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El dominicano se mueve entre rumores, noticias falsas, pánico y la posibilidad de perder la vida por Covid-19.

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Una de las cosas que caracterizan la forma de ser del dominicano es la exageración y dar como cierto cualquier comentario como resultado del invento que forma parte de una cultura, donde hasta la honra de una persona no vale prácticamente nada porque la difamación y la injuria es  un juego nacional.

¨Radio Bemba¨ es  un personaje nacional que dice lo que es y lo que no es, que forma  parte de una leyenda popular como una forma de identificar a todo el que se dedica a inventarse cualquier cosa hasta para pasar el momento, aunque esa conducta termine con la ruina de la vida de muchas personas.

En la República Dominicana cuando en un lugar cualquiera se arma una riña y matan una persona, lo primero que hace el que quiere enterarse es preguntar qué es lo que ocurre y cuando se le informa que alguien ha perdido la vida de inmediato corre el rumor de que murieron 2, 3,4 o 5 personas, porque existe una gran afición por distorsionar o exagerar  la verdad de lo ocurrido.

En el país hay lugares donde personas, sobre todo mujeres,  han decidido quitarse la vida porque algún vecino regó entre sus amigos que ella se dedica a engañar a su marido, lo cual corre como pólvora y la cuestión termina con una tragedia.

En realidad, hay comunidades del territorio nacional que el chisme, el invento de lo inexistente es como una especie de entretenimiento entre muchos hombres  y mujeres, cuya situación ha provocado divorcios y que individuos que se han ido a vivir al extranjero reciban regularmente una serie de historias inventadas que involucran a sus mujeres.

Pero los inventos ocurren en todos los ámbitos en la República Dominicana, porque socialmente hablando muchas personas dicen regularmente lo que no obedece a la verdad, convirtiendo el fenómeno en prácticamente una cultura nacional.

En el país el que ha iniciado una construcción y se le pregunta cuánto lleva invertido regularmente lo multiplica por muchos cientos de miles, pero lo propio ocurre en el terreno político, donde el que ha gastado un millón en campaña dice que lleva 10.

Los inventos  han llegado tan lejos que cada día toman cuerpo porque hasta los propios medios de comunicación repiten la mentira como si fuera una verdad indiscutible, cuando la realidad es que cuando un candidato gasta 10 mil pesos dice que fueron 20 millones, para cuyo propósito se tira algunas fotos y las coloca en las redes sociales para hacer creer su historia.

El invento tiene su razón de ser porque luego  el protagonista de la misma puede justificar su interés de estafar a su propio partido y al Estado porque se apoya en un invento, en una mentira para exigir un tratamiento que se acerque a su alegada o falsa inversión  económica.

Sobre esa misma base son muchos los políticos que son desacreditados sobre la base de una mentira cuando se les atribuyen riquezas que muchas veces no tienen, aunque no se puede negar que en los últimos años, aun cuando éstos no pongan su dinero en la actividad política, terminan apropiándose de una buena parte de los presupuestos de la instituciones públicas.

El invento y ahora las noticias falsas crean muchos problemas a la sociedad dominicana, ya que nunca se sabe cuál es la verdad de lo que se dice, cuya situación se vive ahora con el coronavirus, porque son muchas las informaciones falsas colocadas en las redes sociales que mantiene dislocada a la mayoría de la gente.

El Covid-19 toma fuerza en la República Dominicana y la mayoría de la población ha entrado en pánico, sobre todo porque se trata de una pandemia de carácter mundial y por todos los medios se escuchan las muertes que ocurren en los diferentes países del mundo, pero el asunto se complica cuando el dominicano se da cuenta que esta  realidad está hasta dentro de su propia casa.

Ello es un motivo más que suficiente para que el rumor y las noticias falsas tomen mucho cuerpo en el país, como por ejemplo la última que han lanzado los que se dedican a estos asuntos, la cual consiste en decir por las redes sociales que a partir de este martes  habrá un toque de queda que será de 24 horas y que en consecuencia no habrá nada abierto para comprar los alimentos que se consumen en el día a día.

Esa noticia falsa ha provocado que los supermercados estén desbordados de clientes para comprar compulsivamente todo lo que encuentran en su camino, creándose una escasez que se podría constituir una situación peor para la gente.

La cuestión es que las noticias falsas ya tienen hasta más fuerza que las verdaderas, porque son tantos los medios digitales que difunden cualquier cosa que la gente no sabe distinguir entre el que tiene credibilidad y el que no la tiene.

Esto así, porque los resultados hablan por sí solos, ya que la mayoría de los supermercados lucen vacíos porque la gente se ha metido en filas interminables para comprar lo que sea porque la cultura del rumor y de las noticias falsas logró convencer más a los dominicanos que los medios de comunicación serios y el Gobierno  que han desmentido la versión.

Romper en el país con la cultura del rumor y las noticias falsas no resulta tan fácil en virtud de no hay un régimen de consecuencia en contra del que se dedica a eso, .porque en este caso también se impone recordar que  en el país se ha hablado  hasta la saciedad de lo  que tiene que ver con la inexistencia del Estado.

Esta es la razón y también los niveles de ignorancia por lo que todo el mundo en la República Dominicana está expuesto a la mentira, a las noticias falsas, que muchas veces pueden más que la verdad, porque además este fenómeno es parte de la cultura y el entrenamiento nacional.

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R.D. parte de fenómeno que replica precaria formación académica y vulgar negocio universitario.

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Por Elba García

En la República Dominicana hay universidades por doquier, son licencias que se otorgan, principalmente por razones políticas, como las franquicias a los partidos políticos, a las emisoras de radio y a las estaciones de televisión, es decir, que se trata de un problema integral o general.

Sin embargo, Pese a que en las naciones del tercer mundo se abusa con el otorgamiento de licencias para operar a universidades que se forman sin las calificaciones que dispone la ley, el Ministerio de Educación Superior, al menos en la República Dominicana, no toma en cuenta el problema, dado que pesa más la politiquería que la fiscalización y supervisión de los centros de estudios superiores que no se ajustan a una filosofia de buena enseñanza, que en algunos casos pone en peligro la salud pública,  cuando se trata de carreras como la Medicina, el Derecho o la Ingeniería, lo que representa  una verdadera amenaza en contra del desarrollo nacional.

Los dominicanos deben verse en el espejo de los brasileños que tras un examen de evaluación por parte del Ministerio de Educación para medir la formación de los futuros médicos dio como resultado que un tercio de las licenciaturas de Medicina analizadas no preparan a los alumnos para ejercer la profesión en condiciones mínimas aceptables, lo que motivó la suspensión de un 25 por ciento del alumnado.

Los resultados son alarmantes y causan aprensión entre la ciudadanía, además de un debate sobre dos cuestiones, la facilidad para implantar facultades universitarias y como lograr médicos aceptablemente formados para atender en Brasil a 212 millones de habitantes en un territorio con muchas regiones de difícil acceso y tan grande como Estados Unidos, cuyo sistema de salud es inmenso.

El fenómeno, que obedece a la crisis que vive la mayoría de las naciones del tercer mundo, donde la fiscalización del Estado es prácticamente nula, sobre todo en educación, es encontrado en muchos otros lugares como la República Dominicana, donde cursar una carrera universitaria se inscribe más que en otra cosa en satisfacer una exigencia social que convierte  en  muy buen negocio las universidades con la venta de una enseñanza deficiente y pobre.

La proliferación de universidades, no sólo impacta la calidad de la educación, sino también el comportamiento ético de los egresados, quienes sólo toman en cuenta el mercado donde van a ejercer una carrera para la que no se han preparado lo suficientemente bien, cuyos resultados ponen en peligro la salud de la gente.

La modalidad de crear universidades vistas más como negocio que como instrumento para crear los técnicos que necesita el país para fines de mejorar su desarrollo, propicia una verdadera desgracia nacional que no es tan fácil revertirla.

El problema, por ejemplo, de la República Dominicana es que el asunto de las universidades no sólo tiene que ver con la poca formación de los profesionales que egresan, sino de los docentes de esos centros de estudios que todavía están necesitados de recibir adiestramiento o educación para cumplir bien con su rol.

La formación a troche y moche de médicos, abogados, ingenieros y otros profesionales académicos plantea un problema más serio del que cualquiera puede pensar, porque si al cabo de los años el país cambiara o mejorara sus niveles de fiscalización, supervisión  y de institucionalidad los profesionales que han egresado de la mayoría de las universidades serian desperdicios que no habría forma de enderezarlos, ya que  ya están ajustados a una cultura de improvisación y de hacer lo que no se debe hacer.

Entonces, lo que ocurre en Brasil con el examen de evaluación a los futuros médicos y cuyas deficiencias salieron a la superficie, puede asegurarse que en la República Dominicana los resultados pueden ser peores, máxime que ese país sudamericano es una plaza para que el profesional de esta disciplina vaya de todos los demás países del hemisferio a hacer postgrados y en consecuencia se supone que las regulaciones tienen que ser mayores.

El primer examen de este tipo en Brasil evaluó a 350 cursos de medicina, impartidos por instituciones públicas y privadas, los cuales abarcan a 90 mil estudiantes que deben demostrar habilidades y capacidades de conocimientos básicos para ejercer como médicos, pero la realidad fue que el mismo conllevó la suspensión de aquellas universidades con menos del 40 por ciento de los alumnos que deben tomar el mismo.

Brasil en estos momentos está lleno de temor y preocupación causado con el hecho de que alrededor de 13 mil estudiantes del último semestre de Medicina suspendieron el examen oficial, a los fines de ejercer la carrera sin haber sido evaluados, mientras el Consejo Federal de Medicina busca cómo impedirlo, cuyas peores notas son de escuelas de niveles municipales, creadas por los ayuntamientos o dependencias de entidades privadas con fines de lucro.

La medida tomada en Brasil ante el fenómeno es sancionar las facultades de Medicina, aunque la misma no va a repercutir en los alumnos, ya que las universidades tienen prohibido ampliar su oferta de plazas, aunque podrán mantenerlas o tendrán que reducirlas en función de lo mala que sea su calificación.

La pregunta que se impone es que en un país como la República Dominicana, donde las universidades aparecen auspiciadas por instituciones sin fines de lucro, como patronatos y fundaciones, pero que operan con el criterio de cualquier  negocio y que son el resultado de las políticas neoliberales que han entrado salvajemente al escenario nacional y que al momento de ser evaluadas pesan más como parte del libre mercado que de los beneficios que proporciona una buena educación al desarrollo nacional.

La educación superior es un negocio que se ha multiplicado al margen de los propósitos de la Ley 139-01 que les sirve de sustento y en consecuencia está en el marco de vender lo que no se tiene y procurar acogerse más a la politiquería que a una enseñanza de calidad para una mejor proyección del país en el campo del conocimiento científico y tecnológico.

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Empoderamiento de la derecha política en el hemisferio occidental con el patrocinio del presidente de los Estados Unidos.

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En los últimos meses la derecha política camina a su empoderamiento en toda Latinoamérica como resultado del patrocinio del Donald Trump y también del fracaso de los gobiernos de izquierda que se han establecido en la denominada américa morena.

El fenómeno es mucho más fuerte en aquellos países en los que el mandatario de los Estados Unidos de América ha metido sus narices y que ha implicado aumentar sus niveles de dependencia de la potencia del norte, pero no se puede negar que la causa del mismo tiene que ver también con el fracaso de los gobiernos de izquierda.

Los ejemplos están a la vista de todo el que quiere ver, cuyos casos más emblemáticos son los de Venezuela, donde  hay variantes que difieren del resto, como Honduras, Chile, Ecuador, Argentina, entre otros, donde los candidatos derechistas han tenido el apoyo, no sólo moral, sino también económico de Trump.

El apoyo ha trascendido la frontera de lo moral para convertirse en cuestiones que involucran hasta el indulto de personajes con un historial oscuro, como el expresidente de Honduras, Juan Orlando Hernández, quien fue condenado por narcotráfico en los Estados Unidos, cuyo candidato de su mismo partido se alzó con el triunfo en el país centroamericano con el apoyo abierto del mandatario de la potencia más grandes del mundo.

Pero lo propio ha ocurrido en otros países del continente, cuya coincidencia con Trump ha servido de base para que la derecha se empodere y desplace del poder a la izquierda, la cual ha tenido un gran fracaso por los errores cometidos por sus gobiernos.

El más reciente tiene que ver con la nueva elección hecha en Chile, donde un hombre de ultra derecha, José Antonio Kast, vinculado a la dictadura de Augusto Pinochet, triunfó en las recientes elecciones presidenciales con un margen significativo de votos en relación con la candidata de la izquierda, auspiciada por el saliente mandatario Gabriel Boric.

Los únicos países donde la izquierda parece que conservará el poder son Brasil, Uruguay y Colombia, donde el candidato a fin al actual presidente Gustavo Petro lleva la delantera en la carrera por colocarse en el poder.

Igual ocurre en México, donde Manuel López Obrador, supo producir una alternabilidad en el poder que fue a través del arma usada por partidos de derecha como el Revolucionario Institucional de la alternabilidad en el poder, el cual duró unos 70 años consecutivos en el Gobierno mediante el cambio del rostro del aspirante a controlar el Estado, aunque con los mismos propósitos y con un compromiso irrenunciable a la corrupción administrativa.

Falta ver si la derechización de la política en Latinoamérica se podrá mantener por mucho tiempo, dado que la izquierda no parece que pueda recuperarse tras lo ocurrido en Venezuela, Bolivia y Honduras, donde la corriente conservadora ha salido triunfadora en los procesos electorales de recientes celebración.

En la actualidad la derecha parece imbatible, aunque si el fenómeno está asociado a la política desarrollada por Trump, el éxito de ésta podría ser que  no tenga una vida larga, ya que el presidente de los Estados Unidos de  América baja aceleradamente de aceptación popular como resultado de que desarrolla un tipo de gestión que pone en  entredicho los logros en términos de derechos en el campo internacional, así como interno, aparte del alto costo de la vida que golpea a la sociedad norteamericana.

Sin embargo, prever lo que puede ocurrir en el curso de los años no luce tan fácil, ya que mientras la derecha se empodera con el apoyo de Trump tiene como contraparte a una izquierda que cada día pierde apoyo popular en virtud de la erosión de su credibilidad.

La principal falencia de la izquierda consiste en que sus lideres que llegan a la Presidencia han querido perpetuarse en el poder, como los casos de Nicolás Maduro de Venezuela y Daniel Ortega de Nicaragua, donde incluso su mujer funge de vicepresidenta de la nación, pero Bolivia no ha estado muy lejos de ese cuadro con las pretensiones de Evo Morales.

Hay otros lugares donde ni remotamente la izquierda sacará cabeza, como por ejemplo la Republica Dominicana, donde no existe ningún candidato de esa corriente que se pueda decir que tiene reales posibilidades de ascender al poder.

La patria de Duarte, Sánchez y Mella adolece de un problema de fondo, con un contenido profundamente cultural, ya que los problemas no sólo provienen de los gobernantes, sino también de los gobernados, que entran a la política partidaria con el fin de que se les dé alguna migaja, amén de que el clientelismo prácticamente tiene el control del escenario electoral.

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Una intensa lucha por convertirse en títere de una potencia que desprecia el respeto que impone la dignidad humana.

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El chantaje de visas por dignidad y un control político, económico y social a ultranza define hoy día la fuerza y el poder de una nación, donde prevalece el criterio «conmigo o con nadie».

La administración del presidente Donald Trump sólo entiende de la fuerza, de las armas y de todo mecanismo de romper con relaciones armoniosas con los demás Estados.

En ese trance está sometida Venezuela y todos los demás países del llamado primer, segundo y tercer mundo, cuyas reglas del juego es el sometimiento a la voluntad de los Estados Unidos de América.

Sin embargo, donde la prenda preciosa de la dignidad humana parece esfumarse es en Venezuela, ya que gobierno y oposición rinden pleitesías a Trump para en la competencia de ver quién resulta más gracioso o más títere a favor de los planes de dominación de la potencia del norte.

Es impresionante ver como gobierno y oposición están dispuestos a dar alma y corazón a Trump para entregarse sin límites y servir sin condicionamiento a los intereses que mancillar su dignidad como si se tratara de cualquier mercancía

El escenario escogido es la Casa Blanca, donde acuden o por lo menos comunican su disposición de entregarse a cambio de lo que sea para rendirse ante los pies de quien se expresa con aires de emperador.

Ahora quien acudió al Reynaldo de Trump fue María Corina Machado, quien es Premio Nobel de La Paz, sin haber pacificado nada, pero que busca complacer al jefe de Estado norteamericano en su afán de ser favorecida con el referido reconocimiento

Es la lucha y el vencimiento de la irracionalidad sobre los principios que se suponen deben prevalecer en un mundo que hace siglos que pasó de la barbarie a la civilización.

Machado llegó a la Casa Blanca con el premio muy bien adornado para hacerlo extensivo a Trump en su lucha sin límites por ser títere.

El asunto no tiene fronteras y lo mismo ocurre en cualquiera de los continentes que conforman el mundo, cuyo sometimiento deja muy claro lo vulnerable del planeta.

La era Trump ha impuesto la regla del más fuerte dejando atrás el supuesto respeto  del derecho internacional y constitucional.

La era Trump no sólo ha relegado a un segundo plano el derecho, sino también la razón y en consecuencia las reglas de una buena democracia.

Todo ser define la fuerza y el poder con que cuenta, mientras que el que no tiene los mismos sólo tiene la opción de plegarse y convertirse en un títere gracioso ante el imperio.

El Instituto Oslo advirtió a Machado que el premio es intransferible como forma de evitar que la política venezolana hiciera lo  que hizo con Trump.

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