Opinión
Del 16 en adelante…
Published
9 años agoon
Por Narciso Isa Conde
Hay quienes piensan que el cambio de dueño de Leonel a Danilo del Tribunal Supremo Electoral-TSE y los cargos vacantes de la Suprema Corte es una victoria porque no se colaron los funcionarios “chicharrones” que desempeñaron roles repulsivos y se re-postularon.
Así se pronunciaron esos comunicadores cuando fueron renovados casi todos los cargos de la JCE; y pocos día después, cuando creció el reclamo a favor de la renuncia del Presidente de la República, se le “salió el cobre” a Julio César Castaños Guzmán y demás miembros de la nueva JCE…
Cualquier “quisquila” se acepta, menos tocar al Monarca Medina, que ahora está conformando sus “altas cortes”, que no son ni altas ni cortes. Pero son SUYAS, no nos equivoquemos.
Pero en dirección contraria sucede y viene a ser que la majestuosa Marcha Verde del pasado 16 de Julio demandó al sometimiento del Rey y su corte no celestial, marcando un antes y un después, llamado a aplastar todas esas maniobras.
En su PROCLAMA, después de atravesar el centro del Distrito Nacional un tsunami de personas vestidas de verde, el movimiento reclamó “el SOMETIMIENTO JUDICIAL DEL PRESIDENTE DANILO MEDINA y la investigación penal de los funcionarios y legisladores Rubén Bichara, Reinaldo Pared Pérez, Gonzalo Castillo, Cristina Lizardo, Vicente Bengoa, Lucía Medina, Simón Lizardo, Abel Martínez y otros responsables de aprobar o gestionar los contratos de la multinacional mafiosa”.
De igual modo, el colectivo consideró “inaceptable cualquier resultado judicial sin una indagatoria de las actuaciones de los ex-presidentes Leonel Fernández, responsable del 52% de los contratos, y de Hipólito Mejía, en cuyo gobierno se firmó el 11% de los contratos y quien públicamente ya se puso a la disposición del procurador Jean Alain Rodríguez”.
Ahora la cuestión central es la evidencia de que el Poder Ejecutivo, Gobierno Central, Justicia, Congreso, Cámara de Cuentas, JCE, Alcaldías… son instituciones controladas por una partidocracia corrupta y corruptora que las manipula para enriquecerse en contubernio con grandes empresarios, lobistas, generales y corporaciones transnacionales.
Se ha evidenciado así una dictadura constitucional dedicada a acumular riqueza y poder, dirigida desde un centro estatal-partidista bajo el mando del Presidente de turno (Danilo Medina), generalmente convertido en un monarca postmoderno; siempre acompañado de una maquinaria de marketing y publicidad dedicada a robarse la verdad en procura de la permanencia de una dominación mafiosa.
La base legal de sustentación del poder constituido es la Constitución del 2010 estructurada por el ex-presidente Leonel Fernández (y sus asesores de ocasión), heredada hace 6 años por el Presidente Medina; ambos cabecillas del partido-corporación montado sobre un gobierno y un partido corruptos y corruptores.
Esa Constitución constitucionalizó el neoliberalismo y concentró el poder de decisión en la Presidencia, el Senado y el Consejo de la Magistratura con fines de garantizar corrupción e impunidad; mecanismos ahora dominadoS por el presidente de turno.
Por eso, en perspectiva, para ponerle fin a la impunidad, será imprescindible que el ascenso plebiscitario de Mancha Verde -todavía inagotado y con perspectivas más contundentes- se produzca el colapso de este gobierno y de las instituciones que manipula; seguido de un régimen provisional transitorio exclusivamente comprometido con el fin de la impunidad y la superación de este orden constitucional que la ampara; todo esto al compás de la construcción de nuevas instituciones sobre nuevas bases constitucionales, vía democracia de calle y despliegue de una Constituyente Popular, Participativa y Soberana.
El 16 de julio marcó esa ruta crítica.
Por Nelson Encarnación
Durante la llamada guerra de los 12 días librada por Israel e Irán en junio de 2025, escribí un artículo que mantiene toda su vigencia.
Hablaba de las mentiras de George W. Bush para lanzar la invasión de Irak, basada en la narrativa de las armas de destrucción masiva de Sadam Hussein.
Esa propaganda se difundió como guion de cine por todo el planeta, replicado masivamente por los medios de comunicación estadounidenses y de una parte importante de los países europeos, sin que ninguno de ellos se ocupara de verificar y contrastar los hechos.
Al lanzarse la ocupación que depuso el régimen iraquí, los propios invasores buscaron por todos los rincones del país árabe y no encontraron más que armas convencionales, es decir, tanques, cañones, fusiles, lanzacohetes y más, y nada de “destrucción masiva”, entendido este término como elementos susceptibles de aniquilar a poblaciones enteras.
Fue una vagabundería redonda que medios de desinformación y alabarderos de los Estados Unidos repitieron sin cesar, pese a que la Organización Internacional de Energía Atómica (OIEA) aseguraba de manera precisa y rotunda que no existían dichas armas.
Más de dos décadas después, y justo menos de un año, los mismos actores y los mismos mentirosos montan la misma narrativa y la misma propaganda, esta vez para la segunda embestida contra Irán.
La información que han analizado los expertos concluye en que Irán no ha podido enriquecer uranio hasta los niveles que permiten desarrollar un arma nuclear susceptible de causar devastación, y que, a lo sumo, ha logrado el punto en que solo lo puede emplear en cuestiones civiles.
Esto puede explicar la efectividad del bombardeo de la noche del viernes 13 de junio que mató a varios de ellos junto con oficiales de alto rango de las Fuerzas Armadas persas.
Es con base en la repetición del guion de 2003 que Israel abrió una guerra con el país persa que se sabe ha sido comenzada, de la que nadie conoce sus resultados al final.
Por consiguiente, es hora de que los líderes sensatos hagan mayores esfuerzos para influir en ambos países para que se ponga fin al enfrentamiento.
Cuando hablamos de líderes sensatos damos una vuelta a la redonda y caemos en el mismo punto de partida sin ver a nadie que califique como tal.
Por Rosario Espinal
¿Son estúpidas las mujeres? ¿Incapaces? ¿No les interesan esos cargos? Muchas veces se habla de igualdad, pero a la hora de la verdad, sobresalen las justificaciones para mantener la desigualdad.
No se dejen engañar, ni construyan ustedes la mentira de que hay igualdad, ni siquiera de oportunidad. Los hombres mandan en este país y en todos, y tienen más recursos que las mujeres.
Para ilustrar, en este país nunca ha habido una mujer presidente. De una veintena de ministerios en solo dos hay ministras (una es de la Mujer). De 32 senadores, solo hay cuatro senadoras. De 158 alcaldes, solo 10% son mujeres. De 190 diputados, solo alrededor del 30% son mujeres (y eso es con cuota).
¿Por qué? ¿Son estúpidas las mujeres? ¿Incapaces? ¿No les interesan esos cargos?
Muchas veces se habla de igualdad, pero a la hora de la verdad, sobresalen las justificaciones para mantener la desigualdad.
Se argumenta que los hombres tienen más fuerza física, que es un designio de Dios, que son más racionales, menos emotivos.
A las mujeres las culpan hasta de que las violen. ¿Por qué estaba en la calle a esa hora? ¿Por qué se viste así? O se lo inventó.
¿Quieren los hombres perder el poder que tienen? ¡Jamás!
Entre los empresarios sobresalen los hombres. Unas cuántas mujeres, casi siempre por nombre de familia, adornan el escenario masculino-empresarial.
El poder de los hombres es ancestral y la inmensa mayoría de los hombres lo defienden a capa y espada, con distintos argumentos, con distintas estrategias, y también, con la ayuda de muchas mujeres que han sido socializadas (y socializan a sus hijos) para creer que los hombres mandan, y tienen derecho a hacerlo.
Veamos las religiones. ¿Conoce usted un Dios mujer en la tradición judeocristiana-islámica? ¿Ha habido un Papa mujer? ¿Sacerdotes mujeres? ¿Imanes o ayatolas mujeres?
Hay pastoras protestantes y evangélicas, pero la mayoría son hombres. Hay algunas mujeres rabinas en el judaísmo reformado, pero la inmensa mayoría de los rabinos son hombres. Hasta el corrector de esta laptop me marcó la palabra rabina incorrecta.
¿Quieren los curas, imanes, rabinos y pastores perder su poder para dar cabida a las mujeres en las estructuras jerárquicas que controlan? ¡No!
Si todavía usted no se ha dado cuenta de la desigualdad de género, vaya al oculista o deshollínese el cerebro.
La campaña en contra de la llamada “ideología de género” que promueven las religiones consiste en decir que no hay desigualdad entre hombres y mujeres, que hay diferencias biológicas por designios de Dios para cumplir distintas funciones en la sociedad.
Por siglos y siglos, los hombres han tenido el poder en todas las religiones, mientras las mujeres representan la gran feligresía y dicen amén. Es penoso que tantos utilicen a Dios para justificar las desigualdades.
En todo el mundo, las mujeres se encargan de casi todas las labores de cuidado doméstico, trabajan fuera del hogar (quieran o no) porque necesitan recursos para mantener sus familias, y muchas cuidan solas de sus hijos porque el padre los abandonó.
Y encima de todas esas cargas, ahora se proclama que las mujeres deben pagar la mitad de la cuenta, para aliviar la carga de los hombres que no tienen suficiente para invitar.
¡Por favor! La fiebre no está en la sábana.
Por Miguel Guerrero
Durante años he escuchado con fascinación a los dirigentes políticos pontificar que los problemas nacionales son de tal ancianidad y envergadura que se precisa de una acción conjunta de todas las fuerzas políticas y sociales para encararlos. Pero de ahí a los hechos ha mediado, como se dice, un largo e interminable trecho.
Las rivalidades partidistas se anteponen a ese enorme compromiso nacional, siempre pendiente.
Usualmente, los partidos se hacen la ilusión de que el fracaso de una administración les favorece y les allana el camino al poder. En ciertas circunstancias esa percepción es errónea y denota una escasa visión de futuro. Los tropiezos de un gobierno, cuando es legítimo, son de todo el país. Y si la oposición llegara a beneficiarse de ello, le tocaría un fardo de problemas como herencia.
Además de los temas coyunturales, como los que hoy se debaten, la nación tiene otros grandes retos, tal vez como pocas veces en el pasado. Y para alcanzar la mayoría de ellos se impone un compromiso nacional. Muchos de nuestros fracasos, lo que en cierta medida explica el atraso del que nos hablaba frecuentemente el profesor Juan Bosch, se derivan de la resistencia de los grupos de oposición a colaborar con la agenda del gobierno en aquellos temas que son prioridades nacionales, y, por el otro lado, de la prepotencia de dirigentes y funcionarios que creen que se bastan por sí solos.
Muchas de las fallas de esos programas, que pagamos después, se deben a la falta de respaldo político fuera del ámbito oficial y de la miopía de los gobiernos respecto al valor del rol de la oposición. Sólo un ambiente de respeto mutuo hará que un día gobierno y oposición se pongan de acuerdo para adelantar aquellos proyectos con los que usualmente están de acuerdo. En una democracia el valor de la oposición es tan importante como la del gobierno. Mientras no se la entienda de ese modo seguiremos a la deriva.
