Continúan su curso las entrevistas a los aspirantes a miembros y a presidir la Junta Central Electoral (JCE), las cuales han mostrado una legítima preocupación por el registro civil como derecho fundamental y de otros aspectos técnicos en lo que respecta al manejo de las elecciones generales que se celebran en el país cada cuatro años.
Todo el mundo sabe que la República Dominicana avanza y por igual retrocede en los aspectos institucionales y legales, lo cual la ubica con una cantidad enorme de fraudes en contra del Estado y de la sociedad, por lo que en los actuales momentos el país vive una especie de reclamo ciudadano para evitar que la nación continúe por el camino que va.
Se habla de una cantidad impresionante de hechos de estafas y robos de los recursos públicos y de hecho así es aunque la comprobación y condena por ellos se han vuelto prácticamente imposible por la existencia de una justicia acomodada por no decir cómplice con lo mal hecho.

Román Jáquez Liranzo, Presidente del Tribunal Superior Electoral
Sin embargo, la preocupación social por la corrupción parece no llegar, lo cual se comprueba en las entrevistas a los aspirantes a ser miembros y a dirigir la JCE, a los que serian las nuevas autoridades nacionales a través de un órgano tan vital para la democracia.
Es muy poco lo que se ha preguntado sobre los fondos que reciben los partidos políticos, cuya mayoría hasta falsifica documentos para justificar unos gastos que no se han hecho y que el dinero en su mayor parte se queda en los bolsillos de sus dirigentes, lo cual convierte esta acción en tan bochornable como la que más, porque en realidad se trata de dinero del pueblo dominicano.
La Ley 33-18 establece que los fondos deben distribuirse en el orden siguiente: un 50 por ciento para asuntos administrativos, un 10 por ciento para educación y un 40 por ciento para la campaña de los candidatos a cargos electivos, pero resulta que la mayoría de las organizaciones beneficiarias no se acogen al ordenamiento jurídico electoral.
Los fondos que reciben los partidos ya han hecho multimillonarios a una cantidad significativa de actores de la clase política nacional, ya que la Junta Central Electoral no cuenta con una supervisión seria y estricta de un mal que han convertido a estas organizaciones en negocios .particulares.
No se ha visto hasta ahora ninguna preocupación con el tema, porque lo menos que debía hacerse es que la Cámara de Cuentas realice las auditorias correspondientes a la contabilidad de los partidos para determinar lo que todo el mundo sospecha, pero que nadie lo toma en serio.
Lo lamentable de todo esto es que los dirigentes de los partidos, la mayoría de los cuales no les rinde cuenta ni a sus propios dirigentes de qué hace con el dinero recibido de la JCE, poco le importa lo que piense la gente y se la pasan entrostrándoles a otros las violaciones que cometen al ordenamiento jurídico nacional, pese a que ellos son también violadores del sistema legal.
Estos partidos, que están llenos de delincuentes, pequeños y grandes, no sacan nisiquiera una votación que genere un mínimo de respeto en el seno de la sociedad dominicana y regularmente recurren a unas alianzas que sólo persiguen aumentar sus ingresos mediante la ocupación de algunos puestos públicos como paga por hacer la función de visagra electoral.
Son miles y miles de millones que vota el Estado dominicano a través del financiamiento de los partidos políticos sobre la base de financiar la democracia cuando en realidad de lo que se trata es de alimentar económicamente a vividores y delincuentes vestidos muchas veces de hombres serios y amantes de la patria.
Se espera que en curso de las próximas entrevistas de los aspirantes a miembros y a presidente de la Junta Central Electoral (JCE) se asuma el problema con mayor seriedad y que sin prejuicio se pueda perseguir mediante la justicia penal a todo el que usa los partidos para acumular fortunas mediante el financiamiento del Estado.