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Opinión

Una Ley Electoral, por lo menos

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Por Rosario Espinal

Repito por enésima vez: lo que procede es aprobar una nueva Ley Electoral antes que la Ley de Partidos. Aprobar cualquiera de estas dos leyes es difícil por los intereses partidarios envueltos, e intentar aprobar ambas conjuntamente es aún más difícil.

En cualquiera de estas leyes, cada disposición genera ganadores y perdedores, y nadie quiere perder. Por eso, los políticos dominicanos tienen casi dos décadas boicoteando la aprobación de estas leyes, aunque digan lo contrario; aunque proclamen que su aprobación es crucial para el fortalecimiento de la democracia.

El financiamiento es el principal obstáculo. Ningún partido quiere tener que reportar quién le donó (con nombre, apellido y cédula) ni cuánto. Eso tampoco lo quieren los donantes. Y sin transparencia en el financiamiento privado, esas leyes serán de limitada utilidad. De todas maneras, hay que aprobar una Ley Electoral mínimamente aceptable.

Los partidos deben evitar nuevas reformas electorales para satisfacer simplemente intereses partidarios. Tampoco deben seguir posponiéndolas por irresponsabilidad colectiva. Es tiempo ya de darle un marco legal aceptable a las elecciones.

La decisión del Comité Político del PLD de no tomar una decisión sobre el sistema de primarias y enviar la discusión de ambas leyes al Congreso, demuestra que la máxima dirigencia del partido ha rehuido su aclamada función. Cierto, es el Congreso que debe decidir, pero el PLD siempre se ha vanagloriado de tomar decisiones importantes en su cúpula y enviar directrices a sus legisladores para que actúen acorde con el centralismo democrático. Ahora no.

Devuelto al Congreso para que los legisladores debatan, augura que difícilmente se aprobarán estas leyes. Pero volver a unas elecciones en el 2020 con una Ley Electoral de 1997, que no está acorde con la Constitución de 2010, es una irresponsabilidad política del partido mayoritario en el Congreso.

Los principios generales que deben guiar la reforma de la Ley Electoral, y también, de una nueva Ley de Partidos eventualmente, son los siguientes, según argumenté en un artículo que publiqué el año pasado: la participación, la representación y la gobernabilidad.

La participación se refiere a la incorporación de la ciudadanía al proceso político.  La representación al sistema mediante el cual los votos se convierten en escaños y se crean mecanismos de toma de decisión (es a través de la representación que unos pocos adquieren legitimidad para gobernar a muchos).  La gobernabilidad a la capacidad de ejecutoria y a la legitimidad de la gestión gubernamental. Ninguna disposición electoral logra simultáneamente un balance perfecto entre participación, representación y gobernabilidad.

La funcionalidad de una reforma electoral debe evaluarse en función de sus méritos intrínsecos, pero también, de las características y posibilidades del sistema político en el que se aplicará. No hay una fórmula exclusiva ni remedio perfecto.  La democracia puede existir en una diversidad de situaciones políticas siempre y cuando se mantengan como referentes, y con un balance aceptable, los tres principios enunciados.

El sistema electoral debe ser confiable y efectivo.  Que sea confiable depende en gran medida de la calidad de los mecanismos de registro, votación y conteo, y de la disposición de las élites partidarias de cumplir con las reglas de juego establecidas.  Que sea efectivo depende de la agilidad de los mecanismos electorales y la facilidad con que los electores los entienden, aceptan y participan.

La reforma electoral tiene que aumentar la credibilidad del sistema electoral, de su administración, y de los gobernantes que serán electos mediante el voto.

Los partidos deben evitar nuevas reformas electorales para satisfacer simplemente intereses partidarios. Tampoco deben seguir posponiéndolas por irresponsabilidad colectiva. Es tiempo ya de darle un marco legal aceptable a las elecciones.

¿Está el Congreso Dominicano en disposición de hacerlo, y bien? En sus manos está el reto.

Artículo publicado en el periódico HOY

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Opinión

URIBE-SANTOS-DUQUE… Y RD

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Por Narciso Isa Conde

El llamado “mundo libre” occidental, la denominada “comunidad internacional de naciones democráticas”, con EEUU a la cabeza, nunca admitió tan horripilantes culpas y hasta ideó, protegió y premió esa tragedia.

La toma multitudinaria de las calles y de las urnas por el pueblo colombiano en rebeldía, desgarró definitivamente el manto mediático perverso y el sistema mundial de información y opinión que encubrió y hasta exaltó ese Estado Narco-Terrorista disfrazado de democracia liberal, cruelmente tutelado por controles político-militares estadounidenses e israelí.

El ascenso del Pacto Histórico, encabezado por Petro y Francia, terminó de destapar esa olla pestilente. Ya no será posible ocultar las atrocidades cometidas en el pasado reciente y remoto. No será posible hacer creer tantas mentiras sobre la supuesta democracia de los Gaviria, Pastrana, Uribe, Santos y Duque… Solo mencionar por mencionar hoy unos cuantos y destacar los tres últimos jefes políticos de ese engendro sistémico y de esa gran farsa.

El énfasis focalizado responde a razones prácticas de comunicación, pero también –y sobre todo- a las altas responsabilidades de esos personeros en el endurecimiento de las políticas neoliberales, racismo, machismo, coloniaje…; en la intervención militar estadounidense, despliegue de paramilitarismo criminal, manipulación de narco-corrupción, conversión de fuerzas armadas y policía nacional en componentes del sistema de terror, saqueo ambiental, saboteo de procesos de paz, los abundantes asesinatos políticos, “falsos positivos” a granel, fosas comunes, moto sierras como medios de tortura y muerte, y en entronización de una corriente neofascista en el poder constituido y en los poderes fácticos.

A eso se agrega la inclusión de Colombia en una OTAN genocida y su transformación en una plataforma de agresión regional, de guerra sucia dentro y fuera de ese país, de emplazamiento militares del Comando Sur, y formación y exportación de paramilitares y mercenarios a países vecinos como Venezuela, Ecuador y Haití. ¿El Israel de América?

El llamado “mundo libre” occidental, la denominada “comunidad internacional de naciones democráticas”, con EEUU a la cabeza, nunca admitió tan horripilantes culpas y hasta ideó, protegió y premió esa tragedia. Sus cúpulas políticas, empresariales, culturales, ideológicas, religiosas-fundamentalistas, mediáticas, militares…ayudaron durante décadas al sostenimiento de esa dominación ominosa; realidades presentes en grados diferentes y con expresiones particulares, a nivel regional y mundial.

En ese mismo y perverso tenor nuestra país, su clase gobernante dominante, el CONEP, el sistema tradicional de partidos, sus grandes medios comunicación, su periodismo predominantemente al servicio la dominación imperialista occidental, sus jefes militares y policiales, sus gobiernos presididos por los Leonel, Hipólito, Danilo, Abinader… Lejos de ser excepción, ha sido aliado -o cómplice por omisión, acción, o algunos parecidos- de ese oprobioso régimen colombiano, que devenido en neofascista. !Y todavía ni golpes de pecho hay! Pero si demasiada incubación fascistoide y neocolonial.

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Opinión

Un legado de campañas electorales

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Por Miguel Guerrero

Una de las prácticas a evitar en los próximos procesos electorales es la de atiborrar la geografía nacional con vallas, letreros y afiches promocionales de los candidatos, que afean las ciudades y carreteras y crean contaminación visual, y en muchos casos un peligro para los conductores, cuando esa promoción oculta señales de tránsito. Finalizada las campañas los partidos incumplen con la obligación de limpiar las áreas embadurnadas con su propaganda, para facilitar, por lo menos el necesario tránsito hacia la normalidad.

En la mayoría de los países la difusión de este tipo de publicidad está muy controlada y la violación de las normas se paga a veces con la anulación de candidaturas o fuertes penalidades económicas. Ese control impone los lugares donde se permite el despliegue de material promocional y su volumen. También establece plazos para el retiro, y el incumplimiento de la norma implica también sanciones para aquellas autoridades responsables de hacerlas cumplir.

Nada de eso se observa en nuestro país, donde los partidos abusan de esa debilidad institucional y no se sienten obligados a respetar el entorno físico de aquellos a quienes cortejan por sus votos. Con frecuencia se alega que muchos candidatos ordenan a sus equipos el retiro de su publicidad promocional. Y eso me pareció un chiste, porque dos años después de las últimas elecciones, esa obligatoria tarea por tradición no se cumple, como puede verse todavía en calles y avenidas de pueblos y ciudades dominicanas.

La razón tal vez sea que a mucha más gente le importa un bledo que las paredes, los parques y los postes del tendido eléctrico de los sectores donde residen estén repletos de promoción electoral que el viento, la lluvia y el sol deterioran, afeando el ambiente en el que crecen sus hijos y nietos.

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Opinión

El Gobierno a medio camino

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Por Rosario Espinal

Inaceptable que, de 24 ministerios, solo en dos haya ministras. ¡Qué discriminación!

¡El tiempo vuela! Ya se cumplieron dos años del ascenso del PRM al poder. Aunque el inicio tiende a ser más fácil, no en este caso. El Gobierno ha estado administrando una crisis por la pandemia, y luego la guerra en Ucrania, que han generado muertes, inseguridad e inflación en el mundo.

En este contexto adverso, el PRM ha tenido algunos percances propios notorios: renuncia del ministro de la Presidencia, asesinato del ministro de Medio Ambiente, destitución del ministro de Educación. Pero los dominicanos se caracterizan por otorgar largos períodos de gracia a sus presidentes, igual a Luis Abinader.

El Ministerio Público sigue concitando gran apoyo en la población por los expedientes de corrupción a figuras vinculadas a la pasada administración. Ese es el pilar de la aprobación gubernamental. El combate a la corrupción fue la principal oferta electoral del PRM.

En lo económico, la República Dominicana se ha beneficiado de su estrecho vínculo con los Estados Unidos. Los subsidios allá por la pandemia derramaron muchas divisas acá vía remesas, turismo y exportaciones. De ahí, en parte, la estabilidad cambiaria.

Ahora comienza la segunda mitad del Gobierno, un período complejo por varias razones, entre ellas:

1) La gente espera resultados más que anuncios, 2) el poder adquisitivo ha mermado por la inflación y las medidas monetarias para enfrentarla frenan el crecimiento económico, 3) las finanzas públicas son precarias para cubrir subsidios y programas de desarrollo y no hay espacio político para aumentar impuestos (la reforma fiscal fue cancelada para evitar rechazo al Gobierno), y 4) los partidos de oposición se activarán con más críticas porque hay elecciones en menos de dos años.

Los temas que han dominado la preocupación de la ciudadanía son la inflación y la delincuencia. Sobre la inflación hay que esperar para saber si las medidas monetarias antiinflacionarias surtirán su efecto sin causar recesión. Por suerte ha bajado el precio del petróleo.

La delincuencia es un problema que fluctúa en la percepción de la ciudadanía dependiendo de cuánto suben y bajan los robos y asaltos más sonados. No es fácil enfrentarla porque ahí subyace la falta de oportunidades socioeconómicas juveniles, el narco y el microtráfico, y la corrupción policial-militar.

Cuando comience con fuerza la campaña reeleccionista, el Gobierno enfrentará otro desafío: cómo presentarle a la clase media una administración austera, honesta y eficiente que prometió, y a la vez, reeditar el clientelismo propio del Estado dominicano en tiempos de elecciones.

Un asunto que va y viene es que, por la composición social de la cúpula gubernamental, las alianzas público-privadas y los fideicomisos con empresarios para administrar bienes públicos, se ha ido sedimentando la idea de que el Gobierno es de ricos para ricos. Este tema podría resurgir con fuerzas más adelante.

Finalmente, es inaceptable que, de 24 ministerios, solo en dos haya ministras. ¡Qué discriminación!

Hacia el 2024, el PRM tiene a su favor que la oposición está debilitada por los escándalos de corrupción y dividida. No obstante, enfrenta el desafío de concretizar las expectativas de cambio que lo llevó al poder

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