Opinión
Pérdida de hegemonía de EE.UU y decadencia de la civilización capitalista occidental
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5 años agoon
Por Narciso Isa Conde
En el presente mundial resaltan cuatro grandes señales que marcan la pérdida de hegemonía del imperialismo estadounidense, que sumadas e interconectadas entre sí, y agregadas a las vertientes más relevantes de la multi-crisis que impacta la civilización capitalista occidental, determinan su actual proceso de decadencia. Veamos:
1. -CRISIS INTERNA.
Una crisis acumulada previamente y profundizada a continuación por la COVIDE 19, que se traduce en:
-Deterioro de su sistema sanitario expresado en cifras récords de muertes y contagios.
-Evidencias de altísimos niveles de empobrecimiento, desigualdades y discriminaciones de todo tipo: racistas, clasistas, religiosas, patriarcal, contra adultos y adultas mayores, contra la juventud, e incluso un peligroso auge de las concepciones malthusianas promovidas por una parte de sus elites gobernantes…
-Trato brutal a la población afro-descendiente.
-Degradación ético-moral y deslegitimación crecientes del sistema bi-partidista, manifiesta incluso en el debate TRUMP-BIDEN y en la denuncia de fraude, la amenaza de desconocimiento de los resultados y judicialización del proceso.
-Agotamiento de la financiarización del sistema económico y del predominio de la especulación sobre la producción.
-Enorme déficit fiscal y altísimos niveles de endeudamiento externo e interno.
-Incremento de las pugnas entre las facciones chauvinista-neofascistas y las “globalistas” del gran capital, ambas portadoras de una agresividad militar destructiva contra el resto de la humanidad y en intensa competencia por la hegemonía interna y el predominio de uno o de otro en un viraje hacia un modelo que resulte del llamado “receteo” de la relación entre la masa monetaria y la economía real, y entre ésta y el incremento del gasto social.
-Gansterización de gran parte del sistema político-militar y de las cúpulas empresariales, lo que determina el auge indetenible de la delincuencia en instancias institucionales-estatales y en importantes franjas de la sociedad.
-El crecimiento de las rebeldías sociales y político-sociales al interior de la sociedad estadounidense, expresándose a través de múltiples movimientos sociales masivos con tendencias transformadoras y/o impugnadoras de imposiciones sistémicas y políticas públicas anti-populares, tipo “Tomar Wall Strett”, confluencias de organizaciones anti-racistas, movimiento feministas radicales y espacios de migrantes e inquilinos empobrecidos.
En fin, aun sin agotar en este texto la agenda de las expresiones de esta crisis, se puede captar el evidente desplome del llamado “sueño americano” y de su poder de atracción a nivel interno y externo; lo que debilita el poder de sus gobernantes y su impacto en ambos planos.
2. DEBILITAMIENTO DE SU DOMINIO EN SU MAL LLAMADO “PATIO TRASERO”: NUESTRA AMÉRICA.
A lo largo de más de medio siglo, la estrategia de dominación desplegada por EE.UU en la región latino-caribeña, no ha podido revertir el CICLO de cambios hacia la Segunda Independencia iniciado por la heroica Revolución Cubana, ni tampoco aplastar la cuarta oleada de transformaciones político-sociales desplegadas a partir de la insurgencia zapatista en México y del levantamiento político-militar chavista en Venezuela; seguidos de múltiples rebeldías populares y victorias electorales en pro de conquista de soberanía y reformas sociales, y de trascendentes combates escenificados por movimientos transformadores de diversos calibres y de variadas consistencias políticas.
A pesar del feroz contra-ataque imperialista, respaldado por las oligarquías capitalistas y las ultraderechas a nivel interno, la dinámica reforma / contra-reforma, y revolución / contrarrevolución, perdura.
De ese contraataque ha resultado el llamado Bloque de Lima, con 11 gobiernos subordinados a la política de Washington y controlados políticamente por las derechas y ultraderechas conservadoras y prp-imperialistas; pero al mismo tiempo no pocos de ellos asediados por las protestas populares y afectados por diversos grados de inestabilidad política en medio de elevadas tensiones sociales.
Las reversiones de los procesos de autodeterminación y la imposición de retrocesos ultra-neoliberales no han significado dominio estable de EE.UU y aliados, ni han conjurado persistentes tendencias a nuevas crisis de gobernabilidad.
La contraofensiva imperialista no ha podido con Cuba ni con Venezuela.
EE.UU y sus aliados volvieron a perder el control que lograron en Argentina con el Gobierno de Macri.
Con el triunfo de MORENA y López Obrador, México se zafó a nivel gubernamental de las garras de las mafias políticas pro-estadounidenses.
Los pueblos empobrecidos y reprimidos de Bolivia, Chile, Ecuador, Brasil Paraguay, Honduras, Haití, Colombia, Puerto Rico… no han podido ser doblegados.
En esas naciones hermanas las movilizaciones y protestas multitudinarias se han tornado recurrentes y se radicalizan cada vez más.
En Costa Rica crecen las protestas contra la intervención del FMI.
Los nuevos planes de agresión a Venezuela han fortalecido la unidad cívico-militar a nivel nacional y la solidaridad internacional con el proceso bolivariano; incluida la firme actitud de Rusia, Irán y China de apoyo a la soberanía venezolana y rechazo al agresivo intervencionismo estadounidense.
Venezuela no solo no está sola, sino que está muy bien acompañada de las fuerzas revolucionarias del Continente y del mundo, y de los Estados no alineados al eje imperialista occidental.
Venezuela bolivariana y chavista es un hueso duro de roer, mientras en toda la región crece la oposición a la decadente recolonización neoliberal y a los intentos de endurecerla bajo el mando de las derechas y ultraderechas mafiosas.
La histeria anti-china y anti-rusa de EE.UU no ha logrado detener en esta región los avances de ambas súper-potencias emergentes en el terreno económico y en el plano político en un gran número de países latino-caribeños; fenómeno que en el caso de China, por su fuerza económica, tiene proyección mundial; aunque ciertamente en algunos casos Washington logra limitar esos vínculos ejerciendo enormes presiones y esgrimiendo asuntos de seguridad.
3.-EE.UU PIERDE TERRENO EN UNA EUROPA CADA VEZ MÁS DIVIDIDA.
En Europa, el hecho de que otro de los sueños del imperialismo estadounidense, específicamente el de la unipolaridad a su favor, se haya esfumado, ha traído como consecuencia la pérdida de influencia y el debilitamiento de los controles desplegados anteriormente por esa superpotencia.
La multipolaridad la ha forzado a perder terreno en la vertiente militar, dadas la recuperación de la independencia y el fortalecimiento militar de Rusia, y la expansión y modernización de la economía China.
En Europa la Rusia de Putin es un poder más allá de sus propias fronteras.
Pero no se trata de eso solamente.
El tema China y su expansión económica y tecnológica hacia Europa le están causando serios problemas a EE.UU.
Esos problemas se relacionan con la cuestión comercial, la pérdida de mercado, los niveles de inversión y las nuevas tecnologías; que a su vez impactan las relaciones políticas y los niveles de las alianzas, y generan nuevas contradicciones, nuevos agrupamientos y significativas divisiones al interior de la Unión Europea (U.E.) y en toda la región.
Al quebrarse la unipolaridad y fragmentarse de nuevo la globalización, China ha podido expandir sus exportaciones, inundar los mercados europeos con sus productos, entrar en competencia a nivel mundial en materia de nuevas tecnologías, posicionarse mejor en la “guerra por la conectividad en las redes” y específicamente en lo relacionado con el tema crucial del 5G.
EE.UU sufre de no poder competir con China en materia de precios en esas vertientes, por lo que tiende a perder espacios y áreas en las que antes reinaba sola como súper-potencia. Las razones de esa realidad hay que remitirlas a las diferencias existentes entre los respectivos regímenes salariales y modelos económicos-sociales.
· El poder de la nueva tecnología y la competencia por la supremacía en el 5G.
China se ha propuesto independizarse tecnológicamente de Occidente y lo está logrando a buena velocidad y con mucho éxito. Lo que está pasando alrededor de la nueva generación de tecnología digital y particularmente del 5G es una expresión relevante de esa realidad.
En ese plano ciertamente se está librando una guerra trascendente.
En esa competencia están en juego temas como:
-La lucha por la supremacía que implica el monopolio para controlarla y el poder de decisión para imponer las normas de propiedad intelectual.
-El posicionamiento, más o menos ventajoso, en la cadena del suministro para el espionaje y el boicot de estructuras críticas, o sea equipos y procedimientos sensibles en asuntos militares y de seguridad.
-Las ventajas y desventajas de ambas superpotencia o bloques de alianzas en cuanto a innovación militar, guerra y control del espionaje global desde el ciberespacio; la superioridad en inteligencia artificial, en la economía global, y el transporte terrestre, marítimo y espacial.
5G equivale a ojos y oídos para un mayor control planetario.
Equivale a industria y transporte robotizado.
La correlación de fuerzas empresariales y de poder por países en ese campo se presenta hoy de la siguiente manera:
-EEUU tiene a su interior dos corporaciones punteras en esa nueva tecnología: INTEL y ARIEL-CORP, pero con la limitación de que para competir con China necesita a Europa y a sus corporaciones.
-Europa tiene dos: NOKIA y ERICSSON.
-China tiene tres: TIK-TOK, TENCENT y HUAWEI.
-En China y en el mundo HUAWEI lleva la delantera: imagen más nítida, transmisión más veloz, más rápida y mejor precio, y una mejor relación entre los seres humanos y las máquinas.
-Otra ventaja de China es que las corporaciones privadas están obligadas a actuar conjuntamente con el Estado, mientras que en EE.UU pueden zafarse y hacer lo que le dé la gana, debilitando la cohesión en el accionar internacional.
Eso no determina que la hegemonía está definida, pero sí que en la actualidad de esa competencia China tenga algunas ventajas importantes, lo que plantea las cosas así: o EE.UU da un salto (nada fácil), o China desbanca a su contrario. Y los expertos vaticinan que eso posiblemente necesite 5 años más para el desenlace definitivo.
· Las ventajas relativas de China en el 5G influyen sobre los aliados europeos de EE.UU y erosionan su hegemonía.
Un gran número de naciones europeas son aliadas estratégicas y dependen militarmente de EEUU. Eso le impone a cada uno ciertas ataduras que en la actualidad están siendo erosionadas por las ventajas que representan los vínculos económicos y tecnológicos con China.
En la actualidad Europa se mueve entre esa alianza estratégica -acompañada de la dependencia militar y del rol determinante del Pentágono en la OTAN- y la conveniencia del fortalecimiento de los vínculos económicos con el “Gigante Asiático”, que incluye las conexiones a las redes más eficaces.
Inglaterra, pese a su alianza carnal con EEUU, provee sus redes mediante acuerdos con Huawei.
Polonia sigue cooperando con China pese a la amenaza estadounidense de no respaldar la instalación de una base militar de cara a sus contradicciones con Rusia.
Alemania recibe presiones de Washington para que desista de sus vínculos con China en la vertiente de la nueva tecnología.
Alemania y Francia son las más grandes receptoras de inversiones China a nivel europeo.
España va siguiendo esa misma ruta.
En general, los países europeos no rompen con EEUU, pero siguen sus amoríos con China por las ventajas comerciales, el impacto de las inversiones y las conveniencias tecnológicas.
Esto determina que Washington aumente su nivel de presión metiendo miedo con el tema seguridad y amenazando con condicionar la alianza militar concertada.
La reciente visita de Pompeo estuvo acompañada de muchos misiles verbales en esas direcciones y de una marcada insistencia en forjar una gran coalición anti-china, que encuentra poco eco en la Europa de estos tiempos.
· La estrategia China en Europa.
La estrategia China es de largo plazo, pero sin desistir de sus metas y avanzando poco a poco en pro de ellas, empleando a fondo sus ventajas comparativas.
En esa tesitura ha logrado, desplegado un eficaz trabajo de hormiga, fortalecer sus relaciones políticas en una buena parte de los países del Este y del Sur de Europa; mientras invierte en grande en Francia y Alemania, con buen rebote hacia Inglaterra y España. Una operación combinada hacia el centro y la periferia del Viejo Continente, con resultados positivos tangibles para sus intereses.
Esa gravitación del poderío chino económico-tecnológico y realidades propiamente europeas, han influido para que, además del polo que se nuclea alrededor de Rusia, se conformen tres tendencias en el mismo espacio de los aliados europeos de EEUU.
1) Alemania y Francia al tiempo de subrayar que China representa otro sistema y que en consecuencia no puede ser su aliado, defienden la validez de sus vínculos económicos con la superpotencia asiática y subrayan que ellos no quieren ser segundones o subordinados de EEUU, sino mas bien “parte de un triangulo”.
2) Inglaterra y una parte de los Países Nórdicos reconocen la validez de los argumentos franco-alemanes, pero subrayan que no les interesa la tutela de ninguna de esas dos principales potencias de euro-occidentales.
3) Mientras, en los Estados del Oriente y el Sur de Europa, crece la tendencia pro-china; y en los pueblos -sobre todo en los del Sur- proliferan los estallidos políticos sociales contra los nuevos ajustes neoliberales y contra la manipulación de la pandemia a favor de gran capital. Grecia está que arde.
A esto se agrega el debilitamiento de la UE a consecuencia de fracturas de la unidad de sus cúpulas y de las corrientes separatistas y centrifugas en cabezada por el Reino Unido.
Así se expresa por el momento el debilitamiento del poder norteamericano sobre el Continente europeo y las divisiones en marcha, a propósito de los fenómenos económicos y del poder de la nueva tecnología, pendiente todavía su desenlace pleno.
4.-EL DECLIVE ES GLOBAL.
Esto acontece en Europa y fuera de Europa.
El declive de EEUU es a escala global, con evidencias claras en lo acontecido durante la crisis político-militar ucraniana, en el posicionamiento de Bielorrusia y de otras ex-repúblicas soviéticas, en las confrontaciones respecto a Siria, en las relaciones y posicionamientos respecto a Irán y Palestina, y en otros conflictos escenificados en el Medio Oriente y más allá.
En el cercano y lejano Oriente, en Asia y África se están produciendo fenómenos que confirman el declive.
EEUU no ha logrado derrotar a Corea del Sur, ni cambiar la realidad de Viet Nam, ni vencer a Irán.
Aún en países y territorios invadidos, la resistencia sigue.
Las guerras les resultan como negocio lucrativo y como medios de destrucción, pero no logran ni ocupaciones ni formulas estables. A lo sumo sus invasiones militares dan como producto una especie de caos incontrolable.
El poder militar de Rusia y la fortaleza económica de China, le sale a EE.UU en todos los continentes.
No pocos Estados pequeños se tornan respondones.
Los modelos neoliberales son también embestidos por diversas expresiones de rebeldía de los pueblos de Asia y África, y por todas partes las luchas por la soberanía se debate entre victorias y reveses.
Las avalanchas de inmigrantes de los pueblos empobrecidos y re-colonizados derriban todos los controles.
Los maltratados, calificados despectivamente como habitantes de “Cuarto y Tercer mundo”, se vuelcan hacia las entrañas de las potencias opresoras procurando sobrevivir.
Tal realidad -acompañada de una gansterización del sistema imperialista occidental, de un recrudecimiento de las opresiones y violencias funcionales a la sobre-explotación capitalista (clasista, racista, patriarcal, adulto-céntricas) y de una crisis ambiental que amenaza la existencia humana y la vida en el planeta- son señales claras no solo de pérdida de hegemonía de EE UU, sino de la decadencia de un sistema y una civilización basada en el dominio de la burguesía y en la voraz dinámica del capitalismo.
Las decadencias imperiales nunca se producen al margen de la agresividad, la violencia y las guerras.
En su declive los dominadores se tornan más feroces.
Es el caso del imperialismo estadounidense y sus aliados en Occidente y más allá, impulsores de la guerras mundial infinita.
El parto de lo nuevo será doloroso, pero será.
Opinión
La Corte Penal Internacional y la Justicia Internacional (3 de 3)
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7 días agoon
enero 4, 2026Por Rommel Santos Diaz
Se tiene reportado el uso de 250,000 niños soldados en cerca de 50 países. Para completar el panorama, se estima que 20 millones de niños han sido desplazados como consecuencias de las diversas guerras y catástrofes humanitarias, mientras que entre 8,000 y 10,000 niños mueren cada año como consecuencia de utilización de minas antipersonales.
Existen indicios de que la trata de niños en zonas de conflicto es una tendencia que va en aumento y esta vinculada a redes de delincuencia transnacional organizada.
La Corte Penal Internacional es el primer tribunal internacional cuyo Estatuto y Reglas de Procedimiento y Prueba brindan a las víctimas la posibilidad de participar en todas las etapas del proceso.
A diferencia de las actuaciones de las víctimas en otros tribunales internacionales, limitadas a reforzar los argumentos de la defensa o el Fiscal, la Corte Penal Internacional les reconoce derechos que les corresponden por ser quienes han sufrido la grave vulneración de sus derechos humanos y tienen la mayor expectativa de que se haga justicia.
El principal reto de la Corte Penal Internacional será demostrar que sus investigaciones y decisiones no están guiadas por móviles políticos o intereses ajenos a la justicia y la represión de crímenes internacionales.
Finalmente, en la medida en que este sistema se vaya consolidando, siguiendo los parámetros legales del Estatuto de Roma y de las Reglas de Procedimiento y Prueba, es posible que países hoy reticentes hacia la Corte Penal Internacional modifiquen su postura hacia una de ayuda y cooperación. Con esto se lograría tener un sistema penal internacional plenamente universal como complemento a las iniciativas locales por sancionar crímenes de genocidio, lesa humanida, guerra y agresión.
rommelsantosdiaz@gmail.com
Por Nelson Encarnación
El reciente escándalo de corrupción detectado en el Seguro Nacional de Salud (Senasa) ha acentuado la percepción o el convencimiento en algunos de que los políticos acceden a los cargos públicos con la intención de apropiarse de los recursos que manejan.
Ya en otras oportunidades se ha esparcido el mismo convencimiento, en ocasión de hechos judicializados que aún cursan en los tribunales sin sentencias firmes.
Estos y casos anteriores han servido de fundamento a quienes entienden que las formaciones políticas son nidos de bandidos con una amplia vocación hacia la depredación de los recursos públicos, dando lugar, al mismo tiempo, a la prédica contra los políticos y los partidos.
Sin embargo, existen argumentos y evidencias suficientes para desmontar la mala fama contra los políticos. Podemos afirmar, de manera categórica, que los políticos profesionales no roban.
Para remontarnos a los hechos más sonados de persecución a la corrupción, podemos referir el que ha sido, probablemente, el más sonoro de todos, es decir, el procesamiento judicial del expresidente Salvador Jorge Blanco (1982-1986), quien fue condenado a 20 años de prisión por hechos que, evidentemente, no cometió.
Jorge Blanco, que antes de ser político ya era un abogado prestigioso, murió en medio de precariedades materiales, una situación que no concuerda con quien supuestamente fue un corrupto.
Los hechos por los que se condenó al exmandatario no fueron cometidos por él ni por ninguno de sus seguidores con formación y compromiso político, sino por allegados que nada tenían que ver con el Partido Revolucionario Dominicano.
En el caso de los expedientes que todavía se ventilan en la justicia relacionados con hechos registrados—conforme las imputaciones del Ministerio Público—vinculan en primer plano a personeros relacionados al expresidente Danilo Medina, no a dirigentes conocidos del Partido de la Liberación Dominicana.
Y en el más reciente que ocupa la atención del país, es decir, el expediente Senasa, una simple identificación de los encartados permite concluir en que se repite el mismo patrón: los principales señalados no son políticos de militancia.
En consecuencia, si miramos los hechos con un sentido lógico y alejado de la intención de dañar a los partidos y sus dirigentes, podemos proclamar que los políticos profesionales, con formación en el servicio a la sociedad, con compromiso, no roban los fondos del erario. Ahí está la historia.
Por Isaías Ramos
Al despedir 2025 y abrir 2026, es fácil refugiarse en lo cómodo: deseos repetidos, frases bonitas, la ilusión de que todo cambiará solo porque cambia el calendario. Pero la República Dominicana no necesita otro brindis vacío. Necesita una sacudida de conciencia y un cambio de rumbo. Ese rumbo comienza cuando dejamos de mirar la política como un espectáculo ajeno y asumimos que la república —la casa de todos— se sostiene o se cae con la conducta diaria de su gente.
Durante más de tres décadas, una clase política dominante, reciclada en siglas, alianzas y narrativas, ha contribuido a degradar la vida pública. Se normalizó el privilegio. Se hizo costumbre la trampa. El clientelismo dejó de ser excepción y se volvió método. La impunidad dejó de ser temor y se volvió expectativa. El Estado, demasiadas veces, dejó de ser instrumento del bien común para convertirse en botín, refugio o escalera personal. Cuando lo público se vuelve mercancía, el daño deja de ser un asunto de élites y se convierte en una fractura moral, social y espiritual.
No se trata de negar que existan servidores públicos honestos ni ciudadanos decentes. Precisamente por ellos —y por los jóvenes que merecen un país digno— no podemos resignarnos. Los datos aportan contexto a una percepción extendida: el Índice de Percepción de la Corrupción 2024 asigna a la República Dominicana 36/100 y la ubica en la posición 104 de 180 países. El Rule of Law Index 2025 del World Justice Project sitúa al país en el puesto 76 de 143, y en el factor “Ausencia de Corrupción”, en 90 de 143.
La experiencia cotidiana confirma esa brecha. El trámite que solo “camina” por la vía indebida. El contrato opaco. El expediente que duerme. La sanción que nunca llega. Ese desgaste produce algo peor que el enojo: produce resignación. Y cuando una sociedad se resigna, la corrupción no se frena; se perfecciona. Así es como una república se vacía por dentro, aunque conserve su nombre y sus símbolos.
La historia política lo ha advertido con claridad: cuando los ciudadanos se repliegan en el interés personal y abandonan la vida pública, el Estado se debilita y queda a merced de los peores. Cuando un pueblo ama su país, respeta las leyes y vive con sobriedad cívica, es posible avanzar hacia el bienestar compartido. Cuando se instala la indiferencia, el interés particular aísla y la república se convierte en un cascarón.
Si 2026 será un año de esperanza, esa esperanza no puede ser pasiva. Tiene que ser esperanza disciplinada: la que mira el abismo, lo nombra y aun así decide construir un puente. Ese puente se llama Constitución. No como símbolo ceremonial, sino como norma viva. El artículo 6 establece su supremacía y declara nulos los actos contrarios a ella. El artículo 7 nos define como Estado Social y Democrático de Derecho. El artículo 8 fija como función esencial del Estado proteger los derechos de la persona y respetar su dignidad.
Honrar la Constitución no es citarla: es vivirla. Es aceptar que no puede haber Estado de derecho con corrupción estructural; que no puede haber democracia con clientelismo; que no puede haber justicia con privilegios. Honrar la Constitución es convertir el servicio público en honor y no en negocio; proteger el dinero del pueblo como sagrado; poner el mérito por encima del padrino; transparentar compras, obras y nombramientos; y asegurar consecuencias reales a quien robe lo común. Esa es la frontera entre república y fachada.
Por eso, en 2026, el Foro y Frente Cívico y Social debe reforzar en todo el territorio nacional un despertar de conciencia sostenido y pacífico que convierta indignación en organización y esperanza en disciplina. No se trata de incendiar el país; se trata de iluminarlo. No de sustituir instituciones, sino de obligarlas a cumplir su rol constitucional con presión cívica legítima.
La ruta es concreta y verificable: formación cívica territorial, veeduría social continua y defensa constitucional práctica, acompañando denuncias, dando seguimiento público a los casos y exigiendo consecuencias sin selectividad.
Nada de esto se logra solo con organizaciones. Se logra con el ciudadano común. En esta semana de cambio de año, vale la pena asumir un pacto sencillo: renunciar a pagar sobornos, a pedir favores indebidos y a justificar privilegios; comprometerse a informarse antes de opinar, a exigir rendición de cuentas en lo local y a participar más allá del voto. Un país cambia cuando cambia lo que su gente considera “normal”.
Imaginemos, con realismo, la nación que podemos construir si ese giro comienza: una donde no se necesita padrino para un servicio; donde un contrato público no es lotería para unos pocos, sino obligación transparente; donde el funcionario teme más a la justicia y a la vergüenza pública que a la pérdida del cargo; donde el joven respeta al competente y no admira al tramposo. Que Dios —y la conciencia despierta de cada dominicano— nos guíe y nos exija verdad, justicia y rectitud; que el amor a la patria sea conducta diaria; y que la defensa de la libertad sea nuestro sentir y nuestro hacer.
Cerramos 2025 con una verdad incómoda: hemos permitido demasiado. Abrimos 2026 con una verdad poderosa: todavía estamos a tiempo. Honrar la Constitución o perder la República: esa es la elección de nuestro tiempo. Salvemos la patria.
¡Despierta RD!
