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Análisis Noticiosos

Entre líneas

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Por Leticia Puente Beresford

Cuando opiniones independientes se suman, se hermanan, revelan que existe una alta cooperación y dan la fórmula para restaurar el camino de la humanidad, para continuar en pos de la paz, como sucedió entre alemanas, israelíes y palestinas

En la búsqueda por esa paz entre Israel y Palestina es extraordinaria la tarea de las mujeres, que han logrado interactuar con empatía, es decir, identificando y entendiendo la situación del otro, de la otro, los otros sentimientos y los otros motivos, tal y como lo indica ‘Between the Lines: Voices of Women engendering Peace and Democracy’.

Aquí en Nueva York el sol se asoma, como cada primavera, para todas las hermandades que confluyen y que generaron una narrativa única, por encima de décadas de hostilidad, con la idea de la esperanza de paz y la democracia, pese a la realidad política que separa a las naciones de Alemania, Israel y Palestina.

Este proyecto lo coordinó e inició Arbeitskreis deutscher Bildungsstaetten. Las actividades dialogadas se ejercieron por espacio de diez años y sus testimonios se publicaron en el 2008, mediante el apoyo del German Ministry for Family Affairs, Senior Citizens, Women and Youth.

Mmmm… ¿de qué trata ese diálogo?

De que Margot Brown, Hannelore Chiout, Faten Mukarker, Adina Aviram, Anette Klasing, Fidaa Narh-Abu Dba, Edna Zaretsky Toledano, Christiane Reinholz-Asolli, Jameela Alatrash, Gili Tzidkiyahu, Katrin Wolf, Rawia Loucia Shammas, Razia Meron, Rima Al Ajrami, Ruth Hiller, Sabah Ikhymees, Shira Ohayon, Vered Shomron-Fabian, Hannelore Chiout y Jenny Zobel, dan su visión sobre la paz, dejando atrás el desafío de lo imposible, enfatizando el privilegio de ser mujer con visión de paz, a través del diálogo que se inspira en lo verdadero.

Margot Brown, encargada de la dirección editorial, explica que todas ellas, con su diversidad, cultural, lingüística, religiosa y con sus diferentes experiencias políticas, construyeron tesis tan intensas como variadas. Y aunque “todas vemos de diferente forma las cosas dice Brown, sin compasión ni en entendimiento se puede extender el conflicto y suceder lo peor.
Brown indica también que ciertos incidentes fueron recontados a la vez por varias mujeres y el impacto fue muy fuerte en el grupo, permitiendo conocer los pensamientos muy personales de quienes lo atestiguaron. Sobresale también el hecho de que las mujeres participantes no escribieron en su lengua materna y a otras les fue traducido su escrito, confiando en la habilidad de dicha traducción. Lo importante fue dejar que las voces de las mujeres brillaran por si, dejando a un lado el ‘light touch’.

Por supuesto que aquí, en esto de la búsqueda imperiosa de la paz y la democracia entre Israel y Palestina, con la tercera voz cantante de
Alemania, para recordar “el dilema de la diferencia”, ese gran desafío, intentaron anteponer lo que comparten y eso fortalece los diálogos y une en la diferencia.

Cada una de las mujeres rompió sus silencios, esas formas de vivir entre líneas, de cruzar líneas y apoyarse en esos cruces, porque las fuerzas de seguridad siempre tratan diferenciadamente, como lo sabemos, como lo vivimos en otras líneas territoriales.
He aquí un ejemplo:

LA FIESTA

Hubo una vez unos animales que decidieron vivir en un grupo y los pájaros vivir en otro. Así, un día, los animales decidieron tener una fiesta. La cebra fue el vigilante. Todos los animales vinieron a la fiesta para pasar un tiempo feliz.

Entonces el murciélago arribó y dijo: ‘Déjenme entrar a la fiesta, porque yo también soy animal’
Pero la cebra dijo: “¡No! Nosotros somos animales porque no tenemos alas; tú eres un pájaro porque tienes alas”.
Entonces el murciélago se fue sin haber entrado a la fiesta.

Al siguiente día, los pájaros decidieron tener una fiesta. El buitre fue el vigilante de la fiesta de los pájaros. El murciélago se enteró de la fiesta desde su lejano hábitat y decidió asistir.
Cuando llego a la fiesta dijo: ‘Déjenme entrar a la fiesta, yo soy un pájaro’.

Pero el buitre dijo: “¡No! Nosotros somos pájaros porque no tenemos dientes; tú eres un animal porque tienes dientes’.
Entonces el murciélago tuvo que irse sin haber entrado a la fiesta. El pobre murciélago no era un animal y no era un pájaro, por eso nunca pudo entrar a ninguna fiesta.

Yo digo: díganle a los niños del mundo que nosotros no queremos ser murciélagos. Nosotros queremos encontrar un lugar donde podamos ser o bien un animal o un pájaro, para poder ser felices.

La fiesta, The party, fue su base en todo momento escrita por Abraham Marial Kiol, de 14 años de edad, sudanés.

Y así fue como durante diez años de trabajo intenso y un proceso pasional del encuentro de un lenguaje común entre mujeres de Israel, Palestina y Alemania, aprendieron la protección de sus derechos en cada uno de sus países, bajo un irrestricto respeto entre una y otra, con sus propios valores democráticos.

Pasaron por el proceso doloroso de la investigación y de escribir. Todos los puntos imaginables se abordaron con la única idea de parar la guerra, para sobrevivir, bajo la premisa de los derechos básicos de dignidad humana, derechos de equidad entre hombres y mujeres.

Así, sin encontrar culpables, se puede vivir la diversidad sin estar separadas…y sin líneas.

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Análisis Noticiosos

La Pérdida de la Cultura del Trabajo

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Por José Cabral

Un fenómeno muy preocupante que se produce en la República Dominicana tiene que ver con la pérdida de la cultura del trabajo.

Aparentemente hay un relativo cumplimiento con las obligaciones laborales cuando se trata de una empresa con altos niveles de organización y supervisión.

La pérdida de la cultura del trabajo puede ser demoledora para la micro, pequeña y mediana empresa, en las que no hay forma de que se respete el contrato laboral entre empleados y empleadores.

La desaparición de la cultura del trabajo en el país representa una crisis muy profunda debido a la precariedad laboral, la informalidad y la pérdida de incentivos para el esfuerzo formal.

La pérdida de la cultura del trabajo está asociada a una serie de factores como los bajos salarios y que un empleo no garantiza la salida de la pobreza, según los estudios económicos al respecto.

Sin embargo, la razón principal, siempre de acuerdo a lo que puedo observar, obedece a la crisis de valores que impacta a la sociedad dominicana.

Hay una tendencia muy acentuada a no cumplir con la responsabilidad asumida, es decir, que se observa una negación de la gente a asumir sus obligaciones.

Inclinarse por la vida fácil es una percepción ciudadana que tiene que ver con la crisis de valores que procura la búsqueda de ingresos sin hacer ningún esfuerzo, cuyo ejemplo más contundente es la famosa “botella” a nivel estatal, la cual es estimulada por el clientelismo que promueven los partidos políticos.

Lo otro que explica el fenómeno es que la gente ha aprendido a reclamar sus derechos sin cumplir con sus deberes.

Es una percepción generalizada, la cual va de lo pequeño a lo grande y lo contrario, pero no parece que haya una respuesta a la vista por tratarse de una realidad en la que el Estado no hace ningún esfuerzo planificado para combatirla.

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Análisis Noticiosos

La burocracia vuelve a representar la comedia triste de la entrega.

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Por Nelson Valdez
Asistimos, con el alma acongojada pero erguida en el patriotismo más puro, al espectáculo de unos ministros que celebran como proeza histórica el servilismo diplomático.
Han acudido presurosos a firmar el despojo de la entraña nacional, ofreciendo en bandeja de plata las riquezas del subsuelo patrio a la insaciable voracidad del coloso del norte.
Aquellos minerales que la Providencia depositó en la tierra dominicana para sustentar el porvenir de la República son hoy entregados con pasmosa ligereza, a cambio del aplauso efímero de una legación extranjera.
Nos dicen, con el descaro propio de la retórica oficialista, que este marco de cooperación protegerá nuestros «intereses nacionales». ¡Qué colosal impostura! La historia enseña con claridad meridiana que los imperios no reconocen socios, sino vasallos.
Mientras la diplomacia norteamericana asegura su hegemonía tecnológica y la seguridad de sus cadenas de suministro sin arriesgar un solo ápice de su suelo, la patria de Duarte y Luperón aporta la materia prima, asume las heridas ambientales y se conforma con el papel humillante de proveedora subordinada.
Se firma a espaldas de la soberanía popular un pacto que hipoteca el patrimonio de las futuras generaciones bajo la excusa de alineamientos geopolíticos que en nada benefician al campesino ni al obrero dominicano.
El suelo que pisamos no es una simple mercancía en la mesa de negociación de los poderosos. Las tierras raras del sur no pertenecen a una administración ni a una casta de diplomáticos encumbrados; pertenecen a la historia, al honor y al destino de la nación dominicana.
Ceder la llave de nuestras riquezas estratégicas a una potencia imperial bajo la vestidura de un «acuerdo de confianza» no es diplomacia activa: es una capitulación moral, un acto de indignidad que profana la memoria de los libertadores y reduce la soberanía nacional a una simple nota al pie en la agenda de Washington.

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Análisis Noticiosos

El orgullo de ser dominicano bien valorado, da seguridad y confianza.

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Por José Cabral

Hace ya muchos años fuí testigo de varios anécdotas que deben servir para algo a cualquier persona, no importa de que país sea.

En un lugar en Nueva York llamado Merchant, donde se vende vinos y cigarros y se toca Jaz, compartía con unos amigos, entre ellos había varias muchachas colombianas y una de ellas me pregunta que si soy dominicano y le responde que sí.

Y de inmediato me narra que su hermana más joven, quien se encontraba también en el lugar, tenía un noviazgo con un joven dominicano, pero que esa relación le había traído muchos problemas a la familia, porque su papá entendía que la misma no debía existir.

Me decía la joven que su papá siempre decía que lo menos que él debía hacer era estrangular a su hija por mantener una relación que podía terminar en procreación con una persona de una baja procedencia.

Pero la historia se repite unos años después en la calle 50 y la quinta avenida de la ciudad de Nueva York cuando me decía otro señor que conoció una muchacha tan hermosa y educada de apellido Trujillo que nadie podía pensar que fuera dominicana.

Evidentemente que ambas narraciones tenían su explicación en que la mayor parte de la inmigración dominicana hacia los Estados Unidos, que es el escenario analizado, procedia en ese momento del campo y cuya formación académica y cultural es muy pobre.

Además, por un asunto cultural, la mayoría de los dominicanos radicados en Nueva York proceden de barrios muy pobres o del campo de la región del Cibao, cuyas características y acento es, podría decirse, la representación de un regionalismo que se expresa a través del uso de la i para hablar.

Naturalmente, las razones que tienen que ver con que mucha de nuestra gente no haya tenido la oportunidad de cursar estudios universitarios y de tener una buena formacion cultural son parte de las deficiencias que se observa en el Estado dominicano.

De cualquier manera, la imagen de cualquier gentilicio se complica o deteriora cuando una buena parte del grupo étnico de que se trate se ve involucrado en actividades que nadie quiere para su familia, aunque, naturalmente, ese no sea el caso de lo planteado en este comentario.

Hay que decir que los propios colombianos se vieron en una situación indeseable cuando la época de Pablo Escobar que un pasaporte de ese país era prácticamente una ofensa a nivel internacional.

La enseñanza que quiero dejar con estas narraciones es que el orgullo de ser dominicano es algo que no se negocia, pero el mismo está determinado por la imagen que se venda en la comunidad internacional.

Y para sentirse orgulloso de la dominicanidad hay que partir, principalmente, de que sea un país en el que la dignidad humana sobresalga sobre la mayoría de los derechos, pero además que quien la representa sea gente con la decencia y un comportamiento acorde con los tiempos de las sociedades civilizadas.

Ciertamente que las democracias han fallado, sobre todo por el comportamiento de los partidos políticos y si bien hay que combatir ese mal y buscar la sustitución ahora y para siempre de esos actores de la vida nacional, pero cualquier solución al respecto no puede ser peor que lo que existe y sobre la base de lesionar el orgullo de ser dominicano.

Con esto quiero decir que en aras de preservar el orgullo nacional, se debe procurar llevar a la direccion del Estado a personas que, no sólo sean éticas y defensoras del interés nacional, sino también que coloquen en la cima, si es posible, la imagen del gentilicio por tener una conducta en el contexto de una sociedad civilizada.

Hay una expresión popular que dice que es muy importante guardar bien las apariencias, lo cual es aplicable en estos momentos en la República Dominicana, pero que ello no sea una causa para dejar de gestionar la salida del poder de los que han dañado gravemente la democracia, aunque, naturalmente,  sin apoyarnos en ciudadanos que, aunque tienen el derecho constitucional de elegir y ser elegido, pero que  su comportamiento lo descalifica para representar a todos los que tenemos un criterio muy claro del orgullo de ser dominicano y lo que ello implica para la economia y toda la vida nacional.

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