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Opinión

Hasta el comandante Fidel Castro Ruz fue engañado por el simulador Leonel Fernández, Y…a Bosch y a los boschísta, ni se diga.

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Por Miguel Espaillat G.
 Fidel Castro  y el simulador de Leonel  Fernández
Esta segunda parte se circunscribe a reproducir el artículo ya aludido (Fidel Castro  y el simulador de Leonel  Fernández), escrito por Miguel Espaillat con contribuciones de Narciso Isa Conde para refutar al Comandante la reflexión donde nos presenta a un Leonel diferente a lo que es en la realidad.  Ello, para que se tenga dominio del tema  que hemos estado analizando desde la  primera entrega.
COMANDANTE: Estoy seguro en un ciento por ciento, que el nombre de Miguel Espaillat no significa nada para usted, como tampoco los nombres de Pedro, Maria, José, fulano, mengano, zutano, y el de los muchos millones de esta especie que tanto le admiramos. Pero sí tiene usted que saber, que esos millones constituyen el grueso de la población mundial que lo queremos y respetamos al grado máximo, con que con estos sentimientos, se pueden tener para un ser humano. En consecuencia cae sobre sus hombros la gran responsabilidad de cuidar toda palabra y toda reflexión, que salga de su boca y pensamiento. Ello, por el poder de estos (palabra y reflexión), los cuales mal usados pueden acarrear terribles decepciones y frustraciones en las filas de los ejércitos de sus seguidores.
Para darle una idea de su inmensa popularidad entre los menganos y fulanos aludidos, le informo que en las próximas semanas saldrá a la luz pública un ensayo autoría de este zutano, titulado “FIDEL Y LOS ENANOS”. El mismo, es una apología a su persona y a su obra revolucionaria a favor de la humanidad. Me tomó todo un año escribirla. El sacrificio que conllevó realizarla por las muchísimas limitaciones materiales, usted nunca podrá imaginarlas. En medio de la algarabía y la satisfacción de esta publicación, usted se dispara con una reflexión donde expone de Leonel Fernández lo siguiente: “Nadie le regaló el cargo; llegó a él a través de una especie de selección natural en virtud de la cual ascendió políticamente a medida que los acontecimientos históricos se desarrollaban.”
Comandante: le confieso que aún no salgo de mi asombro por esas sus desacertadas declaraciones. Las mismas, me han consternado y llenado de penas y frustraciones.
En su artículo “No fue así, comandante Fidel” de fecha sábado 14 de marzo del presente año, Narciso Isa Conde se ocupó de señalarle las razones de su yerro, con la exposición siguiente:
“Nadie en República Dominicana puede respaldar esa versión sobre el ascenso de Leonel a la presidencia. Nadie, absolutamente nadie, ni siquiera sus partidarios».
«Leonel fue el candidato del Partido de la Liberación Dominicana (PLD) para los comicios de 1996 porque ya no fue posible reiterar por razones de salud la candidatura del Profesor Bosch. Ya Leonel había sido candidato a la vicepresidencia en las elecciones de 1994».
«En el 90 el Profesor Bosch ganó las elecciones, pero ciertamente Balaguer le hizo un “fraude colosal”. Bosch inicialmente trató de impugnar por la vía de las movilizaciones los adulterados resultados de esos comicios, pero ya su partido estaba contaminado por Balaguer y por el conservadurismo, por lo que hubo resistencia a esa línea combativa en el seno de su Comité Central… y finalmente el Profesor cedió a la presión claudicante».
«Entonces, el proceso de corrupción del PLD, el cual había quedado muy bien posicionado en el Congreso y en las alcaldías o ayuntamientos (pese a que le arrebataron la Presidencia de la República), creció aceleradamente al aceptar muchos de sus dirigentes electos los sobornos y lisonjas de Balaguer, experto en corrupción de Estado y en el uso abusivo del poder».
«Esto le hizo mucho daño al PLD hasta el punto, que en las elecciones del 94 quedó en tercer lugar con la fórmula Bosch-Leonel Fernández»
«Esas elecciones fueron ganadas por el líder populista-socialdemócrata José Francisco Peña Gómez, candidato del Partido Revolucionario Dominicano (afiliado a la Internacional Socialista). Pero de nuevo Balaguer orquestó un fraude todavía mayor y más burdo, que evolucionó hacia una gran crisis de gobernabilidad».
«En esa coyuntura el PLD se inclinó a favor de Balaguer para obstruir las posibilidades de ascenso al gobierno del PRD. El odio racista a Peña Gómez (por su negritud de origen haitiano y por su extracción social) predominó tanto en el partido de Balaguer como en el PLD, en este último caso movido además por la pugnacidad sectaria»
«La crisis fue tan estremecedora que si el PLD no hubiera adoptado esa posición y Peña Gómez vacilado de mala manera, casi seguro hubiese sido posible tumbar el régimen de Balaguer con el accionar del pueblo y el respaldo de un sector militar e iniciar una profunda democratización del país».
«En esa oportunidad yo conversé durante varias horas con Leonel Fernández, que por lo menos había admitido la existencia del fraude, para que respaldara una huelga general política (preparada por el PRD, las izquierdas y la mayoría de los movimientos sociales del país) y finalmente se negó a hacerlo. Mostró un gran temor a la movilización popular, a la posible reacción del imperialismo estadounidense frente a ella y se mostró favorable al pacto con Balaguer, en procura de ventajas espurias para el PLD».
«Una parte de la oligarquía, la alta jerarquía de la Iglesia, la cúpula militar balaguerista y la cúpula del PLD acorralaron a Peña Gómez hasta hacerlo desistir de la huelga general y llevarlo a la trampa de una negociación que le permitió a Balaguer permanecer por dos años en el gobierno con la condición de que se prohibiera la reelección y que no se repostulara en el 96, a la vez de establecerse la doble vuelta con un mínimo del 50% de los votos válidos en la segunda. Para esa fecha Bosch estaba mentalmente bastante desgastado y eso le posibilitó a Leonel Fernández -repito- convertirse en el candidato presidencial del PLD».
«Así las cosas, los dos grandes caudillos, que dominaron por largas décadas la política dominicana, quedaron por razones distintas fuera del juego electoral ; y superado en buena medida el bipartidismo, la competencia entonces se centró en tres candidatos más jóvenes: Peña Gómez por el PRD; Leonel por el PLD y Jacinto Peynado por el Partido Reformista Socialcristiano-PRSC de Balaguer.
Peynado no era el precandidato de Balaguer al interior en su partido, entre ambos tenía lugar una fuerte bronca; pero de todas maneras Peynado logró la nominación al ser el que mejor imagen proyectaba.
El caudillo del PRSC no le perdonó el desafío a Peynado y se esforzó por disminuirlo electoralmente favoreciendo indirectamente a Leonel Fernández en la competencia con Peña Gómez, quien le llevaba una gran ventaja a los dos.
Ya para esa fecha existía un pacto secreto entre Balaguer y la cúpula del PLD, expresado incluso en un significativo financiamiento. El oro corruptor, canalizado a través del contratista y relevante miembro del “anillo” palaciego, Guaroa Liranzo, siguió haciendo sus perversos efectos al interior del partido fundado por Bosch.
Esa situación determinó que en la primera vuelta de esas elecciones el PLD pasara de un lejano tercer lugar, al segundo lugar, todavía distante de Peña Gómez. El PRSC quedó en tercer lugar, pero con posibilidades de inclinar la balanza a favor de uno de los dos participantes.
En esa segunda vuelta, Balaguer negoció con Leonel Fernández el apoyo al PLD a cambio de impunidad y cuotas de poder; y el acuerdo secreto se publicitó en un ominoso y aberrante acto público (2 de junio de 1996 en el Palacio de los Deportes), en el que los líderes del PLD aparecieron abiertamente abrazados a políticos ladrones y militares asesinos, encabezados por Balaguer y los generales de “horca y cuchillo” implicados en del terrorismo de Estado, firmando a continuación un pacto realmente diabólico.
Entonces la cúpula del PLD renunció no sólo a todo aquello de la “liberación nacional”, sino al simple liberalismo, decidiéndose a jugar un rol conservador impregnado de corrupción, neoliberalismo y entreguismo a la oligarquía tradicional y a la política de turno de los EEUU.
Esa alianza macabra, acompañada de una feroz campaña racista-antihaitiana y un fraude gigantesco, le posibilitó a Leonel Fernández, con el apoyo de Balaguer, ganarle por poco margen a Peña Gómez y ascender a la silla presidencial.
¿Es esto “selección natural”?  ¿Acaso no fue eso, un repugnante regalo de Joaquín Balaguer y de lo peor del país, o si se quiere un “toma y daca” de la peor especie?  ¿Acaso no fue un ascenso meteórico por la enlodada vía de la corrupción, con la importante muleta de la escoria balaguerista?
Desde entonces, como es lógico, Leonel Fernández no ha tenido escrúpulos para corromperse y corromper, entregarse y entregar, sobornar y recibir, exaltar todos los antivalores, reprimir protestas y asumir el “plan de seguridad democrática” de Uribe dentro de sus óptimas relaciones con ese régimen oprobioso . Y desde entonces además, ha querido erigirse en el nuevo caudillo de la era “postmoderna”, en el sustituto mediocrizado y digitalizado de Balaguer y otros representantes del despotismo ilustrado.
Ofende por tanto, que la memoria histórica de los actuales dirigentes de la Revolución Cubana se haya acortado de esa manera, tanto y tan pronto.
Apena que Fidel, tan querido en este país, no haya tenido presente el sentir del pueblo dominicano y la historia reciente de nuestra martirizada patria.
Y ni siquiera se trataba de plantear las cosas entre reunirse o no con Leonel -independientemente de que no siendo jefe de Estado no estaba obligado a hacerlo, sino, de cuidarse de exaltarlo de esa forma, recurriendo a tantas inexactitudes, desconociendo las barbaridades desplegadas por los gobiernos del Dr. Leonel Fernández y evadiendo hechos ampliamente difundidos.
Nos cuenta Fidel, que en 1996 cuando conoció a Leonel, éste le habló de sus empeños por abaratar la energía y resultó que en casi 9 años de ejercicio presidencial, después de la privatización del sector, le está ofreciendo al país los apagones más caros del universo y los “prendiones” más onerosos.
Por eso es que el relato de Fidel sobre su reciente encuentro con Leonel ha dejado atónito al pueblo dominicano. Las mujeres y hombres sencillos de todas las edades, medianamente informados de la política, no entienden el porqué de esa exaltación tan perjudicial para el propio Comandante y tan favorable para un Leonel políticamente decadente y moralmente desacreditado; el por qué escribir palabras tan desconcertantes por innecesarias y reñidas con la verdad”.
(Termina la cita)
Comandante: en la República Dominicana existió un gran hombre llamado “Narciso González”, el cual fue asesinado en fecha 26 de Mayo de 1994, en el último gobierno del Dr. Joaquín Balaguer, el dictador trujillista sin escrúpulos, que auspició al poder, al hoy también sin escrúpulos, presidente Leonel Fernández.
El motivo de esa muerte, tiene sus raíces en un artículo escrito por este periodista asesinado titulado “Balaguer los más perverso que ha nacido en la República Dominicana”, el cual se inicia de la manera siguiente: «Según el diccionario de nuestra lengua, la palabra perverso se define así: “individuo sumamente malo, depravado en las costumbres o en las obligaciones de su estado.
Entre los sinónimos de perverso se establecen los siguientes: asesinos, delincuentes, inmoral, pandillero, tramposo, maquiavélico, miserable, cínico, dañino, mentiroso, corrupto, alevoso, servil, pervertidor, y otros.
?En América la perversidad ha brotado como una hierba mala en todos los países y en todos los tiempos. Por eso nuestras naciones han sido corroídas por los Trujillo, los Pinochet, los Duvalier, los Somoza, los Pérez Jiménez, los Fulgencio Batista y otros mandones locos, criminales y desfalcadores. Y aunque no se ha establecido un aparato que mida la malicia de tantos enemigos de sus pueblos, bastaría con hacer una confrontación entre los hechos y el diccionario, y llegaríamos a una obligada conclusión: “Joaquín Balaguer es lo más perverso que ha surgido en el continente americano en toda su historia”.
Eso es Joaquín Balaguer: “La perversidad elevada a su máxima expresión. ¡Es tiempo que terminemos ya con esa pesadilla…!” (Termina la cita).
COMANDANTE: La exaltación que usted hace de Leonel, en su reflexión titulada “Mi encuentro con Leonel Fernández, Presidente de la República Dominicana” en fecha 06 / 03 / 2009, no es más, que la antítesis de lo que realmente es ese personaje, quien hoy, ideológicamente, es el arter ego del Joaquín Balaguer, que nos describe Narciso González en el artículo aludido, que le costara la vida.
Todos esos calificativos de: perverso, asesino, delincuente, inmoral, pandillero, tramposo, maquiavélico, miserable, cínico, dañino, mentiroso, corrupto, alevoso, servil, pervertidor, y hasta traidor, por haber traicionado a su maestro y mentor, el profesor Juan Bosch, le cuadran a la perfección a Leonel Fernández.
Si usted estuviera al tanto de cómo está funcionando el gobierno de su apologado, y de cómo está la situación social política y económica en la República Dominicana, se daría cuenta de que este Leonel Fernández se tiene más que ganados, estos calificativos.
COMANDATE: En estos momentos, Leonel Fernández significa para el pueblo Dominicano, lo que Fulgencio Batista, el tirano que usted combatió, significó para el pueblo de Cuba en su momento de horrores con este dictador.
Comandante: para más ilustración suya sobre Leonel, le proporciono otras informaciones sobre este personaje, dadas por Narciso Isa Conde.
“Sí, Leonel es un hombre talentoso,  muy estudioso, magnífico expositor y sumamente hábil. Es capaz de retener y exponer de memoria cifras, procesos y datos sobre la crisis mundial   y sobre otros asuntos de un volumen impresionante, más aun cuando se propone impresionar. Surgió de abajo, de una familia modesta y es admirable su esfuerzo de superación desde niño.
Sabe muchísimo de publicidad moderna y tiene una gran capacidad para sustituir la realidad por la irrealidad virtual. Es un sofista experimentado, procura siempre hablarle el lenguaje grato al interlocutor y exponer ideas cómodas dentro del escenario de lugar. Tiene a disposición tantas posiciones como sean útiles a sus fines: de derecha, de izquierda, de centro izquierda, revolucionaria, neoliberal, conservadora, liberal…y como si nada, se acostumbra a tomar Té de tachuelas y a decir cualquier mentira. Es buen actor y mejor simulador, por lo que lo correcto es juzgarlo por sus hechos y no por sus poses y palabras. Veamos:
Leonel como gobernante ha sido el gran privatizador de las empresas y servicios públicos, y de los recursos naturales del país. El político más funcional a la globalización neoliberal, al Fondo Monetario Internacional, al Banco Mundial y a las “áreas de libre comercio” o TLC.
Leonel Fernández ha sido el gran reivindicador de Joaquín Balaguer, uno de los políticos más perversos del Siglo XX a escala continental. El actual gobierno del PLD ha roto todos los récords de clientelismos, corrupción, soborno político, tráfico de influencia. Y si no se le quiere nombrar como campeón de la degradación moral de la partidocracia y las instituciones estatales, se le puede poner como tan peor como los peores. Ha sido la antítesis de Bosch.
Depredador de ríos, montañas y costas. Contaminador del ambiente. Machista patriarcal de pura cepa. Neoliberal con máscara “light”.
Gestor de un capitalismo dependiente y empobrecedor, de un modelo basado en la financierización del capitalismo (que hoy oportunistamente critica), en las infames Zonas Francas, en el turismo de casinos y de mala calaña, en las comunicaciones y en los cárteles de la construcción y de las drogas, y en el dinero del lavado.
Leonel ha sido un gran corruptor de las Fuerzas Armadas y de la Policía Nacional, al punto que hoy, éstas son instrumentos del narcotráfico, fuentes del sicariato y espacio de penetración de la CIA, el MOSAAD y el régimen narco-paramilitar de Álvaro Uribe Vélez, con el que ha fraguado una especie de “alianza carnal”. Incluso acaba de darle el “plácet” como Embajador de Colombia al general Montoya, experto en masacres, aliado de los para-militares y de los carteles más agresivos de la droga; quien, por demás, orquestó y re-orquesta un plan para asesinarme (bien conocido por el presidente). Recientemente se abrazó a Bush-padre y a Gustavo Cisneros, propiciando inversiones de ambos y de cuantos mafiosos y “desarrolladores” aventureros se presenten.
Leonel ha recogido toda la escoria criminal y corrupta del balaguerismo y ha garantizado la impunidad de los autores intelectuales del asesinato de Orlando Martínez, de Narciso González, de Caamaño y de muchos héroes y heroínas del balaguerato.
Ahora, el presidente Fernández, está en su peor momento de descrédito y por eso puedo asegurar que en nuestro país lamentablemente, al encuentro sostenido entre él y usted, solo él, puede intentar sacarle provecho; puesto que una gran parte de los/as dominicanos no logran entender por qué el comandante Fidel lo ha recibido y lo ha elogiado siendo tan evidente, cuestionada y cuestionable la trayectoria de Leonel.
Aquí, en este país,   y en cualquiera otro donde se conozcan los hechos de Leonel, nadie se traga el cuento de su supuesta convicción de que el capitalismo es “veneno”. Menos aun cuando mucha gente sabe que el otrora humilde estudiante y profesional es algo más y peor que un capitalista cualquiera y que no pocos oligarcas, y es quien le ha obligado a tomar al pueblo el veneno del capitalismo neoliberal y salvaje” (Termina la cita de Narciso Isa Conde).
COMANDANTE: por la década de 1950s en la “Gloriosa era de Trujillo” en la ciudad de Santiago de los caballeros y sus municipios, hubo un grupo de jóvenes, que hastiados, cansados e indignados por los abusos, crímenes y todas las barbaridades de Trujillo, se dieron a combatirlo distribuyendo panfletos subversivos en toda la población. Todos esos jóvenes cayeron apresados y después de torturas atroces fueron vilmente asesinados. Ellos fueron los Planfleteros de Santiago. Uno de los panfletos que más irritaron a Trujillo fue uno que decía “con permiso de la expresión, Trujillo es una mierda”.
Cuarenta y ocho años después de la desaparición física de ese dictador, Balaguer y Leonel encarnan a aquel sangriento dictador. Las injusticias sociales siguen siendo las mismas. La corrupción, el narcotráfico, el robo de los recursos del Estado por parte de sus ministros y funcionarios, lo mismo que la delincuencia, la inseguridad ciudadana, el desamparo del pueblo, el derroche, el abuso de poder, etc. etc.… siguen siendo iguales o peor, que cuando imperaban aquellos regímenes.
Por lo que hoy parafraseando a los “Planfleteros de Santiago” podemos actualizar su mensaje escribiendo: “con permiso de la expresión, Leonel Fernández es una mierda de presidente”  Y no es justo “Comandante” que usted  entienda lo contrario, y que un simulador que presume  de otra cosa, venga a empañar el final de su gloriosa existencia revolucionaria con juicios desacertados.
Comandante: para terminar, sería bueno y saludable, que usted explicara al pueblo dominicano y al mundo, por qué Carlos Lague Dávila y Felipe Perez Roque son indignos, y Leonel Fernández Reyna… es digno
 

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Opinión

Crímenes de guerra y el daño ambiental (2 de 3)

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Por Rommel Santos Diaz

El artículo 8 del Estatuto de Roma también tipifica como crimen la destrucción y la apropiación de bienes, no justificadas por necesidades militares, y efectuadas a gran escala, ilícita y arbitrariamente.

Los bienes objeto de destrucción o apropiación deben estar protegidos conforme a los Convenios de Ginebra constan de todos los bienes, con independencia de su forma , tangible o intangible, con inclusión de todos los tipos de bienes ( raíces y personales o muebles e inmuebles) y todos los tipos de propiedad.

La tipificación de los crímenes de guerra confiere una amplia protección a recursos naturales como la tierra, el agua y los alimentos y a los medios empleados para utilizar esos recursos. Además, la destrucción o apropiación prohibida de bienes puede ser tanto directa  como indirecta. Por ejemplo, los cultivos pueden ser objeto de destrucción indirecta si se impide arbitrariamente a un agricultor ocuparse de ellos.

Igualmente, el artículo 8, párrafo 2 b del Estatuto de Roma tipifica como crimen en un conflicto armado internacional destruir o apoderarse de bienes del enemigo,  a menos que la necesidades de la guerra lo hagan imperativo, mientras que el artículo 8, párrafo 2 e del Estatuto de Roma tipifica como crimen en un conflicto no internacional  destruir o apoderarse de bienes de un adversario, a menos que las necesidades del conflicto lo hagan imperativo.

Estos crímenes de guerra tienen una aplicabilidad considerable en el contexto ambiental en la medida en que se prohíbe cualquier acto de destruir o apoderarse de bienes del enemigo o un adversario, público o privado, que no esté justificado por necesidades militares; no se exige que ese acto de destrucción  o apoderamiento sea de dimensiones amplias.

El tipo de destrucción prohibida incluiría la destrucción por las fuerzas armadas de un Estado de una central nuclear de otro Estado utilizada para fines civiles con la intención de causar daño. El tipo de apropiación prohibida incluiría aquella con fines no militares, por parte de fuerzas armadas, de tierras, aguas, alimentos o cualquier otro recurso natural que pertenezca a personas indígenas afiliadas al adversario del Estado atacante.

En relación con  los tres crímenes de guerras referentes a bienes, no puede ampararse en la excepción por¨ necesidades militares ¨una  persona que actúe exclusivamente a título privado, ya sea en nombre propio o en el de una  entidad empresarial, para justificar el acto de destruir o apropiarse de bienes del enemigo o de un adversario, que tiene carácter criminal.

El Estatuto de Roma tipifica como crimen en el contexto de un conflicto armado internacional dirigir intencionalmente ataques contra bienes civiles, es decir, bienes que no son objetivos militares.

En vista de que, en general, se reconoce el carácter civil del entorno natural, atacar intencionalmente cualquier elemento de este entorno, como un campo, un bosque o una

masa de agua, constituye un crimen de guerra a no ser que el objeto atacado fuera un objetivo militar en el momento del ataque

Rommelsantosdiaz@gmail.com

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Opinión

¿Cuáles son los abogados del Diablo?

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Por Oscar López Reyes

Sin misericordia alguna ni pensar siquiera en el daño a su imagen pública, ciertos abogados –astutos practicantes del terror tribunalicio con lenguaje soez- asumen la defensa a ultranza y abusiva de perpetradores de hechos atroces y de lesa humanidad. En permanente pugna con los principios cardinales de la justicia, leguleyos o picapleitos y jurisconsultos han encasillado su carrera jurídica, por su mala fama, como la más insensible y la de más baja reputación y confianza en la miscelánea de las profesiones tradicionales.

Con togas y birretes hexagonales, legendarios letrados se sublimizan en una especie de banquete de exquisitez culinaria, con golosinas como postre, en el deleite recreativo de alegar inocencia y exigir un juicio acorde con el estado de derecho a imputados de muertes masivas simultáneas en un corto tiempo (genocidio) por el desplome de un edificio acarreado por una obstinada negligencia e inexplicable descuido.

También se explayan -menudeando con el apelar de chicanas- para liberar de culpa a causantes de auténticos homicidios voluntarios que, por ser tantos, se constituyen en un inequívoco acto genocida. Y, para colmo, en el interés de propiciar la impunidad, procuran nuevos peritajes, autopsias e investigaciones, con la pretensión de introducir la figura penal del sabotaje como tabla de salvación.

Estos abogados, carentes de conciencia acerca de su función social, concurren sistemáticamente para amparar a los que cometen asesinatos, actuaciones antijurídicas premeditadas, cometidas con alevosías, y prestan desproporcionado auxilio a vulgares y descarados depredadores de recursos del Estado; a atacantes sexuales, secuestradores, narcotraficantes y a individuos mafiosos, timadores financieros y lavadores de activos, y otros actos ilícitos de alta peligrosidad, bajo la sonante jerga: “Yo resguardo inocencias y gano con monedas y mentiras, no con el derecho”.

Desde 1587 (en el pontificado del papa Sixto V o Felice Peretti, igualmente conocido como Felice Piergentile o Felice Peretti Montalto) hasta 1983 (durante el papado de Juan Pablo II (Karol Józef Wojtyła), un oficial de la Iglesia Católica Romana, más comúnmente un presbítero doctorado en Derecho Canónico, ejercía la función de investigar exhaustivamente y exponer en audiencias públicas los méritos, milagros, las inconsistencias documentales, los defectos de carácter y otras falencias de los candidatos a beato o santo.

El objetivo de esa pesquisa y evaluación era esquivar las escogencias precipitadas o falsas beatificaciones o canonizaciones. A este examinador crítico a quienes aspiraban ascender a los altares se le llamó “El advocatus diabili”, que en latín se traduce como abogado del Diablo.

Esta frase idiomática evolucionó con un buen renombre y como un significante coloquial a la inversa de su originalidad. En el tiempo presente, los pobladores identifican a determinados abogados como Satanás, no porque anden maloliente de azufre, con cuernos, patas de cabras, una cola, pezuñas o barba de chico, sino por su comportamiento similar al puro Demonio.

Entre Lucifer y juristas temerarios y desprovistos de la más elemental ética confluyen, similarmente, en por lo menos siete rasgos perversos, a partir de la simbología bíblica del número, como los siete pecados:

1.- “Padres de la mentira”. Versados en leyes señalan precios de ventas de muebles e inmuebles muy por debajo del pagado, inventan mecanismos para embargar irregularmente casas, carros y cuentas bancarias; indican que en un desalojo detuvieron cinco objetos, cuando fueron diez, y elaboran y suscriben contratos haciendo creer que son legales.

2.- Ladrones impenitentes. Se quedan con propiedades de defendidos, confirmando el aforismo: “se roban hasta la sombra que da el sol”; sustraen un tiempo precioso en incidentes procesales para suspender audiencias y maliciosamente entorpecer procesos, desperdiciando así dinero del Estado y despojando de alegría y salud de los involucrados. La Biblia presenta el hurto como un pecado grave y una falta de amor al prójimo, que en virtud de la ley mosaico, el ladrón debía devolver con creces lo desvalijado.

3.- Cómplices mundanos. Con trucos y engaños justifican el deterioro del medio ambiente y la salud, efectúan desalojos sin la autorización de las fuerzas públicas, que son sustituidas por “tigres” y policías fuera de servicios; chantajean a clientes con anuncios de oposición a transacciones bancarias y transferencias sin autorización del juez pertinente, y con querellas o demandas.

4.- Inductores a culpabilidad. Piden a sus clientes que se escondan cuando son buscados para ser recluidos en prisión, y hasta los agachan en sus casas y a los varones les ponen vestidos y pelucas para que no sean reconocidos por las autoridades; sobornan a jueces, fiscales y operadores del sistema judicial e intimidan y amenazan a litigantes.

5.- Malévolos y evasores. A nombres de terceros reciben automóviles de lujo, como pago por servicios fuera del circuito financiero, y cuando en efectivo acogen 10 millones de pesos apenas declaran apenas 100 mil pesos (lavado de activos); violan los diez mandamientos de Dios, generando incredulidad, falta de confianza y su exclusión del reino de la Providencia, porque no confiesan sus maldades ni se arrepienten.

6.- Traidores desde el Edén. Tejen trampas y enredan para sacar provechos económicos, revelan informaciones secretas de socios y representados, y negocian con ellas; se ponen de acuerdo con el oponente sin la voluntad ni el consentimiento de sus defendidos, a cambio de recibir dinero.

7.- Chicanos y falsificadores. Profesionales del derecho maniobran con triquiñuelas e intervienen sobrepasando el alcance de la ley, presentan testigos ficticios, alteran documentos y abandonan a clientes en el pico de juicios en transacciones con los opuestos.

Salvo el defensor público (antiguo abogado de oficio), al experto en legislación le asiste la prerrogativa de decidir (libertad de elección) si toma o no acepta un expediente judicial, porque implica un conflicto de intereses, lastima el sentimiento de personas cercanas, se interpreta como de alto riesgo para su seguridad física, porque no domina la especialidad, o por conciencia ciudadana ante un hecho horroroso.

Bajo el ropaje de garantizar la presunción de inocencia y el debido proceso, provisto de apropiada valoración y un dictamen justo, abogados del Diablo se bañan de dinero, especialmente de procesados por crímenes transnacionales. Y en su teoría de amoralidad -mezclando finamente y tutelando aviesamente la defensa del delito con la legalidad- se encargan de casos de evidentes culpabilidades, moral y socialmente censurables, porque se alinean con la impunidad, y adversan y hasta acosan y acusan a las víctimas, sin reparar en el dolor ajeno.

En esa caseta, esos penalistas afrontan un dilema ético/social: abogan legalmente y sin límites –en el tendero del reproche social por la percepción de complicidad con la malignidad- o buscan la absolución del presunto autor de un hecho de lesa humanidad o un reconocido narcotraficante. ¡Oh, lucro del dinero proveniente de la sangre y estructuras criminales!

¿Dónde están la conciencia y la dignidad humana de esos que emplean retóricos tecnicismos jurídicos para justificar barbaries, encubriendo delitos, y hasta osando minimizar los graves, o transferir culpabilidades a víctima? Como sea que quiera disfrazarse, tipifica como una conducta inmoral.

¿Son o no abogados del Diablo?

En contextos de fragancias, ¿cuáles son las funciones del abogado?

Distinto a los ángeles caídos, adversarios de Dios y la humanidad, son copiosos los especializados en derecho penal que representan, asesoran y defienden a sus clientes con procederes éticos y sólidos argumentos jurídicos. En sus crecidos desempeños, honran, a toda prueba y en todo momento, su encumbrada ocupación.

Y son apreciables los que habitualmente ponen en práctica sus vastos conocimientos en la esfera privada y en el Estado (directores jurídicos, fiscales, jueces, etc.) con lealtad procesal, integridad, sacrificio, empatía y altruismo, y que troquelan como modelos de conducta ética. Ellos se guían por dos frases lapidarias: «El abogado debe amar la justicia y la honradez, tanto como las niñas de sus ojos» y «Ningún abogado debe utilizar, en el patrocinio de los casos que le sean confiados, medios ilícitos o injustos», procurando, como auxiliar por excelencia por excelencia de la justicia, el triunfo de esta en buena lid.

Volviendo a la temática medular, ¿cuáles son los abogados del Diablo? Evalúe usted su patrón de comportamiento, y compárelos con los profesionales del derecho que actúan con veracidad, probidad, buena fe, transparencia y evitando el exceso en el derecho, que los distinguen como paradigmáticos.

Los de la mafia y la corrupción administrativa lucen erudición y competencia, son penalistas, ambiciosos impecables, conflictivos, arrogantes, cobran elevados honorarios por sus servicios y alardean que manipulan las leyes y corrompen a jueces. Con razón, en los folletines blancos y negros sobre chistes se les asocia con el trampolín, el búfalo, los ovnis, el buitre, la sanguijuela, el pirata, la serpiente, el zumo de naranja y el trago amago.

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El autor: Expresidente Colegio de Periodistas y Asoc. Escuelas de Comunicación Social, y actualmente presidente Asoc. Profesionales de Relaciones públicas (Asodoprep).

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Opinión

Más deuda, menos República

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Por Isaías Ramos

La noticia de que la Cámara de Diputados tenga listo un nuevo préstamo de US$200 millones para resiliencia climática obliga al país a hacerse una pregunta más seria: ¿cuánto más va a seguir endeudándose la República Dominicana sin corregir sus fallas estructurales? La pregunta se vuelve aún más grave cuando se recuerda que cada dominicano carga ya con una deuda pública consolidada superior a US$7,300 por habitante. Esa cifra no es abstracta. Es una alarma nacional.

La deuda no cae sobre una hoja de cálculo. Cae sobre la mesa de la familia dominicana: sobre el salario que ya no alcanza, la compra que se reduce, la medicina que se pospone, el pequeño productor que paga más por transportar y sembrar, y los jóvenes que heredarán una factura que no contrajeron. Por eso el problema ya no es solo contable. Es social y político.

Durante años se nos ha pedido aplaudir el crecimiento. Pero un país serio no puede medirse solo por el tamaño de su economía; tiene que medirse también por cómo crece, a qué costo y quién paga la factura. En las últimas dos décadas, el PIB dominicano creció en promedio 6.8 %, mientras la deuda pública consolidada lo hizo a 9.7 %. Es decir, el endeudamiento ha corrido más rápido que la capacidad productiva de la nación. Eso no describe un desarrollo sólido; describe una estabilidad sostenida, en buena medida, a crédito.

La comparación histórica sigue siendo demoledora. Si se toma como referencia la deuda externa per cápita, en 1996 ésta se ubicaba en US$462.50 por habitante. Y si se toma como referencia la inversión pública, en ese mismo año el gasto de capital rondaba 6.5 % del PIB. Hoy, en cambio, la deuda por habitante supera los US$7,300 y la inversión pública ejecutada se mueve en niveles muy inferiores, alrededor de 2.6 % del PIB. En otras palabras: el país se endeuda muchísimo más, pero invierte relativamente mucho menos en las obras que sostienen productividad, agua, energía, conectividad y futuro.

No se trata de idealizar ningún pasado. Se trata de constatar una contradicción imposible de maquillar: antes, con menos deuda, el Estado invertía más en capital; hoy, con mucha más deuda, la inversión relativa cae y el país sigue arrastrando déficits estructurales en infraestructura, drenaje, agua, energía y productividad. Cuando una nación se endeuda más pero transforma menos, el problema deja de ser solo económico. Se vuelve una cuestión de dirección nacional.

A la magnitud del endeudamiento se suma otro problema todavía más delicado: la opacidad de su fotografía pública. La cifra de deuda por habitante no siempre deja ver con nitidez la totalidad de los riesgos y obligaciones que orbitan alrededor del Estado a través de fideicomisos públicos y otras estructuras. El debate sobre RD Vial y los riesgos fiscales asociados a estas figuras demuestra que la deuda visible ya es alarmante y que la zona gris que la rodea la vuelve todavía más preocupante.

Mientras tanto, el Gobierno sigue respondiendo a la crisis energética y al deterioro fiscal con más presión sobre el presupuesto y más subsidios generales. Un Estado responsable debe proteger a los más vulnerables. Pero una cosa es proteger mejor, y otra muy distinta es subvencionar de manera generalizada, opaca y poco focalizada, de modo que también termine recibiendo más beneficio quien más consume. Cuando el subsidio se distribuye por galón, quien más compra absorbe más alivio. En un país con tantas carencias, esa no es la mejor política social. Es una política cara y, muchas veces, regresiva.

Lo más delicado de este modelo es el contraste entre los sectores mejor protegidos del país y una mayoría que cada día debe resistir con menos. Mientras unos convierten el crecimiento en blindaje, para demasiados dominicanos la economía ya no significa movilidad ni progreso, sino resistencia cotidiana. Cuando la abundancia se protege arriba y la estrechez se normaliza abajo, la deuda deja de ser una cifra técnica y se convierte en una pregunta de justicia.

Ahora entramos a un mundo incierto, marcado por enormes turbulencias económicas, y la República Dominicana llega sin márgenes suficientes de protección, con servicios básicos aún no resueltos y sin una estructura productiva sostenible. La crisis encuentra al país tarde y débil, mientras una parte de los sectores más protegidos ya se ha resguardado del sacrificio que hoy recae sobre la mayoría. Porque al final, la deuda mal administrada no termina en un balance: termina en una mesa más vacía, en una medicina postergada y en un futuro más angosto para la familia dominicana.

Frente a esta realidad, desde el Foro y Frente Cívico y Social sostenemos que hay cuatro decisiones urgentes que no admiten más dilación: reforzar la seguridad alimentaria y avanzar hacia una verdadera soberanía productiva; migrar hacia un modelo energético sostenible, confiable y competitivo; blindar el sistema fiscal, corregir las distorsiones de exenciones y gastos tributarios injustificados, y terminar con la cultura del déficit permanente; y sustituir los subsidios no focalizados ni auditables por protección directa, transparente y verificable para quienes realmente lo necesitan, preservando al mismo tiempo la estabilidad monetaria y cambiaria frente al nuevo contexto global.

La hora no admite más retórica vacía. Exige responsabilidad, previsión y coraje. La responsabilidad de un liderazgo serio no es administrar el deterioro, sino corregirlo antes de que se convierta en destino. La República Dominicana no necesita más deuda sin propósito nacional. Necesita verdad, disciplina, producción, auditoría y un Estado que deje de confundir endeudamiento con desarrollo. Porque la deuda que no se transforma en capacidad nacional termina transformándose en dependencia. Y ningún pueblo merece heredar, como si fuera destino, la factura de una dirigencia que, pudiendo corregir a tiempo, prefirió transferirle el costo al futuro.

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