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Opinión

“Lo Que No “Soporta” el Pueblo; Omar”

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Por: Freddy Núñez

En esta campaña electoral hemos tenido que “soportar” una serie de publicidad “Basura”, y la defino así, pues la verdad es que no sirve para nada, bueno, a menos que nos dé la oportunidad de llevar luz y conocimiento a los lectores de estas líneas.

Entre esa publicidad, hemos visto algo que se le ocurrió al hijo del presidente Leonel Fernández, Omar Fernández, vástago del primer matrimonio del mandatario, el cual tuvo que soportar algunas indelicadezas de la madre de Omar, cuando trabajaba en el banco Central, muchos dicen que los fuertes episodios de depresión de que padece Leonel Fernández, empezaron en aquella época de sufrimiento sentimental, pero ese no es el tema de nuestro escrito, vamos a ver que dice Omar y que le dice el pueblo a ese absurdo.

Antes de analizar el spot de marras, definamos que es soportar: según el  Diccionario Manual de la Lengua Española Vox,  2007 Larousse Editorial, S.L., Soportar es:

1-      Sostener o llevar encima una carga o peso y

2-      Sufrir, tolerar, padecer, aguantar, Aguantar con paciencia, dolor o resignación una cosa que no es agradable.

En el spot publicitario que estamos analizando, vemos como un joven muestra la foto del presidente Hipólito Mejía a unos transeúntes y estos dicen varias frases de rechazo a Hipólito Mejía, que Omar Fernández quiere que entendamos que ellos no “soportan” al candidato del PRD.

Ya vimos lo que significa soportar, entonces yo pregunto: ¿Lleva este pueblo encima a Hipólito?, ¿Sufre el pueblo algo por Hipólito Mejía?, ¿Tolera o aguanta con paciencia dolor o resignación algo que no es agradable por causa de Hipólito Mejía? Sé que algunos privando en inteligentes traerán las vicisitudes que paso el país en el periodo 2003-2004 durante el gobierno de Hipólito, incluso dirán con algunos números inventados, que la situación que vivimos hoy es causa de las acciones tomadas por Hipólito; Pero que Barbarasos son estos peledeistas!!?? Ocho años después siguen culpando a Hipólito de sus incapacidades e ineficiencias, a pesar de que la asociación de bancos de la república dominicana haber dicho hasta la saciedad que Hipólito tomo las medidas correctas durante la quiebra de los bancos, devolviendo el dinero a todos los ahorrantes, incluyendo 300 millones de pesos de Funglode, lugar donde Leonel Fernández guardaba su dinero, dijo la ABA que de no tomar Hipólito esas medidas el sistema financiero nacional hubiese colapsado, pero Mas aun todos los presidentes del mundo incluyendo Estados Unidos y Europa, en la crisis del 2008 tomaron las misma medidas que el presidente Hipólito Mejía.

Además en el año 2005, en el 2006 y en el 2007 en sus rendiciones de cuentos ante la asamblea nacional, Leonel Fernández dijo en todas esas ocasiones que sus medidas económicas habían eliminado y resuelto todas las consecuencias de los “disparates hechos por Hipólito” y que la economía se había recuperado, más aun en el 2008 ese mismo presidente le dijo al país que la crisis que se iniciaba en ese año no afectaría la economía nacional pues esta estaba “Blindada”, entonces Omar comenzaría diciéndote que lo que este pueblo no soporta son las mentiras de tu padre y la ineficiencias e incapacidades de su gobierno.

Otra cosa que no soporta el pueblo dominicano Omar, es tener que pagar los precios de los productos de primera necesidad y casi todos los demás tres, cuatro y cinco veces más caros que cuando Hipólito era presidente y vivíamos aquella locura; recuerdas un plátano 3 pesos, la libra de pollo a 38, el galón de gas a 25 pesos, y un sobre de café 2 pesos; pero ustedes llevaron el plátano a 15, el pollo a 55, el gas a 108 y un sobre de café 15 pesos, eso sí es insoportable Omar; es insoportable el precio de las medicinas, de los servicios, luz, agua y teléfono y el precio de los combustibles no se soportan.

Tampoco se soporta el nivel de delincuencia y criminalidad que mantienen tu padre, su gobierno y su partido, pues tienen en un estado de terror al pueblo, que teme ser víctima de un atraco, una violación o un asesinato; tampoco soporta la mala calidad de la educación y de la salud, así como los interminables apagones que tienen en zozobra a la ciudadanía; no soportamos el nivel de desempleo que tiene tu gobierno, donde nuestra juventud tiene que aguantar y sufrir vivir sin esperanzas, sin oportunidades, eso es insoportable.

Y como soportar la quiebra del sector agropecuario, de la industria y del comercio, ya que la economía está totalmente estancada; pero lo que menos soporta la ciudadanía es ver cómo sus escuelas, hospitales, medicinas, los recursos para combatir la delincuencia y la criminalidad, para el apoyo a la producción agropecuaria, a la industria, al comercio, para la mejoría de la educación, de la salud, están convertidos en Jeepetas y autos de lujo; fincas en los mogotes; mansiones; villas en bávaro y la Romana; helicópteros, aviones y yates; cuentas en euros, dólares y pesos, propiedad de los funcionarios del PLD, producto de la superextramega corrupción que tu padre a apadrinado en estos ocho años, eso sí es insoportable Omar.

Y es por el hecho de no soportar más esta situación en la que ustedes mantienen al pueblo dominicano que este los va a sacar del gobierno, votando abrumadoramente por el presidente Hipólito Mejía el próximo 20 de mayo, y poder comenzar a llevar una vida más soportable, forjando una mejor nación, pero para todos; no solamente para los miembros del comité político, algunos del comité central y de todos los infuncionarios del gobierno, que se han hecho megamillonarios con el dinero de este noble pueblo, que no soporta más esta desgracia.

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Opinión

La Corte Penal Internacional y la Justicia Internacional (3 de 3)

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Por Rommel Santos Diaz

 Se tiene reportado el uso de 250,000 niños soldados en cerca de 50 países. Para completar el panorama, se estima que 20 millones  de niños han sido desplazados como consecuencias de las diversas guerras y catástrofes humanitarias, mientras que entre  8,000 y 10,000 niños mueren cada año como consecuencia de utilización de minas antipersonales.
Existen indicios de que la trata de  niños en zonas de conflicto es una tendencia que va en aumento y esta vinculada a redes de delincuencia transnacional organizada.

La Corte Penal Internacional es el primer tribunal internacional cuyo Estatuto y Reglas de Procedimiento y Prueba brindan a las víctimas la posibilidad de participar en todas las etapas del proceso.

A diferencia de las actuaciones de las víctimas en otros tribunales internacionales, limitadas a reforzar los argumentos de la defensa o el Fiscal, la Corte Penal Internacional les reconoce derechos que les corresponden por ser quienes han sufrido la grave vulneración de sus derechos humanos y tienen la mayor expectativa de que se haga justicia.

El principal reto de la Corte Penal Internacional será demostrar que sus investigaciones y decisiones no están guiadas por móviles políticos o intereses ajenos a la justicia y la represión de crímenes internacionales.

Finalmente, en  la medida en que este sistema se vaya consolidando, siguiendo los parámetros legales del Estatuto de Roma y de las Reglas de Procedimiento y Prueba, es posible que países hoy reticentes hacia la Corte Penal Internacional modifiquen su postura hacia una  de ayuda  y cooperación. Con esto se lograría tener un sistema penal internacional plenamente universal como complemento a las iniciativas locales por sancionar crímenes de genocidio, lesa humanida, guerra y agresión.

rommelsantosdiaz@gmail.com

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Opinión

Los políticos profesionales no roban

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Por Nelson Encarnación

El reciente escándalo de corrupción detectado en el Seguro Nacional de Salud (Senasa) ha acentuado la percepción o el convencimiento en algunos de que los políticos acceden a los cargos públicos con la intención de apropiarse de los recursos que manejan.

Ya en otras oportunidades se ha esparcido el mismo convencimiento, en ocasión de hechos judicializados que aún cursan en los tribunales sin sentencias firmes.

Estos y casos anteriores han servido de fundamento a quienes entienden que las formaciones políticas son nidos de bandidos con una amplia vocación hacia la depredación de los recursos públicos, dando lugar, al mismo tiempo, a la prédica contra los políticos y los partidos.

Sin embargo, existen argumentos y evidencias suficientes para desmontar la mala fama contra los políticos. Podemos afirmar, de manera categórica, que los políticos profesionales no roban.

Para remontarnos a los hechos más sonados de persecución a la corrupción, podemos referir el que ha sido, probablemente, el más sonoro de todos, es decir, el procesamiento judicial del expresidente Salvador Jorge Blanco (1982-1986), quien fue condenado a 20 años de prisión por hechos que, evidentemente, no cometió.

Jorge Blanco, que antes de ser político ya era un abogado prestigioso, murió en medio de precariedades materiales, una situación que no concuerda con quien supuestamente fue un corrupto.

Los hechos por los que se condenó al exmandatario no fueron cometidos por él ni por ninguno de sus seguidores con formación y compromiso político, sino por allegados que nada tenían que ver con el Partido Revolucionario Dominicano.

En el caso de los expedientes que todavía se ventilan en la justicia relacionados con hechos registrados—conforme las imputaciones del Ministerio Público—vinculan en primer plano a personeros relacionados al expresidente Danilo Medina, no a dirigentes conocidos del Partido de la Liberación Dominicana.

Y en el más reciente que ocupa la atención del país, es decir, el expediente Senasa, una simple identificación de los encartados permite concluir en que se repite el mismo patrón: los principales señalados no son políticos de militancia.

En consecuencia, si miramos los hechos con un sentido lógico y alejado de la intención de dañar a los partidos y sus dirigentes, podemos proclamar que los políticos profesionales, con formación en el servicio a la sociedad, con compromiso, no roban los fondos del erario. Ahí está la historia.

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Opinión

Honrar la Constitución o perder la República

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Por Isaías Ramos

Al despedir 2025 y abrir 2026, es fácil refugiarse en lo cómodo: deseos repetidos, frases bonitas, la ilusión de que todo cambiará solo porque cambia el calendario. Pero la República Dominicana no necesita otro brindis vacío. Necesita una sacudida de conciencia y un cambio de rumbo. Ese rumbo comienza cuando dejamos de mirar la política como un espectáculo ajeno y asumimos que la república —la casa de todos— se sostiene o se cae con la conducta diaria de su gente.

Durante más de tres décadas, una clase política dominante, reciclada en siglas, alianzas y narrativas, ha contribuido a degradar la vida pública. Se normalizó el privilegio. Se hizo costumbre la trampa. El clientelismo dejó de ser excepción y se volvió método. La impunidad dejó de ser temor y se volvió expectativa. El Estado, demasiadas veces, dejó de ser instrumento del bien común para convertirse en botín, refugio o escalera personal. Cuando lo público se vuelve mercancía, el daño deja de ser un asunto de élites y se convierte en una fractura moral, social y espiritual.

No se trata de negar que existan servidores públicos honestos ni ciudadanos decentes. Precisamente por ellos —y por los jóvenes que merecen un país digno— no podemos resignarnos. Los datos aportan contexto a una percepción extendida: el Índice de Percepción de la Corrupción 2024 asigna a la República Dominicana 36/100 y la ubica en la posición 104 de 180 países. El Rule of Law Index 2025 del World Justice Project sitúa al país en el puesto 76 de 143, y en el factor “Ausencia de Corrupción”, en 90 de 143.

La experiencia cotidiana confirma esa brecha. El trámite que solo “camina” por la vía indebida. El contrato opaco. El expediente que duerme. La sanción que nunca llega. Ese desgaste produce algo peor que el enojo: produce resignación. Y cuando una sociedad se resigna, la corrupción no se frena; se perfecciona. Así es como una república se vacía por dentro, aunque conserve su nombre y sus símbolos.

La historia política lo ha advertido con claridad: cuando los ciudadanos se repliegan en el interés personal y abandonan la vida pública, el Estado se debilita y queda a merced de los peores. Cuando un pueblo ama su país, respeta las leyes y vive con sobriedad cívica, es posible avanzar hacia el bienestar compartido. Cuando se instala la indiferencia, el interés particular aísla y la república se convierte en un cascarón.

Si 2026 será un año de esperanza, esa esperanza no puede ser pasiva. Tiene que ser esperanza disciplinada: la que mira el abismo, lo nombra y aun así decide construir un puente. Ese puente se llama Constitución. No como símbolo ceremonial, sino como norma viva. El artículo 6 establece su supremacía y declara nulos los actos contrarios a ella. El artículo 7 nos define como Estado Social y Democrático de Derecho. El artículo 8 fija como función esencial del Estado proteger los derechos de la persona y respetar su dignidad.

Honrar la Constitución no es citarla: es vivirla. Es aceptar que no puede haber Estado de derecho con corrupción estructural; que no puede haber democracia con clientelismo; que no puede haber justicia con privilegios. Honrar la Constitución es convertir el servicio público en honor y no en negocio; proteger el dinero del pueblo como sagrado; poner el mérito por encima del padrino; transparentar compras, obras y nombramientos; y asegurar consecuencias reales a quien robe lo común. Esa es la frontera entre república y fachada.

Por eso, en 2026, el Foro y Frente Cívico y Social debe reforzar en todo el territorio nacional un despertar de conciencia sostenido y pacífico que convierta indignación en organización y esperanza en disciplina. No se trata de incendiar el país; se trata de iluminarlo. No de sustituir instituciones, sino de obligarlas a cumplir su rol constitucional con presión cívica legítima.

La ruta es concreta y verificable: formación cívica territorial, veeduría social continua y defensa constitucional práctica, acompañando denuncias, dando seguimiento público a los casos y exigiendo consecuencias sin selectividad.

Nada de esto se logra solo con organizaciones. Se logra con el ciudadano común. En esta semana de cambio de año, vale la pena asumir un pacto sencillo: renunciar a pagar sobornos, a pedir favores indebidos y a justificar privilegios; comprometerse a informarse antes de opinar, a exigir rendición de cuentas en lo local y a participar más allá del voto. Un país cambia cuando cambia lo que su gente considera “normal”.

Imaginemos, con realismo, la nación que podemos construir si ese giro comienza: una donde no se necesita padrino para un servicio; donde un contrato público no es lotería para unos pocos, sino obligación transparente; donde el funcionario teme más a la justicia y a la vergüenza pública que a la pérdida del cargo; donde el joven respeta al competente y no admira al tramposo. Que Dios —y la conciencia despierta de cada dominicano— nos guíe y nos exija verdad, justicia y rectitud; que el amor a la patria sea conducta diaria; y que la defensa de la libertad sea nuestro sentir y nuestro hacer.

Cerramos 2025 con una verdad incómoda: hemos permitido demasiado. Abrimos 2026 con una verdad poderosa: todavía estamos a tiempo. Honrar la Constitución o perder la República: esa es la elección de nuestro tiempo. Salvemos la patria.

¡Despierta RD!

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