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Opinión

Más sobre el tema haitiano

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Por Rosario Espinal

ROSARIO-ESPINAL-200x3001111111En acción veloz, la Junta Central Electoral (JCE) realizó una auditoría de los libros de registro de nacimiento de 1929 al presente, según estableció la Sentencia TC 168/13.

Los resultados de la auditoría de 84 años de registros, realizada en ocho días, son los siguientes: hay 53,847 extranjeros inscritos en el registro civil dominicano. De ellos, 29,455 (55%) fueron inscritos de acuerdo a la normativa correspondiente y 24,392 (45%) irregularmente. Del total de extranjeros registrados, 36,326 (67.4%) son de origen haitiano, y de estos, 13,672 fueron inscritos irregularmente.

En base a estos datos, los propagandistas de la Sentencia TC 168/13 dicen que pocas personas serán afectadas por dicha sentencia. ¿Es eso cierto? Veamos la falacia.

La Primera Encuesta Nacional de Inmigrantes (ENI) de 2012 estimó que en el país hay alrededor de 500 mil inmigrantes haitianos y unos 200 mil descendientes nacidos en República Dominicana. Esta encuesta se realizó porque los censos dominicanos nunca han contado bien los inmigrantes. El Gobierno ha ignorado su existencia, y si no los cuenta, no existen como sujetos de derechos.

Dado que sólo hay 36,326 personas de origen haitiano en el registro (13,672 irregularmente inscritos), y unos 200 mil descendientes de inmigrantes haitianos según la ENI, podemos concluir que: 1) una ínfima cantidad de descendientes de indocumentados se ha inscrito en el registro civil dominicano en los últimos 84 años; 2) el registro civil nunca ha estado repleto de haitianos ni de sus descendientes. Esto es buena noticia; no ha habido tanta tramposería como se decía.

¿Afecta la Sentencia TC 168/13 sólo a los 24,392 inscritos incorrectamente (13,672 de origen haitiano), o a muchos de los más de 200 mil descendientes de inmigrantes que actualmente hay en el país?

La Sentencia TC 168/13 niega la nacionalidad dominicana a todos los descendientes de inmigrantes indocumentados a partir de 1929, estén o no en el registro civil.

El argumento utilizado es el mismo de la Suprema Corte de Justicia en diciembre 2005: los descendientes de inmigrantes indocumentados son equiparables a los nacidos de personas en tránsito. Por tal motivo, las disposiciones de la Sentencia TC 168/13 afectan a todos los descendientes de indocumentados, la gran mayoría de origen haitiano.

Como la mayoría de esos descendientes nunca se inscribió en el registro civil, según muestran los datos de la JCE, probablemente seguirán viviendo en el anonimato, y la Sentencia TC 168/13 los desincentiva aún más para que se registren porque les niega la nacionalidad.

Por razones de justicia humana y de seguridad nacional, el Gobierno dominicano debería documentar la población inmigrante y sus descendientes, pero siempre ha preferido el desorden y la ilegalidad. Por ejemplo, la Ley de Migración fue aprobada en el año 2004 y a la fecha se han registrado pocos inmigrantes.

Si negar la nacionalidad a los descendientes de inmigrantes indocumentados hace feliz a muchos dominicanos, que disfruten. Pero eso no resuelve los problemas fundamentales.

Para enfrentar el tollo migratorio y sus consecuencias sociales, República Dominicana tiene que controlar eficazmente la frontera. Para nadie es un secreto que Haití es el país más pobre e inestable de las Américas, y un alto porcentaje de su población desea emigrar. Pero también hay que integrar a los descendientes de inmigrantes que nacieron y se criaron en territorio dominicano.

Lo demás puede servir de arenga nacionalista, pero no contribuye a resolver el tollo migratorio, fundamento de la súper-explotación de la mano de obra inmigrante.

La soberanía se sustenta en el orden, la justicia y la ley. La ley injusta es mala ley y socava la soberanía.

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Opinión

Masacre en el Masacre

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Por Narciso Isa Conde

Duramente maltratados por cínicos continuadores de ese escarnio, aferrados como lapas al poder y al dinero.

El Masacre se pasa a pié.

Hubo una vez masacre en el Masacre: 1937,

¿Más cambios?
¿Más cambios?
…masacre por simplemente cruzarlo a pié.

A pié y descalzo,

Dos Minutos: ¿De qué hablará Abinader?
Dos Minutos: ¿De qué hablará Abinader?
…con estampa africana y mochilas cargadas de pobreza y sufrimientos coloniales.

Negros, negras, negritos y negritas, empobrecidos, a pie…

Infantes nutridos de tierra y lombrices…

Mujeres barrigonas y no por obra y gracia del espíritu santo,

…acosadas, arrestadas, deportadas,

…abandonados.

No han cesado desde entonces la masacre por cruzar el Masacre…

…gota a gota a gota de sangre y de dolor.

¡Cuánto dolor y por tanto tiempo!

¡Cuántas lágrimas amargas por cruzar el Masacre a pié!

No se detiene el calvario de esclavos y esclavas libertas.

Siguen sometidos/as al cruel aprecio y desprecio de la esclavitud del capital y el coloniaje “modernizado”.

No cesa el nuevo e infernal apartheid.

Continúan obligados a ser propiedad ilegalizada.

Seres humanos apropiados y perseguidos a la vez.

Duramente maltratados por cínicos continuadores de ese escarnio, aferrados como lapas al poder y al dinero.

¡Todavía!

85 años después.

¡Racismo a granel!

Cuidado, cuidado…

¡Mucho cuidado!

Que andan sueltos y ajitos de odios, vestidos de patriotas!

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Opinión

La coherencia diplomática

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Por Miguel Guerrero

La anunciada y pendiente decisión del presidente Luis Abinader de trasladar la sede de la embajada dominicana a Jerusalén, donde funcionó desde su instalación hasta 1980, sería una medida coherente con la diplomacia que la nación ha mantenido desde el final de la Segunda Guerra Mundial y en particular con la nación hebrea.

Desde la creación del estado judío, en virtud de una resolución adoptada por Naciones Unidas en 1947, las naciones que votaron a favor de ella instalaron su sede en la capital histórica israelí. La resolución fue adoptada en noviembre de 1947en un esfuerzo de la comunidad internacional para solucionar el creciente conflicto entre árabes y judíos en la zona de Palestina, con la aprobación a favor de crear allí dos estados, un judío y otro árabe palestino.

Los primeros crearon el suyo, el 14 de mayo siguiente, tras la salida de las tropas británicas, el último poder colonial en la región. Los palestinos se negaron y con el respaldo de la Liga Árabe, financiada por los británicos y dirigida por un general inglés, y varios países vecinos árabes, intentaron abortar la creación de Israel agravando un conflicto que dura hasta hoy.

En las guerras formales posteriores, la de 1966, la del Iom Kippur, y en las llamadas intifadas, Israel ha logrado sobrevivir y crecer convirtiéndose en una potencia económica y científica regional a pesar de sus escasos recursos económicos, incomparables con las enormes posesiones petroleras de los estados árabes beligerantes que le rodean y le hostigan permanentemente.

Hoy todo parece estar cambiando y por lo menos varios estados árabes han establecido ya vínculos con Israel y varias naciones, incluyendo Estados Unidos han anunciado el trasladado de su sede a Jerusalén, las cuales la habían movido por presiones árabes después de la guerra del Iom Kippur. La decisión no cumplida todavía de Abinader es correcta y coherente con la diplomacia dominicana tras la Segunda Guerra mundial.

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Opinión

Haití: tragedia allá y aquí

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Pensar racionalmente en cómo controlar efectivamente la migración indocumentada y qué hacer con tantos hijos de inmigrantes indocumentados que nacen y se crían aquí y nunca podrán ser dominicanos con derechos.

Se sabe bien que Haití experimenta un proceso de deterioro económico, político y social profundo y continuo. La culpabilidad va a una larga historia de explotación externa e interna que cada día importa menos, porque, aunque los problemas abundan en el mundo, en muchos países se han logrado avances, no retrocesos constantes como en Haití.

Allá no hay una economía ni un gobierno funcional, las condiciones de vida de la inmensa mayoría son espantosas, y, ante la falta de gobierno, las pandillas compiten violentamente por control del territorio.

Es entendible pues que la mayoría de los haitianos quiera emigrar. En la República Dominicana, donde las condiciones de vida son significativamente mejores, mucha gente también quiere emigrar.

Desde siempre, la República Dominicana ha promovido un sistema económico de superexplotación de la fuerza de trabajo.

El éxodo de dominicanos al exterior y a las ciudades dominicanas fue vaciando el campo y la mano de obra dominicana fue reemplazada por inmigrantes haitianos. Antes de 1980 era solo en el azúcar; luego en toda la agricultura. Hoy los inmigrantes haitianos cultivan la mayoría de los alimentos que consumimos y exportamos.

Lo mismo sucede con la construcción, un sector que busca mano de obra dispuesta a trabajar por bajos salarios, en horarios largos y de gran exposición al sol. El boom del sector construcción de los últimos 40 años se ha fundamentado en el uso de mano de obra haitiana.

Por más explotados que sean aquí, las condiciones de vida en Haití son tan deplorables, que prefieren venir. Y por más rechazados que los haitianos sean aquí, muchos empresarios dominicanos se han hecho adictos a esa mano de obra barata y sin derechos.

Así se fue gestando el desastre migratorio aquí.

La fórmula dominicana ha sido emplear los haitianos y siempre negarles derechos de residencia. El discurso de rechazo hacia esos inmigrantes es esencial para mantener ese sistema de explotación. Es una fórmula económica y política perversa, independientemente de cuán mal vivirían los haitianos en su país si estuvieran allá.

La Constitución de 2010 y la Sentencia del Tribunal Constitucional 168-13 establecieron en la legislación dominicana la imposibilidad de que los hijos de inmigrantes indocumentados nacidos en territorio dominicano a partir de 1929 sean dominicanos (la Ley 169-14 logró la excepción para un pequeño grupo que había recibido acta de nacimiento antes de 2010).

O sea que, en la República Dominicana, mientras la economía siga demandando mano de obra barata haitiana sin derechos, seguirá creciendo la cantidad de descendientes de inmigrantes haitianos indocumentados que han nacido aquí, pero nunca podrán tener derechos legales para vivir aquí.

Ni el muro ni las marchas resuelven eso, ni mucho menos el discurso seudo patriótico que ha servido siempre de soporte ideológico a la superexplotación de la fuerza laboral haitiana en la República Dominicana.

Quienes verdaderamente amen este país deberían pensar racionalmente en cómo controlar efectivamente la migración indocumentada y qué hacer con tantos hijos de inmigrantes indocumentados que nacen y se crían aquí y nunca podrán ser dominicanos con derechos.

Es tragedia de lado y lado

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