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Opinión

La soberanía: Ni se patea ni patalea

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Por Rosario Espinal

ROSARIO-ESPINAL-200x3001111111El desafío argumentativo consiste en ser coherente, el humano en ser justo, y el jurídico en apegarse a la ley. Cuando estos desafíos marchan por caminos diferentes, la difícil tarea humana de convivir se complica aún más y se propagan los argumentos errados.

Durante el último siglo, los gobiernos dominicanos no debieron permitir la migración ilegal haitiana, pero más pudo el afán de lucro que la previsión de los problemas sociales que derivarían de ella.

Trujillo y Balaguer trajeron haitianos a los bateyes porque la mano de obra era barata, y en su miseria, esos trabajadores estaban dispuestos a realizar trabajos duros. Ambos denigraban los haitianos, pero los usaron para beneficio económico y para elevar con simulacros la dominicanidad que ellos herían constantemente con su despotismo. Si hay que buscar culpables del tollo migratorio actual, hay que comenzar con ellos, porque después de la Independencia y la Restauración, la nación dominicana quedó establecida con soberanía de Haití y España.

Con posterioridad al dúo Trujillo-Balaguer, todos los gobiernos dominicanos han permitido la migración ilegal de haitianos para beneficio empresarial, y de vez en cuando, arman un alboroto nacionalista con el discurso de que otros países, organismos internacionales y algunas ONG obligan al Gobierno dominicano a acogerlos. Con este falso argumento patean la soberanía dominicana y hacen un flaco servicio al país. Nadie, absolutamente nadie, obligó el Gobierno dominicano a traer los obreros haitianos. El Gobierno lo hizo solito a cambio de grandes ganancias económicas, aunque ahora las llamadas fuerzas nacionalistas pataleen por la soberanía que no han protegido.

Que quede claro, los gobiernos dominicanos han permitido la migración haitiana para la explotación, no por imposición extranjera. Los trabajadores haitianos fueron aceptados como válidos en la agricultura y la construcción, aunque muchos nunca recibieran documentos oficiales de identificación, ni tampoco sus descendientes.

La mayoría de los dominicanos concuerda en que la migración haitiana constituye un serio problema social para República Dominicana, y hay razones válidas para la preocupación. Las diferencias radican en cómo abordar la desorganización migratoria y el estatus de los descendientes de inmigrantes indocumentados.

Cuando la Suprema Corte de Justicia en 2005, y ahora el Tribunal Constitucional, reinterpretaron la Constitución, poniendo a los hijos de inmigrantes indocumentados nacidos y criados en República Dominicana en un categoría similar al de personas “en tránsito”, recurrieron a un razonamiento ilógico desde el punto de vista jurídico, histórico y humano, y eso debilita la soberanía.

La República Dominicana es un país pequeño, con una economía abierta y altamente dependiente de Haití para la mano de obra barata y la exportación de productos. Entonces, ¿qué persigue el gobierno con el mal manejo de la cuestión migratoria?

La comunidad internacional estaría del lado de República Dominicana si existiera realmente una política coherente y justa de control migratorio. Lo que no puede hacer el país es sostener un sistema de súper-explotación laboral, y a la vez, negar derechos a la comunidad migratoria y a sus descendientes.

La controversia que ha generado la Sentencia TC 168/13 se debe a que unos desean declarar extranjeros en base al criterio de “transitoriedad” e “ilegalidad” a personas que nacieron y se criaron en República Dominicana, mientras otros consideramos que a esos nacidos y criados en territorio dominicano les corresponde la nacionalidad dominicana por las disposiciones constitucionales dominicanas anteriores a 2010, y porque la misma Constitución de 2010 garantiza derechos previamente adquiridos.

La soberanía nacional se construye con coraje, justicia e ideales nobles, no pateando derechos humanos ni con pataleos nacionalistas que denigran la dominicanidad y crispan la nación.

 

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Opinión

A Macarrulla le buscaron un bajadero, a Fulcar un edulcorante

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Por Melvin Mañón

La gente en las redes no ha tenido piedad con el Presidente Abinader. Esperaban una destitución pura y simple, sin atenuantes.

Saben que ya no es Ministro de Educación pero su gestión fue tan mala y tan corrupta que esa misma gente, ese pueblo no se conforma con la medida presidencial.

Aspiran a una investigación minuciosa de su gestión para proceder a su sometimiento.

Roberto Fulcar

Roberto Fulcar

Dicen “lo logramos” en las calles o mejor en ”las redes” como si el Presidente hubiera obrado en función del reclamo de sustituirlo y no por convicción propia.

Tomando en cuenta la cercanía de Fulcar al Presidente y considerando también su forma de actuar, cabe una dosis de comprensión e indulgencia.

Empero, una lección se deriva: la sociedad está alerta, inconforme y en ejercicio de ciudadanía.

A Macarrulla le buscaron un bajadero, a Fulcar un edulcorante. Hay que seguir la limpieza Presidente, de manera que la sociedad reclama. Usted actúa y el Ministerio Público investiga.

Funcionando así nos puede ir mejor.

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Opinión

¿Qué sigue con Roberto Fulcar?

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Por Elba García Hernández

Eran muy pocos los que se atrevían a advertir que Roberto Fulcar, un mentor de la candidatura presidencial de Luis Abinader, sería destituido como ministro de Educación.

De seguro que ni el propio Fulcar se hubiera creído de que sería cancelado de tan importante posición, ya que entendía  que se la había ganado como jefe de campaña del  candidato triunfante en las pasadas elecciones.

Pero no bien este hombre fue nombrado en ese cargo se encargó de proyectar su trasfondo, porque no eran pocos los que se quejaban de que no recibía a nadie.

Los propios perremeístas se preguntaban por qué el cambio tan radical que se había operado en quien ahora se comprueba que había ido con un proyecto muy personal al Ministerio de Educación.

Pero que nadie se llame a engaño porque son cientos los Roberto Fulcar que hay en el Gobierno a los que nada les sirve de escarmiento.

Lo más grave del problema es que la destitución de Fulcar constituye un golpe muy duro para el presidente Luis Abinader, ya que de seguro lo necesita para promover su reelección.

Y el presidente evidentemente que no lo ha abandonado del todo, dado que lo saca de Educación  ante el escándalo, pero entonces lo designa como Ministro sin Cartera.

Es decir, que podría afirmarse de  que no ha sido una cancelación, sino una remoción a pesar de las travesuras cometidas, siempre de acuerdo a lo que se ha descubierto.

La cruz tan pesada de Fulcar parece que el presidente la va a tener que llevar a cuestas con todo y sus consecuencias, porque no hay forma de desaparecerlo.

El pueblo dominicano ahora tendrá que soportar a Fulcar como Ministro sin Cartera sin rendir una función aparente, aunque tal vez pueda ser un buen asesor.

Quién sabe?.

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Opinión

¡Borrón del 62 al 2022!

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Por Narciso Isa Conde

La culpa no es de Antonio Tavera. El se fajó para que no fuera así… hasta que le doblaron el brazo.
Los rostros alegres y efusivos aplausos de balagueristas, perredeistas, peledeistas, perremeistas y sus sanguijuelas, se entienden perfectamente: la partidocracia corrupta obtuvo una victoria de gran envergadura, logrando la impunidad de las fortunas robadas durante los últimos 60 años, con la excepción de los 7 meses de Bosch y los 4 de Caamaño..

Su Congreso, al aprobar la no retroactividad de la ley que versa sobre la recuperación de lo robado, impuso un borrón del coño y su padre. Borró las cuentas viejas comprendidas entre 1966 y 2022. Y no sigo para atrás porque Trujillo, su familia y su claque se le confiscaron todas sus propiedades, gran parte de las cuales se la cogieron posteriormente funcionarios, oligarcas y generales.

El regocijo no es solo de la partidocracia. Es también del gran empresariado inescrupuloso que controla el CONEP, de los consorciados de ODEBRECH, las corporaciones transnacionales, del generalato criminal, las narco-mafias político-sociales y la PC-USAID. A mí y a los que pensamos parecidos no nos.

La culpa no es de Antonio Tavera. El se fajó para que no fuera así… hasta que le doblaron el brazo. Si algo de responsabilidad tiene es la de respetar (posiblemente a regañadientes) un orden constitucional, una mayoría congresual, un presidente y una embajada que no merecen respeto.

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