Opinión
Memoria de las izquierdas dominicanas en las últimas décadas
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5 años agoon
«La invasión militar estadounidense de 1965 condicionó el proceso posterior y trastrocó los actores, contribuyendo paulatinamente a la adulteración de lo acontecido en aquellos días estelares del combate político. Balaguer en su ejercicio de gobierno de 22 años hizo mucho por distorsionar y ocultar la memoria histórica.»
Por Narciso Isa Conde
Varias décadas de predominio de la contrarrevolución impuesta por la invasión militar de EEUU a República Dominicana han servido para ocultar y distorsionar parte de la memoria histórica vinculada a importantes situaciones y acontecimientos político-sociales del siglo XX.
En ese ocultamiento sistémico se apoyan las derechas de estos tiempos para detractar y menospreciar el accionar de las izquierdas en la historia recientes, el cual contrasta con el papel nefasto y las perversidades políticos de las derechas a lo largo de una gran parte del siglo XX y en lo que va del Siglo XXI.
Pienso que ese proceder no es exclusivo de las derechas dominicanas, sino que más bien tiene su matriz en un patrón ideológico de factura imperialista que impacta diferentes escenarios latino-caribeños y mundiales.
Está claro que una parte de esos olvidos y estigmatizaciones corresponden al papel de las izquierdas en la Revolución de abril, la Guerra Patria de 1965 y en el periodo de post-guerra, representada entonces por tres fuerzas políticas (Agrupación Política 14 de Junio —1J4—, Movimiento Popular Dominicano —MPD— y Partido Socialista Popular —PSP— que en el curso de la revolución de 1965 cambió su nombre por el de Partido Comunista Dominicano —PCD—) y por los contingentes independientes que se radicalizaron en el curso de la guerra patria que sucedió al levantamiento político-militar constitucionalista, incluido una parte significativa de los propios militares democráticos.
La invasión militar estadounidense de 1965 condicionó el proceso posterior y trastrocó los actores, contribuyendo paulatinamente a la adulteración de lo acontecido en aquellos días estelares del combate político. Balaguer en su ejercicio de gobierno de 22 años hizo mucho por distorsionar y ocultar la memoria histórica.
Las traiciones posteriores ayudaron a confundir y alterar realidades.
Mucho de verdad tiene aquello de que hay héroes que deben saber morir a tiempo, aunque ello jamás debe llevar a borrar pasajes de la historia real o a negarle méritos a quienes en un momento determinado se lo ganaron.
La verdad histórica nunca debe ser escamoteada, pero ciertamente que traiciones posteriores a los aportes y creaciones heroicas, facilitaron su distorsión. Sobre todo cuando la realidad ha sido narrada en forma parcelada e incompleta.
También eso ha pasado.
En la post guerra, al paso del tiempo, no pocos componentes de las izquierdas cruelmente reprimidas pasaron a ser del Partido Revolucionario Dominicano (PRD) y luego del Partido de la Liberación Dominicana (PLD) en tanto fuerzas concurrentes a los procesos electorales. Así comenzó a perder su identidad una parte de esa corriente político-ideológica, sobre todo por el devenir derechizante y pro-imperialista de ambas agrupaciones.
No pocos líderes militares constitucionalistas y militantes revolucionarios se derechizaron después de la contienda; mientras Caamaño, líder político-militar de aquel abril heroico, culminaba su vida como un revolucionario partidario del socialismo y el comunismo, tal como se lo comunicó a sus hijos antes de desembarcar en playas dominicanas procedente de Cuba en febrero de 1973, para dar inicio a un fracasado intento guerrillero que posibilitó su captura herido y su posterior fusilamiento.
Además, no pocos de los componentes de esas izquierdas olvidaron las valiosas enseñanzas de la unidad y se sumieron en divisiones y subdivisiones hasta provocar la dispersión y atomización de sus filas.
Pero al mismo tiempo son valiosos los ejemplos de persistencia, firmeza y reafirmación revolucionaria, antiimperialista, socialista y comunista.
El PRD y el PLD terminaron cooptados por la contrarrevolución; no sin soterradas y profundas insatisfacciones en sus bases en y en los componentes nostálgicos de sus roles previos a sus claudicaciones; referencia obligada en esos tiempos de todo proyecto alternativo al orden político-social dominante.
Las izquierdas organizadas que se mantuvieron firmes, si bien se depuraron, decantaron y sobrevivieron, pasando por múltiples caídas, pero todavía siguen dispersas y relativamente estancadas.
Este año se cumplieron 56 años de la insurrección constitucionalista y del desembarco de 42 mil soldados estadounidenses destinados a impedir la victoria plena de la segunda revolución popular y democrática del Caribe en el siglo XX.
Desde entonces hemos padecido un largo período de predomino de las derechas, después de haber intentado conquistar una nueva democracia, una democracia basada en el pueblo en armas, con soberanía popular y autodeterminación nacional. Y tiene trascendencia evaluar sus causas.
- Vicisitudes de las izquierdas del 65 a la actualidad.
El 24 de abril de 1965 estalló en Santo Domingo una rebelión popular, cívico-militar, que derrocó el Gobierno surgido del golpe de Estado del 25 de septiembre de 1963, que reclamó la restauración del Gobierno electo el 20 de diciembre de 1962, bajo la presidencia de Juan Bosch y la Constitución democrática promulgada al inicio de su gobierno.
El movimiento se desarrolló impetuoso, con la participación de los militares constitucionalistas y del pueblo en armas. En los tres días iniciales, el ascendente movimiento democrático constitucionalista rompió las estructuras de dominio y represión tradicionales.
Entonces el coronel Caamaño, líder político-militar de la insurgencia, simbolizó la esperanza redentora.
Entonces el General golpista Elías Wessin y Wessin simbolizó la destrucción y la muerte, el golpismo entreguista y genocida.
Las tropas estadounidenses finalmente desembarcaron para bloquear la insurrección y reestructurar las fuerzas militares nativas a su servicio, cuando éstas estaban a punto de ser totalmente derrotadas.
Su presencia forzó el cambio de correlación de fuerzas a favor de las derechas e impuso la paz negociada a favor de la contrarrevolución.
Con la contrarrevolución llegó también, sigilosamente, el Cortesano y su corte (Balaguer y el neo-trujillismo), que juntos más tarde nos impusieron el régimen de terror de los doce años.
EE.UU rearmó y reestructuró el viejo ejército y el viejo régimen, e impuso el neo-trujillismo aliado a la derecha golpista.
Balaguer permaneció durante tres períodos consecutivos a base de represión, corrupción, fraudes electorales y respaldo imperialista.
Luego, ya desgastado el balñaguerismo, un PRD condicionado, mediatizado por su dirección política y cooptado por los Estados Unidos y sectores de la clase dominante dominicana, ascendió al gobierno y en sus 8 años de mala gestión auspició (sin querer, pero queriendo) la rehabilitación política de Balaguer y con ella diez años más de su corrupta y entreguista administración.
Más tarde un PLD neo-liberalizado, favorecido por Balaguer y su corte, lo relevó con el Gobierno de Leonel Fernández (1996-2000) hasta verse cuatro años después desplazado de nuevo por un gobierno del PRD presidido por Hipólito Mejía (2000-2004), que devino en un verdadero desastre nacional.
El desastre encabezado por Hipólito Mejía rehabilitó el retorno de Leonel Fernández y el PLD al gobierno (2004 a 2012) y con ello la continuidad de las políticas neoliberales y el entreguismo a EEUU (ratificación del Tratado de Libre Comercio-TLC con EU y Centroamérica y el acuerdo Stand By con el FMI, así como facilidades a la intervención militar en la isla y para imponer privatizaciones a favor de las corporaciones trasnacionales) y continuidad de la corrupción y la impunidad de los delitos de Estado.
A Leonel lo reemplazó Danilo Medina al frente del gobierno del PLD durante ocho años más (2012-2020) y ambos gobernantes convirtieron al partido y al Estado en una corporación mafiosa que reinó 20 años 1996-2000 y 2004- 2020).
Hemos sufrido 56 años de una contrarrevolución tutelada por EE.UU, continuamente remozada y readecuada desde una partidocracia perversa y pervertida, y desde una gran burguesía asociada a ella, que subordinada al poder imperial, optó recientemente por asumir directamente las funciones ejecutivas del Estado en el contexto del nuevo Gobierno de Luis Abinader (político-empresario) y del Partido Revolucionario Moderno (PRM), surgido del viejo PRD, reemplazante del PLD.
El balance ha sido trágico y “pinta” peor.
Pobreza y dependencia creciente, acompañadas de corrupción a granel.
Y todo esto facilitado por la división y el debilitamiento de las izquierdas y las fuerzas populares, por sus desarraigos y errores posteriores a sus valiosos aportes en la lucha contra la tiranía y en abril 65, por los efectos desmovilizadores y dispersantes del colapso de la Unión Soviética y de los regímenes del Este europeo (seguidos de la derrota sandinista), por el peso de la unipolaridad a favor de EEUU, y por los impactos del discurso y el accionar neoliberal.
Largo e insoportable vía crucis.
Situación que es preciso revertir ya que pronto no habrá vida para una gran parte del pueblo dentro de este contexto fatal. Ni naturaleza, ni medio ambiente que defender.
Pobreza e indigencia creciente, depredación y contaminación del ambiente conforman una amenazante cultura de la muerte.
El orden jurídico-político-militar de la seguridad imperial en la posguerra de Abril, agravado por la estrategia neoliberal, progresivamente conduce a un gran genocidio por hambre y a un gran ecocidio por sus efectos depredadores y contaminantes, tendencias que ahora tienden a agravarse.
Las nuevas rebeldías apuntan en dirección contraria y hacen las veces de contrapartidas. Pero ellas precisan de un salto cualitativo que sólo puede ser fruto de una nueva acumulación política revolucionaria.
La resistencia social que no ha cesado y deberá convertirse, a través de la acumulación de conciencia y organización transformadora, en ofensiva política; en nuevo y renovado abril, en nueva primavera política a favor de una nueva institucionalidad surgida de una constituyente popular y un proyecto alternativo al neoliberalismo.
Se trata de algo realmente imperioso, casi de vida o muerte para la nación y para una gran parte de nuestro pueblo.
Y precisamente ese desafío obliga a recuperar la memoria histórica de aquel Abril heroico, a valorar sus enseñanzas, a explicarnos las causas de su interrupción…así como a recatar todo lo que de esa singular y extraordinaria experiencia pueda tener valor y continuidad en el presente y el futuro próximo para vencer la prolongada contrarrevolución y retomar el camino de los cambios revolucionario; actualizada hoy su pertinencia en nuestra América por la revolución bolivariana en Venezuela y por el accidentado proceso transformador y pro autodeterminación que tiene lugar en esta región, acompañado de la continuidad de la revolución cubana.
A ese propósito responden éste y otros artículos de mi autoría, los cuales procuran reanimar un debate trascendente, tanto cara a las fuerzas de la contrarrevolución como a los(as) que han renegado de ese valioso pasado, trasladándose al cómodo campo de las derechas, la reacción y el reformismo.
Entiendo que el debate entre las partes ayer enfrentadas sigue siendo necesario para que resplandezca la verdad histórica y salirle al paso a los intentos de reconciliar lo diametralmente opuesto.
Entre aquellas partes enfrentada hay no pocas variaciones, incluyendo componentes, que ayer de izquierda, hoy confluyen en el campo de las derechas; generando no pocas confusiones y desconfianzas.
En verdad las derechas y los contrarrevolucionarios del 65 siguen siendo quienes eran. No conozco casos de arrepentimiento ni de reivindicación decorosa entre ellos. Derechistas ayer y derechistas hoy. Derechistas y contrarrevolucionarios ¡siempre!
No ha pasado así con los revolucionarios/as de abril, entre los que abundan tránsfugas y, renegados/as de aquel proyecto transformador. Algo propio de las revoluciones violentamente bloqueadas.
Muchos se cansaron. Otros se vendieron. Algunos resistieron un tiempo para luego sucumbir. Y no pocos se cansaron.
Corrientes de esa matriz avanzadas fueron conducidas hacia la derecha por liderazgos que abandonaron aquellos ideales y principios.
El PRD devino en otra cosa: una fuerza despojada del nacionalismo revolucionario que lo inspiró en Abril de 1965 y durante una parte del periodo de la posguerra. De él ha surgido el PRM al servicio de las elites capitalistas y del coloniaje.
El PLD, inicialmente producto de una rebeldía frente a la degeneración del PRD, se transformo en algo similarmente negativo, traicionando el ideario y el ejemplo del Profesor Juan Bosch.
Muchos (as) izquierdistas pasaron a ser del PRD y del PLD y hasta del Partido Reformista Social Cristiano (PRSC), y allí dentro resultaron más conservadores que los cuadros originales de esos partidos del sistema.
Algunos partidos y grupos de izquierda —o fracciones de ellos— sencillamente dejaron de ser revolucionarios.
Igual pasó con una parte de los militares constitucionalistas que se izquierdizaron en revolución del 65 y se derechizaron mas tarde.
Esa revolución quedó para todos (as) ellos situada en el pasado, pero no proyectada en el presente, y menos aun como arma de futuro.
Muchos de ellos se reconciliaron con los contrarrevolucionarios, se abrazaron con ellos y se aproximaron a sus posiciones.
En esos casos la reconciliación es evidente, aunque no haya sido decretada. Ella no tienen nada de positiva. Ella más bien ha estado mediada por actos de claudicación que perjudican a las fuerzas revolucionarias y que han debilitado la capacidad de lucha de nuestro pueblo.
La izquierda deja ser de izquierda cuando se derechiza y las culpas contraídas no se le deben cargar a las fuerzas revolucionarias y transformadoras.
Nadie en el mundo podrá convencerme de la necesidad de aplaudir esos hechos. Tampoco debemos sentirnos mal o cargar como izquierda consecuente las responsabilidades de quienes abandonaron nuestras filas.
Claro está que tales mutaciones no agotan las contradicciones y enfrentamientos entre ambos proyectos, amén de que es imposible reconciliar la historia real y los enfrentamientos ocurridos.
El campo revolucionario fue diezmado, pero no exterminado. Una parte importante resistió, persistió en el camino, reafirmó posiciones anticapitalistas y antiimperialistas, y renovó ideales.
Entre sus componentes estamos el Movimiento Caamañista (MC) de matriz comunista, el Movimiento Popular Dominicano (MPD-ML), el conjunto de la Izquierda Revolucionaria (IR), el Movimiento de Acción por una Nueva Dominicana (Mando), los Militantes por la Revolución Socialista. Todos con trabas a superar y la mayoría con fuerte ausencia de la nueva generación.
Otras agrupaciones políticas y movimientos políticos-sociales, aunque más moderados, integran tanto una izquierda que se autodefine marxista como un progresismo avanzado y patriótico, definidamente anti-neoliberal, diferenciadas de las derechas y el conservadurismo. Entre ellos se destaca Patria para Todos/as y Fuerza de la Revolución-FR, esta última lamentablemente condicionada por subordinación electoral a Alianza País, organización que se define como centro-progresista y asume una actitud medularmente sistémica.
Otros componentes de las izquierdas históricas, incluidos agrupamientos que se definen comunistas, todavía no desisten de apoyar y aliarse al PRM y a otras fuerzas de las derechas pro-imperialistas. Es el caso del Partido Comunista del Trabajo (PCT), de origen pro-albanés, que hegemoniza el denominado Frente Amplio.
En estas tres vertientes participa una parte importante de la generación revolucionaria de los años 60 y 70, cuyo componente activo en política se divide entre los que asumen militancia partidista y los que no, estos últimos presente en diversos movimientos sociales.
Caamaño legó el buen ejemplo de firmeza y de radicalidad revolucionaria hasta su caída en combate y posterior fusilamiento, cualidades que impactan positivamente diversos sectores contestatarios.En las nuevas generaciones y en los grandes movimientos sociales en lucha (juveniles, ambientalistas, feministas, anti-impunidad, comunitarios, clasistas, antirracistas…) hay muchas inquietudes y rebeldías. Pero también muchas confusiones teóricas-políticas, grandes déficits en la formación política revolucionaria y en la conciencia y militancia necesarias para ser factor subversivo frente al poder del gran capital.
En nosotros/as, comunistas-caamañistas, se ha reafirmado la convicción de que respecto al bando opresor, a los traidores de ayer y de hoy, a las elites capitalistas transnacionales y locales, a los saqueadores, a los genocidas, a los asesinos y ladrones de Estado, a las derechas y neo-derechas, corrompidas y corruptoras, no debe haber ni olvido ni perdón. Tampoco, en consecuencia, conciliación o reconciliación.
Nunca hemos conciliado con ese “bando traidor y parricida” y no lo haremos jamás. Somos partes enfrentadas por intereses de clases contrapuestos, por concepciones programáticas y por motivos éticos bien diferenciados.
Esa línea de aportes la ha continuado la izquierda más consecuente frente a la farsa que representa el cambio del Gobierno del PLD por el del PRM-Abinader-Mega-millonarios, otra modalidad de dominio de las derechas bajo la impronta recolonizadora neoliberal en tiempo de COVID.
Podemos y debemos debatir con todos los adversarios, pero no renunciar a nuestra razón de ser para aliarnos a sus herederos, representantes políticos y elites económicas.
Aquel enfrentamiento no fue una “guerra primaria” al margen de principios, ideales y proyectos.
No fue una simple “contienda fratricida”.
No es aceptable un enfoque o una valoración neutral de las partes enfrentadas.
Esas partes no son equiparables ni moralmente, ni ideológicamente, ni políticamente.
Menos aun desde el punto de vista de los intereses populares y nacionales, o desde el concepto de justicia, desde los valores patrióticos, la solidaridad humana y la lucha de clases.
El despotismo, el entreguismo, la corruptela, la criminalidad, la injusticia, el genocidio, la explotación y exclusión social, la traición a la patria, la pertenencia o alianza con la oligarquía capitalista y con el invasor extranjero, son los contravalores de esas fuerzas que entonces enfrentamos con las armas y hoy con otros medios. Contrarrevolucionarias ayer y contrarrevolucionarias hoy.
La democracia, la justicia social, la moralización de la vida política, la honestidad, la soberanía nacional y popular, la solidaridad humana, el patriotismo, el latino-americanismo, son los valores de la revolución de abril y de los caamañistas de ayer y de siempre, de los socialistas y comunistas leales a sus orígenes.
Tales ideales son realmente irreconciliables con los detentan el poder y diametralmente opuestos a los intereses que defienden las derechas. Ayer, hoy y siempre. Tan irreconciliables como los hechos históricos que situaron a las partes enfrentadas en 1965 en campos opuestos.
Esa confrontación sigue pendiente y a ella no renunciaremos jamás. Jamás.
Visto este balance general, no es difícil descubrir que las izquierdas han tenido que ver como el que más con las luchas libradas, los aportes a ellas y los logros alcanzados antes, durante y después de la revolución de Abril de 1965.
Su aporte en ideas, en sacrificio, en sangre, en combates, en luchas políticas, sociales, cultural, patriotas, solidarias… ha sido enorme.
Y me refiero a las izquierdas históricas y actuales en toda su amplitud y diversidad, política y social, cultural, orgánica y no orgánica; quedando pendiente para una segunda entrega las conquistas alcanzadas a lo largo del periodo ya abordado.
P/D: Artículo inspirado por ideas contenidas en el libro: “Rescatar sus enseñanzas: Para que abril tenga futuro”, debidamente actualizadas y enriquecidas. Ensayo sobre las izquierdas, el PRD y los militares democráticos en la Revolución de Abril / Narciso Isa Conde/ Primera edición: Publiguía, 2002/ 74 p.
Por Rommel Santos Diaz
Adicionalmente, el Estatuto de Roma prevé la posibilidad de la rehabilitación. Según el artículo 110, la Corte deberá revisar todas las condenas de prisión cuando el recluso haya cumplido las dos terceras partes de la pena o 25 años de prisión en caso de cadena perpetua para determinar si esta puede reducirse.
En el punto anterior la CPI considera estos aspectos como si la persona hubiese asistido a la Corte con la localización de cualquier bien objeto de una multa, decomiso u órdenes de reparación que pudiesen beneficiar a la víctima.
La CPI también podrá tomar en consideración ¨otros factores indicados en las Reglas de Procedimientos y Prueba, que permitan determinar un cambio en las circunstancias suficientemente claro e importante como para justificar la reducción de la pena¨
Por consiguiente una cadena perpetua podría reducirse a 25 años de prisión en algunos casos. Si la CPI decide no reducir la sentencia de la persona después de la primera revisión, volverá a examinar la cuestión con la periodicidad y con arreglo a los criterios indicados en las Reglas de Procedimientos y Prueba.
Durante las negociaciones sobre las penas de la CPI, muchos Estados estuvieron a favor de la aplicación de la pena de muerte en los casos extremos. El numero de Estados con pena de muerte es poco menor que el de aquellos que no tienen pena de muerte.
No existe la oportunidad para rehabilitación alguna cuando se impone la pena de muerte. Por ende la cadena perpetua con la posibilidad de reducirla a 25 años, es un compromiso razonable entre la pena de muerte y la prisión máxima de 30 años.
Los Estados deberán recordar que el artículo 80 del Estatuto de Roma expresamente establece que el Estatuto no afecta la aplicación por parte de los Estados de aquellas penas prescritas por su propio derecho interno , ni afecta la ley de aquellos Estados que no impongan las penas prescritas en el Estatuto de Roma.
Los Estados Partes no deben imponer las mismas penas por los mismos delitos en su jurisdicción, ni deberán aplicar las condenas de prisión a no ser que voluntariamente lo quieran hacer. En este caso, los Estados podrán también especificar las condiciones bajo las cuales aceptarían a las personas condenadas, inclusive la condición de no aplicar la cadena perpetua.
Por consiguiente, los Estados Partes que cuenten con las disposiciones constitucionales que prohíban la imposición de la cadena perpetua solo necesitaran permitir la excepción de entregar a la persona a la CPI, pese a que tal persona pueda ser condenada a cadena perpetua.
Los Estados Partes del Estatuto de Roma deberán entregar a la persona acusada a la CPI cuando ésta así lo solicite, aún si existe la posibilidad de que dicha persona sea condenada a cadena perpetua.
En el caso de muchos Estados, la potestad de la CPI para imponer la cadena perpetua no necesitará la aplicación de medidas legislativas particulares. Sin embargo, en algunos Estados la constitución explícitamente prohíbe la extradición de una persona a un Estado donde se aplica esta pena , o que declara la cadena perpetua como un castigo cruel. Estos Estados cuentan con dos opciones:
- a) Establecer claramente, en la norma que implemente el Estatuto, la distinción entre la extradición de una persona a otro Estado y la entrega de una persona a la Corte Penal Internacional.
Algunos Estados podrán realizar esta distinción en su legislación, lo cual les permitiría entregar personas a la CPI aunque exista una restricción a la ¨extradicion¨de personas a tribunales que impongan la pena de cadena perpetua. Esto les permitiría mantenerla prohibición de extraditar a una persona a un tribunal extranjero, sin interferir con la habilidad de cooperar plenamente con la CPI.
- b) La reforma a la Constitución podría ser mínima, dirigida solo a la introducción de una excepción al principio. Podría especificarse que la cadena perpetua impuesta por la CPI de conformidad con el Estatuto de Roma para algunos de los crímenes allí enumerados no viola la Constitución.
Debería también mencionarse que el Estado puede entregar a la persona acusada a la CPI a pesar de que exista la posibilidad de la cadena perpetua. La enmienda constitucional podría también mencionar que la CPI puede reducir la condena después de 25 años, existiendo así la posibilidad de la rehabilitación.
Finalmente, la ventaja de una reforma constitucional que elimina cualquier posibilidad de un conflicto normativo, garantiza que los tribunales nacionales dicten sus fallos de conformidad con sus obligaciones legales establecidas en el Estatuto de Roma.
Luis Abinader enfrenta críticas por su incapacidad para frenar las ejecuciones extrajudiciales de la Policía Nacional, reflejando un temor a su poder.
- El texto denuncia ocho muertes de un tirón y 40 en un mes.
- Se acusa al presidente de conminar entregas, avalando de hecho ejecuciones extrajudiciales.
- La supuesta reforma policial es calificada de farsa para entretener y engañar.
Por Narciso Isa Conde
Ahora las ejecuciones judiciales o asesinatos policiales son por paquetes o ramilletes: ocho de un tirón… 40 en un mes y unos días.
El nuevo jefe, o da la orden, o la banda criminal interna tiene luz verde para tirar los cadáveres en las narices de los pobladores donde acribillan a los condenados ilegalmente a pena de muerte.
Abinader los conmina a entregarse para evitar que le vaya peor, autorizando en los hechos su ejecución.
Dicen, con razón, que Luis Abinader le tiene miedo a todo.
A Donald Trump, a Marco Rubio, a la CIA, a la DEA, a Netanyahu, al Mossad, al Comando Sur…
A los Vicini, los Rainieri, los Risek… a los bancos y las bancas, a sus ARS y AFP, y a todos los oligarcas más ricos que él…
A los granceros… a los magnates depredadores y explotadores y a los influencers de diferentes calibres y calañas…
A los López Pilarte y Miguel Gutiérrez.
A Hipólito, a Leonel y hasta el semi-acosado Danilo.
En este delicado tema de la perversión de la P.N. de sus matanzas, de sus prácticas y asociaciones mafiosas recurrentes… su estructura criminal y sus asesores israelí, estadounidense, chilenos, colombianos y españoles saben muy bien que Abinader le tiene miedo, y que la reforma es una farsa para entretener y un cuento para engañar.
En verdad, no le temen a ese allante.
Por ese miedo, Abinader es incapaz de dar una orden para cerrar categóricamente el tenebroso capítulo de las ejecuciones extrajudiciales.
Es incapaz de dar un zapatazo, de emplazar a los jefes policiales, de amenazarlos con castigos severos, para que detengan su horrible carrera delictiva. Carece de energía y valor para ponerlos en su sitio, aunque sea solo en ese punto.
Por el contrario, perdió autoridad y continúa apoyando y modernizando un cuerpo policial criminal, integrado por bandas especializadas en todos los delitos; dotándolo de nuevos equipos que mal usan, deterioran o se roban.
Esa cobardía permisiva y su ideología convierten al mandatario en cómplice de una institución cuyas entrañas están podridas.
El mal es estructural, sistémico, crónico. No cede con cirugía extirpadora de tumores. Desde hace décadas hizo metástasis.
Luis Abinader lo sabe y alimenta sus tumores y metástasis. Cada cambio de jefatura y cada reforma y cada plan de seguridad ciudadana, es eso.
La cultura despótica, criminal, delictiva… resiste “depuraciones” parciales. Ella se recompone fácilmente y se retroalimenta, siempre asociada a otras variantes de la corrupción de Estado, ya sea política, empresarial o narco-criminal.
En el interior de la Policía Nacional se recicla también la ideología autoritaria-neoliberal rodeada de un Estado y una sociedad civil en los que domina el criterio de que la gente vale por lo que consume, por las banalidades que disfruta y el dinero que posee.
Rebrota fácilmente en su seno el viejo caudillismo (Trujillo, Balaguer…), reencarnado y estimulado por los presidentes más recientes: Leonel Fernández, Hipólito Mejía, Danilo Medina y el propio Luis Abinader, el actual.
La P.N.es un cuerpo militar y se auto-protege con el manto del autoritarismo y el secretismo castrense.
Un cuerpo acostumbrado al abuso, la crueldad y el robo.
Más que interrogar, tortura; física y mentalmente.
Los mayores ingresos personales a nivel de alta oficialidad provienen de lo ilícito, sin que nadie los fiscalice: extorsión, soborno empresarial, complicidad con bandas civiles, protección de delincuentes de todas las calañas, narco-corrupción.
La policía no previene ni persuade, sino que mete miedo y reprime, y hasta le hace la guerra al pueblo, maltratando a civiles.
Atemoriza a presidentes cobardes y a congresistas perversos que la exhortan a ser más duros y más criminales.
Importantes sectores de la P.N. son insaciablemente adictos a esas inconductas inducidas por sus jefes y estimuladas por el modelo de actuación de la clase dominante-gobernante.
Por Oscar López Reyes
En su fuero eminentemente profesional, el periodista labora para empresas periodísticas, instituciones estatales y organizaciones de otras índoles, con la ética “como el zumbido al moscardón” y la dignidad sobre la mesa. En cualesquiera de esas órbitas, diáfanamente ha de mantener su compromiso con la libertad, la democracia y el bien común, sin manipular la verdad ni inquirir ventajas personales; sin erosionar confianzas ni confabularse con pestañas tenebrosas del poder político-económico.
Con unos y otros presidentes de la República he interactuado en 50 años, ya en entrevistas, tertulias y otros encuentros periodísticos y en quehaceres oficiales. Incumbentes de todos los gobiernos han requerido los servicios profesionales independientes de quien escribe, sin condicionamientos políticos en un clima de respeto. En todos he aceptado las propuestas de trabajo, menos en una regencia de ocho años.
7.- JOAQUÍN BALAGUER RICARDO (1 de septiembre de 1906, Bisonó, Santiago-14 de julio de 2002, Santo Domingo). Mandatos presidenciales: 1960-1962, 1966-1978 y 1986-1996. Durante su administración 1966-1978, varios periodistas cayeron abatidos a balazos, y para abordarlo había que aprovechar circunstancias especiales, como su llegada al salón de Embajadores del Palacio Nacional para encabezar las reuniones de cada miércoles de la Comisión Nacional de Desarrollo, y al término tanto de las misas dominicales de la capilla de la Casa de Gobierno como en las inauguraciones de obras públicas.
En 1973 decidió presidir una rueda de prensa, en la mañana de cada jueves, y por lo general se exigía que, con antelación, presentaran las preguntas a ser formuladas que eran punzantes y con frecuencia respondía exaltado. Singularizó por la anarquía, por cuyas razones fue suspendida sin retorno. En su nuevo gobierno de 10 años (1986-1996), Joaquín Balaguer se mostró más receptivo con los periodistas. Por lo menos una vez a la semana yo lo entrevistaba durante sus caminatas, a las 6 de la tarde, por el parque Mirador Sur. Me entregó el Premio de los Jayces ‘72 como joven sobresaliente de 1992, en un acto en el Palacio Nacional, y en ese período laboré como encargado de relaciones públicas del Instituto para el Desarrollo del Suroeste (Indesur), con sede en Azua.
8.- ANTONIO GUZMÁN FERNÁNDEZ (12 de febrero de 1911, La Vega- 4 de julio de 1982, Santo Domingo). Administración gubernamental: 16 de agosto de 1978 – 4 de julio de 1982. A este modelo de accionar democrático y cambios, había que sacarle los datos con preguntas directas, durante inauguraciones y otras actividades, y sus informaciones más relevantes provenían de sus discursos.
Guzmán Fernández respondía con un lenguaje campechano, y se coronó con la gloria de que en su gestión se instalaron y desarrollaron las principales unidades de relaciones públicas gubernamentales. En el citado cuatrienio, conversé con él cuando yo fungía como encargado de relaciones públicas del Instituto Nacional de Recursos Hidráulicos (INDRHI). Y en El Nuevo Diario profundicé en un análisis sobre las razones de su suicidio en su despacho del Palacio Nacional, el 4 de julio de 1982, entre la medianoche y la madrugada.
9.- JACOBO MAJLUTA AZAR (9 de octubre de 1934, Santo Domingo-2 de marzo de 1996, Tampa, Florida, Estados Unidos. Jefe de Estado en funciones: 4 de julio de 1982-16 de agosto de 1982, 43 días. Como vicepresidente constitucional, el 4 de julio de 1982 asumió la presidencia de la República tras el fallecimiento del presidente Antonio Guzmán Fernández, ambos electos para el período 1978-1982.
Platicamos periodísticamente en encuentros en su vieja residencia de la avenida Independencia número 555 (entre las calles Benito Monción y Socorro Sánchez) y su nueva residencia de Arroyo Hondo, con el auxilio y la compañía de Rafael Gamundi Cordero. Sobresalió por su afectividad y franqueza con los periodistas.
10.- SALVADOR JORGE BLANCO (5 de julio de 1926 -Santiago-26 de diciembre de 2010, Santo Domingo). Ciclo de su autoridad presidencial: 16 de agosto de 1982 y 16 de agosto de 1986. Este tercer presidente de la República del PRD tomaba asiento en su despacho del Palacio Nacional a las 7 de la mañana, a la misma hora en que este servidor comenzaba a laborar como periodista del Departamento de Prensa de la sede presidencial. En esa condición asiduamente tomaba notas de declaraciones oficiales en actos a los que no tenían acceso los periodistas que cubrían la fuente palaciega. Luego me designaron director de relaciones públicas de los ministerios de Relaciones Exteriores e Industria y Comercio.
Jorge Blanco contestaba preguntas de los reporteros en actos especiales, como en la presentación de credenciales de diplomáticos y encuentros sociales. Cada jueves conversaba con ellos al término de las Audiencias Populares, organizadas en el hoy salón Hermanas Mirabal de la primera planta del Palacio Nacional y en gobernaciones de distintos pueblos. Dos veces lo visité cuando estuvo recluido –en un ambiente cuasi solitario- en la desaparecida cárcel preventiva del ensanche La Fe y publiqué crónicas sobre su internamiento en la clínica Gómez Patiño y su salida del país con fines de salud.
11.- LEONEL FERNÁNDEZ REYNA (26 de diciembre de 1953, Santo Domingo). Lapsos como regente del Poder Ejecutivo: 1996-2000 y 2004-2012. Catedrático y filosófico de la comunicación en las aulas universitarias y en el diario existir, resaltaba que no se peleaba con sacerdotes ni periodistas. En esa línea, confraternizó y ayudó a una legión de estos últimos.
Compañeros en la escuela de comunicación social de la Universidad Dominicana O&M y los encuentros con el teórico Jimmy Sierra, solidarios en los avatares del Colegio Dominicano de Periodistas (CDP) y cercanos de oficinas en la calle El Conde, Fernández Reyna me llamó como asesor de comunicación de los consejos consultivos de los dominicanos en el exterior, con asiento en el Palacio Nacional, y luego como secretario del consejo de administración de Certv/RTVD, honoríficamente durante tres años, cuando presenté renuncia.
12.- HIPÓLITO MEJÍA DOMÍNGUEZ (22 de febrero de 1941, Gurabo, Santiago). Mandato presidencial: 2000-2004. Hablaba con franqueza y sin contención con los periodistas hasta tres veces en un solo día. Responsable y valiente, se caracterizó por ser locuaz y jocoso, y espontáneamente me otorgó -el 5 de abril de 2003- la condecoración de la Medalla Presidencial al Mérito Civil, en una ceremonia celebrada en el Palacio Nacional.
Tras ser designados por Hipólito Mejía, Manuel (Chiqui) Troncoso Cuesta, presidente y gerente general, y Luis Martínez como subgerente del Banco Nacional de la Vivienda (BNV), me encargaron de las relaciones públicas de esa institución, en el 2001.
13.- DANILO MEDINA SÁNCHEZ (10 de noviembre de 1951, Arroyo Cano, San Juan). Mandato presidencial: 2012-2020. Ha sido el más huidizo, apagado e insulso de los presidentes de la República, y apenas abrió los brazos para hacer buenas migas e intimar con una camada de buenos allegados redactores élites y comentaristas. Mis relaciones en la gobernanza de Medina Sánchez no pasaron de un simple saludo y una mirada furtiva.
Cinco viejos camaradas del Partido Comunista de la República Dominicana (Pacoredo), entre ellos dos sometidos actualmente a la Justicia por corrupción, no pudieron convencerme para que junto a ellos me integrara a la campaña electoral de Medina Sánchez, y no acepté trabajar en el gobierno durante su mandato de ocho años. ¡Presidente, la afectividad, presidente!, encabezaban los artículos publicados en el vespertino El Nacional, como advertencia.
14.- LUIS ABINADER CORONA (12 de julio de 1967, en Santo Domingo). Mandatos presidenciales: 2020-2024 y 2024-2028. En el 2020 innovó con un nuevo estilo de suministrar informaciones: el Twitter, ahora X. Prosiguió, desde el 28 de agosto de 2023, con LA Semanal con la Prensa, en el salón de las Cariátides del Palacio Nacional, transmitida en vivo por la plataforma de streaming YouTube. Se enquistó en el espacio de diálogo gubernamental más innovador, abierto entre formalidades protocolares y bromas, así como dinámico en la generación de noticias preeminentes.
Con Abinader Corona he mantenido nexos académicos y familiares por cuatro décadas, y en estos 6 años de su gobierno he sido director de comunicación de la Dirección General de Contabilidad Gubernamental (Digecog) y la Contraloría General de la República, para sumar 42 años de servicios a instituciones del Estado.
Sinopsis. En el Palacio Nacional (dos veces) y en un palacio judicial, en la Cancillería, un banco estatal, Radiotelevisión Dominicana, Industria y Comercio, en la Contraloría, el Indrhi, el Consejo Nacional de Fronteras, Indesur y Digecog conocí y platiqué con jefes de Estado y estas instituciones me obsequiaron múltiples ofrendas: vida, participación en eventos históricos, tener acceso a informaciones privilegiadas, aprendizajes y experiencias para el crecimiento personal, amistades, honores y agasajos. Y me abrieron pétalos para escribir sobre políticas públicas, transformaciones en el Estado y memoriales históricos.
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El autor: Periodista, mercadólogo, catedrático y escritor.
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