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Opinión

Sucumbíos: genocidio impune

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Por Narciso Isa conde

El paso de los años no borra el dolor ni las culpas, menos las enseñanzas de las luchas libradas.

Al inicio de este mes de marzo, diez años atrás, se perpetró la masacre de Sucumbíos en la frontera colombo-ecuatoriana, en el cayeron abatidos casi todos los integrantes del campamento de Raúl Reyes, comandante de las FARC, incluido una delegación de cinco estudiantes universitarios de nacionalidad mexicana.

Un sacrificio, como muchos otros, digno de un desenlace distinto para las heroicas FARC-EP  al que está resultando de los llamados Acuerdos de Paz de la Habana, luego de desarme unilateral, de su renuncia a la Constituyente y de la prolongación del Estado Terrorista de los Uribe y Santos, tutelado por el Pentágono y la CÍA.

  • Recuerdos de esa masacre.

Mi corazón se sitúa hoy al lado del  tierno recuerdo de los valiosos y valiosas jóvenes mexicanos/as masacrados y de sus familiares desgarrados por  ese acontecimiento, consecuencia del bombardeo artero y  asalto bestial al campamento diplomático de las FARC-EP, en  la Provincia de Sucumbíos-Ecuador, ubicado en una de sus áreas boscosa en las proximidades de la frontera colombo-ecuatoriana.

Al lado de su Comandante Raúl Reyes, entonces “Canciller de las FARC”, y de su heroica guerrillerada, destrozada por igual por  bombas de alto poder lanzadas desde aviones de alta tecnología.

Al lado y abrazado a quienes sobrevivieron a ese genocidio “fríamente calculado”.

Genocidio perversamente ordenado por los principales jefes del todavía incólume Estado Terrorista colombiano, entonces y ahora bajo el protectorado de la superpotencia militar que ha instalado descaradamente en territorio colombiano SIETE BASE MILITARES con tecnología militar de punta.

Cobarde masacre dirigida por Álvaro Uribe Vélez, entonces presidente de Colombia, y su Ministro de Guerra, Juan Manuel Santos, presidente actual, cínicamente galardonado con el Premio Nobel de la Paz; fraguada “técnicamente” con la siniestra participación de la cúpula militar de turno, de la Agencia Central de Inteligencia (CÍA), el PENTAGONO de EEUU y el MOSAAD de Israel.

Una operación de factura imperial, trasnacional, violatoria de la soberanía ecuatoriana, destinada a exterminar un campamento en plena faena pro-paz, sin reparar en sus graves implicaciones en tanto acción de guerra contra el Ecuador, y sin importarle la vida de sus visitantes no involucrados directamente en acciones de guerra. Iniciativa propia de verdugos impenitentes, de terroristas de Estado sin fronteras, despojados de todo principio ético.

  • El entorno de una noticia estremecedora.

Recibí esa estremecedora noticia recién llegado el 2 de marzo del 2008 a la ciudad de Guayaquil, inmediatamente después de clausurado el II CONGRESO de la Coordinadora Continental Bolivariana-CCB (denominada posteriormente Movimiento Continental Bolivariano-MCB), realizado pocos días antes en Quito, Capital de Ecuador.

Un Congreso en el que participaron muy activamente los/as estudiantes universitarios que formaban parte del Capitulo Mexicano de la CCB y del núcleo mexicano de solidaridad con las FARC-EP y la insurgencia colombiana.

Fue un Congreso muy concurrido y trascendente en materia de solidaridad continental y mundial, de importantes definiciones políticas en el marco de un gran esfuerzo de recuperación del latino-americanismo y el internacionalismo revolucionario, que abarcaba el respaldo a un gran abanico de causas, formas de lucha y temas con fuerte tono antiimperialista y anticapitalista, incluidas las insurgencias populares.

Un Congreso  acosado por las derechas colombianas y ecuatorianas, amenazado por el paramilitarismo, denigrado por los grandes medios de comunicación de ambos países.

El día de su inauguración las calles de Quito amanecieron pintadas de consignas agresivas: ¡CCB TERRORISTA!, ¡FUERA LOS TERRORISTAS!, ¡ISA CONDE-TERRORISTA!, ¡ISA CONDE IGUAL MARULANDA!, ¡MUERTE A LOS TERRORISTAS!, ¡MUERTE A LAS FARC!

La prensa, la radio y la TV ecuatoriana destilaban peste contra el Congreso, las izquierdas y Chávez; presentando a la CCB como el “brazo político” del “narcoterrorismo” continental, concentrando en mi persona un odio muy especial por mis conocidas visitas a diversos campamentos de las FARC y las entrevistas correspondiente que hice pública en mi país.

Era la repetición del teatro siniestro montado en esos mismos medios en ocasión de una visita anterior a Quito realizada por mí y el camarada Amílcar Figueroa (diputado al PARLATINO por Venezuela y el PSUV),  centrada en la obtención de la sede y la preparación de dicho evento.

En  llamada telefónica que nos hiciera a Guayaquil una camarada ecuatoriana de la CCB residente en Quito, nos comunicó la muerte de Raúl Reyes y de casi todos los combatientes integrantes del campamento.

Todavía no sabíamos nada de la presencia juvenil mexicana en Sucumbíos, ni de ninguno otro de los/as participantes en el Congreso de la CCB, dado que esas invitaciones y visitas no eran responsabilidad de un espacio tan diverso, sino que se solicitaban y concertaban bilateralmente por sus implicaciones en términos de seguridad.

Ya de regreso a Quito nos enteramos de la muerte de cinco de nuestros jóvenes mexicanos y de la delicada situación que afectaba a otros/as afectados/as por los bombardeos, quienes previamente habían decidido aprovechar el viaje a Quito para visitar ese campamento y solicitaron los recibieran; lo que, terminado el evento, se concretó.

Anhelaban conocer esa formidable experiencia guerrillera más directamente y contemplaban estudiarla más a fondo para preparar un ensayo sobre la misma, que le serviría para cumplir compromisos académicos universitarios.

Jamás imaginaron tan fatal coincidencia.

Sus inquietudes fueron aplastadas por un ataque artero precisamente a un campamento instalado para favorecer intercambios de prisioneros y negociaciones de paz.

Valor no les faltaba, aunque no iban en son de guerra y me parece que nunca pensaron que esa iniciativa podría tener un desenlace tan cruel.

Yo los conocí con anterioridad en México, compartí con ellos/as en varias oportunidades, y aprecié su talento y su compromiso revolucionario.

En su patria mexicana tuvieron el mérito de perforar el muro de mentiras y tergiversaciones que ocultaba la realidad colombiana a un alto costo represivo.

Estos hechos enlazados (el bombardeo brutal, la caída de Raúl y sus camaradas del Bloque Martín Caballero-FARC  y la muerte de esos jóvenes llenos de ilusiones) nos conmovieron e indignaron todavía más.

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Opinión

La Corte Penal Internacional y la Justicia Internacional (3 de 3)

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Por Rommel Santos Diaz

 Se tiene reportado el uso de 250,000 niños soldados en cerca de 50 países. Para completar el panorama, se estima que 20 millones  de niños han sido desplazados como consecuencias de las diversas guerras y catástrofes humanitarias, mientras que entre  8,000 y 10,000 niños mueren cada año como consecuencia de utilización de minas antipersonales.
Existen indicios de que la trata de  niños en zonas de conflicto es una tendencia que va en aumento y esta vinculada a redes de delincuencia transnacional organizada.

La Corte Penal Internacional es el primer tribunal internacional cuyo Estatuto y Reglas de Procedimiento y Prueba brindan a las víctimas la posibilidad de participar en todas las etapas del proceso.

A diferencia de las actuaciones de las víctimas en otros tribunales internacionales, limitadas a reforzar los argumentos de la defensa o el Fiscal, la Corte Penal Internacional les reconoce derechos que les corresponden por ser quienes han sufrido la grave vulneración de sus derechos humanos y tienen la mayor expectativa de que se haga justicia.

El principal reto de la Corte Penal Internacional será demostrar que sus investigaciones y decisiones no están guiadas por móviles políticos o intereses ajenos a la justicia y la represión de crímenes internacionales.

Finalmente, en  la medida en que este sistema se vaya consolidando, siguiendo los parámetros legales del Estatuto de Roma y de las Reglas de Procedimiento y Prueba, es posible que países hoy reticentes hacia la Corte Penal Internacional modifiquen su postura hacia una  de ayuda  y cooperación. Con esto se lograría tener un sistema penal internacional plenamente universal como complemento a las iniciativas locales por sancionar crímenes de genocidio, lesa humanida, guerra y agresión.

rommelsantosdiaz@gmail.com

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Opinión

Los políticos profesionales no roban

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Por Nelson Encarnación

El reciente escándalo de corrupción detectado en el Seguro Nacional de Salud (Senasa) ha acentuado la percepción o el convencimiento en algunos de que los políticos acceden a los cargos públicos con la intención de apropiarse de los recursos que manejan.

Ya en otras oportunidades se ha esparcido el mismo convencimiento, en ocasión de hechos judicializados que aún cursan en los tribunales sin sentencias firmes.

Estos y casos anteriores han servido de fundamento a quienes entienden que las formaciones políticas son nidos de bandidos con una amplia vocación hacia la depredación de los recursos públicos, dando lugar, al mismo tiempo, a la prédica contra los políticos y los partidos.

Sin embargo, existen argumentos y evidencias suficientes para desmontar la mala fama contra los políticos. Podemos afirmar, de manera categórica, que los políticos profesionales no roban.

Para remontarnos a los hechos más sonados de persecución a la corrupción, podemos referir el que ha sido, probablemente, el más sonoro de todos, es decir, el procesamiento judicial del expresidente Salvador Jorge Blanco (1982-1986), quien fue condenado a 20 años de prisión por hechos que, evidentemente, no cometió.

Jorge Blanco, que antes de ser político ya era un abogado prestigioso, murió en medio de precariedades materiales, una situación que no concuerda con quien supuestamente fue un corrupto.

Los hechos por los que se condenó al exmandatario no fueron cometidos por él ni por ninguno de sus seguidores con formación y compromiso político, sino por allegados que nada tenían que ver con el Partido Revolucionario Dominicano.

En el caso de los expedientes que todavía se ventilan en la justicia relacionados con hechos registrados—conforme las imputaciones del Ministerio Público—vinculan en primer plano a personeros relacionados al expresidente Danilo Medina, no a dirigentes conocidos del Partido de la Liberación Dominicana.

Y en el más reciente que ocupa la atención del país, es decir, el expediente Senasa, una simple identificación de los encartados permite concluir en que se repite el mismo patrón: los principales señalados no son políticos de militancia.

En consecuencia, si miramos los hechos con un sentido lógico y alejado de la intención de dañar a los partidos y sus dirigentes, podemos proclamar que los políticos profesionales, con formación en el servicio a la sociedad, con compromiso, no roban los fondos del erario. Ahí está la historia.

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Opinión

Honrar la Constitución o perder la República

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Por Isaías Ramos

Al despedir 2025 y abrir 2026, es fácil refugiarse en lo cómodo: deseos repetidos, frases bonitas, la ilusión de que todo cambiará solo porque cambia el calendario. Pero la República Dominicana no necesita otro brindis vacío. Necesita una sacudida de conciencia y un cambio de rumbo. Ese rumbo comienza cuando dejamos de mirar la política como un espectáculo ajeno y asumimos que la república —la casa de todos— se sostiene o se cae con la conducta diaria de su gente.

Durante más de tres décadas, una clase política dominante, reciclada en siglas, alianzas y narrativas, ha contribuido a degradar la vida pública. Se normalizó el privilegio. Se hizo costumbre la trampa. El clientelismo dejó de ser excepción y se volvió método. La impunidad dejó de ser temor y se volvió expectativa. El Estado, demasiadas veces, dejó de ser instrumento del bien común para convertirse en botín, refugio o escalera personal. Cuando lo público se vuelve mercancía, el daño deja de ser un asunto de élites y se convierte en una fractura moral, social y espiritual.

No se trata de negar que existan servidores públicos honestos ni ciudadanos decentes. Precisamente por ellos —y por los jóvenes que merecen un país digno— no podemos resignarnos. Los datos aportan contexto a una percepción extendida: el Índice de Percepción de la Corrupción 2024 asigna a la República Dominicana 36/100 y la ubica en la posición 104 de 180 países. El Rule of Law Index 2025 del World Justice Project sitúa al país en el puesto 76 de 143, y en el factor “Ausencia de Corrupción”, en 90 de 143.

La experiencia cotidiana confirma esa brecha. El trámite que solo “camina” por la vía indebida. El contrato opaco. El expediente que duerme. La sanción que nunca llega. Ese desgaste produce algo peor que el enojo: produce resignación. Y cuando una sociedad se resigna, la corrupción no se frena; se perfecciona. Así es como una república se vacía por dentro, aunque conserve su nombre y sus símbolos.

La historia política lo ha advertido con claridad: cuando los ciudadanos se repliegan en el interés personal y abandonan la vida pública, el Estado se debilita y queda a merced de los peores. Cuando un pueblo ama su país, respeta las leyes y vive con sobriedad cívica, es posible avanzar hacia el bienestar compartido. Cuando se instala la indiferencia, el interés particular aísla y la república se convierte en un cascarón.

Si 2026 será un año de esperanza, esa esperanza no puede ser pasiva. Tiene que ser esperanza disciplinada: la que mira el abismo, lo nombra y aun así decide construir un puente. Ese puente se llama Constitución. No como símbolo ceremonial, sino como norma viva. El artículo 6 establece su supremacía y declara nulos los actos contrarios a ella. El artículo 7 nos define como Estado Social y Democrático de Derecho. El artículo 8 fija como función esencial del Estado proteger los derechos de la persona y respetar su dignidad.

Honrar la Constitución no es citarla: es vivirla. Es aceptar que no puede haber Estado de derecho con corrupción estructural; que no puede haber democracia con clientelismo; que no puede haber justicia con privilegios. Honrar la Constitución es convertir el servicio público en honor y no en negocio; proteger el dinero del pueblo como sagrado; poner el mérito por encima del padrino; transparentar compras, obras y nombramientos; y asegurar consecuencias reales a quien robe lo común. Esa es la frontera entre república y fachada.

Por eso, en 2026, el Foro y Frente Cívico y Social debe reforzar en todo el territorio nacional un despertar de conciencia sostenido y pacífico que convierta indignación en organización y esperanza en disciplina. No se trata de incendiar el país; se trata de iluminarlo. No de sustituir instituciones, sino de obligarlas a cumplir su rol constitucional con presión cívica legítima.

La ruta es concreta y verificable: formación cívica territorial, veeduría social continua y defensa constitucional práctica, acompañando denuncias, dando seguimiento público a los casos y exigiendo consecuencias sin selectividad.

Nada de esto se logra solo con organizaciones. Se logra con el ciudadano común. En esta semana de cambio de año, vale la pena asumir un pacto sencillo: renunciar a pagar sobornos, a pedir favores indebidos y a justificar privilegios; comprometerse a informarse antes de opinar, a exigir rendición de cuentas en lo local y a participar más allá del voto. Un país cambia cuando cambia lo que su gente considera “normal”.

Imaginemos, con realismo, la nación que podemos construir si ese giro comienza: una donde no se necesita padrino para un servicio; donde un contrato público no es lotería para unos pocos, sino obligación transparente; donde el funcionario teme más a la justicia y a la vergüenza pública que a la pérdida del cargo; donde el joven respeta al competente y no admira al tramposo. Que Dios —y la conciencia despierta de cada dominicano— nos guíe y nos exija verdad, justicia y rectitud; que el amor a la patria sea conducta diaria; y que la defensa de la libertad sea nuestro sentir y nuestro hacer.

Cerramos 2025 con una verdad incómoda: hemos permitido demasiado. Abrimos 2026 con una verdad poderosa: todavía estamos a tiempo. Honrar la Constitución o perder la República: esa es la elección de nuestro tiempo. Salvemos la patria.

¡Despierta RD!

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