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R.D. entre lo bueno y lo malo de las redes sociales y cuyo fenómeno no deja claro qué impacta más negativamente la democracia.
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3 meses agoon
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Elba GarcíaPor Elba García
Las redes sociales nadie puede negar que ya forman parte de todo el diario vivir de los pueblos, las cuales han sido asimiladas por internautas a nivel de todo el planeta y que en muchos casos ya han servido para generar cambios en la política por lo menos electoralmente en las naciones, incluida la República Dominicana.
El efecto surtido por las redes sociales en el país no se mide todavía en el ámbito político, pero lo que no se puede negar es que su influencia causa grandes preocupaciones en los sectores que tradicionalmente han tenido el control del Estado y que no han hecho otra cosa que promover corrupción mediante la depredación del patrimonio público.
Sin embargo, todavía falta ver qué tanto las redes sociales podrían producir un giro al cuadro político nacional, ya que, si bien sus potencialidades son muchas, también sus debilidades, asociadas, principalmente, a un asunto de su credibilidad.
Entre las mayores preocupaciones están la posibilidad que ofrecen las redes sociales para el engaño y riesgos a aquellos que buscan oportunidades por esta vía, que también las hay, pero la tendencia a la manipulación de la verdad se convierte en un elemento de gran preocupación.
En el caso concreto de la República Dominicana el aumento extraordinario de la conexión a las redes sociales a través de la cobertura del internet, no sólo abre un gran abanico de oportunidades y de una nueva forma de comunicación, sino también de estos medios romper con un dominio tradicional de asuntos como la política.
Entonces, el fenómeno no deja de ser un motivo de mucha preocupación para los propietarios de medios de comunicación tradicionales y de los que ostentan el poder político en el país, ya que las redes sociales podrían significar su desplazamiento del control del poder público, lo cual también traería consigo una nueva forma de gobernar, ya sea para bien o para mal.
La realidad es que las expectativas de las redes sociales mantienen en alerta a amplios sectores de la vida nacional, porque habría que ver hasta qué punto en la República Dominicana podrían tener un impacto como el ocurrido en otras naciones del mundo, como por ejemplo Argentina, cuya elección presidencial dependió su gran influencia.

Los ejemplos en este contexto son muchos, como la llamada Primera Arabe y el fenómeno político de Donald Trump en los Estados Unidos, cuyos resultados dependieron del uso intenso de las redes sociales.
Pero el fenómeno ya alcanza a todas las naciones del planeta, donde los jóvenes se han empoderado por las redes sociales y promueven cambios profundos en la forma de conducir el Estado y aunque en la República Dominicana el fenómeno tiene el mismo perfil, pero todavía hay sectores que no creen plenamente en lo que se dice o se pregona por ellas.
Empero, la falta de una total credibilidad de las redes sociales no parece que pueda detener su influencia para producir cambios en el país, donde los partidos políticos han entrado en un nivel de descrédito que no parece que puedan reponerse del fenómeno, mientras estas se empoderan cada día más.
La falta de credibilidad de las redes sociales puede mejorarse con la incursión de un estilo diferente de comunicar, la cual es muy propia de periodistas profesionales que ya aparecen con intervenciones en estos medios y en consecuencia éstos convertirse en una fuerte muy poderosa de decir las cosas.
Se trata de una nueva forma de llegar a los millones de usuarios del internet, cuya cantidad en el país ya ronda más de diez millones de personas, cuyos mensajes de las redes sociales llegan con toda facilidad, reemplazando incluso a los periódicos, las emisoras radiales y canales de televisión para enterarse de cómo van las cosas en la República Dominicana y el mundo.
Las próximas contiendas electorales permitirán evaluar el nivel de influencia de las redes sociales en el país, sobre todo si nuevas propuestas electorales salen al escenario nacional, las cuales necesariamente para promoverse con una real vocación de poder tendrán que recurrir a las mismas.
Todavía está por verse si en el país podrían conjugarse nuevas propuestas políticas, innovadoras y creíbles, cuyo soporte principal sean las redes sociales y un plan que sirva de canal a las expectativas de los nuevos votantes y de los que se han abstenido de acudir a las urnas por la decepción creada por los partidos políticos en razón de que no frecen ninguna solución a sus problemas.
Con poca o mucha credibilidad, las redes sociales son la principal amenaza para los que tradicionalmente han detentado el poder público y cuya conducta hoy pone en peligro la democracia nacional, ya que nadie cree en los partidos políticos, instrumento principal para entrar a la política, pese a que tampoco se observa una respuesta seria y bien pensada para desplazarlos del manejo del Estado mediante un cambio de la correlación de fuerzas en el escenario electoral.
La preocupación por la penetración de las redes sociales aumenta, aunque falta ver cómo los dominicanos más pensantes las usan para redirigir los destinos nacionales mediante una democracia más fuerte y vigorosa a través de una mejor administración de las riquezas nacionales.
Lo cierto es que la República Dominicana podría tener una profundización de la falta de legitimidad de los funcionarios electos como consecuencia de la ausencia en las urnas de los ciudadanos, lo cual podría traducirse en un problema de gobernabilidad y de insostenibilidad de la democracia, cuya ayuda para resolver el problema sean las redes sociales por su amplio poder de convocatoria, sobre todo entre los jóvenes que son los nuevos votantes.
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Posición de R.D. sobre Venezuela es acomodamiento a su condición de sometida a nuevos requerimientos de Trump.
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3 horas agoon
enero 8, 2026
Lo planteado por el Gobierno de Luis Abinader de que no comparte la elección de Delcy Rodríguez como presidenta transitoria de Venezuela tras el apresamiento de Nicolás Maduro, revela que República Dominicana quiere incluso superar lo impuesto por Estados Unidos, pero siempre ajustada a los intereses de la potencia del norte.
La realidad es que la pregunta que se impone es y hasta dónde y quién ha dicho que el país tiene la facultad de objetar a una mandataria provisional escogida por el órgano competente y supuestamente sugerida por la Agencia Central de Inteligencia (CIA), aunque el restablecimiento de relaciones comerciales y diplomáticas conlleve algunos requerimientos democráticos.
Sin embargo, la posición dominicana implica la violación del derecho internacional, entre los que se encuentran el de soberanía y autodeterminación de los pueblos, así como la Carta de la ONU.
Evidentemente que el ingrediente introducido por el Gobierno dominicano resulta gracioso para los intereses foráneos que convergen en Venezuela, máxime los que están asociados a los Estados Unidos.
La contradicción dominicana con lo planteado en la Organización de Estados Americanos (OEA) y su práctica en política exterior, ya que el presente Gobierno siempre se inclina por la intromisión en los asuntos internos de otros países, no deja la naci0n buen parada en la comunidad internacional.
Resulta poco entendible que la República Dominicana no haya apoyado abiertamente la incursión ilegal de Estados Unidos en Venezuela, pero que preste su territorio para el apoyo logístico de la acción.
Es una especie de doble moral, pese a que en su lugar debió mantener una posición aparentemente neutral, aunque de cualquiera manera ya estaba involucrada en una intervención armada que viola los principios fundamentales del derecho internacional
De lo que no queda ninguna duda es que el crédito internacional en política exterior del país ha quedado seriamente comprometido con una causa de la que ha sido una víctima en una diversidad de ocasiones como en el 1916 y el 1965.
La verdad que pretender una conducta diferente de la nación frente a la irracionalidad de Trump sería mucho pedir, sobre todo cuando otros países pertenecientes a la Unión Europea y otras superpotencias como Rusia y China también son tolerantes con la agresividad e intromisión del principal imperio del mundo.
No obstante, desde cualquier perspectiva que sea vea el asunto la conclusión no puede ser otra que en la situación pesa más el miedo que la vergüenza y la dignidad del pueblo dominicano.
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La República Dominicana inhabilitada en política exterior en el nuevo escenario imperial de Trump
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2 días agoon
enero 6, 2026
La República Dominicana con una ocupación militar parcial de Estados Unidos, se proyecta como una presa sin libertad para expresarse libremente en política exterior.
La ocupación militar, aunque sólo se observa en el Aeropuerto Internacional de las Américas, abarca otros entornos que no son necesariamente visibles.
Pero la agresividad o poco disimulada intervención, deja el país y de igual modo a prácticamente toda Latinoamérica, a merced del capricho y la voluntad de los intereses de la nueva cara del imperio.
La República Dominicana ni por asomo se atreve a pronunciarse libremente sobre política exterior sin que esté a tono con la linea trazada o impuesto por la administración Trump.
La pregunta que subyace es si ese nuevo cuadro no implica también un trastorno del régimen legal, porque se podría estar en un escenario en el que los derechos fundamentales pasen a un segundo plano en el que el Estado Social Democrático de Derecho sea una expresión vacía y sin sentido.
Por razones geopolíticas y factores muy particulares, el país se asoma a un resquebrajamiento del proceso de constitucionalización del derecho a nivel interno y retroceder la nación a épocas ya superadas.
La pregunta que se impone es si prevalecerá en el mundo el pregonado derecho internacional cuando las instituciones que lo enarbolan pierden autoridad moral frente a las violaciones provenientes de potencias como los Estados Unidos que ya ni siquiera guarda las apariencias
El problema, que tiene una dimensión mundial, pero impacta más severamente a los países del tercer mundo y que propicia la posibilidad del surgimiento de regímenes de fuerza, aunque con simulaciones democráticas.
La preocupación tiene que ver con el hecho de graves violaciones del derecho internacional en una época en que éste forma parte consustancial del derecho interno y entonces qué se puede esperar como resultado.
El retroceso de la línea trazada por Donald Trump representa una amenaza mundial contra los logros del derecho contemporáneo, no sólo en favor de las personas físicas, sino también de los Estados más pequeños y débiles.
Hay precedentes en esta materia cuando predominaba en el mundo el llamado constitucionalismo clásico, que dio paso a dictaduras como las Adolfo Hitler en Alemania y la de Benito Mussoline en Italia, cuyos resultados fueron realmente catastróficos para la humanidad.
La interrogante que permanece en el nuevo panorama mundial es si va a pesar más el miedo que la vergüenza y la dignidad de los pueblos del mundo.
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Donald Trump cumple su sueño de ser dictador aunque sea por un día.
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5 días agoon
enero 3, 2026Por Elba García
El presidente de Estados Unidos, Donald Trump, cumple su sueño de ser dictador hemisférico, aunque sea por un día.
La vocación dictatorial de Trump se ha expresado con mayor contundencia tras la entrada ilegal en territorio venezolano y apresar al jefe de Estado de ese país Nicolás Maduro y su esposa Cilia Flores.
Tras este acontecimiento en momentos que se habla de la época del derecho constitucional, el cual incluye el derecho internacional, Trump ha anunciado su pretensión de convertir a Venezuela en una nueva colonia del imperio norteamericano.
El gobernante de los Estados Unidos ha adelantado que busca manejar la riqueza petrolera de Venezuela, una de las principales del mundo.
Pero la violación de Trump llega todavía más lejos al advertir a los demás países latinoamericanos a verse en el espejo de Venezuela.
Tromp hizo una alusión directa contra el presidente de Colombia, Gustavo Petro, quien dice podría correr la misma suerte de Maduro.
Anteriormente lo hizo con Brasil a propósito de la condena por conspiración del expresidente Bolsonoro.
Pero de igual modo se ha comportado con Honduras, donde en sus recientes elecciones presidenciales auspició uno de los candidatos y presionó con advertencias de actuar duramente contra los que estén en contra de sus designios.
Al fin impuso su voluntad, sin que haya reacción fuerte de rechazo a la vocación imperial del presidente de Estados Unidos.
No sé entiende por qué los países latinoamericanos no se unen en un bloque para rechazar la política de dominación y dictatorial de Donald Trump.
Incluso en el rechazo a la violación del derecho internacional por parte de los Estados Unidos pueden incluirse los países de la Unión Europea, que son permanentemente asediados y amenazados de imponerles aranceles y otros castigos como parte de la vocación dictatorial del mandatario norteamericano.
El chantaje de los Estados Unidos incluye también el otorgamiento de visados para ingresar al territorio de la potencia del norte.
La conducta de Trump es como si su administración haya borrado del mapa la supuesta clase gobernante que existe allí.
El problema se torna tan grave que la violación de derechos no solo se produce en Estados Unidos, sino en todo el mundo que parece haber retornado el derecho constitucional clásico, que fue sustituido por el derecho constitucional moderno en que los Estados grandes aplastan a los pequeños.
La época Trump prácticamente ha borrado el legado establecido por Estados Unidos a través del derecho constitucional difuso y sobre el equilibrio de los poderes.
Lo sorprendente de la era Tromp es que hasta la Suprema Corte de Justicia de los Estados Unidos luce sometida a una cierta tolerancia del jefe de Estado de la potencia del norte.
Si la mayoría de los países no reaccionan a la política represiva y de dominación de Trump difícilmente pueda sobrevivir el sistema democrático, lo que puede crear serias tensiones y confrontaciones sociales y políticas en todo el planeta.
