Opinión
Un nuevo Papa: ¿criollo y socialmente reformador?
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10 meses agoon
Por Narciso Isa Conde
Al inicio de este texto, para evitar toda distorsión y/o manipulación del mismo, vale recordar mis convicciones filosóficas y políticas.
Soy militante comunista desde 1962, previas lecturas y vivencias relacionadas con literatura y prácticas inspiradas en teorías socialistas vinculadas a la evolución del pensamiento científico de la humanidad. Tempranamente opté por la emancipación de los/as trabajadores/as y de la humanidad del yugo del capital y de todas las opresiones y discriminaciones.
Superé convicciones religiosas en mi adolescencia, antes de concluir mis estudios de bachillerato en el Colegio La Salle y poco después de cursar el primer año de la Escuela Normal (pública) de Puerto Plata.
No creo en seres supremos, ni humanos ni divinos.
Respeto todas las creencias y tengo mis propias convicciones sobre el origen del universo, de la vida y de la humanidad, al margen de los dioses creados por los seres humanos.
No asumo dogmas, ni calcos ni copias.
Nada humano me es ajeno
Frente a los dogmas de cualquier signo prefiero asumir la herejía y optar por la creación heroica.
Milito en el socialismo científico y en el ideal comunista en permanente evolución y transformación.
Soy anticapitalista, antiimperialista, comunista toda la vida. Un comunista de múltiples cepas: Marx, Engels, Lenin, Trotsky, Rosa Luxemburgo, Mao, Gramsci, Ho Chi Ming, Mariátegui, Che, Fidel, Jorge Beinstein, Iñaki Gil de San Vicente, Néstor Kohan, feminismo socialista, ambientalismo socialista, teoría de la colonialidad…entre otras.
Soy de la escuela del Partido Comunista Dominicano-PCD, independiente de todo centro hegemónico, herético, pionero en este país del diálogo entre marxistas y cristianos, aliado consecuente del cristianismo y del islamismo revolucionario y antiimperialista: practicante de la unidad en profundidad con todas las expresiones anticapitalistas, del socialismo ambientalista y la teología de la liberación.
Agradezco profundamente la valiosa solidaridad que me brindaron sectores de base de la iglesia católica que en periodos de alta peligrosidad ayudaron a nuestro partido a impedir que me asesinaran.
Nunca he fingido ser cristiano ni ocultado mis convicciones comunistas. Sí he
respetado, respaldado y valorado la unidad y la solidaridad mutua en las relaciones con los cristianos y creyentes de otras religiones, comprometidos/as con la liberación de la pobrecía, la justicia y la dignidad de los seres humanos.
Ahora paso al tema central que motiva este artículo.
· EL NUEVO PAPA.
La historia familiar de Robert Francis Prevost Martínez, el Papa León XIV, según fuentes calificadas. es una historia que relaciona Louisiana, Haití, España y el amplio y diverso mundo criollo, íntimamente ligada a la herencia de los criollos, negros y mulatos de Louisiana,
Su madre, Mildred Agnes Martínez, nació el 30 de diciembre de 1911 en Chicago y se casó con Louis M. Prevost de padre nacido en Haití.
La tía materna de Mildred, Margaret Martínez, fue registrada como negra al nacer de la unión Joseph N. Martínez nacido en Haití y Louise Baquie, en Lousiana.
En 1900, Joseph, Louise y sus hijos estaban registrados como negros. Joseph, fabricante de puros, declaró haber nacido en Haití y sus dos padres en Luisiana,
La abuela materna del actual Papa XIV, Louise Baquie, descendía de una familia criolla de Luisiana.
En cuanto a su padre, Louis Prevost nació en Chicago, hijo de Jean Lanti PREVOST, cuyas raíces se extendían hasta los históricos territorios franceses de Luisiana.
El apellido PREVOST está vinculado a las primeras familias criollas de Luisiana.
Esta identidad criolla, profundamente arraigada en el catolicismo, el multilingüismo y la herencia afrocaribeña, se ha visto moldeada durante mucho tiempo por la singular relación entre Luisiana y Haití.
A todas luces el nuevo Papa es de una familia multicultural, multilingüe y migrante, lo que le facilita entender tanto el fenómeno socio-económico de la multiculturalidad, como también la defensa de los derechos de ese sector de las sociedades sujeto a discriminaciones y exclusiones abusivas.
Estas tres cualidades en la conformación de su historia familiar no necesariamente permiten atribuirle al nuevo Papa una conciencia intercultural, aunque ciertamente de seguro le debe haber ayudado a tomar conciencia y aceptar la diversidad cultural como un dato de la realidad, a valorarla y a auspiciar la compatibilidad entre ellas.
Con esa conciencia de lo multicultural y del respeto a las reivindicaciones de todas ellas, no se nace. No es genético. Más bien se adquiere a través de vivencias, socializaciones y procesos formativos, y luego se asume como fenómeno inter y transcultural.
En esa proyección estratégica intercultural del tema -en caso de ser confirmada y desplegada durante la gestión papal de Robert Francis Presos Martínez- podría tener ciertamente influencia su historia familiar, pero me parece que podría ser mas determinante su experiencia de vida en EEUU, íntimamente relacionada con las culturas criollas de Louisiana y con el conocimiento de las mismas. Igual con lo vivido y aprendido en sus misiones internacionales y, sobre todo, con su estancia de 40 años en el Perú profundo, junto a los pueblos originarios y a las luchas contra brutales desigualdades sociales, abusos y crueldades políticas.
Su elección como Papa sienta bases no solo para una afirmación de la verdad histórica de la multiculturalidad, sino además para aportar desde una iglesia con mucha influencia en el hemisferio occidental, pero con muchas esencias conservadoras y ultra conservadoras, para una reivindicación de alto vuelo, puesto que León XIV es ahora un Papa nacido en América con una historia que es también la historia de la América criolla: compleja, multilingüe, multirracial y multicultural.
· HISTORIAL EN PERÚ.
De acuerdo a un valioso reportaje de TELESUR titulado MÁS PERUANO QUE ESTADOUNIDENSE: LEÓN XIV ENFRENTÓ AL FUJIMORISMO, A BOLUARTE Y AL SODALICIO, el nuevo Papa llegó al Norte de Perú en 1985 e inició sus tareas como pastor en el Departamento de Piura, fronterizo con Ecuador y ubicado al Norte de Chiclayo.
Tenía 33 años cuando fue asignado a cumplir trabajo pastoral en las comunidades de la región andina de Apurímac y en la amazónica de Iquitos, con sectores amplios de la población campesina e indígena con altos índices de abandono por parte del Estado y expoliación por parte de las aristocracias locales empobrecedoras.
Desempeñó dichas funciones entre 1988 y 1998 en un período muy duro en el que el Perú.
Enfrentó la etapa más cruda de la insurgencia indígena-guerrillera y la represión generalizada de las fuerzas armadas, que incluyó secuestros, desapariciones y acciones del escuadrón de la muerte “Colina”, compuesta por agentes del Ejército, cuyas actividades homicidas autorizó el gobierno de Alberto Fujimori (1990-2000).
Las informaciones ofrecidas por TELESUR en el referido reportaje, dan cuenta que el sacerdote Robert Francis Prevost Martínez se manifestó en reiteradas ocasiones contra el exmandatario que antes de morir acumuló 5 condenas, algunas por delitos de lesa humanidad, y penas de por más de 52 años y medio de prisión.
También enfrentó la ultraconservadora agrupación SODALICIO, organización religiosa formada por laicos y sacerdotes católicos, que llegó a contar con unos 20.000 miembros en América Latina y Estados Unidos.
Esa organización fue investigada durante años por denuncias de presuntos abusos sexuales y psicológicos y denunciada por la apropiación de más de diez mil hectáreas usurpadas a los campesinos pobres de Piura y luego comercializadas por esa organización ultraderechista.
El sacerdote misionero, ahora Papa, no sólo acompañó a los campesinos, sino que fue clave para que el Papa Francisco tuviera un expediente sólido para hacer cesar en funciones a José Antonio Eguren como arzobispo de Piura, protector de esos delitos, y disolver SOLDALICIO. .
Antes de ser nombrado Cardenal por el propio Francisco, Prevost también desaprobó públicamente las acciones tomadas por la presidenta no electa Dina Boluarte, quien ejerció crueles represiones contra las masivas movilizaciones que denunciaban su llegada al poder mediante un golpe de Estado al expresidente Pedro Castillo.
De acuerdo a cifras oficiales, consolidadas en base a datos de las propias fuerzas del Ejército y la Policía Nacional, al menos 49 manifestantes fueron asesinados como consecuencia de la acción represiva entre diciembre de 2022 y marzo de 2023.
Cuando ya Prevost era obispo de Chiclayo y había sido llamado a Roma en enero de 2023, ante la gravedad de la violencia gubernamental contra los manifestantes que ejercían su derecho a la disidencia, decidió quedarse un tiempo más en Perú con permiso del papa Francisco.
Luego en la Santa Sede, Francisco le asignó a Prevost una de las tareas de más importancia en la Curia Romana: dirigir la Pontificia Comisión para América Latina y el Dicasterio para los Obispos. Este último es el órgano encargado de analizar y aprobar el nombramiento de prácticamente todos los obispos del mundo, con excepción de las Iglesias orientales.
Esta elección decía mucho de la confianza de Francisco en Prevost. Se necesita a alguien con un sólido perfil canónico, sensibilidad pastoral y, sobre todo, lealtad a la visión del pontífice para prolongar su legado; virtudes que el difunto Papa parece haber visto en el que en adelante será su sucesor.
El nuevo Papa fue electo con todos los votos de los cardenales designados por el Papa Francisco, quien evidentemente fue previsor de la necesidad de una sucesión no conservadora, todavía por confirmarse su alcance y profundidad
· ¿POR QUÉ LEON XIV?
Salvatore Cernuzio, en un extenso reportaje publicado el 10 de mayo del 2025 en el portal VATICAN NEW, titulado “TOMÉ MI NOMBRE LEÓN DE QUIEN AFRONTÓ LA DEFENSA DE LA DIGNIDAD, LA JUSTICIA Y EL TRABAJO”, informó del intercambio del Papa con todos los cardenales que lo eligieron. De ese texto tomo algunas de las incidencias que estimo importante destacar.
León XIV, nombre (pontificio), ilustra al parecer todo un programa social.
El mismo Papa Prevost explicó el «motivo principal» de esta elección en ese primer encuentro con todos los cardenales del Sacro Colegio, recibidos a puerta cerrada en el Aula del Sínodo. Es decir, su clara referencia a León XIII que, a finales del siglo XIX, con la histórica encíclica Rerum Novarum «afrontó la cuestión social en el contexto de la primera gran revolución industrial».
Hoy –según el nuevo Papa- “la Iglesia ofrece su patrimonio de doctrina social para responder a otra revolución industrial y a los desarrollos de la inteligencia artificial, que comportan nuevos desafíos en la defensa de la dignidad humana, de la justicia y el trabajo”.
Así pues, esta referencia a León XIII se ha afirmado que es un puente entre el pasado y el presente, mirando hacia el futuro.
Todo esto montado en “la estela del Concilio Vaticano II”, al que el Papa pidió a sus colaboradores más cercanos “adherirse plenamente”, recogiendo el fuerte legado del Papa Francisco.
De la primera exhortación apostólica, hoja de ruta del pontificado de Bergoglio, el Papa León XIV subrayó algunos puntos fundamentales: «el retorno al primado de Cristo en el anuncio», la “conversión misionera de toda la comunidad cristiana”, el “cuidado amoroso de los últimos y descartados” y “el diálogo valiente y confiado con el mundo contemporáneo en sus diversos componentes y realidades».
El Papa recién elegido pidió ser acompañado por sus hermanos cardenales, para que le sostengan «a la hora de aceptar un yugo que evidentemente supera mis fuerzas y las de cualquier otro»
Recordó también el «estilo de Francisco: de plena entrega en el servicio y de sobria esencialidad en la vida, demandando recoger “esta valiosa herencia y retomemos el camino”.
Antes del Papa, el cardenal Re tomó la palabra y dirigió un saludo, en el que recordó inmediatamente «el entusiasmo con el que el mundo acogió su elección como Sucesor de Pedro».
“El mundo entero – afirmó el Cardenal Re- se alegró, pero nosotros también nos alegramos y valoré la alegría del Perú, que decía: ¡Nuestro Papa, nuestro Papa!”. Y concluyó exhortando, en nombre de todos, a que colaboren “para que la Iglesia sea arca de salvación y también faro en la oscuridad de la noche», especialmente en un momento histórico en el que «el mundo está atenazado por tantas guerras que desgraciadamente no quieren terminar, a pesar de las muertes y la destrucción».
· CONCLUSIONES:
Así la cosas, todo parece indicar que el Papa León XIV apunta en seis direcciones más o menos definidas:
1. Defensa de los/as migrantes y combate a la exacerbación de la xenofobia y el racismo.
2. Ataque a las causas e impactos del cambio climático y las políticas ecocidas, incluida la asunción de la encíclica LAUDATO, SI
3. Reivindicación de la doctrina social de la Iglesia Católica y opción en favor de los/as empobrecidos/as y excluidos/as.
4. Contra las guerras y por la paz.
5. Impulso a la alianza ecuménica entre diversas religiones e iglesias a escala planetaria en torno a temas importantes para la humanidad.
6. Sobriedad eclesial e intensificación de la misión pastoral junto al pueblo humilde y trabajador,
Otros temas importantes tocados por el Papa Francisco en forma muy limitada y personal, no institucional (sobre el respeto a las convicciones comunistas, el rechazo categórico al neofascismo, la aceptación de la diversidad en materia de orientación sexual, los derechos de la mujer, la dominación capitalista-imperialista y las brutales desigualdades sociales en la actualidad…); o sencillamente obviados o ratificados desde el conservadurismo eclesial extremo (ideología patriarcal, teoría de género, sacerdocio femenino, aborto terapéutico, educación sexual, concordatos, laicismo estatal…), no han sido abordados por el nuevo Papa.
No hay referencia ni señales que marquen tendencias y propósitos claros respecto a los problemas cruciales obviados.
Los pueblos saludan palabras en favor de la dignidad humana, la justicia social y la primacía del trabajo sobre el capital, pero sobre todo esperan hechos.
El nuevo Papa, en su larga hoja de vida sacerdotal misionera y en su ejercicio como Obispo y Cardenal, unió muchas veces sus palabras con la acción, y eso espera el mundo de su gestión papal; además de la plena asunción de la interculturalidad y los derechos derivados de ella, el contexto de un planeta y una humanidad realmente amenazadas de muerte por un sistema que desprecia las necesidades vitales, el respeto a su Casa Común, el decoro y la solidaridad entre los seres humanos y hacia la Madre Tierra.
Por José Cabral.
Es muy bonito escuchar por la televisión y todos los demás medios de comunicación el tema de los derechos fundamentales, cuya realidad envía un mensaje distinto.
En más de una ocasión he planteado el serio problema en que está atrapada la sociedad dominicana en el contexto del sistema de justicia nacional.
Lo primero es que nadie, absolutamente nadie, respeta como debe ser la justicia constitucional, ni siquiera las cortes que tienen la misión de velar por ella mediante los recursos extraordinarios para la preservación y respeto de la constitución.
El primer ejemplo de lo que ocurre con la violación de la Constitución y con el no respeto de los derechos fundamentales, tanto a nivel del derecho interno como del externo, es la actitud del Ministerio Público, el cual destina al zafacón las denuncias y querellas presentadas por aquellas personas humanas víctimas de robos, asaltos a mano armada y de una gran variedad de actos delincuenciales.
El asunto es tan grave que cuando las victiman reclaman resultados de sus querellas o denuncias el fiscal procede con un archivo definitivo en virtud de lo que dispone el artículo 181 del Código Procesal Penal, pero peor aun cuando el perjudicado decide someter un recurso de objeción ante el juez de Instrucción, el cual regularmente lo que hace es ratificar lo decidido por el Ministerio Público.
En este caso no importa la violación que cometa el fiscal que ha manejado el caso, lo cual se constituye en una violación de la tutela judicial efectiva, el debido proceso y el derecho a la defensa, consignados en los artículos 68 y 69 de la Constitución.
Pero la cuestión se complica cuando hay que acudir mediante un recurso contencioso administrativo por las constantes y graves violaciones de los derechos de los administrados, cuyo desempeño de los jueces de esta jurisdicción, hermanita de padre y madre del derecho constitucional, actúa como una caja de resonancia del Procuraduría General Administrativa y ahora abogado del Estado.
Es frustratorio e imperdonable lo que ocurre en esta jurisdicción de la justicia, pero todavía la cuestión es mucho más preocupante con la emisión de una serie de sentencias que violentan los más elementales principios del derecho constitucional.
Sin embargo, lo más deprimente es cuando se somete un recurso de casación ante la Suprema Corte de Justicia, cuyo fallo se produce cuando ya los justiciables han muerto o de revisión de una acción de amparo o de una decisión jurisdiccional ante el Tribunal Constitucional, en cuyos órganos se concreta la expresión de que justicia tardía es justicia denegada, dado que los casos son decididos hasta 2, 3 y hasta 4 años después de haberse sometido.
Voy seguir con el tema, pero lo que he dicho hasta este punto indica que la Constitución dominicana y el neo-constitucionalismo que tanto se pregona es una forma de que el país esté a la moda con esta corriente, pero que la realidad está más asociada con la herencia histórico cultural del pueblo dominicano, en la que prevalecen una serie de antivalores como el amiguismo, el machismo, el patriarcado y el caudillismo, entre otros.
Sólo el pueblo dominicano puede superar la sociedad de las cavernas en que nos tienen sumergidos los partidos políticos y otros actores de la democracia de papel que se ha impuesto en la República Dominicana.
Opinión
¿Ignorancia constitucional o rebelión institucional?
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1 semana agoon
marzo 8, 2026Por Isaías Ramos
¿Puede el Congreso aprobar una ley que contradiga, en la práctica, una sentencia vinculante del Tribunal Constitucional? Esa es la pregunta que hoy enfrenta la República Dominicana tras la aprobación en primera lectura en el Senado de un proyecto que eliminaría las candidaturas independientes.
Más allá de las diferencias políticas que puedan existir sobre el modelo electoral, lo que está en discusión es algo mucho más profundo: el respeto a la Constitución de la República Dominicana, a los derechos políticos de los ciudadanos y a las decisiones vinculantes del máximo órgano de control constitucional del país.
En diciembre de 2024, el Tribunal Constitucional declaró inconstitucionales diversas disposiciones de la legislación electoral que imponían trabas desproporcionadas a las candidaturas independientes. La decisión procuró garantizar que el derecho de los ciudadanos a elegir y ser elegidos no quedara condicionado exclusivamente a la estructura de los partidos políticos.
Sin embargo, lo ocurrido en el Congreso parece avanzar en dirección contraria. La aprobación de un proyecto que, en la práctica, eliminaría las candidaturas independientes plantea un choque evidente entre la voluntad legislativa y una sentencia vinculante del máximo intérprete de la Constitución.
La gravedad del momento institucional se acentúa aún más cuando se observa que la decisión fue adoptada de manera prácticamente unánime por los senadores. Resulta legítimo preguntarse si todos los legisladores han reflexionado plenamente sobre el alcance constitucional de la decisión adoptada o si estamos ante una reacción política frente a una sentencia que algunos sectores preferirían ignorar.
Algunos constitucionalistas, como Eduardo Jorge Prats, han descrito esta reacción como una “rabieta institucional hiperpartidista disfrazada de defensa de los partidos”. Más allá de la dureza de esa expresión, la advertencia merece una reflexión seria. Cuando las decisiones de un tribunal constitucional comienzan a ser relativizadas o neutralizadas mediante decisiones políticas, el equilibrio institucional de una democracia empieza a resentirse.
La Constitución dominicana es clara en este punto. El artículo 6 establece que todas las personas y los órganos que ejercen potestades públicas están sujetos a la Constitución. El artículo 68 dispone que corresponde al Estado garantizar la efectividad de los derechos fundamentales; no basta con reconocerlos en el texto constitucional, es necesario hacerlos posibles en la realidad. El artículo 73 establece la nulidad de pleno derecho de los actos contrarios a la Constitución. El artículo 74 consagra el carácter progresivo de los derechos fundamentales. Y el artículo 184 reconoce al Tribunal Constitucional como el órgano encargado de garantizar la supremacía de la Carta Magna.
A la luz de esos principios, la iniciativa aprobada en primera lectura adquiere una dimensión particularmente sensible para el orden constitucional. Lo que está en juego es una posible tensión institucional con el Tribunal Constitucional si una ley terminara reproduciendo, en la práctica, las mismas restricciones que el propio tribunal declaró inconstitucionales. Una situación así podría tener consecuencias graves para el orden constitucional.
El artículo 68 de la Constitución no es una disposición abstracta: es la garantía de que los derechos fundamentales tengan contenido real y efectivo. Cuando el Estado limita injustificadamente vías de participación política, no solo restringe un derecho; también debilita la confianza del ciudadano en las instituciones llamadas a protegerlo.
Este no es un debate sobre simpatías o antipatías hacia las candidaturas independientes, ni sobre la importancia de los partidos políticos. Los partidos son pilares fundamentales de la democracia. Pero reconocer su importancia no significa convertirlos en los únicos canales posibles de participación política. La democracia dominicana debe abrir puertas al ciudadano, no cerrarlas.
Si la Constitución reconoce derechos políticos a los ciudadanos, surge entonces una pregunta de fondo: ¿quién puede legítimamente restringirlos? Los derechos políticos pertenecen al pueblo dominicano. Los partidos son uno —pero no el único— de los canales para ejercerlos.
Las democracias se sostienen sobre un principio simple pero esencial: la Constitución es la norma suprema del Estado y todos los poderes públicos están sometidos a ella. Cuando ese principio comienza a relativizarse, la confianza institucional se erosiona y el sistema democrático se vuelve más frágil.
Nuestro deber como nación —y particularmente de quienes ejercen responsabilidades públicas— es proteger la Constitución incluso cuando hacerlo resulte incómodo o políticamente inconveniente. El respeto al orden constitucional no es una opción circunstancial: es la base misma sobre la cual descansa la estabilidad institucional de la República.
La estabilidad democrática que hoy disfruta la República Dominicana no es un accidente histórico. Tampoco ha sido un proceso perfecto: a lo largo del tiempo ha habido episodios de indiferencia frente a los deberes y mandatos constitucionales. Pero precisamente por esa experiencia acumulada sabemos que debilitar las reglas del juego institucional solo aumenta los riesgos para el orden democrático en un mundo marcado por crecientes tensiones geopolíticas y desafíos globales.
Desde el Foro Cívico y Social y el Frente Cívico y Social creemos firmemente que aún hay espacio para la reflexión institucional. Por ello hacemos un llamado respetuoso pero firme a los honorables senadores para que, antes de la segunda lectura de este proyecto, revisen con serenidad el alcance constitucional de la decisión que se está tomando.
También está en juego el mensaje institucional que el Congreso envía al país. Cuando un poder del Estado parece actuar en contradicción con la Constitución o con una sentencia vinculante del Tribunal Constitucional, el mensaje hacia la ciudadanía y hacia las instituciones públicas es institucionalmente delicado.
En una democracia constitucional, los derechos políticos del ciudadano no dependen de la voluntad de los partidos ni de las mayorías circunstanciales del Congreso. Dependen de la Constitución. Porque cuando una democracia olvida que la Constitución es su límite, no se debilitan los partidos: se debilita la República.
Despierta RD!
(Primera entrega)
Por Oscar López Reyes
Las costumbres, creencias y valores tradicionales pierden incidencia colectiva o se están esfumando, igual que la rigidez en la gobernanza de la democracia representativa/liberal; se dispersan en el descrédito y desarticulan organizaciones socio-comunitarias y sus líderes más experimentados. La vieja ciudadanía y la identidad cultural se desgastan en su funcionalidad y legitimidad, y no por casuística.
Las instancias del poder típico y clásico han menguado, y las voces que antaño repercutían con resonancia se apagan en el anclaje del paisaje de la individualización, el aislamiento y la fatiga, porque en la globalización y el necrocapitalismo se satisfacen pírricamente los deseos y aspiraciones comunales. Al unísono, esta nueva dinámica ha reducido la lucha de clases y puesto en jaque el viejo discurso político y los lances episódicos y coyunturalistas.
Visualicemos 10 componentes claves de las añejas estructuras del dominio y los procesos neodemocráticos:
1.- Crisis paternal y profesoral. Los jefes del hogar y la escuela han perdido autoridad, haciendo descansar las influencias de infantes y adolescentes en amistades de estos y en los dispositivos electrónicos, que desconcentran y aíslan. Esos tutores no les fijan límites razonables, en una permisividad aupada por el temor al autoritarismo y a la culpabilidad (“crianza culposa”). La fragilidad en el mando de los docentes radica en el escaso respaldo familiar, el decaimiento de algunos padres hacia sus hijos y su desarmonía con las nuevas tecnologías.
2.- Los partidos de masas. Las organizaciones políticas legendarias/rutinarias de alta afiliación han devenido en flácidas estructuras orgánicas, con una militancia con una pobre formación ideológica. Sus características principales son la personalización de su liderazgo en la obsolescencia e inadaptación en un contexto societario en constante cambio, la búsqueda energúmena de cargos públicos y beneficios particulares, la incursión en actos delictivos, como la corrupción, la descomposición, la escasa lealtad y las exigencias monetarias. Esos agravios se han traducido en inercia, estancamiento y en endeble suficiencia de esos partidos para movilizar a los conglomerados.
3.- Los partidos de izquierda. La atomización y decadencia del sistema de agrupaciones de izquierda tiene su raíz en el enclaustramiento a los principios invariables de la Revolución Bolchevique comandada por los reverenciados ideólogos comunistas Vladimir Lenin, León Trotsky y José Stalin (Rusia, 1917), que conduce a la negación de los cambios, o sea, a la resistencia inconsciente a la readecuación a los nuevos tiempos hegemonizados por el marketing y las alternativas populistas nacionalistas. El progresismo no aprovecha la crisis de la plutocracia librecambista, se estanca y retrocede porque tampoco satisface las aspiraciones de la mayoría. Con su dogmatismo divisionista, la izquierda no se amolda a las conversiones, ni responde a desafíos contemporáneos, como la equilibrada, emergente y ascendente República Popular China.
4.- Los grupos estudiantiles. Recrean en la penumbra de la reminiscencia los movimientos estudiantiles de liceos secundarios y la Universidad Autónoma de Santo Domingo (UASD) de las décadas 1960-1980, cuyos miembros y simpatizantes salían a las calles a movilizarse -con quemas de neumáticos y enfrentamientos con agentes de la Policía Nacional- por reivindicaciones académicas y el respetado a las libertades públicas y los derechos humanos. Han sido empequeñecidos y diezmados por la hegemonía del modelo mercantilista neoliberal, la vigencia democrática, la minimización de la izquierda y el predominio del egocentrismo.
5.- Los gremios de empresas. La afiliación sindical está en declive por la disminución de las grandes industrias manufactureras y la automatización tecnológica, que reduce empleos, mejora calidad y aumenta la productividad; el anarcosindicalismo, la percepción de corrupción y la politización de los gremios. Ahora una laptop tonifica con más utilidad que un sindicato.
6.- La gobernanza estatal. La jurisdicción del presidente de la República mengua, por los reclamos de la opinión pública en sociedades democráticas, la vigencia del estado de derecho, las imposiciones de organismos internacionales y los grupos de intereses. Asimismo, la influencia y el poder de funcionarios del Estado se ha limitado (no eliminado) por la implementación de normativas contra sobornos en licitaciones y adquisiciones, la prohibición de doble cargo remunerado, los contubernios y negocios asociados, la reducción de gastos operativos y otros relativos a los procesos de transparencia, y por temores a las denuncias públicas (los desfalcos y peculados son más conocidos) y a los enjuiciamientos judiciales.
7.- La prensa tradicional. Eleva su grado de credibilidad y se reinventa en novedosas esferas, pero desperdicia audiencias y protagonismo por el advenimiento de la internet. También les perforan las redes sociales y la gratuidad de otras plataformas digitales, que son preferidas por los nuevos usuarios, especialmente los jóvenes.
8.- Los militares y policías. Los ciudadanos respetan cada vez menos a los cuerpos policiales y castrenses, que han erosionado su confianza por sus arbitrariedades, la prevaricación y gangrena, la complicidad con crímenes y su incompetencia para afrontar la desbordada delincuencia sistémica. Están siendo frenados por las denuncias ciudadanas y los rollizos esfuerzos de las autoridades oficiales, como las reformas institucionales.
9.- Las masonerías y los clubes culturales. Se estropean y desvanecen las entidades extremadamente cerradas, restringidas, desactualizadas, monótonas y sin presupuestos, como las logias masónicas y los clubes culturales. Por el contrario, las religiones se transforman y crece la espiritualidad, con prácticas como el yoga/meditación, adaptadas a estilos de convivencia flexibles, abiertos, individualistas y globalizados.
10.- Las ligas campesinas. Décadas atrás, comunidades rurales bullían de efervescencia, en intensas jornadas de lucha –que cobró vidas humanas- por la Reforma Agraria, motorizadas por núcleos de agricultores sin tierra. Hoy las ligas agrarias son debiluchas, y perecen. Ese declive brota dispersión e ineficacia para organizarse y proteger su producción, así como la emigración a las ciudades del país y el exterior. También han apaciguado el descalabro de la izquierda y el tráfico y lavado de dinero con la venta de predios.
Como se constata en las descripciones y razonamientos predichos, en la Nueva Era de trabajos digitales, computación cuántica e inteligencia artificial, líderes políticos, socio-comunitarios y organizaciones de pelajes dispares no se han remozado en perspectivas de las otras expresiones ciudadanas y paradigmas emergentes en el hogar, la escuela y los cantones geográficos. Su morfema léxico se fue a pique.
Inequívocamente, no han comprendido que las ideas y potestades ya no se imponen únicamente con la coacción o coerción, sino con el diálogo tolerante, la cercanía con discursos moderados e inclinando el pandero en otros espacios de socialización. Si persisten obstinadamente sin girar gradualmente hacia metas prioritarias y alcanzables en el corazón de esas mutaciones societales, las viejas estructuras organizacionales seguirán carcomidas en el aislamiento, por el derrotero de la desarticulación sin retorno. ¡Qué adversidad!, ¡qué lamento!, y ¡qué calamidad!
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El autor: Periodista, escritor y catedrático.
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