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Opinión

¿Tiene Danilo Medina las agallas?

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Prometió continuar lo que está bien, corregir lo que está mal y hacer lo que nunca se hizo. Pero no sabemos con certeza qué va a continuar, qué va a corregir, y qué hará que no se ha hecho. Promesas hizo como todo candidato en campaña, y ya anunció que los cambios no vendrán tan pronto como esperaba. ¿Ave de mal agüero? ¿Otro traicionero?

No es la primera vez, ni será la última, que un candidato promete lo que no cumple. Pero de incumplimientos se cansa la gente y se abate un pueblo. Ahí estamos.

Un tercer gobierno consecutivo del PLD tiene un mal de entrada: mucha gente está cansada. Más que esperanzas, el triunfo electoral se debió al efecto combinado de la unidad del PLD, el uso de recursos públicos en campaña, la división del PRD y el miedo que generaba su candidato.

Los problemas principales del país son claros.

La población tiene bajo nivel educativo. El promedio de escolaridad no alcanza el octavo curso de primaria aunque todo el mundo ande con un celular en mano. Se necesita mayor calidad en la formación y más recursos. La educación es cimiento para una mejor economía y una mejor democracia. ¿Tendrá Medina las agallas de transformar el sistema educativo?

La electricidad es el eterno retranque de la economía dominicana. Depende mucho del petróleo en un país no petrolero. La estatizan y la privatizan como si fuera un juego populista. Muchos no la pagan aunque tengan aire acondicionado. Otros llevan la carga de los que no pagan. Y mientras tanto, el gobierno subsidia y subsidia. ¿Tendrá Medina las agallas de poner en orden este sistema de ineficiencias e injusticias?

La delincuencia se ha tornado un espectáculo de desconsuelo. Si no es un atraco es un feminicidio, si no es el micro es el narco, si no arrebatan una cartera arrancan una cadena. Ocurre en todo el mundo, así es, pero mal de muchos consuelo de tontos. La Policía quiere más poder para enfrentarla, pero resulta que entre los delincuentes figuran también los agentes. ¿Tendrá Medina las agallas para adecentar la policía, la justicia, y mejorar las condiciones de vida, únicos remedios para combatir la delincuencia?

La corrupción, ¡oh mal eterno! No se sabe con certeza cuántos son ni cuánto cogieron, pero la gente cree que la corrupción es generalizada. Por eso un puesto en el gobierno es muy codiciado; en época de servicio no estamos. Prima la moral de la vista gorda: se roba ahora bajo el lema de que antes lo hicieron otros (o los mismos). ¡Que actúe el Ministerio Público! Es el mayor chiste en boca de un alto funcionario. La única solución creíble y con posibilidades de éxito es la destitución inmediata cuando el Presidente confirme trampa. ¿Tendrá Medina las agallas para destituir todo funcionario que se pesque robando o traficando?

Un presidente tiene gran poder para hacer cambios, y sobre todo, para dar ejemplos e inspirar optimismo. La sociedad dominicana está ávida de cambio, de cambios positivos, pero también entiende que no todos los cambios son posibles de inmediato, o al mismo tiempo. Lo que sí se puede es mostrar una señal de cambio y ser consistente con la esperanza. De ahí deviene la acción transformadora que todo buen gobernante busca impulsar a favor del pueblo.

El país requiere un presidente con agallas para emprender grandes tareas pendientes desde siempre, cambios necesarios para gestar una patria digna, para corregir lo que está mal y hacer (lo bueno) que nunca se hizo. ¿Tiene Danilo Medina las agallas?

Artículo originalmente publicado en el periódico HOY.

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Opinión

La Procuraduría General de la República y el MP deben amarrar el toro por los cuernos.

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Por José Cabral

Nadie sabe cómo se produce la formación de jueces y fiscales en la República Dominicana, a pesar de la existencia de las escuelas nacional de la judicatura y del Ministerio Público.

Cuantos disparates jurídicos se ven en los tribunales y las fiscalías de los diferentes distritos judiciales del territorio nacional, en unos más que en otros.

Cuando se tiene que litigar o acudir a los tribunales, por la razón que sea, llena de mucha amargura al que tiene que hacerlo.

Pero la asistencia a un palacio de justicia no sólo causa preocupación con ver a simple vista lo que allí ocurre, sino también por la forma en que se manejan las leyes en estas instancias.

Es un escenario donde los fiscales y los jueces hacen las cosas como a ellos les da la gana, muchas veces por irresponsabilidad y otras por incapacidad.

Tanto es así, que hay fiscales que tienen el cliché de que todo lo penal que proviene de una ley del derecho civil no es competencia del Ministerio Público.

Es decir, que el que comete fraude o falsifica documentos en el marco de una junta directiva de un condominio, el caso no es penal, sino civil, siempre de acuerdo a la visión del Ministerio Público.

Entonces, frente a esa incapacidad es como si no existiera la razonabilidad para determinar que cualquier ley del derecho civil tiene situaciones que por sus propias características entran en el derecho penal.

Esta situación genera en la actualidad una verdadera crisis con las actuaciones del Ministerio Público, cuyos miembros tienen unas actitudes que van a generar muchas vías de hecho por el manejo equivocado que se les da a los casos.

En el próximo artículo buscaré analizar el comportamiento de los jueces de los tribunales inferiores y de las cortes de apelación, quienes siempre recurren a la palabra clave para evitar la consecuente queja por una sentencia arbitraria emitida en contra de una serie de valores, principios y derechos constitucionales fundamentales, que es si no está de acuerdo con la decisión, recurra.

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Opinión

La Sede de la Corte Penal  Internacional en el Territorio de un Estado

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Por Rommel Santos Díaz

El artículo 3 del Estatuto de Roma dispone que la Sede de la Corte Penal Internacional  esté en La Haya, y que la Asamblea de los Estados Partes  aprobará un acuerdo entre la CPI y el Estado anfitrión.

El  artículo 3 (3) y 62 del Estatuto de Roma propone que la CPI también podrá celebrar sesiones en otro lugar cuando sea necesario  para un proceso o una serie de procesos  específicos.

Los Estados  Partes podrán disponer  que la Sede de la CPI esté en su territorio cuando  esto sea necesario o beneficioso.

Las Reglas de Prueba y Procedimientos  normalmente especificarán los procedimientos a tomar para que CPI  sesione fuera de su Sede.

Ninguna de estas disposiciones crea obligación alguna para los Estados.

Muchos Estados cuentan con legislación  y procedimientos administrativos  que permiten que el Tribunal Penal Internacional  para la ex Yugoslavia y el Tribunal Penal Internacional para Ruanda  celebre sesiones en su territorio.

Esta legislación y procedimientos podrían requerir una reforma mínima, para permitir que la Corte Penal  Internacional  también tenga su sede en su territorio.

Algunas veces, el hecho de celebrar un juicio en el  lugar en que se cometió el delito dará a las víctimas  un mayor sentido de justicia, ya que podrían claramente apreciar que la CPI funciona.

Finalmente, los Estados deberán tomar en consideración la posibilidad de permitir que la Corte Penal Internacional  funcione plenamente  en su territorio.

[email protected]

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Opinión

Un hospital en el “Maharishi”

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Por Nelson Encarnación

Los residentes en “los kilómetros” se han sorprendido con el anuncio de que en los amplios terrenos donde funcionó hace décadas un colegio conocido como “Maharishi”, se pretende construir un centro recreativo que estará a cargo del Ayuntamiento del Distrito Nacional.

A la sorpresa ha seguido el reclamo de que, en lugar de dicho centro, se construya un hospital general, en atención a que en esa zona no existe un establecimiento de salud de esa categoría ni de ninguna otra.

En realidad, toda esa amplia franja de territorio que va del Centro de los Héroes hasta el kilómetro 12 de la avenida Independencia (hacia el oeste de la carretera Sánchez), y de Sur a Norte, desde el Malecón hasta la avenida 27 de Febrero, solo existen dos centros médicos privados y ningún hospital del Estado.

Nos referimos a las clínicas Independencia y Real, mientras que el hospital más cercano es el Marcelino Vélez Santana, enclavado en la zona de Herrera, cuya capacidad se desborda solo con la demanda de la gran población del municipio Santo Domingo Oeste y vecindades que le rodean.

Es decir, la zona que mencionamos está compuesta de una numerosa población en su mayoría de condiciones económicas vulnerables que tiene que movilizarse a hospitales distantes para procurar una atención médica que no se puede costear en los escasos centros privados.

Desconocemos las razones por las cuales el Estado nunca ha contemplado la necesidad de dotar a la zona suroeste de la capital de un gran hospital, mientras se han realizado cuantiosas inversiones para la construcción de varias ofertas de salud en otros lugares, a veces establecimientos bien cercanos.

Ante esa realidad, el presidente Luis Abinader se consagrará como un preocupado por la salud de esa población si en los referidos terrenos, en vez de un indefinido “centro recreativo” se decidiera la construcción de un hospital que responda a las necesidades de salud de miles de personas marginadas de los servicios sanitarios accesibles.

En este caso yo abogo por la colectividad, no por unos cuantos que por intereses particulares quisieran que los terrenos del “Maharishi” siguieran bajo su usufructo.

De modo que, un hospital sería de impacto colectivo de un alcance mucho mayor que un innominado centro recreativo que nadie ha pedido. Presidente, tome esto como una solicitud formal.

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