Opinión
El Dr. Abinader y 60 años de la O&M
Published
8 meses agoon
(Primera entrega)
Por Oscar López Reyes
La Universidad Dominicana O&M recién cumplió 60 años en un itinerario formativo que potencializa una crecida tasa de empleabilidad, en una nación con una alta proporción de paro forzoso de la fuerza humana productiva. Fundada en 1966 por un dominicano exitosamente emprendedor, pundonoroso, decente y patriota: el doctor José Rafael Abinader Wassaf, este centro de enseñanza superior se ha posicionado como el líder privado en matriculación estudiantil y como un modelo de autogestión: nunca ha recibido subsidios gubernamentales.
La O&M (Organización y Métodos) ha sido una ventana de oportunidades para el estudio y el crecimiento personal y profesional, principalmente de jóvenes de bajos estratos socio-económicos, a los cuales se le presenta la amplia perspectiva de un futuro laboral. Por su preparación realista y aplicable, ese capital humano está alineado con la demanda de una economía de mercado.
Afianzado con puntales en el gaznate del cercenamiento de la tiranía de Rafael Leónidas Trujillo Molina, el olor a explosivo como ministro de Finanzas de la revolución constitucionalista de 1965 y su vivencia como integrante del movimiento renovador de la Universidad Autónoma de Santo Domingo (UASD) y vicerrector administrativo de esa academia, el doctor Abinader tuvo la visión de fundar, junto a un selecto equipo de profesionales, la O&M, el 12 de enero de 1966. Empezó con 18 estudiantes y el slogan “Saber-Pensar-Trabajar”.
En el 2026 cuantifica 132 mil 746 egresados y cerca de 50 mil alumnos activos, coronándose como la más poblada de unas 40 instituciones del grado posterior a la secundaria. Sus alumnos disponen de servicios de laboratorios, bibliotecas físicas y digitales, plataformas de educación virtual (O&M@S) y médicos.
Esta ha sido sinónimo de accesibilidad a las aulas de una legión de ciudadanos que han obtenido certificados de profesionalidad, validados por su comprobada suficiencia para la gestión forjadora de un cuerpo docente con singular vocación, que instruyen sin enfoques teóricos excesivos y acorde con la tecnología de cada contexto, incluida la Inteligencia Artificial.
El inventario ha sido favorable en la generación de esperanza y la construcción de experiencias desde su taxonomía: de sus aulas han salido informáticos, administradores, economistas, contadores, ingenieros, arquitectos, abogados, periodistas, mercadólogos, médicos, psicólogos, educadores y emprendedores que se desempeñan competitivamente en organismos del Estado y en la banca, la industria, el comercio y otras ramas de compañías privadas.
Pionera en el adiestramiento de los sistemas computarizados, la Universidad O&M ha maximizado conocimientos para la inclusión social y contribuido con la generación de riquezas y el bien común, en los más expeditos estándares de calidad.
Referencias históricas: En 1961, a raíz del descabezamiento de Trujillo Molina, el número de estudiantes universitarios del país era de tres mil, concentrados en la UASD, que operaba solo en la ciudad capital. El doctor Abinader tomó conciencia de la carencia de academias para la formación superior, con facilidad para estudiar y trabajar, copiando su ejemplo.
Al detectar, en ese recipiente, el déficit de contables, administradores y secretarias ejecutivas, concibió un proyecto no universitario para suplir, sin duplicar ni competir, recursos humanos en esas y otras áreas. En su ejecución se manejó con disciplina, pulcritud y racionalidad y, por su credibilidad, lo transformó en universidad.
En tanto que, la O&M apostaba por la juventud de clase media y media baja, concediendo becas, antes y después otros tres centros se aferraban a la clase media alta y alta. En 1962 había surgido, en Santiago, la Universidad Católica Madre y Maestra (UCMM), como un proyecto provincial de la Iglesia; en 1966 nació la Universidad Nacional Pedro Henríquez Ureña (UNPHU), aupada por profesores conservadores expulsados de la UASD, y en 1966 el Instituto de Estudios Superiores (IES) fue suplantado por la Universidad Acción Pro-Educación y Cultura (APEC), que innovó con el crédito educativo.
Vadeando trabas elitistas de la oligarquía torcecuello, la O&M se convirtió en un proyecto exitoso por el reconocimiento de la capacidad y la honestidad del doctor Abinader, quien incluso fue elogiado en privado por Trujillo Molina. Siendo rector me contó en una ocasión que ocupando el cargo de Oficial Mayor (director administrativo) de la secretaría de Estado de Finanzas y Banca (hoy Ministerio de Hacienda), en 1959 el citado jefe de Estado llamó por teléfono a su titular, Virgilio Álvarez Sánchez, y como este estaba en una consulta médica, le respondió a Trujillo numerosas preguntas sobre la institución. Luego le refirió a Álvarez Sánchez que Abinader le contestó con precisión todas las preguntas que le formuló.
Hecho Trujillo mortero de cal, arena y agua, advino la destrujillización, en cuyo proceso fue reconocido como una persona correcta y honesta. Por su idoneidad, empatía, valentía y visión de una universidad plural y democrática, la O&M atrajo a profesores de experiencia y prestigio, a los alumnos les otorgó facilidades de pago y sus egresados se insertaban con facilidad en las corporaciones públicas y privadas de bienes y servicios.
En un principio, sectores de la élite conservadora denotaban a esa universidad y el doctor Abinader no fue del agrado de esos grupos, por su modesta procedencia provinciana, Santiago, desde donde llegó a la capital con apenas 60 pesos en los bolsillos. Los cartuchos de la reacción psicológica fueron demolidos por la secuencia de acontecimientos, en la duración de los días y las noches.
En la pertinencia de sus programas académicos y su sostenida evolución, sin reportarse la más mínima piedra de escándalo, el eje de hélice de la nave didáctica ha sido direccionada y reencaminada estratégicamente desde su sede troncal en el Centro de los Héroes. Y con cambios permanentes operan, superpuestas en la distancia, una Escuela de Medicina (O&Med) en el Distrito Nacional, en coordinación con la Universidad de Harvard, Estados Unidos; dos recintos en Santo Domingo Este y Santo Domingo Oeste de la provincia Santo Domingo; en Santiago, Moca, Puerto Plata, La Romana y San José de Ocoa, ofreciendo la conveniencia del aprendizaje de sus habitantes sin tener que salir de sus comarcas.
Ondeando la leyenda “Enseñanza para el Desarrollo”, la O&M imparte 18 carreras, cinco del nivel Técnico Superior, cuatro post-grados y 6 máster en ingeniería de sistemas, contabilidad ejecutiva, ingeniería industrial, educación superior, administración de empresas y gestión y descentralización educativa. Y en esa emanación de cogniciones y habilidades, sujetadas en principios básicos para la conducta humana vigoriza, como oxigenación cerebral y sentido de pertenencia, valores añadidos o extracurriculares en las esferas deportivas, artísticas y culturales.
Esa brújula transitiva y transformadora, precursora en la pedagogía de los sistemas computarizados en la República Dominicana, ha sido financiada con recursos propios y el auspicio de la Fundación Universitaria O&M, con el liderazgo del doctor José Rafael Abinader Wassaf (1929-2018). Desde el 2003 está bajo la batuta del licenciado José Rafael Abinader Corona quien, solidario y reservado en el decoro de la sencillez, por años se adiestró en el corpus y ficheros de todos los departamentos de la organización, hasta ascender a vicerrector administrativo y rector.
Concomitantemente con la fragua de una colmena de técnicos y peritos, el doctor Abinader laureó en otras superficies: dos veces secretario de Estado de Finanzas, vicepresidente del Partido Revolucionario Dominicano (PRD), senador por Santiago, escritor de una docena de libros, creador de corporaciones empresariales y fundador del partido Alianza Social Dominicana, convertido en Partido Revolucionario Moderno (PRM).
En el pensar, crear y obrar, entrecruzando fórmulas coherentes de optimización del crédito y la inversión, observando con cordura las normas de la solvencia y la sostenibilidad en el tiempo, y en la heredad de la formación de una amplia población de profesionales, allanó el camino para que su hijo, Luis Rodolfo Abinader Corona, se ciñera la banda presidencial en el período 2020-2028. Una flor para este titán de la democracia y el desarrollo, en este 60 aniversario de la Universidad Dominicana O&M.
……………………………………
El autor: Director de la Escuela de Comunicación Social de la Universidad Dominicana O&M 1987-2026.
Opinión
Un Estado puede ganar un enfrentamiento y, al mismo tiempo, estar perdiendo la batalla contra el crimen.
Published
6 días agoon
octubre 8, 2026Por Isaías Ramos
En las últimas semanas, decenas de personas han muerto durante actuaciones policiales calificadas como “intercambios de disparos”. El debate se ha concentrado, comprensiblemente, en determinar si esas actuaciones fueron legítimas, si hubo proporcionalidad en el uso de la fuerza y qué mecanismos pueden establecer con credibilidad lo ocurrido.
Son preguntas indispensables.
Pero hay otra que estamos formulando mucho menos:
¿Estamos desmontando el sistema que produce al delincuente o solamente neutralizando una de sus manifestaciones?
Esta controversia me recuerda una enseñanza que quedó especialmente presente en mí desde que tuve la oportunidad de participar en el Diplomado Internacional Transformación Social y Educativa, vinculado al pensamiento del filósofo francés Edgar Morin.
Morin advertía sobre la “inteligencia ciega”: aquella que fragmenta la realidad, separa sus componentes y termina confundiendo el conocimiento de una parte con la comprensión del todo.
La criminalidad castiga severamente ese pensamiento simplificador.
El hombre armado que aparece en una esquina es apenas la expresión visible de un sistema mucho más amplio. Detrás pueden coexistir tráfico de armas, narcotráfico, microtráfico, lavado de activos, corrupción, financiamiento ilegal, reincidencia, abandono escolar, exclusión social, debilidades penitenciarias y territorios donde las instituciones han perdido capacidad preventiva.
Reducir semejante entramado al último individuo de la cadena constituye un error estratégico.
Porque si hoy cae un delincuente y mañana otro ocupa exactamente su lugar, no hemos desmontado el crimen.
Solamente hemos reemplazado una pieza.
Y mientras celebramos que una pieza cayó, la maquinaria que la incorporó, la utilizó y puede sustituirla sigue funcionando intacta.
Durante aproximadamente tres décadas, distintos gobiernos han administrado una sociedad que ha experimentado crecimiento económico y avances sociales, pero donde persisten brechas educativas, sociales, territoriales e institucionales.
El problema no es solamente cuánto se ha invertido en cada área, sino cuánto hemos sido capaces de articularlas.
Educación, protección social, seguridad, justicia, sistema penitenciario y prevención continúan funcionando demasiadas veces como compartimentos separados.
Ahí reaparece la advertencia de Morin: conocemos las partes, financiamos las partes y administramos las partes, pero perdemos de vista las relaciones que producen el fenómeno completo.
Entonces surge una contradicción preocupante: toleramos durante años condiciones que favorecen exclusión, violencia, economías ilícitas y ausencia de oportunidades y, cuando algunas de sus consecuencias finalmente aparecen armadas en nuestras calles, pretendemos enfrentarlas principalmente mediante fuerza policial.
La seguridad comienza mucho antes de que un policía tenga que sacar su arma.
Existe, además, una diferencia fundamental entre letalidad operativa y eficacia estratégica.
Una intervención policial puede neutralizar una amenaza inmediata y ser tácticamente exitosa. Pero la eficacia estratégica exige una pregunta mucho más importante:
¿Qué poder criminal perdió la sociedad después del operativo?
Un presunto delincuente capturado con vida puede convertirse, dentro del debido proceso, en una fuente de inteligencia criminal: identificar quién suministra las armas, quién financia, quién distribuye, quién recibe el dinero, quién protege la estructura y quién dirige niveles superiores.
Por eso no basta preguntar quién cayó.
Debemos preguntar:
¿Qué estructura descubrimos?
¿Qué red desmantelamos?
¿Qué información obtuvimos para impedir al próximo?
Un Estado verdaderamente fuerte no es aquel que solamente puede enfrentar a un hombre armado.
Es aquel capaz de investigar, capturar, obtener información conforme a la ley, seguir el dinero, rastrear las armas, identificar conexiones, judicializar responsables y reducir efectivamente el poder de las organizaciones criminales.
Nada de esto significa negar a los agentes policiales su derecho a defenderse ante una agresión real.
Tampoco significa asumir que toda muerte ocurrida durante una intervención policial constituye automáticamente una ejecución.
Precisamente por eso, cuando una persona muere por actuación de agentes del Estado, debe existir un procedimiento independiente y creíble capaz de establecer qué ocurrió.
Eso protege al ciudadano.
Y también protege al policía que actuó legítimamente.
Pero una política moderna de seguridad debe avanzar más.
Necesitamos inteligencia criminal integrada, capaz de conectar armas, personas, territorios, comunicaciones y organizaciones.
Necesitamos persecución financiera y judicial, porque una estructura criminal pierde verdadero poder cuando pierde su dinero, sus armas, su protección y sus mandos.
Y necesitamos prevención focalizada allí donde las redes criminales encuentran las condiciones para reclutar o sustituir continuamente a sus integrantes.
Por eso tampoco deberíamos medir la seguridad únicamente por muertos, detenidos u operativos realizados.
Debemos medirla por redes criminales desarticuladas, armas rastreadas, dinero ilícito intervenido, mandos identificados, funcionarios corruptos sometidos, reincidencia reducida y territorios recuperados.
El verdadero dilema nunca debió ser seguridad contra derechos.
Esa falsa dicotomía es, en sí misma, otra expresión de inteligencia ciega.
La República Dominicana necesita autoridad.
Necesita una Policía capaz de enfrentar el crimen.
Necesita justicia capaz de investigar y sancionar.
Necesita inteligencia capaz de anticipar las redes.
Necesita prevención capaz de reducir el reclutamiento.
Pero, sobre todo, necesita un Estado capaz de comprender que todas esas piezas forman parte del mismo sistema.
Porque neutralizar al delincuente puede resolver la amenaza de hoy.
Desmantelar las redes que reclutan y sustituyen al próximo es comenzar a resolver el problema del país.
Los evangelizadores de la Inteligencia Artificial (IA) cabalgan sin pausas ni paradas, a toda mecha como un lince o un cohete, confiados en sus maravillosos proyectos de inversiones financieras. Y el ritmo rasguea en una constante que no presiente ni anticipa límites ni la potencial burbuja/fin de esta expansionista tecnología, la IA, otra estafa, otra doble estafa universal.Opinión
La Relación de la Corte Penal Internacional y los Estados
Published
6 días agoon
octubre 8, 2026Por Rommel Santos Diaz
El Estatuto de Roma estipula que la Corte Penal Internacional entrará en vigor el primer día del mes siguiente al sexagésimo día a partir de la fecha en que se deposite en poder del Secretario General de las Naciones Unidas el sexagésimo instrumento de ¨ratificación, aceptación, aprobación o adhesión¨.
La firma del Estatuto de Roma estuvo abierta hasta el 31 de diciembre del año 2000, tal y como lo estipula el referido Estatuto. Para que un Estado devenga parte , este deberá ratificar, aceptar, aprobar o adherirse al tratado.
El término ¨adhesion¨normalmente significa adherirse al Tratado una vez que este haya entrado en vigor, pero también podrá referirse a un proceso específico de un Estado.
Para el Estado que ratifique, acepte, o apruebe el Estatuto posteriormente al depósito del sexagésimo instrumento, la entrada en vigor del Estatuto para dicho Estado será el primer día del mes siguiente al sexagésimo día a partir de la fecha en que haya depositado su instrumento de ratificación, aceptación, aprobación o adhesión al Estatuto de Roma.
Según el Estatuto de Roma los Estados los Estados no podrán hacer reservas al Estatuto. Los Estados Partes deberán aceptar el Estatuto tal y como fue adoptado en la Conferencia de Roma.
No obstante, el Estatuto de Roma dispone que el Estado podrá declarar que ¨ durante un periodo de siete años contados a partir de la fecha en que el Estatuto entre en vigor a su respecto , no aceptará la competencia de la CPI sobre la categoría de crímenes a que se hace referencia en el artículo 8 cuando se denuncie la comisión de uno de esos crímenes por sus nacionales o en su territorio¨.
El objetivo de la disposición indicada anteriormente es brindar a los Estados Partes tiempo suficiente para capacitar a todo su personal militar sobre los requisitos del Estatuto con respecto a los crímenes de guerra, ya que algunas de las disposiciones del Estatuto de Roma podrían ser contrarias a las obligaciones nacionales existentes.
