Opinión
Comunicología y fuentes noticiosas emergentes (I)
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1 año agoon
Por Oscar López Reyes
En la historia de la humanidad, la comunicación social se apuntala como una de las disciplinas científicas que ha crecido con más rapidez y diversidad, espoleada por las invenciones y descubrimientos tecnológicos. Esa expansión ha abierto las puertas a nuevas fuentes informativas y sub-especialidades y, por consiguiente, a originales contenidos y géneros noticiosos, modelos de negocios en la industria comunicacional, la cultura y las competencias profesionales.
En esta posmodernidad, estamos inmersos en un filón fenomenológico y hermenéutico, que ha deparado nuevos vocablos: web, hipertextualidad, interactividad, software, hardware, fake news, chatgpt, chatbots, big data, bots y trols, blockshain, algoritmo, etc., que articulan nuevos lenguajes y otras funciones en el periodismo de alta tecnología, periodismo computacional y periodismo automatizado, con el predominio de la realidad virtual, en la construcción de significados para nuevas audiencias.
La compactación de las ciencias humano/sociales y los sistemas electrónicos, en la conectiva retroalimentación, han fundado la comunicología, que aldaba como epicentro la mediología, que estudia y privilegia las interacciones de lenguajes, normas de conducta, relatos tradicionales, creencias, experiencias y destrezas, y no se circunscribe al simple accionar mediático.
Esos otros datos y otras fuentes informativas propulsadas por la cibernética, que sustituyen el capital humano de escaso valor por máquinas, tienen como genealogía epistemológica y principios constructivistas a seis campos académicos: sociología, psicología social, semiótica, lingüística, política y cultura.
Y el compuesto de esos pensamientos conceptuales interdisciplinarios modelan, en una larga travesía, a las ciencias de la comunicación social, que se cimenta en un corpus de teorías para el análisis y la comprensión, en un objeto de estudio, un método científico para investigar y validar, y la sistematización de saberes para una mejor formación socio-cultural y abordar los temas relativos al poder y las identidades.
En su interaccionismo simbólico, esa comunicología se mapea como una veta fenomenológica, que apabulla en una colectividad subyugada por la ignorancia y el morbo, y que se visualiza carente de capacidad para evaluar y depurar el alto flujo de informaciones inexactas, desdibujadas, falaces y descontextualizadas, en el horizonte de la anarquía informativa. Se diseminan “noticias” de exigua utilidad, especialmente por las fuentes emergentes, en las cuales estas son compartidas con más multiplicidad que las informaciones veraces.
¿Y cuáles son las viejas y nuevas fuentes informativas?
Las fuentes tradicionales son el Palacio Nacional, el Congreso Nacional, el Poder Judicial, las Altas Cortes, la Policía Nacional, los ministerios e instituciones gubernamentales, los líderes políticos, los empresarios, directivos sindicales, gremios profesionales, grupos comunitarios y Ong.
¿Y las fuentes emergentes?
Estas fuentes -genuinamente las sociopsicofenomenológicas, se montan en las innovaciones tecnológicas y, sustancialmente, en la inteligencia artificial, como son:
1.- Los portales institucionales:
– jefes de redacción asignan a periodistas para que indaguen en las páginas Web en busca de evidencias, soportes o hechos noticiosos.
2.- Plataformas digitales y redes sociales:
– X (antes Twitter): fuente en tiempo real de declaraciones, tendencias y noticias de última hora o en progreso.
– TikTok / Instagram Reels / YouTube Shorts: narrativas audiovisuales instantáneas, incluso de testigos directos.
– LinkedIn: discursos empresariales, profesionales y tendencias corporativas.
– Facebook & Grupos cerrados: comunidades activas con información de nicho.
3.- Fuentes ciudadanas (contenidos generados por usuarios):
– Testigos presenciales, compartiendo fotos y videos.
– Live streams espontáneos (Facebook Live, Twitch, TikTok Live).
– Grupos de WhatsApp y Telegram, filtrando primicias.
4.- Bases de datos abiertas y tecnología:
– Data abierta (gobiernos y Ongs.): estadísticas oficiales en tiempo real.
– APIs públicas: acceso directo a flujos de información (ejemplo: tráfico, clima, finanzas).
– Blockchain: registros inalterables de contratos, transacciones y hasta campañas.
5.- Herramientas de inteligencia digital:
– OSINT: análisis de datos públicos en internet.
– Plataformas de factores colaborativos: (ejemplos: Chequeado, PolitiFact).
– IA generativa y buscadores avanzados: como Chatgpt, Perplexity, o motores de búsqueda especializados.
6. Comunidades virtuales:
– Reddit, Discord y foros especializados: microcosmos de conversación sobre cualquier tema.
– Espacios de nicho: podcasts, campañas de correos independientes y blogs especializados.
– Microinfluencers: nuevos “corresponsales” digitales en temas específicos.
7. Tecnología inmersiva y sensores:
– Drones: cobertura visual en lugares de difícil acceso.
– CCTV público: flujos de video que ya se usan como prueba.
– Internet de las Cosas: dispositivos que generan datos (ejemplos: sensores ambientales y medidores urbanos).
– Realidad aumentada: nuevas formas de experimentar el hecho noticioso.
8. Inteligencia colectiva:
– Crowdsourcing: audiencias participando en investigación (ejemplo: Bellingcat).
– Plataformas de denuncia ciudadana: filtraciones anónimas (ej. Wikileaks, GlobaLeaks).
– Periodismo colaborativo internacional: proyectos conjuntos de varios medios y ONGs.
Ahora, ¿cuáles son las ventajas y desventajas de ellas?
Las ventajas de las fuentes tradicionales son:
– Credibilidad y rigor editorial: medios como periódicos, radio y TV cuentan con procesos de verificación más sólidos.
– Contexto y profundidad: ofrecen análisis, antecedentes y jerarquización de la información.
– Acceso a fuentes oficiales: mayor facilidad para cubrir declaraciones institucionales, voceros y ruedas de prensa.
– Archivo histórico: los periódicos impresos, hemerotecas y noticieros sirven como repositorios de referencia.
– Estándares éticos: suelen regirse por códigos deontológicos que fortalecen la confianza.
– Cobertura amplia y estructurada: recursos técnicos y humanos que permiten llegar a todo el país.
– Jerarquización clara: ayudan a la audiencia a distinguir qué es relevante y qué es secundario.
¿Cuáles son las ventajas de las fuentes emergentes?
– Velocidad y actualidad: permiten acceder a primicias en tiempo real (ejemplo: un live en TikTok desde el lugar de los hechos).
– Diversidad de voces: amplifican perspectivas ciudadanas, comunidades y expertos fuera de los grandes medios.
– Acceso directo a la audiencia: redes como Instagram, TikTok o Newsletters permiten llegar sin intermediarios.
– Interactividad: la audiencia no solo recibe la noticia, también la comenta, aporta y corrige en tiempo real.
– Personalización: algoritmos y la IA ajustan la información a intereses individuales.
-Costo bajo: un periodista puede monitorear plataformas sociales sin grandes inversiones técnicas.
– Innovación narrativa: videos cortos, infografías interactivas, hilos explicativos y podcasts: nuevos formatos para captar interés.
¿Acaso tienen desventajas las fuentes tradicionales?
– Menor velocidad: los procesos editoriales hacen que publiquen más tarde que las redes sociales.
– Limitación de formatos: suelen ser menos interactivos e innovadores que las plataformas digitales.
– Alcance generacional limitado: los jóvenes consumen cada vez menos prensa y TV tradicionales.
– Costos altos: mantener redacciones, imprentas y equipos de transmisión es más costoso que lo digital.
– Concentración mediática: en algunos países, pocos grupos controlan los medios, reduciendo la pluralidad.
– Dependencia de agendas oficiales: muchas veces priorizan discursos institucionales sobre voces alternativas.
– Menor personalización: la audiencia recibe la misma información, sin adaptaciones a sus intereses.
¿Revelan desventajas las fuentes emergentes?
– Falsa información y bulos: la rapidez puede sacrificar la veracidad, aumentando el riesgo de difundir fake news.
– Falta de jerarquización: la relevancia no siempre se mide por impacto social, sino por algoritmos de popularidad.
– Sobrecarga informativa: el exceso de fuentes dispersas dificulta filtrar lo esencial.
– Sesgo algorítmico: lo que vemos no es necesariamente lo más importante, sino lo que las plataformas quieren destacar.
– Credibilidad cuestionable: al no existir filtros editoriales, muchas fuentes carecen de rigor periodístico.
– Vulnerabilidad tecnológica: manipulación digital o bots automatizados generando tendencias falsas.
– Efecto efímero: la noticia en redes puede desaparecer en horas, sin dejar archivo ni trazabilidad.
Las fuentes -instituciones, personas o canales- donde se obtienen informaciones en intervalos de tiempo, precisan ser constatadas y confrontadas, a fin de garantizar su fiabilidad y autenticidad para la redacción del género multimedia pertinente. El reto actual está en verificar, depurar y jerarquizar la avalancha de datos de las fuentes emergentes, que naufragan en la inmediatez, la superficialidad y la ausencia de veracidad y que, lamentablemente, es lo que más consumen y usan los ciudadanos.
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El autor: Dos veces presidente y actual vicepresidente Asoc. Dom. Escuelas de Comunicación Social (AdecomRP) y presidente Asoc. Dom. de Profesionales de Relaciones Públicas (Asodoprep).
Opinión
Un Estado puede ganar un enfrentamiento y, al mismo tiempo, estar perdiendo la batalla contra el crimen.
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6 días agoon
octubre 8, 2026Por Isaías Ramos
En las últimas semanas, decenas de personas han muerto durante actuaciones policiales calificadas como “intercambios de disparos”. El debate se ha concentrado, comprensiblemente, en determinar si esas actuaciones fueron legítimas, si hubo proporcionalidad en el uso de la fuerza y qué mecanismos pueden establecer con credibilidad lo ocurrido.
Son preguntas indispensables.
Pero hay otra que estamos formulando mucho menos:
¿Estamos desmontando el sistema que produce al delincuente o solamente neutralizando una de sus manifestaciones?
Esta controversia me recuerda una enseñanza que quedó especialmente presente en mí desde que tuve la oportunidad de participar en el Diplomado Internacional Transformación Social y Educativa, vinculado al pensamiento del filósofo francés Edgar Morin.
Morin advertía sobre la “inteligencia ciega”: aquella que fragmenta la realidad, separa sus componentes y termina confundiendo el conocimiento de una parte con la comprensión del todo.
La criminalidad castiga severamente ese pensamiento simplificador.
El hombre armado que aparece en una esquina es apenas la expresión visible de un sistema mucho más amplio. Detrás pueden coexistir tráfico de armas, narcotráfico, microtráfico, lavado de activos, corrupción, financiamiento ilegal, reincidencia, abandono escolar, exclusión social, debilidades penitenciarias y territorios donde las instituciones han perdido capacidad preventiva.
Reducir semejante entramado al último individuo de la cadena constituye un error estratégico.
Porque si hoy cae un delincuente y mañana otro ocupa exactamente su lugar, no hemos desmontado el crimen.
Solamente hemos reemplazado una pieza.
Y mientras celebramos que una pieza cayó, la maquinaria que la incorporó, la utilizó y puede sustituirla sigue funcionando intacta.
Durante aproximadamente tres décadas, distintos gobiernos han administrado una sociedad que ha experimentado crecimiento económico y avances sociales, pero donde persisten brechas educativas, sociales, territoriales e institucionales.
El problema no es solamente cuánto se ha invertido en cada área, sino cuánto hemos sido capaces de articularlas.
Educación, protección social, seguridad, justicia, sistema penitenciario y prevención continúan funcionando demasiadas veces como compartimentos separados.
Ahí reaparece la advertencia de Morin: conocemos las partes, financiamos las partes y administramos las partes, pero perdemos de vista las relaciones que producen el fenómeno completo.
Entonces surge una contradicción preocupante: toleramos durante años condiciones que favorecen exclusión, violencia, economías ilícitas y ausencia de oportunidades y, cuando algunas de sus consecuencias finalmente aparecen armadas en nuestras calles, pretendemos enfrentarlas principalmente mediante fuerza policial.
La seguridad comienza mucho antes de que un policía tenga que sacar su arma.
Existe, además, una diferencia fundamental entre letalidad operativa y eficacia estratégica.
Una intervención policial puede neutralizar una amenaza inmediata y ser tácticamente exitosa. Pero la eficacia estratégica exige una pregunta mucho más importante:
¿Qué poder criminal perdió la sociedad después del operativo?
Un presunto delincuente capturado con vida puede convertirse, dentro del debido proceso, en una fuente de inteligencia criminal: identificar quién suministra las armas, quién financia, quién distribuye, quién recibe el dinero, quién protege la estructura y quién dirige niveles superiores.
Por eso no basta preguntar quién cayó.
Debemos preguntar:
¿Qué estructura descubrimos?
¿Qué red desmantelamos?
¿Qué información obtuvimos para impedir al próximo?
Un Estado verdaderamente fuerte no es aquel que solamente puede enfrentar a un hombre armado.
Es aquel capaz de investigar, capturar, obtener información conforme a la ley, seguir el dinero, rastrear las armas, identificar conexiones, judicializar responsables y reducir efectivamente el poder de las organizaciones criminales.
Nada de esto significa negar a los agentes policiales su derecho a defenderse ante una agresión real.
Tampoco significa asumir que toda muerte ocurrida durante una intervención policial constituye automáticamente una ejecución.
Precisamente por eso, cuando una persona muere por actuación de agentes del Estado, debe existir un procedimiento independiente y creíble capaz de establecer qué ocurrió.
Eso protege al ciudadano.
Y también protege al policía que actuó legítimamente.
Pero una política moderna de seguridad debe avanzar más.
Necesitamos inteligencia criminal integrada, capaz de conectar armas, personas, territorios, comunicaciones y organizaciones.
Necesitamos persecución financiera y judicial, porque una estructura criminal pierde verdadero poder cuando pierde su dinero, sus armas, su protección y sus mandos.
Y necesitamos prevención focalizada allí donde las redes criminales encuentran las condiciones para reclutar o sustituir continuamente a sus integrantes.
Por eso tampoco deberíamos medir la seguridad únicamente por muertos, detenidos u operativos realizados.
Debemos medirla por redes criminales desarticuladas, armas rastreadas, dinero ilícito intervenido, mandos identificados, funcionarios corruptos sometidos, reincidencia reducida y territorios recuperados.
El verdadero dilema nunca debió ser seguridad contra derechos.
Esa falsa dicotomía es, en sí misma, otra expresión de inteligencia ciega.
La República Dominicana necesita autoridad.
Necesita una Policía capaz de enfrentar el crimen.
Necesita justicia capaz de investigar y sancionar.
Necesita inteligencia capaz de anticipar las redes.
Necesita prevención capaz de reducir el reclutamiento.
Pero, sobre todo, necesita un Estado capaz de comprender que todas esas piezas forman parte del mismo sistema.
Porque neutralizar al delincuente puede resolver la amenaza de hoy.
Desmantelar las redes que reclutan y sustituyen al próximo es comenzar a resolver el problema del país.
Los evangelizadores de la Inteligencia Artificial (IA) cabalgan sin pausas ni paradas, a toda mecha como un lince o un cohete, confiados en sus maravillosos proyectos de inversiones financieras. Y el ritmo rasguea en una constante que no presiente ni anticipa límites ni la potencial burbuja/fin de esta expansionista tecnología, la IA, otra estafa, otra doble estafa universal.Opinión
La Relación de la Corte Penal Internacional y los Estados
Published
6 días agoon
octubre 8, 2026Por Rommel Santos Diaz
El Estatuto de Roma estipula que la Corte Penal Internacional entrará en vigor el primer día del mes siguiente al sexagésimo día a partir de la fecha en que se deposite en poder del Secretario General de las Naciones Unidas el sexagésimo instrumento de ¨ratificación, aceptación, aprobación o adhesión¨.
La firma del Estatuto de Roma estuvo abierta hasta el 31 de diciembre del año 2000, tal y como lo estipula el referido Estatuto. Para que un Estado devenga parte , este deberá ratificar, aceptar, aprobar o adherirse al tratado.
El término ¨adhesion¨normalmente significa adherirse al Tratado una vez que este haya entrado en vigor, pero también podrá referirse a un proceso específico de un Estado.
Para el Estado que ratifique, acepte, o apruebe el Estatuto posteriormente al depósito del sexagésimo instrumento, la entrada en vigor del Estatuto para dicho Estado será el primer día del mes siguiente al sexagésimo día a partir de la fecha en que haya depositado su instrumento de ratificación, aceptación, aprobación o adhesión al Estatuto de Roma.
Según el Estatuto de Roma los Estados los Estados no podrán hacer reservas al Estatuto. Los Estados Partes deberán aceptar el Estatuto tal y como fue adoptado en la Conferencia de Roma.
No obstante, el Estatuto de Roma dispone que el Estado podrá declarar que ¨ durante un periodo de siete años contados a partir de la fecha en que el Estatuto entre en vigor a su respecto , no aceptará la competencia de la CPI sobre la categoría de crímenes a que se hace referencia en el artículo 8 cuando se denuncie la comisión de uno de esos crímenes por sus nacionales o en su territorio¨.
El objetivo de la disposición indicada anteriormente es brindar a los Estados Partes tiempo suficiente para capacitar a todo su personal militar sobre los requisitos del Estatuto con respecto a los crímenes de guerra, ya que algunas de las disposiciones del Estatuto de Roma podrían ser contrarias a las obligaciones nacionales existentes.
