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Opinión

La súper-crisis capitalista y los cambios necesarios en nuestra América

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Por Narciso Isa Conde

La reestructuración neoliberal, el proceso de contrarreforma que la caracterizó, al tiempo de acelerar el empobrecimiento de los pueblos de nuestra América, generó una intensa y prolongada resistencia popular que no tardó en convertirse en ofensiva.

El continente se convirtió en escenario de una ola de cambios políticos progresivos y luchas ascendentes, combinación de reformas avanzadas y reformas limitadas y procesos hacia la revolución o con vocación revolucionaria.

Una ola desigual, donde cambios de corte netamente reformistas coexisten con cambios de mayor profundidad estructural y perspectivas revolucionarias; siempre con la crisis mundial del capitalismo presente y constantemente agravada hasta devenir recientemente en una crisis general de gran escala, que tiende a emplazar a gobiernos de derecha y a gobiernos de izquierdas en términos diferentes.

A los de derecha porque afecta gravemente su gobernabilidad.

A los de izquierda, o simplemente progresistas, porque se le plantea el dilema de profundizar los cambios hacia la revolución o de correr el riesgo de ser desplazados por las derechas, en tanto una crisis como ésta, sin respuesta superadora desde su interior, erosionaría aceleradamente su popularidad.

Crisis y Revoluciones

Las grandes crisis no son sinónimo de revoluciones. Ellas pueden tener distintas salidas en función de la correlación de fuerzas. Son solo grandes oportunidades para actuar en uno u otro sentido.

Ahora bien, esta crisis, que es el producto acrecentado de múltiples crisis, no tiene salida superadora dentro del capitalismo, sino contra el capitalismo.

El capitalismo puede perdurar si no hay salida revolucionaria.

Pero perduraría en crisis, generando caos, produciendo barbarie, creando inestabilidad en gran escala y deteriorando mucho más la calidad de vida de un número cada vez mayor de seres humanos.

Así pasó con sus recientes crisis de sobreproducción, canalizadas hacia el militarismo, la financierización, el deterioro del medio ambiente, la precarización del trabajo…hasta crear una gran crisis de sub-producción, hasta destruir parte de su cultura productiva, hasta agotar sus posibilidades de recuperación.

Y ahora, llegado este punto alto de la crisis sistémica, con la confluencia de múltiples crisis (financiera, inmobiliaria, alimentaría, urbanística, institucional, tecnológica, medioambiental, de producción…) es totalmente ilusorio pretender volver a un modelo keynesiano, recomponer estructuras productivas, generar reformas sociales avanzadas…dentro del sistema dominante.

La crisis del neoliberalismo es la crisis de lo que parece ser el único capitalismo posible después de desmantelado el modelo keynesiano (cuando se tornó decadente), después de fraccionarse y de intentar sobrevivir por la vía de las privatizaciones, las des-regulaciones, las áreas de libre comercio, la financierización, las burbujas y las especulaciones.

Es tarde al parecer para volver atrás. Ese pasado también hizo crisis y por eso el keynesianismo solo se emplea a favor del complejo militar industrial, para los «salvatajes» financieros, para socorrer las empresas en quiebras y para intentar recuperar las economías privadas que se hunden.

Revolución o Barbarie

La dialéctica reforma-revolución ahora se convierte en la dialéctica revolución o barbarie. El capitalismo no tiene posibilidad alguna de detener la barbarie y el caos que ha engendrado. El socialismo se torna mucho más necesario y pertinente.

Es impensable hoy un capitalismo reformador social, distribuidor de ingresos, creador de espacios más democráticos. Su dinámica es inversa a todo eso, porque ha entrado en su fase senil o decadente.

La supervivencia del capitalismo es inseparable de la contrarreforma. En su contexto se han agotado las reformas avanzadas del pasado.

El impacto de la crisis mundial sobre los gobiernos de izquierda o progresista solo puede contrarrestarse radicalizando los cambios hacia la revolución y la socialización. Solo así pueden evitarse los retrocesos y la derechización, cuyos protagonistas se aprovecharían y se nutrirían del descontento popular generado por el impacto de la crisis mundial.

Porque administrar esta gran crisis del capitalismo desgasta, aumenta la vulnerabilidad frente a las derechas opositoras y equivale a una especie de suicidio, abriéndole paso a una barbarie mayor.

Esta crisis nos convoca a impedir que el gran capital privado y la burocracia sigan captando, controlando y apropiándose los excedentes.

Convoca a luchar por arrebatarles a los ricos sus grandes ganancias y fortunas, para emplear los excedentes a favor de los (as) pobres del planeta.

Convoca al combate por superar todas las modalidades de explotación, opresión y discriminación (de clase, géneros, etnias, generaciones…) que son funcionales al capitalismo y al boato de las elites que lo administran.

Convoca a crear fuerza, conciencia y organización a favor de un socialismo participativo, autogestionario, democrático…, de la justicia social y de las transiciones revolucionarias que conduzcan a esa meta.

Artículo original publicado en el periódico El Nacional

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Opinión

Una época de grandes confusiones

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Por José Cabral

La República Dominicana ha entrado en una etapa en la que muchas veces no se sabe con certeza qué es mejor.

Muchas veces no existe la seguridad de si la opción es involucrarse en los problemas sociales y políticos del momento o mantenerse al margen, ya que hasta los que pregonan defender los mejores intereses de la nación, están llenos de resentimientos y se odian hasta a sí mismos.

El país está tan complicado que una gran cantidad de gente, más de la que cualquiera se pueda imaginar, está en contra hasta de ella misma.

Vive en una contradicción permanente y esa realidad es tal vez una de las principales retrancas para ayudar al país a salir de sus grandes problemas.

El asunto es más complejo de lo que cualquiera se pueda imaginar, cuya situación lleva a pensar que el país va por un derrotero preocupante.

Una salida lógica a la conducta equivocada de mucha gente tal vez sea mirar para otro lado y olvidarse de todas aquellas cosas que duelen y que llevan a pensar que el país no tiene una salida saludable, por lo menos por ahora.

Ello así, porque muchos malos dominicanos controlan las instancias desde las que se podrían hacer cambios que lleven a la nación a logros que puedan cambiarla a largo plazo.

Sin embargo, pasan los años y los resultados son peores, desastrosos.

El contenido de este articulo pudiera parecer una expresión de mucho pesimismo, pero es que la conducta de lo que parece ser una mayoría de la gente no es para menos.

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Opinión

¡Gracias a la vida!

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Por Narciso Isa Conde

¡GRACIAS A LA LUCHA POR DEFENDERLA!

“No es que estemos condenados a luchar, sino que luchamos porque queremos vivir”. La frase no es mía, sino de uno de mis maestros, Iñaki Gil de San Vicente, pero he decidido asumirla  como propia. No es para menos.

A este encuentro solidario asisto con esa convicción y con la frente en alto, decidido como siempre a  vencer desde la alegría que brota de nuestros ideales redentores, el dolor  del recuerdo de  los héroes y heroínas de la Patria y de nuestros seres queridos ya fallecidos; muy presente en los predios de esta UASD,  fragua de una camada de luchadores y luchadoras de alto calibre.

Decidido  no solo a recordarlos, sino a darle continuidad a su ejemplo de  dignidad y decoro, y a su voluntad de hacer revolución.

De entrada opto por darle   un  cálido e intenso abrazo a nuestras autoridades universitarias y a todos y a todos los/as presentes. Un abrazote colectivo, fuera de todo protocolo…

AdvertisementHoy 28 de noviembre -como ya es conocido- cumplo 80 años de vida… en salud, rodeado de cariño y amor; 62 de lucha, y aproximándome 60 de amores con Lulú.

Decía Gardel que 20 años no eran nada, pero 80 de vida y algo más de 60 luchando  contra el imperio y sus súbditos, es alguito.

Creo que Gardel no se atrevería a contradecirme.

Ahora bien, al llegar a esta meta respetable, pendientes no pocos años más de combates, doy ¡GRACIAS A LA VIDA!, a pulmón lleno.

¡Gracias a la vida!

 Gracias a la madre tierra, a  mi madre y mi padre,  a mi pueblo y a la humanidad.

A Lourdes Mercedes Contreras Pérez (Lulú), mi eterna compañera de lucha y amor, a mis hijos y sus compañeras,  a nuestra dulce nietada, a mi hermano del alma, primos y sobrinos queridos; a mi familia toda,  de la que he recibido a lo largo de estos años torrentes de solidaridad, cariño, amor y buenos augurios.

Gracias a mis camaradas y amigos/as, a todas las personas, organizaciones, sociedades y países solidarios  que me protegieron, acogieron o acompañaron  en tiempos muy difíciles.

Gracias a quienes permanecen en esa actitud.

Gracias a mis compañeros/as de estudio de medicina y profesionales de la salud que me brindaron  -y me brindan- sus sabios consejos e invaluables atenciones.

Gracias a los/as intelectuales, comunicadores, religiosos, militares, familias, personas humildes, partidos hermanos (de aquí y del exterior), dirigentes políticos y sociales, que oportunamente me ayudaron a evadir los entramados criminales en diferentes ocasiones.

Gracias, en el presente y de cara al futuro, a quienes mantienen esa disposición y asumen esa generosa actitud.

Gracias a los movimientos sociales y al pueblo digno y trabajador que a cada paso, en cualquier esquina, lugar o espacio de la vida en sociedad, me brindan su cariño y expresan reconocimiento y respeto por las luchas libradas.

Gracias del alma por contribuir tanto a esta feliz, fructífera y satisfactoria existencia, que en estas condiciones me empeño en prolongar hasta el máximo posible.

 Gracias por permitirme vencer los riegos y peligros durante 62 años de combate contra todo tipo de injusticias y opresión social y política.

 A los 13 años adquirí conciencia antitrujillista. Antes de cumplir los 16 ingresé a la Universidad y  abracé la Revolución Cubana (1959),  y poco después los ideales socialistas.

A los 18 participé en mi primera iniciativa conspirativa-revolucionaria contra la Tiranía (1960), relacionada con el asesinato de las Mirabal y Rufino, seguida de otras más.

A los 20  ingresé a la militancia comunista y de ella no me he separado nunca.

La ruta posterior es conocida: sin pausas ni dobleces, sin arrepentimientos en la trayectoria escogida.

Siempre bien acompañado y rodeado de amor, cariño y solidaridad.

Siempre apelando al marxismo creador; renovando pensamiento y acción, practicando solidaridad sin límites y enriqueciendo sentimientos de amor.

Yo no soy yo. Soy un colectivo: soy Lulú, Asdrúbal, Silvano, Orlando, Amín, Narcisazo y muchos oros y otras.

Estoy marcado por el recuerdo de Minerva, Maria Teresa y Sina Cabral…por Manolo, la Expedición de Junio, Fidel, el Che y la Madre de Gorki.

Soy FRAGUA-UASD, 1J4-MPD-PCD, soy Abril 65,  soy Loma Miranda y numerosos combates por liberación de nuestro pueblo y de la humanidad.

De las enseñanzas de José Martí se deriva que “Patria es Humanidad”.

La tierra donde se nace, se quiere con pasión.

La humanidad que la desborda, Nuestra América y el planeta, se aman y se defiende a cualquier precio.

Soy dominicano de pura cepa y jamás podría separarme de este lindo, alegre y cruelmente pisoteado terruño caribeño; pero asumo también la condición de ciudadano del mundo.

Soy un producto de una época y de un entorno familiar político y social maravilloso, que me ha catapultado a la lucha por el supremo ideal de una sociedad solidaria y un mundo sin fronteras.

Mi mérito es abrazar esos ideales y persistir en ellos sin claudicar y sin convertirlos en dogmas despojados de emociones y belleza; y a eso no renunciaré jamás.

Esa es mi fortuna, procurando transferirlas a las nuevas generaciones para ayudar a que se  decidan  -y creo que lo harán- a renovarla, recrearla y enriquecerla, para ponerle fin a este capitalismo putrefacto y decadente, y optar definitivamente por sembrar y cultivar socialismo, aquí y en todo el universo.

¡Gracias a la vida que me ha dado tanto!

 Gracias a ustedes por dejarme entrar a sus corazones este día de tanta significación para mí, mi familia y mis camaradas.

Besos y abrazos.

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Opinión

Una policía reflejo fiel de la sociedad.

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Por Isaías Ramos

Todos los dominicanos nos hemos hecho expertos en buscar soluciones a las instituciones policiales de una manera simplista sin insertar a los cuerpos policiales en algo más complejo de los cuales ellos son parte. Nuestra Policía Nacional es un reflejo fiel de una sociedad en deterioro, unos gobiernos dirigidos por una clase política sin principios, sin valores y carente de conciencia social y patriótica, y un sistema judicial secuestrado por una élite política corrupta y una seguridad pública que sólo puede llegar hasta donde “¿Usted sabe quién yo soy?”

Los dominicanos sueñan por décadas por tener unos cuerpos policiales temidos por los delincuentes y enemigos de la ley y el orden, pero amados por los ciudadanos trabajadores, amantes de las buenas costumbres y respetuoso de la ley y el orden. Una policía que prevea el delito y vele por la seguridad de sus ciudadanos. Que sea seria, discreta, efectiva, profesional, imparcial y cercana al ciudadano.

En el Frente Cívico y Social estamos convencidos que solo transformando el sistema de gobierno implementado por la clase política que durante décadas viene involucionando y pervirtiendo a la sociedad, liberando la justicia para que actúe bajo el derecho de igualdad ante la ley, podremos implementar un sistema de selección de miembros que nutra los cuerpos castrenses de manera muy selecta y meticulosa. Esto a través de profesionales que puedan detectar cualquier aberración en su perfil psicológico y que de manera rígida solo sean elegidos los que reúnan el perfil psicológico adecuado a la responsabilidad que van a desempeñar, capacitándolos, educándolos. Se requiere proveerles un buen entrenamiento, sueldos adecuados, buen equipamiento, infraestructuras adecuadas, funciones y objetivos claros, con un sistema de gobierno que lo revista de la autoridad que le manda las leyes y la Constitución. La policía nacional debe de ser disciplinada y de buen carácter.  En esas condiciones ya estaremos en busca de la excelencia, el respeto y reconocimiento de la sociedad se hará palpable en esas circunstancias. De ese modo podremos garantizar una policía alejada de todo tipo de corrupción y con la capacidad, efectividad, legitimidad y resultados que todos deseamos.

De contar en el gobierno con una clase política con principios y valores, conciencia social, moral y patriótico, lograremos hacer realidad el poder caminar por nuestras calles sin sobresaltos, disfrutar del orden y la garantía de que la autoridad asignada para cumplir y hacer cumplir la ley está preparada bajo cualquier eventualidad.

RD si puede!

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Edificio La República: Restauración No. 138, cuarta planta, Santiago, República Dominicana. Teléfono: 809-247-3606. Fax: 809-581-0030.
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