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Opinión

El “maco ideológico” del súper poder de Gilbert Bigio

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Por Narciso Isa Conde

El anti haitianismo dominicano está en la ruta neofascista nutrida fundamentalmente por el racismo colonial, la xenofobia. el machismo patriarcal y la homofobia.

En esa ruta necesita construir periódicamente lo que yo llamo “macos ideológicos”, en los que sus autores hábilmente mezclan realidades y medias verdades, con un enorme volumen de mentiras y fantasías, que a la vez vierten hacia la sociedad a través de sus “influencer”, plataformas digitales, redes y medios tradicionales.

Es el desarrollo ascendente, cada vez más vulgarizado, de la post verdad, a cargo viejas y nuevas figuras mediáticas, inspiradas en la tradición de los personeros “vinchosos” de la comunicación fantasiosa.

El más reciente de esos “macos”, profusamente difundido, es el que se refiere al papel de GILBERT BIGIO en esta isla que compartimos con Haití.

¿Quién es GILBERT BIGIO y cuáles intereses representa?

Es un ciudadano haitiano-estadounidense de origen árabe articulado al lobby sionista norteamericano, considerado el empresario más rico de Haití, con fuertes inversiones en República Dominicana y en El Caribe, donde como propietario de GB Group, opera a Chevron Caribbean, que es la marca Texaco.

En el área de energía se le atribuyen operaciones en cinco países del Caribe unas 400 estaciones de combustibles, ocho aeropuertos y cinco terminales de importación de combustibles, incluyendo Aviation Business en Punta Cana, Santiago y Samaná en República Dominicana

Representa el segundo grupo más importante de construcción en Haití, opera la empresa financiera de inversiones y bolsa GB Capital, la industria de productos de construcción Southern Steel y tiene acciones en HUHSA, empresa dedicada a la fabricación de aceites, polvo detergente, margarina, bienes de empaque y otros.

Otras inversiones se le atribuyen en medios de comunicación Caribbean Media y Challenge, en el Puerto marítimo de Lafito y en Agro Products and Services, en Miami.

Comparte – según deducciones de diarios dominicanos- negocios con los Bonetti y los Mervs, para operaciones en el puerto de Puerto Príncipe y con Rolando González Bunster y los Vicini en el puerto de Cabo Haitiano.

En Haití ha sido señalado como uno de los oligarcas protectores de las bandas terroristas creadas por la CIA gringa, el Mossad israelí y el paramilitarismo colombiano; armadas desde La Florida-EEUU, a través de los puertos de Haití y, también, en menor medida, por rutas dominicanas.

Esas operaciones criminales contaron con la colaboración de los gobiernos mafiosos de Martelly y de Jovenel Moises, su sucesor; y con la protección de la Policía Nacional de Haití creada con apoyo de EEUU

El descrédito de Bigio ha sido tales, que Canadá se vio forzado a imponer sanciones a junto a otras dos miembros de la elite económica de Haití, los empresarios Reynold Deeb y Sherif Abdallah, acusándolos de proporcionar ayuda a bandas armadas y de tener vinculaciones con el blanqueo de dinero del narcotráfico.

· BIGIO Y LOS PLANES EMPRESARIALES BINACIONALES.

Durante la gestión de Martelly en Haití y al inicio del primer gobierno de Danilo Medina-PLD (2013), Gilbert Bigio, con el apoyo de Martel, fue escogido por importantes magnates de las oligarquías capitalistas haitiana y dominicana para proponerle al presidente Danilo Medina la integración de ambos poderes empresariales privados a la Comisión Estatal Binacional y poner en práctica un plan común de intercambio comercial y de inversiones en múltiples áreas.

La propuesta de las dos oligarquías, que conlleva el control y el uso de los recursos y facilidades de Comisión Binacional Interestatal por el gran capital privado, fue aceptada por Danilo, desarrollada durante sus dos gobiernos y potenciada en el 2021 mediante el acuerdo Abinader-Jovenel Moises, con apoyo político imperialista.

De ese contexto se ha derivado la elucubración fantasiosa o “maco ideológico” neofascista que pregona la supuesta fusión de las dos repúblicas bajo el dominio de Haití y el liderazgo de Gilbert Bigio.

El “maco ideológico”, con fines propagandístico del racismo anti haitiano y de los representantes del neofascismo dominicano, consiste precisamente en sobre-dimensionar la figura de Biggio y el poder de la mafia capitalista haitiana en la isla, para presentar un supuesto plan de aplastamiento de la dominicanidad.

Esta es otra de las fabulaciones del racismo anti haitiano alejada de una realidad que muestra la enorme superioridad política, militar y económica de RD sobre Haití.

La oligarquía haitiana es poderosa en relación con la deprimida economía de Haití, pero jamás puede compararse con el poderío económico de las elites capitalistas dominicanas involucradas en ese plan; mucho menos con la brutal dominación de EEUU sobre ambas naciones.

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Opinión

La Corte Penal Internacional y la Justicia Internacional (3 de 3)

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Por Rommel Santos Diaz

 Se tiene reportado el uso de 250,000 niños soldados en cerca de 50 países. Para completar el panorama, se estima que 20 millones  de niños han sido desplazados como consecuencias de las diversas guerras y catástrofes humanitarias, mientras que entre  8,000 y 10,000 niños mueren cada año como consecuencia de utilización de minas antipersonales.
Existen indicios de que la trata de  niños en zonas de conflicto es una tendencia que va en aumento y esta vinculada a redes de delincuencia transnacional organizada.

La Corte Penal Internacional es el primer tribunal internacional cuyo Estatuto y Reglas de Procedimiento y Prueba brindan a las víctimas la posibilidad de participar en todas las etapas del proceso.

A diferencia de las actuaciones de las víctimas en otros tribunales internacionales, limitadas a reforzar los argumentos de la defensa o el Fiscal, la Corte Penal Internacional les reconoce derechos que les corresponden por ser quienes han sufrido la grave vulneración de sus derechos humanos y tienen la mayor expectativa de que se haga justicia.

El principal reto de la Corte Penal Internacional será demostrar que sus investigaciones y decisiones no están guiadas por móviles políticos o intereses ajenos a la justicia y la represión de crímenes internacionales.

Finalmente, en  la medida en que este sistema se vaya consolidando, siguiendo los parámetros legales del Estatuto de Roma y de las Reglas de Procedimiento y Prueba, es posible que países hoy reticentes hacia la Corte Penal Internacional modifiquen su postura hacia una  de ayuda  y cooperación. Con esto se lograría tener un sistema penal internacional plenamente universal como complemento a las iniciativas locales por sancionar crímenes de genocidio, lesa humanida, guerra y agresión.

rommelsantosdiaz@gmail.com

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Opinión

Los políticos profesionales no roban

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Por Nelson Encarnación

El reciente escándalo de corrupción detectado en el Seguro Nacional de Salud (Senasa) ha acentuado la percepción o el convencimiento en algunos de que los políticos acceden a los cargos públicos con la intención de apropiarse de los recursos que manejan.

Ya en otras oportunidades se ha esparcido el mismo convencimiento, en ocasión de hechos judicializados que aún cursan en los tribunales sin sentencias firmes.

Estos y casos anteriores han servido de fundamento a quienes entienden que las formaciones políticas son nidos de bandidos con una amplia vocación hacia la depredación de los recursos públicos, dando lugar, al mismo tiempo, a la prédica contra los políticos y los partidos.

Sin embargo, existen argumentos y evidencias suficientes para desmontar la mala fama contra los políticos. Podemos afirmar, de manera categórica, que los políticos profesionales no roban.

Para remontarnos a los hechos más sonados de persecución a la corrupción, podemos referir el que ha sido, probablemente, el más sonoro de todos, es decir, el procesamiento judicial del expresidente Salvador Jorge Blanco (1982-1986), quien fue condenado a 20 años de prisión por hechos que, evidentemente, no cometió.

Jorge Blanco, que antes de ser político ya era un abogado prestigioso, murió en medio de precariedades materiales, una situación que no concuerda con quien supuestamente fue un corrupto.

Los hechos por los que se condenó al exmandatario no fueron cometidos por él ni por ninguno de sus seguidores con formación y compromiso político, sino por allegados que nada tenían que ver con el Partido Revolucionario Dominicano.

En el caso de los expedientes que todavía se ventilan en la justicia relacionados con hechos registrados—conforme las imputaciones del Ministerio Público—vinculan en primer plano a personeros relacionados al expresidente Danilo Medina, no a dirigentes conocidos del Partido de la Liberación Dominicana.

Y en el más reciente que ocupa la atención del país, es decir, el expediente Senasa, una simple identificación de los encartados permite concluir en que se repite el mismo patrón: los principales señalados no son políticos de militancia.

En consecuencia, si miramos los hechos con un sentido lógico y alejado de la intención de dañar a los partidos y sus dirigentes, podemos proclamar que los políticos profesionales, con formación en el servicio a la sociedad, con compromiso, no roban los fondos del erario. Ahí está la historia.

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Opinión

Honrar la Constitución o perder la República

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Por Isaías Ramos

Al despedir 2025 y abrir 2026, es fácil refugiarse en lo cómodo: deseos repetidos, frases bonitas, la ilusión de que todo cambiará solo porque cambia el calendario. Pero la República Dominicana no necesita otro brindis vacío. Necesita una sacudida de conciencia y un cambio de rumbo. Ese rumbo comienza cuando dejamos de mirar la política como un espectáculo ajeno y asumimos que la república —la casa de todos— se sostiene o se cae con la conducta diaria de su gente.

Durante más de tres décadas, una clase política dominante, reciclada en siglas, alianzas y narrativas, ha contribuido a degradar la vida pública. Se normalizó el privilegio. Se hizo costumbre la trampa. El clientelismo dejó de ser excepción y se volvió método. La impunidad dejó de ser temor y se volvió expectativa. El Estado, demasiadas veces, dejó de ser instrumento del bien común para convertirse en botín, refugio o escalera personal. Cuando lo público se vuelve mercancía, el daño deja de ser un asunto de élites y se convierte en una fractura moral, social y espiritual.

No se trata de negar que existan servidores públicos honestos ni ciudadanos decentes. Precisamente por ellos —y por los jóvenes que merecen un país digno— no podemos resignarnos. Los datos aportan contexto a una percepción extendida: el Índice de Percepción de la Corrupción 2024 asigna a la República Dominicana 36/100 y la ubica en la posición 104 de 180 países. El Rule of Law Index 2025 del World Justice Project sitúa al país en el puesto 76 de 143, y en el factor “Ausencia de Corrupción”, en 90 de 143.

La experiencia cotidiana confirma esa brecha. El trámite que solo “camina” por la vía indebida. El contrato opaco. El expediente que duerme. La sanción que nunca llega. Ese desgaste produce algo peor que el enojo: produce resignación. Y cuando una sociedad se resigna, la corrupción no se frena; se perfecciona. Así es como una república se vacía por dentro, aunque conserve su nombre y sus símbolos.

La historia política lo ha advertido con claridad: cuando los ciudadanos se repliegan en el interés personal y abandonan la vida pública, el Estado se debilita y queda a merced de los peores. Cuando un pueblo ama su país, respeta las leyes y vive con sobriedad cívica, es posible avanzar hacia el bienestar compartido. Cuando se instala la indiferencia, el interés particular aísla y la república se convierte en un cascarón.

Si 2026 será un año de esperanza, esa esperanza no puede ser pasiva. Tiene que ser esperanza disciplinada: la que mira el abismo, lo nombra y aun así decide construir un puente. Ese puente se llama Constitución. No como símbolo ceremonial, sino como norma viva. El artículo 6 establece su supremacía y declara nulos los actos contrarios a ella. El artículo 7 nos define como Estado Social y Democrático de Derecho. El artículo 8 fija como función esencial del Estado proteger los derechos de la persona y respetar su dignidad.

Honrar la Constitución no es citarla: es vivirla. Es aceptar que no puede haber Estado de derecho con corrupción estructural; que no puede haber democracia con clientelismo; que no puede haber justicia con privilegios. Honrar la Constitución es convertir el servicio público en honor y no en negocio; proteger el dinero del pueblo como sagrado; poner el mérito por encima del padrino; transparentar compras, obras y nombramientos; y asegurar consecuencias reales a quien robe lo común. Esa es la frontera entre república y fachada.

Por eso, en 2026, el Foro y Frente Cívico y Social debe reforzar en todo el territorio nacional un despertar de conciencia sostenido y pacífico que convierta indignación en organización y esperanza en disciplina. No se trata de incendiar el país; se trata de iluminarlo. No de sustituir instituciones, sino de obligarlas a cumplir su rol constitucional con presión cívica legítima.

La ruta es concreta y verificable: formación cívica territorial, veeduría social continua y defensa constitucional práctica, acompañando denuncias, dando seguimiento público a los casos y exigiendo consecuencias sin selectividad.

Nada de esto se logra solo con organizaciones. Se logra con el ciudadano común. En esta semana de cambio de año, vale la pena asumir un pacto sencillo: renunciar a pagar sobornos, a pedir favores indebidos y a justificar privilegios; comprometerse a informarse antes de opinar, a exigir rendición de cuentas en lo local y a participar más allá del voto. Un país cambia cuando cambia lo que su gente considera “normal”.

Imaginemos, con realismo, la nación que podemos construir si ese giro comienza: una donde no se necesita padrino para un servicio; donde un contrato público no es lotería para unos pocos, sino obligación transparente; donde el funcionario teme más a la justicia y a la vergüenza pública que a la pérdida del cargo; donde el joven respeta al competente y no admira al tramposo. Que Dios —y la conciencia despierta de cada dominicano— nos guíe y nos exija verdad, justicia y rectitud; que el amor a la patria sea conducta diaria; y que la defensa de la libertad sea nuestro sentir y nuestro hacer.

Cerramos 2025 con una verdad incómoda: hemos permitido demasiado. Abrimos 2026 con una verdad poderosa: todavía estamos a tiempo. Honrar la Constitución o perder la República: esa es la elección de nuestro tiempo. Salvemos la patria.

¡Despierta RD!

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