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R.D. atrapada entre anti-haitianismo, aumento de la migración desde su vecino y la pérdida de la cultura de trabajo de su gente.

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Por Elba García

La migración haitiana constituye un tema de debate cotidiano en ambos lados de la frontera, ya que en la parte occidental es la vía más fácil y cercana para que el ciudadano de la empobrecida nación tenga una especie de válvula de escape de su situación de miseria y de violencia, mientras que en el lado oriental  no hay más opción que emplear a sus vecinos ante la perdida de la cultura del trabajo de su gente.

Nadie puede negar que la llegada de haitianos al territorio dominicano tiene su parte positiva, pero también su lado negativo, desde la perspectiva de lo que ello implica para un país lleno de pobreza y con unos servicios públicos caracterizados por la falta de presupuestos y en consecuencia de una gran deficiencia. Pero además porque las migraciones arrastran lo bueno y lo malo del lugar donde proceden.

Si se hiciera una proyección del impacto que tendría que la mayoría de los haitianos se concentraran en la parte oriental de la isla, habría una carga poblacional que superaría los veinte millones de personas, lo cual requeriría de una cantidad muy grande de recursos económicos  y sería, sin lugar a dudas, una razón más que suficiente para hacer colapsar a ambas naciones.

El anti-haitianismo no se expresa en el país con violencia ni con crímenes de odio como ocurre en otros lugares del mundo, como por ejemplo la antigua Yugoslavia, pero la realidad es que entre los dominicanos se ha desarrollado una tendencia a sentir algún rechazo hacia los vecinos por una diversidad de razones.

Lo primero que se debe decir que es normal que cuando la inmigración aumenta significativamente los nativos se sientan amenazados, lo cual no sólo ocurre entre los dos países que ocupan la isla, sino también en todos los lugares del mundo donde el fenómeno ocupa lugares importantes en el orden laboral, económico y social.

Casi siempre este fenómeno genera violencia, pero lo cierto es que la psicología del inmigrante no consiste en buscar  desplazar al nativo del control del Estado, por decir algo,  ya que su principal preocupación no supera su interés en conseguir un buen trabajo y a ayudar a los suyos que aún viven en su país, ya que los nacidos ahí  cuentan con una serie de derechos propios de los que tienen su origen en esas tierras, sobre todo en un país como la República Dominicana, donde su régimen jurídico se fundamenta en el ius sanguini, lo cual constituye un dique de contención y una limitante para que el extranjero se empodere política y ciudadanamente.

Sin embargo, en el caso de los haitianos hay una razón que siempre podrá generar dudas de que ellos persigan llegar más allá de buscar ganarse  la vida y mantener a sus familias desde las tierras dominicanas en razón de lo que indica la historia en lo que respecta a la dominación por ellos  a la  parte española de la isla  por un periodo de 22 años.

Otra razón que fortalece la preocupación de los dominicanos con el inmigrante haitiano es el hecho de que éste ha utilizado un cierto chantaje para el respeto de sus derechos, lo cual no sólo se observa en foros internacionales, sino también en el país a nivel del trabajo que desarrolla el procedente del lado occidental  de la isla, dado que siempre se apoya en una causa inexistente para exigir, entre otras cosas, el pago por la labor realizada.

Todo ello se constituye en una razón para que en el país se desarrollo el anti-haitianismo que ha sido alimentado además por una corriente de pensamiento ultraconservadora que sostiene que los vecinos son una amenaza para la existencia de la nación.

La realidad es que el fenómeno de la migración no lo detiene nada, absolutamente nada, porque en la medida en que el haitiano no pueda vivir en su territorio por los niveles de violencia y la falta de un Estado que mínimamente controle el país o ya sea por la falta de empleo o de comida, la gente procurará irse al exterior para mejorar sus condiciones de vida o cuando menos tener garantía de que comerá el siguiente día.

Lo único que garantizaría que Haití pare la migración de su gente es mediante una mejoría de sus condiciones de vida a través  del aumento de los niveles de institucionalidad y orden, que sus autoridades y el Estado no están en capacidad de asegurar y como vía de consecuencia por el momento no se vislumbra ninguna posibilidad de que la misma se pueda detener.

Otro factor que estimula la migración haitiana es el hecho de que muchos empresarios privados e instituciones del Estado dominicano no tienen ningún reparo en colocar a trabajar en sus empresas a los haitianos, sin importar su status legal, muchas veces porque se aprovechan y pagan salarios más bajos, pero además porque resulta un poco difícil encontrar manos de obra criolla.

La falta de gente dominicana para desarrollar una serie de trabajos estriba en el hecho de que por una diversidad de razones en el país se ha perdido la cultura del trabajo y esa circunstancia ha beneficiado a la inmigración haitiana, la cual, aunque ha sufrido en los últimos años un cambio importante, está más dispuesta a trabajar en lo que sea y vivir dondequiera, lo cual disminuye las exigencias de pago de servicios públicos y renta de casas donde se albergan.

Otro factor de mucho peso que ha provocado la  desaparición de  la cultura del trabajo en la República Dominicana y que aumenta la migración haitiana, así como de otros valores nacionales, es que la psicología del criollo consiste en también irse hacia lugares como los Estados Unidos y Europa, donde aprovechan la fortaleza de las monedas como el dólar o el euro, lo cual le permite tener mayores ahorros y resolver asuntos vitales para su existencia, como un techo donde vivir y mejorar sus condiciones de vida.

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Mientras los años vienen y se van la vida de los dominicanos se desenvuelve en medio de la desesperanza.

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Es impresionante ver cómo crece la cantidad de partidos políticos y de actores que se mueven en este entorno que constituye una verdadera escuela del engaño, la demagogia y la mentira y cuyos discursos sólo varían en función de la posición en que se encuentren.

Los que tienen reales posibilidades de llegar al poder tienen unas propuestas, aunque no siempre, que parecen la solución de los grandes problemas nacionales, pero cuando logran controlar el Estado entonces el mismo se vuelve exactamente todo lo contrario.

Pero mientras esto ocurre la pobreza, las precariedades en sentido general de los dominicanos, se vuelven más dramáticas.

Son décadas por el mismo camino, pero cada vez que se acercan los tiempos de proselitismos políticos cualquiera piensa que han llegado buenas nuevas, pero al final todo se esfuma porque los políticos son más fieles con sus intereses personales que con cualquier otra cosa.

El asunto no luce tan sencillo porque los que tienen el control de prácticamente todos los partidos políticos son expertos en doble moral y saben tanto que cada día se renuevan frente a una población que luce muy alienada y gravemente enferma.

Si una cosa anda mal, la otra ni se diga, es decir, que tanto los aspirantes a dirigir el Estado como la gente que los escoge han seleccionado el mismo camino, el cual consiste en buscarse lo suyo sin mirar para otro lado.

Lo más preocupante del problema es que la razón de ese comportamiento tiene profundas raíces culturales, es decir, que no se trata de cualquier cosa, ya que no es por otra causa que lo colectivo ya no existe en el país, sino lo individual.

Sin embargo, son muchos que a pesar de que no tienen dientes y andan en chancletas piensan que hacen su gran fiesta con las migajas que reciben para resolver la comida de un día y tal vez resulta tan poquito que tengan que completar.

Esa también es otra cultura, pero la de la miseria, en la que no hay forma de que se entienda que esa no es la salida, pero como bien dice una expresión no se le puede peras al olmo.

Lo inverosímil del drama es que cuando a las víctimas se les habla claro al respecto ellas creen que el estafador es el preocupado por el problema y probablemente se le vea como a un loco que no sabe lo que habla.

En la República Dominicana tiene un gran peso el refrán que dice crea fama y echaste a dormir, cuyos mejores exponentes al respecto son los principales actores de los partidos políticos, quienes a pesar de sus inconductas se sobreponen a los demás.

Son en realidad personas de éxitos, no importa que para el logro de sus propósitos hayan tenido que cortarle la cabeza a su vecino, pero si tiene una buena apariencia y los recursos satisfacen al otro no hay ningún tipo de problemas.

En conclusión, el drama de la República Dominicana no parece que tenga solución hasta tanto no cambie la actitud de la gente, porque de los protagonistas de los mismos la verdad es que no se puede esperar nada, lo cual indica que la crisis en vez de disminuir, se profundizará.

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Depredación del patrimonio público hace estragos nuevamente con desgracia en paso a desnivel de avenida 27 de febrero.

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Cualquier persona puede tomar un periódico de hace 30 años y se va encontrar con que las demandas sociales son prácticamente las mismas que ahora, lo cual indica que es muy poco lo que se ha solucionado en tres décadas, fruto de la cultura de la improvisación y también que la demagogia es parte del diario vivir en la República Dominicana

En una publicación del periódico El Nacional de Ahora del 17 de noviembre de 1999 se advertía de que los desprendimientos comenzaron el 12 de ese mismo mes de noviembre, a solo ocho meses de que fuera abierto el paso a desnivel, una “obra insignia” del entonces presidente de la República, Leonel Fernández.

Martin Concepcion Muños

En otra publicación del 4 de diciembre del 1999 por el periódico Última Hora, el presidente del Colegio de Ingenieros y Agrimensores (CODIA) en esa época, Martin Concepción, sugirió que el muro debía ser removido y reemplazado totalmente en virtud de que había sido afectado en esa época por las lluvias, cuyas recomendaciones no fueron escuchadas por nadie.

Muy recientemente o para ser más preciso el pasado sábado 18 de noviembre 2023 se produjo un aviso de tragedia cuando colapsó parte del muro del paso a desnivel de la avenida 27 de Febrero, esquina Máximo Gómez, dejando atrapados varios vehículos con personas en su interior, cuyos cuerpo fueron recuperados por Obras Publicas, la Defensa Civil, entre otras autoridades, pero luego de lo ocurrido tampoco hubo reacción.

Las advertencias, incluso de especialistas no han cesado, sobre todo en los últimos tiempos, pero la cultura de no mantenimiento y de construir a troche y moche no hay forma de que se detenga en el país, porque está asociada también al fraude de las altas inversiones públicas, en cuyo sector cuando se habla de mil millones de pesos probablemente el presupuesto real no supere el 40 por ciento de ese valor.

No han sido pocas las expresiones populares a partir del vaticinio de técnicos en la materia que han dicho que en cualquier momento todos los túneles del país pueden colapsar como si se tratara de una bola de nieves, fruto de los vicios de construcción de que adolecen.

Sin embargo, llegó lo peor y también las lamentaciones de lo que se había advertido hace décadas, pero es una cuestión general, porque igual pasa con las escuelas y los hospitales, porque todo el mundo lo que anda en busca de «lo mío», sin importar consecuencias.

Ahora el país ha vivido otra tragedia este pasado sábado cuando se derrumbó una de las paredes del paso a desnivel de la 27 de Febrero, Distrito Nacional, cuyo saldo fue de nueve muertos, y entonces salen a relucir las advertencias que habían sido hechas por técnicos en la materia desde hace más de 20 años.

El Colegio de Ingenieros y Agrimensores (CODIA) dio su diagnóstico de la obra que ahora termina en tragedia, la cual contiene fallas estructurales que originan una serie de consecuencias, entre las que se pueden citar corte de tuberías de drenaje pluvial de 48 a 36 pulgadas y adopción de una solución vía pozos filtrantes ineficientes para el caso,

Además, determinó el CODIA que en la obra hay ausencia de drenajes en los muros que revisten taludes y que el anclaje inferior de las vigas que componen el muro no presenta integración adecuada con su fundación, ni el mismo estaba dotado de anclajes superiores con escasa resistencia lateral y también de diseño, construcción y supervisión deficientes.

Los diagnósticos son muchos y las advertencias todavía más, pero las atenciones serias al problema muy pocas, lo cual indica que en un par de meses transcurridos todo se olvida y se volverá hablar del problema sin resolver al cabo de los años cuando llegue otra tragedia tal vez de mayor magnitud.

Por el momento no hay más responsables que los gobiernos que se pasan la mayor parte del tiempo en proselitismo político y la mayoría de los ciudadanos, que más que buscar mejorar el país donde vive y supuestamente ama, sólo persigue “lo mío”, mientras su entorno, dígase su comunidad o barrio, se cae a pedazos y su salvación depende de la voluntad divina, no de su voto y de la supervisión de los que tienen el privilegio de tener el control del Estado.

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El partidarismo político dominicano arma alianzas sobre la base de una expresión muy vieja de que los medios justifican el fin.

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En la medida en que pasan los años el partidarismo político dominicano se vuelve más desgarrador y  toma una dimensión que promueve la idea de que todo está perdido, que la recuperación ético-moral parece ser un sueño que nunca será logrado.

Los partidos y sus líderes, prácticamente, han copado todos los espacios que tenía el ciudadano para proclamar que se mantenía firme en su lucha de adecentar la vida pública nacional.

Pero el discurrir del tiempo indica que no parece fácil lograr la meta en este sentido, sobre todo porque  los partidos, no parece haber excepciones, son un instrumento para darle legitimidad a las acciones que al cabo de los años podrían arruinar el Estado y la sociedad.

Sin embargo, el hecho de surgir algunos ensayos de moralidad y de ética en la vida política de la República Dominicana pudo haber alimentado la esperanza de que tiempos mejores se aproximaban en esta materia.

No obstante, todo se ha tratado de un intento fallido o tal vez de la generación de otras estafas políticas con rostros diferentes, lo cual indica que el mal lo que ha hecho es que se ha consolidado y ha tomado fuerza la corriente simuladora y negadora de un futuro mejor para el ciudadano dominicano.

En este proceso de profundización del secuestro de la moral y la ética del pueblo dominicano tienen una importante participación los partidos políticos de derecha, los del centro y también los que conforman la llamada izquierda nacional.

Ahí está la explicación de que se entremezclen y reburujen los que son aparentemente sanos y los más contaminados, aunque al final de la jornada la diferencia entre unos y otros es prácticamente nula.

En este contexto habría necesariamente que ubicar al Partido Opción Democrática, cuya presidenta es nada más ni nada menos que la hija de Manolo Tavarez Justo y Minerva Mirabal, Minú, quien luego de salir del Partido de la Liberación Dominicana (PLD), ha proclamado ser una defensora de la transparencia en el manejo de la cosa pública.

Esta hija de dos prácticamente héroes nacionales lo hizo magistralmente bien cuando decidió no aspirar ella a la presidencia de la República y en su lugar colocó una joven que, aunque tenga todos los méritos del mundo, no está todavía a ese nivel, no está madura para generar la credibilidad que demanda la complicada sociedad dominicana, pero por lo menos deja la idea de que se niega a seguir con la practica antidemocrática y caudillista de ser candidata eterna de su parcela política.

Empero, Minú y su partido Opción Democrática tras restablecer su reconocimiento ante la Junta Central Electoral (JCE), iniciaron un proceso de atraer hacia ese entidad a jóvenes muy preparados y procedentes de una clase media que se observaba con mucho interés por sectores de la vida nacional.

Son jóvenes, los reclutados por la OP, que tienen estudios en importantes en universidades nacionales y extranjeras, incluidos algunos profesionales con una alta reputación en la sociedad dominicana, lo cual auguraba un futuro promisorio en la política partidista dominicana.

Pero de buenas a primeras ese sendero es abandonado por Minú para acogerse a unos acuerdos con partidos tradicionales, es decir, con la llamada partidocracia, que tira por la borda la imagen que le permitía vender un perfil interesante en un entorno político-electoral contaminado, asqueante, desilusionador y frustratorio.

Opción Democrática ha establecido acuerdo con el PLD, la FP, PRD, entre otros partidos que tienen una gran deuda económica con el pueblo dominicano, porque se lo han robado prácticamente todo lo que proviene del patrimonio público.

Estos acuerdos electorales, que incluso se habla que ella podría ser la candidata por la provincia Hermanas Mirabal de todos estos partidos crápulas, indica que ella parece creer firmemente en que no importa el medio, sino el fin.

De manera, que Minú, la hija de Manolo y Minerva, ahora anda en la buscada del poder conjuntamente con el símbolo de la corrupción de la República Dominicana, como lo es Félix Bautista, es decir, que si ella es sincera en la búsqueda de su propósito debía levantar las manos de este personaje en cualquier acto que se celebre en la provincia de San Juan de la Maguana.

En realidad, esa alianza de Minú Tavárez Mirabal con las basuras del escenario político nacional se ha encargado de desmentir lo que muchos ciudadanos comenzaban a creer que Opción Democrática sinceramente pretendía levantar un discurso de defensa de los intereses nacionales y no los de la mal llamada partidocracia.

Este periódico, cuyo objetivo es no sólo informar sobre los hechos que se producen a nivel nacional e internacional, sino establecer como los mismos impactan positiva o negativamente a la sociedad dominicana, entiende que este partido ahora se queda sin discurso para defender los intereses del pueblo dominicano.

En consecuencia, si bien se respeta el derecho que tienen los partidos políticos de tomar el camino que más le convenga, la escogencia de cualquier vía también deja claro cuáles son los intereses que se defienden y a partir de cuyas acciones estará determinada la credibilidad que se merecen y el sitial que deben ocupar en una sociedad gravemente amenazada.

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