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Una iniciativa de un gran valor político, electoral y para la democracia nacional que está llena de fallas y deficiencias.

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Por José Cabral

La Junta Central Electoral (JCE) acaba de lanzar una campaña que lleva como título ¨Empadrónate por la Patria que Llevas Dentro¨, la cual persigue motivar a los dominicanos que viven en el exterior a registrarse para votar en las elecciones generales que tendrán lugar en el país en el año 2024.

Mucha gente no entiende todavía que los dominicanos que viven en el exterior son, sin lugar a dudas, el mayor capital social con que cuenta el país para no sólo fortalecer la economía a través de las remesas, la cual es el segundo renglón más importante del Producto Interno Bruto nacional, después del turismo, sino también para contar con una democracia más fuerte y vigorosa.

El dominicano que tiene que irse del país y ser acogido en una nación como los Estados Unidos, la cual cuenta con un Estado muy fuerte institucionalmente hablando, permite que ese inmigrante criollo no sólo esté dotado del espíritu de superación que caracteriza a toda o a la mayoría de las personas en tierras extranjeras, sino también que asimile una serie de valores cívicos, éticos y democráticos que ya se han perdido en la sociedad dominicana.

El criollo que emigra del país se dota de un amor patrio y en consecuencia está mucho más apegado a los anhelos de tener una democracia que al cabo de los años se traduzca en una superación de los atrasos y las deficiencias que afectan al ordenamiento institucional del país.

De ahí que la campaña de la JCE revista una extraordinaria importancia, sobre todo porque en el marco de la Constitución de la República Dominicana la comunidad en el exterior ha pasado a ser una especie de provincia de ultramar que incluso tiene el privilegio de colocar en las curules del Congreso Nacional a siete diputados de la diáspora, pese a que los mismos no han jugado su rol en función de los intereses de sus compatriotas que están fuera del país.

En la actualidad oficialmente se habla que los dominicanos del exterior ya llegan a la cantidad de más de dos millones de personas, pero si a ellos se les agregaran los que no son contados por carecer de documentos que les permite tener un status de legalidad, entonces podría hablarse tal vez de cerca de tres millones de criollos radicados en toda la unión americana.

Es decir, que estos dominicanos cuantitativamente hablando tienen no sólo la fuerza para incidir en la política estadunidense, sino también de cambiar el rumbo equivocado y trágico que vive la democracia dominicana, ya que los partidos que le sirven de soporte y los órganos que conforman el Estado están profundamente corrompidos y que debido a esta realidad la sociedad está permanentemente amenazada.

El gran valor que tiene enamorar a los dominicanos del exterior para que voten es que de entrada éstos no son impactados por la cultura del clientelismo electoral que prevalece en el país, donde a la mayoría de los ciudadanos le compran su voto por cantidades que son un bochorno para cualquier persona que se respete, aunque si lo pagado fuera una cantidad mayor tampoco tiene justificación y esa acción de por sí lesiona y corrompe todo el sistema electoral nacional.

Entonces, el hecho de que no haya ningún precio con el que se pueda comprar el voto de los dominicanos del exterior tiene un gran valor político, jurídico e institucional y a partir de esa premisa se puede decir que ellos, los que viven fuera, son el pilar principal para salvar la democracia que hoy luce peligrosamente amenazada por la corrupción generalizada que impacta a la sociedad dominicana.

Podría afirmarse que los dominicanos del exterior son una especie de recurso que puede salvar la democracia nacional a partir de la extrapolación de una serie de valores cívicos, éticos y democráticos que los asimilan de una sociedad altamente institucionalizada y donde no se tolera que el que quiera acumular fortunas no lo haga a través del libre juego de la oferta y la demanda sin tomar para sí lo que no es de ellos, sino del pueblo en general.

Resultan fortificante las palabras del presidente de la JCE, Román Andrés Jáquez Liranzo, quien puntualizó  que la conquista del voto será fortalecida más que nunca en la historia, al destacar que el Pleno se ha propuesto como meta duplicar la cifra del padrón del exterior de 2020, que contempló la cantidad de 595 mil 879 electores, y llevarlo a 1 millón 191 mil 758 personas empadronadas para el 2024.

Explico el funcionario más importante del órgano comicial dominicano que “Hemos dividido este trabajo en 5 períodos de 4 trimestres y un cuatrimestre: el primer período, inicia precisamente este 1ro. de octubre hasta diciembre de este año; el segundo, de enero a marzo 2023; el tercero, de abril a junio; el cuarto, de junio a septiembre; y el quinto, de octubre a enero de 2024. En cada período la meta a lograr es de 99,794 personas”, resaltó.

La campaña fue inaugurada este lunes en las instalaciones del Aeropuerto Internacional del Cibao (AIC) y contó con la presencia del presidente de la JCE, Román Andrés Jáquez Liranzo, los miembros titulares Rafael Armando Vallejo, Dolores Fernández, Patricia Lorenzo Paniagua y Samir Chami Isa; Teófilo Gómez, administrador general del AIC, así como funcionarios y colaboradores de ambas entidades.

El presidente de la JCE destacó que la institución cuenta con 23 oficinas de servicios con sus respectivas OCLEE que equivalen a las Juntas Electorales en el exterior y aprovechó la ocasión para puntualizar que en cada una se priorizará el empadronamiento de los dominicanos y dominicanas, teniendo un día en la semana de horario extendido para que los que trabajan puedan asistir.

“Adicional a esto, viernes, sábado y domingo, en este trimestre tendremos 98 operativos móviles y tendremos 14 puntos fijos a nivel mundial y a nivel local cuatro lugares estratégicos que son los tres aeropuertos y la Dirección de Pasaportes”, manifestó.

El funcionario agregó que, para lograr el objetivo de la JCE, es necesario el involucramiento activo, democrático y justo de los partidos políticos acreditados en cada oficina u OCLEE en el exterior, como también de cada dominicano y dominicana residente en el exterior, de las entidades y organizaciones de la dominicanidad por todo el mundo: “Es necesario el empuje de la Junta, el empuje de todos y de todas porque la democracia no se hace sola, se empuja en conjunto”.

“Corran la voz porque la mayor conquista de los dominicanos y dominicanas en el exterior, que es poder ejercer el derecho al sufragio activo y pasivo, no se puede retrotraer. Al contrario, la meta es fortalecer y priorizar como antes nunca se haya visto el voto en el exterior. Dominicanas y dominicanos, para poder votar en las elecciones presidenciales y de diputación de ultramar en las elecciones del 2024: ¡Empadrónate por la Patria que Llevas Dentro!”, finalizó.

Finalmente, se invitó a quienes deseen tener más detalles sobre los operativos móviles y los puntos fijos, a que visiten la página web de la institución.

Como se ve la campaña va en serio y no pudo ser más idóneo el momento porque todavía falta un buen tiempo para las elecciones del 2024, lo cual permite que los dominicanos del exterior a través de su voto hagan valer su influencia y soporte de la sociedad por sus aportes en remesas que hoy se puede decir que cerca de un 50 por ciento de las familias criollas reciben envíos de dinero del exterior para su manutención diaria y para construir un techo donde vivir.

La Republica Dominicana si no contara con la mejor exportación que ha hecho el país su situación fuera realmente insostenible y peligrosamente explosiva que podría generar un caos generalizado, tal vez de la misma magnitud de lo que ocurre en la hermana nación de Haití.

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Doble discurso de la Junta Central Electoral (JCE) la convierte en una institución de las menos creíbles de la democracia dominicana.

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Por José Cabral

No han transcurrido muchos días para que la Junta Central Electoral (JCE) adopte una posición ambigua y que genera un gran descredito en el sistema electoral dominicano y en el todo el sistema democrático, porque el órgano responsable de montar y fiscalizar las elecciones para escoger las autoridades nacionales dice una cosa hoy y otra mañana, pero siempre al margen de los principios de legalidad y de juridicidad.

Esta contradicción del órgano comicial quedó claramente concretada con su reciente declaración sobre la intención del Gobierno de reducir en un 50 por ciento de los fondos que deben ir a los partidos políticos, consignados en la ley del régimen electoral, cuya posición de la JCE la deja muy mal parada ante la sociedad.

Se reproduce textualmente parte del argumento esgrimido por la JCE ante las intenciones del Gobierno de reducir los fondos a los partidos políticos: “La Junta Central Electoral hace un llamado a las autoridades competentes y confía en que actuarán conforme al marco constitucional y legal vigente, en respeto del sistema democrático y de las reglas preexistentes que garantizan la estabilidad del sistema de partidos, agrupaciones y movimientos políticos, la sana y justa competencia electoral, así como el cumplimiento de los fines esenciales reconocidos a dichas organizaciones políticas por el artículo 216 de la Constitución de la República Dominicana”, finaliza.

Sin embargo, en la cita textual se debe observar que su discurso se apoya en el marco constitucional y legal, pero resulta que unos días antes había contestado una intimación vía alguacil para que dijera cuál era su actitud frente a la jurisprudencia del Tribunal Constitucional sobre las candidaturas independientes, cuya respuesta también reproducimos para dejar sentada su contradicción cuando del manejo legal se trata de diferentes situaciones:

“ Que, en ese sentido la Junta Central Electoral es respetuosa del estado de derecho, de las decisiones que emanan de los poderes del Estado en ejercicio de sus atribuciones y, igual modo de su conocimiento , que , el accionar de la de la Junta Central Electoral se enmarca dentro del principio de legalidad, previsto de manera expresa en el artículo 4.1 de la Ley 20-23, Orgánica del régimen electoral, el cual establece lo siguiente:

1-Legalidad:”Las actuaciones realizadas por los miembros de la Junta Central Electoral, juntas electorales, colegios electorales, oficinas de gobernación de Logística Electoral en el Exterior, así como también, las realizadas en  la realización de las elecciones, deberán estar sujetas a lo previsto en la Constitución de la República y la ley”.

Y agrega a seguidas la JCE, es por tales razones y en virtud de la Ley Orgánica No. 13-26, promulgada por el Poder Ejecutivo en fecha 26 de marzo de 2026 que derogó los artículos 156, 157 y 158 de la Ley 20-23, Orgánica del régimen electoral, relativos a las candidaturas independientes, que no existe un fundamento legal para que este órgano se pueda pronunciar en torno al fondo de la solicitud que ha sido planteada a través de la comunicación de fecha 15 de julio de 2025 y requerida nuevamente a través del acto de alguacil No. 322/26 de fecha 17 de abril del 2026.

Como se ve, la JCE al propio tiempo que acoge implícitamente una acción del Congreso Nacional y del Poder Ejecutivo en franca violación de la constitución de la República con la anulación de las candidaturas independientes, desconoce la existencia de una jurisprudencia que dice totalmente lo contrario, pero que demuestra que el órgano comicial se adhiere a aquellas decisiones que vulneran la carta magna, pero la invoca  para otros asuntos que tal vez no tienen la misma trascendencia para el sistema democrático.

Por lo planteado por el presidente de la JCE, Román Jáques Lirenzo, quien fue juez presidente del Tribunal Superior Electoral, parece no tener clara la fuerza de una jurisprudencia en el marco del proceso de constitucionalización del derecho que vive la República Dominicana y en consecuencia se va por la parte más fácil y cómoda para él como funcionario público, escogido por el Senado, el cual es controlado por los partidos políticos, los cuales se oponen a la referida figura.

La Junta Central Electoral le da valor a lo decidido por dos órganos del Estado, como el Congreso Nacional y el Poder Ejecutivo, que se han inclinado por desacatar la jurisprudencia sentada por la sentencia TC/0788/24, la cual consigna que pueden coexistir las candidaturas provenientes directamente de los ciudadanos y aquellas propuestas por los partidos políticos, es decir, la directa y la indirecta en virtud del mandato de los artículos 22 y 216 de la ley sustantiva de la nación.

De manera, que la JCE se ha inclinado por romper con el principio de legalidad y de juridicidad para sumarse a las actitudes de fuerza del presidente Luis Abinader y de los diputados y senadores del Partido Revolucionario Moderno y de las demás organizaciones políticas que están totalmente desacreditadas precisamente por su forma de actuar.

Del argumento de Jaques Liranzo se puede deducir que él valora mucho más las acciones ilegales del presidente Abinader y de los diputados y senadores, los cuales no tienen la facultad de interpretar la constitución de la República de forma definitiva y vinculante, cuya función sólo corresponde al Tribunal Constitucional por lo dispuesto en los artículos 184 y 185 de la carta magna y el 47 de la Ley 137-11.

Lo extraño y preocupante del doble discurso de la JCE es que hace algunos meses que intentó la aprobación de una ley para regular las candidaturas independientes sobre la base de la jurisprudencia sentado al respecto, pero que en el proyecto depositado en la Cámara de Diputados vulneraba una serie de derechos, valores y principios constitucionales, como el tridimensional de igualdad, lo que provocó una respuesta de total rechazo a las pretensiones del órgano que dice defender la democracia y trabajar para montar unas elecciones sobre la base de la equidad.

Con el proceder de la JCE y los demás actores del sistema, como son los partidos políticos y el Congreso Nacional, parece que la apuesta es por arruinar de manera definitiva el sistema democrático representativo que atraviesa por su peor crisis de legitimidad.

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Junta Central Electoral se suma a desacato de jurisprudencia del T.C. sobre candidaturas independientes.

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Por José Cabral

La República Dominicana entra en el campo de la incertidumbre o el limbo legal con el desconocimiento del mandato de la carta magna que otorga la facultad al Tribunal Constitucional para interpretar las normas a los fines de someterlas al control de constitucionalidad.

Una comunicación del Pleno de la JCE pone en cuestionamiento la seguridad jurídica nacional con su respuesta a la intimación vía alguacil del Frente Cívico y Social, en la que dice que se suma a la violación mediante de la ley promulgada por el Poder Ejecutivo, la 13-26,  que busca la nulidad de la jurisprudencia del Tribunal Constitucional sobre las candidaturas independientes.

La Junta Central Electoral (JCE) ante la intimación hecha por el FCS para que el órgano del Estado que tiene la facultad de dirigir y fiscalizar el proceso electoral, mediante el cual se eligen las autoridades nacionales, anunció que se acoge al desacato de la jurisprudencia establecida por el TC a través de la cual dispone que las aspiraciones para ocupar una posición electiva en el sector público tiene las vías directa e indirecta, tal y como lo consignan los articulos 216 y 22 de la Constitución de la República.

                                                                                La  sentencia del TC  sobre las candidaturas independientes se fundamenta en los articulos  184 y 185 de la Constitución de la República, así como en el 47 de la Ley 137-11, Orgánica del órgano extra poder, los cuales le otorgan poder para interpretar las normas que se contraponen con la carta magna, como los articulos 156 y 157 de la Ley 20-23 del régimen electoral, cuyo desconocimiento del rol  de la alta corte deja en un limbo el regimen legal del país.

                                                                                  El desacato de la jurisprudencia sobre la jurisprudencia sentada por la alta corte en torno a las candidaturas independientes ha dejado claro que la democracia dominicana sólo existe en el papel, pero no en la realidad, ya que la Ley 13-26, la cual provino del Congreso Nacional y que ahora recibe el apoyo de la Junta Central Electoral, constituye un desconocimiento de la funcion que juega en materia de interpretacion el Tribunal Constitucional.

Es la segunda que vez que el el Pleno de la JCE se pone al margen del derecho constituicional, ya que la primera ocasion fue con el sometimiento al Congreso Nacional de un  proyecto de ley para regular las candidaturas independientes que violaba todos los derechos, valores y principios fundamentales que ha hecha valer el Tribunal Constitucional, incluido el de elegir y ser elegido.

La controversia generada en el país tras la emisión de la sentencia TC/0788/24, que se deriva de la interpretación del TC, facultad consignada en el artículo 47 de su ley orgánica, la 137-11, así como del 184 y 185 de la Constitución de la República, cuyo resultado fue la modificación de los textos de los artículos 156 y 157 de la carta magna, que ha dejado muy mal parada la justicia constitucional en el país.

La cuestión confirma que la Constitución dominicana no es más que un pedazo de papel que no respeta nadie y que sólo se invoca para la conveniencia de aquel que entiende que ha sido utilizada para violarle sus derechos fundamentales, cuya confrontación envuelve una serie de valores y principios, como el de elegir y ser elegido, el de legalidad, proporcionalidad, dignidad humana y pro-participación.

La decisión de la Junta Central Electoral crea un problema legal de fondo en el país en razón de que el Tribunal Constitucional en la práctica ha sido sustituido por el Congreso Nacional y el Poder Ejecutivo, lo que en consecuencia invalida todas las decisiones que provienen de este alto tribunal, porque si uno de sus fallos no tiene legalidad ni fuerza de aplicación, igualmente ocurre con los demás, lo cual equivale a su extirpación del sistema jurídico nacional.

En los actuales momentos el TC ha quedado sin legitimidad para operar en el país y en esas condiciones debe ser eliminado de la vida nacional, a los fines de que la nación sea dirigida y controlada por un régimen de fuerza como en los tiempos de la dictadura trujillista, ya que no es la primera sentencia desacatada de las emitidas en virtud de su facultad interpretativa otorgada por   el artículo 47 de la Ley 137-11, Orgánica del Tribunal Constitucional.

La aprobación en el Congreso Nacional de la Ley 13-26, la cual implica una interpretación para la que no tienen la facultad los diputados y senadores, y su posterior promulgación por parte del presidente Abinader, indica que estos órganos han dictado la muerte de la democracia nacional y han promovido la imposición de un régimen de fuerza.

Las decisiones del Senado y la Cámara de Diputados, así como del Poder Ejecutivo, conllevan que no puedan hablar de golpe de Estado si algún sector se revela y depone por la fuerza a las autoridades nacionales, ya que la Constitución en la práctica no existe, porque ha sido eliminada por los que deben velar por su cumplimiento

La irregular situación impone que el TC sea disuelto y que las sentencias emitidas sobre el principio de igualdad y de otros valores y principios fundamentales deben ser anuladas para que el país regrese a las violaciones que contenían las mismas y que se creen las vías que se entiendan más atinadas para la defensa de sus intereses y para que se elimine en el país el llamado Estado Social Democrático y de Derecho, establecido en el artículo 7 de la carta magna y que se establezca por ley que en el país se impone el más fuerte en desconocimiento de los avances logrados tanto en el derecho interno como en el externo.

No es la primera vez que la Junta Central Electoral incurre en una acción inconstitucional e ilegal en lo que respecta a la violación de derechos, valores y principios fundamentales, ya que en una ocasión anterior sometió un proyecto de ley al Congreso Nacional a través de la Cámara de Diputados que no respetó su propia legalidad y que también vulneró la facultad del TC de emitir sentencias interpretativas.

El órgano comicial ha dejado demostrado que no responde a los intereses del ciudadano dominicano y mucho menos de la democracia, sino de los partidos políticos, por lo que nunca ha hecho el menor esfuerzo para establecer un control para que prevalezca la transparencia de estas organizaciones en el manejo de fondos públicos como lo manda el artículo 216 de la carta magna y la Ley 33-18.

Si el Congreso Nacional, el Poder Ejecutivo, a través del presidente de la Republica, y la Junta Central Electoral se han puesto de acuerdo para quitarle la facultad que tiene el TC de interpretar las normas que violan la Constitución como la que se refiere a las candidaturas independientes, entonces se puede decir que todas las decisiones del órgano extra poder tampoco tienen validez y que debían ser eliminadas del ordenamiento jurídico nacional.

Pero además con las acciones ilegales de los órganos anteriormente citados, que le quitan validez a una parte de la ley sustantiva de la nación, igual se supone que debe ocurrir con los artículos, como el 124, que se refiere a la elección presidencial, porque si una cosa es ilegal la otra también.

Se asume que, si una parte de la Constitución no tiene validez por la actitud de fuerza de algunos actores del sistema, incluido el presidente de la República,  lo mismo debe ocurrir con el texto íntegro de la carta magna, ya que no puede haber una lectura parcial de lo que dispone la misma, lo que acerca mucho más a los Estados dominicano y haitiano en lo que respecta a su existencia de derecho, pero no de hecho, es decir, que sólo existen en el papel, pero no en la práctica, lo que los convierte en no viables o fallidos.

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Desdemocratización del mundo impacta a R.D. en era Trump que cuestiona orden multilateral y derecho jurídico interno y externo .

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Por José Cabral

La democracia global ha tenido un impacto muy severo de movimientos populistas de derecha que cuestionan el orden multilateral con postura de poder directo en el hemisferio occidental, cuya caracterización es por la polarización y por un fuerte desafío a la separación de poderes.

Los temores por el deterioro democrático en América Latina y en la protección de derechos aumentan permanentemente, ya que se busca reconfigurar en la región una imagen de derecha sobre la base de la política del garrote, lo cual crea preocupación sobre la estabilidad democrática de la zona.

El fenómeno ya ha hecho su impacto en la República Dominicana, donde el presidente Luis Abinader ha exhibido una fuerte tendencia a apoyarse en violaciones a la Constitución para incluso descartar que en el país pueda surgir una sorpresa en el terreno electoral, es decir, que usa su poder público para favorecer la ilegalidad de los partidos políticos, incluido el suyo, el Revolucionario Moderno.

Las medidas a imagen y semejanza de la filosofía trumpista ya comienza a dejar la sensación de que el Gobierno de turno en la República Dominicana no tiene ningún temor a tomar el camino de la ilegalidad en razón de lo que ocurre en la comunidad internacional con la forma de hacer política del mandatario estadounidense.

En realidad, se trata de una lucha cultural por parte de Trump para cambiar la regla del juego a nivel internacional, cuyo principal propósito es el debilitamiento de la democracia y el orden mundial con el resquebrajamiento de los contrapesos internos y con el ataque bestial a organismos como la Organización de las Naciones Unidas (ONU).

Desde la instauración de la ley mordaza a través de la colocación de publicidad a los medios de publicidad oficial hasta el desacato de las sentencias que sientan jurisprudencia del Tribunal Constitucional, entre las que se pueden mencionar las que tienen que ver con las candidaturas independientes, así como las referentes al  servicio de agua potable y muchas otras que son violadas consuetudinariamente por los funcionarios del gobierno del Partido Revolucionario Moderno (PRM), las cuales sirven de ejemplos para valorar la tendencia por la ilegalidad.

El comportamiento ilegal de las autoridades nacionales tiene como motivación la filosofía trumpista, ya que las órdenes ejecutivas del jefe de Estado de la potencia del norte casi siempre implican una violación constitucional y parece no haber un mecanismo para detener el deterioro institucional que afecta a los Estados Unidos de América.

Evidentemente que Luis Abinader se ha sumado a la filosofía de gobernar de Trump, cuyo deterioro de la democracia dominicana se profundiza porque las debilidades institucionales del país siempre han representado una amenaza para el avance y el fortalecimiento del modelo de representación, pero ahora toma ribetes de alta preocupación para el dominicano consciente.

La tendencia por violar el régimen legal ahora constituye una causa para no detener un fenómeno que podría retrotraer a la sociedad dominicana a tiempos que por lo menos de percepción parecían superados.

El problema dominicano es que en el país no hay forma de someter a un juicio político a Abinader a través del mandato del artículo 83 de la Constitución, porque la iniciativa al respecto tiene que venir de la Cámara de Diputados hacia el Senado de la República, pero es que ambas son una especie de sello gomígrafo del Poder Ejecutivo.

Pero además el Congreso Nacional tiene las mismas andanzas del presidente Abinader en lo que parece ser un plan estratégico del partido oficial como una forma de obstaculizar cualquier posible cambio en el escenario electoral nacional por el descredito de la partidocracia.

En consecuencia, la era trumpista dejará huellas muy profundas en la democracia del hemisferio y el mundo, ya que las posibilidades de que esa realidad cambie lucen muy remotas por lo menos en el resto de tiempo que le queda a la administración estadounidense.

En el país todo el mundo sabe que no se respeta el precario orden institucional, cuya suma del presidente de la República, es decir, del jefe del Estado, crea un deterioro que podría hacer colapsar los pocos logros que en materia de seguridad jurídica y en lo que se refiere al Estado Social y Democrático de Derecho, que coloque la nación en un retroceso de los tiempos de las peores dictaduras que han existido históricamente.

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