Opinión
Cuarto Poder en riesgo
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14 años agoon
Por Hamlet Hermann
Por más de 200 años se ha estado llamando a la prensa y a los medios de comunicación “El Cuarto Poder”. El atributo surge por considerarse que la información publicada constituía el contrapoder de los Poderes Ejecutivo, Legislativo y Judicial del Estado.
Esto fue relativamente válido dentro de algunos regímenes “democráticos”, no así en los gobiernos autoritarios que, a la franca, violaban los derechos humanos y censuraban las escasas libertades. Sin riesgo de equivocación, en República Dominicana, plagada su historia de regímenes despóticos, quizás hubo completa libertad de prensa en algunos meses de los años 1963 y 1965. Los más liberales convivían entonces, minoritariamente, con la tradicional prensa de origen trujillista y oligárquica donde se reciclaban el poder económico y los intereses extranjeros. Luego, ocasionalmente, existieron islotes progresistas y cuestionadores del sistema, que surgían y se sumergían hasta desaparecer para siempre en función de las mareas políticas y las oleadas represivas.
Para mal o para bien, el Cuarto Poder fue por mucho tiempo la forma de expresión de aquellos cuyas visiones políticas y económicas no estaban representadas en los otros tres poderes. Se sumaron a estos esfuerzos, valientes periodistas con el apoyo de algunos propietarios de medios, para lograr que el Cuarto Poder no desapareciera.
En décadas recientes, la consolidación de la televisión como el más importante medio de comunicación, revivió el sofisma de que ver es comprender. La engañosa ilusión de ser espectador de los hechos mientras ocurren, hace creer que se está participando y comprendiendo el suceso. Ahora, la importancia de las informaciones es valorada en función del tiempo que medie entre el hecho y la difusión. El televidente nunca se enterará de lo que quedó en el cuarto de edición. La aparente instantaneidad es la excelencia y permite como ninguna otra forma un adoctrinamiento político constante, invisible y clandestino.
Con el avance de la globalización económica, el contenido democrático y universal para beneficio de los ciudadanos ha ido perdiendo su sentido en los medios. Y se ha ido instaurando una solapada “censura democrática” ejercida al tiempo que adormece. Gracias a los avances tecnológicos, los datos circulan en inconmensurables cantidades, tan infectada de prejuicios que se torna incomprensible e imposible de transformar en información útil y verdadera. Además, esos volúmenes de datos que aparentan veracidad impiden en muchos casos percibir qué aspectos se están ocultando. El ciudadano es saturado con tantos datos dispersos que llega a convertirse en un ignorante de la información verídica.
Al mismo tiempo, el sistema de los medios mantiene un amplio sector de “comunicadores”, generosamente pagados, destinados a escribir lo que los otros poderes necesitan que se pregone. Son especialistas en levitación, en redactar criterios que queden en el aire sin la debida relación con la realidad. Eso sí, en constante complicidad con la politiquería reinante, en gran medida desprestigiada. Entre sí se leen y se congratulan por lo bien que funcionan las bisagras que llevan en el lomo. “Un pequeño grupo de periodistas, siempre presentes, cuyo poder está respaldado por la ley del silencio.
El espacio en la prensa para los artículos de fondo, aquellos que ayudan al lector a comprender la cantidad enorme de datos que llegan, ha ido disminuyendo cediéndole paso a la ineludible publicidad que financia la empresa de comunicación. Mientras, los sutiles controles sobre el espacio que ocupan estos analistas aumentan. La gratuidad por su esfuerzo se ha establecido para la inmensa mayoría de los colaboradores sin que haya otra opción. El único incentivo es el estímulo por sentirse publicado y llegando a ciertos lectores. Dichosos aquellos que pueden mantener por largo tiempo un espacio obtenido por la gracia de los Directores y propietarios del medio, más que por su calidad.
No en balde los sectores económicos y los grupos políticos se desvelan por adquirir el control de los medios de comunicación. En República Dominicana la prensa está todavía en manos de corporaciones económicas y financieras que tienen ahora como socios importantes al grupo que gobernó este país en la década reciente. Así, prácticamente, monopolizan la interpretación de los acontecimientos y la difusión de éstos.
Cuidemos con tino que la prensa nunca deje de ser el Cuarto Poder.
Artículo de opinión publicado originalmente en el periódico HOY
Por Rosario Espinal
El sistema de partidos dominicano, aunque maltratado por las luchas caudillistas, las divisiones y la incapacidad de los gobiernos para realizar las reformas necesarias, no ha colapsado. Esto hay que resaltarlo porque la probabilidad de un outsider se potencia cuando colapsa el sistema de partidos.
En una región y un mundo lleno de sorpresas, inestabilidad y polarizaciones políticas, la República Dominicana sobresale por su persistente estabilidad y el bajo nivel de polarización, aunque a veces los procesos electorales confundan y den la impresión de que se libra una batalla feroz.
Durante los últimos 60 años han gobernado cuatro partidos, y dos de ellos han emanado de divisiones del PRD: el PLD y el PRM.
La matriz partidaria original se fracturó: el Partido Reformista se consumió en divisiones y el PRD colapsó después que parió al PRM. Pero, aunque el sistema de partidos ha cambiado producto de las divisiones, se ha mantenido vigente y la clase política intacta. Hasta los vencidos encuentran cómo seguir usufructuando.
Por muchos años me han preguntado cuándo surgirá un outsider que dé al traste con la partidocracia; o sea, un candidato presidencial al margen de los principales partidos políticos.
Mi respuesta siempre ha sido (incluido este momento) que no veo condiciones propicias para el surgimiento de un outsider con posibilidades presidenciales.
Las razones para dar esta respuesta son las siguientes:
El sistema de partidos dominicano, aunque maltratado por las luchas caudillistas, las divisiones, y la incapacidad de los gobiernos para realizar reformas necesarias, no ha colapsado. Esto hay que resaltarlo porque la probabilidad de un outsider se potencia cuando colapsa el sistema de partidos.
Para el 2028, el PRM, la Fuerza del Pueblo y el PLD tienen candidatos disponibles, todos con arraigo en la sociedad dominicana, para impulsar una campaña exitosa. Así que, a pesar de que los partidos políticos tengan baja estima en la ciudadanía, y el porcentaje que dice no simpatizar por ninguno ha aumentado en los últimos años, por esos partidos se decantará muy probablemente la inmensa mayoría de los electores.
La economía dominicana experimenta problemas, agravados actualmente por el aumento del precio del petróleo, pero no crisis. Una crisis económica prolongada es uno de los factores claves que contribuye al colapso del sistema de partidos. Sin ella, los partidos del sistema tienden a sobrevivir.
El Estado clientelar-asistencial dominicano, ampliado en los últimos años, es un factor estabilizante de la política, a pesar de los riesgos económicos que acarrea cuando se conjuga con un gran déficit fiscal.
En el ámbito político, el Estado clientelar-asistencial permite incorporar como beneficiarios a un amplio segmento de la clase política (aun de la oposición), a empresarios, clase media y sectores populares. Es un factor esencial de protección e inclusión social.
Mientras ese Estado clientelar-asistencial pueda sostenerse sin crisis económica, difícilmente surja con éxito un outsider que en campaña prometa arrasar con todo al estilo Javier Milei, o con una campaña monotemática (criminalidad, por ejemplo) que reciba un cheque en blanco de la ciudadanía para erigirse en autócrata como Nayib Bukele.
La conjunción de los factores señalados ha permitido a la República Dominicana sortear los vaivenes de la política latinoamericana y mundial de las últimas décadas, manteniendo estabilidad política.
Por más odiados que sean los partidos políticos dominicanos, siguen generando las figuras que gobiernan el país y los votantes necesarios para elegirlos.
Por Nelson Encarnación
Este jueves, 16 de julio, se verificará el cambio de gestión en la Universidad Autónoma de Santo Domingo (UASD), cuando el maestro Editrudis Beltrán entregue la Rectoría al nuevo incumbente, doctor Jorge Asjana, electo de manera convincente en los últimos comicios en la centenaria academia.
El rector saliente viene de una larga carrera docente que culmina con una administración rectoral libre de conflictos, lo cual significa mucho en la prestigiosa alma mater, donde hubo períodos caracterizados por turbulencias que trastornaron proyectos de dirección muy ambiciosos.
La universidad que entrega el maestro Editrudis ha tenido logros significativos que merecen ser destacados, consciente del impacto que tienen en beneficio de una población estudiantil que ya supera los 210,000 alumnos.
Y quiero detenerme en este dato, porque, si bien para algunos la masificación de la UASD es un hecho negativo, lo cierto es que la institución estatal es la única que ha mantenido su filosofía de puertas abiertas para acoger a los aspirantes a profesionales que no pueden pagarse una universidad privada.
En ese sentido—y sin mucha estridencia—la gestión que concluye, y con el apoyo del presidente Luis Abinader, logró que la universidad pasara de 18 localidades, a tener presencia en su ubicación natural que es el Distrito Nacional, las 31 provincias y cerca de 10 municipios.
Operan ya nuevas ciudades universitarias en modernos campus en Baní, Azua, Hato Mayor, Cotuí y Neiba, mientras la próxima será inaugurada en Santiago Rodríguez.
También merece una mención especial la política de apertura de liceos experimentales en Constanza, Jarabacoa, Moca, Guerra, Haina, Elías Piña, Santo Domingo Oeste, Baní y La Victoria.
Recordemos que, durante décadas, la UASD solo dispuso del bien ponderado liceo Amelia Ricart Calventi, por lo que esta expansión de la red de bachilleratos universitarios es un hecho trascendental en lo que concierne a crear en los estudiantes una cercanía temprana con su próxima alma mater.
Un área vital en la cual la UASD ha recibido permanentes críticas—pienso que no siempre con razón—es lo referente a la investigación científica.
En este aspecto tan relevante para el prestigio de la UASD, podemos citar el gran esfuerzo de la gestión del doctor Beltrán, que resultó en más de 300 artículos científicos publicados, más de 200 investigaciones activas y un liderazgo destacado en la obtención de proyectos Fondocyt.
Por Miguel Guerrero
Los avances de la tecnología y la ciencia han permitido llegar a la Luna y explorar lugares aun más recónditos del Universo. Estamos lejos, sin embargo, de poder encarar problemas tan dramáticos como satisfacer necesidades elementales de la población.
Gran parte de la humanidad no ha podido siquiera remediar el problema del hambre. Pero más que a una escasez de recursos, se ha debido a su mal empleo. Mientras se mantuvieron estáticos los índices de inversión en programas educativos y de desarrollo, el Tercer Mundo incrementó pavorosamente los gastos militares.
Las compras de armas en los años finales del siglo pasado de África y Asia sumaron más de 50,000 mil millones de dólares, dos veces al valor actual de esa divisa. Los árabes, con las mayores reservas monetarias debido a su potencial petrolero, figuraron en los primeros puestos. No obstante, África continúa entre las zonas más potencialmente expuestas al hambre y a la desnutrición. Millones de niños carecen allí de escuelas apropiadas, hospitales y alimentos, mientras modernos aviones Migs despegan y se exhiben en sus aeropuertos.
El mundo islámico tiene en su conjunto uno de los índices demográficos más bajos del mundo. Si se aplicara un estricto sentido de la justicia social, una distribución realmente equitativa de la propiedad agrícola, no habría allí problemas reales. Sin embargo, existe en la zona un bajo rendimiento agrícola, por la reducida inversión en programas de desarrollo agropecuario.
Otro ejemplo patético es la India. Con tasas altamente crónicas de muertes por inanición y desnutrición infantil y cientos de millones de personas que viven en condiciones infrahumanas, ese país ha desarrollado una política de rearme fabulosa. No obstante el impacto del alza del petróleo en su economía, el gobierno indio comprometió sumas extraordinarias en convertir a la nación en una potencia nuclear.
