Por Rosario Espinal
Los primeros 19 años de este siglo registran un proceso de particular importancia para la política electoral dominicana: el debilitamiento escalonado del sistema de partidos políticos por la fragmentación de los tres partidos que articularon la política dominicana desde el año 1978.
Después de la muerte de Joaquín Balaguer en el año 2002, el Partido Reformista no logró sobrevivir como fuerza electoral importante. En el 2004, el PRSC sólo obtuvo el 8.6% de los votos a nivel presidencial, y en las elecciones posteriores ha recibido menos votos. Sigue existiendo, fundamentalmente, por el acomodamiento que hicieron el PLD y el PRD para mantenerlo vivo, ya fuera estableciendo alianzas o modificando la regulación del financiamiento de partidos.
En el 2013, el PRD se dividió por pugas entre los principales dirigentes, y en el 2016 se desplomó electoramente: solo obtuvo el 5.8% de los votos a nivel presidencial, a pesar de ir en alianza con el PLD. La mayoría de la dirigencia del PRD pasó a formar el PRM.
En el 2019 llegó el turno de la fragmentación al PLD. Sus dos principales dirigentes, Leonel Fernández y Danilo Medina, se enfrentaron abiertamente en las primarias, e inmediatamente concluyeron esas elecciones, Leonel anunció su salida argumentando un fraude.
Una mayoría del electorado dominicano dice ya en las encuestas de cultura política no simpatizar por un partido político. Eso, unido a la división de los partidos, son los signos más evidentes del debilitamiento del sistema partidario en la República Dominicana
El próximo año estos dos partidos tienen una tarea elemental: 1) el PRM necesita aumentar significativamente su caudal de votos con relación al 34.9% que obtuvo en el 2016, y 2) el PLD contener al máximo la pérdida de votos con relación al 61.4% que sacó en el 2016.
Todos los demás partidos se posicionan con relación al PRM y al PLD en búsqueda de ganancias específicas, entre ellas, mantener el registro legal o ganar algunas candidaturas a nivel municipal o legislativo. A su vez, el PRM y el PLD buscan con las alianzas aumentar su caudal de votos en todos los niveles electivos.
Aunque las alianzas se dan en todas las elecciones (unas resultan favorables y otras no), las estrategias electorales del PRM y del PLD deben estar orientadas a ganar en primera vuelta, sobre todo, porque, después de las elecciones de 2020, ambos tendrían que apostar a mantenerse como las dos principales fuerzas electorales del sistema político. Si no lo logran, el vacío electoral que dejen en el 2020 será llenado por otras fuerzas políticas.
Cuando un sistema de partidos se fragmenta tanto como ya es el caso en la República Dominicana, los partidos tradicionales tienden a colapsar electoralmente.
En manos del PLD y del PRM está ahora mantener el sistema de partidos dominicano articulado para su propio beneficio, o que se redireccionen las fuerzas electorales con nuevos partidos que los desplacen.
Una mayoría del electorado dominicano dice ya en las encuestas de cultura política no simpatizar por un partido político. Eso, unido a la división de los partidos, son los signos más evidentes del debilitamiento del sistema partidario en la República Dominicana.
Finalmente, a mayor debilitamiento del sistema partidario, mayor volatilidad electoral y menores certezas políticas. Además, toman preeminencia las candidaturas individuales sobre los partidos.
Artículo publicado originalmente en el periódico HOY

Una nación no se empobrece solamente cuando le roban dinero. Se empobrece cuando el robo se normaliza, cuando la impunidad se administra, cuando la persecución de la corrupción se percibe como selectiva y cuando la justicia se convierte en espectáculo para entretener la indignación, pero no para devolverle al pueblo lo que le quitaron.
La proclamación de la Constitución del 26 de enero de 2010 supuso una ruptura paradigmática en el ordenamiento jurídico de la República Dominicana, al transicional formalmente desde un Estado clásico de derecho hacia un Estado Social y Democrático de Derecho. Esta transformación situó a la dignidad humana en la cúspide axiológica del sistema, definiéndola en su artículo 5 como el fundamento ético y ontológico de la República, y reforzándola en el artículo 38 como un valor sagrado, innato e inviolable.
El Estatuto de Roma dispone lo que debe realizarse luego del cumplimiento de la condena, según las limitaciones sobre el enjuiciamiento o el castigo de otros delitos. El Estatuto prevé sobre la transferencia de la persona que no sea un nacional de Estado que ejecuta, extradita o entrega al Estado que lo solicite.