Opinión
Implicaciones de las guerras y masacres de EEUU decadente en un mundo a la deriva
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7 meses agoon
Por Narciso Isa Conde
El aferramiento a la guerra, a la violencia y al terror de estado, es propio de la decadencia de los grandes imperios.
Esa es la historia de todos ellos, los cuales siempre sustituyen su real declive con la imagen de su otrora fortaleza y lo expresan en mayor agresividad.
Trump es un alto exponente de esa fantasía en el escenario de la era digital, del imperio de la post verdad, en un mundo caotizado y desde un país donde el neofascismo suplanta su orden institucional.
EEUU se acaba de meter en una guerra de la que le será difícil salir sin recibir una gran derrota política. Ya Israel está prácticamente derrotado y su amo lo está sustituyendo con alto riesgo de fracasar.
EEUU pierde cada vez más el apoyo mundial y tiende a convertirse en un Súper Estado paria, aislado; que además entra en una crisis de pérdida de apoyo interno y tendencia a la ingobernabilidad.
El tiempo de la caída es impredecible, pero esa es su ruta. No tiene forma de salir airoso como imperio, de una cadena de guerras que viene perdiendo y que en su demencia senil ha decidido reiterar en otro espacio mundial.
Por eso, ante cada revés Trump se la pasa haciendo trucos y dando informaciones falsas, como la más reciente de un falso cese al fuego entre Israel e Irak, con lo que procura presentarse como pacifista después de agredir y fracasar.
Con esa falsa noticia quiere aparecer como neutral entre Israel e Irán, para luego presentar a Irán como enemigo de un acuerdo de cese al fuego y de paz, que nunca existió; mientras a la vez persigue ganar tiempo para nuevos ataques.
· Dos farsas ridículas en medio de la ruta hacia otra derrota.
Es una farsa ridícula proclamar que agredir militarmente un país soberano y con dignidad demostrada, es el camino de la paz, más cuando los ataques a las instalaciones sobre el enriquecimiento de uranio no posibilitan varíar la actual correlación de fuerza militar entre Irán e Israel.
Pero, además, Irán, Rusia y no pocos expertos en la materia, han fundamentado el criterio de que esos bombardeos estadounidenses no tienen poder para perforar la cortina de protección establecida con cooperación tecnológica rusa; amen de la retirada preventiva de material y tecnología sensible.
Otra farsa ridícula, que duró poco en desinflarse, es el acuerdo del cese al fuego falsificado.
Irán demostró que tiene capacidad para derrotar a Israel y tiene con que responderle a la agresión de EEUU; y ya comenzó a hacerlo, golpeando con más fuerza a Israel y bombardeando simbólicamente las bases militares estadounidenses ubicadas en el Oriente Medio, para demostrar que puede hacerlo de verdad.
Irán tiene capacidad para empantanar y desgastar a EEUU en esa guerra y cuenta para ello con aliados poderosos y consecuentes. China y Rusia sobresalen.
China y Rusia no pueden dejar de ser solidaria con Irán, cuando además tienen importantes enclaves de cooperación en territorio iraní; y China sabe lo que significa Irán en una ruta comercial de su alto interés.
Con Israel prácticamente derrotado, a EEUU y al régimen de Trump solo le queda replegarse y perder a Israel Sionista, admitir en consecuencia una gran derrota política, o escalar la guerra contrs Irán para terminar con una derrota militar peor que todas las anteriores en un plazo más largo.
En otro plano, la resistencia palestina e islámicas ha recibido una valiosa solidaridad de Irán y ella ha resultado de doble vía, con poder de retorno en los combates de Huties, Hamas, Hebolag. Yemen, en Gaza, Cisjordania, Siria, Líbano…y en toda la región.
Pakistán ha dicho que si Israel emplea armas nucleares respaldará a Irán usando las propias contra Israel, mientras Qaatar y Arabia han anunciado un respaldo endeble y asumido una actitud sumamente ambigua.
Irán ha demostrado que tiene capacidad para seguir golpeando a Israel, atacar las bases militares yanquis de esa zona y bloquear el estrecho de ORMUZ, por donde pasa el 20% de la producción petrolera mundial. Ya decidió hacerlo.
Palestina tiene un apoyo mundial impresionante, incluyendo en los países europeos que suministran armamentos a Israel y en la propia geografía estadounidense.
Ni Irán, ni Palestina, ni Rusia, ni China, ni Cuba, ni Venezuela, ni Nicaragua, ni los BRICs ni los pueblos en lucha por su autodeterminación, están solos.
Todos –convertidos en blancos de ataque de EEUU- confluyen y van conformando un torrente o gran bloque incontenible hacia un mundo multipolar y un nuevo orden mundial que, si los pueblos oprimidos persisten en la defensa de sus derechos y soberanía, podría superarse definitivamente el coloniaje y ser bastante distinto al que hemos vivido y sufrido durante siglos.
UN MUNDO, UNA SUPERPOTENCIA Y MUCHOS PAÍSES MANIPULADOS DESPÓTICAMENTE.
Ese torrente adverso a EEUU y al imperialismo occidental opera en un mundo a la deriva, sin normas, sin un orden internacional que ampare sus justas demandas; enfrentado al sistema imperialista que ha dominado y oprimido a la humanidad por siglos con una fuerte impronta despótica y se resiste a perder.
· RD: país alineado a lo peor y al fracaso.
Claro, a ese torrente, el Estado dominicano, bajo un régimen ultra neo-colonialista, con un gobernador de colonia al frente del gobierno y con sus valiosos recursos mineros y su formidable patrimonio natural bajo custodia del Comando Sur, ni siquiera se asoma.
El seudo-presidente Abinader y su Canciller Roberto Álvarez, designado por la Casa Blanca, se han colocado del lado de los Estados Terroristas y genocidas de Israel y EEUU; mientras el Ministro de Defensa viajó a Washington en momentos del ataque estadounidense a Irán, a poner a las órdenes del Pentágono las “poderosas” fuerzas armadas dominicanas y su “modernísimo arsenal”, propias del país “más próspero y desarrollado” de su “patio trasero”.
Esperemos que los tres encabecen la “fuerza de tarea” que acompañarán las respectivas derrotas de Israel y EEUU en el Oriente Medio y que no pongan –como hacen siempre los capos del lacayismo- sus traseros en remojo.
Como fieles lacayos del imperio en decadencia, les corresponde -amarrados por el “pichirrí” desde la Casa Blanca, la CIA y el Comando Sur- ser leales hasta el final a los “mata niños/as” y masacradores de seres humanos y países, y pasar a la historia como traidores a nuestra patria, a su origen árabe en el caso de Abinader, y a los pueblos que luchan por sus derechos y su dignidad.
Vale destacar que decisiones tan graves han sido tomada por Luis Abinader como si se tratara de un monarca, porque aquí hace tiempo que la democracia es un mito, es pura plutocracia y partidocracia, corruptas por demás.
Pasa igual con todos los gobiernos serviles del continente.
· Un mundo y un gendarme mundial cada vez más despóticos.
Ahora bien, en materia de institucionalidad y normas de convivencia pasa lo mismo al interior de EEUU y en el mundo de la civilización burguesa occidental.
En ambos casos, la institucionalidad que existió se fue a pique, se la tragó la crisis.
La ONU es un cadáver.
La Corte Penal Internacional u otras entidades perdieron su capacidad para hacer respetar sus decisiones.
En EEUU hace rato que Trump gobierna por decreto.
En muchos casos la democracia liberal y el capitalismo con cierta apertura democrática son pura ficción, a lo sumo buenos disfraces.
De poco sirve apelar en este mundo y en los EEUU de hoy a esa institucionalidad degradada.
En EEUU el neofascismo ha ganado demasiado terreno en todos los bandos tradicionales.
Y en el mundo la transición hacia la multipolaridad todavía no hay todavía normas ni reglas de juego claras. No se ha podido institucionalizar en medio de una accidentada transición inconclusa.
Ese desafío está pendiente.
Ahora todo depende de la correlación en el terreno de lo civil y de lo militar, procurando en lo posible impedir la gran catástrofe termonuclear que ya amenaza.
En eso, China y Rusia tienen un gran reto, dado su gran poderío militar, sobre todo si logran inteligentemente asumirlo como eficaz medio de disuasión frente a EEUU.
· Multipolaridad y creación de lo nuevo.
La verdad es que las fuerzas alternativas a un sistema imperialista occidental en acelerada decadencia y descomposición va tomando cuerpo y energías para constituirse en una compleja diversidad que posibilite establecer un nuevo orden mundial, cuyas características y normativas no está totalmente prefigurada ni serán definitiva, en tanto la dialéctica contradictoria capitalismo-socialismo seguirá pendiente de solución en ese nuevo escenario.
En un periodo tan trascendente, nuestro país sigue atado a lo peor y podría por ello sufrir graves consecuencias sino no rompe a tiempo las amarras.
Es un deber de nación y de pueblo oprimido desatarnos de ese yugo y asumir resueltamente nuestra autodeterminación como país y como sociedad.
Opinión
La Corte Penal Internacional y la Justicia Internacional (3 de 3)
Published
4 días agoon
enero 4, 2026Por Rommel Santos Diaz
Se tiene reportado el uso de 250,000 niños soldados en cerca de 50 países. Para completar el panorama, se estima que 20 millones de niños han sido desplazados como consecuencias de las diversas guerras y catástrofes humanitarias, mientras que entre 8,000 y 10,000 niños mueren cada año como consecuencia de utilización de minas antipersonales.
Existen indicios de que la trata de niños en zonas de conflicto es una tendencia que va en aumento y esta vinculada a redes de delincuencia transnacional organizada.
La Corte Penal Internacional es el primer tribunal internacional cuyo Estatuto y Reglas de Procedimiento y Prueba brindan a las víctimas la posibilidad de participar en todas las etapas del proceso.
A diferencia de las actuaciones de las víctimas en otros tribunales internacionales, limitadas a reforzar los argumentos de la defensa o el Fiscal, la Corte Penal Internacional les reconoce derechos que les corresponden por ser quienes han sufrido la grave vulneración de sus derechos humanos y tienen la mayor expectativa de que se haga justicia.
El principal reto de la Corte Penal Internacional será demostrar que sus investigaciones y decisiones no están guiadas por móviles políticos o intereses ajenos a la justicia y la represión de crímenes internacionales.
Finalmente, en la medida en que este sistema se vaya consolidando, siguiendo los parámetros legales del Estatuto de Roma y de las Reglas de Procedimiento y Prueba, es posible que países hoy reticentes hacia la Corte Penal Internacional modifiquen su postura hacia una de ayuda y cooperación. Con esto se lograría tener un sistema penal internacional plenamente universal como complemento a las iniciativas locales por sancionar crímenes de genocidio, lesa humanida, guerra y agresión.
rommelsantosdiaz@gmail.com
Por Nelson Encarnación
El reciente escándalo de corrupción detectado en el Seguro Nacional de Salud (Senasa) ha acentuado la percepción o el convencimiento en algunos de que los políticos acceden a los cargos públicos con la intención de apropiarse de los recursos que manejan.
Ya en otras oportunidades se ha esparcido el mismo convencimiento, en ocasión de hechos judicializados que aún cursan en los tribunales sin sentencias firmes.
Estos y casos anteriores han servido de fundamento a quienes entienden que las formaciones políticas son nidos de bandidos con una amplia vocación hacia la depredación de los recursos públicos, dando lugar, al mismo tiempo, a la prédica contra los políticos y los partidos.
Sin embargo, existen argumentos y evidencias suficientes para desmontar la mala fama contra los políticos. Podemos afirmar, de manera categórica, que los políticos profesionales no roban.
Para remontarnos a los hechos más sonados de persecución a la corrupción, podemos referir el que ha sido, probablemente, el más sonoro de todos, es decir, el procesamiento judicial del expresidente Salvador Jorge Blanco (1982-1986), quien fue condenado a 20 años de prisión por hechos que, evidentemente, no cometió.
Jorge Blanco, que antes de ser político ya era un abogado prestigioso, murió en medio de precariedades materiales, una situación que no concuerda con quien supuestamente fue un corrupto.
Los hechos por los que se condenó al exmandatario no fueron cometidos por él ni por ninguno de sus seguidores con formación y compromiso político, sino por allegados que nada tenían que ver con el Partido Revolucionario Dominicano.
En el caso de los expedientes que todavía se ventilan en la justicia relacionados con hechos registrados—conforme las imputaciones del Ministerio Público—vinculan en primer plano a personeros relacionados al expresidente Danilo Medina, no a dirigentes conocidos del Partido de la Liberación Dominicana.
Y en el más reciente que ocupa la atención del país, es decir, el expediente Senasa, una simple identificación de los encartados permite concluir en que se repite el mismo patrón: los principales señalados no son políticos de militancia.
En consecuencia, si miramos los hechos con un sentido lógico y alejado de la intención de dañar a los partidos y sus dirigentes, podemos proclamar que los políticos profesionales, con formación en el servicio a la sociedad, con compromiso, no roban los fondos del erario. Ahí está la historia.
Por Isaías Ramos
Al despedir 2025 y abrir 2026, es fácil refugiarse en lo cómodo: deseos repetidos, frases bonitas, la ilusión de que todo cambiará solo porque cambia el calendario. Pero la República Dominicana no necesita otro brindis vacío. Necesita una sacudida de conciencia y un cambio de rumbo. Ese rumbo comienza cuando dejamos de mirar la política como un espectáculo ajeno y asumimos que la república —la casa de todos— se sostiene o se cae con la conducta diaria de su gente.
Durante más de tres décadas, una clase política dominante, reciclada en siglas, alianzas y narrativas, ha contribuido a degradar la vida pública. Se normalizó el privilegio. Se hizo costumbre la trampa. El clientelismo dejó de ser excepción y se volvió método. La impunidad dejó de ser temor y se volvió expectativa. El Estado, demasiadas veces, dejó de ser instrumento del bien común para convertirse en botín, refugio o escalera personal. Cuando lo público se vuelve mercancía, el daño deja de ser un asunto de élites y se convierte en una fractura moral, social y espiritual.
No se trata de negar que existan servidores públicos honestos ni ciudadanos decentes. Precisamente por ellos —y por los jóvenes que merecen un país digno— no podemos resignarnos. Los datos aportan contexto a una percepción extendida: el Índice de Percepción de la Corrupción 2024 asigna a la República Dominicana 36/100 y la ubica en la posición 104 de 180 países. El Rule of Law Index 2025 del World Justice Project sitúa al país en el puesto 76 de 143, y en el factor “Ausencia de Corrupción”, en 90 de 143.
La experiencia cotidiana confirma esa brecha. El trámite que solo “camina” por la vía indebida. El contrato opaco. El expediente que duerme. La sanción que nunca llega. Ese desgaste produce algo peor que el enojo: produce resignación. Y cuando una sociedad se resigna, la corrupción no se frena; se perfecciona. Así es como una república se vacía por dentro, aunque conserve su nombre y sus símbolos.
La historia política lo ha advertido con claridad: cuando los ciudadanos se repliegan en el interés personal y abandonan la vida pública, el Estado se debilita y queda a merced de los peores. Cuando un pueblo ama su país, respeta las leyes y vive con sobriedad cívica, es posible avanzar hacia el bienestar compartido. Cuando se instala la indiferencia, el interés particular aísla y la república se convierte en un cascarón.
Si 2026 será un año de esperanza, esa esperanza no puede ser pasiva. Tiene que ser esperanza disciplinada: la que mira el abismo, lo nombra y aun así decide construir un puente. Ese puente se llama Constitución. No como símbolo ceremonial, sino como norma viva. El artículo 6 establece su supremacía y declara nulos los actos contrarios a ella. El artículo 7 nos define como Estado Social y Democrático de Derecho. El artículo 8 fija como función esencial del Estado proteger los derechos de la persona y respetar su dignidad.
Honrar la Constitución no es citarla: es vivirla. Es aceptar que no puede haber Estado de derecho con corrupción estructural; que no puede haber democracia con clientelismo; que no puede haber justicia con privilegios. Honrar la Constitución es convertir el servicio público en honor y no en negocio; proteger el dinero del pueblo como sagrado; poner el mérito por encima del padrino; transparentar compras, obras y nombramientos; y asegurar consecuencias reales a quien robe lo común. Esa es la frontera entre república y fachada.
Por eso, en 2026, el Foro y Frente Cívico y Social debe reforzar en todo el territorio nacional un despertar de conciencia sostenido y pacífico que convierta indignación en organización y esperanza en disciplina. No se trata de incendiar el país; se trata de iluminarlo. No de sustituir instituciones, sino de obligarlas a cumplir su rol constitucional con presión cívica legítima.
La ruta es concreta y verificable: formación cívica territorial, veeduría social continua y defensa constitucional práctica, acompañando denuncias, dando seguimiento público a los casos y exigiendo consecuencias sin selectividad.
Nada de esto se logra solo con organizaciones. Se logra con el ciudadano común. En esta semana de cambio de año, vale la pena asumir un pacto sencillo: renunciar a pagar sobornos, a pedir favores indebidos y a justificar privilegios; comprometerse a informarse antes de opinar, a exigir rendición de cuentas en lo local y a participar más allá del voto. Un país cambia cuando cambia lo que su gente considera “normal”.
Imaginemos, con realismo, la nación que podemos construir si ese giro comienza: una donde no se necesita padrino para un servicio; donde un contrato público no es lotería para unos pocos, sino obligación transparente; donde el funcionario teme más a la justicia y a la vergüenza pública que a la pérdida del cargo; donde el joven respeta al competente y no admira al tramposo. Que Dios —y la conciencia despierta de cada dominicano— nos guíe y nos exija verdad, justicia y rectitud; que el amor a la patria sea conducta diaria; y que la defensa de la libertad sea nuestro sentir y nuestro hacer.
Cerramos 2025 con una verdad incómoda: hemos permitido demasiado. Abrimos 2026 con una verdad poderosa: todavía estamos a tiempo. Honrar la Constitución o perder la República: esa es la elección de nuestro tiempo. Salvemos la patria.
¡Despierta RD!
