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Opinión

El lado eclipsado de Lilís

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Por Ismael Batista

Nacido en la norteña Puerto Plata el 5 de octubre de 1845. Hijo de padres no dominicanos, pero su infancia y adolescencia transcurrieron en el país en ambiente de pobreza, obviamente con todas las limitaciones propias de estratificación social baja.

Historiadores hablan muy poco en relación de la educación de Ulises Heureaux, pero se puede asumir que el indomable guerrero de las batallas patrias, de alguna manera adquirió buen nivel educativo como así lo demuestran las páginas de su historial.

En aquellos tiempos, la población dominicana era mayoritariamente pobre y analfabeta. Incluso en el mando militar había analfabetos y personajes de bajo intelecto,  lo que pudo haber influido en las luchas intestinas que caracterizaron la sociedad dominicana antes y  después del asesinato de Lilis en 1899. El general Heureaux hablaba perfectamente inglés, español, francés, creole haitiano y también leía latín.

Incorporación a lides patrióticas

Inició su carrera patriótica de combatiente siendo muy joven. En 1861 se enrola como soldado voluntario en el Ejercito Restaurador, en defensa de la soberanía nacional en momento en que Pedro Santana y sus partidarios optaron por disolver el Estado y anexarlo a España.

Hecho que despertó fervor patriótico en Ulises Heureaux, demostrando condiciones de guerrero valiente, audaz y combativo, dotes que a los 20 años de edad le abrieron el sendero para alcanzar grado de coronel del Ejército Restaurador.

Poco tiempo después del triunfo restaurador, en 1867, el general Pedro Guillermo organiza golpe de Estado contra el gobierno de Ulises Espaillat que llevó al dictador Buenaventura Báez al poder. Báez era de los dominicanos que acuñaron la idea de que República Dominicana necesitaría un protectorado imperial para existir como conglomerado social.

Ulises Heureaux Lillís)

Bajo tal criterio, el presidente dominicano y el de los Estados Unidos Ulysses Grant, elaboran un proyecto de ley mediante el cual República Dominicana pasaría a ser una posesión territorial de los Estado Unidos.

Sin embargo, el plan Grant, implícitamente acorde con la doctrina Monroe de usar el territorio nacional con fines estratégico en los aprestos de Estados Unidos en controlar el comercio mundial, se vieron frustradas por la acción de la dominicanidad.

En tanto la pieza legislativa se debatía en la Cámara de Representes de los Estados Unidos, que finamente fue rechazado, en el país hubo ardientes protestas y levantamientos armados en regiones, principalmente en la sur.

En consecuencia, el activismo anexionista exacerbó el patriotismo de los dominicanos convirtiendo el movimiento en estallido revolucionario y anti imperialista que luego transformó en guerra de guerrillas para combatir a Buenaventura Báez.

Vale destacar que algunos historiadores consideran la guerra de los seis años como una real guerra de independencia, puesto que detrás de los planes de Buenaventura Báez estaba el apoyo económico y militar del gobierno de Norteamérica.

En este contexto, es decoroso resaltar la figura militar del coronel Ulises Heureaux. Demostró arrojo y bravura de combatiente audaz y estratégico luchador, cualidades que fueron decisivas en el triunfo de la guerra en la que ostentó rol de principalía en los combates, de tal modo que su fama de guerrero trascendió fronteras.

Ello fue motivo para New York Times hacer reportes de la guerra de los seis años. Así mismo, los adversarios del presidente Ulysses Grant en los Estados Unidos hicieron circular caricaturas ofensivas en las que este aparecía en pelas con el general Ulises Heureaux. (Ulysses vs. Ulises)

Epopeyas de Lilis

El valeroso combatiente de la guerra de restauración y de la guerra de los 6 años demostró ingenio y pericias en campos de batallas. Era de los primeros en salir al frente y eso lo conocía Gregorio Luperón y Matías Ramon Mella.

Así que, cuando el general Gregorio Luperón ordenó al general Timoteo Ogando entrar en la región sur, le instruyó que por sus habilidades en el arte de la guerra el coronel Ulises Heureaux debe ser asignado al frente de las operaciones.

Los relatos de la época cuentan que la participación del coronel Heureaux fue de carácter excepcional; con batallón de 70 hombres divididos en columnas, en un encuentro de unas 5 horas derrotó un regimiento de 1000 hombres.

Al finalizar el combate el saldo de muertos y heridos fue de gran desproporcionalidad en favor de la guerrilla. Se capturan prisioneros, caballos, armas y municiones´

Entonces, un guerrero de este nivel de combatiente había que eliminarlo. De manera que las fuerzas del presidente Báez intentan eliminarlo.

Así mismo, pudo haber sido aniquilado en los combates que participó de primera fila; lo demuestran las secuelas de las heridas recibidas en su cuerpo, a saber, impactos de proyectiles en el tórax que no fue posible extraerlos. De las heridas en los brazos, el derecho  fue el más afectado. (esa lesión le impidió defenderse de sus atacantes el 26 de julio 1899).

En una emboscada cabalgando a caballo, un proyectil mató el caballo salvando la vida milagrosamente.  Sus detractores para denostarlo dicen que lo protegía un bacá.

Fue a partir de aquella espectacular victoria que coronel Ulises Heureaux le fueron colocadas las insignias de general, en reconocimiento a sus méritos por la causa nacional.

Su comandante dijo: “esto no es más que un reconocimiento a   los grandes servicios y enormes sacrificios que usted ha asumido por la patria”.

dribatistaf@hotmail.com

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Opinión

La Corte Penal Internacional y la Justicia Internacional (3 de 3)

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Por Rommel Santos Diaz

 Se tiene reportado el uso de 250,000 niños soldados en cerca de 50 países. Para completar el panorama, se estima que 20 millones  de niños han sido desplazados como consecuencias de las diversas guerras y catástrofes humanitarias, mientras que entre  8,000 y 10,000 niños mueren cada año como consecuencia de utilización de minas antipersonales.
Existen indicios de que la trata de  niños en zonas de conflicto es una tendencia que va en aumento y esta vinculada a redes de delincuencia transnacional organizada.

La Corte Penal Internacional es el primer tribunal internacional cuyo Estatuto y Reglas de Procedimiento y Prueba brindan a las víctimas la posibilidad de participar en todas las etapas del proceso.

A diferencia de las actuaciones de las víctimas en otros tribunales internacionales, limitadas a reforzar los argumentos de la defensa o el Fiscal, la Corte Penal Internacional les reconoce derechos que les corresponden por ser quienes han sufrido la grave vulneración de sus derechos humanos y tienen la mayor expectativa de que se haga justicia.

El principal reto de la Corte Penal Internacional será demostrar que sus investigaciones y decisiones no están guiadas por móviles políticos o intereses ajenos a la justicia y la represión de crímenes internacionales.

Finalmente, en  la medida en que este sistema se vaya consolidando, siguiendo los parámetros legales del Estatuto de Roma y de las Reglas de Procedimiento y Prueba, es posible que países hoy reticentes hacia la Corte Penal Internacional modifiquen su postura hacia una  de ayuda  y cooperación. Con esto se lograría tener un sistema penal internacional plenamente universal como complemento a las iniciativas locales por sancionar crímenes de genocidio, lesa humanida, guerra y agresión.

rommelsantosdiaz@gmail.com

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Opinión

Los políticos profesionales no roban

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Por Nelson Encarnación

El reciente escándalo de corrupción detectado en el Seguro Nacional de Salud (Senasa) ha acentuado la percepción o el convencimiento en algunos de que los políticos acceden a los cargos públicos con la intención de apropiarse de los recursos que manejan.

Ya en otras oportunidades se ha esparcido el mismo convencimiento, en ocasión de hechos judicializados que aún cursan en los tribunales sin sentencias firmes.

Estos y casos anteriores han servido de fundamento a quienes entienden que las formaciones políticas son nidos de bandidos con una amplia vocación hacia la depredación de los recursos públicos, dando lugar, al mismo tiempo, a la prédica contra los políticos y los partidos.

Sin embargo, existen argumentos y evidencias suficientes para desmontar la mala fama contra los políticos. Podemos afirmar, de manera categórica, que los políticos profesionales no roban.

Para remontarnos a los hechos más sonados de persecución a la corrupción, podemos referir el que ha sido, probablemente, el más sonoro de todos, es decir, el procesamiento judicial del expresidente Salvador Jorge Blanco (1982-1986), quien fue condenado a 20 años de prisión por hechos que, evidentemente, no cometió.

Jorge Blanco, que antes de ser político ya era un abogado prestigioso, murió en medio de precariedades materiales, una situación que no concuerda con quien supuestamente fue un corrupto.

Los hechos por los que se condenó al exmandatario no fueron cometidos por él ni por ninguno de sus seguidores con formación y compromiso político, sino por allegados que nada tenían que ver con el Partido Revolucionario Dominicano.

En el caso de los expedientes que todavía se ventilan en la justicia relacionados con hechos registrados—conforme las imputaciones del Ministerio Público—vinculan en primer plano a personeros relacionados al expresidente Danilo Medina, no a dirigentes conocidos del Partido de la Liberación Dominicana.

Y en el más reciente que ocupa la atención del país, es decir, el expediente Senasa, una simple identificación de los encartados permite concluir en que se repite el mismo patrón: los principales señalados no son políticos de militancia.

En consecuencia, si miramos los hechos con un sentido lógico y alejado de la intención de dañar a los partidos y sus dirigentes, podemos proclamar que los políticos profesionales, con formación en el servicio a la sociedad, con compromiso, no roban los fondos del erario. Ahí está la historia.

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Opinión

Honrar la Constitución o perder la República

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Por Isaías Ramos

Al despedir 2025 y abrir 2026, es fácil refugiarse en lo cómodo: deseos repetidos, frases bonitas, la ilusión de que todo cambiará solo porque cambia el calendario. Pero la República Dominicana no necesita otro brindis vacío. Necesita una sacudida de conciencia y un cambio de rumbo. Ese rumbo comienza cuando dejamos de mirar la política como un espectáculo ajeno y asumimos que la república —la casa de todos— se sostiene o se cae con la conducta diaria de su gente.

Durante más de tres décadas, una clase política dominante, reciclada en siglas, alianzas y narrativas, ha contribuido a degradar la vida pública. Se normalizó el privilegio. Se hizo costumbre la trampa. El clientelismo dejó de ser excepción y se volvió método. La impunidad dejó de ser temor y se volvió expectativa. El Estado, demasiadas veces, dejó de ser instrumento del bien común para convertirse en botín, refugio o escalera personal. Cuando lo público se vuelve mercancía, el daño deja de ser un asunto de élites y se convierte en una fractura moral, social y espiritual.

No se trata de negar que existan servidores públicos honestos ni ciudadanos decentes. Precisamente por ellos —y por los jóvenes que merecen un país digno— no podemos resignarnos. Los datos aportan contexto a una percepción extendida: el Índice de Percepción de la Corrupción 2024 asigna a la República Dominicana 36/100 y la ubica en la posición 104 de 180 países. El Rule of Law Index 2025 del World Justice Project sitúa al país en el puesto 76 de 143, y en el factor “Ausencia de Corrupción”, en 90 de 143.

La experiencia cotidiana confirma esa brecha. El trámite que solo “camina” por la vía indebida. El contrato opaco. El expediente que duerme. La sanción que nunca llega. Ese desgaste produce algo peor que el enojo: produce resignación. Y cuando una sociedad se resigna, la corrupción no se frena; se perfecciona. Así es como una república se vacía por dentro, aunque conserve su nombre y sus símbolos.

La historia política lo ha advertido con claridad: cuando los ciudadanos se repliegan en el interés personal y abandonan la vida pública, el Estado se debilita y queda a merced de los peores. Cuando un pueblo ama su país, respeta las leyes y vive con sobriedad cívica, es posible avanzar hacia el bienestar compartido. Cuando se instala la indiferencia, el interés particular aísla y la república se convierte en un cascarón.

Si 2026 será un año de esperanza, esa esperanza no puede ser pasiva. Tiene que ser esperanza disciplinada: la que mira el abismo, lo nombra y aun así decide construir un puente. Ese puente se llama Constitución. No como símbolo ceremonial, sino como norma viva. El artículo 6 establece su supremacía y declara nulos los actos contrarios a ella. El artículo 7 nos define como Estado Social y Democrático de Derecho. El artículo 8 fija como función esencial del Estado proteger los derechos de la persona y respetar su dignidad.

Honrar la Constitución no es citarla: es vivirla. Es aceptar que no puede haber Estado de derecho con corrupción estructural; que no puede haber democracia con clientelismo; que no puede haber justicia con privilegios. Honrar la Constitución es convertir el servicio público en honor y no en negocio; proteger el dinero del pueblo como sagrado; poner el mérito por encima del padrino; transparentar compras, obras y nombramientos; y asegurar consecuencias reales a quien robe lo común. Esa es la frontera entre república y fachada.

Por eso, en 2026, el Foro y Frente Cívico y Social debe reforzar en todo el territorio nacional un despertar de conciencia sostenido y pacífico que convierta indignación en organización y esperanza en disciplina. No se trata de incendiar el país; se trata de iluminarlo. No de sustituir instituciones, sino de obligarlas a cumplir su rol constitucional con presión cívica legítima.

La ruta es concreta y verificable: formación cívica territorial, veeduría social continua y defensa constitucional práctica, acompañando denuncias, dando seguimiento público a los casos y exigiendo consecuencias sin selectividad.

Nada de esto se logra solo con organizaciones. Se logra con el ciudadano común. En esta semana de cambio de año, vale la pena asumir un pacto sencillo: renunciar a pagar sobornos, a pedir favores indebidos y a justificar privilegios; comprometerse a informarse antes de opinar, a exigir rendición de cuentas en lo local y a participar más allá del voto. Un país cambia cuando cambia lo que su gente considera “normal”.

Imaginemos, con realismo, la nación que podemos construir si ese giro comienza: una donde no se necesita padrino para un servicio; donde un contrato público no es lotería para unos pocos, sino obligación transparente; donde el funcionario teme más a la justicia y a la vergüenza pública que a la pérdida del cargo; donde el joven respeta al competente y no admira al tramposo. Que Dios —y la conciencia despierta de cada dominicano— nos guíe y nos exija verdad, justicia y rectitud; que el amor a la patria sea conducta diaria; y que la defensa de la libertad sea nuestro sentir y nuestro hacer.

Cerramos 2025 con una verdad incómoda: hemos permitido demasiado. Abrimos 2026 con una verdad poderosa: todavía estamos a tiempo. Honrar la Constitución o perder la República: esa es la elección de nuestro tiempo. Salvemos la patria.

¡Despierta RD!

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