Opinión
Implicaciones de las guerras y masacres de EEUU decadente en un mundo a la deriva
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9 meses agoon
Por Narciso Isa Conde
El aferramiento a la guerra, a la violencia y al terror de estado, es propio de la decadencia de los grandes imperios.
Esa es la historia de todos ellos, los cuales siempre sustituyen su real declive con la imagen de su otrora fortaleza y lo expresan en mayor agresividad.
Trump es un alto exponente de esa fantasía en el escenario de la era digital, del imperio de la post verdad, en un mundo caotizado y desde un país donde el neofascismo suplanta su orden institucional.
EEUU se acaba de meter en una guerra de la que le será difícil salir sin recibir una gran derrota política. Ya Israel está prácticamente derrotado y su amo lo está sustituyendo con alto riesgo de fracasar.
EEUU pierde cada vez más el apoyo mundial y tiende a convertirse en un Súper Estado paria, aislado; que además entra en una crisis de pérdida de apoyo interno y tendencia a la ingobernabilidad.
El tiempo de la caída es impredecible, pero esa es su ruta. No tiene forma de salir airoso como imperio, de una cadena de guerras que viene perdiendo y que en su demencia senil ha decidido reiterar en otro espacio mundial.
Por eso, ante cada revés Trump se la pasa haciendo trucos y dando informaciones falsas, como la más reciente de un falso cese al fuego entre Israel e Irak, con lo que procura presentarse como pacifista después de agredir y fracasar.
Con esa falsa noticia quiere aparecer como neutral entre Israel e Irán, para luego presentar a Irán como enemigo de un acuerdo de cese al fuego y de paz, que nunca existió; mientras a la vez persigue ganar tiempo para nuevos ataques.
· Dos farsas ridículas en medio de la ruta hacia otra derrota.
Es una farsa ridícula proclamar que agredir militarmente un país soberano y con dignidad demostrada, es el camino de la paz, más cuando los ataques a las instalaciones sobre el enriquecimiento de uranio no posibilitan varíar la actual correlación de fuerza militar entre Irán e Israel.
Pero, además, Irán, Rusia y no pocos expertos en la materia, han fundamentado el criterio de que esos bombardeos estadounidenses no tienen poder para perforar la cortina de protección establecida con cooperación tecnológica rusa; amen de la retirada preventiva de material y tecnología sensible.
Otra farsa ridícula, que duró poco en desinflarse, es el acuerdo del cese al fuego falsificado.
Irán demostró que tiene capacidad para derrotar a Israel y tiene con que responderle a la agresión de EEUU; y ya comenzó a hacerlo, golpeando con más fuerza a Israel y bombardeando simbólicamente las bases militares estadounidenses ubicadas en el Oriente Medio, para demostrar que puede hacerlo de verdad.
Irán tiene capacidad para empantanar y desgastar a EEUU en esa guerra y cuenta para ello con aliados poderosos y consecuentes. China y Rusia sobresalen.
China y Rusia no pueden dejar de ser solidaria con Irán, cuando además tienen importantes enclaves de cooperación en territorio iraní; y China sabe lo que significa Irán en una ruta comercial de su alto interés.
Con Israel prácticamente derrotado, a EEUU y al régimen de Trump solo le queda replegarse y perder a Israel Sionista, admitir en consecuencia una gran derrota política, o escalar la guerra contrs Irán para terminar con una derrota militar peor que todas las anteriores en un plazo más largo.
En otro plano, la resistencia palestina e islámicas ha recibido una valiosa solidaridad de Irán y ella ha resultado de doble vía, con poder de retorno en los combates de Huties, Hamas, Hebolag. Yemen, en Gaza, Cisjordania, Siria, Líbano…y en toda la región.
Pakistán ha dicho que si Israel emplea armas nucleares respaldará a Irán usando las propias contra Israel, mientras Qaatar y Arabia han anunciado un respaldo endeble y asumido una actitud sumamente ambigua.
Irán ha demostrado que tiene capacidad para seguir golpeando a Israel, atacar las bases militares yanquis de esa zona y bloquear el estrecho de ORMUZ, por donde pasa el 20% de la producción petrolera mundial. Ya decidió hacerlo.
Palestina tiene un apoyo mundial impresionante, incluyendo en los países europeos que suministran armamentos a Israel y en la propia geografía estadounidense.
Ni Irán, ni Palestina, ni Rusia, ni China, ni Cuba, ni Venezuela, ni Nicaragua, ni los BRICs ni los pueblos en lucha por su autodeterminación, están solos.
Todos –convertidos en blancos de ataque de EEUU- confluyen y van conformando un torrente o gran bloque incontenible hacia un mundo multipolar y un nuevo orden mundial que, si los pueblos oprimidos persisten en la defensa de sus derechos y soberanía, podría superarse definitivamente el coloniaje y ser bastante distinto al que hemos vivido y sufrido durante siglos.
UN MUNDO, UNA SUPERPOTENCIA Y MUCHOS PAÍSES MANIPULADOS DESPÓTICAMENTE.
Ese torrente adverso a EEUU y al imperialismo occidental opera en un mundo a la deriva, sin normas, sin un orden internacional que ampare sus justas demandas; enfrentado al sistema imperialista que ha dominado y oprimido a la humanidad por siglos con una fuerte impronta despótica y se resiste a perder.
· RD: país alineado a lo peor y al fracaso.
Claro, a ese torrente, el Estado dominicano, bajo un régimen ultra neo-colonialista, con un gobernador de colonia al frente del gobierno y con sus valiosos recursos mineros y su formidable patrimonio natural bajo custodia del Comando Sur, ni siquiera se asoma.
El seudo-presidente Abinader y su Canciller Roberto Álvarez, designado por la Casa Blanca, se han colocado del lado de los Estados Terroristas y genocidas de Israel y EEUU; mientras el Ministro de Defensa viajó a Washington en momentos del ataque estadounidense a Irán, a poner a las órdenes del Pentágono las “poderosas” fuerzas armadas dominicanas y su “modernísimo arsenal”, propias del país “más próspero y desarrollado” de su “patio trasero”.
Esperemos que los tres encabecen la “fuerza de tarea” que acompañarán las respectivas derrotas de Israel y EEUU en el Oriente Medio y que no pongan –como hacen siempre los capos del lacayismo- sus traseros en remojo.
Como fieles lacayos del imperio en decadencia, les corresponde -amarrados por el “pichirrí” desde la Casa Blanca, la CIA y el Comando Sur- ser leales hasta el final a los “mata niños/as” y masacradores de seres humanos y países, y pasar a la historia como traidores a nuestra patria, a su origen árabe en el caso de Abinader, y a los pueblos que luchan por sus derechos y su dignidad.
Vale destacar que decisiones tan graves han sido tomada por Luis Abinader como si se tratara de un monarca, porque aquí hace tiempo que la democracia es un mito, es pura plutocracia y partidocracia, corruptas por demás.
Pasa igual con todos los gobiernos serviles del continente.
· Un mundo y un gendarme mundial cada vez más despóticos.
Ahora bien, en materia de institucionalidad y normas de convivencia pasa lo mismo al interior de EEUU y en el mundo de la civilización burguesa occidental.
En ambos casos, la institucionalidad que existió se fue a pique, se la tragó la crisis.
La ONU es un cadáver.
La Corte Penal Internacional u otras entidades perdieron su capacidad para hacer respetar sus decisiones.
En EEUU hace rato que Trump gobierna por decreto.
En muchos casos la democracia liberal y el capitalismo con cierta apertura democrática son pura ficción, a lo sumo buenos disfraces.
De poco sirve apelar en este mundo y en los EEUU de hoy a esa institucionalidad degradada.
En EEUU el neofascismo ha ganado demasiado terreno en todos los bandos tradicionales.
Y en el mundo la transición hacia la multipolaridad todavía no hay todavía normas ni reglas de juego claras. No se ha podido institucionalizar en medio de una accidentada transición inconclusa.
Ese desafío está pendiente.
Ahora todo depende de la correlación en el terreno de lo civil y de lo militar, procurando en lo posible impedir la gran catástrofe termonuclear que ya amenaza.
En eso, China y Rusia tienen un gran reto, dado su gran poderío militar, sobre todo si logran inteligentemente asumirlo como eficaz medio de disuasión frente a EEUU.
· Multipolaridad y creación de lo nuevo.
La verdad es que las fuerzas alternativas a un sistema imperialista occidental en acelerada decadencia y descomposición va tomando cuerpo y energías para constituirse en una compleja diversidad que posibilite establecer un nuevo orden mundial, cuyas características y normativas no está totalmente prefigurada ni serán definitiva, en tanto la dialéctica contradictoria capitalismo-socialismo seguirá pendiente de solución en ese nuevo escenario.
En un periodo tan trascendente, nuestro país sigue atado a lo peor y podría por ello sufrir graves consecuencias sino no rompe a tiempo las amarras.
Es un deber de nación y de pueblo oprimido desatarnos de ese yugo y asumir resueltamente nuestra autodeterminación como país y como sociedad.
Por José Cabral.
Es muy bonito escuchar por la televisión y todos los demás medios de comunicación el tema de los derechos fundamentales, cuya realidad envía un mensaje distinto.
En más de una ocasión he planteado el serio problema en que está atrapada la sociedad dominicana en el contexto del sistema de justicia nacional.
Lo primero es que nadie, absolutamente nadie, respeta como debe ser la justicia constitucional, ni siquiera las cortes que tienen la misión de velar por ella mediante los recursos extraordinarios para la preservación y respeto de la constitución.
El primer ejemplo de lo que ocurre con la violación de la Constitución y con el no respeto de los derechos fundamentales, tanto a nivel del derecho interno como del externo, es la actitud del Ministerio Público, el cual destina al zafacón las denuncias y querellas presentadas por aquellas personas humanas víctimas de robos, asaltos a mano armada y de una gran variedad de actos delincuenciales.
El asunto es tan grave que cuando las victiman reclaman resultados de sus querellas o denuncias el fiscal procede con un archivo definitivo en virtud de lo que dispone el artículo 181 del Código Procesal Penal, pero peor aun cuando el perjudicado decide someter un recurso de objeción ante el juez de Instrucción, el cual regularmente lo que hace es ratificar lo decidido por el Ministerio Público.
En este caso no importa la violación que cometa el fiscal que ha manejado el caso, lo cual se constituye en una violación de la tutela judicial efectiva, el debido proceso y el derecho a la defensa, consignados en los artículos 68 y 69 de la Constitución.
Pero la cuestión se complica cuando hay que acudir mediante un recurso contencioso administrativo por las constantes y graves violaciones de los derechos de los administrados, cuyo desempeño de los jueces de esta jurisdicción, hermanita de padre y madre del derecho constitucional, actúa como una caja de resonancia del Procuraduría General Administrativa y ahora abogado del Estado.
Es frustratorio e imperdonable lo que ocurre en esta jurisdicción de la justicia, pero todavía la cuestión es mucho más preocupante con la emisión de una serie de sentencias que violentan los más elementales principios del derecho constitucional.
Sin embargo, lo más deprimente es cuando se somete un recurso de casación ante la Suprema Corte de Justicia, cuyo fallo se produce cuando ya los justiciables han muerto o de revisión de una acción de amparo o de una decisión jurisdiccional ante el Tribunal Constitucional, en cuyos órganos se concreta la expresión de que justicia tardía es justicia denegada, dado que los casos son decididos hasta 2, 3 y hasta 4 años después de haberse sometido.
Voy seguir con el tema, pero lo que he dicho hasta este punto indica que la Constitución dominicana y el neo-constitucionalismo que tanto se pregona es una forma de que el país esté a la moda con esta corriente, pero que la realidad está más asociada con la herencia histórico cultural del pueblo dominicano, en la que prevalecen una serie de antivalores como el amiguismo, el machismo, el patriarcado y el caudillismo, entre otros.
Sólo el pueblo dominicano puede superar la sociedad de las cavernas en que nos tienen sumergidos los partidos políticos y otros actores de la democracia de papel que se ha impuesto en la República Dominicana.
Opinión
¿Ignorancia constitucional o rebelión institucional?
Published
1 semana agoon
marzo 8, 2026Por Isaías Ramos
¿Puede el Congreso aprobar una ley que contradiga, en la práctica, una sentencia vinculante del Tribunal Constitucional? Esa es la pregunta que hoy enfrenta la República Dominicana tras la aprobación en primera lectura en el Senado de un proyecto que eliminaría las candidaturas independientes.
Más allá de las diferencias políticas que puedan existir sobre el modelo electoral, lo que está en discusión es algo mucho más profundo: el respeto a la Constitución de la República Dominicana, a los derechos políticos de los ciudadanos y a las decisiones vinculantes del máximo órgano de control constitucional del país.
En diciembre de 2024, el Tribunal Constitucional declaró inconstitucionales diversas disposiciones de la legislación electoral que imponían trabas desproporcionadas a las candidaturas independientes. La decisión procuró garantizar que el derecho de los ciudadanos a elegir y ser elegidos no quedara condicionado exclusivamente a la estructura de los partidos políticos.
Sin embargo, lo ocurrido en el Congreso parece avanzar en dirección contraria. La aprobación de un proyecto que, en la práctica, eliminaría las candidaturas independientes plantea un choque evidente entre la voluntad legislativa y una sentencia vinculante del máximo intérprete de la Constitución.
La gravedad del momento institucional se acentúa aún más cuando se observa que la decisión fue adoptada de manera prácticamente unánime por los senadores. Resulta legítimo preguntarse si todos los legisladores han reflexionado plenamente sobre el alcance constitucional de la decisión adoptada o si estamos ante una reacción política frente a una sentencia que algunos sectores preferirían ignorar.
Algunos constitucionalistas, como Eduardo Jorge Prats, han descrito esta reacción como una “rabieta institucional hiperpartidista disfrazada de defensa de los partidos”. Más allá de la dureza de esa expresión, la advertencia merece una reflexión seria. Cuando las decisiones de un tribunal constitucional comienzan a ser relativizadas o neutralizadas mediante decisiones políticas, el equilibrio institucional de una democracia empieza a resentirse.
La Constitución dominicana es clara en este punto. El artículo 6 establece que todas las personas y los órganos que ejercen potestades públicas están sujetos a la Constitución. El artículo 68 dispone que corresponde al Estado garantizar la efectividad de los derechos fundamentales; no basta con reconocerlos en el texto constitucional, es necesario hacerlos posibles en la realidad. El artículo 73 establece la nulidad de pleno derecho de los actos contrarios a la Constitución. El artículo 74 consagra el carácter progresivo de los derechos fundamentales. Y el artículo 184 reconoce al Tribunal Constitucional como el órgano encargado de garantizar la supremacía de la Carta Magna.
A la luz de esos principios, la iniciativa aprobada en primera lectura adquiere una dimensión particularmente sensible para el orden constitucional. Lo que está en juego es una posible tensión institucional con el Tribunal Constitucional si una ley terminara reproduciendo, en la práctica, las mismas restricciones que el propio tribunal declaró inconstitucionales. Una situación así podría tener consecuencias graves para el orden constitucional.
El artículo 68 de la Constitución no es una disposición abstracta: es la garantía de que los derechos fundamentales tengan contenido real y efectivo. Cuando el Estado limita injustificadamente vías de participación política, no solo restringe un derecho; también debilita la confianza del ciudadano en las instituciones llamadas a protegerlo.
Este no es un debate sobre simpatías o antipatías hacia las candidaturas independientes, ni sobre la importancia de los partidos políticos. Los partidos son pilares fundamentales de la democracia. Pero reconocer su importancia no significa convertirlos en los únicos canales posibles de participación política. La democracia dominicana debe abrir puertas al ciudadano, no cerrarlas.
Si la Constitución reconoce derechos políticos a los ciudadanos, surge entonces una pregunta de fondo: ¿quién puede legítimamente restringirlos? Los derechos políticos pertenecen al pueblo dominicano. Los partidos son uno —pero no el único— de los canales para ejercerlos.
Las democracias se sostienen sobre un principio simple pero esencial: la Constitución es la norma suprema del Estado y todos los poderes públicos están sometidos a ella. Cuando ese principio comienza a relativizarse, la confianza institucional se erosiona y el sistema democrático se vuelve más frágil.
Nuestro deber como nación —y particularmente de quienes ejercen responsabilidades públicas— es proteger la Constitución incluso cuando hacerlo resulte incómodo o políticamente inconveniente. El respeto al orden constitucional no es una opción circunstancial: es la base misma sobre la cual descansa la estabilidad institucional de la República.
La estabilidad democrática que hoy disfruta la República Dominicana no es un accidente histórico. Tampoco ha sido un proceso perfecto: a lo largo del tiempo ha habido episodios de indiferencia frente a los deberes y mandatos constitucionales. Pero precisamente por esa experiencia acumulada sabemos que debilitar las reglas del juego institucional solo aumenta los riesgos para el orden democrático en un mundo marcado por crecientes tensiones geopolíticas y desafíos globales.
Desde el Foro Cívico y Social y el Frente Cívico y Social creemos firmemente que aún hay espacio para la reflexión institucional. Por ello hacemos un llamado respetuoso pero firme a los honorables senadores para que, antes de la segunda lectura de este proyecto, revisen con serenidad el alcance constitucional de la decisión que se está tomando.
También está en juego el mensaje institucional que el Congreso envía al país. Cuando un poder del Estado parece actuar en contradicción con la Constitución o con una sentencia vinculante del Tribunal Constitucional, el mensaje hacia la ciudadanía y hacia las instituciones públicas es institucionalmente delicado.
En una democracia constitucional, los derechos políticos del ciudadano no dependen de la voluntad de los partidos ni de las mayorías circunstanciales del Congreso. Dependen de la Constitución. Porque cuando una democracia olvida que la Constitución es su límite, no se debilitan los partidos: se debilita la República.
Despierta RD!
(Primera entrega)
Por Oscar López Reyes
Las costumbres, creencias y valores tradicionales pierden incidencia colectiva o se están esfumando, igual que la rigidez en la gobernanza de la democracia representativa/liberal; se dispersan en el descrédito y desarticulan organizaciones socio-comunitarias y sus líderes más experimentados. La vieja ciudadanía y la identidad cultural se desgastan en su funcionalidad y legitimidad, y no por casuística.
Las instancias del poder típico y clásico han menguado, y las voces que antaño repercutían con resonancia se apagan en el anclaje del paisaje de la individualización, el aislamiento y la fatiga, porque en la globalización y el necrocapitalismo se satisfacen pírricamente los deseos y aspiraciones comunales. Al unísono, esta nueva dinámica ha reducido la lucha de clases y puesto en jaque el viejo discurso político y los lances episódicos y coyunturalistas.
Visualicemos 10 componentes claves de las añejas estructuras del dominio y los procesos neodemocráticos:
1.- Crisis paternal y profesoral. Los jefes del hogar y la escuela han perdido autoridad, haciendo descansar las influencias de infantes y adolescentes en amistades de estos y en los dispositivos electrónicos, que desconcentran y aíslan. Esos tutores no les fijan límites razonables, en una permisividad aupada por el temor al autoritarismo y a la culpabilidad (“crianza culposa”). La fragilidad en el mando de los docentes radica en el escaso respaldo familiar, el decaimiento de algunos padres hacia sus hijos y su desarmonía con las nuevas tecnologías.
2.- Los partidos de masas. Las organizaciones políticas legendarias/rutinarias de alta afiliación han devenido en flácidas estructuras orgánicas, con una militancia con una pobre formación ideológica. Sus características principales son la personalización de su liderazgo en la obsolescencia e inadaptación en un contexto societario en constante cambio, la búsqueda energúmena de cargos públicos y beneficios particulares, la incursión en actos delictivos, como la corrupción, la descomposición, la escasa lealtad y las exigencias monetarias. Esos agravios se han traducido en inercia, estancamiento y en endeble suficiencia de esos partidos para movilizar a los conglomerados.
3.- Los partidos de izquierda. La atomización y decadencia del sistema de agrupaciones de izquierda tiene su raíz en el enclaustramiento a los principios invariables de la Revolución Bolchevique comandada por los reverenciados ideólogos comunistas Vladimir Lenin, León Trotsky y José Stalin (Rusia, 1917), que conduce a la negación de los cambios, o sea, a la resistencia inconsciente a la readecuación a los nuevos tiempos hegemonizados por el marketing y las alternativas populistas nacionalistas. El progresismo no aprovecha la crisis de la plutocracia librecambista, se estanca y retrocede porque tampoco satisface las aspiraciones de la mayoría. Con su dogmatismo divisionista, la izquierda no se amolda a las conversiones, ni responde a desafíos contemporáneos, como la equilibrada, emergente y ascendente República Popular China.
4.- Los grupos estudiantiles. Recrean en la penumbra de la reminiscencia los movimientos estudiantiles de liceos secundarios y la Universidad Autónoma de Santo Domingo (UASD) de las décadas 1960-1980, cuyos miembros y simpatizantes salían a las calles a movilizarse -con quemas de neumáticos y enfrentamientos con agentes de la Policía Nacional- por reivindicaciones académicas y el respetado a las libertades públicas y los derechos humanos. Han sido empequeñecidos y diezmados por la hegemonía del modelo mercantilista neoliberal, la vigencia democrática, la minimización de la izquierda y el predominio del egocentrismo.
5.- Los gremios de empresas. La afiliación sindical está en declive por la disminución de las grandes industrias manufactureras y la automatización tecnológica, que reduce empleos, mejora calidad y aumenta la productividad; el anarcosindicalismo, la percepción de corrupción y la politización de los gremios. Ahora una laptop tonifica con más utilidad que un sindicato.
6.- La gobernanza estatal. La jurisdicción del presidente de la República mengua, por los reclamos de la opinión pública en sociedades democráticas, la vigencia del estado de derecho, las imposiciones de organismos internacionales y los grupos de intereses. Asimismo, la influencia y el poder de funcionarios del Estado se ha limitado (no eliminado) por la implementación de normativas contra sobornos en licitaciones y adquisiciones, la prohibición de doble cargo remunerado, los contubernios y negocios asociados, la reducción de gastos operativos y otros relativos a los procesos de transparencia, y por temores a las denuncias públicas (los desfalcos y peculados son más conocidos) y a los enjuiciamientos judiciales.
7.- La prensa tradicional. Eleva su grado de credibilidad y se reinventa en novedosas esferas, pero desperdicia audiencias y protagonismo por el advenimiento de la internet. También les perforan las redes sociales y la gratuidad de otras plataformas digitales, que son preferidas por los nuevos usuarios, especialmente los jóvenes.
8.- Los militares y policías. Los ciudadanos respetan cada vez menos a los cuerpos policiales y castrenses, que han erosionado su confianza por sus arbitrariedades, la prevaricación y gangrena, la complicidad con crímenes y su incompetencia para afrontar la desbordada delincuencia sistémica. Están siendo frenados por las denuncias ciudadanas y los rollizos esfuerzos de las autoridades oficiales, como las reformas institucionales.
9.- Las masonerías y los clubes culturales. Se estropean y desvanecen las entidades extremadamente cerradas, restringidas, desactualizadas, monótonas y sin presupuestos, como las logias masónicas y los clubes culturales. Por el contrario, las religiones se transforman y crece la espiritualidad, con prácticas como el yoga/meditación, adaptadas a estilos de convivencia flexibles, abiertos, individualistas y globalizados.
10.- Las ligas campesinas. Décadas atrás, comunidades rurales bullían de efervescencia, en intensas jornadas de lucha –que cobró vidas humanas- por la Reforma Agraria, motorizadas por núcleos de agricultores sin tierra. Hoy las ligas agrarias son debiluchas, y perecen. Ese declive brota dispersión e ineficacia para organizarse y proteger su producción, así como la emigración a las ciudades del país y el exterior. También han apaciguado el descalabro de la izquierda y el tráfico y lavado de dinero con la venta de predios.
Como se constata en las descripciones y razonamientos predichos, en la Nueva Era de trabajos digitales, computación cuántica e inteligencia artificial, líderes políticos, socio-comunitarios y organizaciones de pelajes dispares no se han remozado en perspectivas de las otras expresiones ciudadanas y paradigmas emergentes en el hogar, la escuela y los cantones geográficos. Su morfema léxico se fue a pique.
Inequívocamente, no han comprendido que las ideas y potestades ya no se imponen únicamente con la coacción o coerción, sino con el diálogo tolerante, la cercanía con discursos moderados e inclinando el pandero en otros espacios de socialización. Si persisten obstinadamente sin girar gradualmente hacia metas prioritarias y alcanzables en el corazón de esas mutaciones societales, las viejas estructuras organizacionales seguirán carcomidas en el aislamiento, por el derrotero de la desarticulación sin retorno. ¡Qué adversidad!, ¡qué lamento!, y ¡qué calamidad!
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El autor: Periodista, escritor y catedrático.
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