Opinión
Pérdida de hegemonía de EE.UU y decadencia de la civilización capitalista occidental
Published
5 años agoon
Por Narciso Isa Conde
En el presente mundial resaltan cuatro grandes señales que marcan la pérdida de hegemonía del imperialismo estadounidense, que sumadas e interconectadas entre sí, y agregadas a las vertientes más relevantes de la multi-crisis que impacta la civilización capitalista occidental, determinan su actual proceso de decadencia. Veamos:
1. -CRISIS INTERNA.
Una crisis acumulada previamente y profundizada a continuación por la COVIDE 19, que se traduce en:
-Deterioro de su sistema sanitario expresado en cifras récords de muertes y contagios.
-Evidencias de altísimos niveles de empobrecimiento, desigualdades y discriminaciones de todo tipo: racistas, clasistas, religiosas, patriarcal, contra adultos y adultas mayores, contra la juventud, e incluso un peligroso auge de las concepciones malthusianas promovidas por una parte de sus elites gobernantes…
-Trato brutal a la población afro-descendiente.
-Degradación ético-moral y deslegitimación crecientes del sistema bi-partidista, manifiesta incluso en el debate TRUMP-BIDEN y en la denuncia de fraude, la amenaza de desconocimiento de los resultados y judicialización del proceso.
-Agotamiento de la financiarización del sistema económico y del predominio de la especulación sobre la producción.
-Enorme déficit fiscal y altísimos niveles de endeudamiento externo e interno.
-Incremento de las pugnas entre las facciones chauvinista-neofascistas y las “globalistas” del gran capital, ambas portadoras de una agresividad militar destructiva contra el resto de la humanidad y en intensa competencia por la hegemonía interna y el predominio de uno o de otro en un viraje hacia un modelo que resulte del llamado “receteo” de la relación entre la masa monetaria y la economía real, y entre ésta y el incremento del gasto social.
-Gansterización de gran parte del sistema político-militar y de las cúpulas empresariales, lo que determina el auge indetenible de la delincuencia en instancias institucionales-estatales y en importantes franjas de la sociedad.
-El crecimiento de las rebeldías sociales y político-sociales al interior de la sociedad estadounidense, expresándose a través de múltiples movimientos sociales masivos con tendencias transformadoras y/o impugnadoras de imposiciones sistémicas y políticas públicas anti-populares, tipo “Tomar Wall Strett”, confluencias de organizaciones anti-racistas, movimiento feministas radicales y espacios de migrantes e inquilinos empobrecidos.
En fin, aun sin agotar en este texto la agenda de las expresiones de esta crisis, se puede captar el evidente desplome del llamado “sueño americano” y de su poder de atracción a nivel interno y externo; lo que debilita el poder de sus gobernantes y su impacto en ambos planos.
2. DEBILITAMIENTO DE SU DOMINIO EN SU MAL LLAMADO “PATIO TRASERO”: NUESTRA AMÉRICA.
A lo largo de más de medio siglo, la estrategia de dominación desplegada por EE.UU en la región latino-caribeña, no ha podido revertir el CICLO de cambios hacia la Segunda Independencia iniciado por la heroica Revolución Cubana, ni tampoco aplastar la cuarta oleada de transformaciones político-sociales desplegadas a partir de la insurgencia zapatista en México y del levantamiento político-militar chavista en Venezuela; seguidos de múltiples rebeldías populares y victorias electorales en pro de conquista de soberanía y reformas sociales, y de trascendentes combates escenificados por movimientos transformadores de diversos calibres y de variadas consistencias políticas.
A pesar del feroz contra-ataque imperialista, respaldado por las oligarquías capitalistas y las ultraderechas a nivel interno, la dinámica reforma / contra-reforma, y revolución / contrarrevolución, perdura.
De ese contraataque ha resultado el llamado Bloque de Lima, con 11 gobiernos subordinados a la política de Washington y controlados políticamente por las derechas y ultraderechas conservadoras y prp-imperialistas; pero al mismo tiempo no pocos de ellos asediados por las protestas populares y afectados por diversos grados de inestabilidad política en medio de elevadas tensiones sociales.
Las reversiones de los procesos de autodeterminación y la imposición de retrocesos ultra-neoliberales no han significado dominio estable de EE.UU y aliados, ni han conjurado persistentes tendencias a nuevas crisis de gobernabilidad.
La contraofensiva imperialista no ha podido con Cuba ni con Venezuela.
EE.UU y sus aliados volvieron a perder el control que lograron en Argentina con el Gobierno de Macri.
Con el triunfo de MORENA y López Obrador, México se zafó a nivel gubernamental de las garras de las mafias políticas pro-estadounidenses.
Los pueblos empobrecidos y reprimidos de Bolivia, Chile, Ecuador, Brasil Paraguay, Honduras, Haití, Colombia, Puerto Rico… no han podido ser doblegados.
En esas naciones hermanas las movilizaciones y protestas multitudinarias se han tornado recurrentes y se radicalizan cada vez más.
En Costa Rica crecen las protestas contra la intervención del FMI.
Los nuevos planes de agresión a Venezuela han fortalecido la unidad cívico-militar a nivel nacional y la solidaridad internacional con el proceso bolivariano; incluida la firme actitud de Rusia, Irán y China de apoyo a la soberanía venezolana y rechazo al agresivo intervencionismo estadounidense.
Venezuela no solo no está sola, sino que está muy bien acompañada de las fuerzas revolucionarias del Continente y del mundo, y de los Estados no alineados al eje imperialista occidental.
Venezuela bolivariana y chavista es un hueso duro de roer, mientras en toda la región crece la oposición a la decadente recolonización neoliberal y a los intentos de endurecerla bajo el mando de las derechas y ultraderechas mafiosas.
La histeria anti-china y anti-rusa de EE.UU no ha logrado detener en esta región los avances de ambas súper-potencias emergentes en el terreno económico y en el plano político en un gran número de países latino-caribeños; fenómeno que en el caso de China, por su fuerza económica, tiene proyección mundial; aunque ciertamente en algunos casos Washington logra limitar esos vínculos ejerciendo enormes presiones y esgrimiendo asuntos de seguridad.
3.-EE.UU PIERDE TERRENO EN UNA EUROPA CADA VEZ MÁS DIVIDIDA.
En Europa, el hecho de que otro de los sueños del imperialismo estadounidense, específicamente el de la unipolaridad a su favor, se haya esfumado, ha traído como consecuencia la pérdida de influencia y el debilitamiento de los controles desplegados anteriormente por esa superpotencia.
La multipolaridad la ha forzado a perder terreno en la vertiente militar, dadas la recuperación de la independencia y el fortalecimiento militar de Rusia, y la expansión y modernización de la economía China.
En Europa la Rusia de Putin es un poder más allá de sus propias fronteras.
Pero no se trata de eso solamente.
El tema China y su expansión económica y tecnológica hacia Europa le están causando serios problemas a EE.UU.
Esos problemas se relacionan con la cuestión comercial, la pérdida de mercado, los niveles de inversión y las nuevas tecnologías; que a su vez impactan las relaciones políticas y los niveles de las alianzas, y generan nuevas contradicciones, nuevos agrupamientos y significativas divisiones al interior de la Unión Europea (U.E.) y en toda la región.
Al quebrarse la unipolaridad y fragmentarse de nuevo la globalización, China ha podido expandir sus exportaciones, inundar los mercados europeos con sus productos, entrar en competencia a nivel mundial en materia de nuevas tecnologías, posicionarse mejor en la “guerra por la conectividad en las redes” y específicamente en lo relacionado con el tema crucial del 5G.
EE.UU sufre de no poder competir con China en materia de precios en esas vertientes, por lo que tiende a perder espacios y áreas en las que antes reinaba sola como súper-potencia. Las razones de esa realidad hay que remitirlas a las diferencias existentes entre los respectivos regímenes salariales y modelos económicos-sociales.
· El poder de la nueva tecnología y la competencia por la supremacía en el 5G.
China se ha propuesto independizarse tecnológicamente de Occidente y lo está logrando a buena velocidad y con mucho éxito. Lo que está pasando alrededor de la nueva generación de tecnología digital y particularmente del 5G es una expresión relevante de esa realidad.
En ese plano ciertamente se está librando una guerra trascendente.
En esa competencia están en juego temas como:
-La lucha por la supremacía que implica el monopolio para controlarla y el poder de decisión para imponer las normas de propiedad intelectual.
-El posicionamiento, más o menos ventajoso, en la cadena del suministro para el espionaje y el boicot de estructuras críticas, o sea equipos y procedimientos sensibles en asuntos militares y de seguridad.
-Las ventajas y desventajas de ambas superpotencia o bloques de alianzas en cuanto a innovación militar, guerra y control del espionaje global desde el ciberespacio; la superioridad en inteligencia artificial, en la economía global, y el transporte terrestre, marítimo y espacial.
5G equivale a ojos y oídos para un mayor control planetario.
Equivale a industria y transporte robotizado.
La correlación de fuerzas empresariales y de poder por países en ese campo se presenta hoy de la siguiente manera:
-EEUU tiene a su interior dos corporaciones punteras en esa nueva tecnología: INTEL y ARIEL-CORP, pero con la limitación de que para competir con China necesita a Europa y a sus corporaciones.
-Europa tiene dos: NOKIA y ERICSSON.
-China tiene tres: TIK-TOK, TENCENT y HUAWEI.
-En China y en el mundo HUAWEI lleva la delantera: imagen más nítida, transmisión más veloz, más rápida y mejor precio, y una mejor relación entre los seres humanos y las máquinas.
-Otra ventaja de China es que las corporaciones privadas están obligadas a actuar conjuntamente con el Estado, mientras que en EE.UU pueden zafarse y hacer lo que le dé la gana, debilitando la cohesión en el accionar internacional.
Eso no determina que la hegemonía está definida, pero sí que en la actualidad de esa competencia China tenga algunas ventajas importantes, lo que plantea las cosas así: o EE.UU da un salto (nada fácil), o China desbanca a su contrario. Y los expertos vaticinan que eso posiblemente necesite 5 años más para el desenlace definitivo.
· Las ventajas relativas de China en el 5G influyen sobre los aliados europeos de EE.UU y erosionan su hegemonía.
Un gran número de naciones europeas son aliadas estratégicas y dependen militarmente de EEUU. Eso le impone a cada uno ciertas ataduras que en la actualidad están siendo erosionadas por las ventajas que representan los vínculos económicos y tecnológicos con China.
En la actualidad Europa se mueve entre esa alianza estratégica -acompañada de la dependencia militar y del rol determinante del Pentágono en la OTAN- y la conveniencia del fortalecimiento de los vínculos económicos con el “Gigante Asiático”, que incluye las conexiones a las redes más eficaces.
Inglaterra, pese a su alianza carnal con EEUU, provee sus redes mediante acuerdos con Huawei.
Polonia sigue cooperando con China pese a la amenaza estadounidense de no respaldar la instalación de una base militar de cara a sus contradicciones con Rusia.
Alemania recibe presiones de Washington para que desista de sus vínculos con China en la vertiente de la nueva tecnología.
Alemania y Francia son las más grandes receptoras de inversiones China a nivel europeo.
España va siguiendo esa misma ruta.
En general, los países europeos no rompen con EEUU, pero siguen sus amoríos con China por las ventajas comerciales, el impacto de las inversiones y las conveniencias tecnológicas.
Esto determina que Washington aumente su nivel de presión metiendo miedo con el tema seguridad y amenazando con condicionar la alianza militar concertada.
La reciente visita de Pompeo estuvo acompañada de muchos misiles verbales en esas direcciones y de una marcada insistencia en forjar una gran coalición anti-china, que encuentra poco eco en la Europa de estos tiempos.
· La estrategia China en Europa.
La estrategia China es de largo plazo, pero sin desistir de sus metas y avanzando poco a poco en pro de ellas, empleando a fondo sus ventajas comparativas.
En esa tesitura ha logrado, desplegado un eficaz trabajo de hormiga, fortalecer sus relaciones políticas en una buena parte de los países del Este y del Sur de Europa; mientras invierte en grande en Francia y Alemania, con buen rebote hacia Inglaterra y España. Una operación combinada hacia el centro y la periferia del Viejo Continente, con resultados positivos tangibles para sus intereses.
Esa gravitación del poderío chino económico-tecnológico y realidades propiamente europeas, han influido para que, además del polo que se nuclea alrededor de Rusia, se conformen tres tendencias en el mismo espacio de los aliados europeos de EEUU.
1) Alemania y Francia al tiempo de subrayar que China representa otro sistema y que en consecuencia no puede ser su aliado, defienden la validez de sus vínculos económicos con la superpotencia asiática y subrayan que ellos no quieren ser segundones o subordinados de EEUU, sino mas bien “parte de un triangulo”.
2) Inglaterra y una parte de los Países Nórdicos reconocen la validez de los argumentos franco-alemanes, pero subrayan que no les interesa la tutela de ninguna de esas dos principales potencias de euro-occidentales.
3) Mientras, en los Estados del Oriente y el Sur de Europa, crece la tendencia pro-china; y en los pueblos -sobre todo en los del Sur- proliferan los estallidos políticos sociales contra los nuevos ajustes neoliberales y contra la manipulación de la pandemia a favor de gran capital. Grecia está que arde.
A esto se agrega el debilitamiento de la UE a consecuencia de fracturas de la unidad de sus cúpulas y de las corrientes separatistas y centrifugas en cabezada por el Reino Unido.
Así se expresa por el momento el debilitamiento del poder norteamericano sobre el Continente europeo y las divisiones en marcha, a propósito de los fenómenos económicos y del poder de la nueva tecnología, pendiente todavía su desenlace pleno.
4.-EL DECLIVE ES GLOBAL.
Esto acontece en Europa y fuera de Europa.
El declive de EEUU es a escala global, con evidencias claras en lo acontecido durante la crisis político-militar ucraniana, en el posicionamiento de Bielorrusia y de otras ex-repúblicas soviéticas, en las confrontaciones respecto a Siria, en las relaciones y posicionamientos respecto a Irán y Palestina, y en otros conflictos escenificados en el Medio Oriente y más allá.
En el cercano y lejano Oriente, en Asia y África se están produciendo fenómenos que confirman el declive.
EEUU no ha logrado derrotar a Corea del Sur, ni cambiar la realidad de Viet Nam, ni vencer a Irán.
Aún en países y territorios invadidos, la resistencia sigue.
Las guerras les resultan como negocio lucrativo y como medios de destrucción, pero no logran ni ocupaciones ni formulas estables. A lo sumo sus invasiones militares dan como producto una especie de caos incontrolable.
El poder militar de Rusia y la fortaleza económica de China, le sale a EE.UU en todos los continentes.
No pocos Estados pequeños se tornan respondones.
Los modelos neoliberales son también embestidos por diversas expresiones de rebeldía de los pueblos de Asia y África, y por todas partes las luchas por la soberanía se debate entre victorias y reveses.
Las avalanchas de inmigrantes de los pueblos empobrecidos y re-colonizados derriban todos los controles.
Los maltratados, calificados despectivamente como habitantes de “Cuarto y Tercer mundo”, se vuelcan hacia las entrañas de las potencias opresoras procurando sobrevivir.
Tal realidad -acompañada de una gansterización del sistema imperialista occidental, de un recrudecimiento de las opresiones y violencias funcionales a la sobre-explotación capitalista (clasista, racista, patriarcal, adulto-céntricas) y de una crisis ambiental que amenaza la existencia humana y la vida en el planeta- son señales claras no solo de pérdida de hegemonía de EE UU, sino de la decadencia de un sistema y una civilización basada en el dominio de la burguesía y en la voraz dinámica del capitalismo.
Las decadencias imperiales nunca se producen al margen de la agresividad, la violencia y las guerras.
En su declive los dominadores se tornan más feroces.
Es el caso del imperialismo estadounidense y sus aliados en Occidente y más allá, impulsores de la guerras mundial infinita.
El parto de lo nuevo será doloroso, pero será.
Por José Cabral.
Es muy bonito escuchar por la televisión y todos los demás medios de comunicación el tema de los derechos fundamentales, cuya realidad envía un mensaje distinto.
En más de una ocasión he planteado el serio problema en que está atrapada la sociedad dominicana en el contexto del sistema de justicia nacional.
Lo primero es que nadie, absolutamente nadie, respeta como debe ser la justicia constitucional, ni siquiera las cortes que tienen la misión de velar por ella mediante los recursos extraordinarios para la preservación y respeto de la constitución.
El primer ejemplo de lo que ocurre con la violación de la Constitución y con el no respeto de los derechos fundamentales, tanto a nivel del derecho interno como del externo, es la actitud del Ministerio Público, el cual destina al zafacón las denuncias y querellas presentadas por aquellas personas humanas víctimas de robos, asaltos a mano armada y de una gran variedad de actos delincuenciales.
El asunto es tan grave que cuando las victiman reclaman resultados de sus querellas o denuncias el fiscal procede con un archivo definitivo en virtud de lo que dispone el artículo 181 del Código Procesal Penal, pero peor aun cuando el perjudicado decide someter un recurso de objeción ante el juez de Instrucción, el cual regularmente lo que hace es ratificar lo decidido por el Ministerio Público.
En este caso no importa la violación que cometa el fiscal que ha manejado el caso, lo cual se constituye en una violación de la tutela judicial efectiva, el debido proceso y el derecho a la defensa, consignados en los artículos 68 y 69 de la Constitución.
Pero la cuestión se complica cuando hay que acudir mediante un recurso contencioso administrativo por las constantes y graves violaciones de los derechos de los administrados, cuyo desempeño de los jueces de esta jurisdicción, hermanita de padre y madre del derecho constitucional, actúa como una caja de resonancia del Procuraduría General Administrativa y ahora abogado del Estado.
Es frustratorio e imperdonable lo que ocurre en esta jurisdicción de la justicia, pero todavía la cuestión es mucho más preocupante con la emisión de una serie de sentencias que violentan los más elementales principios del derecho constitucional.
Sin embargo, lo más deprimente es cuando se somete un recurso de casación ante la Suprema Corte de Justicia, cuyo fallo se produce cuando ya los justiciables han muerto o de revisión de una acción de amparo o de una decisión jurisdiccional ante el Tribunal Constitucional, en cuyos órganos se concreta la expresión de que justicia tardía es justicia denegada, dado que los casos son decididos hasta 2, 3 y hasta 4 años después de haberse sometido.
Voy seguir con el tema, pero lo que he dicho hasta este punto indica que la Constitución dominicana y el neo-constitucionalismo que tanto se pregona es una forma de que el país esté a la moda con esta corriente, pero que la realidad está más asociada con la herencia histórico cultural del pueblo dominicano, en la que prevalecen una serie de antivalores como el amiguismo, el machismo, el patriarcado y el caudillismo, entre otros.
Sólo el pueblo dominicano puede superar la sociedad de las cavernas en que nos tienen sumergidos los partidos políticos y otros actores de la democracia de papel que se ha impuesto en la República Dominicana.
Opinión
¿Ignorancia constitucional o rebelión institucional?
Published
1 semana agoon
marzo 8, 2026Por Isaías Ramos
¿Puede el Congreso aprobar una ley que contradiga, en la práctica, una sentencia vinculante del Tribunal Constitucional? Esa es la pregunta que hoy enfrenta la República Dominicana tras la aprobación en primera lectura en el Senado de un proyecto que eliminaría las candidaturas independientes.
Más allá de las diferencias políticas que puedan existir sobre el modelo electoral, lo que está en discusión es algo mucho más profundo: el respeto a la Constitución de la República Dominicana, a los derechos políticos de los ciudadanos y a las decisiones vinculantes del máximo órgano de control constitucional del país.
En diciembre de 2024, el Tribunal Constitucional declaró inconstitucionales diversas disposiciones de la legislación electoral que imponían trabas desproporcionadas a las candidaturas independientes. La decisión procuró garantizar que el derecho de los ciudadanos a elegir y ser elegidos no quedara condicionado exclusivamente a la estructura de los partidos políticos.
Sin embargo, lo ocurrido en el Congreso parece avanzar en dirección contraria. La aprobación de un proyecto que, en la práctica, eliminaría las candidaturas independientes plantea un choque evidente entre la voluntad legislativa y una sentencia vinculante del máximo intérprete de la Constitución.
La gravedad del momento institucional se acentúa aún más cuando se observa que la decisión fue adoptada de manera prácticamente unánime por los senadores. Resulta legítimo preguntarse si todos los legisladores han reflexionado plenamente sobre el alcance constitucional de la decisión adoptada o si estamos ante una reacción política frente a una sentencia que algunos sectores preferirían ignorar.
Algunos constitucionalistas, como Eduardo Jorge Prats, han descrito esta reacción como una “rabieta institucional hiperpartidista disfrazada de defensa de los partidos”. Más allá de la dureza de esa expresión, la advertencia merece una reflexión seria. Cuando las decisiones de un tribunal constitucional comienzan a ser relativizadas o neutralizadas mediante decisiones políticas, el equilibrio institucional de una democracia empieza a resentirse.
La Constitución dominicana es clara en este punto. El artículo 6 establece que todas las personas y los órganos que ejercen potestades públicas están sujetos a la Constitución. El artículo 68 dispone que corresponde al Estado garantizar la efectividad de los derechos fundamentales; no basta con reconocerlos en el texto constitucional, es necesario hacerlos posibles en la realidad. El artículo 73 establece la nulidad de pleno derecho de los actos contrarios a la Constitución. El artículo 74 consagra el carácter progresivo de los derechos fundamentales. Y el artículo 184 reconoce al Tribunal Constitucional como el órgano encargado de garantizar la supremacía de la Carta Magna.
A la luz de esos principios, la iniciativa aprobada en primera lectura adquiere una dimensión particularmente sensible para el orden constitucional. Lo que está en juego es una posible tensión institucional con el Tribunal Constitucional si una ley terminara reproduciendo, en la práctica, las mismas restricciones que el propio tribunal declaró inconstitucionales. Una situación así podría tener consecuencias graves para el orden constitucional.
El artículo 68 de la Constitución no es una disposición abstracta: es la garantía de que los derechos fundamentales tengan contenido real y efectivo. Cuando el Estado limita injustificadamente vías de participación política, no solo restringe un derecho; también debilita la confianza del ciudadano en las instituciones llamadas a protegerlo.
Este no es un debate sobre simpatías o antipatías hacia las candidaturas independientes, ni sobre la importancia de los partidos políticos. Los partidos son pilares fundamentales de la democracia. Pero reconocer su importancia no significa convertirlos en los únicos canales posibles de participación política. La democracia dominicana debe abrir puertas al ciudadano, no cerrarlas.
Si la Constitución reconoce derechos políticos a los ciudadanos, surge entonces una pregunta de fondo: ¿quién puede legítimamente restringirlos? Los derechos políticos pertenecen al pueblo dominicano. Los partidos son uno —pero no el único— de los canales para ejercerlos.
Las democracias se sostienen sobre un principio simple pero esencial: la Constitución es la norma suprema del Estado y todos los poderes públicos están sometidos a ella. Cuando ese principio comienza a relativizarse, la confianza institucional se erosiona y el sistema democrático se vuelve más frágil.
Nuestro deber como nación —y particularmente de quienes ejercen responsabilidades públicas— es proteger la Constitución incluso cuando hacerlo resulte incómodo o políticamente inconveniente. El respeto al orden constitucional no es una opción circunstancial: es la base misma sobre la cual descansa la estabilidad institucional de la República.
La estabilidad democrática que hoy disfruta la República Dominicana no es un accidente histórico. Tampoco ha sido un proceso perfecto: a lo largo del tiempo ha habido episodios de indiferencia frente a los deberes y mandatos constitucionales. Pero precisamente por esa experiencia acumulada sabemos que debilitar las reglas del juego institucional solo aumenta los riesgos para el orden democrático en un mundo marcado por crecientes tensiones geopolíticas y desafíos globales.
Desde el Foro Cívico y Social y el Frente Cívico y Social creemos firmemente que aún hay espacio para la reflexión institucional. Por ello hacemos un llamado respetuoso pero firme a los honorables senadores para que, antes de la segunda lectura de este proyecto, revisen con serenidad el alcance constitucional de la decisión que se está tomando.
También está en juego el mensaje institucional que el Congreso envía al país. Cuando un poder del Estado parece actuar en contradicción con la Constitución o con una sentencia vinculante del Tribunal Constitucional, el mensaje hacia la ciudadanía y hacia las instituciones públicas es institucionalmente delicado.
En una democracia constitucional, los derechos políticos del ciudadano no dependen de la voluntad de los partidos ni de las mayorías circunstanciales del Congreso. Dependen de la Constitución. Porque cuando una democracia olvida que la Constitución es su límite, no se debilitan los partidos: se debilita la República.
Despierta RD!
(Primera entrega)
Por Oscar López Reyes
Las costumbres, creencias y valores tradicionales pierden incidencia colectiva o se están esfumando, igual que la rigidez en la gobernanza de la democracia representativa/liberal; se dispersan en el descrédito y desarticulan organizaciones socio-comunitarias y sus líderes más experimentados. La vieja ciudadanía y la identidad cultural se desgastan en su funcionalidad y legitimidad, y no por casuística.
Las instancias del poder típico y clásico han menguado, y las voces que antaño repercutían con resonancia se apagan en el anclaje del paisaje de la individualización, el aislamiento y la fatiga, porque en la globalización y el necrocapitalismo se satisfacen pírricamente los deseos y aspiraciones comunales. Al unísono, esta nueva dinámica ha reducido la lucha de clases y puesto en jaque el viejo discurso político y los lances episódicos y coyunturalistas.
Visualicemos 10 componentes claves de las añejas estructuras del dominio y los procesos neodemocráticos:
1.- Crisis paternal y profesoral. Los jefes del hogar y la escuela han perdido autoridad, haciendo descansar las influencias de infantes y adolescentes en amistades de estos y en los dispositivos electrónicos, que desconcentran y aíslan. Esos tutores no les fijan límites razonables, en una permisividad aupada por el temor al autoritarismo y a la culpabilidad (“crianza culposa”). La fragilidad en el mando de los docentes radica en el escaso respaldo familiar, el decaimiento de algunos padres hacia sus hijos y su desarmonía con las nuevas tecnologías.
2.- Los partidos de masas. Las organizaciones políticas legendarias/rutinarias de alta afiliación han devenido en flácidas estructuras orgánicas, con una militancia con una pobre formación ideológica. Sus características principales son la personalización de su liderazgo en la obsolescencia e inadaptación en un contexto societario en constante cambio, la búsqueda energúmena de cargos públicos y beneficios particulares, la incursión en actos delictivos, como la corrupción, la descomposición, la escasa lealtad y las exigencias monetarias. Esos agravios se han traducido en inercia, estancamiento y en endeble suficiencia de esos partidos para movilizar a los conglomerados.
3.- Los partidos de izquierda. La atomización y decadencia del sistema de agrupaciones de izquierda tiene su raíz en el enclaustramiento a los principios invariables de la Revolución Bolchevique comandada por los reverenciados ideólogos comunistas Vladimir Lenin, León Trotsky y José Stalin (Rusia, 1917), que conduce a la negación de los cambios, o sea, a la resistencia inconsciente a la readecuación a los nuevos tiempos hegemonizados por el marketing y las alternativas populistas nacionalistas. El progresismo no aprovecha la crisis de la plutocracia librecambista, se estanca y retrocede porque tampoco satisface las aspiraciones de la mayoría. Con su dogmatismo divisionista, la izquierda no se amolda a las conversiones, ni responde a desafíos contemporáneos, como la equilibrada, emergente y ascendente República Popular China.
4.- Los grupos estudiantiles. Recrean en la penumbra de la reminiscencia los movimientos estudiantiles de liceos secundarios y la Universidad Autónoma de Santo Domingo (UASD) de las décadas 1960-1980, cuyos miembros y simpatizantes salían a las calles a movilizarse -con quemas de neumáticos y enfrentamientos con agentes de la Policía Nacional- por reivindicaciones académicas y el respetado a las libertades públicas y los derechos humanos. Han sido empequeñecidos y diezmados por la hegemonía del modelo mercantilista neoliberal, la vigencia democrática, la minimización de la izquierda y el predominio del egocentrismo.
5.- Los gremios de empresas. La afiliación sindical está en declive por la disminución de las grandes industrias manufactureras y la automatización tecnológica, que reduce empleos, mejora calidad y aumenta la productividad; el anarcosindicalismo, la percepción de corrupción y la politización de los gremios. Ahora una laptop tonifica con más utilidad que un sindicato.
6.- La gobernanza estatal. La jurisdicción del presidente de la República mengua, por los reclamos de la opinión pública en sociedades democráticas, la vigencia del estado de derecho, las imposiciones de organismos internacionales y los grupos de intereses. Asimismo, la influencia y el poder de funcionarios del Estado se ha limitado (no eliminado) por la implementación de normativas contra sobornos en licitaciones y adquisiciones, la prohibición de doble cargo remunerado, los contubernios y negocios asociados, la reducción de gastos operativos y otros relativos a los procesos de transparencia, y por temores a las denuncias públicas (los desfalcos y peculados son más conocidos) y a los enjuiciamientos judiciales.
7.- La prensa tradicional. Eleva su grado de credibilidad y se reinventa en novedosas esferas, pero desperdicia audiencias y protagonismo por el advenimiento de la internet. También les perforan las redes sociales y la gratuidad de otras plataformas digitales, que son preferidas por los nuevos usuarios, especialmente los jóvenes.
8.- Los militares y policías. Los ciudadanos respetan cada vez menos a los cuerpos policiales y castrenses, que han erosionado su confianza por sus arbitrariedades, la prevaricación y gangrena, la complicidad con crímenes y su incompetencia para afrontar la desbordada delincuencia sistémica. Están siendo frenados por las denuncias ciudadanas y los rollizos esfuerzos de las autoridades oficiales, como las reformas institucionales.
9.- Las masonerías y los clubes culturales. Se estropean y desvanecen las entidades extremadamente cerradas, restringidas, desactualizadas, monótonas y sin presupuestos, como las logias masónicas y los clubes culturales. Por el contrario, las religiones se transforman y crece la espiritualidad, con prácticas como el yoga/meditación, adaptadas a estilos de convivencia flexibles, abiertos, individualistas y globalizados.
10.- Las ligas campesinas. Décadas atrás, comunidades rurales bullían de efervescencia, en intensas jornadas de lucha –que cobró vidas humanas- por la Reforma Agraria, motorizadas por núcleos de agricultores sin tierra. Hoy las ligas agrarias son debiluchas, y perecen. Ese declive brota dispersión e ineficacia para organizarse y proteger su producción, así como la emigración a las ciudades del país y el exterior. También han apaciguado el descalabro de la izquierda y el tráfico y lavado de dinero con la venta de predios.
Como se constata en las descripciones y razonamientos predichos, en la Nueva Era de trabajos digitales, computación cuántica e inteligencia artificial, líderes políticos, socio-comunitarios y organizaciones de pelajes dispares no se han remozado en perspectivas de las otras expresiones ciudadanas y paradigmas emergentes en el hogar, la escuela y los cantones geográficos. Su morfema léxico se fue a pique.
Inequívocamente, no han comprendido que las ideas y potestades ya no se imponen únicamente con la coacción o coerción, sino con el diálogo tolerante, la cercanía con discursos moderados e inclinando el pandero en otros espacios de socialización. Si persisten obstinadamente sin girar gradualmente hacia metas prioritarias y alcanzables en el corazón de esas mutaciones societales, las viejas estructuras organizacionales seguirán carcomidas en el aislamiento, por el derrotero de la desarticulación sin retorno. ¡Qué adversidad!, ¡qué lamento!, y ¡qué calamidad!
………………………………….
El autor: Periodista, escritor y catedrático.
…………………………………..
