Análisis Noticiosos
Los dilemas del periodismo
Published
13 años agoon
By
LA REDACCIÓNPor Juan Bolívar Díaz
Con motivo del Día del Periodista que celebramos en el país cada 5 de abril, la Escuela de Comunicación Social de la Universidad Católica Madre y Maestra convocó a cuatro profesionales para debatir sobre los dilemas y perspectivas del periodismo contemporáneo a la luz de los desafíos que suponen las nuevas tecnologías. Resumo a continuación mi exposición ante estudiantes y profesores de esa academia.
Cuando me inicié en esta profesión hace 45 años ya avanzaba el proceso de concentración de los medios, convertidos en una de las más dinámicas industrias contemporáneas. En México, donde tuve el privilegio de cursar la carrera, la cadena García Valseca tenía 38 diarios y Televisa ya era un gran monopolio. En Europa todavía había regulaciones y la televisión y la radio eran en alta proporción estatales. Aunque en Estados Unidos había múltiples consorcios de medios, todavía se mantenían algunos límites a los monopolios, lo que duró hasta comienzo de este siglo-milenio.
Los pragmáticos editores y propietarios de medios sólo se preocupaban por las nuevas tecnologías y las reingenierías empresariales. Pero los académicos y profesionales del periodismo enfrentaban los retos de una comunicación demasiado al servicio de los poderes económicos y políticos, de la publicidad y la manipulación.
Asistimos al gran debate sobre el nuevo orden informativo internacional, con todo y el informe de la Comisión McBride de la Unesco, a consecuencia del cual esta institución fue extorsionada económicamente y obligada a capitular en las preocupaciones por un mayor equilibrio y libertad en las comunicaciones, tanto entre pueblos como entre profesionales y propietarios.
El progresivo fracaso del socialismo real fortaleció las tendencias neoliberales, que se impusieron en la economía, la política y la comunicación, derribando regulaciones y creando las condiciones para los abusos que generarían la gran crisis del capitalismo a partir del 2008.
En América Latina las dictaduras militares y la década pérdida en términos económicos, trastocaron el orden continental. El reinado de Reagan y la Tatcher aceleró el derrumbe del socialismo y el advenimiento de un mundo unipolar donde predomina un capitalismo salvaje.
La revolución tecnológica impuso su dominio en las comunicaciones, con todo su esplendor y sus sombras. Multiplicación infinita de la capacidad de comunicar, pero también de la banalidad y la superficialidad y elevación del costo de comunicar para beneficio de los grandes consorcios empresariales.
Los desafíos del periodismo siguen siendo los de siempre, desde el periódico mural a la Internet: un intento de comunicación, de investigación de la realidad para difundirla a través de los medios disponibles. Periodismo para liberar de la ignorancia, para combatir la opresión, para sostener los sueños de justicia, la emancipación de los grupos y comunidades excluidas, para promover la fraternidad y la paz.
La misión del periodista es comunicar, hacer común las luchas por la superación humana, incidir en la sociedad mediante la investigación, deshaciendo entuertos y manipulaciones, contrastando las realidades sociales, explicando, educando para la libertad.
La Internet representa un gran desafío para los periódicos, que tendrán que abrirse cada vez más a la necesidad de comunicación, auspiciando un periodismo investigativo y libertario que en cualquier caso se realizará en la radio, televisión y en Internet. En esta con progresiva atracción publicitaria, en la medida en que los periódicos sigan perdiendo lectores. Pero la interactividad no sustituirá el periodismo.
No morirán los periódicos ni los libros. Perderán terreno, muchos desaparecerán, pero otros se readaptarán auspiciando un mejor periodismo. En los periódicos habrá menos espacio para la superficialidad y la banalidad que ya se ejercerá con exceso en las redes. Y el periodismo seguirá siendo una de las mejores profesiones, un gran compromiso con la superación de la sociedad y las personas humanas.
Artículo publicado originalmenteen en el diario HOY.
Análisis Noticiosos
La Pérdida de la Cultura del Trabajo
Published
6 días agoon
septiembre 17, 2026Por José Cabral
Un fenómeno muy preocupante que se produce en la República Dominicana tiene que ver con la pérdida de la cultura del trabajo.
Aparentemente hay un relativo cumplimiento con las obligaciones laborales cuando se trata de una empresa con altos niveles de organización y supervisión.
La pérdida de la cultura del trabajo puede ser demoledora para la micro, pequeña y mediana empresa, en las que no hay forma de que se respete el contrato laboral entre empleados y empleadores.
La desaparición de la cultura del trabajo en el país representa una crisis muy profunda debido a la precariedad laboral, la informalidad y la pérdida de incentivos para el esfuerzo formal.
La pérdida de la cultura del trabajo está asociada a una serie de factores como los bajos salarios y que un empleo no garantiza la salida de la pobreza, según los estudios económicos al respecto.
Sin embargo, la razón principal, siempre de acuerdo a lo que puedo observar, obedece a la crisis de valores que impacta a la sociedad dominicana.
Hay una tendencia muy acentuada a no cumplir con la responsabilidad asumida, es decir, que se observa una negación de la gente a asumir sus obligaciones.
Inclinarse por la vida fácil es una percepción ciudadana que tiene que ver con la crisis de valores que procura la búsqueda de ingresos sin hacer ningún esfuerzo, cuyo ejemplo más contundente es la famosa “botella” a nivel estatal, la cual es estimulada por el clientelismo que promueven los partidos políticos.
Lo otro que explica el fenómeno es que la gente ha aprendido a reclamar sus derechos sin cumplir con sus deberes.
Es una percepción generalizada, la cual va de lo pequeño a lo grande y lo contrario, pero no parece que haya una respuesta a la vista por tratarse de una realidad en la que el Estado no hace ningún esfuerzo planificado para combatirla.
Análisis Noticiosos
La burocracia vuelve a representar la comedia triste de la entrega.
Published
2 semanas agoon
septiembre 11, 2026
Asistimos, con el alma acongojada pero erguida en el patriotismo más puro, al espectáculo de unos ministros que celebran como proeza histórica el servilismo diplomático.Análisis Noticiosos
El orgullo de ser dominicano bien valorado, da seguridad y confianza.
Published
3 semanas agoon
septiembre 5, 2026Por José Cabral
Hace ya muchos años fuí testigo de varios anécdotas que deben servir para algo a cualquier persona, no importa de que país sea.
En un lugar en Nueva York llamado Merchant, donde se vende vinos y cigarros y se toca Jaz, compartía con unos amigos, entre ellos había varias muchachas colombianas y una de ellas me pregunta que si soy dominicano y le responde que sí.
Y de inmediato me narra que su hermana más joven, quien se encontraba también en el lugar, tenía un noviazgo con un joven dominicano, pero que esa relación le había traído muchos problemas a la familia, porque su papá entendía que la misma no debía existir.
Me decía la joven que su papá siempre decía que lo menos que él debía hacer era estrangular a su hija por mantener una relación que podía terminar en procreación con una persona de una baja procedencia.
Pero la historia se repite unos años después en la calle 50 y la quinta avenida de la ciudad de Nueva York cuando me decía otro señor que conoció una muchacha tan hermosa y educada de apellido Trujillo que nadie podía pensar que fuera dominicana.
Evidentemente que ambas narraciones tenían su explicación en que la mayor parte de la inmigración dominicana hacia los Estados Unidos, que es el escenario analizado, procedia en ese momento del campo y cuya formación académica y cultural es muy pobre.
Además, por un asunto cultural, la mayoría de los dominicanos radicados en Nueva York proceden de barrios muy pobres o del campo de la región del Cibao, cuyas características y acento es, podría decirse, la representación de un regionalismo que se expresa a través del uso de la i para hablar.
Naturalmente, las razones que tienen que ver con que mucha de nuestra gente no haya tenido la oportunidad de cursar estudios universitarios y de tener una buena formacion cultural son parte de las deficiencias que se observa en el Estado dominicano.
De cualquier manera, la imagen de cualquier gentilicio se complica o deteriora cuando una buena parte del grupo étnico de que se trate se ve involucrado en actividades que nadie quiere para su familia, aunque, naturalmente, ese no sea el caso de lo planteado en este comentario.
Hay que decir que los propios colombianos se vieron en una situación indeseable cuando la época de Pablo Escobar que un pasaporte de ese país era prácticamente una ofensa a nivel internacional.
La enseñanza que quiero dejar con estas narraciones es que el orgullo de ser dominicano es algo que no se negocia, pero el mismo está determinado por la imagen que se venda en la comunidad internacional.
Y para sentirse orgulloso de la dominicanidad hay que partir, principalmente, de que sea un país en el que la dignidad humana sobresalga sobre la mayoría de los derechos, pero además que quien la representa sea gente con la decencia y un comportamiento acorde con los tiempos de las sociedades civilizadas.
Ciertamente que las democracias han fallado, sobre todo por el comportamiento de los partidos políticos y si bien hay que combatir ese mal y buscar la sustitución ahora y para siempre de esos actores de la vida nacional, pero cualquier solución al respecto no puede ser peor que lo que existe y sobre la base de lesionar el orgullo de ser dominicano.
Con esto quiero decir que en aras de preservar el orgullo nacional, se debe procurar llevar a la direccion del Estado a personas que, no sólo sean éticas y defensoras del interés nacional, sino también que coloquen en la cima, si es posible, la imagen del gentilicio por tener una conducta en el contexto de una sociedad civilizada.
Hay una expresión popular que dice que es muy importante guardar bien las apariencias, lo cual es aplicable en estos momentos en la República Dominicana, pero que ello no sea una causa para dejar de gestionar la salida del poder de los que han dañado gravemente la democracia, aunque, naturalmente, sin apoyarnos en ciudadanos que, aunque tienen el derecho constitucional de elegir y ser elegido, pero que su comportamiento lo descalifica para representar a todos los que tenemos un criterio muy claro del orgullo de ser dominicano y lo que ello implica para la economia y toda la vida nacional.
