Opinión
Cada líder con su combito
Published
9 años agoon
Por Rosario Espinal
Un señor ebanista que conozco desde hace muchos años ha sido siempre aficionado de la política. Varias veces me dijo que no criticara el clientelismo porque lo que más alegra un barrio dominicano, según él, son las navidades y las elecciones. Los políticos llevan música, regalos y romo.
Este señor se enganchó a político, y pasó a ser empleado de la alcaldía de su pueblo el año pasado. Cuando me enteré, precisamente porque necesitaba un ebanista, le pregunté:” ¿y por qué dejaste tu taller para ser empleado de la alcaldía?” Su respuesta: “para embullarme”.
Esta explicación, si es que su respuesta alcanza ese rango, podría tomarse como indicación de que, a pesar de que muchas personas entran a la política en busca de beneficios materiales y poder, la política es también una fuente de entretenimiento.
La política es pasional y envuelve a las personas en un activismo constante. Es también adictiva. Para los pocos que tienen la política como misión en busca del bien colectivo, el objetivo es ético y loable. Para los muchos que buscan riqueza, poder y placer, el objetivo es instrumental.
Los peledeístas tienen fama de ser agrios, y sus figuras históricas proyectan una cara vetusta. Pero han distribuido efectivamente, para sus fines, los recursos del Estado. La mejor tajada para ellos; al resto, fiesta y mañana gallos
Si no fuera porque la política es el vehículo para llegar al Gobierno, desde donde se toman las decisiones fundamentales que afectan la colectividad, la diversión fuera sabrosa. Pero el embulle político tiene un alto costo para la sociedad.
En un país menos bochinchoso, es más fácil poner presión a los políticos para que realmente resuelvan los problemas. En la República Dominicana es difícil, porque con música, regalos y romo se tranquiliza un gran segmento del pueblo.
No creo que sea simplemente ignorancia de la gente. Los dominicanos no son estúpidos. Es la inclinación cultural al bonche que diluye los posibles esfuerzos para presionar por cambios.
Solo en un país bochinchoso, donde el placer inmediato sobrepasa la capacidad de cambio y raciocinio, sucede que, a pesar de 50 años de crecimiento económico casi continuo, tanta gente viva en la pobreza, prevalezcan los apagones, el agua llegue a chorritos, el tránsito sea un caos, la corrupción abunde, la impunidad sea regla, y la delincuencia prospere sin un plan efectivo para combatirla.
Para vivir en el bonche, el cambio se declara imposible. Ante su imposibilidad, solo queda la queja y la risa. Y así vive el pueblo dominicano: entre quejas y risas. La risa puede ser genuina o sarcástica; dependerá del tema, la persona y la situación.
Solo en un país bochinchoso hay 26 partidos registrados legalmente, con cerca de 20 que no atraen electores, y hay más aspirantes en fila para registrar nuevos partidos. Es por el bonche que no se agrupan; todos los jefes quieren ser candidatos a presidente a menos que saquen más beneficios de una alianza ganadora. Hasta para sus intereses materiales y alcanzar real poder político, unirse en bloques sería más rentable para los opositores. ¡Pero no! Cada líder con su combito.
El PLD ha gobernado tanto tiempo, en parte, porque ha comprendido la cultura del bonche dominicano. Los peledeístas tienen fama de ser agrios, y sus figuras históricas proyectan una cara vetusta. Pero han distribuido efectivamente, para sus fines, los recursos del Estado. La mejor tajada para ellos; al resto, fiesta y mañana gallos. Ojo: en la repartición han estado incluidos muchos políticos de los que hoy conforman la oposición.
Al igual que para el señor ebanista, la política en este país es un embulle; los temas van y vienen. Hasta Odebrecht pasó ya de moda y aún no ha terminado el 2017.
Artículo publicado en el periódico HOY
Los gobiernos de ultraderecha podrán expulsar inmigrantes, quitar derechos y mandar las mujeres a cocinar y fregar, pero no ofrecerán solución a lo que realmente está causando malestar a muchas personas: la discrepancia entre el bienestar prometido y deseado, y las precariedades económicas existentes.
Por Rosario Espinal
A pesar del triunfo de Lula en Brasil, es evidente el avance de la ultraderecha en el mundo. Las causas son diversas, pero hay elementos en común: el hartazgo de muchas personas con lo existente y la búsqueda de chivos expiatorios para distraer la atención de los problemas de fondo.
Los chivos expiatorios permiten culpar a alguien (usualmente a un grupo vulnerable) de los males sentidos; males que muchos no comprenden y que unos pocos explican a su conveniencia para consumo masivo. De ahí que la ultraderecha se sustente en culpar a los inmigrantes, los gais, los trans, las mujeres, los ambientalistas, etc.
Ellos, según la agitación constante de la ultraderecha, son culpables del desempleo, del gasto en servicios públicos, de la delincuencia, de la pérdida de valores, del colapso de la familia tradicional, etc.
¿Qué hay realmente en el trasfondo? Sociedades que no han podido ofrecer el bienestar prometido a amplios segmentos de la ciudadanía.
En regímenes autoritarios no hay que inventar muchos cuentos porque las fuerzas represivas impiden o sofocan los brotes de insatisfacción. En sociedades con ciertas libertades públicas hay que identificar culpables para el desquite. De ahí que el auge de la ultraderecha se exprese actualmente en democracias longevas.
En el caso específico de las sociedades capitalistas hay un mal de fondo: la promesa de prosperidad que cundió por el mundo desde la década de 1980, bajo las premisas del neoliberalismo y la globalización, desencadenaron expectativas de bienestar para una gran parte de la población mundial que no se han concretado.
Tres factores claves lo han impedido:
Primero, el neoliberalismo con sus políticas de bajos impuestos al capital y la desregulación empresarial ha producido una gran desigualdad en la distribución de la riqueza: los que más tienen, tienen muchísimo más que los demás.
Segundo, la dificultad para desmontar servicios públicos establecidos después de la Gran Depresión. Si eliminan servicios hay más desigualdad y descontento. Si los mantienen, los gobiernos enfrentan mayores déficits fiscales porque han bajado los impuestos a los ricos o les perdonan la evasión.
Tercero, la inflación pospandémica, agravada por la guerra contra Ucrania y contra Irán aumenta los costos de la energía, devastador en el mundo.
Las protestas que proliferan actualmente, sea por la vivienda, el deterioro de la educación, el costo de la vida, o la corrupción reflejan el descontento. Ahí prolifera la ultraderecha con su recetario de chivos expiatorios (simples y claros) que mucha gente asume como explicación de sus males. El sistema en su último cuplé.
Los gobiernos de ultraderecha podrán expulsar inmigrantes, quitar derechos y mandar las mujeres a cocinar y fregar, pero no ofrecerán solución a lo que realmente está causando malestar a muchas personas: la discrepancia entre el bienestar prometido y deseado, y las precariedades económicas existentes. Esta discrepancia se presenta a través del mundo.
Cuando los gobiernos de ultraderecha arrasen con muchas de las conquistas de los últimos 70 años, dejarán detrás sociedades más desiguales y convulsas, sobre las que habrá que forjar valores de solidaridad y justicia, si es que la humanidad no ha sido vencida por los humanoides de la inteligencia artificial.
Por Miguel Guerrero
El problema eléctrico sólo se resuelve tomando al toro por los cuernos. Lo primero es reconocer que la presencia del Estado en el negocio es el principal escollo en la búsqueda de una solución a la crisis energética y su grave impacto en la economía nacional, el sosiego familiar, la estabilidad de los negocios, grandes, medianos y pequeños, y todo cuanto anhelamos con proyección al futuro.
Sin ánimo de enjuiciar la labor del actual gobierno, lo cierto es que la CDEEE es parte del problema. Para esta fecha se suponía que su papel habría dejado de ser determinante y que el Gobierno aceptaría su rol de regulador, fortaleciendo las instituciones públicas llamadas por ley a pautar las reglas del negocio. En lugar de afianzar esta irrenunciable y fundamental responsabilidad, la corporación estatal ha continuado asumiendo funciones propias de una rectoría del sector que no le corresponde.
En la medida en que ese papel se incrementa desciende el de la superintendencia y de la Comisión de Energía, supuesta esta última a pautar las políticas del sector. En un sistema bien estructurado, la CDEEE sería apenas otro agente del sector, no el ostentador de un liderazgo que no es suyo. Por esa distorsión, el sistema no funciona adecuadamente y la mejor demostración de ello son los apagones y el alza de las tarifas, que tienen al garete a la población y estrangulado a los sectores productivos.
Los gobiernos han evidenciado, además, su incapacidad para liderar el sector, se vieron obligados a recurrir a organismos internacionales en la búsqueda de una salida, después de interminables promesas de solución con plantas que nadie ha visto. Admito que es una decisión difícil para un Gobierno, pero a menos que no se delimiten claramente los roles, el sector eléctrico seguirá dando tumbos.
Por Rommel Santos Diaz
El Estatuto de Roma establece que la Secretaría de la Corte Penal Internacional , sin perjuicio de las funciones y atribuciones del Fiscal de conformidad con lo dispuesto en el artículo 42 del estatuto de referencia, estará encargada de los aspectos no judiciales de la administración de la Corte Penal Internacional y de prestarle servicios.
De conformidad con el Estatuto de la Corte Penal Internacional la Secretaría será dirigida por el Secretario, que será el principal funcionario administrativo de la Corte. El Secretario ejercerá sus funciones bajo la autoridad del Presidente de la CPI.
El Estatuto de la Corte Penal Internacional señala, además, que el Secretario y el Secretario Adjunto deberán ser personas que gocen de consideración moral y tener un alto nivel de competencia y un excelente conocimiento y dominio de al menos uno de los idiomas de trabajo de la Corte.
El Estatuto de Roma también establece que los magistrados elegirán al Secretario de la Corte Penal Internacional en votación secreta por mayoría absoluta y teniendo en cuenta las recomendaciones de la Asamblea de los Estados Partes. De ser necesario elegirán por recomendación del Secretario y con arreglo al mismo procedimiento, un Secretario Adjunto.
En cuanto al procedimiento de elección del Secretario de la Corte Penal Internacional, el Estatuto de Roma establece que el mismo será elegido por un periodo de cinco años en régimen de de dejación exclusiva y podrá ser reelegido una sola vez. El Secretario Adjunto será elegido por un periodo de cinco años, o por uno más breve, si así lo deciden los magistrados por mayoría absoluta en el entendimiento de que prestara sus servicios según será necesario.
Finalmente, el Secretario establecerá una Dependencia de Víctimas y Testigos dentro de la Secretaria. Esta Dependencia, en consulta con la Fiscalía, adoptará medidas de protección y dispositivos de seguridad y prestará asesoramiento y otro tipo de asistencia a testigos y víctimas que comparezcan ante la CPI, y a otras personas que estén peligro en razón del testimonio prestado . La Dependencia contara con personal especializado para atender a las víctimas de traumas, incluidos los relacionados con delitos de violencia sexual.
Rommelsantosdiaz@gmailcom
