Desde hace algunos años que los hijos y nietos de personajes siniestro para la historia nacional y de un pasado que marca muy negativamente a la República Dominicana buscan reeditar conductas y un legado que no augura nada bueno para el país.
En ese contexto hay una serie de jóvenes físicamente, pero muy viejo de pensamiento, ya que sólo saben repetir conceptos que no tienen nada que ver con sus reales sentimientos y conocimientos para tener un rol dirigencial en un país resquebrajado por la mala gestión de personajes siniestro para la historia nacional.
En esta tesitura habría que ubicar a Omar Fernández, quien es mencionado por algunos como posible futuro candidato presidencial, sobre todo después de haber triunfado en la senaduría del Distrito Nacional.
Omar, hijo de Leonel Fernández, parece incurrir en el mismo error de su padre de mantener una pose que no tiene nada que ver con la verdad, ya que su progenitor gobernó a la República Dominicana durante tres periodos y con intenciones de volver a la administración de la cosa pública, quien no sólo tiene una deuda económica con el pueblo dominicano, sino también ética y moral porque fue la pieza clave para sumergir el país en el llamado neoliberalismo salvaje y de esa manera acabar con las riquezas económicas producto de la corrupción del dictador Rafael Leonídas Trujillo, entre otras.
Este joven político, que parece moverse bien en las redes sociales, pero con poses e incluso simulaciones de que conoce la situación nacional, no es más que un muchacho seriamente comprometido con los intereses de su padre, que no son los mejores, el cual ha logrado embotellarse muy bien términos y conceptos que él no bien entiende.
Así lo hizo durante el debate con Guillermo Moreno, cuyo mal desempeño de este político, lo posesionó para derrotar al partido de gobierno en la tal vez la plaza más importante del Distrito Nacional, lo cual ahora usa como arma para continuar su marcha hacia una dirección del Estado que no augura nada nuevo por venir de un hombre como Leonel que si bien es un sofista, tiene además muchas cosas pendientes que explicarle al país.
Este periódico lo ha planteado en reiteradas ocasiones que los jóvenes viejos no garantizan el cambio, sobre todo institucional, amén de tampoco en lo ético y lo moral, porque tienen un compromiso con el pasado que los convierte en viejos de ideas y de compromisos con el futuro, porque no creen verdaderamente en el porvenir y sólo persiguen preservar el legado de sus ascendientes.
Todo el país recuerda el discurso de Leonel Fernández cuando asumió la presidencia de la República, pero que algunos años después asumió un compromiso irrenunciable con la corrupción, quien a nivel del discurso tiene solución para todos los problemas nacionales, aunque en realidad no resuelve nada.
Entonces, en ese espejo hay que ver a prácticamente todos los hijos de los que fueron a la administración y no sólo se enriquecieron desde el Estado, sino que además promovieron la creación de una casta política que constituye una continuación de la desgracia nacional.
El pueblo dominicano ha dejado claro con su precaria participación en las elecciones municipales, las presidenciales y las congresuales, caracterizadas por un alto de nivel de abstención, de que el Estado debe ser un instrumento para mejorar los niveles de institucionales de la nación y para eliminar los bajos índices de pobreza, educación y salud de las amplias mayorías nacionales.
Los hijos de estos políticos, algunos ya en el ocaso de sus vidas, se apoyan en las redes sociales para vender una imagen que no tiene nada que ver con el mejor futuro del país, porque la realidad es que al final de la jornada pesan más los intereses que comprometen a sus padres y abuelos que los de la patria.
En ese contexto, no sólo se encuentra Omar Fernández, sino además otros jóvenes que han entrado al ruedo político para conseguir dinero fácil y continuar las andanzas de sus progenitores, los cuales tienen serios compromisos con la corrupción administrativa y podría decirse con el camino equivocado a que ha sido conducido el país.
En ese tenor, los dominicanos deben entender que juventud física o biológica no implica de ninguna manera una visión nueva de hacer política, sino muchas veces de darle continuidad a los vínculos dejados por sus padres y abuelos con lo mal hecho y la sustracción del patrimonio nacional.