Opinión
Memoria de las izquierdas dominicanas en las últimas décadas
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5 años agoon
«La invasión militar estadounidense de 1965 condicionó el proceso posterior y trastrocó los actores, contribuyendo paulatinamente a la adulteración de lo acontecido en aquellos días estelares del combate político. Balaguer en su ejercicio de gobierno de 22 años hizo mucho por distorsionar y ocultar la memoria histórica.»
Por Narciso Isa Conde
Varias décadas de predominio de la contrarrevolución impuesta por la invasión militar de EEUU a República Dominicana han servido para ocultar y distorsionar parte de la memoria histórica vinculada a importantes situaciones y acontecimientos político-sociales del siglo XX.
En ese ocultamiento sistémico se apoyan las derechas de estos tiempos para detractar y menospreciar el accionar de las izquierdas en la historia recientes, el cual contrasta con el papel nefasto y las perversidades políticos de las derechas a lo largo de una gran parte del siglo XX y en lo que va del Siglo XXI.
Pienso que ese proceder no es exclusivo de las derechas dominicanas, sino que más bien tiene su matriz en un patrón ideológico de factura imperialista que impacta diferentes escenarios latino-caribeños y mundiales.
Está claro que una parte de esos olvidos y estigmatizaciones corresponden al papel de las izquierdas en la Revolución de abril, la Guerra Patria de 1965 y en el periodo de post-guerra, representada entonces por tres fuerzas políticas (Agrupación Política 14 de Junio —1J4—, Movimiento Popular Dominicano —MPD— y Partido Socialista Popular —PSP— que en el curso de la revolución de 1965 cambió su nombre por el de Partido Comunista Dominicano —PCD—) y por los contingentes independientes que se radicalizaron en el curso de la guerra patria que sucedió al levantamiento político-militar constitucionalista, incluido una parte significativa de los propios militares democráticos.
La invasión militar estadounidense de 1965 condicionó el proceso posterior y trastrocó los actores, contribuyendo paulatinamente a la adulteración de lo acontecido en aquellos días estelares del combate político. Balaguer en su ejercicio de gobierno de 22 años hizo mucho por distorsionar y ocultar la memoria histórica.
Las traiciones posteriores ayudaron a confundir y alterar realidades.
Mucho de verdad tiene aquello de que hay héroes que deben saber morir a tiempo, aunque ello jamás debe llevar a borrar pasajes de la historia real o a negarle méritos a quienes en un momento determinado se lo ganaron.
La verdad histórica nunca debe ser escamoteada, pero ciertamente que traiciones posteriores a los aportes y creaciones heroicas, facilitaron su distorsión. Sobre todo cuando la realidad ha sido narrada en forma parcelada e incompleta.
También eso ha pasado.
En la post guerra, al paso del tiempo, no pocos componentes de las izquierdas cruelmente reprimidas pasaron a ser del Partido Revolucionario Dominicano (PRD) y luego del Partido de la Liberación Dominicana (PLD) en tanto fuerzas concurrentes a los procesos electorales. Así comenzó a perder su identidad una parte de esa corriente político-ideológica, sobre todo por el devenir derechizante y pro-imperialista de ambas agrupaciones.
No pocos líderes militares constitucionalistas y militantes revolucionarios se derechizaron después de la contienda; mientras Caamaño, líder político-militar de aquel abril heroico, culminaba su vida como un revolucionario partidario del socialismo y el comunismo, tal como se lo comunicó a sus hijos antes de desembarcar en playas dominicanas procedente de Cuba en febrero de 1973, para dar inicio a un fracasado intento guerrillero que posibilitó su captura herido y su posterior fusilamiento.
Además, no pocos de los componentes de esas izquierdas olvidaron las valiosas enseñanzas de la unidad y se sumieron en divisiones y subdivisiones hasta provocar la dispersión y atomización de sus filas.
Pero al mismo tiempo son valiosos los ejemplos de persistencia, firmeza y reafirmación revolucionaria, antiimperialista, socialista y comunista.
El PRD y el PLD terminaron cooptados por la contrarrevolución; no sin soterradas y profundas insatisfacciones en sus bases en y en los componentes nostálgicos de sus roles previos a sus claudicaciones; referencia obligada en esos tiempos de todo proyecto alternativo al orden político-social dominante.
Las izquierdas organizadas que se mantuvieron firmes, si bien se depuraron, decantaron y sobrevivieron, pasando por múltiples caídas, pero todavía siguen dispersas y relativamente estancadas.
Este año se cumplieron 56 años de la insurrección constitucionalista y del desembarco de 42 mil soldados estadounidenses destinados a impedir la victoria plena de la segunda revolución popular y democrática del Caribe en el siglo XX.
Desde entonces hemos padecido un largo período de predomino de las derechas, después de haber intentado conquistar una nueva democracia, una democracia basada en el pueblo en armas, con soberanía popular y autodeterminación nacional. Y tiene trascendencia evaluar sus causas.
- Vicisitudes de las izquierdas del 65 a la actualidad.
El 24 de abril de 1965 estalló en Santo Domingo una rebelión popular, cívico-militar, que derrocó el Gobierno surgido del golpe de Estado del 25 de septiembre de 1963, que reclamó la restauración del Gobierno electo el 20 de diciembre de 1962, bajo la presidencia de Juan Bosch y la Constitución democrática promulgada al inicio de su gobierno.
El movimiento se desarrolló impetuoso, con la participación de los militares constitucionalistas y del pueblo en armas. En los tres días iniciales, el ascendente movimiento democrático constitucionalista rompió las estructuras de dominio y represión tradicionales.
Entonces el coronel Caamaño, líder político-militar de la insurgencia, simbolizó la esperanza redentora.
Entonces el General golpista Elías Wessin y Wessin simbolizó la destrucción y la muerte, el golpismo entreguista y genocida.
Las tropas estadounidenses finalmente desembarcaron para bloquear la insurrección y reestructurar las fuerzas militares nativas a su servicio, cuando éstas estaban a punto de ser totalmente derrotadas.
Su presencia forzó el cambio de correlación de fuerzas a favor de las derechas e impuso la paz negociada a favor de la contrarrevolución.
Con la contrarrevolución llegó también, sigilosamente, el Cortesano y su corte (Balaguer y el neo-trujillismo), que juntos más tarde nos impusieron el régimen de terror de los doce años.
EE.UU rearmó y reestructuró el viejo ejército y el viejo régimen, e impuso el neo-trujillismo aliado a la derecha golpista.
Balaguer permaneció durante tres períodos consecutivos a base de represión, corrupción, fraudes electorales y respaldo imperialista.
Luego, ya desgastado el balñaguerismo, un PRD condicionado, mediatizado por su dirección política y cooptado por los Estados Unidos y sectores de la clase dominante dominicana, ascendió al gobierno y en sus 8 años de mala gestión auspició (sin querer, pero queriendo) la rehabilitación política de Balaguer y con ella diez años más de su corrupta y entreguista administración.
Más tarde un PLD neo-liberalizado, favorecido por Balaguer y su corte, lo relevó con el Gobierno de Leonel Fernández (1996-2000) hasta verse cuatro años después desplazado de nuevo por un gobierno del PRD presidido por Hipólito Mejía (2000-2004), que devino en un verdadero desastre nacional.
El desastre encabezado por Hipólito Mejía rehabilitó el retorno de Leonel Fernández y el PLD al gobierno (2004 a 2012) y con ello la continuidad de las políticas neoliberales y el entreguismo a EEUU (ratificación del Tratado de Libre Comercio-TLC con EU y Centroamérica y el acuerdo Stand By con el FMI, así como facilidades a la intervención militar en la isla y para imponer privatizaciones a favor de las corporaciones trasnacionales) y continuidad de la corrupción y la impunidad de los delitos de Estado.
A Leonel lo reemplazó Danilo Medina al frente del gobierno del PLD durante ocho años más (2012-2020) y ambos gobernantes convirtieron al partido y al Estado en una corporación mafiosa que reinó 20 años 1996-2000 y 2004- 2020).
Hemos sufrido 56 años de una contrarrevolución tutelada por EE.UU, continuamente remozada y readecuada desde una partidocracia perversa y pervertida, y desde una gran burguesía asociada a ella, que subordinada al poder imperial, optó recientemente por asumir directamente las funciones ejecutivas del Estado en el contexto del nuevo Gobierno de Luis Abinader (político-empresario) y del Partido Revolucionario Moderno (PRM), surgido del viejo PRD, reemplazante del PLD.
El balance ha sido trágico y “pinta” peor.
Pobreza y dependencia creciente, acompañadas de corrupción a granel.
Y todo esto facilitado por la división y el debilitamiento de las izquierdas y las fuerzas populares, por sus desarraigos y errores posteriores a sus valiosos aportes en la lucha contra la tiranía y en abril 65, por los efectos desmovilizadores y dispersantes del colapso de la Unión Soviética y de los regímenes del Este europeo (seguidos de la derrota sandinista), por el peso de la unipolaridad a favor de EEUU, y por los impactos del discurso y el accionar neoliberal.
Largo e insoportable vía crucis.
Situación que es preciso revertir ya que pronto no habrá vida para una gran parte del pueblo dentro de este contexto fatal. Ni naturaleza, ni medio ambiente que defender.
Pobreza e indigencia creciente, depredación y contaminación del ambiente conforman una amenazante cultura de la muerte.
El orden jurídico-político-militar de la seguridad imperial en la posguerra de Abril, agravado por la estrategia neoliberal, progresivamente conduce a un gran genocidio por hambre y a un gran ecocidio por sus efectos depredadores y contaminantes, tendencias que ahora tienden a agravarse.
Las nuevas rebeldías apuntan en dirección contraria y hacen las veces de contrapartidas. Pero ellas precisan de un salto cualitativo que sólo puede ser fruto de una nueva acumulación política revolucionaria.
La resistencia social que no ha cesado y deberá convertirse, a través de la acumulación de conciencia y organización transformadora, en ofensiva política; en nuevo y renovado abril, en nueva primavera política a favor de una nueva institucionalidad surgida de una constituyente popular y un proyecto alternativo al neoliberalismo.
Se trata de algo realmente imperioso, casi de vida o muerte para la nación y para una gran parte de nuestro pueblo.
Y precisamente ese desafío obliga a recuperar la memoria histórica de aquel Abril heroico, a valorar sus enseñanzas, a explicarnos las causas de su interrupción…así como a recatar todo lo que de esa singular y extraordinaria experiencia pueda tener valor y continuidad en el presente y el futuro próximo para vencer la prolongada contrarrevolución y retomar el camino de los cambios revolucionario; actualizada hoy su pertinencia en nuestra América por la revolución bolivariana en Venezuela y por el accidentado proceso transformador y pro autodeterminación que tiene lugar en esta región, acompañado de la continuidad de la revolución cubana.
A ese propósito responden éste y otros artículos de mi autoría, los cuales procuran reanimar un debate trascendente, tanto cara a las fuerzas de la contrarrevolución como a los(as) que han renegado de ese valioso pasado, trasladándose al cómodo campo de las derechas, la reacción y el reformismo.
Entiendo que el debate entre las partes ayer enfrentadas sigue siendo necesario para que resplandezca la verdad histórica y salirle al paso a los intentos de reconciliar lo diametralmente opuesto.
Entre aquellas partes enfrentada hay no pocas variaciones, incluyendo componentes, que ayer de izquierda, hoy confluyen en el campo de las derechas; generando no pocas confusiones y desconfianzas.
En verdad las derechas y los contrarrevolucionarios del 65 siguen siendo quienes eran. No conozco casos de arrepentimiento ni de reivindicación decorosa entre ellos. Derechistas ayer y derechistas hoy. Derechistas y contrarrevolucionarios ¡siempre!
No ha pasado así con los revolucionarios/as de abril, entre los que abundan tránsfugas y, renegados/as de aquel proyecto transformador. Algo propio de las revoluciones violentamente bloqueadas.
Muchos se cansaron. Otros se vendieron. Algunos resistieron un tiempo para luego sucumbir. Y no pocos se cansaron.
Corrientes de esa matriz avanzadas fueron conducidas hacia la derecha por liderazgos que abandonaron aquellos ideales y principios.
El PRD devino en otra cosa: una fuerza despojada del nacionalismo revolucionario que lo inspiró en Abril de 1965 y durante una parte del periodo de la posguerra. De él ha surgido el PRM al servicio de las elites capitalistas y del coloniaje.
El PLD, inicialmente producto de una rebeldía frente a la degeneración del PRD, se transformo en algo similarmente negativo, traicionando el ideario y el ejemplo del Profesor Juan Bosch.
Muchos (as) izquierdistas pasaron a ser del PRD y del PLD y hasta del Partido Reformista Social Cristiano (PRSC), y allí dentro resultaron más conservadores que los cuadros originales de esos partidos del sistema.
Algunos partidos y grupos de izquierda —o fracciones de ellos— sencillamente dejaron de ser revolucionarios.
Igual pasó con una parte de los militares constitucionalistas que se izquierdizaron en revolución del 65 y se derechizaron mas tarde.
Esa revolución quedó para todos (as) ellos situada en el pasado, pero no proyectada en el presente, y menos aun como arma de futuro.
Muchos de ellos se reconciliaron con los contrarrevolucionarios, se abrazaron con ellos y se aproximaron a sus posiciones.
En esos casos la reconciliación es evidente, aunque no haya sido decretada. Ella no tienen nada de positiva. Ella más bien ha estado mediada por actos de claudicación que perjudican a las fuerzas revolucionarias y que han debilitado la capacidad de lucha de nuestro pueblo.
La izquierda deja ser de izquierda cuando se derechiza y las culpas contraídas no se le deben cargar a las fuerzas revolucionarias y transformadoras.
Nadie en el mundo podrá convencerme de la necesidad de aplaudir esos hechos. Tampoco debemos sentirnos mal o cargar como izquierda consecuente las responsabilidades de quienes abandonaron nuestras filas.
Claro está que tales mutaciones no agotan las contradicciones y enfrentamientos entre ambos proyectos, amén de que es imposible reconciliar la historia real y los enfrentamientos ocurridos.
El campo revolucionario fue diezmado, pero no exterminado. Una parte importante resistió, persistió en el camino, reafirmó posiciones anticapitalistas y antiimperialistas, y renovó ideales.
Entre sus componentes estamos el Movimiento Caamañista (MC) de matriz comunista, el Movimiento Popular Dominicano (MPD-ML), el conjunto de la Izquierda Revolucionaria (IR), el Movimiento de Acción por una Nueva Dominicana (Mando), los Militantes por la Revolución Socialista. Todos con trabas a superar y la mayoría con fuerte ausencia de la nueva generación.
Otras agrupaciones políticas y movimientos políticos-sociales, aunque más moderados, integran tanto una izquierda que se autodefine marxista como un progresismo avanzado y patriótico, definidamente anti-neoliberal, diferenciadas de las derechas y el conservadurismo. Entre ellos se destaca Patria para Todos/as y Fuerza de la Revolución-FR, esta última lamentablemente condicionada por subordinación electoral a Alianza País, organización que se define como centro-progresista y asume una actitud medularmente sistémica.
Otros componentes de las izquierdas históricas, incluidos agrupamientos que se definen comunistas, todavía no desisten de apoyar y aliarse al PRM y a otras fuerzas de las derechas pro-imperialistas. Es el caso del Partido Comunista del Trabajo (PCT), de origen pro-albanés, que hegemoniza el denominado Frente Amplio.
En estas tres vertientes participa una parte importante de la generación revolucionaria de los años 60 y 70, cuyo componente activo en política se divide entre los que asumen militancia partidista y los que no, estos últimos presente en diversos movimientos sociales.
Caamaño legó el buen ejemplo de firmeza y de radicalidad revolucionaria hasta su caída en combate y posterior fusilamiento, cualidades que impactan positivamente diversos sectores contestatarios.En las nuevas generaciones y en los grandes movimientos sociales en lucha (juveniles, ambientalistas, feministas, anti-impunidad, comunitarios, clasistas, antirracistas…) hay muchas inquietudes y rebeldías. Pero también muchas confusiones teóricas-políticas, grandes déficits en la formación política revolucionaria y en la conciencia y militancia necesarias para ser factor subversivo frente al poder del gran capital.
En nosotros/as, comunistas-caamañistas, se ha reafirmado la convicción de que respecto al bando opresor, a los traidores de ayer y de hoy, a las elites capitalistas transnacionales y locales, a los saqueadores, a los genocidas, a los asesinos y ladrones de Estado, a las derechas y neo-derechas, corrompidas y corruptoras, no debe haber ni olvido ni perdón. Tampoco, en consecuencia, conciliación o reconciliación.
Nunca hemos conciliado con ese “bando traidor y parricida” y no lo haremos jamás. Somos partes enfrentadas por intereses de clases contrapuestos, por concepciones programáticas y por motivos éticos bien diferenciados.
Esa línea de aportes la ha continuado la izquierda más consecuente frente a la farsa que representa el cambio del Gobierno del PLD por el del PRM-Abinader-Mega-millonarios, otra modalidad de dominio de las derechas bajo la impronta recolonizadora neoliberal en tiempo de COVID.
Podemos y debemos debatir con todos los adversarios, pero no renunciar a nuestra razón de ser para aliarnos a sus herederos, representantes políticos y elites económicas.
Aquel enfrentamiento no fue una “guerra primaria” al margen de principios, ideales y proyectos.
No fue una simple “contienda fratricida”.
No es aceptable un enfoque o una valoración neutral de las partes enfrentadas.
Esas partes no son equiparables ni moralmente, ni ideológicamente, ni políticamente.
Menos aun desde el punto de vista de los intereses populares y nacionales, o desde el concepto de justicia, desde los valores patrióticos, la solidaridad humana y la lucha de clases.
El despotismo, el entreguismo, la corruptela, la criminalidad, la injusticia, el genocidio, la explotación y exclusión social, la traición a la patria, la pertenencia o alianza con la oligarquía capitalista y con el invasor extranjero, son los contravalores de esas fuerzas que entonces enfrentamos con las armas y hoy con otros medios. Contrarrevolucionarias ayer y contrarrevolucionarias hoy.
La democracia, la justicia social, la moralización de la vida política, la honestidad, la soberanía nacional y popular, la solidaridad humana, el patriotismo, el latino-americanismo, son los valores de la revolución de abril y de los caamañistas de ayer y de siempre, de los socialistas y comunistas leales a sus orígenes.
Tales ideales son realmente irreconciliables con los detentan el poder y diametralmente opuestos a los intereses que defienden las derechas. Ayer, hoy y siempre. Tan irreconciliables como los hechos históricos que situaron a las partes enfrentadas en 1965 en campos opuestos.
Esa confrontación sigue pendiente y a ella no renunciaremos jamás. Jamás.
Visto este balance general, no es difícil descubrir que las izquierdas han tenido que ver como el que más con las luchas libradas, los aportes a ellas y los logros alcanzados antes, durante y después de la revolución de Abril de 1965.
Su aporte en ideas, en sacrificio, en sangre, en combates, en luchas políticas, sociales, cultural, patriotas, solidarias… ha sido enorme.
Y me refiero a las izquierdas históricas y actuales en toda su amplitud y diversidad, política y social, cultural, orgánica y no orgánica; quedando pendiente para una segunda entrega las conquistas alcanzadas a lo largo del periodo ya abordado.
P/D: Artículo inspirado por ideas contenidas en el libro: “Rescatar sus enseñanzas: Para que abril tenga futuro”, debidamente actualizadas y enriquecidas. Ensayo sobre las izquierdas, el PRD y los militares democráticos en la Revolución de Abril / Narciso Isa Conde/ Primera edición: Publiguía, 2002/ 74 p.
Opinión
Investigación y enjuiciamiento de la Corte Penal Internacional
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7 horas agoon
agosto 27, 2026Por Rommel Santos Diaz
El Fiscal, después de evaluar la información de que disponga, iniciará una investigación a menos que determine que no existe fundamento razonable para proceder a ella con arreglo en cuenta las siguientes circunstancias:
- a)La información de que dispone constituye fundamento razonable para creer que se ha cometido o se está cometiendo un crimen de la competencia de la Corte Penal Internacional;
- b)La causa es o sería admisible de conformidad con el artículo 17 del Estatuto de Roma;
- c)Existen razones sustanciales para creer que, aun teniendo en cuenta la gravedad del crimen y los intereses de las víctimas, una investigación no redundaría en interés de la justicia.
El Fiscal, si determinare que no hay fundamento razonable para proceder a la investigación y la determinación se basará únicamente en lo señalado anteriormente, lo comunicará a la Sala de Cuestiones Preliminares.
Si, tras la investigación, el Fiscal llega a la conclusión de que no hay fundamento suficiente para el enjuiciamiento ya que:
- a)No existe una base suficiente de hecho o de derecho para pedir una orden de detención o de comparecencia de conformidad con el artículo 58 del Estatuto de Roma;
- b)La causa es inadmisible de conformidad con el artículo 17 del Estatuto de Roma ; o
- c)El enjuiciamiento no redundaría en interés de la justicia, teniendo en cuenta todas las circunstancias, entre ellas la gravedad del crimen, los intereses de las víctimas y la edad o enfermedad del presunto autor y su participación en el presunto crimen, notificará su conclusión motivada a la Sala de Cuestiones Preliminares y al Estado que haya remitido el asunto de conformidad con el artículo 14 del Estatuto o al Consejo de Seguridad si se trata de un caso previsto en el artículo 13 del Estatuto de Roma.
Por otro lado, a petición del Estado que haya remitido el asunto con arreglo al artículo 14 del Estatuto de Roma o del Consejo de Seguridad de conformidad con el artículo 13, la Sala de Cuestiones Preliminares podrá examinar la decisión del Fiscal de no proceder a la investigación de conformidad con este mismo artículo y pedir al Fiscal que reconsidere esa decisión.
Además la Sala de Cuestiones Preliminares podrá, de oficio, revisar una decisión del Fiscal de no proceder a la investigación si dicha decisión se basará únicamente en el párrafo 1 c) o 2 c) del artículo 13 del Estatuto de Roma. En este caso, la decisión del Fiscal únicamente surtirá efecto si es confirmada por la Sala de Cuestiones Preliminares.
Finalmente, el Fiscal podrá reconsiderar en cualquier momento su decisión de iniciar una investigación o enjuiciamiento sobre la base de nuevos hechos o nuevas informaciones.
Por Isaías Ramos
Mil doscientos millones de pesos para señalización turística. A la vez, se denuncian escuelas de jornada extendida con carencias de agua, baños, aulas, comedores y espacios adecuados.
No son partidas presupuestarias jurídicamente intercambiables. Pero sí revelan algo más profundo: qué problemas reciben recursos y urgencia del Estado, y cuáles continúan esperando.
La pregunta es inevitable:
¿Para quién está funcionando nuestro crecimiento?
La República Dominicana ha crecido. Negarlo sería absurdo. Han aumentado el turismo, la inversión extranjera, las exportaciones y el PIB. Pero durante más de tres décadas hemos confundido crecimiento con desarrollo, como si una cifra macroeconómica pudiera sustituir el bienestar de una familia.
Nuestra Constitución establece otra jerarquía. El artículo 8 dispone que la función esencial del Estado es proteger los derechos de la persona, respetar su dignidad y procurar su desarrollo dentro de un marco de justicia social y bienestar general. El artículo 217 ordena orientar el régimen económico hacia el desarrollo humano.
La Constitución no coloca al ciudadano al servicio de la economía. Coloca la economía al servicio del ciudadano.
El crecimiento es un medio, no el fin de la República. Podemos exhibir excelentes indicadores mientras demasiados dominicanos compran agua, pagan de su bolsillo educación y salud y viven en comunidades donde el progreso parece pasar de largo.
El modelo ha consolidado rasgos de rentismo, extractivismo y exclusión. Extraemos minerales, pero también obtenemos rentas del agua, las costas, el suelo y el paisaje. Facilitamos inversiones, concedemos incentivos y construimos infraestructura pública. Eso puede ser legítimo y necesario. La pregunta es qué recibe la nación a cambio.
Las playas muestran esa contradicción con claridad. El artículo 15 de la Constitución las reconoce como bienes de dominio público y de libre acceso. Sin embargo, en distintos lugares el ciudadano encuentra dificultades para acceder a costas rodeadas por proyectos que monetizan aquello que pertenece a todos.
La empresa construyó el hotel.
Pero no construyó el mar.
No creó la playa.
No produjo el paisaje.
Cuando un bien natural colectivo se convierte de hecho en atributo de exclusividad comercial, debemos preguntar quién captura la renta, quién asume los costos y qué pierde la nación.
El turismo no es enemigo del país. La empresa privada tampoco. Necesitamos inversión que genere empleos dignos, fortalezca proveedores nacionales, contribuya fiscalmente, transfiera conocimientos, respete el medioambiente y deje comunidades más prósperas.
No queremos menos crecimiento. Queremos crecimiento que produzca desarrollo.
No queremos menos inversión. Queremos inversión que fortalezca a la nación que la hace posible.
No todo incremento del PIB equivale a mayor bienestar ni necesariamente a mayor riqueza nacional neta. Si al crecer agotamos acuíferos, degradamos costas, acumulamos pasivos ambientales o convertimos privilegios temporales en derechos permanentes, podemos contabilizar como progreso la pérdida de nuestro patrimonio. Ninguna nación puede llamar desarrollo a aquello que mejora las cuentas de esta generación a costa de la siguiente.
El Estado no está ausente. Está selectivamente presente.
Construye carreteras, facilita inversiones, protege propiedades, concede incentivos y promueve destinos. Y debe hacerlo. El problema es que demasiadas veces no muestra la misma eficacia y urgencia para garantizar agua potable, educación, salud, seguridad, saneamiento y servicios públicos dignos.
Ese desequilibrio erosiona la esencia del Estado social y democrático de derecho.
No necesitamos escoger entre empresa y pueblo, ni entre inversión y justicia social. Esa es una falsa disyuntiva. Debemos medir el éxito nacional no solo por cuánto crece la economía, sino por cómo crece, quién recibe sus beneficios, quién asume sus costos y qué deja en el país.
Eso exige proteger el acceso público a los bienes comunes; condicionar los incentivos fiscales a resultados verificables; incorporar los costos ambientales; promover empleo formal, encadenamientos productivos y contribución fiscal; y someter las grandes decisiones al interés general.
Pero la transformación no corresponde únicamente al Estado. Requiere ciudadanos dispuestos a vigilar, participar, exigir cuentas y defender aquello que pertenece a todos.
La República Dominicana necesita más que corregir políticas aisladas. Necesita un proyecto de nación capaz de unificar esfuerzos, ordenar prioridades y fijar metas para saldar una deuda social acumulada durante décadas: un proyecto que convierta crecimiento en desarrollo, desarrollo en derechos y derechos en oportunidades reales.
Ese proyecto no supone renunciar al turismo, al capital ni a empresas prósperas. Supone ponerlos al servicio de algo superior: una economía al servicio de una nación.
Debemos reconocer una verdad incómoda: hemos sido mucho más persistentes construyendo crecimiento que construyendo desarrollo.
Es tiempo de recuperar la jerarquía constitucional:
Primero la persona.
Primero su dignidad.
Primero el bien común.
Y entonces el mercado, la inversión y el crecimiento como instrumentos para alcanzarlos.
Al final, la historia no nos preguntará cuánto creció la economía. Nos preguntará qué país dejamos.
Entonces tendremos que responder:
¿De qué sirvió crecer si, mientras crecíamos, fuimos perdiendo aquello que pertenecía a todos?
Ante esa pregunta, la indiferencia no debe ser una opción.
Opinión
Ganaba 100 pesos mensuales (1973-76) y me sobraba dinero
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7 horas agoon
agosto 27, 2026Por Oscar López Reyes
En 1976, en Barahona yo ganaba 100 pesos mensuales en dos trabajos –en el gobierno y en un medio de comunicación- cubría holgadamente los gastos de mi recién formada familia de cuatro miembros, y me sobraba dinero. Caminaba las calles del pueblo como un privilegiado, sin deudas ni estrés. Dormía como un lirón por el estilo de vida sobrio y albergaba una gran esperanza en el futuro.
Como en la mayoría de las casas, en la mía no había televisión, teléfono, nevera, aire acondicionado y mucho menos un vehículo de motor. Tampoco estufa, licuadora, inversor ni botellones de agua, porque por una tubería llegaba sin pagar un solo centavo, igual que la basura, y se pagaban chelitos por el consumo de luz. En el liceo no se cobraba.
En los patios de las dos casas alquiladas donde vivía, en las céntricas calles Colón casi esquina Duvergé y Jaime Mota casi esquina José María Cabral, había frondosos árboles de mangos y limoncillos (quenepas), y en la última anafres (hornillos para cocinar con carbón) y una letrina surtida con periódicos y fundas de papel –provenientes de colmados- para el aseo defecatorio.
Esos pliegos sanitarios representaban una muestra de progreso, porque en las afueras de la ciudad y en las lomas, como Chene, en Enriquillo, para la limpieza tras las necesidades fisiológicas se acudía, en los montes, a piedras, hojas verdes, tusas de maíz y troncos leñosos -en forma giratoria- que se ramificaban desde el suelo.
Entre 1973-1976 en colmados y almacenes –no existían supermercados- se compraban menos de 20 productos hogareños, con precios establecidos por la Dirección General de Control de Precios. Una libra de arroz costaba 8 centavos, una libra de habichuelas 7 centavos, una libra de azúcar 4 cheles, una libra de carne 10 cheles y una botella de aceite comestible valía 30 centavos.
A primera hora de la mañana y en la tardecita se vendía a 8 y 10 cheles una botella o litro de leche de vaca, bien pura, acabada de llegar en bidones desde fincas ganaderas de Amador Pons, Sarita Báez, Buchinche Pérez Espinosa, los hermanos Milongo y Napó (Napoleón) Pérez, los hermanos Dámaso y Zulema López (mis tíos) y otros.
Los gastos eran restringidos, y los regalos escasos, porque muy pocos celebraban cumpleaños o visitaban restaurantes. Predominaba el consumo de helados, principalmente los domingos, antes y después de las retretas del Parque Central.
Esos precios son recordados por mercaderes y amas de casa de la época, debido a que no existían estadísticas de la canasta básica de consumo en pesos dominicanos, en virtud de que, justamente en 1976, el Banco Central fue cuando inició la Encuesta Nacional de Gastos e Ingresos de los Hogares (ENGIH).
A la postre, la compra alimenticia mensual para ocho personas –porque había que separar manjares para los vecinos más cercanos y los padres de los esposos- ascendía a menos de 20 pesos mensuales. Otros gastos: Un par de zapatos de la fábrica gubernamental Fac Doc costaba 4 pesos, y cuando al prestamista “Viste Encuero”, muy conocido en el mercado público y los predios judiciales de Barahona, los días 25 –fecha de pago en el gobierno- le avanzaban 50 centavos de un crédito de 7 pesos, los aceptaba gustosamente.
En esos años, el peso dominicano tenía una paridad con el dólar estadounidense, o sea, uno por uno. Para las transacciones cotidianas, junto a las monedas de 5, 10, 25 y 50 centavos, la de un centavo circuló hasta 1987, con la efigie de Caonabo, cuyo poder adquisitivo fue anulado por la inflación, aunque no se conoce la emisión de una resolución definitiva del Banco Central que la despoje de su poder liberatorio.
Aquellos conmemorados, bien recordados y limpiecitos 100 pesos mensuales: 60 de la Corte de Apelación (no se registraba ninguna deducción de impuestos sobre la renta ni de seguridad social) y 40 pesos de Radio Barahona equivalen, a junio de 2026, a 125 mil 898 pesos con 56 centavos nominales, calculando el Índice de Precios al Consumidor, año por año, el valor del capital y el efecto inflacionario. A este último salario, la Dirección General de Impuestos Internos le reduce a 98 mil 400 pesos con 44 centavos, porque se le aplica un descuento de 27 mil 498 pesos con 12 por aportes de la Tesorería de la Seguridad Social (TSS) y el Impuesto sobre la Renta (ISR).
¡Ah, consumismo y lujos!
¡Uy, prima del dólar!
¡Guau, globalización!
Entre 1973 y 1976 yo andaba despacio, a pie, relax y divertido, de un sitio a otro por las calles de Barahona como un afortunado, porque en la Corte de Apelación (juicios penales y civiles) me desempeñaba como mecanógrafo y mensajero ocasional, ya que estaba responsabilizado de buscar, el 25 de cada mes en las oficinas de Correo, los cheques de los jueces Federico Neftalio Cuello López (Nene), Doro Buenaventura Vásquez, Máximo Deñó, Rafael Dotel Recio y David Vicente Vidal Matos, y el procurador general de ese tribunal, Secundino Gómez Pérez (Jumito), máximas autoridades judiciales de la provincia.
El día 25, los magistrados arribaban a la Corte más temprano que nunca, caminando desde sus casas, sin parafernalias. Recuerdo cuando los secretarios de la Corte, Rafael Alfredo Pérez Rocha (Fellito Tinina), y la Procuraduría, Alejandro Rocha Peña (Mingolito), les entregaban a los jueces los emolumentos que devengaban: unos 250 pesos. Fungían como alguaciles Rafael Matos (Alito), Ignacio Mota y Luis Marino Arias. De unos 20 empleados de ese tribunal, solo sobreviven este último, hoy notario público; el extogado David Vidal, la entonces escribiente Teresa Peña y este servidor.
Yo era el menor de edad y el de más bajo salario: 60 pesos mensuales, el mínimo estatal, y cumplía el horario de 7:30 a.m. a 1:30 p. m. En la segunda jornada laboraba, desde las 3 de la tarde hasta las 7 de la noche, como secretario auxiliar de Rodolfo Z. Lama Jaar, propietario de Radio Barahona, Radio Pedernales, Radio Jimaní y Radio Neyba. Redactaba cartas, anuncios y notas luctuosas, nutrido por mis primeras prácticas escriturales en los clubes culturales y en los murales de la Juventud Comunista (Pacoredo) del liceo secundario Federico Henríquez y Carvajal.
El 11 de febrero de 2026 -justo 50 años después, porque ingresé en el citado mes- volví a las oficinas de la Corte de Apelación de Barahona y la nostalgia me envolvió con los cambios experimentados: existía uno que otro escritorio de caoba, pero ni en sombra las máquinas mecánicas Olympia, Olivetti y Remington, y prácticamente todos los jueces y empleados de 1973-1976 viajaron a un espacio inhóspito. El salario mínimo es de 20 mil 500 pesos y los titulares de Corte de Apelación ganan desde 260 mil 859 hasta más de 362 mil 304 pesos.
Albricias: Aparecieron los datos de mi ingreso al Poder Judicial, y me expidieron la certificación pertinente. El juez presidente de la Cámara Penal de la Corte y juez coordinador del Departamento Judicial (Barahona, Pedernales, Bahoruco e Independencia), Joselín Moreta Carrasco, me dispensó la más esplendorosa atención. Lo que no dijo el texto fue que fui cancelado -el más próspero premio de mi vida, porque tuve que emigrar forzosamente a Santo Domingo- por negarme a ingresar al Partido Reformista del gobernante presidente Joaquín Balaguer. ¡Qué vida Balaguer!
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El autor: Periodista, mercadólogo, catedrático, escritor y comentarista de medios escritos, televisivos y digitales.
