Opinión
El cerebro homosexual, diferente a hombre
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7 meses agoon
(Quinta parte)
Por Oscar López Reyes
Desde las épocas más primitivas, la atracción romántica y relaciones entre personas de igual sexo ha estado zarandeada por la interpretación: ¿nacida o adquirida?, en una suplida de mitos, fábulas y cuentos legendarios y morbosos, por ventanales de perogrulladas. Tardíamente, las exploraciones clínicas contemporáneas están diagnosticando que el cerebro de los homosexuales se marca distinto al de los varones o heterosexuales, por lo que su estructura y funcionalidad predisponen hacia esa preferencia carnal.
Creencias y leyendas de alto rango, asentadas en manifestaciones conductuales de los gais, son desmitificadas por la neurociencia, que autentifica que estos suelen tener el hemisferio derecho más grande que el izquierdo, que existen diferenciaciones en la magnitud de la sustancia gris en el hipotálamo y la amígdala, y que procesan los olores indistintamente.
Los exámenes sobre esa identidad son variados y muchos coincidentes respecto a las células nerviosas que se alojan en el cráneo. El investigador y profesor titular de Psicología de la Sexualidad de la Universidad del País Vasco, Javier Gómez Zapiain, postula que “cuando los chicos y las chicas llegan a la adolescencia, probablemente su orientación sexual está determinada” y que “la falta de aceptación del rol sexual y la orientación homosexual pudieran ser explicadas sobre la base del tipo de diferenciación cerebral o a los diferentes niveles hormonales que circulación en el organismo” (1).
Rastreos de Tomografía por Emisión de Positrones (PET) han estipulado, asimismo, que el encéfalo de las lesbianas tiene similitud con el de los machos o heterosexuales, estructuras cerebrales que conducen a la orientación sexual. O sea, aclaran que el cerebro de los homosexuales está feminizado y el de las lesbianas masculinizado.
Los datos expuestos previamente matizan que el órgano anatómico de la homosexualidad encuadra en la epigenética (“epi” encima y genética hereditaria) y que, según neuropsicólogos, neurofisiólogos y neurobiológos, “todos nuestros genes se activan y desactivan en el cerebro humano a medida que se desarrolla” “sin alterar la secuencia del ADN”. En otras palabras, la homosexualidad no depende de un único «gen gay», sino también de otros constituyentes biológicos, neurológicos y ambientales, como la crianza o separación paterno/materno, eventos traumáticos y preferencias de juegos infantiles.
La predilección hacia personas de su propio género, neurocientíficos no la consideran una elección voluntaria, sino un empuje, conectado “con una combinación compleja de polimorfismos genéticos”, como el “entorno familiar y social, personalidad, educación y experiencias propias”, conforme a un estudio de Asociación de Genoma Completo (GWAS por sus siglas en inglés) en 493,001 participantes de los Estados Unidos, Reino Unido y Suecia. Fue publicado, en agosto de 2019, por el equipo investigador liderado por Ganna en la revista estadounidense Proceedings of the National Academy of Sciences (2).
Iguales hallazgos encontraron científicos del Instituto Karolinska de Estocolmo, en una investigación dirigida por los neurobiólogos suecos Ivanka Savic y Per Lindström, quienes observaron la estructura y el funcionamiento cerebral de 90 voluntarios de diversa condición sexual, según una publicación de la revista PNAS, órgano de la Academia de Ciencias de Estados Unidos. Ese equipo demostró, en 2006, la diferente manera que tienen homosexuales y heterosexuales de percibir los olores, así como el empleo desigual de los hemisferios cerebrales entre sexos y sus nexos entre la configuración cerebral y la orientación sexual.
A las 90 personas, Savic y Per Linström realizaron resonancias magnéticas cerebrales, divididas en cuatro grupos de edades similares de acuerdo a su sexo. Ellas mostraron que el hemisferio derecho del cerebro en los hombres heterosexuales era típicamente un 2 % más grande que el izquierdo, y que las lesbianas tenían el hemisferio derecho del cerebro un 1 % más grande que el izquierdo (3).
Asimismo, en 1991 otro neurofisiólogo abiertamente gay, Simon LeVay (nacido en Inglaterra y radicado en Estados Unidos), difundió en la revista “Science” un estudio que concluyó que las estructuras encefálicas de homosexuales y heterosexuales no son iguales, porque una pequeña zona del cerebro, el Núcleo Intersticial del Hipotálamo 3 (INAH 3, por sus siglas en inglés), era considerablemente menor en mujeres y gais (4).
Otro profesor, esta vez de fisiología humana de la Facultad de Medicina de la Universidad Complutense de Madrid, el doctor en Neurociencia y especialista en Neuroeducación Francisco Mora Teruel, sostiene que «los patrones culturales son capaces de modificar física y químicamente el cerebro», por lo que las observaciones de Savic y Lindström pueden explicarse a partir del ambiente y no serían innatas sino adquiridas, lo que refuerza la teoría multifactorial, como el entorno, la genética y las hormonas» (5).
Guiándose de la anatomía del cerebro, que indica que la masculinidad o feminidad (ser hombre o mujer) empieza a forjarse entre el primer y el tercer año de existencia, la comunidad LGBTQ+ intensifica sus esfuerzos por el reconocimiento de la identidad sexual o la inclusión de género de niños y adolescentes, como mecanismo de apoyo, según sus señalamientos, para fundamentar el sentido de la vida y la aceptación familiar, a fin de evitar que caigan en la ansiedad y la depresión.
Los mensajes sobre la construcción social de la sexualidad o sexuación a través de dibujos o muñequitos, elaborados por psicólogos especialistas en intervenciones en crisis y traumas, en Identidad Sexual y Terapia Afirmativa LGBTQI+, son transmitidos por la televisión, el cine, el canal Cartoon Network y las plataformas como YouTube, Netflix y Disney+. Estos contenidos buscan seducir a niños y jóvenes, bajo la argumentación de que el matrimonio de parejas homosexuales es normal y necesario para convivir en sociedad y ser felices.
En esos relatos y descripciones afeminados y masculinizados se insiste en que los juguetes, los colores y los muñequitos no definen la orientación sexual de un niño, porque esta no se pega ni se enseña, sino que se descubre en los procesos de estimulación individual.
Son abundantes las caricaturas o muñequitos con personajes LGBT+ homosexuales o lésbicos que se alinean en esta dinámica, como Los Simpson, Víctor y Valentino, Hora de Aventura, la Casa Búho, The Loud House (Nickelodeon), Sha-Ra y las princesas del poder, Arthur (PBS Kiks), Steven Universe, Sailor Moon, Dipo y la Era de las bestias maravillosas, Bob’s Burgers, Gravity Falls, Steven Universe , BoJack Horseman, Big Mouth, Super Drags, My Little Pony: Friendship is Magic, Steven Universe, The Owl House, Legend of Korra y otros.
Como remate, las indagatorias científicas, husmeando hasta la coronilla, y reflexiones facilitan reconocer que el cerebro rosa de los homosexuales los hace distintos biológica, psicológica y socialmente a los heterosexuales. Ya hemos visualizado que ha sido atribuida, en primera instancia, al dimorfismo sexual o diferencia del tamaño corporal, la forma y los colores entre machos y hembras, debajo de los huesos craneales y faciales, así como por el hipotálamo y la “alteración de los receptores andrógenos”.
Todavía sexólogos, psicoanalistas y psicoterapeutas tienen mucha tela por donde cortar en esta encorvadura de convergencia anatómica, genética y hormonal. La neurociencia sigue teniendo un gran reto.
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El autor: Expresidente Colegio Dominicano de Periodistas (CDP), vicepresidente de Asoc. Escuelas de Comunicación Social (AdecomRD), presidente Asoc. de Profesionales de Relaciones Públicas (Asodoprep) y columnista de decenas de digitales.
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Citas bibliográficas:
1.- Psicología de la Sexualidad”, Javier Gómez Zapiain, Alianza Editorial, Madrid, España, 2022, págs. 155 y 156.
2.- “Neuropsicología de la Infancia y la Adolescencia”, Natalia López Moratalla y María Font Arellano, Universidad de Piura, Perú, Eunsa, 2020, pág. 42.
3.- https://www.nationalgeographic.com/science/article/brains-of-gay-people-resemble-those-of-straight-people-of-opposite-sex.
4.- Alberto Montagut, El País, Washington, 30 de agosto de 1991.
5.https://www.colegar.com/colegar/archivo_aporte_id209_1599168691253.pdf.
Bibliografía:
1.- El Cerebro del Adolescente. Descubre cómo funciona para entenderlos y acompañarlos, David Bueno, Penguín Random House Grupo Editorial, Barcelona, España, 2023.
2.- Cómo aprende el cerebro, David A. Sousa, Ediciones Obelisco, Barcelona, España, 2019.
3.- Historia del Cerebro, José Ramón Alonso, Ediciones de María Ávila, España, 2019.
4.- El Cerebro Infantil. Los secretos del Desarrollo Cognitivo, Rita Reig Viader, RBA Coleccionables, Barcelona, España, 2019.
5.- Cómo Aprende el Cerebro. Las claves para la educación, Sarah-Jayne Blakemore y Utra Frith, Editorial Planeta, Barcelona, España, 2007.
Por Rommel Santos Diaz
A fin de garantizar el desarrollo de sus actividades, determinados funcionarios estatales gozan de una prerrogativa por medio de la cual no puede ser sometido a un proceso penal si previamente el Congreso, u otra instancia no otorga su autorización.
La inmunidad, como lo ha señalado la doctrina, es una institución que fue establecida con un objetivo concreto, cual es el de poner freno a las intenciones políticas de interrumpir el normal desarrollo de las actividades de una importante autoridad pública.
De acuerdo al Estatuto de Roma, esta prerrogativa de los altos funcionarios no constituye un impedimento para que pueda juzgarse a estas personas. Así lo establece el Art. 27 del Estatuto de Roma.
El artículo 27 del Estatuto de Roma establece que el mismo será aplicable por igual a todos sin distinción alguna basada en el cargo oficial.
En particular el cargo oficial, el cargo oficial de una persona, sea Jefe de Estado o de Gobierno , miembro de un gobierno, en ningún caso la eximirá de responsabilidad penal ni constituirá per se motivo para reducir la pena.
Las inmunidades y las normas de procedimiento especiales que conlleven el cargo oficial de una persona, con arreglo al derecho interno o al derecho internacional, no obstan para que la Corte Penal Internacional ejerza su competencia sobre ella.
La prerrogativa de la inmunidad se encuentra prevista en algunos casos en las normas constitucionales o en las leyes. En este último caso, cualquier posible contradicción con el Estatuto de Roma puede solucionarse con la reforma de la legislación respectiva.
Sin embargo, cuando la inmunidad se encuentra prevista en la constitución el asunto se complica, ya que por su naturaleza , es una norma que exige para su modificación un proceso más rígido.
Opinión
Treinta años de leyes. Casi dos generaciones esperando.
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6 días agoon
septiembre 16, 2026Dr. Isaías Ramos
Durante casi treinta años, la República Dominicana ha recibido una advertencia tras otra sobre la calidad de su educación y la formación de sus ciudadanos.
Han cambiado gobiernos, programas, funcionarios y discursos.
Lo que demasiado poco ha cambiado son los resultados.
Cada vez que llega una nueva evaluación repetimos el mismo ritual: alarma, titulares, explicaciones, promesas. Después pasa la noticia y continuamos.
Así llevamos demasiado tiempo.
La Ley General de Educación 66-97 definió con extraordinaria claridad el ciudadano que debía formar la escuela dominicana.
Su artículo 5 ordena formar personas libres, críticas y creativas; ciudadanos amantes de su familia y de su patria, conscientes de sus deberes, derechos y libertades, con profundo sentido de responsabilidad y respeto a la dignidad humana. También manda fortalecer la identidad nacional y educar en valores morales y éticos, solidaridad, trabajo productivo y servicio comunitario.
Desde 2010, la Constitución reforzó ese mandato: formación social y cívica, enseñanza constitucional, valores patrios y ciudadanos conscientes de sus derechos y deberes.
El mandato nunca faltó.
Después llegaron las advertencias.
El Programa para la Evaluación Internacional de los Estudiantes, PISA, ha mostrado reiteradamente graves dificultades de nuestros jóvenes para comprender, razonar y aplicar conocimientos en lectura, matemáticas y ciencias.
El Estudio Internacional de Educación Cívica y Ciudadana, ICCS, reveló profundas debilidades en conocimientos y competencias cívicas.
Nuestras propias Pruebas Nacionales también han mostrado desempeños modestos al concluir la secundaria.
Y la Encuesta de Cultura Democrática volvió a encender alarmas sobre dimensiones esenciales de nuestra cultura ciudadana.
No fueron hechos aislados.
Fueron advertencias acumuladas durante años.
Es justo reconocer avances. Entre PISA 2018 y 2022 el país mejoró significativamente en matemáticas, lectura y ciencias. Pero en 2025 esos avances no continuaron: los resultados fueron estadísticamente similares a los de 2022.
Después de mejorar, nos estancamos.
Y ahí surge la pregunta que la nación merece responder:
¿cómo es posible que, después de tantos diagnósticos, no hayamos tenido la voluntad política, la determinación institucional y la continuidad necesarias para implementar plenamente los fines educativos que nosotros mismos convertimos en ley y mandato constitucional?
No faltaron normas.
No faltaron pruebas.
No faltaron diagnósticos.
Faltaron voluntad política, determinación institucional y continuidad para convertir la educación y la formación ciudadana en una verdadera causa nacional.
Y eso tiene un costo humano.
Ya no hablamos solamente de porcentajes y rankings.
Hablamos de casi dos generaciones de dominicanos que atravesaron el sistema mientras sabíamos que no estábamos formando las competencias académicas y ciudadanas que necesitaban para dirigir sus vidas y, algún día, conducir la República.
¿Quién responde por ellos?
¿Dónde está el gran programa nacional para recuperar y fortalecer a quienes ya salieron de las aulas con brechas académicas y cívicas que el propio sistema había identificado?
En 2025, el Consejo Nacional de Educación aprobó la Ordenanza 02-2025 para incorporar explícitamente la Educación Moral, Cívica y Ética Ciudadana. Hoy vuelve a discutirse legislativamente la obligatoriedad de esa formación.
Bienvenidas sean esas iniciativas.
Pero debemos hacernos una pregunta más profunda:
¿cuántas veces tendremos que escribir la misma obligación antes de convertirla en conducta?
Porque el verdadero problema dominicano no parece ser la ausencia de normas, sino la distancia entre lo que proclamamos y lo que cumplimos.
Ahí la calle compite contra el aula.
Le enseñamos al niño a respetar la ley, pero observa que violarla puede no tener consecuencias.
Le hablamos de mérito mientras contempla favoritismo.
Le exigimos puntualidad mientras normalizamos la impuntualidad.
Le hablamos de responsabilidad mientras ve autoridades incumplir sus propias reglas.
Y debemos comprender algo esencial:
cada autoridad también educa.
Cuando quien ejerce poder incumple una norma sin consecuencias, está impartiendo una clase de educación cívica en sentido contrario.
Por eso no necesitamos simplemente otra asignatura.
Necesitamos una Revolución Cívica que abarque escuela, familia, iglesias, comunidad, empresa y Estado; que alcance también a quienes ya dejaron las aulas; que convierta el cumplimiento en hábito, el mérito en estímulo, el buen ejemplo en norma y la responsabilidad en valor nacional.
No se trata de buscar culpables eternos.
Se trata de asumir una responsabilidad histórica y corregir el rumbo.
Porque ninguna Constitución puede proteger una República cuyos ciudadanos aprenden a ignorarla.
Casi dos generaciones han atravesado ya este proceso.
Y serán esas mismas generaciones las que, tarde o temprano, recibirán la conducción del país.
Todavía estamos a tiempo de cambiar la enseñanza.
Pero el tiempo no es infinito.
La pregunta que debemos responder como nación es ésta:
¿seguiremos administrando el deterioro, o tendremos finalmente el carácter, la voluntad, la determinación y la fidelidad a nuestra Constitución necesarios para formar ciudadanos capaces de construir, respetar y defender la República que prometimos ser?
Por Oscar López Reyes
Demetrio, Higinio y Marcelo, exfuncionarios estatales imbuidos de un hinchado poder político, no prestaron oídos del precavido refrán: “A chica boca, chica sopa” y, cual volcán, cada uno por su lado se arrojó -como si tuvieran en misiones espaciales en diferentes temporadas y universos cósmicos- a hostigar y a perseguir a un periodista respetuoso y cumplidor. La maledicencia, agazapada en villanías, les hizo olvidar que para participar en foros había que tener los bozos limpios.
Ninguno de los tres judicializables estuvo en la mirilla del tranquilo Gael Otero, a quien jamás dejaron de incordiarlo inmisericordemente, sin motivo aparente. Empero, sin este reportero/articulista buscarlos, en sus manos se posaron -como si fueran enviados por un molesto extraterrestre- datos incriminatorios sobre sus acosadores, que lo dejaron perplejo. ¿Cuál fue su reacción?
Los hechos y personajes a ser descritos son reales, ocurridos en Santo Domingo, República Dominicana, en años recientes, aunque sus protagonistas pudieran llamarse Piernavieja (abogado), Pieldelobo (administrador de empresas) y Viejobueno (ingeniero). Sus verdaderos patronímicos son Demetrio Gabilondo, Higinio Quintana y Marcelo Mosquera, el trío diabólico que, visiblemente con el sistema límbico y el tronco encefálico dislocados, asediaron y se pusieron a la caza de Gael, como si fuera un ladrón. ”El cazador cazado”, ¡qué ironía!
Primero. Demetrio: en el examen de tesis de grado, un miembro del jurado al estudiante de periodismo Gael le asignó 98 y otro 95, que ponderaron la metodología en el abordaje, la capacidad investigativa y el pensamiento crítico. El tercer juez docente, Demetrio, emitió su veredicto sin consultar a sus dos colegas: un 40. Cuando el ya graduado aspiró a ser maestro, en un examen le colocó un 0 y en el año que presentó un proyecto para crear una unidad académica en la universidad estatal, lo boicoteó, a la clara. Posteriormente, este abogado lo importunaba en reuniones de las lides gremiales. ¿Y por qué…?, se preguntaba Gael.
Sorpresa: Un domingo en la mañana, mientras Gael chequeaba su agenda en la redacción del periódico Hoy, su director Virgilio Alcántara le entregó un documento que había recibido, con acusaciones comprometedoras contra Demetrio. Le instruyó enfáticamente para que profundizara en la investigación. Si no inquirí estos papeles, si este caballero me ha pisoteado insistentemente -reflexionó Gael- y ahora tengo esta encomienda del director del matutino, por qué no hacer mi trabajo y focalizar el tema con superficialidad.
La indagatoria duró más de una semana, y los hallazgos encontrados fueron demoledores. Escribió tres amplios reportajes y el director del rotativo los publicó en tres primeras páginas. El escándalo no pudo ser más vergonzoso, en el pico de la gravedad. El consejo directivo de la institución donde laboraba el jurista sesionó de emergencia, con el documento original y los reportajes en la mesa. La cancelación de Demetrio fue inevitable. ¡Vaya!
Marcelo: En los años 2018-19, a Gael pretendió trazarle pautas, sin ser su jefe; humillarlo e imponérsele, sin razón, en el organismo gubernamental en la cual ambos ofrecían sus servicios profesionales. Narcisista indecoroso y arrogante, Marcelo escudriñaba fallas en el accionar de Gael, para reportarlo ante la máxima autoridad. Cuando este difundía algún texto periodístico, lo separaba, subrayaba puntos específicos y lo llevaba al mando superior, su amigo de muchos años, con recomendaciones despiadadas. Jamás aceptó conciliación, aun comprobándose que incurría en irrefutables conflictos de intereses.
Asombro: Un colega y amigo del periodista Gael sintió estupor al enterarse del drama –a través de un tercero- y decidió rastrear las andanzas de Marcelo en la administración pública, así como sus actuales relaciones y comportamiento. Descubrió que como director administrativo-financiero hacía negocios con otras instituciones públicas. Siendo así, la única alternativa de la alta gerencia fue su despido. ¡Qué pena! ¿Acaso funge ahora con las mismas funciones en otra dependencia estatal?
Higinio: Después que, con el tráfico de influencia política, truculentamente este ingeniero se enriqueció con la adjudicación de contratos a sobreprecios –y con desvíos de fondos públicos desde un organismo público hacia una corporación en la cual era un testaferro- fuera del gobierno –¡Qué viva Odebrecht!- se dedica actualmente a querer socavar las imágenes de personas honradas, desde un digital en el cual se proclama, sin asearse los colmillos, “comunicador”. ¡Qué tupé!
Espanto: El legajo de documentos acumulados por indignados de organizaciones de interés social sirvió para instrumentar un expediente, depositado en la Procuraduría General de la República para que se añadiera a otro más grande divulgado públicamente, vinculada a la gestión 2012-1016. En una cama supercómoda, el imputado Higinio languidece, dando sus últimos suspiros, y pocos saben que fue por su doble osadía: sustraer, usurpar como “comunicador” y atacar para aparentar… ¡Desvergonzado!, ¿sí o no?
Demetrio, Higinio y Marcelo vituperaban a Gael sin conocer sus facultades divinas: cada vez que este emprendía un proyecto y otros hacían lo mismo, avanzaba con tanta prontitud que los paños y lienzos de sus competidores eran tirados en barrancos. Idénticamente, meses después de que un elocuente lo encaraba con alevosía, ese alevoso moría súbitamente, como aconteció con dos de los tres judicializables. El otro de similar estirpe quedó entrampado en la peor hoguera, porque sufre más que Juana de Arco.
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El autor: periodista, mercadólogo, catedrático y escritor.
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13 de septiembre de 2026
