra de sus designios.
Al fin impuso su voluntad, sin que haya reacción fuerte de rechazo a la vocación imperial del presidente de Estados Unidos.
No sé entiende por qué los países latinoamericanos no se unen en un bloque para rechazar la política de dominación y dictatorial de Donald Trump.
Incluso en el rechazo a la violación del derecho internacional por parte de los Estados Unidos pueden incluirse los países de la Unión Europea, que son permanentemente asediados y amenazados de imponerles aranceles y otros castigos como parte de la vocación dictatorial del mandatario norteamericano.
El chantaje de los Estados Unidos incluye también el otorgamiento de visados para ingresar al territorio de la potencia del norte.
La conducta de Trump es como si su administración haya borrado del mapa la supuesta clase gobernante que existe allí.
El problema se torna tan grave que la violación de derechos no solo se produce en Estados Unidos, sino en todo el mundo que parece haber retornado el derecho constitucional clásico, que fue sustituido por el derecho constitucional moderno en que los Estados grandes aplastan a los pequeños.
La época Trump prácticamente ha borrado el legado establecido por Estados Unidos a través del derecho constitucional difuso y sobre el equilibrio de los poderes.
Lo sorprendente de la era Tromp es que hasta la Suprema Corte de Justicia de los Estados Unidos luce sometida a una cierta tolerancia del jefe de Estado de la potencia del norte.
Si la mayoría de los países no reaccionan a la política represiva y de dominación de Trump difícilmente pueda sobrevivir el sistema democrático, lo que puede crear serias tensiones y confrontaciones sociales y políticas en todo el planeta.
